lunes, 19 de marzo de 2012

CINE CLÁSICO: "LOVE STORY"

TÍTULO: LOVE STORY

DIRECTOR: ARTHUR HILLER

REPARTO: RYAN O'NEAL, ALI MACGRAW, RAY MILLAND, KATHERINE BALFOUR, JOHN MARLEY

DURACIÓN: 100 min.

AÑO: 1970

GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Hay películas que se convierten en auténticos fenómenos desde el momento de su estreno. Ahora bien, que esta fama descomunal se deba exclusivamente a la calidad de las obras y no a modas pasajeras o a factores influyentes de otro tipo, es algo de lo más subjetivo. Ya hemos comentado en anteriores críticas (en especial de aquellas películas que se estrenaron a finales de la década de los años sesenta y mediados de los setenta), que la situación socio-política del momento -en especial en los Estados Unidos- ha sido la responsable de convertir largometrajes como "El graduado - The graduate, 1969" en los films de culto que son hoy en día. En lo que concierne al título que hoy nos ocupa, "Love story", no se trata tan solo de la salvación de Paramout Studios de la quiebra, sino del estreno, en el momento oportuno, de una historia de amor original de que encandiló al público por la sencillez de sus protagonistas, y por la presentación de situaciones normales y problemas reales que podía tener cualquier pareja. Si a ello le añadimos la inspiradísima banda sonora de Francis Lai, el resultado no pudo ser más acertado.


    Oliver Barrett IV (O'Neal) es un joven bien posicionado que estudia derecho en la Universidad de Harvard. Allí, conoce a una impulsiva joven llamada Jenny (MacGraw), con la que muy pronto congenia, y de la que se acaba enamorando. Juntos, ambos comienzan a hacer sus planes de futuro, en los que Oliver se licencia y comienza a trabajar como letrado, mientras que Jenny xx. Sin embargo, esta relación no será del todo bien vista por los padres de Oliver, el banquero Oliver Barrett III y su mujer (Milland y Balfour, respectivamente), que consideran que su hijo, futuro heredero de una gran fortuna aspira a algo más que a contraer matrimonio con la hija de un emigrante italiano. A estos inconvenientes, que provocan que se agrande la ya existente distancia emocional entre Oliver y sus progenitores, habrá que añadir una serie de imprevistos que pondrán en jaque la relación de ambos jóvenes.


    "Love story", desde el momento de su estreno, ha sido considerada algo más que una simple película romántica. Ha sido tratada como la historia romántica por antonomasia, al tener el gran acierto de querer presentar a dos personajes normales y corrientes que deben hacer frente, cada uno a un nivel, a una serie de inconvenientes con tal de poder seguir juntos, manifestándose su amor mutuo. Sin duda, el libreto escrito por Erich Segal supo cómo combinar el día a día de una sociedad que necesitaba profesarse ese amor de una forma más "pura" (recordemos que se trata de los años posteriores a la promulgación del amor libre del movimiento hippie), a lo que hay que añadir la estupenda recreación por parte de sus protagonistas principales. En efecto, la pareja protagonista carga con una eficiencia deslumbrante con el peso de la película sobre sus espaldas, a pesar de que actores más veteranos como Ray Milland aporten su granito de arena a través de sus ajustadas interpretaciones.


    Por otra parte, la realización de Arthur Hiller resulta tan efectiva como atípica. Efectiva porque la cámara actúa como catalizador directo de las emociones de la pareja, estando siempre presente tanto cuando cuando existe algún momento de asueto como cuando deben hacer frente a las adversidades. Así pues, el espectador tiene la sensación de estar metido de lleno en la historia de amor tan apasionada que le están contando. Y atípica porque no suele ser frecuente, en primer lugar, que un drama romántico tenga un final como el que tiene "Love story" y, en segundo lugar, porque tampoco suele ser muy corriente que éste se desvele en los primeros cinco minutos de metraje (famosísimo ese plano de Ryan O'Neal sentado en las gradas de la pista de patinaje de un Central Park completamente nevado y desierto, reflexionando sobre lo que le acaba de pasar, y recordando los momentos vividos en ese mismo sitio).


    En resumen, "Love story" es un film indiscutiblemente romántico que, a pesar de contar con una serie de situaciones que, con el paso de tiempo, pueden parecer un tanto pasadas de moda y exageradas, pone de relieve la voluntad inquebrantable de dos personas por seguir amándose pase lo que pase. Y, que un humilde servidor sepa, eso es atemporal.



  • MR. HYDE DICE:

  • No sé si "Love story" es o no la película más romántica que se ha hecho hasta hoy pero, si no, creo que poco le falta. Eso sí, al verla hay que tener en cuenta que tiene más de cuarenta años, lo que quiere decir que ha llovido lo suyo desde que dejó a medio mundo llorando a moco tendido. ¿Por qué digo esto? Pues porque si ahora volvemos a ver "Love story", la impresión que tendremos es que es una peli que huele a naftalina más que el liguero de la abuela y que, por mucho que se quieran los protagonistas de la peli, pues que la historia tiene un tufillo a pasado de mil demonios (y no sólo por los pantalones acampanados de los protagonistas y jerséis de cuello alto). Pero claro, el que os dice su opinión de "Love story" es un tío que no suele enternecerse demasiado con las pelis románticas, así que procuraré ser lo más neutro posible -para variar un poco- para contaros lo bueno que tiene la peli (sí, lo tiene), y por qué creo que es uno de los referentes básicos de la historia del cine cuando se habla de pelis paste... digoooo, de películas románticas.


    En primer lugar, para mí, "Love story" es, y siempre será, la música de Francis Lai (el tío creo que se llevó el Oscar, y no me extraña). Ya os digo que ver esta peli sin la música tan famosa y esas notas que suenan a triste a cuatro kilómetros, sería como ver el principio de "Carros de fuego - Chariots of fire, 1981" sin la música de Vangelis, es decir, que no sólo cambiaría para siempre el tono de la peli, sino que dejaría de tener la fama que tiene hoy en día. Y, además de la música, que se sacaran de la manga frases del guión que la gente acabó reproduciendo como si fueran papagallos. Esta pedorrada resulta que dejó moqueando a las féminas de medio mundo, y las hizo salir del cine más abrazadas a su pareja que un político a su cargo. Por supuesto, el resto de la historia no se queda atrás y queda pero que bien clarito que "Love story" toca las teclas necesarias para ser entrañable y que la gente se identifique con la pareja protagonista. Para más ejemplo, aquí están los ingredientes: un chico condicionado por venir de una familia rica que detesta a su padre porque éste quiere que su hijo sea como él, una chica que viene de una familia cálida pero pequeña, un amor imposible que quieren sacar a flote como sea, y una tragedia que les jode el invento. Así, cualquiera.


    Pero bueno, que me voy del asunto. "Love story" sí que funciona como historia de amor, eso es indudable. Además, porque ves que los personajes se quieren de verdad, por muchos traumas que arrastre cada uno de casa. Además, no se andan con demasiados rodeos a la hora de contar la historia, ni con rollos argumentales de los que te acabas preguntando por qué coño los han metido. Aquí, la cosita está clara: contar la historia de amor de dos chavales jóvenes que hacen lo imposible por estar juntos pero que... bueno, que pasa lo que pasa. Así que "Love story" es como si estuviera dividido en cuatro partes. La primera, cuando se conocen y empiezan a tontear; la segunda, cuando deciden casarse y hacer frente a los factores que se ponen en su contra (sobretodo por parte de los estirados padres de él); la tercera, cuando empiezan la convivencia, con sus más y sus menos; y la cuarta, cuando ocurre el dramático suceso que los hace desesperar y sufrir más que a un bobo). En cada parte, por mucho almíbar que haya de por medio, hay que reconocer que cada "capítulo" está pensado para que la peña que la vea no pueda están en la onda de la pareja, y que se conmueva por todo lo que les pasa.


    Otra cosa que funciona de fábula es la elección de los actores. Ali MacGraw porque está guapísima como la atípica jovencita que se enamora como una colegiala (la tipa le pone al payo los puntos sobre las íes de una forma contra la que él no tiene más remedio que acabar cediendo) y Ryan O'Neal porque sabe hacer de chico desesperado e inconformista más que otra cosa -ya que el tío de guapo no tiene nada de nada-. Los dos están de coña y convencen tanto ella (cuando se muestra incondicional de él, incluso cuando está ingresada en el hospital) como él (con esa rabia contenida del principio cuando les presenta a la chica a sus padres en ese pedazo de mansión, como cuando se enfrenta a su padre en la entrada del hospital).


    En fin, que sí, que "Love story" es una de las películas más románticas que se hayan hecho y que, al menos, los amantes de este tipo de cine debería ver alguna vez en su vida. Yo la he visto una vez -que me parece más que suficiente-, pero me sigo quedando con la música. Ahora, eso sí, ya os digo que como peli de amor debe funcionar de maravilla, porque la vi con mi chica, a la que no le gustan las pelis antiguas (más viejo de los años ochenta, eso ya es arcaico), y mejor ni os cuento cómo iban los Kleenex al final. En fin, pues eso, que sepáis que "amar significa no tener que decir nunca lo siento".




    domingo, 18 de marzo de 2012

    CINE EN CARTEL: "INTOCABLE"

    TÍTULO: INTOCABLE

    DIRECTORES: OLIVIER NAKACHE, ERIC TOLEDANO

    REPARTO: OMAR SY, FRANZÇOIS CLUZET, ANNE LE NY, AUDREY FLEUROT, CLOTILDE MOLLET

    DURACIÓN: 112 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • El año pasado, parece haber sido uno de los más productivos desde el punto de vista cinematográfico. Si bien, propuestas como las escarizadas “The artist – The artist, 2011” o “La invención de Hugo – Hugo, 2011” se perfilaban como auténticos homenajes al séptimo arte, es ahora otra producción francesa, “Intocable”, la que representa ya no sólo un soplo de aire fresco entre tanta mediocridad estrenada en cines, sino también una auténtica lección de lo que debe ser una gran película. Avalada por el merecidísimo éxito tan arrollador que ha tenido en su mercado nacional, “Intocable” ha conseguido encandilar al espectador de la práctica totalidad de países en los que se ha estrenado, haciendo que el optimismo de su historia y el talento a raudales que se desprende de su guión, puesta en escena y actuaciones principales sean responsables directos de semejante triunfo.


