lunes, 23 de abril de 2012

ESPECIAL SEMANA SÚPER HÉROES: "SUPERMAN"

TÍTULO: SUPERMAN

DIRECTOR: RICHARD DONNER

REPARTO: CHRISTOPHER REEVE, GENE HACKMAN, MARLON BRANDO, NED BEATTY, MARGOT KIDDER, GLENN FORD, VALERIE PERRINE

DURACIÓN: 135 min.

AÑO: 1978

GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Poco se imaginaban el guionista Jerry Siegel y el dibujante Joe Shuster cuando crearon a un héroe de cómica¡ llamado Superman el éxito que este personaje iba a tener, ya no sólo en el mundo literario, sino también en la televisión y, sobretodo, en el cine. De hecho, la primera aparición de Superman en una pantalla se remonta a finales de los años cincuenta, cuando actores como el malogrado George Reeves dieron vida al súper hombre. Sin embargo, no fue hasta finales de los años setenta cuando Superman contaría con la adaptación cinematográfica definitiva en la gran pantalla, gracias a la estupenda película de aventuras dirigida por Richard Donner (recién salido del gran éxito que había cosechado con “La profecía – The Omen, 1976”), en la que, un desconocido por aquel entonces, Christopher Reeve le aportaría al personaje la dimensión humana y el carisma definitivos. Planteada desde el comienzo como una gran súper producción, “Superman” se desmarcó de las películas de aventuras que se habían realizado hasta la fecha (con permiso de “La guerra de las galaxias – Star wars, 1977, que se había estrenado el año anterior), al combinar perfectamente la emoción del relato propio de los héroes de comic con una puesta en escena tan espectacular como grandilocuente.

    Antes de la destrucción del planeta Krypton, Jor-El (Brando) salva a su hijo pequeño, metiéndolo en una lanzadera espacial y arrojándolo a la galaxia. La lanzadera caerá en La Tierra, cerca de una granja propiedad de la familia Kent. Los Kent, que nunca han podido tener hijos, adoptan al pequeño y lo crían como si fuera suyo aunque, ya desde joven, hace alarde de unos poderes sobre humanos asombrosos. Ya de adulto, Clark, que es como los Kent lo ha llamado Clark (Reeve), entra a trabajar en un periódico de la gran ciudad de Metrópolis, donde trabajará con la dicharachera periodista Lois Lane (Kidder). Sin embargo, Clark Kent no es más que una tapadera para encubrir a su alter ego, Superman, que acudirá al rescate de sus conciudadanos siempre que se avecine un peligro. Los problemas vendrán cuando un despiadado criminal llamado Lex Luthor (Hackman) haga lo posible por destruir a Superman.

    Hablar de “Superman” es hablar de una de los largometrajes de súper héroes por excelencia. No sólo porque se trate de la primera gran producción acerca de un héroe surgido de los comics, sino porque, incluso más de treinta años después, aún sigue siendo recordada con cariño por todos los espectadores que, tal y como apuntaba en la promoción del film, “creyeron que un hombre podía volar”. No es para menos pues, “Superman”, aparte de contar con unos efectos especiales muy elaborados para su época (como hemos mencionado en la introducción, hacía a penas unos meses que George Lucas había revolucionado para siempre el mundo de los trucajes especiales), cada uno de sus elementos está integrado en el conjunto de forma ejemplar.

    En primer lugar, Donner apuesta por el relato de aventuras sin descuidar ni la importancia de los personajes –a diferencia de cómo sucedía en la más reciente versión sobre el héroe, “Superman returns – Superman returns, 2006”- ni se olvida de que es el responsable de que el largometraje sea un gran espectáculo, con las dosis de entretenimiento y emoción necesarias. Así pues, tras un comienzo ciertamente espectacular con la destrucción del planeta Krypton, y la aparición de los títulos de crédito a ritmo de la famosísima fanfarria compuesta por John Williams (considerada, a día de hoy, como una de las más célebres de la historia del cine), el film avanza con la suficiente agilidad como para que el público no esté ansioso por ver al protagonista en acción. Sin embargo, en honor a la verdad, hay que reconocer que cuando Superman comienza a aplicar sus poderes en pro del bienestar ciudadano, el público reacciona entusiasmado. En efecto, aquí es donde “Superman” gana enteros, ya que no sólo se trata de plasmar sus aventuras sino de diseñar y recrear secuencias ciertamente asombrosas, que no por ello carecen de sentido del humor (ver el instante en que un ladrón que está trepando por la fachada de un edificio se topa con Superman, que se limita a mirarlo sonriente sin moverse).

    En segundo lugar, “Superman” puede presumir (casi diríamos que junto con las dos últimas entregas de “Batman”) de ser una de las pocas películas de súper héroes en que las actuaciones de todo su reparto están a la altura de las circunstancias. En efecto, es muy fácil que las interpretaciones, ya sea de héroes o villanos, de películas basadas en personajes de comic recurran a los estereotipos más ridículos y sobreactuados por parte del reparto –aquí, por desgracia, la lista es larga: Arnold Schwarzenegger, Kevin Spacey, Jack Nicholson, Uma Thurman, Tommy Lee Jones, Jim Carrey, Danny de Vito, Willem Dafoe y un largo etcétera-. Por fortuna, a pesar de la, en ocasiones, irritante presencia del personaje al que encarna Ned Beatty, tanto los “buenos” (Reeve) como los “malos” (Hackman) resultan creíbles y, lo más importante, entrañables. Prueba de ello es la reacción de muchos espectadores quienes, ante las últimas adaptaciones que se han hecho y o que se van a estrenar, afirman “pues, para mí, el Superman va a ser siempre el primero, el que tuvo el accidente con el caballo y murió”. Yo, desde luego, me cuento entre los que opinan así.

    En definitiva, “Superman”, más allá de una película sobre súper héroes, es un excelente film de aventuras, muy bien hecho, con una historia interesante que, aunque recurre a varios clichés de este tipo de largometrajes, en ningún caso cae en el aburrimiento ni en el ridículo. Prueba del ello es que, con el tiempo que ha pasado desde que se estrenó, aún se sigue viendo con el mismo cariño que la primera vez. Eso sí, más vale centrarse en esta primera parte, y olvidarse de las lamentables secuelas que generó hasta mediados de los años ochenta.

  • MR. HYDE DICE:
  • Hete aquí la primera gran peli de súper héroes. No tengo ni idea de cómo tuvo que ser el momento de su estreno porque yo aún andaba de huevo en huevo pero, desde luego, tuvo que ser impresionante. Es verdad que, vista hoy en día, “Superman” tiene ya un tufillo a viejo que se nota mucho en su estética (y no me refiero sólo a la forma de vestir ni a los coches que van por la calle). Pero, a diferencia de otras películas de este palo y, por supuesto, de otras versiones que han venido después -¿alguien ha dicho Bryan Singer?-, lo que hace que treinta y cinco años después “Superman” siga resultándole simpática a la peña es su protagonista. No es que el pobre Christopher Reeve fuera un actor cojonudo pero, de lo que no hay duda es de que supo darle una humanidad, simpatía y ternura (sí, ya sé que dicho así suena un poco gay, pero es que es así) que ni si quiera las súper estrellas que iban de guays como Marlon Brando o Gene Hackman consiguieron. Y, por supuesto, de los otros actores que han interpretado a Superman, ya ni hablemos.

    “Superman” es una peli que la gente recuerda con cariño, aparte de por ver a Christopher Reeve, porque era una película de aventuras estupenda en la que, además, hay cabida para todo. Consiguen meter en una misma película los orígenes del súper héroe, su adolescencia, sus primeros logros y las misiones más chungas para salvar a Metrópolis del malo malísimo de turno (algo así como lo que hizo hace poco Christopher Nolan con “Batman begins – Batman begins, 2005”). Nada de esto se te hace aburrido, ni tienes ganas de que la historia avance aún más porque te lo van contando poco a poco y sin dejar de ser interesante. Además, otra cosa curiosa de “Superman” es que el malo también tiene un encanto particular porque, por mucho que se quiera cargar al Super y hacerse el amo del mundo y bla bla bla, el tío consigue que te caiga bien hasta cuando le enrolla a Superman un trozo de kriptonita al cuello y lo deja agonizando.

    Secuencias espectaculares no le faltan aunque, como os decía antes, hay algunas que ase ven viejas de cojones. Por ejemplo, mola el momento ese en el que Lois Lane cae de lo alto de un edificio, junto con un helicóptero y, por supuesto, Superman va echando pipas a ayudarlos a los dos, canta a la legua que el tío está colgado con un par de cables. O como cuando Superman se lleva a volar a Lois Lane para que vea toda Metrópolis por la noche. Pues vale que son escenas muy simpáticas y tal, pero se notan trucadas y viejas que te cagas (mejor ni mencionamos cuando, mientras van volando, a Superman se le posa en el brazo una paloma, que queda más cutre que cutre). Pero, por otra parte, también tiene sus momentos chulos, como cuando Superman hace de vía para evitar que un tren descarrile, o como cuando evita que un autobús escolar lleno de niños se vaya por un puente p’abajo. También es espectacular todo el principio, con la destrucción del planeta Krypton o el aterrizaje a lo bestia en medio de la granja de los Kent.

    Claro que, “Superman” funciona más por que combinan de perlas todos esos “episodios”. Tan pronto quiere ser un mortal más (y se pira al coño del mundo a dejar de ser un súper héroe) como que se da cuenta de lo mucho bueno que puede hacer teniendo todos esos poderes (que es lo que le pasa cuando cuatro macarras le zurran en un bar). Aparte, no faltan un poco las idas de pinza en la película, como cuando empieza a girara a toda pastilla alrededor de La Tierra para invertir el orden de los acontecimientos y retroceder el tiempo para evitar una tragedia gorda. Ahí, en mi nada humilde opinión, a los de la peli se es va un poco la pinza.

    Pero, aún así, “Superman” no deja de ser muy distraída. Por supuesto, la música que el grandísimo maestro John Williams compuso –y que aún sigue siendo una de las melodías más famosas de la historia del cine- tiene parte de mérito en todo ello. Aunque, de todos modos, yo creo que “Superman” funciona porque, contra todo pronóstico, el héroe, a pesar de que disfruta siéndolo (me encanta el momento en que vuelve al bar para enfrentarse a los mascachapas de turno y dice que es que ha estado haciendo pesas), es un tío humilde y majo, que es consciente de que tiene su responsabilidad con los humanos y que no va de presumido (de ahí la pinta de tonto que tiene el pobre con las gafas y ese flequillo). En fin, que sé que no es de lo mejor que he visto de películas de súper héroes pero, desde luego, sí una de las que merece la pena ver – mi chica se enganchó el otro que la pasaban por la tele, con una sonrisa de oreja a oreja-, a pesar de que ya tiene sus años. Divertida, simpática y que se deja ver con tanta nostalgia como buen rollito.

    domingo, 22 de abril de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "THE YELLOW SEA"

    TÍTULO:THE YELLOW SEA

    DIRECTOR:NA HONG-JIN

    REPARTO:HA JUNG WOO, YUN-SEOK KIM, JO SEONG-HA, LEE CHEOL-MIN

    DURACIÓN:137 min.

    AÑO:2010

    GÉNERO:THRILLER

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Lejos de querer dar la impresión de que únicamente entienden de aventuras épicas o de producciones fantásticas y de terror, el cine asiático (y, en particular, el chino, japonés y surcoreano) consigue demostrar, cada cierto tiempo –con la lamentable frecuencia con la que por estas latitudes nos suelen llegar sus producciones-, que es capaz de realizar propuestas originales y frescas, cuya calidad suele estar fuera de duda. Ejemplo, más o menos recientes, de ello son el Oscar a la mejor película extranjera que consiguió Japón en la edición del pasado año, y los constantes remakes de los que son objeto muchos de los largometrajes que allí se producen. En lo que concierne a la película que hoy comentamos, es el segundo trabajo como director de Na Hong-Jin, quien poco tiempo antes había conseguido un gran éxito con su primer film, “The chaser - Chugyeogja, 2008”. Aprovechando esta situación de privilegio en la que parecía encontrarse, Na Hong-Jin desarrolló una historia mucho más compleja, basada en la complicada situación económico-social de los habitantes de la zona fronteriza que se encuentra entre China, Rusia y Corea del Sur. No obstante, lejos de pretender realizar una película alegato o en tono político Na Hong-Jin elabora una ficción policíaca repleta de intriga y suspense en el que, aunque suene a tópico, nada es lo que parece.

