sábado, 14 de abril de 2012

CINE EN CARTEL: "BATTLESHIP"

TÍTULO: BATTLESHIP

DIRECTOR: PETER BERG

REPARTO: TAYLOR KITSCH, RIHANNA, ALEXANDER SKARSGARD, LIAM NEESON, BROOKLYN DECKER

DURACIÓN: 120 min.

AÑO: 2012

GÉNERO: ACCIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Como cada año por estas fechas, desde Hollywood comienzan a llegar las súper producciones que poblarán la cartelera hasta finales de agosto, más o menos. Sí que es cierto que el estreno masivo de estos carísimos y esperadísimos largometrajes (al menos, algunos de ellos) ha comenzado más pronto que otros años ya que, por lo general, es mayo el mes que dichos estrenos tienen lugar. Sea como sea, lo cierto es que el primero de los grandes estrenos que llega a las carteleras españolas esta temporada es “Battleship”, libre adaptación del famoso juego de mesa “Hundir la flota” que cuenta con muchos y espectaculares efectos especiales, y con dosis de acción tremendas. Ahora bien, como también suele ser frecuente en este tipo de producciones, que la película esté repleta de momentos visualmente fascinantes no implica que la calidad del producto también se encuentre a la altura.


    Alex (Kistch)es un joven rebelde al que le cuesta aceptar tanto la responsabilidad como la disciplina. Su hermano Stone, un distinguido oficial de la Marina norteamericana, le anima a alistarse junto a él para poder labrarse una carrera. Allí, tras enamorarse de Samantha (Decker), la hija del férreo almirante Shane (Neeson), participa en unas maniobras militares internacionales. Sin embargo, en mitad de las maniobras, hará acto de presencia una fuerza extraterrestre muy avanzada tecnológicamente, que creará un campo de fuerza alrededor de los destructores y acorazados en los que se encuentra Alex -así como varias islas hawaianas-, dando entonces comienzo una batalla a muerte por la disputa del planeta.


    Tras el éxito alcanzado en todo el mundo con la serie “Transformers”, basada, a su vez, en los famosos juguetes propiedad de la compañía Hasbro, ahora llega la adaptación de uno de los juegos de mesa más populares de la historia, propiedad de esta misma compañía. Cierto es que no resulta fácil imaginar una idea argumental que permita crear toda una historia a partir de semejante juego de mesa, máxime teniendo en cuenta el objetivo de éste y la poca libertad que, a priori, deja para desarrollar historias nuevas. Así pues, ha sido mediante una combinación de ciencia ficción (la parte relativa a la invasión extraterrestre) y acción trepidante (cada uno de los combates y enfrentamientos tanto en el agua como en tierra) que se ha conseguido dar forma al film que acaba siendo “Battleship”.


    Sin embargo, como avanzábamos en la introducción, es una pena que la calidad del resultado diste muchísimo de las elevadas dosis de distracción y testosterona que se desprenden del largometraje. En este caso, la sombra de Michael Bay es muy alargada, y no lo decimos implemente porque “Battleship” dé la sensación de ser una versión no oficinal de sus películas sobre robots destrozones (las similitudes entre aquellas y “Battleship” es más que evidente). En este caso, tanto la puesta en escena de las secuencias de acción, con ruidos y explosiones por doquier (atención al instante en que unas especies de peonzas robóticas atraviesan, literalmente, el destructor USS Missouri, no dejando prácticamente una sola pieza entera), como la visualización de otras secuencias que tienen lugar en tierra firme (el intento de desconectar los cables de alimentación de las antenas que han colocado los extraterrestres, utilizando un jeep y lanzándose montaña abajo, recuerda muchísimo a la persecución final de “Dos policías rebeldes II – Bad boys II, 2003”) hace que sea casi imposible no tener la sensación de que “Battleship” era un proyecto destinado a ser filmado por el genio que realizó “La roca – The rock, 1996” pero que, por equis motivos, no pudo ser, decantándose por una versión alternativa –y, seguramente, más barata- de Bay.


    Así pues, “Battleship” es un espectáculo grandilocuente, apabullante desde su comienzo, pero que no puede evitar el hecho de que se trata de puros fuegos de artificio. El film, como tal, es, directamente, malo. Ni las interpretaciones (de aquellos “actores” que se molestan un mínimo en actuar), ni el guión (inexistente y ridículo) consiguen salvar a esta súper producción de la quema. Con lo cuál, cabría contemplar “Battleship” desde dos perspectivas: aquel punto de vista que juzga al largometraje de Peter Berg como una obra vulgar, hueca y anodina, o aquel otro que tiene claro que “Battleship” no es más que un puro pasatiempo diseñado con el simple propósito de entretener al público menos exigente. Particularmente, dado que a nosotros nos gusta disfrutar del cine también como entretenimiento, nos quedamos con esta segunda perspectiva aunque, no por ello, nos olvidamos de la primera. Esperemos que el próximo proyecto de Peter Berg sea más parecido a la excelente “La sombra del reino – The kingdom, 2007” que no a “Hancock – Hancock, 2008”.



  • MR. HYDE DICE:

  • Señores, aquí tenemos la primera “peli de palomitas” de la temporada. ¿Que qué quiero decir con esto? Pues que si vais a ver “Battleship”, os preparéis para casi dos horas de diversión atiborrada de efectos especiales chulísimos y frases lamentables. En efecto amigos, “Battleship” cumple a rajatabla la norma general de cualquier súper producción semi-veraniega: tener unos efectos especiales y dosis de entretenimiento a lo bestia, y un guión que no llegue a la media página (y la media página que tiene, para echarse a llorar). Claro, que eso no tendría que ser ningún problema, porque el que se mete a ver esto, sabe de sobra de qué palo va el tema. Pero, para aquellos despistadillos que no lo tengan claro, ya os adelanto tres cositas.


    La primera, que es un pasatiempo fenomenal. “Battleship” es la película perfecta para no pensar lo más mínimo durante un rato, dejarte llevar por la historia tan imposible que te cuentan, tomarte unas cuantas chuches y coca-colas mientras la ves y, cuando acaba y se encienden las luces, no tener vergüenza en admitir que te lo has pasado de coña, independientemente de lo buena que sea la película.


    La segunda, que no esperes ver actuaciones que pasen a la historia (al menos, por su calidad). Quitando a Liam Neeson –que sólo sale diez minutos en toda la peli, en los que se limita a gritar mucho, y poner cara de coronel o general, vete tú a saber, pero que muy cabreado-, al resto de los que salen enseñando su carita, habría que darles un cursillo avanzado de interpretación a la de ya. Para empezar, el héroe de turno (el mismo actorazo que se lució a base de bien en “John Carter – John Carter, 2012”) no tiene ni puta idea de cómo soltar las tontunas de sus líneas de diálogo. Se ve que el hombre no tuvo tiempo de aprender a actuar a causa de las catorce horas al día que se tiene que pasar en el gimnasio para poder enseñar luego la tableta a la mínima ocasión, por lo que no entiendo por qué no ha cogido a otro (se ve que es el que está de moda ahora mismo, aunque huele a flor de un día). Y, si os parece que exagero, no tenéis más que ver la pinta de besugo que tiene mientras recita fragmentos de “El arte de la guerra”. Lo dicho, lamentable. Después le llega el turno a la tía buena de turno, perfectamente maquillada hasta cuando rueda montaña abajo y más preocupada porque sus tetas –de lo más generosas- se muevan a velocidad de vértigo mientras corre. Pero es que ya cuando te ves a Rihanna haciendo de marine, ahí sí que apaga y vámonos. O sea, todos los nasíos pa matá están más cuadrados que la leche y de repente te ves a esta tía enclenque levantando un fusil más grande que ella y cargándose a los aliens sin pensárselo (por supuesto, también maquillada hasta cuando sale del agua). En fin, pues eso, que está claro que en “Battleship” la pasta se la han gastado en efectos especiales, porque de actuaciones mejor ni seguir hablando.


    La tercera y última, que “Battleship” recurre a todos los tópicos y clichés del cine de acción reciente. ¿Y cuáles son esos? Pues escenas tan espectaculares como increíbles (en algunas ya se pasan de la raya, como esa en la que echan el ancla de delante –no sé si es la popa o la proa- para que un destructor como un castillo de grande derrape en el agua –sí, sí, derrapa en el agua, con un par- y, así, meterle un zambombazo de los buenos a la nave espacial que se los quiere ventilar), planos a cámara lenta con los buenos andando en fila hacia la cámara (aquí lo hacen para los veteranos de guerra, lo que hace que te ya te partas el culo de la risa de ver a los abuelos en plan macarra) y, por supuesto, mucho saludo militar con bandera de los USA ondeando al fondo.


    Aparte de esto, ya os digo que “Battleship” no es más que un puro pasatiempo. Te lo pasas pipa viéndolo, pero la condición fundamental para disfrutarla como un enano es no pensar. Así de claro, no pensar para nada, ni querer verle algo de lógica, ni nada de nada. El que piensa, pierde. Pero, si os dejáis llevar por la acción, lo emocionante que es el combate entre humanos y alienígenas, y todas las explosiones y escenas espectaculares que hay, veréis cómo “Battleship” es una de las mejores atracciones que hay en la cartelera ahora mismo.




    viernes, 13 de abril de 2012

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "LA CONSPIRACIÓN"

    TÍTULO: LA CONSPIRACIÓN

    DIRECTOR: ROBERT REDFORD

    REPARTO: JAMES MCAVOY, ROBIN WRIGHT, KEVIN KLINE, EVAN RACHEL WOOD, DANNY HOUSTON, JUSTIN LONG, TOM WILKINSON, COLM MEANEY

    DURACIÓN: 123 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: DRAMA HISTÓRICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • En su octavo film tras las cámaras, Robert Redford ha vuelto a centrar su atención en el cine político, aunque alejándose del tono y estilo de su anterior largometraje, la insípida “Leones por corderos – Lions for lambs, 2010”, y cambiando la temática de la reciente Guerra de Irak por otro hecho histórico aunque no contemporáneo: la conspiración que se urdió para matar al presidente estadounidense Abraham Lincoln. Así pues, gracias a unas estupendas interpretaciones y a una ambientación de lo más acertada de dicho periodo, Redford recrea el juicio al que se sometió a los primeros detenidos tras el magnicidio y la ejecución de las correspondientes sentencias, así como las presiones de intereses políticos que se encontraron tras dicho suceso. James McAvoy y Robin Wright son sus excelentes protagonistas.