    Driss (Sy) es un joven francés de origen africano que acaba de salir de la cárcel, y que se presenta a una entrevista de trabajo, esperando ser rechazado para, así, poder vivir de la subvención del paro. El puesto para el que se presenta es como cuidador de un adinerado tetraplégico llamado Philippe (Cluzet) que le reta a que demuestre si es capaz de cumplir con su cometido: encargarse de su aseo personal, de darle de comer, pasearle, y encargarse de su asistencia personal. Driss, motivado por la suculenta remuneración que supone hacer esa prueba acepta la oferta. Desde ese momento, entre los dos se desarrollará una relación de amistad y camaradería que los irá transformando, haciendo que ambos redescubran la alegría de vivir.


    “Intocable” es una obra en la que todas las piezas encajan a la perfección. Empezando por la agilísima y fresca puesta en escena del dúo de directores galos Toledano y Nakache, quienes apuestan por una escenografía sin complicaciones de elaborados movimientos de cámara ni grandilocuentes planos (posiblemente, la única complicación más técnica lo hayan supuesto breves secuencias como la persecución en coche con las que arranca el film, o aquella otra del vuelo en parapente). Sin embargo, la cámara es capaz de situarse el lugar idóneo para que el espectador perciba toda la fuerza de la historia, sin dar la sensación de que pueda entorpecer la acción. Asimismo, el guión es una verdadera maravilla. El libreto escrito por los mismos directores -basándose enun hecho real- es el complemento perfecto a la puesta en escena ya que, tanto uno como otra, logran evitar caer en el sentimentalismo barato y lacrimógeno, y alejarse de cualquier intento de querer dar pena a costa de los personajes. Más bien al contrario, puesto que tanto Sy como Cluzet abordan sus respectivos papeles con una serenidad y entereza que nada tiene que ver con los de otros largometrajes mucho más preocupados en arrancar la lágrima fácil del espectador que no en contar una historia con un nivel de calidad como el de “Intocable”.


    Es, precisamente, ese regusto dulce el que le queda al público en la memoria ya que, en vez de optar por el camino más fácil y previsible para la historia, “Intocable” acaba siendo un film que aboga por la esperanza, la vida y la alegría con tanta fuerza que casi cuesta no darle un merecido aplauso cuando se encienden las luces al ritmo de los créditos finales. De este modo, “Intocable” es graciosa sin ser chistosa, dura sin resultar dramática, amable sin recurrir a los clichés del chiste fácil (como hubiera pasado en caso de estar protagonizada por alguno de los “actores” que tanto le gustan a mi querido amigo Hyde: Jack Black, Owen Wilson, Adam Sanlder, etc.), y conmovedora sin necesitar ni una martilleante banda sonora ni un final repleto de tragedia y lágrimas. A todo ello hay que añadir la extraordinaria química que mantienen durante todo el metraje el dúo protagonista, haciendo que sea una delicia asistir a esa especie de renacimiento que ambos experimentan.


    En resumidas cuentas, “Intocable” es mucho más que una película recomendable. Es una obra estupenda, divertida, emocionante, entretenidísima y con una historia que reconcilia a cualquier espectador con el buen cine. Casi de obligada visión. Recomendable al cien por cien.



  • MR. HYDE DICE:

  • Lo he dicho mil veces antes y lo seguiré diciendo otras mil más. Estos gabachos ponerse todo lo tontolpijo que quieran con lo de volcarnos los camiones de fruta y de sacar a nuestros deportistas en los guiñoles. Pero, cuando se trata de hacer cine, nos dan sopa con ondas. ¡Qué peliculones hacen los jodíos! Si ya había sido una gozada ver “The artist”, ahora, “Intocable” ya es la confirmación de que no es que tengamos que aprender algo de ellos a la hora de hacer cine, sino que lo que tenemos que aprender es a hacer películas, así en general. Porque al cine español le quitan las películas de la Guerra Civil y las tetas de la tía buena de turno y no se salvan de la quema más que tres o cuatro pelis. Y luego, los cuatro capullos de turno se quieren tirar el pedo mental de rigor diciendo que el cine patrio no está en crisis, que tenemos una industria muy sana y bla bla bla. Mis cojones. Cualquiera de estos cagamandurrias debería ver “Intocable”, a ver si se da cuenta de que ella sola es mil veces mejor que cualquiera de las patatas que han estado nominada este año a los Goya. Pero bueno, que la vena de cabreo se me va de cuenta y no entramos en materia.


    “Intocable” es una película perfecta. Así de fácil. Lo tiene todo para convertirse, con toda la razón, en el súper éxito que ha sido en el país vecino (no sé si para ser la más taquillera de su historia, que igual eso ya es un pelín exagerado). Después de verla, no sé por qué, me recordaba al caso de “La vida es bella – La vita é bella, 1998”, no porque tenga nada que ver en su argumento, sino porque siendo una historia dramática, te partes el culo de la risa durante la mitad de la película. “Intocable” es un drama, eso está claro, pero también es una comedia cojonuda y, hasta cierto punto, una historia de amor espectacular (no penséis en “historia de amor” tipo Romeo y Julieta, que los tiros no van por ahí) y, sobretodo, esperanzadora a más no poder. De todas formas, sé que decir así en general que “Intocable” es una gozada puede parecer muy difuso, así que concretaremos más.


    Para empezar, los actores principales se salen por la puerta grande. ¡Qué papelón hacen los dos! De entrada, el que hace de cuidador se merecería el Oscar como poco (el tío se ha llevado el César, que ya es algo), porque se le ve espontáneo y genuino, sin fingir para nada ninguna de las reacciones que tiene, ni las salidas de tono que hacen que te rías con ganas durante toda la película (empezando por los líos que se arma con los potingues que le tiene que poner al pobre hombre, y siguiendo por lo poco que sabe de arte moderno o de ópera –cojonudo cuando se parte la caja al ver que sale uno vestido de árbol en una ópera y que canta en alemán-). El que hace de tetraplégico –que, por cierto, se parece un huevo a Dustin Hoffman-, acierta de pleno al no querer dárselas de pobrecito minusválido que va en plan cabrón, sino que el tío, aunque esté en una silla de ruedas, demuestra que se puede tener una personalidad con un par sin tener que depender de hacer carantoñas ni cosas de esas (impagable el momento en que confiesa que le pone burraco que le acaricien las orejas).


    Después, la historia es una pasada. Ver cómo dos personas, jodidas hasta la médula (nunca mejor dicho) y diferentes a más no poder se complementan de esa forma es flipante. Empezando por cómo el cuidador le contagia al enfermo esa alegría por vivir que parecía haber perdido (las escenas son muchísimas: cuando le tunea la silla de ruedas poniéndole más potencia, cuando se pone a pintar para sacarse una pasta con los amigos snobs del tetraplégico, cuando le hace una fiesta de cumpleaños como Dios manda...), y siguiendo por cómo el tetraplégico le demuestra al otro que existen las segundas oportunidades, y que se puede ser una persona de bien en la vida (las conversaciones que tiene con él cada vez que salen por la noche a pasear). Además, la historia es esperanzadora a más no poder, dejándose de las chorradas de otras películas, en las que hacen parecer que un enfermo como éste está mejor muerto que vivo (y sí, estoy hablando de esa castaña que es “Mar adentro, 2004”).


    En fin, que tampoco quiero destriparos la peli porque “Intocable” merece la pena ser vista y disfrutada casi sin saber nada de ella. Como película, no tiene nada de especial que haga que luzca más en pantalla grande (no tiene ni efectos especiales, ni un dolby sourround de esos como se diga que te cagas), pero os aseguro que es una película que merece ser disfrutada en el cine, rodeado de gente, y dejándose llevar por lo bonita que es la historia, y lo emocionado que te deja al final. Una pasada. De 10.




    sábado, 17 de marzo de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "DÉJAME ENTRAR"

    TÍTULO: DÉJAME ENTRAR

    DIRECTOR: THOMAS ALFREDSON

    REPARTO: KARE HEDEBRANT, LINA LEANDERSSON, PER RAGNAR, HENRIK DAHL, KARIN BERGQUIST, IKA NORD

    DURACIÓN: 114 min.

    AÑO: 2008

    GÉNERO: TERROR

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Es una delicia dejarse sorprender, de vez en cuando, por un film menor que, sin ser ninguna maravilla, ni revolucionar el género al que pertenece, consigue descubrirte nuevas y originales historias, e ir más allá en su intención de ser una mera excusa para desarrollar un tipo de argumento que ya ha sido tratado con mucha frecuencia. En el caso del film "Déjame entrar" es gracias a la estupenda puesta en escena del director sueco Thomas Alfredson que el público puede disfrutar de una hermosísima historia de amistad entre dos niños, condicionada por factores pertenecientes tanto a la realidad cotidiana (la separación de unos padres -o inexistencia de progenitores-, la violencia escolar...) como a la ficción (la existencia de vampiros), los cuáles consiguen combinarse a la perfección en un film tremendamente sólido y diferente.


    Oskar (Hedebrant) es un niño de doce años que vive en un pequeño pueblo sueco. Allí, sufre el acoso de una serie de abusones de su escuela lo que, junto con la separación de sus padres, lo ha convertido en una persona reservada y tímida. Una noche, al apartamento contiguo en el que Oskar vive con su madre, se muda una extraña pareja, formada por una persona de edad avanzada, y una niña pequeña llamada Eli (Leandersson). Eli no tarda en hacerse amiga de Oskar quien, gracias a su falta de prejuicios consigue ganarse su confianza. Paralelamente a la llegada de Eli a pueblo, empiezan a sucederse una serie de asesinatos de lugareños, a los que se les extrae misteriosamente la sangre. Será entonces cuando Oskar, extrañado por el peculiar comportamiento de su nueva amiga, descubra que Eli, en realidad, es una vampiro, hecho que pondrá a prueba su curiosa amistad.


    "Déjame entrar" está repleta de pequeños detalles que hacen de esta pequeña producción nórdica un largometraje tan original. No solo por la evidente falta de interés en mostrar a los no-muertos en acción -los ataques de Eli son tan rápidos y contundente que el público a penas tiene tiempo de darse cuenta de lo que está sucediendo... casi lo mismo que sucede con las víctimas-, sino por la manera de capturar las consecuencias de encontrar un personaje tan peculiar en la vida ordinaria del resto de personajes (atención al instante en que Eli, tras averiguar en qué habitación del hospital se encuentra el hombre que cuidaba de ella, trepa por la fachada del hospital hasta llegar a su cuarto; o ese otro momento en que una víctima que sobrevive al ataque de Eli, decide poner fin a su tormento antes de convertirse en vampiro, pidiendo a un enfermero que abra la cortina de su habitación y deje entrar la luz del día).