    Gu-Nam (Jung-Woo) malvive trabajando como taxista y jugando al mah-jog en locales de juego. Debe una importante suma de dinero a un mafioso local, consecuencia del viaje que costeó a su mujer para que abandonara la miseria en China y partiera a Corea, para establecerse mejor y, desde allí, poder acudir después tanto Gu-Nam como la hija pequeña de ambos. Sin embargo, él presiente que ella lo ha abandonado, dedicándose a la prostitución. Por ello, cuando un misterioso y poderoso individuo llamado Myun (Kim) le ofrece saldar su deuda a cambio de que viaje a Ulsan, en Corea, para matar a un hombre, Gu-Nam no se lo piensa y acepta el trato, pues cree que, además, podrá localizar a su mujer. Aparentemente, la cosa es muy simple: posee el nombre y la dirección de la persona a quien tiene que matar. Sin embargo, cuando se disponga a ejecutar su “misión”, las cosas se revelarán mucho más complejas de lo que había supuesto.

    La mejor baza que explota “The yellow sea” es hacer creer al espectador que se puede anticipar a los hechos. Segmentado en cuatro episodios claramente diferenciados, el film resulta más o menos predecible durante su primera –y extensa- mitad. En ella se hace hincapié, tal vez con excesiva insistencia, en el complicado estilo de vida del protagonista, dando la sensación de que con ello se justifica la decisión que lo acaba llevando a Ulsan (tras el asesinato, hay un fondo noble: encontrar a su esposa y llevarla de vuelta a su hogar). Sin embargo, tanto esta parte del largometraje como la llegada a Corea y preparación para el crimen se alargan demasiado, repercutiendo ello desfavorablemente en el ritmo de la película que, en vez de aumentar la sensación de suspense, por el contrario, más bien la suaviza.

    Ahora bien, afortunadamente, la segunda mitad de “The yellow sea” se desmarca muy favorablemente de los primeros sesenta minutos. Es aquí donde el largometraje se convierte en un auténtico thriller repleto de suspense y acción, primando muchísimo más la acción más trepidante por encima de lo avanzado de la historia hasta el momento. Desde el instante en que Gu-Nam logra escapar de la policía y llega al supuesto punto de reunión en el que se supone que lo embarcarán de nuevo a China, hasta prácticamente su final, “The yellow sea” se las apaña para introducir al espectador en una auténtica pesadilla y juego de confusiones en el que tanto la violencia (atención a los enfrentamientos entre bandas de mafiosos, a base de cuchillos y hachas) como la espectacularidad de sus secuencias de acción (toda la persecución que sufre Gu-Nam por el muelle y la posterior persecución en coche) hace que resucite el interés por el film, mermado durante su primera mitad.

    Sin embargo, no se trata de simples fuegos de artificio o de la coreografía de grandes secuencias de acción al típico estilo oriental, en absoluto. Aquí, la acción es contundente y la violencia es dura y sin concesiones. Pero, más allá de estas duras secuencias, “The yellow sea” logra atrapar de nuevo la atención del público gracias a que lo que parecía un simple argumento es, en realidad, mucho más complejo de lo que parece: asesinatos por encargo, conspiraciones y traiciones entre miembros de una misma banda, relación de personajes entre sí por motivos que el espectador no habría sospechado y, sobretodo, la astucia y determinación de la que hace gala el protagonista principal (casi contra todo pronóstico, pues no parecía ser más que un pobre paleto forzado a hacer algo horrible). Todo ello se desarrolla sin prisa, dejando que el público disfrute de esa sensación de incertidumbre y desconcierto hasta que, ya en su final, todo queda aclarado –o, por lo menos, la inmensa mayoría-.

  • MR. HYDE DICE:
  • “The yellow sea” me la recomendó un buen amigo, porque leyó que tenía buena pinta y me dijo que podría ser buena opción para poner en la sección de Cine a descubrir. Así que ahí va lo que pienso después de haberla visto, esperando que os sirva más que un “tiene buena pinta, ¿por qué no la ves?”

    Si tuviera que calificar con dos palabras cómo es “The yellow sea” –a la que no sé por qué no le han puesto el título en castellano ya que, al fin y al cabo, hace referencia a una localización geográfica para la que la lengua de Cervantes sí tiene traducción- supongo que éstas serían “complicada” y “larga”. Ya, ya sé dicho así puede que no anime mucho a verla pero, lo cierto es que, después de verla, tampoco me arrepiento, aunque no es una película que me pondría otra vez.

    Aunque, al principio, te hacen una especie de introducción rápida para que sepas cuál es el problema de la gente que, después, va a salir, no hace falta estar muy puesto al día en temas de política para entenderla. Así que todo se podría resumir que la cosa va de un muerto de hambre que, para poder liquidar una deuda que lo está ahogando (eso y su adicción a esa especie de dominó raro al que juegan los chinos), acepta la pasta que le ofrece un mafioso para cargarse a un tío que vive en Corea del Sur. Pero, por supuesto, la cosa no es tan fácil como parece. Este mini-resumen es la parte que se entiende de “The yellow sea” porque, el resto, es hora y media en el que pareces estar más perdido que el protagonista. Ése es el mayor inconveniente de la película, que hace que te pierdas con una facilidad pasmosa, a lo que hay que añadir otro inconveniente que os puede sonar a risa, pero que jode a la hora de seguir el hilo: como todos los chinos tienen casi la misma cara, ¡no veas lo que cuesta diferenciar quién es quién!

    Volviendo al asunto del argumento, “The yellow sea” está dividida en cuatro partes. Las dos primeras las sigues sin problema pero, cuando llega todo lo que tiene que ver con el asesinato, la cosa ya se tuerce. De todas formas, no os preocupéis si no pilláis ni una durante un buen rato porque, aunque sea al final, todo queda más o menos claro. De hecho, hay un momento en que no comprendes ni quién persigue al pobre diablo que se mete en el follón, ni quién es el que lo ha ordenado todo, ni por qué. Pero tranquis, que ya os digo que todo tiene su explicación. Eso sí, lo que sí te queda claro desde el principio es que la policía coreana es gilipollas (y, si no, esperad a ver cómo se les escapa el pollo dos veces en sus propias narices, sin que los polis sean capaces ni de sacar una pistola de la cartuchera), y que los malos también son tontos del culo (para prueba, cómo doscientos chinacos y la madre no pueden pillar al prota mientras él se recorre el puerto y un barco anclado allí).

    Otra cosa que os decía de “The yellow sea” es que es larga. Como diría el friki aquel, po zí. Dura la friolera de dos horas y veinte minutos, sin que fuera necesario hacerlo tan extenso. Y, aunque pueda parecer una tontería, esa es otra cosa que juega en contra de la peli, que tiene momentos de mucha tensión y acción, y otros en los que podrían haber metido tijera a discreción sin que notaras la diferencia. Por poner un caso, en la tercera parte, que es cuando empiezan a perseguir al prota, la tensión está muy currada, y eso incluye una persecución (tanto a pinrel como en camión y coche) que fácilmente durará un cuarto de hora en el que, ya os digo, que ni pestañearéis. Pero claro, después de tanto interés, por necesidad tienen que aflojar otro poco más, que es cuando notas esa diferencia entre las partes más movidas y las más lentas.

    Pero, aparte de que pueda parecer complicada y larga, mentiría si dijera que “The yellow sea” no tiene un “algo” que hace que no te importe haber estado dos horas y pico delante de la tele –mi chica piensa lo contrario, así que vosotros podéis elegir el criterio que más os guste; como, por suerte, la crítica la hago yo…-. No sé si es porque la forma que tienen de acabar la historia mola o porque es tan enrevesada que, cuando la entiendes al final, te alegras. En cualquier caso, sí que os aviso de que la peli es violenta (en la vida había visto tanto cuchillo y hacha juntos clavándose en la peña) y que puede rallar un poco, pero que merece darle una oportunidad aunque sea para ver algo más diferente a lo que solemos ver de normal.

    Ah, una última cosa, yo no entendí muy bien una cosa que pasa al final, dentro de un banco. Si hay algún lector más espabilado que haya visto “The yellow sea” y lo ha pillado, le agradecería que me lo aclarara. ¡Gracias majetes!

    sábado, 21 de abril de 2012

    CINE EN CARTEL: "LOS JUEGOS DEL HAMBRE"

    TÍTULO: LOS JUEGOS DEL HAMBRE

    DIRECTOR: GARY ROSS

    REPARTO: JENNIFER LAWRENCE, JOSH HUTCHERSON, WOODY HARRELSON, WES BENTLEY, ELIZABETH BANKS, LENNY KRAVITZ,LIAM HEMSWORTH, STANLEY TUCCI, DONALD SUTHERLAND, WILLOW SHIELDS

    DURACIÓN: 140 min.

    AÑO: 2012

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Desde que las películas basadas en las aventuras del mago Harry Potter han llegado a su fin, y de que poco falta para que concluya la adaptación de las novelas de la saga "Crepúsculo" que escribió Stephanie Meyer, los productores de Hollywood han hecho lo imposible por encontrar otra serie de relatos novelescos que pueda trasladarse a la gran pantalla y, así, convencer a cuantos más espectadores mejor para acudir en masa a las salas. Sólo así se explica el descomunal interés que parece haber surgido entorno a "Los juegos del hambre", primera de las novelas juveniles escritas por Suzanne Collins (al igual que en los anteriores títulos citados, es una mujer quien se encuentra detrás de las creaciones). Sin embargo, como también suele suceder en estos casos, que los resultados artísticos se encuentren a la misma altura que los resultados ofrecidos por el film, son bastante dispares.

    En un futuro cercano, los Estados Unidos se encuentran divididos en doce distritos. Tras la rebelión provocada por el decimotercero, que fue sofocada con la consecuente exterminación de dicho distrito, todos los años se celebra una competición conocida como "los juegos del hambre". En ellos, se conmemora el levantamiento del decimotercer distrito, y se pone en juego la vida de un chico y una chica de cada distrito con el fin de que sólo uno de ellos sobreviva. Los elegidos en el duodécimo distrito son Katniss (Lawrence) -quien se presenta voluntaria en lugar de su hermana Primrose (Shields)-, y Peeta (Hutcherson). Ambos son escoltados por la estrambótica Effie (Banks) a la Ciudad Capitolio, donde se prepararán para participar en los juegos del hambre. Allí, serán aconsejados por Haymitch (Harrelson), un ex-campeón y borrachín perteneciente al duodécimo distrito, y por Cinna (Kravitz) que los orientará en su entrenamiento. Una vez empiece el show, dirigido por Seneca Crane (Bentley) y presentado por el extrovertido Caesar (Tucci), tanto Katniss como Peeta tendrán que concentrarse en una única cosa: sobrevivir.

    El referente más inmediato de la historia que plantea "Los juegos del hambre", podemos encontrarlo en la cinta nipona "Battle royale - Batoru rowaiaru, 2000", en el que, también en un futuro cercano, y como consecuencia de los altos niveles de violencia juvenil, se crea un programa en el que una serie de estudiantes y amigos deberán enfrentarse a muerte en una isla hasta que sólo uno de ellos sobreviva. Incluso el hecho de que sean un chico y una chica que sienten algo el uno por el otro quienes hagan piña para sobrevivir, queda también reflejado en "Los juegos del hambre". No obstante, dado que ni Hyde ni un servidor hemos leído ninguna de estas novelas de Suzanne Collins, nos es imposible determinar hasta qué punto se acerca la adaptación a lo que finalmente ha quedado recogido en la pantalla. Lo que sí podemos es dar nuestra opinión de "Los juegos del hambre" como el largometraje que es.

