lunes, 7 de mayo de 2012

CINE CLÁSICO: "TESTIGO DE CARGO"

TÍTULO: TESTIGO DE CARGO

DIRECTOR: BILLY WILDER

REPARTO: SIR CHARLES LAUGHTON, TYRONE POWER, MARLENE DIETRICH, ELBA LANCHESTER, JOHN WILLIAMS

DURACIÓN: 116 min.

AÑO: 1957

GÉNERO: INTRIGA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • No es la primera vez que se lleva a la gran pantalla una novela de la célebre escritora Agatha Christie. Es más, algunas películas basadas en sus obras, como “Asesinato en el Orient Express – Muder on the Orient Express, 1974” o “Muerte en el Nilo – Death on the Nile – 1978” figuran entre las más conocidas y reputadas. Así pues, lo que llama la atención de esta adaptación de la obra “Testigo de cargo” no es el hecho de que sea otra versión filmada de una novela de la difunta escritora inglesa, sino que el máximo responsable del largometraje fuera el cineasta Billy Wilder. En efecto, curtido en films de increíble prestigio como las magníficas comedias “Con faldas y a lo loco – Some like it hot, 1959” o “Irma La Dulce – Irma La Douce – 1963”, y portentosos dramas tales como “El crepúsculo de los dioses – Sunset Boulevard, 1950” o “El apartamento – The apartment, 1960”. No obstante, lejos de dar la sensación de que Wilder se sienta fuera de su terreno habitual, “Testigo de cargo” no sólo acaba siendo una de las más logradas películas tanto de su director, sino también de las adaptaciones literarias de obras de Agatha Christie más célebres, y una de las mejores películas de suspense de la historia del cine.

    Leonard Vole (Power) es un hombre acusado del asesinato de una rica anciana. La acusación alega que Vole, esperando poder beneficiarse de una importante suma de dinero de la difunta, la liquidó a sangre fría. Sin embargo, él no para de proclamar su defensa, y acude a un reputado abogado llamado Sir Wilfrid Roberts (Laughton) para que le defienda. A pesar de que el caso se presenta complicado, Sir Wilfrid pone todo su empeño en probar la inocencia de su cliente, para lo que aprovechará la ayuda que le presta una enigmática mujer de origen alemán llamada Christine (Dietrich), que parece conocer muy bien al señor Vole.

    “Testigo de cargo” es mucho más que una película basada en una novela de Agatha Christie. De hecho, a diferencia de los films de Sydney Lumet y John Guillermin mencionados en la introducción (y que, dicho sea de paso, no desmerecen lo más mínimo), el estilo particular de Wilder se hace patente en cada uno de sus fotogramas. Y no necesariamente por la puesta en escena –arrebatadora.- sino por la dirección de los actores. Quienes conozcan de nuestros queridos lectores la obra de Billy Wilder, sabrán reconocer perfectamente la forma tan particular que tiene de recoger las emociones de los personajes. En el caso de “Testigo de cargo”, pocas secuencias hay más evidentes de dicho estilo que aquella en la que el abogado al que da vida un insuperable Sir Charles Laughton hace un interrogatorio preliminar al sospechoso y a la mujer de éste, mientras juguetea con un monóculo que utiliza para desorientarles y, así, observar sus reacciones. Asimismo, todos y cada uno de los planos en los que hace acto de presencia Marlene Dietrich (inmejorable en su papel de esposa del sospechoso) –muy especialmente durante los últimos diez minutos del film-, contienen un poder visual tremendo.

    Otro punto muy a favor de “Testigo de cargo” de Wilder es se sirve de la sobreactuación de parte de su reparto para convertirlo en un elemento de despiste. Ya que, el estilo narrativo de Agatha Christie es complicado de trasladar a una película, Wilder aprovecha los instantes en que permite a sus actores sobreactuar como potenciador de aquellas secuencias en las que dicha sobreactuación se corta de raíz para dar paso a los giros argumentales más sorprendentes. Así pues, el cara a cara final entre Sir Charles Laughton y Marlene Dietrich está completamente desprovisto de la frialdad y teatralidad de las secuencias iniciales, así como la de Tyrone Power como marido de Dietrich tras escuchar el veredicto del jurado. Ahora bien, resulta curioso ver cómo, con Laughton sucede justo lo contrario: se muestra más natural y cómodo con sus secuencias iniciales (la presentación de su personaje, subiendo y bajando las escaleras con su silla motorizada es tan estupenda como hilarante), para aumentar el grado de exceso interpretativo conforme avanza la acción (aunque su papel como abogado de la defensa es estupendo, también se hace patente esa exageración a la que hacíamos mención durante los interrogatorios a testigos.

    Por fortuna, aparte de las interpretaciones, el guión adaptado de “Testigo de cargo” juega muy bien sus cartas –como diría mi colega Hyde, “guiño, guiño”-, consiguiendo mantener constante durante todo el metraje la intriga de la historia. Por supuesto, el encuentro del abogado con el supuesto testigo de cargo en una estación de tren marca uno de los puntos cumbres del largometraje, así como todo lo que sucede con el veredicto del jurado, Y ambas están rodadas con una pasión e interés desorbitante que convierte a “Testigo de cargo” en , como habíamos dicho antes, uno de los clásicos indiscutibles de Billy Wilder, y una de las mejores películas del séptimo arte.

  • MR. HYDE DICE:
  • Vaya por delante que soy ferviente devorador de las novelas de la tía Agatha. Desde que me leí de pequeño “Tres ratones ciegos” hasta hoy, cada nuevo libro que me leo de ella es cojonudo y, casualidades, de la vida, nunca consigo acertar quién es el asesino, el ladrón, o el malo de turno. “Testigo de cargo” no es precisamente una de las que me hubiera leído antes de ver la película pero, después de verla, casi me alegro, porque es una peli brutal. Como lo oís, a pesar de tener ya más años que el jabón, “Testigo de cargo” parece hecha hace dos días, con una frescura en los diálogos que te da la sensación de que estás viendo una historia que podría estar pasando ahora mismo.

    Vale que muchos podéis pensar: “¡Pues claro, no te jode! ¡Cómo no va a ser una buena película si la novela original ya era una pasada y tenía intriga hasta en el índice!”. Bueno, pues no. Si os diera la lista de los libros de intriga y suspense que me he leído con los que luego han hecho una mierda de película, no acabábamos ni mañana. Pero, por suerte, no pasa lo mismo con “Testigo de cargo”. Ya de entrada, empieza de forma muy simpática, con ese abogado enormemente gordo, que casi no puede ni caminar, y con las lecciones que le va dando a su ayudante (la prueba del monóculo, por ejemplo). Enseguida empieza el misterio con el caso de la mujer del acusado que va desesperado a contarle su problema y, ahí, ya empieza el follón. Pero no un follón de lío, sino de hacer las averiguaciones de turno para saber si el pavo éste de verdad mató a la mujer rica o no.