    Catorce de abril de mil ochocientos sesenta y cinco. Tras haber finalizado la Guerra Civil nortamericana, el presidente Abraham Lincoln es asesinado. Tras detener a los primeros acusados, el Ministro de Guerra Stanton (Kline) acelera el inicio del proceso, por el que un jurado militar se encargará de administrar el proceso. Una de las acusadas es Mary Surratt (Wright), de cuya defensa se encarga el senador Johnson (Wilkinson). Sin embargo, a causa de un conflicto de intereses político, Johnson delega las funciones de la defensa en el joven ex-soldado Frederick Aiken (McAvoy) quien, tras su paso por el ejército, decide dedicarse a la abogacía. Sin embargo, a pesar de sus buenas intenciones, lo largo del proceso, Aiken deberá hacer frente al implacable fiscal Holt (Houston), al presidente del tribunal, el mm (Meaney) y a la dificultad para obtener información por parte de la hija de la procesada, Anna (Wood). Todo ello, a una carrera contrarreloj para lograr la absolución de una mujer a la que Aiken cree inocente.


    Como bien apuntó mi colega Hyde, más que un film histórico, “La conspiración” entra de lleno en el género comúnmente conocido como de “cine de juicios”. Redford apuesta más por la descripción del proceso judicial que enfrentó a una serie de presuntos conspiradores para asesinar al presidente Lincoln que no por el desarrollo del hecho histórico en sí. Eso justifica que el grueso del largometraje se centre en los pormenores del joven abogado por encontrar alguna prueba que demuestre la inocencia como conspiradora de Mary Surratt. Gracias una narración ágil y dinámica, todo el proceso es contemplado con importantes dosis de intriga que Redford maneja con notable soltura, máxime teniendo presente que la resolución de los mismos hechos ya se conoce al tratarse de un hecho histórico. Sin embargo, ello no es impedimento para que la dirección de Redford y la actuación de todos sus protagonistas destaque por encima del resto.


    En efecto, el talón de aquiles del film cabe encontrarlo en su guión. Éste peca que exceso de grandilocuencia y acaba por resultar excesivo, queriendo abarcar mucho (el asesinato, el juicio, la investigación, la conspiración, el juego sucio político…) y olvidándose de cerrar la mayor parte de los interrogantes que planeta. Prueba de ello son instantes como la búsqueda inicial de pruebas exculpatorias por parte del joven abogado (la foto de John Wilkes Booth escondida en casa de los Surratt), el paradero desconocido de John Surratt y, sobretodo, de los entresijos del procedimiento judicial que deja en evidencia a la defensa (la manipulación de los testimonios de varios testigos es algo que resulta evidente pero que, por desgracia, se obvia demasiado para no alargar en exceso la película, cuando es algo en lo que habría merecido la pena detenerse un poco más para que la película ganara consistencia –en lugar de los prescindibles momentos de “sociedad” de la época que viven los protagonistas en sus recepciones y demás-).


    No obstante, el contrapunto al mejorable guión cabe encontrarlo en las interpretaciones de todo su reparto. Partiendo de un Kevin Kline mucho más comedido que de costumbre que da vida a un implacable Ministro de la Guerra (ver su expresión cuando entra en la habitación en la que han depositado el cuerpo de Lincoln, o cuando se niega en rotundo a aceptar el veredicto del jurado militar), pasando por unos correctos Tom Wilkinson y Danny Houston (insuperable cuando afirma que “en tiempos de guerra, se borran las leyes”), y terminando en las verdaderas estrellas de la función: James McAvoy como el inexperto abogado defensor de la justicia a cualquier precio (atención al instante en el que cuestiona, tanto delante de su mentor como de un juez, que la ley debe ser la misma con independencia de a quién se aplique), y Robin Wright como la abnegada madre de familia que acepta su condena con tal de salvar la vida de su hijo (la expresión de fuerza contenida de la actriz cuando el abogado pretende echarle toda la culpa a su hijo durante el juicio es extraordinaria).


    Por lo demás, “La conspiración” se mueve entre lo que supone una elegante puesta en escena –adornada por la exquisita fotografía de Newton Thomas Sigel, que recuerda muchísimo a la de Robert Richardson, con esos tonos aterciopelados de luz clara- y el correcto acompañamiento de la música compuesta por Mark Isham. Puede que no sea el mejor film que haya dirigido Robert Redford hasta el momento pero, aparte de ser una buena opción para disfrutar en casa esta semana, “La conspiración” es un largometraje de lo más interesante, que consigue que el espectador se entregue al juego de intrigas que propone, a pesar de que ya se conozca el final de antemano.



  • MR. HYDE DICE:

  • Para variar, voy a seros sincero: no me chifla ninguna de las películas dirigidas por Robert Redford. “Gente corriente - Ordinary people, 1980” me pareció un coñazo, por mucho Oscar que se llevara; “El hombre que susurraba a los caballos – The horse wishperer, 1998” era tan larga que, al final, ya aburría; y “La leyenda de Bagger Vance – The legend of Bagger Vance, 2000”, “Leones por corderos” y las otras dos que tiene y que ahora no me acuerdo cómo se llaman eran unas sandeces de cuidado. La única que se libraba un poco más de la quema era “El río de la vida – A river runs through it, 1992”, y eso que tampoco era ninguna maravilla. Así que, cuando el año pasado se estrenó “La conspiración” en los cines, no es que mi entusiasmo por ir a verla fuera exagerado, por no decir, casi inexistente. Sin embargo, sí que debo admitir que el cine de Robert Redford, por mucho que pueda no gustarte, tiene un “algo” así en plan tono de calidad, que hace que sus películas, por muy vulgares que puedan ser, te puedan acabar gustando.


    En el caso de “La conspiración”, es una película para ver en tranquilamente en casa, sin necesidad de gastarte la pasta en el cine (no me arrepiento lo más mínimo en no haber ido a verla). Reconozco que, de las que he visto dirigidas por él, puede que no sea la mejor pero, al menos, sí la más distraída. No es que me interese demasiado la historia sobre el asesinato de Abraham Lincoln -supongo que lo mismo que le interesaría a un yanqui una peli española sobre el asesinato de Calvo Sotelo-, por lo que el hecho de que “La conspiración” me gustara o no dependía de cómo estuviera hecha la película (a estas alturas, es más que obvio que los primos del otro lado del charco son únicos para hacer interesantes argumentos chorra). Y, a este respecto, debo decir que, aunque te puedas conocer la historia, han conseguido hacer que la peli sea muy interesante.


    Para empezar, como cualquier película de época que se precie, la ambientación está muy currada (y lo mismo para temas de maquillaje, vestuario y todo eso). Pero, aparte de eso, consiguen que te enganche un argumento que te la podría pelar muy fácilmente. “La conspiración” funciona porque más que como una película histórica está planteada como una peli de juicios, con sus tribunales, fiscales cabrones, abogados conciliadores y jueces implacables. De esta forma, te atrapa mucho más el cómo conseguirá el abogado preparar la defensa de la acusada y si habrá alguna pista que le permita demostrar su inocencia, que no los hechos históricos que están detrás de todo lo demás. Ahora bien, para mí, esto también tiene un fallo importante: como todo el proceso es una patraña (no hay más que ver lo que pasa al final, después de la celebración del juicio), tienes la sensación de que, por mucho que se lo quiera currar el abogado, no sirve para una mierda nada de lo que haga o descubra, así que esa es la parte en la que “La conspiración” hace que te parezca un poco más cansina.


    Aparte, como toda buena película de época y juicios que se precie, sí que es cierto que los actores están todos estupendos, teniendo cada uno de ellos sus quince minutos de gloria para lucirse como toca (yo me quedo con los momentos, ya hacia el final de la peli, en que el abogado alucina al ver cómo a la peña se la bufa completamente lo que le pase a la acusada, pasándose las leyes por el forro, sólo porque el país necesita un cabeza de turco al que cargar el asesinato). Y eso hace no sólo que la película parezca más creíble sino, también, mucho más entretenida a pesar de que casi todo pase entre la sala del tribunal, la casa de la acusada, la cárcel y dos o tres sitios más. Quiero decir que por muy histórica que sea, no es ese tipo de películas en que hay grandes escenas al aire libre, o que la acción se disperse entre sitios muy diferentes, lo que no tiene por qué ser malo, pero sí puede llegar a cansar un poco.


    En fin, que “La conspiración”, aunque no sea una película flipante, al menos sí que consigue engancharte lo suficiente como para que no lamentes ni haberla visto, ni haberte dejado los dos o tres euros de rigor en el videoclub. Eso sí, seguro que las hay mejores.




    jueves, 12 de abril de 2012

    CINE ACTUAL: "NO ES TAN FÁCIL"

    TÍTULO: NO ES TAN FÁCIL

    DIRECTOR: NANCY MEYERS

    REPARTO: MERYL STREEP, ALEC BALDWIN, STEVE MARTIN, JOHN KRASINSKI, RITA WILSON, LAKE BELL

    DURACIÓN: 118 min.

    AÑO: 2009

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • En la meca del cine sucede, de cuando en cuando, que una comedia, aparentemente intrascendente, hace gala de una madurez única en el planteamiento de su argumento, y que gracias a un fabuloso reparto con gancho se convierte en una delicia para el espectador. En efecto, no es habitual que se realice una comedia norteamericana que no recurra a chistes escatológicos, bromas con connotaciones sexuales y/o raciales, o a historias ya contadas con anterioridad de mil y una maneras, y mucho menos que ésta se convierta en un éxito tanto de crítica como de público. Por fortuna, sí que ha sucedido así en el caso de “No es tan fácil”, una divertidísima comedia llena de situaciones divertidas y, sobretodo, adultas (en el mejor sentido del término), en el que brilla con luz propia un inmejorable reparto. Nancy Meyers, especialista en otras recomendables comedias como la estupenda “Cuando menos te lo esperas – Something’s gotta give, 2003” o la un poco más simplona “The holyday (Vacaciones) – The holyday, 2006”, es su directora y guionista.