    Asimismo, sucede lo mismo en aquellas otras secuencias que se encargan de relatar los problemas de Oskar con los "matones" de su escuela. Así pues, si ya llama la atención la reacción de Oskar ante la provocación de uno de estos abusones (espectacular la conversación previa entre Oskar y Eli en la que ésta le aconseja que se defienda con las mismas armas), no resulta menos impresionante lo que sucede cuando éstos deciden vengarse de Oskar, ahogándolo en la piscina de la escuela. Esta secuencia resulta mucho más impactante por lo que no se ve que por lo que sí (presten especial atención al plano fijo de Oskar najo el agua mientras "algo" sucede en el exterior de la piscina).


    En resumidas cuentas, "Déjame entrar" es muchísimo más que un film de vampiros. Es un cuento de amistad bellísimo entre dos niños, que demuestran ser lo suficientemente adultos para dejar a un lado sus diferencias y completarse el uno al otro a través de una relación de comprensión y aceptación de lo más hermosa. Si, a ello, se le une la intriga propio de los relatos de terror acerca de no-muertos, y sus consecuentes investigaciones policiales (no hemos dicho nada del episodio que tiene lugar en el apartamento de Eli cuando un amigo de las víctimas de la pequeña vampiro le sigue la pista hasta allí), el resultado no puede ser más satisfactorio.



  • MR. HYDE DICE:

  • Ya echaba yo de menos una historia de vampiros que quisiera ser diferente, y que estuviera hecha como Dios manda. Nada de las mierdas esas descaradas de "Crepúsculo" ni de vampiros en edad del pavo y repletos de feromonas. Eso no solo es un insulto hacia el género de terror sino una demostración clara de que, o viene Coppola a hacer una película de vampiros como toca, o necesitamos más ideas originales como la de "Déjame entrar" para que las historias de chupasangres dejen de ser algo ridículo y consigan emocionar. Eso sí, cuando hablamos de "Déjame entrar", lo hacemos de la versión sueca, no de la versión americana que sacaron hace poco y que no he visto (ni ganas, teniendo en cuenta que la original es lo suficientemente buena como para sobrar).


    "Déjame entrar", aunque sea una historia de vampiros, no tiene nada que ver con las películas de terror en las que un no muerto se transforma en bicho y se va cargando a la peña hasta que un abuelo con acento raro le mete una estaca en to'l pecho. En esta peli no hay nada de eso. Sí que hay un vampiro -bueno, en realidad es "una"-, pero la cosa acaba siendo más un cuento de amistad entre dos críos muy diferentes que consigue superar cosas más serias como la violencia adolescente, la falta de atención paternal, y el hecho de sentirse diferente, independientemente de que uno esté vivo o que necesite pegarse sus buenos atracones de glóbulos rojos. Esto es, precisamente, lo que hace de "Déjame entrar" una peli tan chula.


    La película empieza teniendo un tono de misterio bastante importante, con ese chavalín rubio desahogándose con una navaja y un árbol (luego te cuentan por qué), y con esos vecinos tan raros que van a vivir a un bloque de fincas de esos que parecen piezas de dominó y que son todos iguales, en una ciudad sueca de las que la inmensa mayoría del tiempo, aparte de un frío de huevos, es siempre de noche. La intriga sigue cuando ves a uno hacer cosas más propias de un asesino en serie que de una persona normal pero, cuando empiezas a pensar que se trata de la enésima versión de un loco al que tiene que atrapar un policía, resulta que aparece una niña con carita así en plan inocentona, y que entabla con el niño rubio una amistad preciosa, libre de todas las cosas que podríamos decir que son más malas de cuando las personas crecen y se van haciendo adultas. En crío rubio, ve todo lo que pasa a su alrededor de una forma bien distinta a como lo haría un adulto, dejando que su amistad con la nueva vecina sea algo más puro, encontrando uno en otro un apoyo del que carecen al no tener nadie a quienes les importan de verdad.


    Pero, por suerte, la historia no se limita a dejarlo ahí, viendo como un niño con cara de no haber roto un plato en su vida se pasea con una vampiro de diez años. ¡Qué va! Ahí está lo bueno, que cuando ya te queda claro quién es cada uno, empieza lo que hace de "Déjame entrar" una peli tan original. En primer lugar, que ese tono de historia de misterio con el que empieza todo, vuelve otra vez para centrarse en la investigación de los asesinatos de personas que aparecen desangradas, y que apunta a la cría como posible responsable y, después, todo lo relacionado con los problemas de acoso infantil que tiene que sufrir el chavalín rubio por culpa de los cuatro matones de turno de su colegio. Tanto en una cosa como otra, ya os digo que la peli tiene momentos que te hacen no quitar los ojos de la pantalla, y no porque den miedo (que no lo dan), sino por la tensión de cada uno: atención a la entrada de uno de los amigos de una víctima en el piso en el que está durmiendo durante el día la niña-vampiro y, por otro lado, lo que pasa cuando, después de darle el crío rubio un guantazo a uno de los abusones, éstos se la quieren devolver jugándole una mala pasada en la piscina olímpica. Ya os digo que son momentos que te dejan clavado a base de bien.


    Por lo demás, insistir en que veáis "Déjame entrar" porque no tiene nada que ver con las historias de vampiros que habéis visto antes. Eso es una especie de cuento en el que la amistad entre dos críos es más fuerte que la necesidad de dejar que la violencia (por parte de él) y la necesidad de matar para alimentarse (por parte de ella) los destruya sino que, por el contrario, los ayuda a sobrevivir mutuamente, y a hacerse bien. Ah, y atención al final, que no e lo esperas para nada pero, al menos a mí, me pareció muy bonito.




    viernes, 16 de marzo de 2012

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "ANONYMOUS"

    TÍTULO: ANONYMOUS

    DIRECTOR: ROLAND EMMERICH

    REPARTO: RHYS IFANS, VANESA REDGRAVE, JOELY RICHARDSON, DAVID THELWIS, RAFE SPALL, DEREK JACOBI, JAMIE CAMPBELL BOWER, SEBASTIAN ARMESTO

    DURACIÓN: 130 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: DRAMA ÉPICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Para comprender mejor el enfoque desarrollado en “Anonymous”, es necesario hacer una pequeña aclaración previa. Existe una agrupación llamada los “Anti-Stratfordianos” cuyos miembros defienden la teoría de que William Shakespeare, en realidad, no escribió ninguna de las obras que se le atribuyen, sino que la autoría correspondería a un noble de la época quien, condicionado por su posición social y política, se sirvió de Shakespeare para lograr que se representaran sus obras. Los argumentos que defienden (y que se exponen durante los primeros cinco minutos de “Anonymous”) son que Shakespeare procedía de una familia de campesinos sin recursos, y que prácticamente, nadie de su entorno social sabía, a duras penas, leer y escribir, así como que no se conserva ningún manuscrito de su puño y letra sobre alguna de sus obras. Así pues, partiendo de este enfoque, el director alemán Roland Emmerich, mucho más conocido por sus films de ciencia ficción de dudosa calidad (“Godzilla – Godzilla, 1998”, “El día de mañana – The day after tomorrow, 2004” o “2012 – 2012, 2010”) que por sus otros largometrajes más serios (“El patriota – The patriot, 2000”), ha llevado a la pantalla el supuesto origen de algunas de las obras literarias más importantes de la historia en lengua inglesa, a través de una fastuosa recreación de la Inglaterra de mediados del siglo XVI y principios del XVII.


    Nueva York, en la actualidad. El autor de una obra de teatro (Jacobi) comienza la función explicando que, en realidad, Shakespeare fue un fraude, ya que no escribió ni una sola de las palabras de las obras que se le atribuyen. Inmediatamente, la acción se traslada principios del siglo XVII, describiéndose, por una parte, la estrecha relación entre el conde de Oxford (Ifans en la madurez y Campbell Bower en su juventud) con la reina Isabel I (Redgrave en la madurez, y Richardson en su juventud) y, por otra parte, las maquinaciones de Sir William Cecil (Thewlis) para conseguir, junto a su hijo Robert (Hogg) que el destino del país sea guiado según su propio criterio. En medio de este panorama, el conde de Oxford se servirá del escritor Ben Johnson (Armesto) para poder representar sus obras aunque, en el último instante, es William Shakespeare (Spall), un borrachín y mujeriego, quien se presta a semejante engaño.


    “Anonymous” es un film que, irremediablemente, pone el dedo en la llaga. Con independencia de la facilidad –más visual que narrativa- de recrear un fragmento de la historia de Inglaterra repleta de conspiraciones, negociaciones, traiciones y mentiras, “Anonymous” se atreve a especular sobre la posibilidad de que, tal y como defiende el grupo de los “Anti-Stratfordianos” al que nos referíamos en la introducción, William Shakespeare no escribiera ninguna de las obras que firmó en su día. Sin embargo, no contento con ello, Emmerich presenta a Shakespeare poco menos que como un bufón pendenciero y vicioso, capaz de chantajear y matar a cualquiera que se interponga en su camino a la fama y a la buena vida. Ahora bien, ni tanto ni tan calvo. “Anonymous” es una película que funcionaría igual de bien (puede que, incluso, más) sin necesidad de ofrecer una visión tan desastrosa del dramaturgo inglés. Prueba de ello es que, cuando la acción se centra más en el conde de Oxford y sus allegados, o en William Cecil y sus maquinaciones, el público se siente muchísimo más atraído por la acción planteada que no cuando ésta se decanta por la parte que afecta la representación de las obras y la farsa del supuesto escritor. Así pues, momentos como los repetidos flashbacks, en los que se muestra tanto la relación existente entre Isabel I y un joven conde de Oxford, o la preparación, ya desde entonces, de Sir William Cecil para dejar lo más atada a sus intereses los destinos de la nación, consiguen reforzar el tono sombrío y misterioso del relato, lo que constituye uno de los aspectos más positivos del film


    Asimismo, a pesar del enrevesado guión, “Anonymous” también logra que el público quede atrapado en la misma red de intrigas que se confecciona en torno a la sucesión al trono de Isabel I, desde la tergiversación de los hechos por parte de Robert Cecil (atención al instante en que le informan de que está a punto de representarse “Ricardo III” en la que el protagonista es un jorobado, como él) hasta la culminación de todas las conspiraciones (inigualable la desolación del conde de Oxford en el patio del palacio real, llorando bajo la lluvia y rodeado de soldados muertos). Es aquí donde cabe otorgarle el mérito de semejante atractivo a Emmerich quien, afortunadamente, deja de lado el cine de catástrofes para abordar de una forma seria y madura una época histórica de lo más controvertida, a través de una puesta en escena fascinante (los travelling aéreos sobre Londres, la iluminación de las secuencias de interiores que recuerda al “Barry Lyndon – Barry Lyndon, 1975” de Kubrick, el dinamismo de las conversaciones más importantes del largometraje, donde la cámara se mueve casi como si fuera una espía improvisada de los hechos…) y de unos diálogos brillantes (las escenas entre Ben Johnson y el conde de Oxford son sensacionales –ver el asombro del primero cuando el conde empieza a pasarle las obras que ha escrito para que sea representadas-, al igual que aquellas que tienen lugar ente el mismo conde y Sir Robert Cecil).