    El resto, por mucho que el rollero de arriba diga que si es gracias a la puesta en escena y no sé qué más chuflas, es toda la intriga propia de las novelas de Agatha Christie, con sus pistas falsas, suplantaciones, engaños y, por supuesto, sorpresa final (no sabría decir si me gusta más el momento de las cartas en la estación de tren, o lo que pasa cuando se dicta el veredicto). Aparte de eso, los actores están todos muy bien, pero lo que hace que “Testigo de cargo” sea una peli cojonuda es que han sabido pillarle el rollo de suspense de la novela y hacerlo en película de forma que, a los cinco minutos de que empiece la función, tú ya estés sin pestañear para no perderte detalle.

    Así que, aunque veáis que es una película vieja y en blanco y negro, creedme si os digo que “Testigo de cargo”, además de por su historia, os gustará porque no parece que sea cine clásico, sino que es una historia que puede pasar perfectamente por actual. A mí, al menos es la impresión que me dio. Y me encantó.

    domingo, 6 de mayo de 2012

    CINE EN CARTEL: "AMERICAN PIE: EL REENCUENTRO"

    TÍTULO: AMERICAN PIE: EL REENCUENTRO

    DIRECTORES: JON HURWITZ & HAYDEN SCHLOSSBERG

    REPARTO: JASON BIGGS, ALYSON HANNIGAN, SEAN WILLIAM SCOTT, MENA SUVARI, CHRIS KLEIN, TARA REID, THOMAS IAN NICHOLS, EUGENE LEVY, EDDIE KAYE THOMAS

    DURACIÓN: 113 min.

    AÑO: 2012

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • La verdad, no sé por dónde empezar a hablar de "American pie: el reencuentro". Ni los directores tienen una trayectoria profesional dentro de la industria del cine que merezca la pena destacarse, su contribución a la serie de "American pie" ni pasará a la historia del cine -a Dios gracias-, ni la diferencia de la llevada a cabo por los anteriores directores de la serie (tan sólo los hermanos Weitz, directores de la primera parte, parecen haber sabido encaminar medianamente sus pasos dentro del cine más comercial de Hollywood). De hecho, "American pie: el reencuentro" da la sensación de no ser más que una mera excusa para volver a reunir al grupo de personajes originales y tratar de hacer caja a costa de las gracias que aún puedan hacer. Evidentemente, el resultado, está lejos de las astronómicas cifras que cosecharon, al menos, las dos primeras partes (y conste que no estamos afirmando en ningún caso que sean buenas películas), por lo que el film está dirigido tan sólo a quienes se lo pasaron bien con las travesuras y ordinarieces de los intérpretes de la trilogía original.

    Ha pasado ya una década desde que Jim y sus amigos del instituto se graduaran. Ahora, cada uno tiene su propia vida en diferentes partes de Estados Unidos. Con motivo del aniversario de su promoción, todos se reencuentran en su pequeño pueblo, donde crecieron e hicieron de las suyas, aunque hay cosas que han cambiado sustancialmente. Jim (Biggs) y Michelle (Hannigan) siguen casados y son padres de un niño pequeño; Oz (Klein) es un famoso presentador de televisión especializado en deportes, cuya novia parece más encantada con su fortuna que con él; Finch (Thomas), el intelectual del grupo, presume de haber viajado al rededor de todo el mundo; Kevin (Nichols) también se ha casado, aunque le sigue obsesionando la relación que mantuvo en el instituto con Vicky (Reid); Heather (Suvari) hace acto de presencia con su novio, lo que despierta los celos de Oz; y Stifler (Scott), que es el que menos ha cambiado, sigue obsesionado con las fiestas, las chicas fáciles y el sexo. Juntos, todos los amigos volverán a verse metidos en situaciones comprometidas y llenas de líos.

    Mientras veía "American pie: el reencuentro", no sé por qué, pero me vino a la mente "Scream 4 - Scream 4, 2011", estrenada el año pasado. No porque las dos películas tengan que ver entre ellas sino porque, al igual que en el -muy prescindible- film de Wes Craven, me dio la sensación de que los productores e intérpretes principales de sendos largometrajes habían visto en su respectiva cuarta parte la oportunidad perfecta para relanzar sus carreras profesionales si la película funcionaba bien en taquilla. A tenor de los resultados tanto artísticos como económicos, ni una ni otra han arrasado en el box office pero, no por ello, dan menos muestras de que, en ocasiones, Hollywood es capaz de echar mano de los buenos recuerdos del público con tal de intentar a la desesperada volver a triunfar.

    En efecto, ver "America pie: el reencuentro" tan sólo sirve para recordar los momentos más divertidos de las entregas anteriores, y la originalidad de esa descarada revisión de la ochentera "Porky's - Porky's, 1981" que fue la aparición de la primera entrega. Por lo demás, el resto de "American pie: el reencuentro" no es más que una repetición de las situaciones desesperantes e inmaduras en las que los protagonistas se veían involucrados en los anteriores episodios. Cierto es que esta cuarta parte contiene momentos más o menos divertidos (la mayoría de los cuáles lo son gracias a la simpatía que desprende la actuación del veterano Eugene Levy como hilarante progenitor de uno de los protagonistas). Por lo demás, una clara demostración de que tanto los espectadores como los personajes de la serie parecen haber madurado -quiero pensar que los primeros bastante más que los segundos- y de que, lo que antes hacía gracia, al igual que las payasadas de un niño pequeño cuando crece, ya han dejado de tener gracia.

  • MR. HYDE DICE:
  • Pues sí. Digamos que no me arrepiento de haber visto "American pie: el reencuentro", pero no es de las que volvería a ver para partirme el ojete de la risa, como me pasó en su día con las otras partes. Sí es cierto que la ves con un poco de nostalgia, acordándote de lo muchísimo que te reíste con las cosas que les pasaban a aquellos adolescentes que estaban tan salidos como tú por aquellos días (yo la vi con diecisiete años, así que os podéis imaginar la revolución hormonal cómo iba). Claro que, aunque las primeras aún te pueden hacer gracia a día de hoy, no es lo mismo que ir a ver una cuarta parte totalmente nueva. Que Tom Cruise siga con sus misiones imposibles (el pollo también va por la cuarta) aún tiene un pase porque, al menos, son pelis de acción que te entretienen a todo trapo. Pero claro, si te pones a hablar de "American pie", pues como que la cosa cambia.