    Jane (Streep) es una mujer divorciada que pasa su vida entre su negocio – una pastelería de gran éxito- y la compañía de sus amigas e hijos. Jacke (Baldwin) es el ex-marido de Jane, quien está casado con una mujer mucho más joven que él, con la que se está planteando tener más hijos. Evidentemente, no es una situación que agrade mucho a Jane, que prefiere concentrarse en la inminente boda de su hija mayor. Durante la realización de un proyecto de reforma en el que pretende convertir la cocina de su casa en una mucho más grande, conoce a Adam (Martin), un arquitecto también separado. Inmediatamente, la atracción entre los dos es mutua, cosa que da esperanzas a Jane. Sin embargo, lo que XX no esperaba es que Jake también empezaría a cortejarla puesto que, según dice, nunca ha dejado de quererla. Será entonces cuando Jane comience a mantener una relación a dos bandas llena de enredos y equivocaciones, sin saber muy bien qué hacer con su vida amorosa.


    Para hablar de una película como “No es tan fácil”, podríamos mencionar varios aspectos: desde el papel de las mujeres en Hollywood como directoras de comedias, pasando por el acierto de un argumento maduro a la par que simpático, la actuación de actores cómicos más veteranos o, incluso, de los desorbitados presupuestos con los que cuentan películas aparentemente pequeñas. Acerca de lo primero, Meyers se sumaría al selecto grupo de directoras (junto, por ejemplo, Nora Ephron) que logran rodar comedias con probada eficacia, alejadas de cualquier tono infantil que las convertiría en ridículas películas del montón. Sobre lo segundo, es evidente que uno de los mayores atractivos de “No es tan fácil” es la sorpresa que provoca asistir al desarrollo de una historia madura repleta de situaciones mordaces y terriblemente simpáticas que no desmerece en absoluto el término “comedia”. En lo que concierne a lo tercero, gran mérito tienen los responsables de casting que fueron capaces de entender que el trío Streep-Baldwin-Martin podría funcionar con la sobrada eficacia con la que lo hace (de hecho, es muy probable que sin Streep ni Baldwin “No es tan fácil” no fuera la estupenda película que es), y la inspiración constante que dichos artistas demuestran tener en cada una de sus escenas. Por lo que respecta al último punto, sí que resulta más complicado de entender cómo es posible que una película como “No es tan fácil” haya necesitado contar con un presupuesto tan elevado (algunas fuentes lo sitúan entorno a los ochenta millones de dólares, cosa completamente exagerada para una simple comedia) –en Hollywood es de sobras conocida la facilidad con la que Nancy Meyers se excede de los presupuestos asignados para sus películas- aunque, a tenor de la corrección del resultado, esto no acaba siendo ningún impedimento que repercuta negativamente en el film.


    Así pues, “No es tan fácil” es un largometraje amable, construido con la intención de dejar al público con un buen sabor de boca (a lo que, parte del mérito, corresponde tanto a la labor de John Toll como director de fotografía como a Hans Zimmer y Heitor Pereira como compositores de la música), lo que no es tan sencillo a priori si se tiene en cuenta que, al fin y al cabo, se está contando una historia de infidelidades, traiciones y desamores. Afortunadamente, desde que se establecen las bases de lo que va a ser “No es tan fácil”, a los pocos minutos de dar comienzo el film, el espectador tiene claro de que va a presenciar una comedia divertida, agradable y de lo más entretenida. Por suerte, cuando la película acaba, esta sensación queda confirmada por completo.



  • MR. HYDE DICE:

  • Cuando le dieron el Oscar a la mejor actriz hace un par de meses, Meryl Streep se reía diciendo que si la gente pensará que ya estaba otra vez la de siempre ganando todos los premios de turno. Bueno, pues la verdad es que una mujer que lleva más de cuatro décadas dedicándose al cine, bordando hasta la perfección cada uno de los papeles que ha interpretado (y de lo más diferentes unos de otros) y consiguiendo casi más éxitos en taquilla que cualquiera de las niñatas siliconadas que hay ahora mismo pululando por ahí, se merece ese Oscar y mucho más. ¿Por qué digo esto antes de empezar la crítica? Pues simplemente porque es un placer poder disfrutar de la Sra. Streep en una comedia adulta, que no necesita recurrir a los tópicos de siempre para ser divertida y entretenida a más no poder donde, además, da la casualidad de que Meryl Streep vuelve a salirse por la puerta grande.


    Como os digo, no sé vosotros pero, por muy divertidas que puedan ser de vez en cuando las comedias más gamberras, a mí me aburren siempre las mismas supuestas gracias. Que un tío como Jack Black, Adam Sandler, Owen Wilson y compañía salgan hasta en la sopa, creyéndose la polla de graciosos, me parece casi indignante. Así que cuando, de repente, te encuentras con una película como “No es tan fácil”, que tiene una historia adulta y seria pero sin perder ni la frescura ni la originalidad, no puedes hacer más que recomendarla. No es que el cine de mujeres y para mujeres me parezca interesante –de hecho, esas pedorradas feministas las suelo aborrecer casi con la misma frecuencia que esos truños romanticoides que parecen todos iguales- pero, por suerte, como ya pasaba en la también interesante “Cuando menos te lo esperas”, tanto la historia como los personajes y la forma en que está hecha la película, hacen que te lo pases de cine (nunca mejor dicho). Y “No es tan fácil” cumple esto de principio a fin.


    Lo bueno de “No es tan fácil” es que se juntan dos cosas importantísimas para una comedia de este tipo. La primera, es que la historia que te cuentan es muy original (tanto en la forma en que la plantean como en la manera que tienen de desarrollarla), y no se queda sólo en una buena idea que no acaba yendo a ninguna parte, que es lo peor que le podría pasar. Cada situación es graciosa, y la forma que tienen de enlazar una cosa con otra también es divertida como, por ejemplo, episodios como ese en el que el antiguo matrimonio se junta en un hotel ante la atónita mirada del novio de su hija (para los de la E.S.O., “atónita” = “flipada”), y todo lo que pasa después. O como cuando el ex-marido se pone a hacer un striptease sin darse cuenta de que está delante de un ordenador abierto desde el que el novio de su ex-mujer está viéndole por vídeo-conferencia. Son momentos tontacos, pero hechos con tanto acierto y simpatía que no puedes hacer más que reírte.


    La segunda cosa fundamental que hacer de “No es tan fácil” una película tan recomendable, es el trío protagonista. Empezando por una Meryl Streep cachonda como ella sola (no os perdáis el principio, cuando está dudando si hacerse algún retoque en la cara… justo antes de cruzarse con su ex–marido y la nueva mujer de éste que van a hacerse una inseminación artificial, o como cuando se descojona de la risa de pensar que, ahora, ella es “la otra”), siguiendo con un Steve Martin más comedido de lo normal (se deja de sus tics desesperantes para hacer un personaje súper amable), y acabando con un Alec Baldwin inspirado como pocas veces (la cara de cabroncete encantador que pone durante toda la película, y las cosas que se le ocurren para engañar a su nueva mujer con la antigua no tienen precio –atención al momento en que le da una arritmia-).


    En fin, que “No es tan fácil” es una película que no destacaría por ningún momento en particular muy remarcable –aparte de los que ya os he dicho- porque lo que funciona bien es todo su conjunto. Es de ese tipo de pelis que ves sin que te aburra ni un solo minuto y que, cuando acaban, te quedas con una sonrisa tontorrona en la cara. Para pasar un rato muy entretenido con algo que merece la pena. Puede que sea de usar y tirar pero, al menos, con calidad. Yo, desde luego, os la recomiendo.




    miércoles, 11 de abril de 2012

    CINE DE LOS 90: "EL FUGITIVO"

    TÍTULO: EL FUGITIVO

    DIRECTOR: ANDREW DAVIS

    REPARTO: HARRISON FORD, TOMMY LEE JONES, JEROEN KRABBE, JOE PANTOLIANO, SELA WARD, ANDREAS KATSULAS

    DURACIÓN: 127 min.

    AÑO: 1993

    GÉNERO: POLICIACO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Aunque no suele ser habitual, he leído los comentarios de mi querido colega Hyde antes de escribir mi parte de crítica. Sin que sirva de precedente, no puedo estar más de acuerdo con él. Es una lástima que un buen actor como lo es –me resisto a decir “ha sido”- Harrison Ford, haya caído en una espiral de películas anodinas, insípidas e intrascendentes (cuando no decididamente malas), sobretodo teniendo en que cuenta que en su haber se encuentran films tan entretenidos como la película que hoy comentamos, “El fugitivo”. Es más, ésta es, con toda probabilidad, una de las mejores traslaciones a la gran pantalla de una famosa serie de televisión, junto con la excelente “Los intocables de Elliot Ness – The untouchables, 1987” que llevó a cabo con gran éxito Brian de Palma (sobre del resto de infructuosos intentos de llevar series de televisión al cine, más vale correr un tupido velo). Dirigida con notable eficacia por Andrew Davis (quien ya había demostrado su talento para films policíacos y de acción como “A la caza del lobo rojo – The package, 1989” o esa especie de imitación de cualquier entrega de “Jungla de cristal”, a mayor gloria de un hoy olvidado Steven Seagal, que es “Alerta máxima – Under siege, 1992”), “El figutivo” es un excelente largometraje repleto de intriga, secuencias trepidantes y, por encima de todo, una historia con muchísimo gancho.


    El doctor Richard Kimball (Ford) es acusado del asesinato de su mujer. A pesar de declarase inocente, proclamando que el responsable del crimen es un hombre manco, Kimball es condenado a muerte. Sin embargo, mientras es trasladado a la prisión en la que debe aguardar la ejecución de la sentencia, su autobús sufre un aparatoso y espectacular accidente, gracias al cuál, tanto Kimball como otros presos, consigue escapar. Será entonces cuando decida investigar por su cuenta quién es el responsable del asesinato de su esposa, y por qué lo han acusado a él. Mientras tanto, Sam Gerard (Jones), un implacable agente de la ley, procurará por todos los medios detenerle y llevarlo de nuevo ante la justicia, para lo que no dudará en realizar un asombroso despliegue policial.