    Del mismo modo, cabría otorgarle parte del mérito a unos intérpretes fabulosos, que no sólo consiguen hacer creíbles sus respectivos personajes, sino que les dan una vitalidad pocas veces vista en pantalla: Rhys Ifans mostrando su orgullo contenido como conde Oxford (atención al momento en que suplica a la reina Isabel I por la vida de su hijo), el tono sibilino y venenoso tanto de David Thewlis como Sir William Cecil (al igual que el de Edgard Hogg como su malvado hijo), el porte de Vanesa Redgrave y Joely Richardson como la monarca en su madurez y juventud, respectivamente, etc. El conjunto de todos estos elementos hacen de “Anonymous” un film muy recomendable, y uno de los más interesantes estrenos en videoclub de esta semana. Aparte, quien se decante por una teoría u otra en lo que concierne a la autoría de obras como “Enrique V” o “Romeo y Julieta” es algo que no concierne al resultado del largometraje como tal.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Joer, qué chungo criticar una película como “Anonymous”! La peli, como tal, está muy chula, muy bien hecha e interesante a tope, a pesar de que te hagas la picha un lío con tanto nombre y conde bambando por ahí. Vamos, que como película épica está de lo más lograda. Ahora, que luego estés de acuerdo con el tema que trata, eso ya es harina de otro costal. Porque lo más fácil es que, si eres inglés, tanto lo que te cuenta “Anonymous” como la forma en que representan a Shakespeare (putero, borracho, analfabeto y más tonto que un higo), puedes acabar bastante cabreado. Supongo que, en comparación, es como si hicieran una súper producción en la que sacaran a un Cervantes gilipollas perdido, y más preocupado por darle gusto al rabo que no por escribir El Quijote. Pero bueno, según parece, hay una organización, o tendencia cultural o lo que coño sea eso que defiende la tesis de que el amigo William no escribió ni una sola palabra de sus obras. Yo no tengo ni chufla de si esto es verdad o se lo ha inventado algún iluminado de estos que suele pulular por ahí. De todas formas, de lo que toca hablar aquí es de “Anonymous” como película que, independientemente de su tema, está muy chula.


    Antes de deciros por qué me ha gustado, prefiero empezar metiendo un poco de caña, y diciéndoos qué es lo que podían haberse currado un poco más. Para empezar, aunque la introducción esa en plan obra de teatro ya te advierte de que la cosa va de los que piensan que Shakespeare era un timo de tío, dan por hecho que ya sabes de historia, y que te conoces de memoria la situación de Inglaterra en el año 1600, y de quiénes querían conspirar contra quienes y de qué forma. No sé si será vuestro caso, pero yo me acuerdo de la historia de España, y a duras penas, como para saberme de memoria la de esos lerdos de los Tudor. Pero eso no es lo único. Al hecho de que te tengas que saber de qué iba la cosa política de aquel entonces (por suerte a los españoles nos describen como “el enemigo”, aunque sin humillarnos para nada, cosa que ya se agradece), se le une algo aún más chungo: hay un batiburrillo de nombres al que te cuesta casi una hora acostumbrarte para saber quién es quién. Aparte de la reina Isabel I, ves salir a unos y a otros, pero cuando hablan del conde de no sé dónde, o del noble de no sé cómo, no consigues asociarlo con la cara que ya has visto antes. Y claro, teniendo en cuenta que no paran de hablar unos de otros y de hacer alusiones sobre las intenciones del de al lado, pues vas más perdido que un político honrado en la alcaldía de Marbella hasta que te acostumbras.


    Dicho esto, el esto de “Anonymous” –sin tener en cuenta, repito, la falta que se soplan sobre la figura de Shakerspeare- es una película de lo más guapa. En lo que a la ambientación se refiere, está hecha de coña. Los decorados son brutales: tanto en el teatro popular como en los palacios reales y, en general, en todo el Londres de hace cuatrocientos años, han cuidado hasta el más mínimo detalle, casi pareciendo que lo puedas tocar. Y lo mismo vale para el vestuario y el maquillaje, porque la caracterización de los actores como los nombres históricos a los que representan es tremendo. Y de las actuaciones, se puede decir lo mismo. El que hace de conde de xx, lo borda, sobretodo en cada uno de los momentos en que ve cómo la gente alucina con sus obras aunque el mérito se lo está llevando otro (no os perdáis el momento en que felicita a Shakesperare –al que ha encontrado follando con una puta-, porque le han publicado un poema y la cara de mendrugo que pone éste, o como cuando el público del teatro enmudece con el soliloquio de Hamlet), o como cuando se va enterando de ciertos secretos que tienen que ver con su familia. Fijaos bien en las caras que pone el pobre hombre, que no tienen desperdicio. Eso sí, la reina, para pasar solo unos años entre cuando es joven y cuando es más mayor, parece que ha envejecido a lo burro, pero bueno, eso sólo son detalles sin importancia.


    En fin, que si te tomas “Anonymous” como una película en plan distracción, el resultado es estupendo. Pero tienes que tener claro que sólo es una diversión, sin importarte mucho la forma que tienen de sacar a Shakespeare. Si aceptas ese juego, la peli te parecerá de lo más interesante e intrigante, a pesar de que ya podáis conocer el final que tuvo cada uno de esos personajes históricos. Yo, personalmente, os la recomiendo como novedad de alquiler esta semana, ya que es una película de época diferente a las castañas a las que solemos estar acostumbrados, y que te atrapa desde el principio, y durante todas esas intrigas políticas de la corte. Muy bien hecha y muy chula. Aunque luego a cada uno le guste pensar que Shakespeare fue un auténtico genio (o no).




    jueves, 15 de marzo de 2012

    CINE ACTUAL: "EL PIANISTA"

    TÍTULO: EL PIANISTA

    DIRECTOR: ROMAN POLANSKI

    REPARTO: ADRIEN BRODY, EMILIA FOX, FRANK FINLAY, THOMAS KRETSCHMANN, MAUREEN LIPMAN

    DURACIÓN: 148 min.

    AÑO: 2002

    GÉNERO: DRAMA BÉLICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • La recreación de la tragedia que supuso para la historia de la humanidad la salvajada nazi, así como sus consecuencias -especialmente sus consecuencias- ha sido llevada a la gran pantalla desde el más variopinto estilo y tipo de películas. Desde aquellas centradas en las aventuras de espionaje entre las tropas de Hitler y los Aliados, hasta aquellos largometrajes que, desprendiéndose de este halo de intriga, se decantan por relatar historias duras y directas, más o menos acarameladas, sobre la tragedia que supuso semejante despropósito. Así pues, en este segundo grupo de obras, podemos encontrar desde las obras más clásicas como "El diario de Ana Frank - The diary of Anne Frank, 1959" hasta propuestas más recientes, como la obra maestra de Steven Spielberg, "La lista de Schidler - Schindler's list, 1993". A este grupo cabría añadir ahora una de los más fascinantes films del realizador Roman Polanski, quien parte de la obra del propio pianista judío Wladyslaw Szpilman, para recrear los años de la Segunda Guerra Mundial en la que éste consiguió esconderse con éxito de las tropas nazis, y cuyo amor y talento para tocar el piano logró salvarle la vida.


    Wladyslaw Szpilman (Brody) es un joven y eminente pianista que vive en Varsovia con su familia. Días antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, al producirse la invasión de Polonia por parte de la tropas nazis, Wlaydslaw se ve obligado a recluirse en el ghetto judío de la capital, participando en trabajos forzados para las tropas invasoras. Cuando los nazis comienzan a trasladar judíos a los campos de concentración, Wladyslaw se ve separado de toda su familia, y obligado a sobrevivir escondiéndose de los nazis, tanto en pisos francos de simpatizantes de los judíos como en edificios derruídos, debiendo mantener esta situación durante el resto del conflicto armado.


    A diferencia de lo que opina mi querido colega Hyde -aunque más que de diferencia, quizás sería más acertado hablar de complemento-, "El pianista" es mucho más que la enésima versión cinematográfica de los desastres causados por la Segunda Guerra Mundial. En "El pianista", Polanski comete el gran acierto de plasmar semejante tragedia de un ciudadano judío de a pie (no estamos hablando de ningún héroe de renombre como suele suceder en otros largometrajes similares), cuyo increíble talento al piano y gran astucia logró salvarle la vida. Así pues, si bien estoy completamente de acuerdo con que resulta de lo más original la aportación musical en la historia, no es menos cierto que la arrebatadora puesta en escena de Polanki, aunque salpicada de detalles ya conocidos (por ejemplo, la secuencia en que un oficinal nazi llama a una serie de trabajadores judíos al azar, los coloca en fila boca abajo en el suelo y los ejecuta de un disparo en la cabeza), destaca tanto por la elegancia de su dinamismo como por lo ejemplar de la planificación. Dicho así, puede resultar algo confuso, por lo que trataremos de concretar a qué nos estamos refiriendo más particularmente.


    En primer lugar, cuando hablamos de la elegancia del dinamismo, nos referimos a que Polanski se las ingenia para retratar las constantes incursiones nazis con una sencillez tremenda. En efecto, el realizador polaco se aleja del sentimentalismo simplón y del endulcoramiento para mostrar la tragedia que supuso ser judío durante aquellos años con lo que alguno podría calificar de excesiva frialdad. Instantes como la destrucción del ghetto judío, la aniquilación de un pequeño foco de resistencia a los nazis, u otros momentos más importantes como la separación de la familia de Wladyslaw cuando éstos son introducidos en el tren que los transportará al campo de concentración son contemplados casi de manera documental de forma que no haya excesivo lugar para las emociones.


    Ahora bien, en segundo lugar mencionábamos lo ejemplar de la planificación. Y es que, a pesar de este aparente distanciamiento, Polanski es capaz de combinar secuencias como la indicada anteriormente, con otras que contrarrestan la aparente falta de emotividad, tal y como sucede con aquella en la que Wladyslaw, tras ver partir a su familia en dicho tren, se pasea por las calles desiertas del ghetto viendo cómo están pobladas de cadáveres tirados por el suelo; o como cuando éste, tras lograr huir de un hospital que es bombardeado por los nazis (la secuencia de la caza a Wladyslaw por los tejados en ruina de una casa también sería un buen ejemplo de esta planificación), llega a una calle en la que, gracias a un espectacular travelling panorámico, el espectador puede apreciar en todo su esplendor en desastre de la contienda, al ver una gran avenida flanqueada de edificios completamente derruidos.