    "American pie: el reencuentro" es más de lo mismo. Las mismas capulladas (aunque más comedidas), las mismas guarradas, las mismas bromas escatológicas y los mismos follones que se montan. Así que si te han gustado las partes anteriores, pues no te disgustará ésta. Lo que pasa es que, sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con Jekyll: ya somos mayorcitos para estas películas. Tenían su gracia cuando eras un adolescente pajillero, pero ahora... Reconozco que tienen gracia determinados momentos como ese del principio, con el prota intentando cascársela antes de provocar un mini-caos en su casa delante de su hijo; o esa escena en que, después de irse de fiesta, el tío se despierta en la cocina sin pantalones ni calzoncillos, justo unos segundos antes de que entre su mujer con una amiga. Claro, que luego ya rizan el rizo de forma exagerada cuando se montan el episodio de la chica borracha y desnuda a la que tienen que acompañar a casa, que sí, es divertido, pero son las mismas polladas que ya te han contado antes.

    Otra cosa que me ha llamado la atención de la película es que, aunque salen en el póster como cualquier otro actor, hay algunos personajes que salen de refilón (la rubia esa que se operó los melones, u otra que hace de lesbiana), y otros que, directamente, sólo salen treinta segundos. Eso por no hablar de que lo de la "madre de Stifler" ya acaba resultando cansino -ahora han sido tan originales que también sale la madre de otro personaje, ya véis-. Supongo que sabrán que los tiempos pasados fueron mejores, vete a saber.

    En fin, que tampoco merece la pena decir mucho más de "American pie: el reencuentro". Yo me divertí viéndola, pero creo que más por la nostalgia de las primeras partes que no porque ésta sea la caña. Así que ya sabéis, tiene alguna que otra escena divertida y no es una molestia verla. Aunque, para los que seáis un poco más mayores, os parecerá una capullada de descerebrados como cualquier otra. Pero bueno, es lo que hay.

    sábado, 5 de mayo de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "EL GRAN AZUL"

    TÍTULO: EL GRAN AZUL

    DIRECTOR: LUC BESSON

    REPARTO: JEAN-MARC- BARR, JEAN RENO, ROSSANA ARQUETTE, GRIFFIN DUNNE, PAUL SHENAR

    DURACIÓN: 168 min.

    AÑO: 1988

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Antes de embarcarse en los proyectos que definirían su estilo personal como figura clave dentro del cine de acción y fantástico francés, el director Luc Besson realizó una de sus películas más famosas y, por qué no decirlo, de las más fascinantes que han contado con parajes naturales como un protagonista más de la historia. Para ello, esbozó un argumento original que le permitía centrar la historia en ese gran azul del título, que la cámara de Besson retrata con admiración y grandiosidad. No obstante, pocos años más tarde, el propio Besson realizaría el documental “Atlantis – Atlantis, 1991” El resultado, además de una memorable interpretación de Jean-Marc Barr como apasionado incondicional del fondo marino y, sobretodo, de Jean Rano como sensacional competidor eterno del intérprete principal.

    Jacques y Enzo (Barr y Reno, respectivamente), desde niños, han sido dos enamorados del mar, y han competido por ver cuál de los dos era capaz de contener mayor tiempo la respiración bajo el agua. De adultos, ambos acuden a un campeonato mundial de inmersión, donde los dos pondrán a prueba su increíble capacidad para la apnea. A ellos, que mantienen una distante relación de camaradería y rivalidad, se les une una periodista norteamericana llamada Johana (Arquette), quien está preparando un reportaje sobre Jacques, y del que se enamorará perdidamente. Sin embargo, la pasión de Jacques y Enzo por el mar es total, lo que les empuja a un malsano afán por permanecer en él todo el tiempo que puedan.

    “El gran azul” es una muerta de toda la belleza con la que puede recoger una cámara el mar. Ese gigantesco monstruo azul es casi acariciado por la cámara de Besson, quien no oculta en ningún instante su admiración y deleite por todas y cada una de las secuencias submarinas. Por ello, en ocasiones da la impresión de que “El gran azul” no es sino una excusa para rodar en dicho medio, lo que juega en contra de la propia historia. ¿Y de qué forma? Pues sirviendo de mera excusa para retratar algunas de las secuencias más hermosas vistas en una película comercial, y que tiene lugar bajo el mar. La historia acerca de la extraña competitividad entre ambos hombres es algo totalmente vacío (sólo se salva algún que otro apunte, como la divertida secuencia en que el equipo japonés se prepara para la inmersión ante la mirada estupefacta de Enzo), al igual que la secuencia que sirve de presentación para el personaje de Jacques (nos referimos a aquella en la que realiza un rescate asombroso en unas aguas gélidas).

    Sin embargo, Besson parece no darle excesiva importancia, ya que se las ingenia para componer todas y cada una de las secuencias acuáticas en un auténtico festival visual. En efecto, se sirve de cada uno de los momentos de inmersión de los personajes para que su cámara retrate las profundidades del mar con una calidez y colorido tan fascinante que el espectador, en ocasiones, puede olvidarse de la simpleza de la historia que le está contando “El gran azul”. Evidentemente, el film también es consciente de que debe ser algo comercial, por lo que se introduce el elemento romántico de turno entre el personaje de Jacques y la periodista que (atención a la belleza descomunal de la secuencia en que nadan con los delfines), contra todo pronóstico, sirve para reforzar aún más el amor incondicional que los dos protagonistas masculinos sienten por el mar -de ahí la secuencia final, antes de que Jacques se sumerja por última vez con ayuda de Johana-.

    Ahora bien, también es cierto que buena parte del público pueden considerar a “El gran azul” como una excusa tediosa y aburrida al preferir decantarse por los extraordinarios planos conseguidos por el director de fotografía galo Carlo Varini. No obstante, “El gran azul” es mucho más que eso. Además de ser una oda bellísima al mar, es uno de los ejercicios fílmicos más brillantes de su director, quien aprovecha todos y cada uno de los recursos posibles (el blanco y negro para el prólogo, el formato panorámico para los descensos en competición, los originales giros argumentales para aumentar el interés del largometraje –la estrategia de Jacques para sacarle más ventaja a la marca de Enzo en una de sus inmersiones-, etc.) y la belleza absoluta hasta en los momentos más distendidos (Enzo tocando un piano de cola blando al borde de un mar increíblemente azul). Así pues, aunque “El gran azul” no cuente con el dinamismo de las producciones de acción que Luc Besson realizó a continuación –tanto en calidad de director como de guionista-, sí que es uno de sus trabajos más admirados. Y, por supuesto, digna de las mejores composiciones, la hermosísima y sugerente partitura compuesta por Eric Serra.

    En definitiva, “El gran azul” es una película para disfrutar con uno de los mayores regalos y misterios que nos ha regalado la naturaleza. El resto de lo que contiene, no son más que meras excusas para servir a este propósito.