    A este respecto, resulta extraño que un director como Gary Ross (quien suele estar mucho más inspirado como guionista que como director) se haya puesto detrás de una producción como ésta. Probablemente sea por ello que "Los juegos del hambre" da la sensación de navegar por aguas un tanto indecisas, entre la película de acción más visceral y la clásica teen movie destinada a contentar al público más joven. Por este motivo, secuencias que requerirían de una mayor carga emocional como la de la separación de Katniss de su familia, la de los remordimientos y miedos de Katniss y Peeta antes de dar comienzo la caza, o de los problemas con los que se topa Katniss durante los enfrentamientos, están rodados sin garra, con una puesta en escena de lo más convencional (y que, dicho sea de paso, abusa en exceso de la cámara al hombro). Asimismo, el ritmo tampoco es otro de los aciertos del film. Dado que "Los juegos del hambre" podría separarse en tres partes diferentes (el principio en el distrito doce, el entrenamiento en el Capitolio, y el juego de supervivencia), todas están contempladas con la misma neutralidad, dejando que sea el público quien decida emocionarse con los instantes que considere más apropiados, en vez de guiarlo de forma que las reacciones sean las apropiadas (algo que, por ejemplo, sí sucede en secuencias como aquella en que Katniss debe cortar la rama en la que hay un avispero gigante, o cuando ésta debe hacer volar por los aires las provisiones del grupo rival).

    Así pues, a pesar de que los logros sean destacables en otros campos artísticos más secundarios (la excelente banda sonora de James Newton Howard o la fotografía del habitual colaborador de Clint Eastwood, Tom Stern), "Los juegos del hambre" da la sensación de ser un largometraje que debe su interés al simple atractivo que suponen los libros en los que se basa, muy por encima de lo que representa como película. Y todo ello a pesar de que las interpretaciones de todo el reparto son excelentes, algo poco frecuente en el cine de y para adolescentes. Una lástima, habida cuenta de la monumental expectación que había despertado el film.

  • MR. HYDE DICE:
  • Teniendo en cuenta el bombo que le han dado a esta película antes, durante y después de que se estrenara, que además está basada en un libro para adolescentes, y que ya se están preparando para hacer las segundas y terceras partes de turno, no sabía qué pensar antes de verla. Por una parte, no puedo evitar las comparaciones con esas mierdas como puños que son las pelis de "Crepúsculo" (de los libros no hablo porque ni me los he leído ni ganas) porque, hasta ahora, todo lo que he dicho, se puede aplicar perfectamente a las pelis de los vampiros y hombres lobo que se cuelan por una tía con cara de fumada. Pero, no sé por qué, me daba un poco mejor de buen rollo ésta de "Los juegos del hambre" que no las otras que mi chica se tiene que ver sola porque, después de la segunda, me negué a perder más tiempo y dinero en semejante porquería. Vale, pues después de verla, lo primero que me viene a la mente al recordar "Los juegos del hambre" es que no es para tanto.

    Para empezar, me hace gracia como algunos fueron (y siguen siendo) capaces de criticar una peli tan cojonuda como "Battle royale" por su violencia cuando resulta que, "Los juegos del hambre" es exactamente la misma historia, solo que hecha como para que los quinceañeros de turno se den de leches para ser los primeros en verla en el cine. Pero, si a la historia que te cuentan les quitas a los yanquis guapitos de cara y esa especie de ambientación futurista rara, y le pones a unos cuantos japoneses en una isla, lo que te sale es, ni más ni menos, que "Battle royale", sólo que mucho más... "blandita".

    En fin, dejando comparaciones odiosas de lado, reconozco que, para ser una película de críos, y bastante larga (dura dos horas y cuarto), la cosa la han hecho entretenida. Y fijaos que digo "entretenida", y no "emocionante", "divertida" o cosas por el estilo. ¿Y por qué? Pues muy sencillo: porque no es ni emocionante ni divertida que te mueres. Para empezar, lo de emocionante porque no hace falta ser muy lumbreras para saber quién acaba ganando esa especia de concurso a muerte, y qué les pasa a los malos con cara de sádicos que también participan. ¿Que la prota se las ve chungas en algún momento para sobrevivir? Coño, pues claro, si no la peli duraría una hora y no sería rentable. ¿Que le tienen que meter de por medio una historia de amor, aunque sea casi con calzador? Bah, pues se mete y a otra cosa mariposa. Y, por supuesto, ya que estamos, le metemos una pelea final con el malo de la función en la que parezca que no van a sobrevivir los buenos, por aquello de darle un toque final a la cosa que te haga estar atento a la pantalla. Esa es toda la emoción que tiene "Los juegos del hambre".

    En cuanto a lo de "divertida", pues bueno, no aburre, que no sé si es lo mismo o no, aunque sí os digo que se agradece, y mucho. Porque llego a pagar por estar deseando salir del cine, y me da un yuyu. Ahí reconozco que se lo han currado. Han adaptado una novela para chavalines (supongo que más o menos bien, porque ya os digo que no me la he leído) con la suficiente gracia como para que no se te haga eterna la película. Además, el ritmo está bastante logrado, teniendo en cuenta que todo empieza como una especie de drama (creedme si os digo que cuando se hace el sorteo de los "voluntarios" para el concurso, es lo más parecido a un campo de concentración, y al momento en que separaban a unos y a otros para darles matarile), para pasar a un trozo largo en el que no se sabe muy para qué sirve (aparte de para lucirse con decorados y vestuarios) en el que cada participante demuestra lo que sabe hacer y lo que no y, por supuesto, la última hora, en la que empieza el juego de caza (lo más interesante de todo).

    Hay algún que otro detalle que mola y que destaca por encima del resto, como cuando los preparadores de los chavales les aconsejan una u otra cosa para conseguir patrocinadores, o el momento en el que empieza la caza, cuando ves cómo los más bestias empiezan a repartir estopa sin pensárselo mucho, o cómo la prota se las tiene que ingeniar para poder ir librándose de cada uno de los capullines que se la quieren cargar. Pero vamos, por lo demás, "Los juegos del hambre" es una peli de lo más flojucha, que ha tenido un éxito bestial en su primer fin de semana (algo que no entiendo, os lo juro, porque he visto mil películas muchísimo más interesantes -y mejores- que ésta), y que dará mucho que hablar cuando se estrenen las segundas y terceras partes. Porque, no habíais dudado que las van a hacer, ¿verdad?

    viernes, 20 de abril de 2012

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "NO TENGAS MIEDO A LA OSCURIDAD"

    TÍTULO: NO TENGAS MIEDO A LA OSCURIDAD DIRECTOR: TROY NIXEY REPARTO: GUY PEARCE, KATIE HOLMES, BAILEE MADISON, ALAN DALE, JULIA BLAKE DURACIÓN: 99 min. AÑO: 2011 GÉNERO: TERROR
  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • A pesar de que hace casi cuatro años que Guillermo del Toro no se sienta tras las cámaras (el último film en que hizo fue “Hellboy 2: el ejército dorado – Hellboy 2: the golden army, 2008), el director mejicano no ha perdido el tiempo, dedicándose, más o menos de una forma parecida a la del realizador Luc Besson, a escribir y producir diferentes películas que se han ido estrenando desde entonces, logrando importantes éxitos de taquilla y reconocimiento de la crítica especializada. Así pues, mientras que en España apoyaba a jóvenes realizadores como J.A. Bayona o Guillem Morales con la producción de sus largometrajes “El orfanato – 2007” o “Los ojos de Julia – 2011”, respectivamente, en los Estados Unidos también ha hecho lo propio con “No tengas miedo a la oscuridad”. Así pues, partiendo de un relato corto escrito por Nigel McKeand, Del Toro a co-escrito y co-producido este modesto film de terror, en el que trata de explorar la materialización de las pesadillas más infantiles acerca de aquello que se esconde en los rincones más insospechados cuando se apagan las luces. La actriz debutante Bailee Madison y los ya veteranos Guy Pearce y Katie Holmes son sus protagonistas.

    Sally (Madison) es una niña pequeña que, tras el divorcio de sus padres, viaja al estado de Nueva Jersey para vivir con su padre Alex (Pearce) y la novia de éste, Kim (Holmes). Éstos, arquitectos los dos, han restaurado una vieja mansión, cuyo propietario original y su hijo desaparecieron hace más de un siglo en extrañas circunstancias. A su llegada, Sally descubre una entrada secreta a un lúgubre sótano cuya entrada se hallaba tapiada, y en la que parecen oírse extraños susurros procedentes de uno de los respiraderos. Conforme avanzan los días, Sally parece escuchar esas voces con más fuerza, descubriendo que, en realidad, proceden de pequeñas y violentas criaturas vulnerables a la luz.

    Para esbozar el argumento y las líneas a través de las que se moverá “No tengas miedo a la oscuridad”, Guillermo Del Toro y Matthew Robbins no se basan tan sólo en un relato corto, sino que desarrollan la historia centrándola en la existencia de unas criaturas anti-naturales que ponen en peligro la integridad de los personajes. Así pues, el poco interés de su propuesta se depende en exclusiva ya no sólo de cuán creíbles consigan ser sus protagonistas, sino de la forma en que la puesta en escena del casi debutante Troy Nixey consiga crear toda la atmósfera misteriosa y amenazante. Para ello, nixey juega con la ambientación de las luces, de forma que éstas se convierten en un elemento imprescindible para reforzar la sensación de miedo que se pretende emular. Por ejemplo, cabe señalar secuencias como aquella en la que Sally se mete entre las sábanas de su cama, alumbrándose con una linterna, y descubriendo la “sorpresa” que se esconde allí, o aquella otra en que la pequeña se ve acorralada dentro de una gran biblioteca, rodeada de estas criaturas, a las que consigue alejar momentáneamente con ayuda del flash de su cámara.

    Por desgracia, ni la labor tras las cámaras de Nixey ni la ambientación (tanto de sombríos decorados, ni de la inquietante música compuesta por Marco Beltrami y Buck Sanders) consiguen ser suplir la falta de garra del guión. Más bien al contrario, el libreto escrito por del Toro y Robbins cae en todas las trampas del –supuesto- cine de terror más comercial y sobre-explotado de las últimas décadas. Asimismo, las interpretaciones también le van a la zaga (tanto Pearce como Holmes dan la sensación de encontrarse totalmente perdidos en un film de estas características), de forma que todo el peso de la interpretación de referencia cae sobre los hombros de la pequeña Bailee madison, que cumple con su cometido con asombrosa eficacia.

    No obstante, por muy ajustadas que sean las interpretaciones, cualquier película de terror que se precie debe procurar, en la medida de lo posible, ser original tanto en su puesta en escena como en el tema que desarrolla. Y “No tengas miedo a la oscuridad”, por mucho que sea la adaptación de un relato corto, no consigue ni sorprender, ni distraer, ni resultar mínimamente original, sino que termina siendo un refrito mal orquestado de recursos utilizados y agotados en miles de ocasiones anteriores. Una lástima, sobretodo si se tiene en cuenta el talento que parecía esconderse detrás de ella. Desde luego, “No tengas miedo de la oscuridad” no merece la pena ni considerarse como distracción para alquilar esta semana en el videoclub.