    Afortunadamente, Polanski también se encarga de intriducir pequeños apuntes humorísticos con el fin de poder quitarle un poco de hierro al sufrimiento constante de la historia. Así, aunque se trate de un humor negro, llaman la atención instantes como aquel en que un oficinal nazi, antes de ejecutar a un judío, debe desatascar su pistola ante la mirada atónita de éste. O, también, ya hacia el final de la cinta, cuando Wladyslaw está a punto de ser acribillado por las tropas aliadas que lo confunden con un nazi porque lleva puesto el abrigo de un oficial alemán; cuando le pregunta que por qué va vestido con esa prenda, él se limita a contestar, tiritando, que porque tiene frío.


    En resumidas cuentas, "El pianista" es una obra fascinante, diferente y construida de maravilla, gracias al saber hacer de un realizador que, con cada nueva obra, ha demostrado que es uno de los grandes talentos que ha dado la historia del cine. Asimismo, lo cabría decir algo parecido de la portentosa interpretación de un casi novel Adrien Brody en el papel protagonista (justamente recompensada con el Oscar al mejor actor), y de la recreación de toda la historia, tanto por parte del director de fotografía Pawel Edelman, como del director artístico, capaz de recrear una Polonia arrasada por la tragedia. Sensacional largometraje.



  • MR. HYDE DICE:

  • "El pianista" es una buena película. De hecho, puede que más que eso, que sea muy buena película. hecha de fábula y con Adrien Brody haciendo un papelazo de mil demonios -es más, en vista de las chuflas que ha hecho después de "El pianista", mucho me temo que sea el único buen papel que haga-. Ahora viene el pero... pero es una historia que hemos visto ya de mil formas iguales antes. Vale que sea un tanto conveniente recordar la masacre que cuatro malnacidos hicieron con el mundo pero es que, quitando el hecho de que el protagonista sea un pianista brillante, el resto de la peli son escenas de nazis cargándose a judíos que han recreado ya en otras tantas películas antes. De hecho, casi se podría decir que "El pianista" es como "La lista de Schindler" pero con música de piano de por medio. Porque el resto: las matanzas de judíos, los saqueos del ghetto, las persecuciones de los nazis y tal, todo es lo mismo que lo que ya sabíamos y habíamos tenido que ver antes.


    Y eso es lo malo de "El pianista" o, al menos, la impresión que tuve cuando la vi por primera y segunda vez, que la historia está contada muy bien y la peli muy bien hecha, pero que ya huele un poco a caldo recalentado. ¿Tiene eso que ver algo con que no merezca la pena? Para nada. Ya os digo que la película es una pasada, sobretodo porque -y aquí sí que viene el punto original- no se centra tanto en las cabronadas de los nazis, sino en la astucia del pobre pianista para salvar el culo, refugiándose donde buenamente podía, y tratando de dar esquinazo a cualquier precio. Y, por supuesto, metiendo la música de piano de por medio. Estas son las cosas que de verdad me llamaron la atención: casi todos los momentos en que la música de piano tiene algo que ver con la historia que te están contando. Así, por ejemplo, de toda la película, con lo que tiene que ver con esto que os digo, es impresionante ese instante en el que el pianista está dando un concierto para la radio en el momento en que empiezan a bombardear Varsovia: los locutores, técnicos de sonido y tal salen como conejos del estudio, mientras él se sigue como si nada viendo cómo el resto se pira mariquita el último hasta que, por fin, un bombazo revienta medio estudio y él se larga también.


    Si ese momento que os comentaba es el primero de los que tiene que ver claramente con la música, os juro que se me ponen los pelos de punta con otros trozos alucinantes, como cuando está escondido en un piso en el que no tiene ni que hacer ruido -casi ni respirar-, y ve que hay un piano. Vale, pues el tío levanta la tapa, se sienta delante y empieza a mover las manos por encima del teclado, sin llegar a apretar una sola tecla, pero nosotros sí que escuchamos la música del piano, como si escucháramos la música que él oye al mover las manos. Y, por supuesto, casi al final de la película, cuando el pobre está hecho una mierda y refugiado en un edificio en ruinas, cuando el oficinal nazi le sorprende y le pide que toque el piano. Os juro que es un momento que te deja tan flipado que casi te olvidas del resto.


    Por lo demás, quitando esos dos o tres momentos más originales, es, como os digo, más de lo mismo: mucha masacre nazi, muchas cabronadas a los judíos, y bombardeos y disparos por Polonia. De todas formas, sí que hay que reconocerle el mérito a Roman Polanski de rodar una película como ésta, en especial si tenemos en cuenta que a él le tocó vivir una odisea parecida. El hombre consigue un realismo parecido al de Spielberg en "La lista de Schindler", solo que cambiando la insuperable música de John Williams por la de Chopin. En definitiva, "El pianista" es una película que merece la pena ver, fijándose sobretodo en estos trozos que os digo, y que la diferencian un poco del resto de otras películas que son iguales. Ah, y atención al papelón de Adrien Brody, que parece que nació para hacer esta peli.




    miércoles, 14 de marzo de 2012

    CINE DE LOS 90: "BAILANDO CON LOBOS"

    TÍTULO: BAILANDO CON LOBOS

    DIRECTOR: KEVIN COSTNER

    REPARTO: KEVIN COSTNER, GRAHAM GREENE, MARY MCDONNELL, ROBERT PASTORELLI, ROBERT A. GRANT

    DURACIÓN: 188 min.

    AÑO: 1990

    GÉNERO: WESTERN

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Revelada como uno de los éxitos sorpresa del año, el debut en la dirección del actor Kevin Costner supuso una revisión del género del western crepuscular, pero dotado de una gran sensación del espectáculo, que fascinó tanto al público de todo el mundo, como a la crítica especializada (el film fue galardonado con siete Oscar, incluyendo mejor película del año, por encima de títulos firmados por cineastas del calibre de Francis Ford Coppola o Martin Scorsese).


    John Dunbar (Costner) es un condecorado teniente del ejército confederado, durante la Guerra de Secesión norteamericana que, tras un importante logro en campaña, solicita el traslado a un puesto fronterizo, alejado de las zonas de combate. Allí, esperando poder encontrar algo de pazo en su vida, establece contacto con una tribu de indios sioux, liderada por "Pájaro pateador" (Greene). Lo que empieza siendo una relación de desconfianza mutua, poco a poco se va convirtiendo en una relación amistad y respeto, alentada en gran medida por la presencia de una mujer blanca, adoptada desde pequeña por los indios, llamada "En pie con el puño en alto" (McDonnell), de quien Dunbar se enamora. Sin embargo, el resto de los soldados del ejército al que pertenece Dunbar, no tardarán en hacer su irrupción y poner en peligro la existencia de la tribu india.


    "Bailando con lobos" deja claras, de entrada, dos cosas. La primer es que no es ningún secreto que Kevin Costner siempre ha sido un amante de los grandes westerns que ha dado la historia del cine. Su amor por este tipo de historias queda patente en cada plano de la costosísima puesta en escena del film, donde la cámara se encarga de mostrar todas y cada una de las maravillas del lejano Oeste, dentro de un ambiente ya crepuscular, maravillosamente retratado -años más tarde volvería a dar buen ejemplo de ello con la excelente "Open range - Open range, 2003"-. Costner no ha regateado en nada a la hora de captar cuanto más mejor de semejante espectáculo, logrando hacer de la densa novela de Michael Blake (adaptada para la gran pantalla por él mismo) un relato interesante y arrebatador sobre lo terribles que pueden ser los actos del ser humano pero, al mismo tiempo, del cambio que éste puede experimentar en su interior para ser mejor persona.


    Lo segundo que queda evidente tras ver "Bailando con lobos" es que Costner también es un amante de los relatos épicos. Por supuesto, está claro que Costner ha estado atento mientras directores como Lawrence Kasdan o Brian de Palma lo dirigían en sus films, ya que la capacidad de ofrecer un gran espectáculo del primero (patente en la entretenidísima "Silverado - Silverado, 1985"), y la forma única de planificar la puesta en escena del segundo (no hay más que ver "Los intocables de Elliot Ness - The untouchables, 1987") están presentes en cada fotorgrama del largometraje. Sin ir más lejos, observar detenidamente el comienzo del film, en el que un herido Costner se aferra a su bota con tal de no perder la pierna para, acto seguido, mostrar su carencia de motivos para seguir luchando cuando se pasea a caballo casi inconsciente por el frente enemigo.


    Afortunadamente, y a pesar de un metraje excesivo, Costner consigue alcanzar un equilibrio justo entre el espectáculo de las escenas más dinámicas y la progresión dramáticas de las más intimistas, consiguiendo hacer creíble la inmersión del personaje principal en una cultura y forma de vida que, hasta hacía poco tiempo, consideraba propias de salvajes. Asimismo, la hermosa historia de amor y descubrimiento que ofrece al espectador (excelente Mary McDonnell) es acogida por éste con los brazos abiertos, al conseguir introducir con gran acierto un aspecto que sirve de nexo entre ambas culturas, y que también le sirve al público para identificarse con la evolución del personaje.


    Así pues, "Bailando con lobos" se presenta como un film poderoso, hipnotizante y con algunas de las secuencias más fascinantes del cine épico. En, en resumen, una historia de descubrimiento y redención que consigue hacer que el cine se vea como el gran espectáculo que es, a pesar de que el metraje, en este caso, sea ligeramente excesivo.



  • MR. HYDE DICE:

  • Con "Bailando con lobos" me pasa algo parecido a lo que decía el otro día cuando hablábamos de "El paciente inglés - The English patient, 1996", y es que es demasiado larga. Hay películas, como ésta, a la que si les cortas media hora (o una hora entera), el resultado sería una maravilla, y no una peli que está chula pero que, de tan larga que es, se vuelve un poco rollo. A mí me gustó "Bailando con lobos", no os equivoquéis, pero es que la pobre es larga de cojones -y eso que todavía pulula por ahí en ediciones especiales una versión de más de cuatro horas-. Hay pelis como, por ejemplo, "Braveheart - Braveheart, 1995" que, aunque duren lo suyo, no se te hacen nada aburridas. Hasta una película como la versión que hizo Kenneth Branagh de "Hamlet", y que dura más de cuatro horas, me dejó con la boca abierta, y tres cuartos de lo mismo se podría decir de "Érase una vez en América - Once upon a time in America, 1984". Pero es que Kevin Costner, por mucho que se lo haya currado con su peli de indios y vaqueros, no es ni Sergio Leone y la capacidad narrativa de Branagh. Así que, sí, "Bailando con lobos" es una peli buena, chula, pero demasiado larga, haciendo que las tres horas y poco que dura se noten y, al final, acaben cansando un poco.