  • MR. HYDE DICE:
  • Para ser sincero, la primera vez que vi “El gran azul”, de pequeño, me pareció un tostón del quince. Supongo que porque imaginaba que sería una peli sobre animalitos, aventuras con delfines y tal. Y claro, cuando ya llevas una hora, y de delfines nada, pues como que te la pela el resto. Pero, cuando la volví a ver, ya un poco más mayor, me hizo gracia darme cuenta de que la peli es chulísima y de que no me gustara de nano. Por supuesto, no es la típica película para críos, por mucho que pase en el agua, y por mucho que los delfines tengan algo que ver en la historia. Pero es un pasada. El argumento, reconozco que, aunque un pelín monótono, es original porque, que yo pueda recordar ahora mismo, nadie había hecho antes una película entera sobre la apnea (para los de la E.S.O., “apnea” = “esa movida de aguantar la respiración debajo del agua”), y mucho menos combinándola con una pasión brutal por el mar.

    De todas formas, es chunguete decir si “El gran azul” es una película de aventuras, un drama, o una historia de amor porque, en realidad, es un poco de todo. La aventura de los dos hombres que, desde chavalines, ya se pican para ver quién aguanta más debajo del agua, y que crecen para volver a competir en un campeonato mundial, con sus estrategias y demás; un drama por la obsesión casi enfermiza del prota por poder pasarse la vida debajo del agua, y por un par más de cosas que pasan y que no diré para no cagaros la sorpresa; y una historia de amor por todo lo que tiene que ver con el rollete que se monta con la periodista yanqui que va a hacer un reportaje sobre todo esto. Aún así, a “El gran azul” no le pasa como a otras pelis, que se hacen la picha un lío porque no tienen claro hacia qué lado de todos quieren tirar. Aquí, la cosa está clara y, por encima de todo, lo que quieren hacer es una película sobre gente que adora el mar, y sobre lo bonito que pueden ser las sensaciones de libertad que significan para ellos.

    Además, hay un par más de cosas en “El gran azul” que se salen por la puerta grande. La primera es la fotografía, y la segunda es la música. Sobre la fotografía, no tengo ni papa de quién es el director, pero es una pasada cómo retrata el mar, tanto por lo que pasa dentro como fuera. Y la música de Eric Serra (que, de normal, su música me parece bastante bodrio), es una chulada que le va a las escenas como anillo al dedo. De las actuaciones, por supuesto, lo mejor es Jean Reno, que consigue hacer de una especie de rival súper cachondo (no os perdáis el momento en el que invita a su oponente a casa de su madre, que ha preparado comida como para un ejército entero, y le regaña a su hijo por no comer como es debido).

    La parte que menos me convenció de “El gran azul” es todo lo que tiene que ver con las rayadas mentales del protagonista (lo llamo así porque no recuerdo cuál es su nombre en la película), sobretodo a partir de una cosa chunga que pasa en una de las pruebas de buceo. Tanto eso como lo que se supone que es el desenlace de la historia de amor es un poco deprimente, y demasiado complicado –y digo “complicado” por no decir que el prota se acaba comportando como un auténtico tarado, gilipollas de cabo a rabo-. Pero bueno, supongo que de algún modo tenían que acabar la historia y, teniendo en cuenta por los derroteros que ha ido la peli hasta ese momento, cualquier final podría valer.

    En fin, que “El gran azul” es una película muy guapa. Y creo que su mayor ventaja es que consigue interesar a quien le atrapa su historia y, a quien no, pues siempre puede disfrutar con todos los momentos que pasan junto al mar y debajo de él. Al menos, como postal animada del fondo marino a ritmo de una música preciosa, “El gran azul” sí que es una pasada.

    viernes, 4 de mayo de 2012

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "EL TOPO"

    TÍTULO: EL TOPO

    DIRECTOR: TOMAS ALFREDSSON

    REPARTO: GARY OLDMAN, COLIN FIRTH, MARK STRONG, JOHN HURT, TOM HARDY, TOBY JONES, CIARÁN HINDS

    DURACIÓN: 119 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: SUSPENSE

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • No es la primera vez que se adapta un best-seller a la gran pantalla, ni la primera vez que una novela del escritor inglés John Le Carré es llevada al cine. Ahora bien, que de las películas basadas en obras de Le Carré se hayan realizado adaptaciones memorables o que se hayan convertido en un gran éxito, desgraciadamente, la lista no es muy extensa. Así pues, aunque largometrajes como "El espía que surgió del frío - The spy who came in from the cold, 1965" o "El jardinero fiel - The constant gardener, 2005" fueran reconocidos por la crítica y recibieran importantes premios, lo cierto es que otras tantas adaptaciones como "La casa Rusia - The Russia house, 1990" o "El sastre de Panamá - The taylor of Panama, 2001", a pesar de sus correctas interpretaciones y más que respetables intenciones, fracasaron en su intento de convertirse en productos de calidad. Ahora llega a modalidad de alquiler la última de las adaptaciones de una novela de Le Carré, "El topo", realizada por el sueco Tomas Alfredson, quien ya había dejado muy buen sabor de boca con su anterior film, "Déjame entrar - La den rätte komma in, 2008".

    Durante la Guerra Fría, Control (Hurt), jefe de la inteligencia británica, encomienda una delicada misión a Jim Prideaux (Strong), uno de sus mejores hombres: viajar a Budapest para reunirse con un contacto ruso que les puede desvelar la identidad de un topo que los ingleses tienen entre su máximo personal de seguridad, y que está llevando a cabo trabajos de contraespionaje para los rusos. Sin embargo, a su llegada a la capital húngara, Prideaux es traicionado y sufre un atentado. De vuelta en Londres, Control dimite de su puesto tras el fracaso de la misión, y con él abandona también el puesto su mano derecha, George Smiley (Oldman). Éste, lejos de resignarse a que se olvide al infiltrado, decide retomar la investigación en la clandestinidad cuando aparece un joven espía inglés llamado Tarr (Hardy), que posee información de primera mano sobre la identidad del topo.

    "El topo" es, por encima de todo, un film inteligente. Se sirve de un entramado de lo más complicado, repleto de personajes que desempeñan un rol fundamental en una determinada parte de la historia para ir desarrollando, poco a poco, toda una intriga política y de espionaje magnífica. Además, gracias a la elegantísima puesta en escena de Alfredson, el largometraje se beneficia de las constantes alteraciones de tiempo (la película es una continua combinación de momentos reales con flashbacks aclaratorios) y a un montaje fascinante que le da ese toque de elegancia y sofisticación.

    En medio de toda esta maraña de personajes, nombres y motivaciones políticas, el reparto de "El topo" completa el aspecto artístico con nota. Desde un Gary Oldman en uno de los mejores papeles de su carrera (atención a su total impasibilidad en secuencias con fuerte carga emocional -cuando descubre la infidelidad de su mujer, ante un superior al que casi hace suplicar una confesión, mientras uno de sus subordinados la toma con otro de los compañeros...-), hasta pasar por toda una lista de secundarios de primera categoría: Firth (tremendo el cara a cara final con Smiley), Hinds (impetérrito mientras Control abandona su puesto), Hardy (estupendo mientras le relata los hechos a Smiley a cambio de protección), Strong (sensacional la escena en la que se lamenta por el camino que ha escogido en la vida, dentro de una mísera caravana), y Jones (cuando le obliga al subordinado de Smiley a andarse con ojo si no quiere acabar en la cárcel).