    Cierto es que también es exagerada la admiración profesada por “El fugitivo” desde que se estrenó, hace ya casi veinte años (¡cómo pasa el tiempo!) y que, contrariamente a lo que pudiera pretender el film, puede pecar un poco de sobreestimado. Es verdad que el largometraje consigue ganarse el aprecio del público, al que cautiva con su historia de suspense y puesta en escena emocionante. Sin embargo, no hay que olvidar que, aparte de su elaborado guión, “El fugitivo” no deja de ser un puro entretenimiento, diseñado y hecho explícitamente para divertir a las audiencias (caso aparte es la muy creíble actuación de Tommy Lee Jones como inasequible agente de policía, galardonada con el Oscar al mejor actor de reparto en la edición de aquel año) y hacer pasar un buen rato al espectador. Por consiguiente, sí que da la sensación de que se ha querido aupar a esta película por encima de otras con mucha más calidad como largometraje hecho que, desde un punto de vista más neutro, es exagerado.


    No obstante, ello no debe ser impedimento para que “El fugitivo” sea un pasatiempo muy agradable de disfrutar. Andrew Davis se esfuerza lo suficiente como para no dejarse tentar por la violencia explícita (que podría estar más que justificada en un film de estas características) para centrar la acción en la odisea que vive el protagonista principal, logrando que la puesta en escena haya servido de base para muchas de las prescindibles imitaciones que se han realizado desde entonces a partir de argumentos más o menos disimulados, pero que beben de “El fugitivo”. Por lo que respecta a esta película, como ya hemos apuntado, es un divertimento excelente, lleno de emoción, intriga y acción. Para disfrutar de un buen espectáculo servido con gracia y acierto pero, no por ello, más trascendente.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Qué tiempos aquellos en los que Harrison Ford hacía películas que eran un éxito y que estaban de lo más chulas y entretenidas! A quien se le diga que el que lo petó haciendo pelis como ésta o las tres primeras de Indiana Jones iba a acabar haciendo mierdas del calibre de “Hollywood: Departamento de homicidios – Hollywood Homicide, 2003”, “Morning glory – Morning glory, 2010” o “Cowboys y aliens – Cowboys vs. Aliens, 2011” le costaría de creer. En fin, por suerte, siempre nos quedarán películas como “El fugitivo”, donde no sólo da la sensación de que se preocupa un poco por querer actuar, sino que la peli consigue atraparte desde el principio con esa historia estupenda de suspense, traiciones y falsos culpables.


    Yo ni recuerdo ni he visto nunca la serie original en la que se basa “El fugitivo”, pero vamos, que tampoco hace falta para entender el argumento de la película, ni para pasártelo pipa con la huida e investigación que tiene que hacer el pobre hombre para averiguar quién ha matado a su mujer. La peli, además de estar muy bien hecha (no os perdáis la ya famosa escena del accidente autobús y el descarrilamiento del tren), es trepidante. Tiene una historia muy muy interesante, no cayendo en la trampa de darlo todo bien masticadito, sino que tienes que estar atento para seguir bien las pistas que el doctor va encontrando, y que cada vez vas viendo más por dónde van los tiros para saber quién es el malo de turno y, sobretodo, por qué. Eso creo yo que es lo bueno que tiene “El fugitivo”, que no se contenta con ser una simple película de acción centrada en cómo huye uno y cómo lo persigue otro, sino que todo gira alrededor de la investigación que hace Harrison Ford para saber quién le ha tendido semejante trampa.


    Por supuesto, ni qué decir tiene que los momentos de suspense están diseñados al milímetro para hacer que te cojas bien al sillón (cuando el doctor se cruza con un policía en un hospital después de haberse cambiado de ropa y afeitarse, cuando él se hace pasar por un encargado de limpieza para averiguar cosas sobre la prótesis del hombre manco en el ordenador de otro hospital...) y, evidentemente, las escenas de acción no se quedan atrás. De las mejores, aparte de la que ya os decía antes del autobús, es estupendo el momento ese en el que el fugitivo le echa un par de huevos y se mete en el mismísimo edificio de la policía para obtener una información, y la caza de la que tiene que escapar después cuando el policía que le persigue se da cuenta de ello (eso y cómo se camufla después en mitad de un desfile es impresionante), o toda la parte final en el tejado y lavandería de un hotel. Eso sí, llama la atención que el director que ha sabido hacer de “El fugitivo” una peli tan entretenida sea el mismo que antes ya había hecho dos películas de Steven Seagal –ahí es nada, colega-, pero bueno, supongo que la práctica le ha funcionado bien, porque el resultado es estupendo.


    Lo único malo así que le veo yo es que toda la historia es un pelín liosa sin no estás al quite. No tiene por qué ser una desventaja precisamente, pero sí que es verdad que lo podían haber hecho un poco más sencillo para no tener que andar liándote con nombres de personajes que salen poco, o con momentos que no quedan del todo claro (por ejemplo, ¿por qué coño dice la mujer, ya medio moribunda, “Richard quiere matarme” en el contestador de la policía? ¿Está tonta o qué?). Y que, por supuesto, que aunque quieran hacer escenas espectaculares, también se tiran el pedo cerebral un poco exagerado: ves y tírate tú de lo alto de una presa así a pelo, y a ver si resulta que ni te rompes una uña. Pero vamos, que tampoco importa mucho porque “El fugitivo” no pretende ser más que un entretenimiento de primera, cosa que consigue de sobra. Si no la habéis visto (creo que la pasaron por la tele hace poco), y tenéis ocasión, es la película perfecta para pasar un rato distraído y muy enganchado a una historia trepidante.




    martes, 10 de abril de 2012

    CINE DE LOS 80: "E.T. - EL EXTRATERRESTRE"

    TÍTULO: E.T. - EL EXTRATERRESTRE

    DIRECTOR: STEVEN SPIELBERG

    REPARTO: HENRY THOMAS, DREW BARRYMORE, PETER COYOTE, DEE WALLACE, ROBERT MAC NAUGHTON

    DURACIÓN: 114 min.

    AÑO: 1982

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR JEKYLL DICE:

  • Desde que, a finales de la década de los setenta, el público manifestara su hambre de cine de ciencia ficción, a través de la buena acogida que tuvieron crítica y comercialmente largometrajes como “La fuga de Logan – Logan’s run, 1976”, “La guerra de las galaxias – Star wars, 1977” o “Encuentros en la tercera fase – Close encounters on the third kind, 1977”, las producciones cinematográficas parecieron querer centrarse en la ya explotada temática del ser extraterrestre que, tras un aparatoso accidente, trata de volver desesperadamente a su nave / planeta de origen a pesar de que las fuerzas armadas terrestres (norteamericanas en el noventa y nueve por ciento de los casos) se lo ponen complicado. Sin embargo, de todas ellas, la que más repercusión ha alcanzado, incluso a día de hoy, es “E.T. – El extraterrestre”, el film que acabó de consolidar la carrera de Steven Spielberg como uno de los cineastas más importantes de su generación, y como un auténtico mago a la hora de crear mundos fantásticos y dar vida a historias de ciencia ficción y aventuras que han encandilado a espectadores de todo el mundo.


    En un pequeño pueblo estadounidense, una nave espacial efectúa un aterrizaje de emergencia. Antes de que un grupo de hombres del ejército, furetemente armados, consiga llegar al lugar, la nave reemprende la vuelta al espacio, olvidándose durante la maniobra a uno de sus seres. Éste, asustado y abandonado, conseguirá refugiarse temporalmente en la casa de un niño llamado Elliot (Thomas) que, junto con sus hermanos, Gertie (Barrymore) y Michael (MacNaughton), hará lo posible por conseguir que el pequeño extraterrestre consiga reencontrarse con su nave espacial y volver a su casa. Sin embargo, ni los científicos que trabajan para el gobierno ni el ejército se lo pondrá fácil, ya que siguen muy de cerca la pista del pequeño alienígena.


    Como apuntábamos en la introducción, el tremendo éxito de “E.T. – El extraterrestre” parece tener su origen en la buena acogida que había tenido la moda argumental centrada en las aventuras de un alienígena a la hora de encontrar el camino de vuelta a su hogar. Hay quienes, en este tipo de historias, han considerado que se encierra una metáfora de la voluntad humana de encontrar su propia identidad y lugar en el mundo. Afortunadamente, el largometraje de Spielberg no va por ese camino, limitándose a ser una simpática y espectacular producción de ciencia ficción cuyo único propósito es entretener y asombrar al público con su enternecedora historia y grandes efectos especiales. Es más, casi da la sensación de que, por momentos, “E.T. – El extraterrestre” se sirve de argumentos más o menos populares ya explotados años antes en algún que otro largometraje de corte infantil (sirva el ejemplo de, por poner un caso, “El gato que vino del espacio – The cat from outer space, 1978”, con el que “E.T. – El extraterrestre” guarda más de un curioso parecido) para presentar una nueva versión de tan conocida historia.


    De hecho, una de las consecuencias más directas de semejante éxito fue la aparición inmediata de otros films considerados pseudo-imitaciones de “E.T. – El extraterrestre” como, por ejemplo, “El vuelo del navegante – Flight of the navigator, 1986”, “Mi amigo Mac – Mac and me, 1988”, u otras producciones de serie B, en las que se repetían no solo los mismos patrones que en la película de Spielberg sino que, en más de una ocasión, casi hasta se calcaba el argumento (el ejemplo más reciente lo tenemos en “Súper 8 – Super 8, 2011”, que llegó a los cines el verano pasado, con una temática más que similar). Por supuesto, ninguno de ellos consiguió resultados ni remotamente parecidos aunque, no por ello, dejó de ser uno de los largometrajes más taquilleros de la historia del cine (decisión un tanto exagerada, habida cuenta de que no se trata más que de un simpático film de ciencia ficción). En cualquier caso, sea como fuere, de lo que no hay duda es de que “E.T. – El extraterrestre” supo aprovechar el momento para desarrollar una hermosa historia de amistad incondicional entre dos naturalezas aparentemente antagónicas pero que, terminad por complementarse.


    En cuanto a los momentos más destacables de la película pues, por supuesto, cabe resaltar todos aquellos que envuelven a los niños y a ET (desde el famoso “mi casa, teléfono”) pasando por los que abarcan toda la huida final para rescatar a ET. También resulta divertido, en cierto modo, ver actuando a jóvenes intérpretes que, posteriormente, han continuado su trayectoria profesional en el cine, como es el caso de Drew Barrymore o Henry Thomas. Por lo demás, cierto es que “E.T. – El extraterrestre” es una película destinada a contentar a un público más infantil y, de paso, a ser un intento de lo más logrado de realizar una película que resulte ser una acertada combinación de cine de aventuras familiar y ciencia ficción.