  • MR. HYDE DICE:
  • ¡Menudo churro de película! Mira que, viniendo de alguien a quien se le habían ocurrido películas como “El espinazo del diablo - 2001” o “El laberinto del fauno – 2006”, esperaba que “No tengas miedo a la oscuridad” molara un huevo. Y mira tú por dónde que lo único que resulta ser es un bodrio del quince. Dicen que si se basa en un telefilm de hace años y no sé qué más historias. A ver, que los cuentos, como las películas, también pueden repetirse más que el ajo, que eso no tiene que servir de excusa para que la película que hagan basado en él sea también un truño. En este caso, “No tengas miedo a la oscuridad” repite punto por punto todos y cada uno de los topicazos de las películas de terror: casa enorme y siniestra, niña traumatizada por movidas familiares suyas, padres que no creen lo que les cuenta su retoño, bichos raros con mala leche que llevan un porrón de tiempo por el mundo y que tienen algún punto débil, escenarios con lluvia constante y truenos, etc.

    Sé que puede parecer redundante, pero dejad que comentemos estas cosas por separado, y veréis cómo “No tengas miedo a la oscuridad” es una chufla monumental. Primero, para empezar, la casa. Pero vamos a ver, ¿se puede saber qué manía tienen los americanos de hacer que todas las películas de miedo pasen en un caserón gigantesco? A ver cuándo se lo curran un poco y te montan la peli de terror en un piso de cincuenta metros cuadrados, que ahí sí que los quiero ver yo ser tan originales.

    Segundo, la niña/niño protagonista de turno. En este caso, la niña procede de un hogar roto por el divorcio de sus padres, y a la que le consienten todo porque la pobre no acepta a la nueva mujer de su padre. Por poneros una escena, hay un momento en la peli en que la cría pasa de cenar y su padre le dice que o se come el arroz o se va a a su habitación. ¡Uuuuuhhhh, qué pedazo de amenaza! Por supuesto, la niña se pira como si nada y los padres se quedan con cara de “ay, pero qué niña mas malota”. ¡Pero qué coño! Cuando yo no me quería comer la cena, o me la ponían para desayuno / comida / merienda / cena del día siguiente hasta que me la zampaba, o mi madre me metía un soplamocos que me devolvía el hambre de golpe.

    Tercero, los padres. Una cosa es ver lo que pasa a tu alrededor con los ojos de un niño pequeño, y otro ser tonto perdido. ¿Me vas a decir que encuentras un sótano abandonado como el de “No tengas miedo a la oscuridad” y lo primero que haces no es desinfectarlo de la mierda de dos cientos años que lleva acumulada? ¡Va, hombre, pero cómo no van a vivir ahí bichos escondidos? Lo raro es que no salgan dragones también de la chimenea. Y, por supuesto, estos progenitores no se creen lo que les cuenta la niña hasta que, o lo sufren en carnes propias, o no tienen más remedio que aceptarlo ante lo que pasa.

    Cuarto, los bichos. ¡Jo tú, qué originales! ¡Una casa llena de bichos demoníacos! Menos mal que sólo hemos visto otras cien pelis parecidas en las que los bichos las cambian por muertos vivientes, espíritus, maldiciones, fantasmas, monstruos, duendes cabrones y hasta el hombre del saco porque, si no, nos cagaríamos encima de lo original que es el tema. Sin ir más lejos, no tenéis más que echarle un vistazo a otras dos obras de arte –sí, estoy siendo sarcástico- como “En la oscuridad – Darkness falls, 2003” (que es una mierda), o “La otra hija – The new daughter, 2009” (que es otra mierda, de esas perlas de Kevin Costner “regala” de cuando en cuando), por poner dos ejemplos. A ver si encontráis las siete diferencias…

    Quinto y último, el escenario. Ya partiendo de que, en “No tengas miedo a la oscuridad”, la casa no está embrujada (¡¡bieeeeeeeeennnn!!), también para variar resulta que toda la acción tiene lugar en un escenario en el que llueve todo el puto día y no hay casi luz. Jo tú, casi empieza a parecer exclusivo de las pelis cutres de miedo. Porque vamos a ver, ¿cómo se come que, en un sitio en el que no hay luz ni por casualidad, los personajes prefieran ir siempre con linternas antes que encender la luz? Que ya sabemos que el precio ha subido un huevo últimamente, pero no creo que sea para tanto. Y, si os parece que exagero, no tenéis más que ver un par de momentos en que la niña se queda atrapada en su habitación y en una biblioteca enorme. Pues la mocosa prefiere ir con la linternita de marras antes que encender una lámpara. Como veis, otra cosa no, pero espabilada sí que es un rato.

    En fin, que si hace más de treinta años Kubrick no necesitó ninguna de estas paridas para hacer de “El resplandor – The shining, 1980” una obra maestra del cine de terror, ya me dirás tú cómo es posible que, ahora, en pleno siglo XXI, y con muchísima más tecnología que la de entonces, se soplen estas mierdas y se queden tan panchos. En fin, que no merece la pena que os la alquiléis este fin de semana, que lamentaréis haber malgastado los dos o tres euros de turno. Si, al menos, “No tengas miedo a la oscuridad” hubiera sido como sus primeros cinco minutos, con esa ortodoncia casera a lo bestia, otro gallo hubiera cantado.

    jueves, 19 de abril de 2012

    CINE ACTUAL: "PEARL HARBOR"

    TÍTULO: PEARL HARBOR DIRECTOR: MICHAEL BAY REPARTO: BEN AFFELCK, JOSH HARTNETT, KATE BECKINSALE, CUBA GOODING JR., ALEC BALDWIN, JON VOIGHT, COLM FEORE, TOM SIZEMORE, DAN AYKROYD DURACIÓN: 183 min. AÑO: 2001 GÉNERO: BÉLICA
  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Tras los grandísimos éxitos consecutivos de los anteriores films de sus anteriores films como equipo de director / productor, Michael Bay y Jerry Bruckheimer se pusieron el listón mucho más alto, decantándose por rodar una de las producciones más caras y ambiciosas de la historia -al menos, hasta el día de hoy-. Tras la buena acogida que había tenido entre el público veraniego ese entretenimiento de primera que es "La roca - The rock, 1996" y la adrenalítica "Armageddon - Armageddon, 1998", ambos centraron su atención en el ataque que supuso la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, viendo en el bombardeo sufrido en Pearl Harbor una oportunidad única para rodar tanto una historia de amor como un súper espectáculo lleno de secuencias asombrosas. Ahora bien, ¿está el resultado a la altura de las circunstancias? En seguida os damos nuestra opinión.

    Rafe (Affleck) y Danny (Hartnett) son dos amigos que han crecido juntos. A principios de la década de los cuarenta, ambos ya son adultos y están alistados en el ejército estadounidense, donde dejan constancia de su gran pericia como pilotos de combate. Rafe tiene una novia llamada Evelyn (Beckinsale) de la que está locamente enamorado. Cuando empiezan los primeros conflictos en Europa, Rafe se presenta voluntario para apoyar a las tropas inglesas contra los nazis, por lo que debe separarse de Evelyn y Danny para ir a combatir. Tras un aparatoso combate, se da a Rafe por muerto, para desesperación de su novia y su mejor amigo. Tras un tiempo, Danny y Evelyn comienzan a salir juntos por lo que, cuando Rafe hace aparición de nuevo súbitamente, la situación entre los tres será complicada. Todo ello, coincidiendo con el ataque de las tropas japonesas a Pearl Harbor.

    Los responsables de "Pearl Harbor" no tienen un pelo de tontos. Sabían a la perfección que si centraban su atención tan sólo en la parte espectacular de la película, ello podía derivar en una excesiva saturación por parte del público, por lo que el guionista Randal Wallace (muy conocido por su libreto para la oscarizada "Braveheart - Braveheart, 1995") desarrolló una historia que combinaba tanto el romanticismo más desbordante como la acción trepidante. Así pues, durante los primeros ochenta minutos de metraje se relatan los pormenores del complejo triángulo amoroso que se forma en torno a los personajes principales, aprovechando la más mínima ocasión para dejar clara constancia de lo lujosísima y lograda que es la ambientación del film (tanto el diseño de vestuario como los decorados son magníficos, al igual que la hermosísima fotografía de Jason Schwartzman). Además, el acompañamiento musical a cargo del siempre genial Hans Zimmer no hace sino reforzar esa sensación de harmonía amorosa.

    Ahora bien, pasada esta larga introducción, el director sumerge de lleno al público en el verdadero espectáculo. Ya desde ese impresionante plano en que se observa a los aviones japoneses volando en formación y a centenares hacia Pearl Harbor, hasta que concluye el episodio del bombardeo (atención al plano de la bomba cayendo sobre uno de los destructores, o el de otro de los barcos ladeándose mientras se hunde y los marineros hacen lo posible por salvarse), y pasando por el del enfrentamiento de los protagonistas con los japoneses a bordo de sus respectivos aviones, "Pearl Harbor" demuestra por qué es una súper producción en toda regla. El diálogo (intrascendente en buena parte de su primera mitad) da paso a la acción más deslumbrante, donde Bay demuestra por qué es uno de los mejores directores del cine actual a la hora de montar set pièces salvajes, donde la palabra queda prácticamente reemplazada por la emoción trepidante y la acción repleta de testosterona.

    No obstante, poco podríamos decir de las excelentes escenas de acción que no sea mejor apreciarlas en la misma película. Por otra parte, cierto es que se le ha criticado desde diferentes procedencias a "Pearl Harbor" que hace gala de un patriotismo exagerado y de una puesta en escena más basada en los efectos especiales que no en la construcción de una buena película. Respecto al patriotismo, tan sólo apuntar que ya quisiéramos los españoles sentirnos la mitad de patrióticos que los norteamericanos cuando ven una de sus banderas (aquí, parece que nos dé miedo con tal de que no nos tilden de fachas) que, por otra parte, en un largometraje como "Pearl Harbor" consiguen retratar a su "enemigo" con una dignidad y respeto ejemplares (los japoneses nunca son mostrados como los "malos" de turno, sino como soldados de un bando contrario, con sus rituales y motivaciones particulares). Y, en opinión de un servidor, eso es algo ejemplar. En lo que concierne a la puesta en escena, considerar a "Pearl Harbor" como algo más que no sea una mera distracción es un error. El film es un espectáculo grandioso, que es consciente de ello, y que no desperdicia la oportunidad de mostrar secuencias tan apabullantes como impresionantes.

    Así pues, en resumidas cuentas, tan sólo cabe decir que, aunque "Pearl Harbor" no sea una película perfecta, tampoco lo pretende. Sin embargo, lo que sí consigue es distraer, emocionar y divertir al espectador, durante las poco más de tres horas que dura. Eso sí, tres horas de goce dedicado al espectáculo que nos estadounidenses tan bien saben fabricar.

  • MR. HYDE DICE:
  • Papá de la sobrina más bonita del mundo, ésta va por ti...

    "Pearl Harbor", es un peliculón. Al margen de lo mucho que la quieran destrozar algunos, "Pearl Harbor" es un espectáculo en estado puro. Pero, ¿qué pasa? ¿Que ni a Michael Bay ni a Jerry Bruckheimer se les puede dejar hacer una película de este palo tranquilos? A ver, que no se trata ni de dar lecciones de historia ni de soltar sermones en plan dogma (para eso ya tenemos a Malick y Von Trier que nos duermen con sus bodrios), sino de hacer una peli que entretenga, distraiga y, de paso, que te deje con la boca abierta por cómo está hecha. Y, a ese respecto, "Pearl Harbor" cumple como una campeona. Si os he soltado este párrafo así medio cabreado no es porque esté hoy más irascible, sino que me toca bastante las pelotas que, cuando se estrena una peli de este tipo, ya te vienen los puristas de siempre diciendo que si es mala, que si no sé qué, que si no sé cuántos. A ver, señores, que esto es un simple espectáculo que lo quiere es hacer mucha pasta por un lado, y por otro, que te lo pases teta durante las tres horas que dura. Sobre lo primero, no tengo mucho que decir pero, sobre lo segundo, ya os digo yo que son tres horas que se me pasaron que ni me enteré.