    Desgraciadamente, el guión de "El topo", por mucho que pretenda ser lo más fiel posible a la novela -y, en ocasiones, también da la sensación que a la serie de televisión que se hizo sobre el mismo argumento-, lo cierto es que no consigue desprenderse de esa complejidad argumental. Ello repercute un tanto negativamente en la percepción del espectador, al que le resulta imposible no perderse en algún momento del camino, bien debido a la gran variedad de nombres o referencias, o a que la historia siempre vaya un paso por delante.

    No obstante, y sin ninguna duda, "El topo" es uno de los films de espionaje e intriga más inteligentes que se han realizado en los últimos años. Una buena opción por la que decantarse esta semana en las estanterías de los videoclubs.

  • MR. HYDE DICE:
  • Que sí, que no digo yo que no, pero "El topo" es un lío de película de tres pares de cojones. A mí me parece muy bien que las pelis quieran ser todo lo inteligentes que les dé la gana, pero coño, lo podían haber puesto un poco más como pa tontos, ¿no? A ver, que nadie me malinterprete. "El topo" es una película muy bien hecha, que cuenta una historia complicada de una forma muy original, con calma, y con ganas de desafiarte para que estés a la altura y puedas pillar las cosas con la misma facilidad que el payo que se pone a hurgar a ver qué pasó con una operación que salió mal. Pero claro, para ello, mezclan nombres a tutiplén (cuesta un huevo y parte del otro acordarte de quién es quién), situaciones (la peli va adelante y atrás en el tiempo para contar lo que ha pasado, y por qué los del momento presente toman una determinada decisión), e intrigas políticas de esas de la Guerra Fría sobre espías.

    A mí me encanta el cine de espías, pero cuando la empiezan a liar, ya se me quita parte de las ganas de seguir mirando. No he leído ninguna de las novelas de John Le Carré, pero sí que he visto más de una película basada en ellas. De éstas, ya os digo que a "El topo" le pasa un poco lo mismo que a "La casa Rusia", que estará muy bien hecha, con unas actuaciones estupendas y todo lo que tú quieras, pero no te enteras de la misa la mitad. Por suerte, con "El sastre de Panamá" o "El jardinero fiel", la cosa quedaba un poco más clara -en la primera porque Pierce Brosnan se encarga de hacerlo todo más divertido, y en la segunda porque la historia no la enredan tanto-, pero en ésta, no hubiera estado de más que alguien les pidiera un poco más de sencillez.

    Sí que estoy de acuerdo con Jekyll en que tiene un mérito enorme haber sido capaces de hacer una película que tiene ese toque de estilo tan refinado y especial. Ahora bien, no sé si es que, como dice aquel, el Lusima es un poco tonto, pero tanta chufla de espías, tanta traición y tanta polla en vinagreta lo único que sirve es para que te hagas un cacao de cojones. Y, además, hay algo que me ha cabreado bastante (y conste que es una ventaja como calidad de la película, pero a mí me toca la ovamenta): ves al Gary Oldman más seguro que la castaña con cada pista que encuentra, y con las deducciones que va haciendo cada vez que escucha una grabación, que le cuentan algo, o que recuerda parte de una cosa que pasó hace tiempo. Vale, pues a él le servirá para ser más listo que todos juntos, pero tú te quedas esperando poder adivinar qué es sin conseguirlo. Y qué queréis que os diga, aparte de que frustra un poquito.

    En fin, dejando de lado el lío que se montan con la historia, sí que admito que "El topo" es una peli que está hecha sabiendo lo que se hace. Te pasas las casi dos horas que dura deseando que las pistas consigan ayudar al prota a averiguar quién es el traidor cosa que, dicho sea de paso, tampoco te da tiempo a imaginar. Y, por supuesto, tiene sus momentos de intriga a base de bien: cuando el espía al que mandan a Hungría empieza a ver comportamientos sospechosos que le hacen darse cuenta de que le han tendido una trampa, cuando el ayudante del protagonista debe robar un libro de registros del mismísimo cuartel general, o cuando le tienden la trampa final al traidor para que éste se delate.

    Así que lo dicho, si queréis encontrar una peli este finde en los videoclubs que sea de las que os hacen pensar y que, además, esté bien hecha, no lo dudéis, ésa es "El topo".

    jueves, 3 de mayo de 2012

    CINE ACTUAL: "PRECIOUS"

    TÍTULO: PRECIOUS

    DIRECTOR: LEE DANIELS

    REPARTO: GABOUREY SIDIBE, MO'NIQUE, PAULA PATTON, MARIAH CAREY, LENNY KRAVITZ

    DURACIÓN: 109 min.

    AÑO: 2009

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • En Hollywood, existen dos tipos de historias por los que los grandes estudios –y los no tan grandes- sienten especial predilección. Unos son los biopics, en los que un determinado actor/actriz suele conseguir el aplauso general de la crítica al recrear la figura de un determinado personaje histórico (el Oscar concedido a Meryl Streep en la reciente ceremonia de estos premios por interpretar a Maraget Tacther es buena prueba de ello). Los otros son las historias de superación personal, cuyos argumentos versan en torno a las enormes dificultades a las que deben hacer frente los personajes para poder conseguir sus propósitos (desde ganar una competición deportiva, hasta superar una grave enfermedad, lidiar con la muerte de algún familiar, etc.). En especial estos segundos son los que mayor libertad ofrecen a la hora de dar forma a un largometraje ya que, se basen o no en hechos reales, consiguen que el público se identifique en mayor medida con los protagonistas, sintiendo deseos de saber cómo termina el calvario particular de todos ellos –que, dicho sea de paso, suele ser de forma satisfactoria para todos-. Es en este último grupo en el que cabe incluir a “Precious”, film dirigido por el casi debutante Lee Daniels, basado en la novela con tintes autobiográficos “Push”, de una escritora norteamericana apodada Sapphire, y que cuenta con dos de las actuaciones más impactantes vistas recientemente en una pantalla de cine.

    Clarice Jones (Sidibe), a la que todo el mundo llama Precious, es una muchacha de diecisiete años que, aparte de sufrir una tremenda obesidad, está embarazada de su segundo hijo. Precious ya tiene un niño con síndrome de down al que llama Mongui y que, al igual que éste segundo, es fruto de una violación por parte de su padre. Precious vive de forma precaria con su madre, Mary (Mo’Nique), quien se preocupa más de que el Estado no le quite la subvención por la dependencia que tienen su hija y nietos de ella –y, gracias a la cuál, no necesita trabajar- que no en los problemas de su hija, a la que culpa de que su marido la haya abandonado. Dado que, por su estado, Precious es obligada a abandonar el instituto, acude a una centro especial para alumnas problemáticas en la que da clases la señorita Rain (Patton), quien se preocupa no sólo por el aprendizaje de las muchachas sino por los problemas de cada una de ellas. En mitad de este panorama, Precious hará lo posible por graduarse y salir adelante con sus dos hijos.