  • MR. HYDE DICE:

  • Bueno, parece que ya iba siendo hora de hablar de una de las pelis más importantes de los ochenta. Y lo de importante lo digo porque el pelotazo descomunal que fue en la taquilla y por la importancia que parece tener aún hoy en día, que ya han pasado treinta años desde que salió. Ahora bien, lo que son las cosas, dos o tres veces que me la he visto, y “E.T. – El extraterrestre” sigue pareciéndome un petardo de cojón de mico. Sé que puede parecer raro que sea yo quien diga eso, que me encanta Spielberg (al menos el de los años ochenta y noventa, cuando hacía películas que merecían la pena), y que me papo las pelis de efectos especiales como quien se suena los mocos. Pero chico, qué puedo decir, tanto cuando la vi en el cine siendo un renacuajo, hasta las catorce mil veces que la han pasado por la tele, “E.T. – El extraterrestre” me ha parecido siempre de lo más sosa, tonta y carente de emoción (vamos, que ni cuando Elliot llora pensando en lo que le estarán haciendo a ET o con ese final sentimentaloide se me humedecían los ojillos).


    Por supuesto, la repercusión que ha tenido “E.T. – El extraterrestre” ha sido enorme, y pocas son ahora las personas que no sepan de qué película estamos hablando. También estoy de acuerdo en que ésta fue la peli que puso más de moda el tema del típico bicho alienígena que se estampa en La Tierra y que, con ayuda de cuatro terrícolas (casi siempre niños) consigue volver a su nave y regresar a su planeta. Y sí, vale que la música de John Williams es una de las más conocidas –aunque a la mitad de la gente le suene, pero no sepa identificar que es de esta película-, al igual que la imagen del niño volando con la bici por delante de una luna gigantesca. Pero vamos, que por muy bonito que sea el papel de adorno, lo de dentro sigue siendo lo mismo. No sé si será por toda la ristra de películas parecidas que hicieron después de ésta o qué pero, al final, la historia ya cansa, dando la sensación de que no paran de contar lo mismo una y otra vez.


    Otro problema que le veo a “E.T. – El extraterrestre” es que se ha resentido un huevo con el paso del tiempo. Puede que cuando salió hace tres décadas fuera el no va más, pero ahora el monigote que hace de ET más bien parece el ninot cutre de una falla que no un alien perdido en nuestro planeta. Y lo mismo vale para todo lo que no tiene que ver con una nave espacial, que son efectos especiales currados para hace un tiempo, pero a los que no les pasa como con los de, por ejemplo, cualquier entrega de la primera trilogía de “La guerra de las galaxias”, donde hasta las patillas setenteras de los soldados imperiales quedan bien. Supongo que el éxito tan tremendo de esta peli se debe en parte a la moda que parecía gustar a la gente cada vez que se estrenaba una historia de marcianos de este calibre, como había pasado antes con “Encuentros en la tercera fase”… ves y busca.


    De todos modos, aunque a mí me pareciera un coñazo, reconozco que tiene su punto interesante, al menos para quienes les guste este tipo de historias. Para empezar, está muy bien recogida la relación de amistad de los chavales con el alienígena que, por su parte, no se muestrea hostil en ningún momento, sino más bien lo contrario, y cómo lo aceptan con un poco de canguelo al principio pero, luego, como si fuera una mascota más. Por ejemplo, tiene su gracia el momento en que lo intentan camuflar dentro de la casa, escondiéndolo en los lugares más típicos, o como cuando lo disfrazan para la fiesta de Halloween como si fuera una vieja de película de miedo. Aparte de eso, también está muy bien hecha la parte menos amable de la peli, como cuando los del FBI o de la CIA o de donde coño sean intentan echarle el guante al alien y hacerle todo tipo de experimentos. Reconozco que son momentos que, hasta para un crío, debe impresionar (ese perímetro de seguridad que montan lleno de tubos y laboratorios raros). Pero, aparte de esto, ya os digo que a mí me pareció un petardo de película, donde más es la fama que se le ha hecho con el paso del tiempo, que no por lo divertido y entretenida que pueda ser la película. En fin que, como suele pasar, para gustos los colores.




    lunes, 9 de abril de 2012

    CINE CLÁSICO: "EL SUEÑO ETERNO"

    TÍTULO: EL SUEÑO ETERNO

    DIRECTOR: HOWARD HAWKS

    REPARTO: HUMPHREY BOGART, LAUREN BACALL, JOHN RIDGELY, MARTHA VICKERS, DOROTHY MALONE, CHARLES WALDRON

    DURACIÓN: 114 min.

    AÑO: 1946

    GÉNERO: POLICIACO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Lo que son las cosas. Durante las últimas críticas que hemos escrito acerca de los estrenos semanales de películas en videoclub mencionábamos que, en la meca del cine, parecían no tener claros los límites a la hora de explotar una receta de éxito en la realización de una película. Pues bien, resulta que más de medio siglo antes ya se recurría a esta receta aunque, en el caso del que hoy hablamos, los resultados son francamente extraordinarios. Si, dos años antes, con el estreno de "Tener y no tener - To have and to have not, 1944" el realizador Howard Hawks había conseguido reunir a dos monstruos de la interpretación como Bogart y Bacall, logrando que la química en la pantalla de la pareja fuera indiscutible, en 1946 volvía a emplear la fórmula que tan buenos resultados le había dado para adaptar la novela homónima de Raymond Chandler. Por supuesto, el resultado no pudo ser más satisfactorio ya que "El sueño eterno" es una obra maestra del cine negro, y una de las más interesantes aproximaciones al personaje del detective privado Philip Marlowe que se ha rodado hasta el día de hoy.


    Philip Marlowe (Bogart) es contratado por el retirado General Sternwood (Waldron) con el fin de que investigue una serie de turbios asuntos en los que parece estar involucrada su hija Carmen (Vickers). Marlowe acepta el encargo pero, conforme comienza a indagar en el problema, descubre que detrás de todo se encuentra una peligrosísima red de delincuentes especializados en el asesinato y chantaje, utilizando como arma de coacción la explotación sexual, la prostitución y el negocio de la pornografía. La situación se complicará aún más con la aparición de una amiga de la familia Sternwood llamada Vivian (Bacall), que no sólo pondrá a prueba la lealtad de Marlowe, sino que también condicionará su forma del ver el caso.


    "El sueño eterno" es una película hipnotizadora. Desde ese comienzo lleno de sombras y personajes ambiguos (atención al recibimiento que le hace Carmen a Marlowe nada más llegar éste a la casa de los Sternwood, ya la tranquilidad con la que Marlowe se deshace de ella), hasta un complejo argumento diseñado en forma de caja china, en el que el implacable detective se adentra conforme avanza la acción, el film hace gala de una tensión y suspense únicos. Además, no sólo llama la atención por la seguridad con la que Marlowe afronta el caso (cualquier otro investigador privado se sentiría confundido por los progresivos descubrimientos, y asustado ante lo que le pudiera suceder por meterse donde no le llaman), sino también la dura temática a la que el film hace referencia ya que, al fin y al cabo, se hace referencia a la explotación sexual y la ninfomanía en una época en la que estos temas eran prácticamente tabú.


    Afortunadamente, el enorme talento de Howard Hawks a la hora de realizar la puesta en escena es magnífico, logrando no sólo hacer entendible un argumento enrevesado, sino conseguir que el interés por parte del espectador sea total durante todo el metraje. De esta forma, la actuación de los personajes principales de "El sueño eterno" se asemeja a la de otra joya del cine negro clásico como es "El halcón maltés - The maltese falcon, 1941" (todo el entramado relacionado con la investigación y la dedicación del detective privado al que da vida un inigualable Humprhey Bogart), o la citada "Tener y no tener" (sobretodo en lo que concierne a la relación entre Bogart y Bacall, ya que el argumento de ésta última, en comparación, es bastante más sencillo).


    En resumidas cuentas, "El sueño eterno" es una película fabulosa, que no ha perdido ni un ápice de su grandeza con el paso de los años, y que sigue resultando igual de interesante, atractiva y cautivadora ahora que cuando se estrenó. Un clásico del cine destinado a perdurar para ser disfrutado una y otra vez.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Por fin un poco de cine negro del bueno! No creo que sea la mejor peli clásica de cine negro que haya visto pero, desde luego, sí una de las que más me ha gustado. ¿Y por qué? Pues porque tiene todo lo que una película de esta clase tiene que tener. Para empezar, el detective más chulo que un ocho, y que Bogart interpreta casi con los ojos cerrados, capaz de darle un guantazo a la tipa de turno para, segundos después, estar comiéndole todo el morro. Después, la "mujer fatal" está deslumbrante, y le encanta el juego del gato y el ratón con el detective, aunque éste parezca ser de piedra (y, evidentemente, el detective caerá en sus brazos por mucho que se resista). Después, hay malos malísimos que quieren salirse con la suya, para lo que no dudarán en chantajear, robar y matar como con la misma facilidad y tranquilidad de quien compra el periódico en el quiosco de la esquina. Y, por supuesto, un final en el que el detective lo resuelve todo, pilla a los malos y se queda con la chica. ¿Qué más se puede pedir?


    En el caso de "El sueño eterno" se cumple todo esto y con creces. La peli no sólo se las ingenia para sacar juntos todo lo que puede a Bogart y Bacall (a ver si algún día de estos hay alguna pareja cinematográfica que consiga la mitad de lo que lograron éstos convirtiéndose en iconos de la historia del cine -y no, Julia Roberts y Richard Gere no valen-) sino que, además, te cuenta una historia complicada, enrevesada, pero que queda clarísima conforme avanza la cosa. Salvando las distancias, es un poco como el "L.A. Confidencial - L.A. Confidential, 1997" de la época, o lo que es lo mismo, una historia centrada en los años cincuenta, con corrupción y vicio hasta las cejas, con mujeres tan guapas como peligrosas metidas hasta las cejas en asuntos turbios, y tíos con cara de muy malos y pocos amigos. Y, por supuesto, en medio un detective al que le cuesta sonreír que se ve metido en un follón del carajo que debe resolver.