    ¿Tiene "Pearl Harbor" cosas que se podrían mejorar? Por supuesto, como el 99,99% de las películas que se estrenan en un cine. ¿Por ejemplo, cuáles? Pues, para empezar, y sin que sirva de precedente, los tres actores principales. El pobre Ben Affleck no tiene ni pajolera de actuar (en cambio, dirigiendo, el tío es un crack), así que se pasea por la peli con una cara de besugo de mil demonios, esperando que entre tanto efecto especial no se le note mucho que el tío va más perdido que Charlie Sheen el día del orgullo gay. Después, la actriz que cogieron para el papel de "la chica", pues tampoco es que sea descomunal. Y no lo digo como algo en plan "podía estar más buena", sino en plan de que cuesta de creer que dos súper amigos se vayan a partir la cara por ella, ya que en el mismo sitio hay tías que le pegan cincuenta vueltas (Charlize Theron fue la primera a la que ofrecieron el papel, y esa sí que hubiera hecho creíble que los muchachos se hubieran puesto a aullar como coyotes al verla). Y, por último, el pobre Josh Hartnett, pues demuestra que aún le queda pero que mucho por aprender para demostrar que sabe interpretar mínimamente pero, como tampoco es que salga tantísimo, pues aún tiene un pase.

    Por supuesto, hay otra cosa que me parece de cágate lorito, que es el patriotismo hortera que desprende la peli. Vale que a los yanquis les encanta eso del God bless America, los saludos militares y tal pero, si lo vas a meter en una película como ésta (donde puede lucir mejor que en ninguna), al menos hazlo con algo de gracia, no de forma tan lamentable. Os pongo un par de ejemplos. El primero, en mitad del bombardeo: le han metido un petardazo del carajo a uno de los buques, y le han saltado las tripas a uno de los generales de esos que mandan mucho. Se le acerca un soldado negro y, después de decirle que no pasa nada, que aunque él sea el cocinero algo podrá hacer, se planta como un pino y le hace el saludo militar más orgulloso que el nene que hace pis en la taza por primera vez. Pero, lo que ya es de apaga y vámonos es el segundo ejemplo: cuando están a punto de bombardear Japón, los dos protagonistas pasean por la cubierta de un portaaviones y, su jefe, mirándolos fijamente, le suelta al subalterno que tiene al lado: "¿Sabes cómo sé que ganaremos la guerra? Por ellos. No hay nada más fuerte que el corazón de un voluntario" ¡Toooooooma del frasco Carrasco! Ahí lo suelta el payo y se queda más fresco que una lechuga. ¡Con dos cojones!

    Bueno, esa es la parte más cutre y mejorable de la peli. Aparte de eso, "Pearl Harbor" se le perdona todo porque es una montaña rusa desde que empieza hasta que acaba. Es como si la peli estuviera dividida en dos mitades. En la primera, todo es así más tranquilito, donde te cuentan toda la parte más romántica, hay más amor que en un capítulo de los Ositos Amorosos, e intentan que la historia vaya colando por ahí. Eso sí, cuando llega la segunda parte (empezaría más o menos cuando los japoneses despegan para el bombardeo de Pearl Harbor), es donde te demuestran en qué se han gastado los doscientos millones de la verde moneda que les costó la broma. A partir de ahí, agárrate los machos Manolete, porque la peli es un espectáculo de cojones, guapísimo, y en el que te pasas sin pestañear casi la hora y media restante.

    No os podría destacar una sola escena, porque toda la segunda mitad deja con la boca abierta. Los combates aéreos y todos los bombardeos, son de lo más impresionante que he visto en mucho tiempo en una pantalla de cine. Así que, antes de acabar -que hoy me he enrollado yo más de la cuenta-, sólo deciros que consigáis "Pearl Harbor" cuanto antes en DVD o, aún mejor, en Blu-Ray, y que la pongáis a todo trapo en la tele más grande de la casa. Un peliculón así de guapo no merece menos.

    miércoles, 18 de abril de 2012

    CINE DE LOS 90: "EL CUERVO"

    TÍTULO: EL CUERVO

    DIRECTOR: ALEX PROYAS

    REPARTO: BRANDON LEE, ERNIE HUDSON, MICHAEL WINCOTT, ROCHELLE DAVIS, BAI LING, TONY TODD

    DURACIÓN: 102 min.

    AÑO: 1994

    GÉNERO: FANTÁSTICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Las adaptaciones cinematográficas de aventuras de personajes de cómic, no sólo es un recurso cada vez más frecuente en Hollywood sino que, además, una apuesta casi segura de los grandes estudios para arrasar en la taquilla. Sin embargo, al igual que hay muchos tipos de adaptaciones (desde las maravillosas películas de Christopher Nolan acerca de “Batman”, hasta las horrorosas versiones de “El motorista fantasma”), también hay muchos tipos de comics que se han visto trasladados a la gran pantalla. Evidentemente, ni todos están protagonizados por súper héroes, ni tienen por qué tratar temas parecidos. Buena prueba de ello son dos excelentes películas como “Camino a la perdición – Road to Perdition, 2002” o “Una historia de violencia – A history of violence, 2005” que, aunque no lo parezcan, tienen su origen en la viñeta. Del mismo modo, al igual que son abundantes los comics protagonizados por súper héroes, también ocupan un lugar de importancia aquellos protagonizados por anti-héroes que, poseedores o no de talentos y poderes fantásticos, ejercen su particular lucha contra el mal. Así sucede con “El cuervo”, creado por el dibujante James O’Barr, cuya adaptación cinematográfica es, hoy en día, más recordad por haberle costado la vida a su principal intérprete, Brandon Lee, que no por el inspirado largometraje que es.


    En la Noche de Difuntos, Eric Draven (Lee) y su novia son brutalmente asesinados por una banda de maleantes. A pesar de que el policía encargado del caso, el sargento Albrech (Hudson) hace lo posible por detener a los culpables, no existen pruebas incriminatorias suficiente para procesarlos. Un año después, y tal y como aseguran ciertas leyendas, un cuervo puede traer el alma de los muertos de nuevo al mundo para que éstos puedan terminar ciertos asuntos que han quedado pendientes. Será entonces cuando Eric vuelva a la vida y, caracterizado como un mimo guiñolesco, emprende su particular venganza, con la ayuda de la pequeña Sarah (Davis) -una niña pequeña amiga de la pareja-, buscando a aquellos que lo mataron a él y a su novia, y llegando hasta Dollar (Wincott), el jefe de una peligrosa banda criminal.


    “El cuervo” pertenece a esa clase de films de atmósfera semi-apocalíptica, llenos de destrucción, oscuridad y anarquía. En ella, son pocos los recodos de la ciudad en que se puede respirar la paz, siempre amenazada por los actos salvajes de los individuos más incivilizados. No obstante, sería injusto juzgar la película por la decisión de adaptar con tanta fidelidad la esencia de la historieta gráfica en la que se basa. En efecto, “El cuervo”, lejos de querer ser una versión más de comic llevado al cine, se preocupa porque los diferentes elementos que hacen de ella una obra digna queden bien definidos.


    En primer lugar, la puesta en escena de Alex Proyas es más que notable. No hay prácticamente un solo recurso narrativo que no sea convertido a imágenes: desde los planos distorsionados para la visión subjetiva del cuervo, pasando por los grandes travelling (Eric saltando por los tejados de la ciudad, o en la pelea final que tiene lugar en lo alto de la catedral), los grandes picados (presentes en la mayoría de muertes provocadas por Eric –atención al momento en que éste prende fuego a un dibujo con la forma de un cuervo que ha hecho en el suelo-), o el montaje rápido para las secuencias de acción. Además, como apuntábamos antes, toda la esencia del comic original queda recogida en la pantalla, especialmente presente en secuencias como la del regreso de Eric a la que había sido su casa (cómo se viste y caracteriza como un mimo siniestro, incluyendo el instante en el que se balancea por el exterior de la ventana tras el que descubre que es inmune a las heridas), haciendo que ese ambiente tenebroso juegue muy a su favor, tanto para las escenas en las que da su merecido a los que lo mataron, como en aquellas en las que se pretende arrojar algo de esperanza hacia los personajes que buscan la redención (cuando Eric le extrae la morfina a la madre de Sarah, cuándo ésta le prepara el desayuno a su hija, o como cuando ésta se deja abrazar por Eric).


    En segundo lugar, el desarrollo de la historia (que no del guión) es de lo más efectivo. Partiendo de un argumento muy simple –al fin y al cabo, el largometraje no es más que una historia de venganza tremendamente violenta-, “El cuervo” consigue encandilar al espectador con esa mezcla de “violencia romántica” (si se me permite el término), cuyo objetivo final es tanto la sed de venganza como la de honra al amor perdido. Así queda reflejado en escenas como, por ejemplo, los continuos flashbacks de Eric a lo largo del film (cuando recuerda cómo le pidió a su novia que se casara con él, cuando se divertían en su casa…) o en el instante final en que, cumplida su “misión”, ésta le acompaña dócilmente, de nuevo a la tumba.


    Cierto es que el hecho de que Brandon Lee muriera durante su filmación como consecuencia de una munición equivocada durante el rodaje de un tiroteo fue algo trágico, pero quedarse tan sólo con ese detalle morboso, o con los prejuicios que puedan existir acerca del marco espacial en que se desarrolla la historia, es desperdiciar la oportunidad de ver un largometraje casi hipnótico, a pesar de su crudeza y violencia.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Ufff, menudo rollaco ha soltado el de arriba para justificar que “El cuervo” le gusta más que a un tonto un lápiz! Yo voy a ser más directo: “El cuervo” mola porque es una peli cojonuda, y punto. No tiene para nada las paridas que te suelen enseñar de vez en cuando en más de una película de súper héroes (más que nada porque el prota tiene de héroe lo que yo de fraile), sino que se limitan a contarte la historia de una venganza en estado puro, sin andarse por las ramas. De hecho, lo único que tiene así un poco más en plan fantástico es el hecho de que a él no lo puedan matar porque el resto, esa especie de juego de “caza al malo” es de lo más directa y explícita (y, si no, esperad a ver cómo deja a los dos primeros malos –al que le gustan los cuchillos y al que le pega a la heroína-).


    A mí, a diferencia del pedantillo de Jekyll, no me moló tanto el rollo ese de ciudad destrozada, calles llenas de coches quemados y humo saliendo de las alcantarillas -¿se puede saber qué coño tiran los americanos por el váter para que siempre salga humo de las rejillas?-. Personalmente, me hubiera gustado un poco más que el tono no fuera tan sombrío, por mucho que sea parecido o no al comic del que sale todo. Pero bueno, aparte de eso, “El cuervo” es una película cojonuda por unas cuantas razones que os cuento ahora en seguida.


    La primera, es hace que, a pesar de lo violenta de la historia, te enganche tanto si eres un tío o tía. ¿Y por qué? Muy sencillo. A los tíos, nos gusta todo eso del justiciero que da matarile a los malos que lo jodieron antes a base de bien, y mucho mejor cuanto más enrevesado es el castigo (por ejemplo, lo que hace con el gordo al que le empeñan el anillo de compromiso), o la pelea con el malo de turno (al final, con esa iglesia monstruosa y cara a cara con ese malo asqueroso y vicioso). A las tías, porque detrás de toda esa venganza, hay una historia de amor de un chaval que se ha quedado sin el amor de su vida y que actúa movido tanto por el odio hacia sus asesino como hacia la persona que amaba, entre las cuales también se encuentra esa niña de la que cuida incluso después de muerto. De hecho, hay una frase, al final de la peli que dice algo así como “los edificios pueden caer; las naciones se pueden tambalear; pero el amor verdadero, es para siempre”. Creo que esto resume bastante bien lo que trato de decir.