    Vaya por delante que tanto mi querido colega Hyde como un servidor no hemos leído la novela “Push”, por lo que nos resulta imposible juzgar cómo de fiel es el largometraje al original literario en el que se basa. Ahora bien, de lo que cabe duda es que el director Lee Daniels realiza un trabajo remarcable en ambos campos. Por una parte, la dirección de Daniels es sólida, dura y sin concesiones (ver todas y cada una de las secuencias de enfrentamientos que comparten Precious y su despótica madre) aunque, a la vez, consigue que al público no le resulte asfixiante (gracias a la participación de unas excelentes Paula Patton como maestra y –sorprendentemente- Mariah Carey como agente social, o a los momentos que Precious comparte con el resto de sus compañeras de clase). De esta forma, el espectador acompaña a la protagonista a lo largo de su odisea, compartiendo de ella la rudeza de momentos tan complicados como la aceptación de su situación, el segundo parto, o el abandono definitivo de su casa.

    Sin embargo, si hay un elemento que merezca la pena destacar de “Precious” por encima del resto son sus interpretaciones. Desde una asombrosa Gabourey Sibibe en el papel principal (nadie diría que es el primer film en el que participa), capaz de transmitir emociones terribles con tan sólo una mirada o un silencio (ver la última entrevista que hace con la trabajadora social con la que debate su situación), hasta por una insuperable Mo’Nique en uno de los papeles más desagradables vistos recientemente en un largometraje comercial (atención a la preparación, en su casa, de la entrevista con uno de los agentes sociales para no perder el subsidio), y pasando por unas actuaciones de secundarias como Paula Patton o Mariah Carey de lo más ajustadas, y desprovistas de cualquier halo de sensiblería.

    Así pues, “Precious” es una película muy dura, con un argumento difícil de digerir, pero muy bien hecha y mejor interpretada. Desde su puesta en escena hasta el guión, todos los elementos se encuentran perfectamente integrados para lograr conmover sin necesidad de recurrir a los trucos más sobre explotados de las producciones de este tipo. Desde luego, no es la clase de film que el espectador ve para pasar un rato distendido aunque, no por ello, desmerece lo más mínimo (por no decir que, de cuando en cuando, ver un largometraje como “Precious” es algo necesario).

  • MR. HYDE DICE:
  • ¡Ufff, qué peli más chunga! “Precious” es de las que hay que ver con calma, y sabiendo que la historia es dura de cojones porque, como no sepas a lo que vas, puedes acabar flipando pepinillos. Al principio de la peli te dicen que está basada en una historia real. Me da a mí que eso es algo que dicen casi siempre para vender más entradas, o para darle un toque más serio al tema y que parezca que te están contando la historia más im-prezionante del universo mundo. Ahora bien, en el caso de “Precious”, no tengo ni idea de si será así o no pero, en cualquier caso, si lo que te cuentan es verdad, agüita del avellano lo que ha sido la vida de esa pobre muchacha.

    Os aviso desde ya que “Precious” no es la típica película que te pones un viernes por la noche o un domingo por la tarde cuando te quieres distraer un rato con algo divertido. Puedes hacerlo, of course, pero tened en cuenta que la historia es cruda de cojones, y que lo podéis llegar a pasar un pelín mal (os lo digo más que nada porque yo la vi con mi chica una noche en plan de “por qué no vemos ésta, que me han dicho que es buena”, y ella acabó medio traumada con la historia). Pero, cuando digo eso de pasarlo mal, no quiero decir que sea una película de tortura, sangre y tripas por los aires. Aquí el tema es que es un dramón monumental sobre la vida de una pobre negra, más desgraciada de lo que se hubiera podido pensar en toda su vida. Y, además, si a eso le unes que las actuaciones son impresionantes, pues hacen que toda la película aún sea más creíble.

    Ahora que decía algo acerca de las actuaciones, me llamó mucho la atención el papelón que hace tanto la gorda negra como su madre. La chica es un ejemplo perfecto de actuación debutante, que borda tanto los momentos en que tiene que estar más seria (al principio con la directora del instituto, después con la maestra de ese centro de apoyo, o con la supervisora de atención al menor) o más relajada (cuando celebran la fiesta de nacimiento de su segundo hijo, o como cuando hace un sinpa en un bareto de pollo frito). Eso sí, la que se lleva la palma es la actriz –creo que es una rapera- que hace de su madre. No me extraña que se llevara el Oscar a la mejor secundaria pero, con o sin premio, reconozco que hace de una de las mayores hijasdelagranputa que he visto en mucho tiempo en una película. Y, si no, esperad a ver momentos como cuando le echa en la cara a su hija que le ha quitado a “su hombre” (se ve que la señora no se da cuenta de que el desgraciado de su marido ha violado en más de una ocasión a su hija) o, sobretodo, cuando casi la mata de una paliza cuando Precious vuelve a su casa con su segundo hijo recién nacido para recoger sus cosas y pirarse de allí (ye tú, que la loca de los cojones le tira una televisión por el hueco de las escaleras que no la revienta a ella y al bebé de puro milagro).

    Aparte de eso, “Precious” tiene poco más. Es como si hubieran querido hacer una película sobre lo jodida que es la vida para ciertas personas y cómo consiguen salir adelante a pesar de sus dificultades. Lo que pasa es que aquí lo rizan a tope de forma que, cuando la peli acaba, suspiras aliviado, porque dos horas de dramón intensivo casi te dejan exhausto. Ah, y una cosa que me llamó mucho la atención (aparte de que la maestra que ayuda a la prota a salir adelante sea lesbiana… ¡qué putada, con lo buena que está!) es que Mariah Carey demuestra que sabe actuar, y muy bien por cierto. Por lo demás, “Precious” es una buena película, muy dura, pero que, a pesar de todo, es casi una especie de canto a la esperanza, demostrando que si le echas un par de huevos a la vida cuando estás jodido a base de bien, puedes salir adelante, por muy chungo que parezca. Supongo que, aunque sólo sea por acabar teniendo esa sensación, ya merece la pena ver la película.

    miércoles, 2 de mayo de 2012

    CINE DE LOS 90: "EL ÚLTIMO MOHICANO"

    TÍTULO: EL ÚLTIMO MOHICANO

    DIRECTOR: MICHAEL MANN

    REPARTO: DANIEL DAY-LEWIS, MADELEINE STOWE, WES STUDI, RUSSELL MEANS, ERIC SHWEIG, JODHI MAY, STEVEN WADDINGTON, MAURICE ROËVES

    DURACIÓN: 118 min.