    En lo que respecta a la historia de "El sueño eterno", como os digo, aunque parece claro al principio, conforme avanza la peli, te pierdes un poco. Por supuesto, cuando el general ese de la silla de ruedas le cuenta al detective qué es lo que quiere, la cosa parece fácil. Pero cuando éste empieza a conocer al resto de los que bamban por ahí (sobretodo a las hijas del viejo) y se empiezan a mezclar los asuntos de sexo y chantaje, la cosa ya se complica. Por supuesto, como es Bogart el que está resolviéndolo todo, pues puedes estar tranquilo. Y es una suerte porque, además de saber que lo va a arreglar todo, la historia te la van explicando poco a poco para que todo quede bien clarito.


    Evidentemente, lo mejor de "El sueño eterno" es cualquier escena que comparten Bogart y Bacall, donde los dos se hacen los duros hasta el extremo, incluso cuando se tienen que besar, como si mostrar alguna emoción fuera señal de debilidad. Y, aunque no esté Bacall de por medio, tanto da, como cuando no para de insinuársele la chica que hace de hermana de Bacall (y que está metida de mierda hasta el cuello) aunque, por muchos ojitos de cordero degollado que ponga, el tío se mantiene frío y duro como el acero. Señor, por qué no habrá hoy en días películas así de chulas... En fin, que "El sueño eterno" es un referente universal del cine policíaco clásico, y que deberíais ver si sois de los que decís que os gusta el cine. Si no, pues nada, vosotros os lo perdéis. Eso sí, antes de acabar os doy un pequeño consejo: ved "El sueño eterno" en español, porque en la versión original Bogart, para variar, casi no vocaliza y no se le entiende una leche.




    domingo, 8 de abril de 2012

    CINE EN CARTEL: "LA FRÍA LUZ DEL DÍA"

    TÍTULO: LA FRÍA LUZ DEL DÍA

    DIRECTOR: MABROUK EL MECHRI

    REPARTO: HENRY CAVILL, BRUCE WILLIS, SIGOURNEY WEAVER, VERÓNICA ECHEGUI, JOSEPH MAWLE, CAROLINE GOODALL, OSCAR JAENADA

    DURACIÓN: 100 min.

    AÑO: 2012

    GÉNERO: POLICIACO

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Esta semana llega a las carteleras, unos cuantos meses antes que en su estreno previsto en los Estados Unidos, la tercera película como director del francés de origen turco Mabrouk El Mechri, responsable de "JCVD - JCVD, 2008", una de las aproximaciones más originales a la figura de los actores de cine de acción caídos en desgracia que se recuerdan. Para su último trabajo, El Mechri ha realizado una producción ambientada en España, y que cuenta con un interesante reparto de intérpretes, tanto estadounidenses como celtíberos.

    Will (Cavill) llega a España para reunirse con su familia, en el velero familiar, atracado en Moraira. La relación de Will con su padre, Martin (Willis) siempre ha sido un poco tensa, dado el carácter internacional de éste segundo. Una tarde, cuando Will regresa al velero descubre que su familia no está, y que la embarcación presenta indicios de haber sido asaltada. Sin embargo, cuando denuncia la situación ante la policía, Will es atacado. Para su sorpresa, es Martin quien lo rescata, informándole de que, en realidad, es un agente especial de la CIA. Según parece, los que han secuestrado a la familia de Will quieren un maletín que Martin tiene en su poder, y tras cuya pista también se encuentra Carrack (Weaver), una implacabe agente de la CIA. Será entonces cuando Will deba hacerse cargo de la situación y, junto con una joven española llamada Lucía (Echegui), que guarda más de un secreto, hacer lo imposible por salvar a su familia.

    "La fría luz del día", pese a sus notables esfuerzos, es un largometraje irregular. Por una parte, es más que evidente la intención de su director de imprimirle un ritmo a la historia que consiga captar la atención del espectador desde su comienzo. Asimismo, es todo un punto a favor el hecho de que se hayan preocupado lo suficiente como para querer darle una ambientación "a lo Jason Bourne" a la película, haciendo que la acción salte de una localidad a otra con dinamismo. Y lo mismo puede decirse de las secuencias de acción -filmadas con soltura y claridad, consiguiendo que sean emocionantes sin llegar a empalagar (la persecución por las calles y tejados de Madird, la persecución en coche del final...- y de la continua aparición de nuevos personajes que, en vez de entorpecer la narración, la ayudan a hacer más interesante (el personaje de Lucía, el extravagante dueño de la discoteca en la que trabaja -al que da vida Oscar Jaenada-, el agente del Mossad al que encarna Mawle, etc.).

    Ahora bien, en su intención de dotar a "La fría luz del día" de una puesta en escena trepidante, se descuidas ciertos aspectos del guión que más que convertir al film en una súper producción la relevan más bien a una decente serie B. Los motivos de tal percepción son varios: las lagunas de un guión que pretende ser demasiado original cuando, en realidad, se sirve de recursos empleados mil veces antes (el McGuffin del maletín en las manos equivocadas, el secuestro familiar y plazo límite que se le da al protagonista, la existencia de agentes dobles...); la acción, aunque respetable, no puede ocultar las limitaciones de un presupuesto más bien modesto para las producciones de este calibre (ver cómo deben resolver una escena clave del final en un parking); las actuaciones, a pesar de su corrección (sobretodo de Echegui), carecen de profundidad -se ve a la legua quién es el bueno, quién el malo, y quién el que acabará salvando la función-. Eso sí, en cuanto a los aspectos técnicos, cabe hacer una mención muy especial para Lucas Vidal, compositor de la magnífica banda sonora, y que no tiene absolutamente nada que envidiar a los compositores más curtidos del otro lado del charco.

    En definitiva, que "La fría luz del día" es una película muy entretenida, que no aburre gracias a su dinámica puesta en escena, pero que no llega a ser tan resultona como cabría esperar al observar su reparto artístico. Se deja ver, aunque no permanece para nada en la memoria del púiblico.

  • MR. HYDE DICE:
  • Resumiendo muy mucho, es la película perfecta para verte una tarde de domingo en tu casa, no para gastarte la pasta que vale ahora una entrada de cine. Ahora, entrando más en detalle con "La fría luz del día", como siempre, hay un par de cosas que tiene muy chulas, y otras que se las podían haber currado un poquito más. Y, también para variar, vamos por partes.Como hoy no me apetece ir separando las cosas buenas de las malas, vamos a hacer un batiburrilo de todo un poco, a ver si os convenzo o no.

    Primero, papelón de Bruce Willis. ¡Ostras Pedrín! Y seguro que ha cobrado y todo, el tío. Vamos, que ésta ha sido la excusa perfecta que ha visto el pavo para cascarse a la salud de la productora unas vacaciones de la leche en Moraira y, de paso, darse una vuelta por la Madrid. Pero bueno, sin dar demasiadas pistas, sólo decir que Willis hace de Willis, para variar.

    Segundo, se agradece que, al menos, haya sido una película la que haya querido centrar la acción en Madrid y se hayan largado hasta la capi para rodarla, en vez de hacer como otros cutrones que se piran a Méjico y con poner a cuatro panchitos de extras se creen que lo tienen todo arreglado (eso sí, cómo es capaz el prota de llegar desde Nuevos Ministerios al Retiro en dos zancadas, o cómo hacen para salir por la estación de metro de Sol al jardín ese raro que tiene la estación de Atocha, eso ya es un misterio).

    Tercero, la peli es de lo más entretenida. Más predecible que las pelis de Chuck Norris pero, al fin y al cabo, entretenida. Y con entretenida quiero decir que se preocupan lo suficiente porque la historia, aunque no haya por dónde cogerla, te atrape, te intrigue, y te atraiga la atención durante la hora y media que dura. Por poner un caso, desde que las cosas se ponen feas en Alicante hasta que el héroe de la función consigue darles matarile a los malos, la cosa tiene acción todo el rato y, cuando no pasa una cosa, está pasando otra.

    Cuarto, hay detalle de la historia que las ha escrito alguien al que no le han dicho que lo revisara antes de enseñárselo al productor del evento. Por poner un caso, no hay quien se trague el rollo de espías entre los israelíes, los yanquis, y los españoles en un mismo saco. O todo ese rollo de la doble vida de uno de los que salen, y que resulta que tiene una hija secreta. Para que os hagáis una idea, aún me puedo creer más que un tío salte de un tejado a otro y que no se haga más que un rasguño, o que se caigan dos de una motito roñosa y ni se hagan una pelada en las rodillas, antes que esos pedos mentales. Ah, y mejor ni hablar de que puedas hacer rally por las callejas de la ciudad vieja de Madrid. Si ya sólo acojona la idea de hacerlo con una bici, imaginaos lo que es conm un Land Rover.

    En fin, tampoco hay que pedirle peras al olmo, así que a nadie debería extrañarle que "La fría luz del día" sea una película kleenex, o sea, de usar y tirar. Aunque, repito, eso no quiere decir que, mientras tanto, no te haya hecho pasar un rato distraído.

    sábado, 7 de abril de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "EN COMPAÑÍA DE LOBOS"

    TÍTULO: EN COMPAÑÍA DE LOBOS

    DIRECTOR: NEIL JORDAN

    REPARTO: DAVID WARNER, ANGELA LANSBURY, SARAH PATTERSON, MICHA BERGESE, BRIAN GLOVER, TUSSE SILBERG

    DURACIÓN: 89 min

    AÑO: 1984

    GÉNERO: FANTÁSTICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • La literatura popular ha sido, desde siempre, una buena fuente de inspiración para la realización de adaptaciones en la gran pantalla. Dentro de ésta, también ha sido notoria la importancia que se le ha dado a las versiones cinematográficas que toman como base cuentos de temática más infantil para, aprovechando el carácter fantástico de muchos de ellos, convertirlos en fascinantes largometrajes donde la imaginación de sus directores les permite crear mundos tan mágicos como tenebrosos. "En compañía de lobos", segundo film dirigido por el irlandés Neil Jordan aborda desde una perspectiva nueva y de lo más interesante el cuento de la Caperucita Roja aunque, en esta ocasión, versionándolo desde una perspectiva mucho más adulta, seria y, por suerte, fascinante a nivel estético.