    La segunda, porque “El cuervo” mola mazo. Desde que empieza, ya intuyes por dónde van a ir los tiros –nunca mejor dicho- y, a los diez minutos, ya estás enganchado por la historia. Además, no se hace nada aburrida, ya que entre que el bueno empieza a investigar quién y por qué lo asesinaron, y les da caza, ya se te pasa casi toda la peli. También es cierto que tiene detalles un poco repelentillos que podrían haberse ahorrado (como que el malo y su hermana se hayan acostado a la vez con una chica a la que se acaban cargando, y luego hagan magia negra con su cuerpo –aún recuerdo ese plano en el que tiran uno de sus ojos al fuego… ¡Uagh!-). Pero, independientemente de ello, “El cuervo” hace que no te aburras para nada, y que sigas con ganas todo lo que pasa hasta que el bueno se carga a todos los malos.


    Además, hay un par de cosas que me gustaron especialmente de “El cuervo” y que, a decir verdad, me extraña que no os haya contado el de arriba. La primera es la música donde, tanto la original de Graeme Revell –no os perdáis el tema Return to the grave- como la selección de canciones originales –me quedo con la de Burn, de The Cure-, que acompaña a las imágenes de que te cagas. Y, la segunda, es la fotografía con la que está hecha la película. A pesar de ser más oscura que el futuro de la mita de bancos del país, “El cuervo” guarda esa especie de misterio todo el rato gracias a los tonos que utiliza (cuando el protagonista entra en su casa después de resucitar, cuando se maquilla, o cada vez que sale por la noche).


    En fin, que “El cuervo” es una peli que se sale, como una especie de “Ghost – Ghost, 1990” pero a lo burro, y que te tiene interesado hasta el final. Vale que no es de las mejores películas del mundo (tampoco lo pretende) pero, al menos a mí, me gustó mucho cuando la vi. Y no necesito darle tantas vueltas para decirlo, ¿eh Jekyll?




    martes, 17 de abril de 2012

    CINE DE LOS 80: "TRAS EL CORAZÓN VERDE"

    TÍTULO: TRAS EL CORAZÓN VERDE

    DIRECTOR: ROBERT ZEMECKIS

    REPARTO: MICHAEL DOUGLAS, KATHLEEN TURNER, DANNY DE VITO, ALFONSO ARAU, HOLLAND TAYLOR

    DURACIÓN: 108 min.

    AÑO: 1984

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • A principios de los años ochenta, un joven realizador llamado Robert Zemeckis, había realizado una simpática aunque muy intrascendente comedia llamada “Frenos rotos, coches locos – Used cars, 1980”. Animado por el grato gusto que le había supuesto tal experiencia tras las cámaras, asistió a un seminario en el que un tal Steven Spielberg hablaba sobre la realización cinematográfica. Zemeckis, ilusionado por las palabras del cineasta, se le acercó y le habló sobre un guión en el que él y un amigo suyo habían empezado a trabajar, y que versaba sobre las aventuras de un joven que, accidentalmente, retrocede en el tiempo a bordo de un espectacular coche, siendo testigo de cómo sus padres de conocen. Spielberg que, según parece, se olió que Zemeckis tenía potencial, le sugirió que, antes, probara que era capaz de realizar una película de aventuras menos compleja, y demostrara que estaba a la altura para ponerse al frente de una gran producción como aquella. Para dicho “intento”, se decantó por una historia de aventuras al más puro estilo clásico de los relatos de Allan Cuatermain, consiguiendo interesar al actor Michael Douglas quien, rápidamente, convenció a sus buenos amigos Danny de Vito y Kathleen Turner para que se unieran a él en este nuevo film. El resultado fue “Tras el corazón verde” que, además de suponer un gran éxito de público y crítica, le reportó el Globo de Oro a la mejor actriz de comedia a su protagonista principal, y a la mejor película en apartado de comedia / musical. El resto, ya se conoce.


    Joan Wilder (Turner) es una escritora de novelas de aventuras que vive la vida más a través de los personajes de sus novelas –con los que suele fantasear a menudo- que por ella misma. Un día, recibe un extraño aviso por parte de su hermana Gloria (Taylor), que se encuentra en mitad de la selva colombiana, pidiéndole ayuda, puesto que ha sido secuestrada. Joan no se lo piensa dos veces y decide acudir en su ayuda. A su llegada a Colombia, Joan descubre que su hermana se ha visto involucrada con una peligrosa banda de traficantes de joyas, cuya intención es apoderarse de una legendaria gema conocida como el “corazón verde”. Aparentemente, Joan posee la clave para hacerse con ella, por lo que será objeto de asedio por parte de dicha banda. Afortunadamente, se cruza en su camino un explorador aventurero llamado Jack Colton (Douglas) que, a cambio de una buena suma de dinero, acepta ayudarla a hacerse con la joya. A ellos, se les unirá también Ralph (De Vito), uno de los granujas que pretende hacerse rico en cuanto consiga la famosa joya.


    “Tras el corazón verde” es una película de aventuras excelente. Cierto es que se aleja del tono más puramente aventurero que Spielberg había adoptado unos años antes con la primera entrega de las aventuras de Indiana Jones (el mismo año en que se estrenaba “Tras el corazón verde”, llegaba también a las pantallas “Indiana Jones y el templo maldito – Indiana Jones and the temple of doom, 1984). Sin embargo, el film funciona de forma extraordinariamente efectiva, dosificando a la perfección las dosis de emoción necesarias, y dotándolo de un ritmo trepidante, lo cuál es mérito del guión, las interpretaciones, y la puesta en escena del propio Zemeckis.


    El guión es lo suficientemente sólido como para desarrollar toda una intriga en el más puro estilo del cine de aventuras clásico, incluyendo elementos como tesoros milenarios escondidos, pistas ocultas en mapas, villanos que quieren hacerse con él a toda costa, héroes improvisados con su pillería encantadora, y heroínas que se ven casi obligadas a actuar como tales a causa de las circunstancias. Ninguno de los personajes ni ninguna de las situaciones, dentro de la ficción, resulta exagerado ni increíble (no se trata de súper héroes capaces de grandes logros gracias a determinados atributos), sino que son retratados como personas normales y corrientes que se ven envueltas en situaciones extraordinarias. Ello, junto con la acumulación de los ingredientes señalados del cine de aventuras, logra que el público conecte con ellos, sintiéndose interesado por lo que les ocurre, y dejándose llevar por la misma magia de la historia.


    Por lo que respecta a las interpretaciones, no cabe la menor duda que tanto De Vito, Turner y, especialmente, Douglas disfrutan al máximo de sus personajes. Cada uno dentro de su correspondiente papel, cumple a la perfección con su cometido, otorgándoles una humanidad remarcable. Michael Douglas destaca como el héroe aparentemente movido por el dinero que, una vez comienza sus peripecias, cae hechizado por la inocencia y belleza de su compañera de aventuras. Kathleen Turner, por su parte, está radiante como la casi hipocondríaca escritora de aventuras que se ve envuelta en la hazaña de su vida, decidiendo vivirla como nunca habría imaginado, y que también queda fascinada por la rudeza y seguridad del héroe de turno. Por su parte, Danny de Vito pone el punto cómico al conjunto, encarnando a un ladronzuelo de poca monta tan farfullero como entrañable.


    En lo que concierne a la dirección de Zemeckis, éste demuestra una habilidad ejemplar a la hora de rodar tanto los momentos más “neutros” del film, como aquellos repletos de aventura. Así pues, gracias a un ritmo de intriga casi constante (desde el comienzo, sabes que están espiando a la protagonistas, aunque tardas en averiguar por qué), Zemeckis hace que el guión luzca al máximo. Así pues, en conclusión, “Tras el corazón verde” es una película de aventuras a la antigua usanza llena de emoción, que consigue distraer al público y hacer que disfrute con las peripecias de los personajes en las que, por momento, también tiene la impresión de estar participando. Desde luego, era más que evidente el brillante porvenir que Robert Zemeckis tenía en la historia reciente del cine.



  • MR. HYDE DICE:

  • “Tras el corazón verde” es una de las primeras películas así en plan aventuras que recuerdo, al igual que la segunda parte, “La joya del Nilo – The jewel of the Nile, 1985” (aunque ésta ya me gustó un poco menos). No es el no va más del cine de aventuras, ni estás ahí enganchado al sofá a lo bestia por la emoción de lo que te cuentan, pero eso no quita para que sea una peli muy distraída e interesante. Es más, da la sensación de que más que una película, están haciendo una novela de aventuras en movimiento o, al menos, esa es la impresión que me da a mí por su argumento y cómo te la cuentan. Lo que sí que no se pone en duda es que está hecha de perlas, y que no se deja tópico de cine de aventuras por tocar pero, por suerte, de una forma súper dinámica y entretenida.


    Para empezar, a Michael Douglas le falta cambiar el sable corta-palmeras ese que lleva por el látigo para ser igual que Indiana Jones. Y a la cueva en la que está escondida el pedrusco que todos buscan también le faltan las típicas trampas mortales para el que se atreve a entrar (como roca gigante persiguiéndoles, por ejemplo). No, en serio, bromas aparte, creo que lo que hace un poco más original a “Tras el corazón verde” son algunos detalles. Para empezar, la protagonista no es la típica “chica de película”, ni tampoco la que va en plan Lara Croft repartiendo estopa a tutiplén. Aquí, la chica es de todo menos aventurera, lo que hace que te caiga bien cuando empieza a meterse en esos follones para rescatar a su hermana de los que la tienen secuestrada. Michael Douglas, por su parte, se lo pasa pipa haciendo de héroe a la fuerza así en plan socarrón.


    El resto que no tiene que ver con los actores, pues es eso, peli de aventuras muy entretenida. Ahora mismo, no recuerdo ninguna escena así que me marcara más que otra, porque el recuerdo que tengo de ella es el de los dos pavos, buscando como locos el pedrusco verde por la selva sudamericana, y esquivando balas y a los malos por todos los lados. Sí que recuerdo, por ejemplo, que me llamó la atención el final, con toda la pelea que hay entre el bueno y los malos en lo alto de una torre que tiene un foso a su alrededor lleno de cocodrilos. Lo que pasa al final con la piedra y cómo termina la película, me pareció de lo más original y bien simpático.


    Así que ya sabéis, si queréis pasar un rato agradable viendo una película muy entretenida y con sus buenas dosis de aventura bien repartidas, y con cierto aire ochentero (sobretodo se nota en los peinados un poco a lo repollo de las mujeres, y en la música de Alan Silvestri), “Tras el corazón verde” es una muy buen opción. Yo, por lo menos, os la recomiendo.




    lunes, 16 de abril de 2012

    CINE CLÁSICO: "LA LEYENDA DE LA CIUDAD SIN NOMBRE"

    TÍTULO: LA LEYENDA DE LA CIUDAD SIN NOMBRE

    DIRECTOR: JOSHUA LOGAN

    REPARTO: LEE MARVIN, CLINT EASTWOOD, JEAN SEBERG, RAY WALSTON, HARVE PRESNELL

    DURACIÓN: 166 min.

    AÑO: 1969

    GÉNERO: COMEDIA MUSICAL

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • La realización de un proyecto como “La leyenda de la ciudad sin nombre” es un caso bien curioso. A finales de la década de los sesenta, parecía que los grandes musicales ya empezaban a estar de capa caída, tras haber vivido su época dorada desde hacía décadas, y después del estreno, en esa misma década, de largometrajes tan célebres como “My fair lady – My fair lady, 1964” o “Sonrisas y lágrimas – The sound of music, 1965”. Sin embargo, da la impresión de que, animados por el éxito que había cosechado “Oliver – Oliver!, 1968” el año anterior –que, además, se tradujo en cinco Oscar de la Academia-, se le quiso dar una nueva vuelta de tuerca al género, de forma que el film resultante no fuera ni un musical al uso, ni una simple comedia disparatada al más puro estilo de Blake Edwards o Stanley Kramer. De esta forma, planteada como una gran producción, “La leyenda de la ciudad sin nombre” contó con un inspirado trío de intérpretes, y con una historia tan dicharachera como estrambótica.