    Por suerte, este es casi el único de los peros gordos que le veo yo a la peli. Porque, cuando os digo que me parece demasiado larga, no me refiero al hecho de que dure mucho (la última de "El señor de los anillos" se me hizo infinitamente más larga que ésta), sino a que dedica demasiado rato a cosas que se podría haber ahorrado o que no te cuentan nada nuevo. Comprendo que el hombre este se habrá gastado una pastuza en hacer la peli, o que le gustan mucho esos paisajes del Oeste americano, y querrá que salgan cuanto más tiempo mejor. Pero al pollo se le va la mano con puestas de sol, movimientos de cámara entre las tribus indias y todo eso. Por poner un caso, desde que el teniente llega a ese puesto de control militar que está por donde Sansón perdió el flequillo hasta que pasa algo realmente interesante con los indios, pasa casi una hora. Entre que llega al sitio, se instala, inspecciona la zona, se pone a hacer el chorra con el fuego, y se le acercan los primeros indios, se tira la friolera de una hora. Me diréis que no podría haberle dado un poco más de brío y aligerar un poco el tema. Y, cuando ya está con los indios, pues más de lo mismo: mucho descubrimiento mutuo, aprecio y demás, pero se tira cuatro años para contarte algo que podría haber resumido en quince minutos.


    Pero bueno, tampoco quiero dejaros con la impresión de que "Bailando con lobos" es una película que no merece la pena, porque no es así. Es todo un espectáculo hecho a lo grande, y con la intención de ser así de enorme. Además, para ser la primer vez que un actor se pone detrás de la cámara, es un debut de lo más currado, porque se nota que ha cuidado hasta la exageración cada detalle. De entrada, olé los cataplines del que ha sido capaz de hacer en película una historia como esta porque, si la peli no estuviera bien hecha, sería una castaña monumental. Por suerte, las imágenes espectaculares están en sintonía con lo que van contando de la historia. En el recuerdo tengo trozos como ese del principio en el que Costner se va con los bártulos al puesto fronterizo, con ese viaje que hace y donde te das cuenta del pedazo de terrenos que tienen por allí, los primos del otro lado del charco (muy chula, por cierto, la música de John Barry y la fotografía de Dean Semler), cuando Kevon Costner está en medio de un campo como de trigo, que acaricia las espigas mutantes esas o, incluso, el momento en que se va a cazar búfalos cuando ya se ha hecho coleguilla de los indios. Son todos esos trozos, junto con una historia en plan descubrimiento de personas y reconciliación los que hacen que "Bailando con lobos" sea una película así de recordad y de buena.


    Lo que también me llama la atención es que tenga los huevos de sacar a los soldados americanos como los malos que se cargan a los indios porque sí cuando, lo normal hasta ese momento, es que cuantos más pieles rojas mandara a criar malvas, más machote y más como héroe se presentaba al protagonista (que se lo pregunten, si no, a John Wayne, que no andaba con tonterías a la hora de mandar al otro barrio a todos los toro sentado que podía). Aquí, Kevin Costner prefiere dejar claro que si los indios eran así de cafres -también es cierto que algún destarifado habría por ahí, que tampoco serían todos angelitos del Señor- es porque el hombre blanco les había dado antes por la retambufa a base de bien. Vale que es demasiado extremo, y que ni todo es blanco o negro, pero me pareció una forma diferente y original de verlo. Y, ya de paso, si el protagonista tiene tiempo para enamorarse, descubrirse a sí mismo (como les gusta decir a todos estos que se ponen así en plan metafísico y trascendentales) y cambiar de actitud para ser más tolerante y comprensivo pues mejor. Ahora, como os digo, si lo hubiera hecho en sesenta minutos menos, yo, personalmente, se lo hubiera agradecido. Aparte de eso, os recomiendo "Bailando con lobos", que es una película que, al menos una vez, merece la pena verse.




    martes, 13 de marzo de 2012

    CINE DE LOS 80: "MAD MAX 2: EL GUERRERO DE LA CARRETERA"

    TÍTULO: MAD MAX 2: EL GUERRERO DE LA CARRETERA

    DIRECTOR: GEORGE MILLER

    REPARTO: MEL GIBSON, BRUCE SPENCE, VERNON WELLS, MIKE PRESTON, VIRGINIA HEYKJELL NILSSON

    DURACIÓN: 96 min.

    AÑO: 1981

    GÉNERO: ACCIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Si a lo largo de las últimas críticas hemos tratado en varias ocasiones los sub-géneros cinematográficos dentro de un tipo específico de largometrajes (comedia romántica, thrillers policíacos, etc.), el film que hoy nos ocupa casi parece haber desarrollado un género propio: el de las películas futuristas post-apocalípticas. Cierto es que, dicho así, el término puede confundir y ser poco aclaratorio. Sin embargo, la estética de estos films es inconfundible. Para empezar, la mayoría de ellos tienen lugar en un futuro próximo, en el que la sociedad ha sido prácticamente devastada a favor de la anarquía, los clanes violentos y el caos. En medio de semejante panorama, donde sus protagonistas se las ven y desean para poder sobrevivir y aprovechar los pocos recursos naturales de los que aún disponen, suele hacer su aparición la figura del héroe que acabará protagonizando el relato, que da esperanzas casi de forma involuntaria al resto de secundarios, y que los guiará hacia una situación más esperanzadora. Así pues, dentro de este tipo de películas, en los años ochenta, quizás uno de los largometrajes más representativos de este sub-género sea “Mad Max 2: el guerrero de la carretera”, secuela del film original que se había estrenado dos años antes y que, no sólo le había servido como carta de presentación al actor de origen australiano Mel Gibson, sino que también se había convertido en una de las películas más rentables de la historia hasta ese momento.


    En un futuro cercano, después de una serie de acontecimientos que han derivado en una tercera guerra mundial, el mundo tal y como se conocía, ha desaparecido. A través de un excelente prólogo en blanco y negro, se describe cómo la guerra por los combustibles fósiles ha convertido a la humanidad en depredadores desalmados capaces de hacer cualquier cosa con tal de disponer de unos pocos litros de gasolina. En medio de esta situación, el exagente de policía Max Rockatanski (Gibson), que sigue arrastrando el trauma derivado de no haber podido salvar la vida de su mujer y su hijo a mano de una banda de delincuentes motorizados, sobrevive como buenamente puede a los constantes ataques de los delincuentes de poca monta. Un día, llega a una especie de aldea fortificada en la que sus habitantes esconden un importante stock de combustible. Esto no pasa desapercibido a las bandas criminales locales, que se organizan con el fin de arrasar este poblado y robar el combustible. A cambio de cobijo y protección, Max se ofrece voluntario para organizar la resistencia de los aldeanos, desatando un importante enfrentamiento con los vándalos.


    Tal y como se puede comprobar por su argumento, “Mad Max 2: el guerrero de la carretera” es una película que presenta un futuro completamente devastado. Es curioso, sin embargo que, tratándose de una secuela, se aleje del tono que mantenía el título original (muchísimo menos apocalíptico), y se apueste aquí no sólo por mayores dosis de acción sino, también, por un enfoque diferente de la historia. Ahora, el personaje principal ya no es el padre amoroso y responsable de su deber que era antes, sino que se trata de una especie de mercenario en busca de redención que ayuda al semejante sólo para poder ayudarse él también. De esta forma, el protagonista se convierte en un antihéroe que acaba resultándole simpático al público a partes iguales por su sinvergonzonería y su disimulada lealtad.


    Volviendo a la estética, también mencionábamos que “Mad Max 2: el guerrero de la carretera” era uno de los máximos exponentes del cine de temática futurista y post-apocalíptica más representativo de los ochenta. Bien, pues ampliamos el marco temporal, ya que también lo es de la historia del cine. La estética tanto del diseño de producción (esos pueblos arrasados, coches calcinados en los arcenes de las carreteras, escenarios desérticos sin un ápice de vegetación) como de diseño de vestuario (por mucho calor que haga, los protagonistas se visten siempre con un montón de harapos –muchas veces de cuero, como es este caso-, que aumentan la sensación de devastación) y la caracterización de los personajes (muchos de los villanos ocultan su rostro tras máscaras, o con estrafalarias indumentarias, cortes de pelo, etc.) está perfectamente concebida para darle al conjunto esa sensación de desesperanza a la historia.


    Ahora bien, independientemente de toda la ambientación que hace de “Mad Max 2: el guerrero de la carretera” un film de referencia, lo cierto es que la puesta en escena de esta segunda parte es mucho más espectacular que la primera si cabe. Si el título original se había hecho famoso por la sucesión de impresionantes secuencias de persecuciones por las gigantescas carreteras australianas, en esta secuela se incrementa la espectacularidad de estas persecuciones aunque, curiosamente, no en cantidad sino en calidad. En efecto, mientras en la primera parte las secuencias de acción eran constantes durante todo su metraje, en “Mad Max 2: el guerrero de la carretera” disminuye la cantidad de estas secuencias, aunque la persecución final (espectacular de principio a fin ese asedio al camión cisterna que conduce Max), ocupe más de quince minutos del tercio final del film. Por supuesto, el nivel de violencia tampoco disminuye mucho en la secuela, aunque sí hacen que se concentre más en las carreras y persecuciones automovilísticas en vez de hacerlo en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Por lo que respecta al resto del largometraje, éste contiene un tono muy similar al de producciones más propias del western clásico como “Río Bravo – Rio Bravo, 1959” (toda la parte centrada en el asedio e intentos de asalto a la fortaleza destartalada en cuyo interior esconden el combustible) aunque, por supuesto, salvando las distancias.


    En definitiva, “Mad Max 2: el guerrero de la carretera” es un film entretenido, hecho de forma efectiva, y referente claro del cine de acción futurista apocalíptico. No es que éste sea un género demasiado apreciado por el grueso de espectadores aunque, no obstante, tampoco ello es motivo de negarle los aspectos positivos a este correcto largometraje, que no pretende sino ser un divertido pasatiempo.