    Rosaleen (Patterson) disfruta dejando que su abuela (Lansbury) le lea cuentos. Sin embargo, uno de los que más miedo le da es aquel en el que un hombre que se transforma en lobo consigue seducir a una bella joven. Rosaleen, que ha perdido a su hermana en un misterioso suceso en el interior de un bosque, se verá inmersa entonces en una situación parecida a la que le cuenta su abuela cuando un día conozca a un apuesto muchacho (Berguese) por el que siente sexualmente atraído. Será entonces cuando Rosaleen deba poner en práctica las enseñanzas de su abuela para hacer frente a otra extraña oleada de sucesos inexplicables en la que siempre parece estar presente una fiera manada de lobos.


    "En compañía de lobos" adapta el cuento popular de la Caperucita Roja, pero desde un punto de vista muchísimo más adulto, serio y maduro. En esta ocasión, la protagonista no es una simple niña que desobedece a su madre y se mete por el bosque para visitar a su abuela. Aquí, el personaje de Rosaleen es una adolescente en plena pubertad que se ve tentada por los atractivos ofrecimientos en un chico tan apuesto como peligroso y sabiendo que, en caso de sucumbir a diferentes tentaciones, podrá salvar su vida pero que, en caso contrario, el peligro puede ser aún mayor.


    Sin embargo, Jordan no juega con este tira y afloja sexual de una forma tan descarada y burda como el año pasado lo hizo Catherine Hardwicke en su particular (y lamentable) versión de la Caperucita Roja sino que, él apuesta más por las insinuaciones y las secuencias oníricas para acercarse a ese mito y a las consecuencias morales de lo que trata de contar. Así pues, "En compañía de lobos" está repleta de secuencias magistrales y escalofriantes, tanto por su contenido como por la originalidad que se desprende de ellas (la secuencia que abre el film, en el que vemos a la hermana de Roseleen bambando por el bosque, y donde resulta amenazador tanto la mirada de los lobos como un oso de peluche gigante, el banquete de bodas en el que los invitados comienzan a transformarse progresivamente en lobos, el instante en que el pretendiente de Rosaleen se transforma en lobo -el plano del hocico del animal saliendo por la boca del hombre es ya una de las imágenes clave del cine fantástico y de terror-, etc.).


    De esta forma, Neil Jordan parece sentar las bases de lo que, años más tarde, sería su entrada en Hollywood por la puerta grande de las súper producciones con "Entrevista con el vampiro - Interview with the vampire, 1994", ya que "En compañía de lobos" es una película cuidadísima desde el punto de vista estético (la ambientación recuerda muchísimo a la que, al año siguiente, Ridley Scott utilizaría para su "Legend - Legend, 1985"), y su puesta en escena deja asombrado al espectador desde sus primeros minutos. De esta forma, esta pequeña coproducción británico irlandesa se convierte, por méritos propios, en una obra de referencia dentro del género fantástico, aportando una mirada nueva y sensacional a la historia mil veces contada acerca de la pérdida de la inocencia -más en el film que en el cuento- y los peligros que ésta trae consigo.



  • MR. HYDE DICE:

  • No sé si recordaréis, hace unos meses, una película -que criticamos cuando salió en alquiler-, que se llamaba "Caperucita roja (¿a quién tienes miedo?) - Little Red Ridinghood, 2011". Aquella era una especia de versión del cuento de la Caperucita Roja, pero donde parecía que la peli estaba más bien hecha para todos los que están que no cagan con esos churros de "Crepúsculo", y donde la Caperucita de turno era más la guarrona del pueblo que no la heroína del clásico cuento infantil de los hermanos Grimm. Bueno, pues "En compañía de lobos" es lo que debería haber sido esa película: una versión nueva de la Caperucita Roja, con una ambientación cojonuda, unas interpretaciones muchísimo más apropiadas para la historia que te cuentan y, por supuesto, un argumento mucho más interesante.


    En "En compañía de lobos", también es cierto que lo exageran todo un pelín demasiado. Me explico, vale que la peli vaya sobre una versión calcada al de la Caperucita Roja (nunca te lo dicen tal cuál, pero vamos, que es blanco y en botella), pero dentro de lo gótica que prentende ser, se pasa un poco de recargada: esos bosques gigantescos -en los que, por cierto, cualquiera con dos dedos de frente, no se metería ni por asomo-, ese viento y truenos amenazantes, los personajes masculinos que te aparecen de repente dándote un susto de muerte, la típica abuelita leyendo un cuento en su mecedora junto a la hoguera... En fin, todos los clichés de cualquier cuento de canguelo infantil mezclados con la historia de la Caperucita Roja, están dentro de la película. Eso mola, por una parte, porque funciona de perlas para hacer de "En compañía de lobos" una peli súper interesante y, por otra parte, porque cada elemento está combinado de forma que el resultado es una película bien hecha.


    Además, una cosa que está de lo más acertada en "En compañía de lobos" es que no pretende en ningún momento ser una peli de miedo o, al menos, del miedo que nosotros entendemos ahora como tales (tiene escenitas que te los ponen de corbata -las transformaciones de los hombres en lobos te deja de una pieza-, pero no es todo el rato así), sino que trata más sobre cómo una abuela aconseja y educa a su nieta para que sepa cómo actuar cuando se haga mayor (Jekyll lo explica con bastante acierto en su parte). Y eso es algo que se agradece, ya que no te toca paparte la misma historia que ya te han contado de veinte formas diferentes antes. Y, por supuesto, es una gozada ver a Angela Lansbury haciendo de abuelita cuenta-cuentos mientras que, la nieta se las tiene que ver y desear para escapar de la atracción que le supone el tío espabilado con ojos verdes que la pretende (por supuesto, todo ello con su correspondiente sorpresa).


    En fin, que "En compañía de lobos" no es una película muy conocida a nivel mundial pero que, cuando la ves, te quedas con la sensación de que te ha gustado lo que has visto porque, primero, es entretenida y engancha nada más empezar y, segundo, porque le dan una vuelta de lo más interesante y original al clásico argumento del cuento, desde una perspectiva nueva y muy atractiva. Os recomiendo que la descubráis vosotros también.




    viernes, 6 de abril de 2012

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "HAPPY FEET 2"

    TÍTULO: HAPPY FEET 2

    DIRECTOR: GEORGE MILLER

    REPARTO: DIBUJOS ANIMADOS

    DURACIÓN: 100 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: ANIMACIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Tras el éxito cosechado por la primera parte, hace ya seis años (Oscar a la mejor película animada del año incluido), era más que obvio que "Happy feet 2" no tardaría en ser una realidad. Así pues, tras un paso más bien discreto por las carteleras de todo el mundo, ya sale en alquiler esta secuela, en la que repiten la práctica totalidad de personajes que ya aparecían en el título original (que no los mismos actores que los doblaban en aquella), incluyendo nuevos y dicharacheros personajes, y aventuras algo diferentes a las que ya conocíamos. El australiano George Miller vuelve a sentarse en el sillón de director antes de, según se comenta, comenzar a rodar la cuarta parte de su clásico del cine apocalíptico "Mad Max".


    Mumble y Gloria, después de las aventuras vividas hace unos años, ahora son padres del pequeño Eric, que no acaba de encontrar su lugar dentro de la manada a causa de su torpeza para bailar. Enfadado a causa del ridículo que siente que hace enfrente de los demás pingüinos, decide escaparse de la manada de los emperadores en compañía del alocado pingüino Ramón para vivir nuevas aventuras donde no se burlen de él. Así conocerán a un pingüino muy particular llamado Sven, capaz de volar, y a un fanfarrón león marino llamado Kryll. Sin embargo, mientras esto sucede y Mumble acude en su búsqueda, un movimiento de las placas de hielo asila por completo a la manda de los emperadores, impidiéndoles salir de la cuenca en la que se hallan. Además, paralelamente, Will y Bill, dos gambas que no se resignan a nadar siempre dentro de su banco, lo abandonan con el intención de evolucionar de forma diferente, viviendo así muchas más aventuras de las que hubieran podido imaginar.


    Lo que hacía del primer "Happy feet" un film original era, precisamente, la presentación de una animación mucho más luminosa y dinámica a la que estábamos acostumbrados, ya la acertada mezcla de números musicales (bailes incluidos) dentro de una acción que no sólo no la entorpecía, sino que la ayudaba a avanzar y a hacer más simpática la puesta en escena. Por lo visto, con el ánimo de no repetirse más de la cuenta (algo de lo que deberían tomar buena nota los señores de Dreamworks, que exprimen a la gallina de los huevos de oro hasta que el espectador queda no saciado sino empachado del todo), los responsables de "Happy feet 2", sin escatimar a la hora de dar vida a las nuevas aventuras de Mumble y sus amigos, han querido alejarse un poco más de aquello que relataba la primera parte y, por desgracia, han sido los números musicales los que se han visto afectados por esa variación, en favor de un guión que no se encuentra a la altura de lo que sus responsables pretenderían.


    Así pues, si bien la animación vuelve a ser excelente, en especial en los planos de masas, donde la cámara no solo no se está quieta, sino que el público queda fascinado por la fotografía (los bailes conjuntos de la manada de emperadores del comienzo, o las sacudidas en el hielo de los leones marinos y las gambas) y por el ritmo de constante acción que tiene la película, gracias en parte a la división del argumento en dos bloques: el de los pingüinos atrapados en una gran extensión de hielo sin salida, y el de las gambas que abandonan su banco (el más acertado y divertido pero, también, mucho más breve que el otro).


    En resumidas cuentas, "Happy feet 2" no consigue que el espectador retenga en su memoria la misma sensación de simpatía que la primera parte, ya que éste film aboga más por el predominio de la palabra y diálogos (todos ellos muy moralizantes: comprensión, tolerancia, amistad, etc.) en detrimento de la acción y los bailes, elementos que hacían del título original el largometraje tan simpático que era. A su lado, "Happy feet 2" se deja ver sin mayores complicaciones y, según parece, es el título que sale en alquiler más destacado de la semana, y seguro que entusiasma a un público más joven e infantil. Aunque, como se suele decir, las comparaciones son odiosas, incluso cuando se trata de primeras y segundas partes.



  • MR. HYDE DICE:

  • No sé qué le pasa al cine de dibujos animado últimamente, pero las últimas películas así que he visto me han parecido una chorrada como un piano. Si la semana pasada ya decíamos que "El gato con botas - Puss in boots, 2011" no era nada del otro mundo, ahora, con "Happy feet 2" pasa tres cuartos de lo mismo. No es que la primera parte fuera nada espectacular pero, al menos, la idea del pingüino bailarín que decide darle a la pata en contra de lo piensen todos los demás pingüinos era bastante simpática y de lo más entretenida. Pero claro, como suele pasar en estos casos, una vez que ya te han contado la idea original -y han tenido mucho éxito porque, si no, para rato iban a gastarse la pela en hacer una segunda parte-, muy ingeniosa tiene que ser la continuación para que mole tanto como la primera parte. Y, de nuevo, eso no pasa con "Happy feet 2".