    AÑO: 1992

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JDEKYLL DICE:
  • No hace falta más que echar un vistazo a la filmografía de Michael Mann para darse cuenta de que se trata de una de las personalidades más polivalentes e inquietas del cine moderno. Curtido en la realización de numerosos episodios de exitosas series de televisión, cada vez que Mann ha dirigido alguna película, la crítica la ha ensalzado casi con pasión. No es para menos, pues es uno de los pocos directores que aún siguen en activo cuya pasión por el cine le lleva, en cada nuevo proyecto, a querer experimentar nuevas técnicas (lentes, objetivos, iluminación, sistemas de grabación...), consiguiendo resultados que, si bien no siempre se convierten en éxitos arrolladores, no hay quien le quite el mérito -auántos directores da la sensación de que se conforman con gritar "¡Acción!" sin el más mínimo interés por ser un poco más innovadores. Así pues, desde el mejor cine policiaco ("Heat - Heat, 1995", "Collateral - Collateral, 2004") pasando por originales bipoics ("Ali - Ali - 2001", "Enemigos públicos - Public enemies, 2009") y films que lo dicen todo con cada movimiento de cámara, capaces de absorber la atención del espectador con un guión tan complejo como magistral ("El dilema - The insider, 1999"), la carrera cinematográfica de Michael Mann es, en dos palabras, una delicia. De entre todos sus largometrajes, el que con mayor probabilidad haya logrado mayor repercusión sea, precisamente, "El último mohicano", una nueva adaptación de la novela homónima de James Fenimore Cooper, rodada con una grandiosidad y espectacularidad que quedaron en la memoria de muchísimos espectadores, al igual que su portentosa banda sonora.

    Mediados del siglo XVIII. Nathaniel Poe (Day-Lewis), también llamado Ojo de Águila, es un joven de raza blanco criado por los mohicanos como uno más de ellos. En mitad de la Guerra de Independencia estadounidense, Ojo de Halcón y su hermano adoptivo Uncas (Schweig) salvan de una emboscada urdida por los franceses a dos hermosas jóvenes. Éstas, resultan ser las hijas del coronel Munro (Roëves), quien les agradece, no sin cierto resentimiento, su heroicidad. Los problemas vendrán cuando las tropas francesas, que cuentan con el importante apoyo de una serie de indios nativos, entre los que se encuentra el despiadado Magua (Studi), asaltan a las tropas inglesas, por lo que Ojo de Halcón y Uncas deberán huir del asedio en compañía de las dos hermanas, y de un capitán de la guardia inglesa. Además, las cosas aún se complicarán más cuando Cora (Stowe), la hermana mayor, se enamore de Ojo de Halcón, y Alice (May), la hermana menor, de Uncas.

    "El último mohicano" es una gran súper producción. Tal vez, en el momento de su estreno, se la presentara como una película más de aventuras pero, de lo que no cabe duda es de que se trata de una gran película, realizada con un gusto y cuidado exquisito, y con una puesta en escena arrebatadora. Para empezar, la ambientación es sensacional, no sólo por la construcción de los decorados correspondientes, sino por las localizaciones en los que tiene lugar su filmación (seguro que quien la ha visto aún recuerda la parte trasera de las cataratas y el sendero al borde del abismo en el que tiene lugar un trágico suceso). Además, desde el punto de vista técnico, "El último mohicano" hace gala de una perfección patente, consiguiendo un equilibrio magnífico entre los momentos más íntimos (atención al cara a cara, repleto de emociones contenidas, entre Ojo de Halcón y Cora, cuando éste se encuentra encarcelado en el campamento inglés), y la espectacularidad de las escenas de acción (desde las batallas a campo abierto hasta los ataques cuerpo a cuerpo en mita de la selva -algo que, años más tarde, perfeccionaría Mel Gibson en su polémica "Apocalypto - Apocalypto, 2006"-).

    Asimismo, en el resto de apartados técnicos (la fotografía de Dane Spinotti -colaborador habitual de Mann- o el montaje de Arthur Schmidt -habitual de Robert Zemeckis-) la cinta es todo un ejemplo de cálculo y planificación. Ahora bien, si existe un apartado en el que destaque especialmente "El último mohicano", y que se diferencia con claridad del resto, es en la música. A día de hoy, la banda sonora compuesta a cuatro manos por el veterano Trevor Jones y Randy Edelman es una de las más conocidas de la historia del cine reciente. Y no es para menos, habida la cuenta de que logra darle una fuerza tremenda a lo épico de sus imágenes, hecho que queda patente en instantes tan épicos como el beso final que le da Ojo de Halcón a Cora detrás una catarata, mientras le pide que sobreviva para que él pueda encontrarla de nuevo.

    En definitiva, "El último mohicano" es una espectáculo con mayúsculas. Una lección de cine bien hecho que consigue hipnotizar al público durante toda su emocionante trama.

  • MR. HYDE DICE:
  • Para mí, "El último mohicano" es la música. No sé si porque el tema central de la peli lo he escuchado ya hasta cansarme o qué, pero ver la película con otra música, creo que sería imposible. Es más, creo que parte de la fuerza esa que tiene y de lo chula que está es en mucha medida gracias a ella. Pero, además, es un peliculón de aventuras como la copa de un pino, entretenida y de las que te hace casi ni pestañear. Además, la historia me parece súper original (aunque esté basada en una novela) ya que, hasta ahora, todas las películas sobre la Guerra de Independencia de los Estados Unidos siempre las habían hecho sacando o a los nativos americanos en colaboración con los franceses, o a los ingleses como los hijoputas que querían someterlos como fuera. Sin embargo, en esta película, lo que ves es gente que, al margen de la guerra, se quiere mantener unida pase lo que pase, y con independencia de la raza y creencias de cada uno.

    "El último mohicano" es espectacular desde que empieza hasta que acaba. Ahora, lo curioso es que parece que no se quiere dar esos aires de grandeza, sino que es como si cada parte espectacular lo fuera porque es lo que toca, como si te metieran en medio de cada batalla y enfrentamiento porque pasabas por allí, pero luego te lo quisieran enseñar en todo su esplendor (y creedme si os digo que lo hacen a base de bien, sea de día o de noche, y sea en mitad de un llano o detrás de una catarata). De entre todas esas escenas acojonantes, no sabría muy bien con cuál quedarme. Las hay impresionantes por su violencia (lo que le pasa al capitán inglés, o las peleas de los soldados con los indios a base de machetazos), por la emoción que tienen (atentos a cuando el mohicano y su hermano llegan casi en el último segundo para salvarles el culo a las dos hermanas, justo antes de que un indio le rebane el pescuezo a la morena), por lo bien hechas que están (el enfrentamiento final entre el indio cabrón más malo que un demonio y el mohicano), y porque casi parece que puedas estirar la mano y "tocar" la imagen (todo lo que pasa en el campamento inglés de noche).