  • MR. HYDE DICE:

  • Joder Jekyll, te habrás quedado a gusto… ¡Pero qué rollero eres, macho! En fin, ya no sé qué más decir que no haya cascado ya este tío castaña. A mí no es que me maten mucho esas pelis en las que todo está hecho una mierda, roto y tirado por el suelo. Básicamente porque siempre me ha costado entender por qué la gente tiene que vivir como guarros porque la guerra haya petado medio mundo. A ver, una cosa es que no tengas tarifa plana de Internet, y otra que no te puedas dar un baño o enjuagarte un poco la boca para que los piños no se te queden como los del cuñao. En fin, son tonterías, lo sé, pero tonterías que pueden hacer que vayas o no vayas a ver una peli por la pinta que tiene. A mí, la primera “Mad Max” tampoco es que me chiflara mucho. Vale que las carreras de esos coches trucados tenían su punto, pero me esperaba algo con más acción (tampoco me quedé mucho con que si la peli era violenta o no), así que cuando vi “Mad Max 2: el guerrero de la carretera”, teniendo en cuenta que, además, todo era en plan apocalíptico, al principio tenía el morro un poco torcido.


    Después de verla, tampoco es que me haya parecido la maravilla del siglo, pero debo reconocer que es mejor de lo que imaginaba. No cambia nada eso de que todo el mundo esté como si la basura hubiera llovido del cielo, o que la inmensa mayoría de los “humanos” sea una panda de cafres de mucho cuidado. Pero tiene algo que se agradece en una peli de este tipo: es entretenida. Con toda la historia esa de conseguir / proteger gasolina, y con las persecuciones que hay en “Mad Max 2: el guerrero de la carretera”, casi te da un poco igual la estética esa catastrófica, ya que se deja de rollos sobre la crítica de la sociedad y tal, y se preocupa más por ser una película de acción más o menos interesante.


    De películas así en plan fin del mundo, no es que sea mi preferida (es más, ahora que lo pienso, creo que no tengo ninguna preferida de esta clase), porque se parece un montón a otras tipo “Soy leyenda – I am legend, 2007” e, incluso, a una de hace ya años que creo que se llamaba “El último hombre… vivo – The omega man, 1971” en la que creo que salía Cartón Heston. Y, por supuesto, a esa especie de versión pasada por agua que es la igualmente entretenida –y menospreciada e infravalorada a partes iguales- “Waterworld – Warterworld, 1995”. Lo único que yo le veo de más original a “Mad Max 2: el guerrero de la carretera” es la chulería en plan guay de Mel Gibson, que hace de tío duro, pero simpático (no como Kevin Costner, que se pasa la peli del agua con cara de cabreo). Gibson sabe de sobra el tipo de peli que es y que, ahí, él es el que manda, como demuestra en trozos como en ese en que espera el momento oportuno para proponerles a los pringados del poblado ser él quien se encargue de transportar el camión cisterna fuera de esa especie de fuerte cutre. El tío se lo dice desde el suelo, repantigado como si estuviera en el sofá de su casa, más chulo que un ocho.


    Por lo demás, “Mad Max 2: el guerrero de la carretera” es una película de esas que ves y te hace pasar el tiempo, pero que no te pirras por volver a ver, al no ser que te haya calado profundo (que no es mi caso). Pero si te van esas pelis en las que el mundo civilizado –si es que alguna vez lo ha sido- se ha ido a tomar viento, desde luego, no te la puedes perder. Para el resto, ya sabéis de qué va la cosa.




    lunes, 12 de marzo de 2012

    CINE CLÁSICO: "SED DE MAL"

    TÍTULO: SED DE MAL

    DIRECTOR: ORSON WELLES

    REPARTO: CHARLTON HESTON, ORSON WELLES, JANET LEIGH, JOSEPH CALLEIA, AKIM TAMIROFF, VALENTIN DE VARGAS, MARLENNE DIETRICH

    DURACIÓN: 105 min.

    AÑO: 1958

    GÉNERO: THRILLER POLICIACO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Casi dos décadas después del revuelo que había levantado con su opera prima, "Ciudadano Kane - Citizen Kane, 1941", y de haber realizado largometrajes tan célebres como"El extranjero - The stranger, 1946" o "MacBeth - MacBeth, 1948", Orson Welles realizó la que, junto con el primer título mencionado, sea su obra más fascinante: una historia de violencia y corrupción policial que cuenta con una de las puestas en escena más deslumbrantes de toda su carrera.


    Mike Vargas (Heston) es uno de los mejores detectives del norte de Méjico. Dispuesto a pasar unos días de asueto en un pueblo fronterizo con los Estados Unidos junto a su mujer, Susan (Leigh) son testigos de un brutal atentado con coche bomba que le cuesta la vida a un importante pez gordo local y a su amante. El caso le es asignado al capitán Hank Quinlan (Welles) pero, dado que no está del todo claro a qué lado de la frontera se ha cometido el crimen, se acuerda que ambos policías, Vargas y Quinlan cooperen para resolverlo. Sin embargo, los métodos poco ortodoxos de Quinlan y el hecho de que Vargas esté investigando una peligrosa trama de narcotráfico centrada en la figura de la familia Grandi, hace que la investigación se complique hasta derivar en un asunto personal a tres bandas.


    "Sed de mal", si bien tuvo que hacer frente a una serie de complicados impedimentos para poder estrenarse tal y como su director y protagonista la había concebido (parece ser que los productores del film temían que la violencia explícita de la que hace gala el largometraje pudiera repercutir negativamente en la carrera comercial de la misma), lo cierto es que resulta una obra imprescindible, dentro mejor cine negro clásico. Si a su argumento de conspiraciones, traiciones y vendettas se le une un reparto estelar -créanme si les digo que son una auténtica gozada cada uno de los planos que comparten Heston y Welles- y una trama que casi obliga al espectador a no perderse ni un solo detalle de lo que acontece, resulta sencillo comprender por qué "Sed de mal" es una de las mejores películas de un genio como Welles, y uno de los mejores referentes del cine negro de mediados de siglo pasado.


    A esto se une, como me comentaba entusiasmado mi querido amigo Hyde, la arrebatadora puesta en escena de Orson Welles. La cámara casi no se queda quieta ni un segundo, estando en continuo movimiento, y consiguiendo que la descripción visual que hace Welles de cada situación resulte fascinante (especialmente por lo que respecta a las repetidas secuencias de acoso al personaje de Susan Vargas -el chantaje e intimidación dentro de un motel local, la vigilancia con una linterna en el interior de la habitación del hotel, todo el episodio del motel de carretera y, evidentemente, de lo que sucede cuando notifican su paradero... y su estado final). Es, precisamente, gracias a esta puesta en escena que "Sed de mal" consigue hacer olvidar al público algunos altibajos y pormenores del libreto del largometraje como, por ejemplo, que Charlton Heston convenza como investigador aunque no como mejicano, o que lo que empieza siendo una investigación por asesinato se convierta en una trama anticorrupción de final shakespeariano.


    No obstante, aparte de estos detalles perdonables, de lo que cabe duda es de que "Sed de mal" es una película dura y violenta pero que, con eso y con todo, no deja de ser una increíble muestra de talento y de lo que significa hacer buen cine.



  • MR. HYDE DICE:

  • Me he quedado con la boca abierta. ¡Vaya tela, cómo está hecha de bien esta peli! Hasta hoy no había visto "Sed de mal", así que no me ha tocado otra que hacer bien los deberes, y la verdad es que ha sido un placer. Creo que la historia se les va un poco de las manos, pero es que está tan pero que tan bien hecha que te deja pasmado sólo con cada uno de los movimientos de cámara. Ojo al dato, que la hicieron en el cincuenta y ocho, lo que quiere decir que "Sed de mal" tiene más de medio siglo, pero os aseguro de que da la impresión de que la han hecho hace dos días. Vale que tiene cosas típicas del cine del año de cascorro, como esas exageraciones de algunos actores a la hora de hacerse los despistados o los dolidos (como suelo decir, del tipo de esos que se llevan la mano al estómago cuando les disparan, ponen cara de estreñido, y se van al suelo en plan despacito que ni hay prisa). Pero es que cada momento, cada movimiento de cámara, cada plano con esas sombras y esos picados... ¡Dios, qué pasada!


    No es que suela fliparla mucho con el cine clásico, al menos en la forma en que las películas más antiguas están hechas. Vale que puede haber alguna que me haga especial gracia, o que toque algún tema que te deje de piedra. Pero creo que ésta es de las pocas veces que una película consigue decir tanto con tan poco. Es más, lo que es la historia, ya os digo que parece que se les vaya un poco la pinza, porque lo que empieza siendo de un tipo, acaba derivando en una película totalmente diferente a la que pensaba que iba a ser, aunque igual de cine negro. De las cosas que merecen la pena recordarse, me quedo, por ejemplo, con los primeros cinco minutos. Hay un plano secuencia con el que seguro que mi adorado Brian de Palma sueña todas las noches, en el que se ve como alguien activa una bomba, la mete en el maletero de un coche (se ve su sombra proyectada en una pared mientras corre para que no lo descubran), y luego suben las víctimas a ese coche, al que sigue la cámara con todo un travelling que sube y baja hasta perderlos de vista y empalmar con los protagonistas principales que ven la explosión. Parece una tontería, pero es que no os lo puedo explicar por mucho que lo intente. Si ya es algo que llama la atención hoy en día, imaginaos hace la tira de años.


    El resto de la peli, a mí me llama mucho más atención por dos cosas. La primera, que ya he dicho antes, es la forma en que está hecha (cada plano es para fliparla). La segunda, es lo violenta que es la historia. Lo que parece que va a ser una peli de detectives y tíos malos, se convierte en una historia de corrupción súper chunga en la que no se libra ni la mujer del protagonista. Agüita con la forma en la que acosan a la pobre mujer durante toda la película y, sobretodo, cuando le describen de qué forma la van a drogar (le describen, a través de la pared de un cochambroso motel de carretera, cómo se inyecta la heroína en la vena). Supongo que es lo que luego hizo que otras pelis, como las de la mayoría de Sam Peckinpah fueran así de burras, porque el amigo Orson no se queda manco.


    El único problema que yo le veo a "Sed de mal" es que me da la sensación de que el resto de peli se les va un pelín de las manos. Me explico. Vale que quieran hacer que vaya de la corrupción policial y del acoso de los malos hacia quien está tratando de meterlos en la cárcel. Pero eso lo mezclan desde el principio con el atentado del coche bomba y parece que no lo terminan de hilar todo muy bien para que lo primero tenga mucho que ver con el resto y que, además, quede claro. También es cierto que toda la parte del motel donde se supone que está a salvo la mujer del prota es demasiado larga, y podrían haber cortado un poco, que tampoco habría pasado nada (eso por no mencionar al personaje ese raro del tarado que hace de recepcionista del turno de noche, que más que cortito y cobarde, lo que parece es gilipollas). Y tres cuartos de lo mismo para el personaje ese de la pitonisa chunga de la que se enamoró el policía al que interpreta Orson Welles. Llegan hasta la casa de esa señora como si no costara nada, y los dos se saludan en plan "ye qué pasa" sin que haya más chicha que rascar en la supuesta historia de esos dos (por mucho que luego la vidente le suelte a la cara "tú no tienes ningún futuro", cuando el poli gordo le pide que le eche las cartas).