    Finales del siglo XIX. La fiebre del oro está en su apogeo. A un emplazamiento natural com muy poca explotación, acuden en masa buscadores de oro con el fin de hacerse ricos con la prospección. Entre ellos, se encuentra un viejo coronel del ejército estadunidense, adicto a la bebida, llamado Ben Rumson (Marvin), un joven e intrépido buscador al que todos llaman afectuosamente "Socio" (Eastwood), y Elizabeth (Seberg), una bella mujer. Los problemas empezarán cuando, en mitad de toda la explotación, los dos hombres se enamoren de la misma mujer, hecho que provocará toda una retaíla de divertidas situaciones, mientras la "Ciudad sin nombre" no para de crecer.


    “La leyenda de la ciudad sin nombre” es una película tan divertida como difícil de clasificar. Por un lado, la presencia de actores como Clint Eastwood y Lee Marvin hace pensar más en una aproximación al western, sobretodo si se tiene en cuenta el tipo de personaje al que cada uno interpreta. Por una parte, Eastwood es presentado como el elegante, sofisticado y seductor pero que, cuando la situación lo requiere, no duda en hacer uso de la fuerza bruta para imponer su criterio. Por su parte, Marvin encarna una vez más al eterno borrachín -según las malas lenguas, parece que no se tenía que esforzar mucho en interpretar este tipo de papeles-, pícaro y alborotador, mientras que Jean Seberg cumple a la perfección con el rol de “chica de la película”, sacándole todo el partido posible a las escenas que comparte con ambos actores.


    No obstante, es gracias a la dirección de Logan que “La leyenda de la ciudad sin nombre” funciona de forma tan efectiva. La puesta en escena, que no oculta en ningún momento el guiño a las grandes súper producciones (el diseño de producción y de decorados es deslumbrante), consigue sacar el mejor jugo posible a cada uno de los géneros que mezcla. Como obra musical, las canciones aparecen en el film en el momento justo para no interrumpir el avance de la acción, y sus melodías son tan pegadizas como agradables (atención al vozarrón de Lee Marvin en la versión original); como comedia, lo largo del film se suceden episodios que ponen de relieve continuamente el aspecto más cómico del mismo, como la pelea provocada entre Ben y "Socio" por ganarse el afecto de Elizabeth, la secuencia del revuelo causado por el escape de un toro, o la serie de sucesos encadenados que provocan que la ciudad se venga abajo; y, finalmente, como western, “La leyenda de la ciudad sin nombre” toma los elementos más básicos para desarrollar la historia, es decir, el marco escénico y la época en que tiene lugar la acción (ese Oeste casi crepuscular).


    Así pues, concebida aún hoy como una película que va a contracorriente de los cánones establecidos en su época, “La leyenda de la ciudad sin nombre” sigue siendo un largometraje terriblemente entretenido (a pesar de su duración), original y divertido, que no sólo consigue ese punto de frescura en su argumento, sino que permite a los principales protagonistas explotar una vena cómica a la que no nos tenían acostumbrados de una forma tan desinhibida. Tal vez no sea uno de los clásicos más populares del cine pero, sin duda, sí uno de los más singulares.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Ostras Pedrín, qué peli más rara es ésta! Empieza siendo una especie de película de esas de cuando el Oeste ya está casi medio muerto, con las aventuras y desventuras de los buscadores de oro. De la aventura, se pasa a la comedia más o menos gamberra (gamberra para la época), con todo lo que tiene que ver con la fundación de la ciudad esa en la que viven los buscadores. Y, en medio de todo eso, de repente, todo se vuelve un musical gigantesco. ¡Menudo popurrí que se cascan los colegas! “La leyenda dela ciudad sin nombre” mola si te la tomas a broma, o sea, que no pretendas que la historia sea muy seria sobre ninguno de los temas que trata porque, si vas en ese plan, ya te digo yo que pensarás que la cosa no es más mala porque no tiene tiempo. Ahora bien, si la ves con ganas de divertirte, pensando que todo es un cachondeo, y dejándote llevar por las cosas que se les ocurren a todos los personajes (cada uno, más chiflado que el anterior), seguro que “La leyenda de la ciudad sin nombre” hará que te lo pases teta.


    Para empezar, es curioso ver a Clint Eastwood tomándose medio a cachondeo su papel de pistolero que tan famoso le había hecho antes en los spaguetti western, porque aquí no sólo hace de galán (cosa impensable en las otras que os digo), sino que además el tío canta y baila como si nada. Dicho sea de paso, también tengo que confesaros que esto me pareció lo más cutre de la película, porque vamos, ver al amigo Clint cantando junto a un seto lleno de flores queda muy pero que muy gay. Pero vamos, que tampoco es para tanto.


    En fin, detalles julandrones aparte, hay varias cosas que yo os diría de “La leyenda de la ciudad sin nombre” para que tengáis claro antes de empezar a verla. La primera, es que la peli es larga (dura más de dos horas y media), pero no se hace nada pesada. Puede que la parte más lenta sea el principio, con todo lo que tiene que ver con los buscadores de oro que llegan a la zona donde levantan su famosa ciudad, porque entre que te presentan a cada personaje, y empieza a avanzar la historia –con sus correspondientes números musicales y canciones- ya te digo que te van tres cuartos de hora con mucha facilidad. Pero cuando ya toma velocidad, el resto es muy gracioso.


    La segunda cosa que os diría es que el guión tiene una mala leche de cuidado. Se pitorrea de todos los principios morales y de comportamiento habidos y por haber y, además, no duda en burlarse de los que los defienden con un poco de cordura. Pero no lo hace ofendiendo ni insultando, sino con gracia, por lo que no te queda otra que reírte a ti también. Por ejemplo, me acuerdo del momento en que llega al pueblo el predicador de turno, queriendo establecer un poco de orden moral entre toda la gente, y la conversación que mantiene con la chica protagonista, descubriendo que vive con dos maridos (Eastwood y el otro borrachín). ¡Las caras del pobre cura conforme avanza la conversación no tienen precio!


    Y lo último, es que aunque mezclan todos los géneros habidos y por haber, “La leyenda de la ciudad sin nombre” es, por encima de todo, una película muy divertida. Hay momentos que son un despiporre, como ese en el que un toro se escapa de donde lo tienen encerrado, y se mete por todos los túneles de las minas, recorriéndose medio pueblo y metiendo cornadas a diestro y siniestro. Puede parecer un momento tonto, pero yo os juro que me partía el culo de la risa de ver las expresiones de los que ven salir a un toro de la nada, pirándose luego en plan mariquita el último. Y, por supuesto, el colofón final, cuando parece que, entre todos, y de forma involuntaria, acaban reventando literalmente todo el pueblo.


    En fin, que a pesar de que te casquen las cancioncitas de turno entre secuencia y secuencia, “La leyenda de la ciudad sin nombre” es una película entretenidísima, graciosa con ganas, y que se toma a broma casi todo lo que cuenta, pero con la calidad suficiente para no convertirla en una mierda pinchada en un palo, sino en una estracanada de lo más simpática.





    domingo, 15 de abril de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "TUMBA ABIERTA

    TÍTULO: TUMBA ABIERTA

    DIRECTOR: DANNY BOYLE

    REPARTO: EWAN MCGREGOR, KERRY FOX, CHRISTOPHER ECCLESTON, KEN SCOTT, KEITH ALLEN

    DURACIÓN: 92 min.

    AÑO: 1994

    GÉNERO: THRILLER

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Alex (McGregor), Juliet (Fox) y David (Eccleston) son tres amigos que comparten piso. Dado que a todos ellos les vendría bien un dinero extra, que el piso es muy grande, y que disponen de una habitación que ninguno utiliza, deciden poner un anuncio buscando un nuevo compañero de piso. El elegido es Hugo (Allen), un hombre tan enigmático como celoso de su intimidad. Al cabo de unos pocos días, Alex, Juliet y David encuentran a Hugo muerto en su cuarto. Aparentemente, la causa ha sido una sobredosis de heroína. Sin embargo, antes de avisar a la policía para denunciar el suceso, bajo la cama de Hugo encuentran una gran maleta repleta de dinero. Será entonces cuando los tres amigos deberán tomar una importantísima decisión: avisar a la policía y entregarles el maletín con el dinero, o hacer desaparecer el cuerpo quedándose con todo el efectivo.


    Comparativamente –y teniendo en cuenta la particularidad de estilo fílmico y personalidad de cada uno de ellos-, Danny Bolye se engloba dentro del grupo de directores surgidos durante la primera mitad de los años noventa, en el que cabría incluir también a otros talentosos directores (y, con elevada frecuencia, también guionistas) como Quentin Tarantino o Guy Ritchie. Todos ellos, a través de su particular tratamiento de la violencia y de la manera que tienen de plasmarla en sus largometrajes, han desarrollado una capacidad narrativa fresca, original y renovada. En lo que al debut de Boyle se refiere, “Tumba abierta” contiene una buena parte de los elementos que se encontrarán presentes a lo largo de la mayoría de sus films posteriores (el enfrentamiento de un individuo normal y corriente a situaciones comprometidas que le obligan a reaccionar de una determinada forma –tal y como acontece, por ejemplo, en “28 días después – 28 days later, 2002”-, o la transformación progresiva de la mentalidad de dicho individuo conforme se van sucediendo los hechos que lo llevan al límite –como también ocurre en “La playa – The beach, 1999” y, en mayor medida, en “127 horas – 127 hours, 2010-) pero que, aquí, brillan particularmente gracias a la acidez de su guión y a la rabiosa y poderosa puesta en escena.


    “Tumba abierta” consigue impresionar porque habla de gente de la calle, como cualquier espectador del público que, de repente, se ve forzado a tomar decisiones difíciles que no sólo ponen a prueba su propia moralidad, sino que también van a condicionar lo que suceda a continuación. En el film esto queda claro desde el momento en que Juliet acude a la biblioteca en la que David prepara un caso para convencerle de que el plan ideado por Alex es la mejor opción. Por supuesto, el espectador, que no es tonto, ya intuye que esto no va a resultar tan sencillo, y que las cosas se les van a complicar a los protagonistas, aunque desconociendo hasta qué punto. Por ello, conforme avanza la acción y se van precipitando los hechos (el descuartizamiento y entierro del difunto, la aparición de los individuos que preguntan por el inquilino fallecido, la investigación de la policía, etc.), más se va enredando la historia y más involucrado se siente también dicho espectador. Ello es gracias a la realización de Boyle, que acierta al no exagerar más de la cuenta estas situaciones, dosificando la acción de forma que ésta experimenta un in crescendo progresivo que deriva en la explosión de violencia concentrada en los últimos quince minutos de metraje.


    Por fortuna, “Tumba abierta” no juzga en absoluto el comportamiento de sus protagonistas, sino que se limita a mostrar la reacción a una acción. Y, también por suerte, se reserva una sorpresa final para el epílogo, donde la historia no deja ningún cabo suelto (dicho sea de paso, la resolución es la más coherente para la dirección que ha tomado la historia). Así pues, aunque sea el primer largometraje tanto para su director como para el hoy mucho más conocido Ewan McGregor, y no cuente con el grado de sofisticación de los últimos films de Boyle, de lo que no cabe duda es de que “Tumba abierta” es una película muy recomendable, llena de sorpresas y giros inesperados, buena muestra de lo que un director con talento es capaz de hacer cuando dispone de los medios necesarios.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Chulísima! Me la he visto ya tres veces, pero seguro que no es la última, y eso que la peli es burra con ganas. Ahora, es una especie de burrera que mola, y que hasta le queda bien a la cosa. Es un poco como “Trainspotting - Trainspotting, 1996”, en el sentido de que el tema no es como para echarse a reír, pero está hecha de forma que te atrapa y te gusta por muy violenta que sea. Aquí, el argumento es más simple que el mecanismo de un botijo, de forma que lo que importa no es lo que te cuentan, sino cómo lo cuentan y con qué mensaje te quedas. Por eso, “Tumba abierta” –que, por cierto, vaya título de mierda que le han puesto en español, que casi parece que estés hablando de una de zombis- mola tanto, porque no sólo te pasas la hora y pico que dura sin apartar los ojos de la pantalla, sino que te da qué pensar sobre qué hubieras hecho tú de encontrarte en una situación parecida.