    "Happy feet 2" es simpática y está muy bien hecha, eso no lo pongo en duda. De hecho, hay momentos que tienen así movimientos de cámara en plan panorámico para recorrer a toda la mana de pingüinos, o para las escenas con más acción que están hechas de coña. Pero claro, por muy bonito que sea el envoltorio, lo que importa de verdad es lo de dentro, y ahí es donde la peli cojea. La historia es una parida. Supongo que habrán querido salir con la vena ecologista, por aquello de que el hielo de los polos se derrite, y del desastre que son los estropicios que hace el petróleo cuando se sale de los barcos y tal porque, aparte de eso, el resto de lo que te cuentan en la película no interesa demasiado.


    Vale que todo esté animado con sus correspondientes sesiones de baile pingüiniles (por cierto, muchísimos números musicales menos que en la primera parte), y que haya gags de lo más cachondos (el pingüino Ramón recitando como una metralleta todos sus nombres antes de estamparse contra el suelo, o lo cachondas que son las dos gambas con todas las movidas que les pasan al separarse de su banco). Pero lo que es la historia de lo que pasa y eso es un poco aburrida. Digamos que no hay ni la mitad de aventuras que en la primera parte, y eso, cuando vas a ver una peli de este tipo, es fundamental. Igual que la semana pasada decíamos que "El gato con botas" tiene una aventura cojonuda, pero que el argumento era un pollada, pues aquí pasa justo lo contrario.


    Por supuesto, aparte de que la historia sea una chufla, como os digo, tiene sus momentazos para todos los públicos (a mí me sorprendió bastante, por ejemplo, el número musical que se casca el pingüino chiquitín -al que llaman "pelusa"- con su número de ópera así a capella delante del león marino, o la canción -muy bonita, por cierto- que le canta su madre cuando no puede estar junto a ella por culpa del iceberg, y que acaba cantando a coro toda la manada), haciendo que, obvio, los críos más pequeños se lo pasen bien con lo que hacen los pájaros bobos estos. Para el resto, como ya os he dicho antes, pues tampoco es que os vaya a parecer una maravilla pero, como es costumbre en estos días de vacaciones, si tenéis peques en casa a los que haya que entretener, "Happy feet 2" es una buena opción de entre las novedades de alquiler de esta semana. Aunque si también encontráis la primera parte y los nanos no se dan mucha cuenta, casi os la aconsejo más que ésta.




    jueves, 5 de abril de 2012

    CINE ACTUAL: "DE DIOSES Y HOMBRES"

    TÍTULO: DE DIOSES Y HOMBRES

    DIRECTOR: XAVIER BEAUVOIS

    REPARTO: LAMBERT WILSON, MICHAEL LONDSALE, OLIVIR RABOURDIN, JACQUES HERLIN, SABINA OUAZANI, GORAN KOSTIC

    DURACIÓN: 120 min.

    AÑO: 2010

    GÉNERO: DRAMA HISTÓRICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Sin ánimo de resultar ni aburridos y didácticos, para hablar de “De dioses y hombres” de forma que vosotros, queridos lectores, comprendáis bien el tema que aborda el largometraje de Xavier Beauvois y, así, resulte más sencillo entender por qué la película aborda este tema como lo hace. La acción de “De dioses y hombres” tiene lugar en Argelia, durante la Guerra Civil que tuvo lugar allí durante la pasada década de los años noventa. En aquel país, se encontraba un pequeño convento de monjes que convivía con los lugareños a la par que seguía una forma de vida basada en el retiro espiritual. Como consecuencia de las acciones de los fundamentalistas islámicos, a los monjes de dicho convento les sucedió, en mitad del marco de guerra que comentábamos, lo que relata la película. Esta pequeña introducción que, en ocasiones, suele preceder a los títulos de crédito de los largometrajes, se omite por completo en “De dioses y hombres”, por lo que esperamos que os sirva de ayuda para poder entender mejor su argumento.


    Un grupo de monjes cistersienses, encabezado por el hermano mayor Christian (Wilson), vive en un monasterio, cerca del monte Atlas, en Argelia. Allí, toda la comunidad se dedica, por una parte, a la vida contemplativa (rezan, cultivan el huerto, comercializan con productos de alimentación que ellos mismos fabrican…) y, por otra, sirve de sustento al pequeño pueblo con el que conviven: el hermano Luc (Londsale) es el anciano médico del lugar, Christophe (Raboudin) se encarga de vender en el mercado local los productos que los monjes producen en el monasterio (miel, hortalizas, verduras…), etc. Sin embargo, cuando estalla la guerra civil, la vida en el convento se ve amenazada por las fuerzas insurgentes, que lo asaltan exigiendo que se les entreguen medicamentos para sus guerrilleros. Animados por el gobierno argelino a abandonar el país y regresar a Francia, será entonces cuando la comunidad de monjes deba pronunciarse sobre su situación: si quedarse y afrontar el riesgo de ser asesinados, o volverse a su Francia natal y abandonar a su suerte a los aldeanos de la región.


    “De dioses y hombres” no es una película normal al uso. Su estilo tranquilo y reposado casi invita al espectador a participar, por un momento, en la vida de estos monjes, compartiendo con ellos sus costumbres y rutinas, así como sus dudas y preocupaciones. La realización de Beaubois apuesta mucho más por un estilo narrativo alejado del conflicto armado –que podría haber retratado con toda la facilidad del mundo- optando, en su lugar, por la descripción de esa creciente angustia que comienza a crecer entre los monjes, tras los altercados bélicos. Así pues, la cámara se encarga de recoger lo que supone la convivencia estos monjes con los argelinos (la consulta del médico, las celebraciones con los lugareños y conversaciones con los ancianos de la aldea), a la par que también retrata todos esos momentos íntimos de reflexión (Christian escribiendo su “te perdono” particular, o el monje más joven rezando desconsolado en su celda) y de miedo (la primera incursión de las tropas rebeldes en el monasterio, o el acecho de un helicóptero mientras los monjes rezan a coro en la capilla).


    En efecto, “De dioses y hombres” consigue un resultado tan pulcro gracias a ese estilo de semi-documental por el que apuesta su director y co-guionista. Partiendo desde esta perspectiva intimista, es como el espectador puede llegar a penetrar sus mentes, comprendiendo mejor unos hechos que, a día de hoy, siguen sin estar del todo claros (de ahí, ese plano final que describe un epílogo incierto, en mitad de una desapacible nevada). Ello explica que, en lugar de querer insistir en las acciones de los extremistas (que se retratan con una sequedad y rudeza escalofriantes –ver la secuencia del degüello de los trabajadores croatas-, o la identificación que hace Christian del cadáver de uno de los rebeldes abatidos), se decante más por el retrato de la vida en comunidad, y de las inquietudes que estos acontecimientos provocó en cada uno de ellos (sensacionales las dos secuencias de los monjes reunidos en una modesta sala en la que debaten sobre su porvenir).


    Así pues, “De dioses y hombres”, por su sencillez y temática, constituye una opción de lo más recomendable para estos días de Semana Santa, en los que ver una película como ésta puede ayudar a comprender mejor la dedicación completamente altruista de algunas personas que lo dejan todo (vida inclusive) por el prójimo. Es un film tranquilo pero lleno de fuerza que, en especial a lo largo de la voz en off del principal protagonista (la lectura de su carta exculpatoria), constituye una demoledora declaración de principios.



  • MR. HYDE DICE:

  • Pues será todo lo contemplativa y descriptiva que tú quieras, pero “De dioses y hombres” es lenta de cojones. No llega a aburrir del todo porque, por suerte, procuran que la amenaza esa de los radicales tarados te mantenga interesado. Pero vamos, que para demostrar lo mucho que piensa el prior ese tengan que estar media hora enseñando cómo pasea por el borde de un lago, o sacando a otro de los monjes con el tractor arriba y abajo del huerto sin que pase nada más, tiene huevos. Sin ánimo de desmerecer más de la cuenta, “De dioses y hombres” es una película en la que, todo lo que te cuentan, te lo podrían haber resumido en veinte minutos. Por supuesto, de haberlo hecho así, ni tendríamos película, ni fotos bonitas de Argelia por la tarde, ni toda ese aura de espiritualidad que parece envolverlo todo. Pero vamos, por lo que respecta a la historia, lo dicho, que si todo el diálogo llega a media hora ya me parecerá mucho.


    De toda la peli, creo que lo más interesante son los momentos de conversación conjuntos, es decir, de lo que hablan cuando se reúnen todos los monjes para debatir qué hacer, si pirarse en plan mariquita el último o echarle un buen par y quedarse a ver qué pasa. Las razones que da cada uno de ellos, creo que es lo que más merece la pena de toda la película (hay unos que quieren escurrir el bulto, pero otro lo tiene clarísimo y suelta una frase así como “el buen pastor no abandona a su rebaño por mucho que aparezca el lobo”), más que nada porque es lo que se supone que le da un poco más de sentido a toda la historia. En base a eso que piensa cada uno, es que acaban comportándose como lo hacen –vaya por delante los cataplines que demuestra tener el prior cuando se niega a darle medicinas a los insurgentes, y a recordarles que es el día de Nochebuena-, que “De dioses y hombres” se las apaña para presentar a los monjes como a personas normales y corrientes que no se quieren hacer los héroes, sino que se comportan de acuerdo con sus propias creencias y fe.


    Ahora, como os digo, eso que os acabo de resumir yo en unas pocas líneas, en la peli dura casi dos horas. Insito en que no aburre como si estuviéramos viendo una película de Terrence Malick, donde todo va despacio porque al pollo le sale de los mismísimos, sino que le quieren dar a todo una especie de aire de normalidad que contrasta con el dilema al que se ven enfrentados. Ahora, que si le quitan media hora de paisajes, monjes rezando y fotos del huerto que plantan, pues como que no pasa nada, que para eso ya hicieron un documental hace unos años donde te cuentan de pe a pa toda la vida dentro de un monasterio.