    En fin, que "Sed de mal" es una película cojonuda, que me ha sorprendido muchísimo por la forma en que está hecha (me sé de uno que diría que se nota que estos clásicos son obras de arte porque consiguen se atemporales y resultar igual de frescos cuando se ven a día de hoy), que por la historia que te cuenta. Esto es lo más flojillo, porque parece que "Sed de mal" tenga tres argumentos diferentes (la investigación del atentado del comienzo, el acoso y secuestro a la mujer del protagonista, y la búsqueda de justicia contra el policía corrupto) entremezclados sin saber muy bien por cuál decantarse. Pero vamos, que se perdona muy fácilmente. Así que hace caso al tito Hyde y no os la perdáis, o conseguidla si os es posible. En serio os digo que os llamará muchísimo la atención cómo está hecha.




    domingo, 11 de marzo de 2012

    CINE EN CARTEL: "JOHN CARTER"

    TÍTULO: JOHN CARTER

    DIRECTOR: ANDREW STANTON

    REPARTO: TAYLOR KITSCH, LYNN COLLINS, WILLEM DAFOE, MARK STRONG, CIARAN HIDNS, SAMANTHA MORTON, DARYL SABARA

    DURACIÓN: 132 min.

    AÑO: 2012

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Estos dos últimos años han sido de lo más curioso en lo que a la interactuación entre los creadores de films animados y de imagen real se refiere. Si bien, hace unos años, realizadores de algunos largometrajes animados habían dado el salto desde la dirección de estas películas de animación tradicional otras en imagen real, ahora son los responsables de films de animación por ordenador quienes se atreven a experimentar con el celuloide que envuelve a actores de carne y hueso. Así pues, mientras, por ejemplo, Andrew Adamson, director de "Shrek 2 - Shrek 2, 2004" saboreaba las miles del éxito con "Las crónicas de Narnia: el león, la bruja y el armario - The chronicles of Narnia; the lion, the witch and the wardrobe, 2005", este pasado año era Brad Bird, el oascarizado creador de "Los increíbles - The incredibles, 2004" quien hacía lo propio con la exitosa "Misión: imposible. Protocolo fantasma - Mission: impossible. Ghost protocol, 2011". Y, a la inversa sucede lo mismo, tal y como ha demostrado Gore Verbinski, director de la primera trilogía de "Piratas del Caribe", que se alzaba el mes pasado con el Oscar a la mejor película de animación por "Rango - Rango, 2011". Así pues, siguiendo esta misma línea, es ahora el director Andrew Stanton, también galardonado con el premio de la Academia por, entre otros, "Buscando a Nemo - Finding Nemo, 2003" quien se ha puesto tras la cámara para realizar una ambiciosa y costosa producción de aventuras y ciencia ficción, basado en el primero de los relatos escritos por Edgar Rice Burroughs acerca de las aventuras de un curioso personaje llamado John Carter.


    Siglo XIX. Edgar Rice Burroughs (Sabara) es un joven que acude a Nueva York, a la lectura del testamento de su tío John Carter (Kitsch). Allí, se le entrega el diario personal de Carter, donde éste le relata a su sobrino una extraña historia que tuvo lugar durante los años de la Guerra Civil estadounidense en la que él combatió, durante la cuál se vio inmerso en otra guerra que tuvo lugar en... Marte. Según le relata, Carter fue teletransportado gracias a un particular medallón al Planeta Rojo donde, gracias al apoyo del cabecilla marciano Tars Tarkas (Dafoe) y su hija Sola (Morton) pudo apoyar la causa del pueblo liderado por Tardos Mors (Hinds) y su bellísima hija, Dejah Toris (Collins), de la que Carter se enamora, contra el malvado Matai Shang (Strong).


    "John Carter" es un film fallido de principio a fin. El refrán dice "quien mucho abarca, poco aprieta" y, esto es, ni más ni menos, lo que ocurre con el largometraje. Lo que comienza con un más que interesante prólogo propio del cine de ciencia ficción con ese ataque entre naves de diferentes pueblos marcianos (un apunte de lo más original el hecho de que todas las naves funcionen con luz en lugar de con combustible) pero, desde el instante en que la acción se traslada a la Tierra y la historia se convierte en un gigantesco flashback en el que se vuelve a retomar el argumento donde se había dejado al comienzo. Lamentablemente, el resto de "John Carter" no es más que un extraño galimatías en el que, por culpa de tanto querer mezclar diferentes líneas argumentales, al espectador le resulta casi imposible identificarse con ninguno de los personajes ni de las situaciones comprometidas en las que se ven involucrados.


    En efecto, tal y como argumentábamos antes, la puesta en escena (tanto por parte del director como del insulso y confuso guión) le impide al espectador emocionarse como cabría con momentos tan espectaculares como las numerosas batallas entre John Carter y cualquiera de los grupos de nativos marcianos, el descubrimiento de la comunicación entre los diferentes planetas del sistema solar en el interior de una cueva, el enfrentamiento a lo circo romano de John Carter y Tars Tarkas con dos gigantescos gorilas marcianos o, por supuesto, la batalla final para liberar el reino de Barsoom. Todas estas secuencias llaman la atención tanto por su tremenda espectacularidad como por la indiferencia con la que el público asiste a ellas. Asimismo, el hecho de que personajes como el de Sola o la misma princesa se vean envueltos en situaciones comprometidas, no consigue tampoco despertar el interés y emoción que deberían en el espectador por lo que, coincidiendo plenamente con Hyde, "John Carter" no consigue ser más que una carísima mascletà, es decir, muchísimo -y muy caro- ruido, para muy pocas nueces.


    Por supuesto, el aliciente de ver "John Carter" en cine va asociado única y exclusivamente a poder disfrutar de las grandes secuencias de efectos especiales en pantalla grande. No obstante, por lo que respecta al resto, ni siquiera la buena intención de Michael Giacchino dándole la emoción que puede al conjunto con su banda sonora, ni el diseño de estos mismos efectos especiales consigue hacer que "John Carter" sea algo más que una simple traca.



  • MR. HYDE DICE:

  • Es distraída, pero no del tipo de películas que me volvería a ver otra vez. Entretiene durante las dos horas y pico que dura, pero no termina de cuajar. Está claro que se han gastado una pasta brutal en hacer la peli, y que los efectos especiales están muy currados, pero todo eso no sirve de mucho si, cuando ves la peli, la historia te da un poco igual. No es que sea mala, pero tampoco es el peliculón de aventuras que esperaba encontrar, y más si tenemos en cuenta que viene de Disney, y que es sabido que ha sido una película cara de cojones.


    El problema que yo le veo a "John Carter" es que da la sensación de que no han tenido claro qué tipo de película hacer: a veces parece que quiera ser una película en plan ciencia ficción como ese pedazo de mierda que es "Cowboys & aliens - Cowboys vs. aliens, 2011" (todo el principio ese que pasa entre soldados de la Guerra de Secesión americana); otras, parece que la peli sea una especie de parte bastarda de "La guerra de las galaxias", con tanta nave espacial, bicho raro y demás; también se parece un huevo a "Avatar - Avatar, 2009" por todo lo que tiene que ver con eso de que un humano sea casi adoptado por los alienígenas -que también miden casi tres metros- de un planeta a los que quieren dar estopa pero bien; y, por último, a ese coñazo de película que es "Dune - Dune, 1984", por toda la estética que tiene en su totalidad. En fin, que entre tanto pastiche y tanto refrito de otras historias, al final "John Carter" parece una cosa rara en la que han querido meter cuantas más cosas mejor para intentar ver lo que les daba de sí la cosa. Lo malo, es que se han quedado en eso, en intento.


    Pero, de todas formas, no sería la primera vez que se le perdonara a una peli ser un popurrí raro de otras pelis más. Sin ir más lejos, la peña lo flipó a base de bien con "Avatar" -creo que yo soy de los pocos que cree que es una pasada en cuanto efectos especiales, pero una tontuna como un castillo como película- pero, si te das cuenta, no es más que la historia de Pocahontas con muchísimos efectos especiales de por medio. Lo malo de "John Carter" son varias cosas. La primera, que da pena la actuación de los dos actores (humanos) principales. El que hace, precisamente, de John Carter, podrá haberse matado a muchas horas de gimnasio y estar todo lo cuadrado que quieras, pero tiene la misma idea de actuar que una lechuga y, eso, por no hablar de la voz que le han puesto en el doblaje en español, que ya le hace parecer tonto perdido -es la voz de Carlton Banks, el de "El príncipe de Bel-Air", así que os lo podéis imaginar...-. Y tres cuartos de lo mismo para la que hace de princesa, que está buenísima, no lo voy a negar, y tiene unos ojos azules que ya se encargan de enfocar todo el rato, pero cada vez que tiene que pronunciar una frase os juro que da une penica... Vamos, que los bichos verdes de cuatro brazos o esa especie de perro mutante del espacio, que están hechos todos por ordenador, actúan mejor. Con eso está todo dicho.


    Además de las actuaciones, es importante lo que os decía antes del lío de historias. Mezclan dos o tres cosas en una misma película, y eso hace que no te puedas interesar del todo por ninguna. Es como eso que hacen los chinos de los platos rodando encima de un palo, que no te puedes encantar con uno porque hay que seguir atendiendo a los otros. Pues, metáforas, aparte, es tal cuál lo que pasa con "John Carter", que no te da tiempo a quedarte con una sola historia porque van saltando de una parte a otra. Es más, si tuviera que hace yo el resumen del argumento como hace Jekyll, lo pasaría mal, porque hay tanta mezcla de gente que no sabría por dónde empezar: John Carter llega a Marte, lo retienen unos, empieza una guerra entre un segundo y un tercero, Carter se mete de por medio, deja a los primeros y se pira con la princesa de los segundos y con un bicho verde de los primeros, luego se enfrenta a otros de los primeros y, finalmente, se dan todos de leches en un mismo sitio. Pues eso, un cacao mental de pelota de mico.


    Por suerte, el resto de la peli se deja ver sin hacerte pensar mucho. Como estética, no hay duda de que "John Carter" está hecha de coña, tanto por los decorados, como por las naves espaciales o los efectos especiales. La lástima es que no hayan utilizado todo eso para hacer una película más... mejor, así como más clara, y que consiguiera no solo entretener, sino hacer que el espectáculo resultara emocionante. Así que ya sabéis, no es de las que hacen que te entren ganas de morirte en el cine pero, desde luego, ni de coña, una peli que te entrarían ganas de volver a ver.