    “Tumba abierta” acerita, ya de entrada, en no hacerse la picha un lío con la historia y los personajes. Éstos son tres chavales jóvenes de lo más normales y corrientes, cada uno con su carácter particular, pero nada estrambótico o que no sea creíble. Después, el desarrollo que le quieren dar al planteamiento del asunto también está clarinete: qué hacer con un cadáver que viene acompañado con un regalito de muchísima pasta. Y, por supuesto, con todo el tema moral que viene detrás: si hacer de tripas corazón, o avisar cagando leches a la policía. Pero lo mejor es que no se quedan aquí, sino que el paso más hacia delante que dan es el que tiene que ver con todo lo del cambio de comportamiento entre ellos mismos, cuando se vuelven medio paranoicos (el tío de gafas haciendo agujeros en el techo para espiar a los otros dos), violentos (lo que pasa al final entre los mafiosos y los tres chavales, o entre la chica y el guaperas), y egoístas (cada uno piensa en dar gato por liebre a los otros dos para poder quedase con la pasta).


    Es cierto que, en “Tumba abierta”, mientras que la primera parte se centra más en el descubrimiento del potaje (del fiambre y la maleta llena de pasta) y la segunda en qué hacer y cómo lo hacen al final, lo que podríamos llamar como “tercera parte” se centra más en las consecuencias de esa decisión, lo que hace que los protas ya no te caigan tan bien -por no decir que te empiezan a caer realmente mal- y que empiecen a hacer cosas que, de habérselo dicho al principio, no se hubieran creído (la chica “ofreciéndose” al tarado de gafas para fugarse los dos con la pasta y que el tercero en discordia cargue con el mochuelo, el “gafas” dispuesto a cualquier cosa –literalmente- con tal de no pringarla y quedarse con todo el dinero…). Por eso, y por el tono que tiene toda esa última parte (sin contar el epílogo, que es cojonudo) es la que más flojita parece, al menos en comparación con lo que has estado viendo hasta ese momento.


    De todas formas, de lo que no cabe duda es de que “Tumba abierta” es una película muy guapa que te da bastante qué pensar. Si quieres, puedes decir que es un retrato brutal sobre lo que es capaz de hacer la avaricia (un equivalente parecido podría ser la española “La comunidad, 2001”), pero lo que no se puede negar es que, a pesar de ello, “Tumba abierta” es emocionante hasta el último minuto, a pesar de que la violencia pueda ser un poco exagerada, que no gratuita.




    sábado, 14 de abril de 2012

    CINE EN CARTEL: "BATTLESHIP"

    TÍTULO: BATTLESHIP

    DIRECTOR: PETER BERG

    REPARTO: TAYLOR KITSCH, RIHANNA, ALEXANDER SKARSGARD, LIAM NEESON, BROOKLYN DECKER

    DURACIÓN: 120 min.

    AÑO: 2012

    GÉNERO: ACCIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Como cada año por estas fechas, desde Hollywood comienzan a llegar las súper producciones que poblarán la cartelera hasta finales de agosto, más o menos. Sí que es cierto que el estreno masivo de estos carísimos y esperadísimos largometrajes (al menos, algunos de ellos) ha comenzado más pronto que otros años ya que, por lo general, es mayo el mes que dichos estrenos tienen lugar. Sea como sea, lo cierto es que el primero de los grandes estrenos que llega a las carteleras españolas esta temporada es “Battleship”, libre adaptación del famoso juego de mesa “Hundir la flota” que cuenta con muchos y espectaculares efectos especiales, y con dosis de acción tremendas. Ahora bien, como también suele ser frecuente en este tipo de producciones, que la película esté repleta de momentos visualmente fascinantes no implica que la calidad del producto también se encuentre a la altura.


    Alex (Kistch)es un joven rebelde al que le cuesta aceptar tanto la responsabilidad como la disciplina. Su hermano Stone, un distinguido oficial de la Marina norteamericana, le anima a alistarse junto a él para poder labrarse una carrera. Allí, tras enamorarse de Samantha (Decker), la hija del férreo almirante Shane (Neeson), participa en unas maniobras militares internacionales. Sin embargo, en mitad de las maniobras, hará acto de presencia una fuerza extraterrestre muy avanzada tecnológicamente, que creará un campo de fuerza alrededor de los destructores y acorazados en los que se encuentra Alex -así como varias islas hawaianas-, dando entonces comienzo una batalla a muerte por la disputa del planeta.


    Tras el éxito alcanzado en todo el mundo con la serie “Transformers”, basada, a su vez, en los famosos juguetes propiedad de la compañía Hasbro, ahora llega la adaptación de uno de los juegos de mesa más populares de la historia, propiedad de esta misma compañía. Cierto es que no resulta fácil imaginar una idea argumental que permita crear toda una historia a partir de semejante juego de mesa, máxime teniendo en cuenta el objetivo de éste y la poca libertad que, a priori, deja para desarrollar historias nuevas. Así pues, ha sido mediante una combinación de ciencia ficción (la parte relativa a la invasión extraterrestre) y acción trepidante (cada uno de los combates y enfrentamientos tanto en el agua como en tierra) que se ha conseguido dar forma al film que acaba siendo “Battleship”.


    Sin embargo, como avanzábamos en la introducción, es una pena que la calidad del resultado diste muchísimo de las elevadas dosis de distracción y testosterona que se desprenden del largometraje. En este caso, la sombra de Michael Bay es muy alargada, y no lo decimos implemente porque “Battleship” dé la sensación de ser una versión no oficinal de sus películas sobre robots destrozones (las similitudes entre aquellas y “Battleship” es más que evidente). En este caso, tanto la puesta en escena de las secuencias de acción, con ruidos y explosiones por doquier (atención al instante en que unas especies de peonzas robóticas atraviesan, literalmente, el destructor USS Missouri, no dejando prácticamente una sola pieza entera), como la visualización de otras secuencias que tienen lugar en tierra firme (el intento de desconectar los cables de alimentación de las antenas que han colocado los extraterrestres, utilizando un jeep y lanzándose montaña abajo, recuerda muchísimo a la persecución final de “Dos policías rebeldes II – Bad boys II, 2003”) hace que sea casi imposible no tener la sensación de que “Battleship” era un proyecto destinado a ser filmado por el genio que realizó “La roca – The rock, 1996” pero que, por equis motivos, no pudo ser, decantándose por una versión alternativa –y, seguramente, más barata- de Bay.


    Así pues, “Battleship” es un espectáculo grandilocuente, apabullante desde su comienzo, pero que no puede evitar el hecho de que se trata de puros fuegos de artificio. El film, como tal, es, directamente, malo. Ni las interpretaciones (de aquellos “actores” que se molestan un mínimo en actuar), ni el guión (inexistente y ridículo) consiguen salvar a esta súper producción de la quema. Con lo cuál, cabría contemplar “Battleship” desde dos perspectivas: aquel punto de vista que juzga al largometraje de Peter Berg como una obra vulgar, hueca y anodina, o aquel otro que tiene claro que “Battleship” no es más que un puro pasatiempo diseñado con el simple propósito de entretener al público menos exigente. Particularmente, dado que a nosotros nos gusta disfrutar del cine también como entretenimiento, nos quedamos con esta segunda perspectiva aunque, no por ello, nos olvidamos de la primera. Esperemos que el próximo proyecto de Peter Berg sea más parecido a la excelente “La sombra del reino – The kingdom, 2007” que no a “Hancock – Hancock, 2008”.



  • MR. HYDE DICE:

  • Señores, aquí tenemos la primera “peli de palomitas” de la temporada. ¿Que qué quiero decir con esto? Pues que si vais a ver “Battleship”, os preparéis para casi dos horas de diversión atiborrada de efectos especiales chulísimos y frases lamentables. En efecto amigos, “Battleship” cumple a rajatabla la norma general de cualquier súper producción semi-veraniega: tener unos efectos especiales y dosis de entretenimiento a lo bestia, y un guión que no llegue a la media página (y la media página que tiene, para echarse a llorar). Claro, que eso no tendría que ser ningún problema, porque el que se mete a ver esto, sabe de sobra de qué palo va el tema. Pero, para aquellos despistadillos que no lo tengan claro, ya os adelanto tres cositas.


    La primera, que es un pasatiempo fenomenal. “Battleship” es la película perfecta para no pensar lo más mínimo durante un rato, dejarte llevar por la historia tan imposible que te cuentan, tomarte unas cuantas chuches y coca-colas mientras la ves y, cuando acaba y se encienden las luces, no tener vergüenza en admitir que te lo has pasado de coña, independientemente de lo buena que sea la película.


    La segunda, que no esperes ver actuaciones que pasen a la historia (al menos, por su calidad). Quitando a Liam Neeson –que sólo sale diez minutos en toda la peli, en los que se limita a gritar mucho, y poner cara de coronel o general, vete tú a saber, pero que muy cabreado-, al resto de los que salen enseñando su carita, habría que darles un cursillo avanzado de interpretación a la de ya. Para empezar, el héroe de turno (el mismo actorazo que se lució a base de bien en “John Carter – John Carter, 2012”) no tiene ni puta idea de cómo soltar las tontunas de sus líneas de diálogo. Se ve que el hombre no tuvo tiempo de aprender a actuar a causa de las catorce horas al día que se tiene que pasar en el gimnasio para poder enseñar luego la tableta a la mínima ocasión, por lo que no entiendo por qué no ha cogido a otro (se ve que es el que está de moda ahora mismo, aunque huele a flor de un día). Y, si os parece que exagero, no tenéis más que ver la pinta de besugo que tiene mientras recita fragmentos de “El arte de la guerra”. Lo dicho, lamentable. Después le llega el turno a la tía buena de turno, perfectamente maquillada hasta cuando rueda montaña abajo y más preocupada porque sus tetas –de lo más generosas- se muevan a velocidad de vértigo mientras corre. Pero es que ya cuando te ves a Rihanna haciendo de marine, ahí sí que apaga y vámonos. O sea, todos los nasíos pa matá están más cuadrados que la leche y de repente te ves a esta tía enclenque levantando un fusil más grande que ella y cargándose a los aliens sin pensárselo (por supuesto, también maquillada hasta cuando sale del agua). En fin, pues eso, que está claro que en “Battleship” la pasta se la han gastado en efectos especiales, porque de actuaciones mejor ni seguir hablando.


    La tercera y última, que “Battleship” recurre a todos los tópicos y clichés del cine de acción reciente. ¿Y cuáles son esos? Pues escenas tan espectaculares como increíbles (en algunas ya se pasan de la raya, como esa en la que echan el ancla de delante –no sé si es la popa o la proa- para que un destructor como un castillo de grande derrape en el agua –sí, sí, derrapa en el agua, con un par- y, así, meterle un zambombazo de los buenos a la nave espacial que se los quiere ventilar), planos a cámara lenta con los buenos andando en fila hacia la cámara (aquí lo hacen para los veteranos de guerra, lo que hace que te ya te partas el culo de la risa de ver a los abuelos en plan macarra) y, por supuesto, mucho saludo militar con bandera de los USA ondeando al fondo.


    Aparte de esto, ya os digo que “Battleship” no es más que un puro pasatiempo. Te lo pasas pipa viéndolo, pero la condición fundamental para disfrutarla como un enano es no pensar. Así de claro, no pensar para nada, ni querer verle algo de lógica, ni nada de nada. El que piensa, pierde. Pero, si os dejáis llevar por la acción, lo emocionante que es el combate entre humanos y alienígenas, y todas las explosiones y escenas espectaculares que hay, veréis cómo “Battleship” es una de las mejores atracciones que hay en la cartelera ahora mismo.