    Por supuesto, en medio de todo, Daniel Day-Lewis metiéndose en la piel del mohicano con una facilidad que casi parece que el tío ha sido un indio de esos toda su vida. Y Madeleine Stowe demostrando por qué Kevin Costner era capaz de perder la cabeza por ella en aquella peli tan chula en que hacía de mujer de Anthony Quinn. Pero más que por las actuaciones, "El último mohicano" llama la atención porque tiene ese aire de peliculón a lo bestia que tenían las pelis épicas de hace cincuenta años -me refiero a esas en que ves diez minutos y ya sabes de qué palo va a ir la cosa, y que estás a punto de ver algo grande-. Además, tiene mucho mérito que, no siendo la primera vez que se hace una película sobre este mismo tema, sí que se consigue un resultado tan brutal y hacer que tú, que estás ahí parado delante de la pantalla, casi ni parpadees. Es verdad que la historia puede ser un poco liosa (aparecen tanto los gabachos como los ingleses, y los dos se sirven de los indios para poder ganar al otro), pero está hecha con tal gracia que no sólo pillas en seguida el hilo, sino que casi te sorprende la facilidad con la que van enganchando un tema detrás de otro.

    En fin, que os podría decir mil maravillas sobre "El último mohicano", pero lo mejor es que si no la habéis visto, no perdáis más el tiempo y la consigáis cuanto antes. Ah, y su banda sonora también, porque tanto una como la otra son dos pasadas impresionantes. En serio, de esas que ves al cabo de un tiempo y te vuelves a enganchar con la misma facilidad que la primera vez; o de las que recuerdas y, casi sin darte cuenta, te viene una sonrisa tonta a la cara. Buenísima señal, ¿no?

    martes, 1 de mayo de 2012

    CINE DE LOS 80: "JÓVENES OCULTOS"

    TÍTULO: JÓVENES OCULTOS

    DIRECTOR: JOEL SHUMACHER

    REPARTO: JASON PATRIC, KIEFER SUTHERLAND, COREY HAIM, COREY FELDMAN, DIANNE WIEST, JAMI GERTZ

    DURACIÓN: 93 min.

    AÑO: 1987

    GÉNERO: FANTÁSTICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Poco imaginaría el escritor J.M. Barrie, cuando creó a su personaje literario más famoso, Peter Pan, y todo el mágico mundo de Nunca Jamás que le envuelve que, con el paso del tiempo, su obra contaría con las más variadas adaptaciones teatrales, noveladas e, incluso, musicadas. En lo que al terreno cinematográfico se refiere, pocas personas hay, a estas alturas, que no conozcan la versión que Disney realizó a mediados del siglo pasado, o de la excesivamente infantil adaptación que filmó Steven Spielberg a principio de los años noventa. Sin embargo, existen otro conjunto de largometrajes tremendamente influenciados por el conocido “síndrome de Peter Pan” que, partiendo de una premisa similar a la que se desarrollaba en la obra de Barrie, consigue llevarse a un terreno muy diferente la existencia de ciertas “criaturas” a los que la edad no afecta, y que parecen vivir en un mundo de fiesta continua, sin responsabilidades ni obligaciones de ningún tipo. Si, por un lado, se toma esta idea base y, por otro, la moda que parecía haber surgido durante la segunda mitad de los años ochenta en lo que a las historias de vampiros se refiere (prueba de ello son obras de autor como “El ansia – The hunger, 1983”, o producciones más simpáticas como “Noche de miedo – Fright night, 1985” y su secuela), el resultado de tal combinación es lo que dio pie a“Jóvenes ocultos”.

    Tras el divorcio de sus padres, Sam (Haim) se muda con su hermano mayor Michael (Patric) y su madre Lucy (Wiest) a un pequeño pueblo costero. A su llegada, entabla amistad con un alocado muchacho llamado Edgar (Feldman), aficionado a los cómics e historias fantásticas. Pronto, Sam se da cuenta de los persistentes anuncios que hay en el pueblo acerca de personas desaparecidas, lo que le hará plantearse más de una cuestión. Al mismo tiempo, Michael queda fascinado por una chica llamada Estrella (Gertz), que frecuenta la compañía de una curiosa pandilla de adolescentes gamberros liderada por David (Sutherland). Sin embargo, lo que no sospecha es que David y sus colegas son algo más que unos simples gamberros. Pronto, Sam deberá ayudar a su hermano que, fascinado por el magnetismo que desprende David se está acercando peligrosamente a un estilo de vida que va más allá de las leyes de la naturaleza.

    “Jóvenes ocultos” –cuyo título en castellano deja bastante que desear, sobretodo si tenemos en cuenta que el original, The lost boys, hace referencia directa a los “niños perdidos” del país de Nunca Jamás de Peter Pan al que hacíamos referencia en la introducción- llama particularmente la atención por dos de los nombres envueltos en su concepción. Por una parte, Joel Schumacher como director y, por otro, Richard Donner como productor del film. En lo que a la dirección de Shumacher se refiere, “Jóvenes ocultos” suponía una propuesta más madura que su anterior largometraje, “St. Elmo, punto de encuentro – St. Elmo’s fire, 1985” (obra icono del cine de adolescentes de los ochenta). En efecto, aquí, Shumacher hace gala de un singular estilo en su puesta en escena, no necesitando recurrir a los torpes trucajes más propios de películas de serie B, sino que opta más bien por la creación de una atmósfera amenazante y gótica (el diseño de la cueva en la que duermen David y el resto de sus compañeros, cuyo aspecto se asemeja más a una siniestra iglesia que no a una mera guarida) . Así pues, “Jóvenes ocultos” hace gala de algunos de los momentos más originales del cine de vampiros de los ochenta como, por ejemplo, el ritual de “conversión” de Michael en el que tanto él como el resto de no-muertos se cuelgan de una vía de tren ubicada en un puente, aguantando al máximo antes de que un tren esté a punto de arrollarlos.

    En lo que la labor de Donner como productor del evento se refiere, da más la sensación de que “Jóvenes ocultos” se trataba de un proyecto que el propio Donner estuvo a punto de realizar pero que, por problemas de agenda (“Jóvenes ocultos se rodó el mismo año que “Arma letal – Lethal weapon, 1987) aunque, por fortuna, el film cuenta con una puesta en escena más clásica, propia de los thrillers de los ochenta, que no de los montajes más testosterónicos y videocliperos de los años siguientes.

    En último lugar, mencionar un par de apuntes acerca del reparto de “Jóvenes ocultos”. A pesar de contar con figuras más veteranas del cine como la ganadora de dos Oscar Dianne Wiest, el peso de la acción recae sobre unos casi debutantes Jason Patric y Kiefer Sutherland (quien, posteriormente, ha trabajado con Shumacher en varias ocasiones más) y, muy especialmente, Corey Haim y Corey Feldman, que, durante los dos años siguientes, se convertirían en auténticas promesas del cine más adolescente –ambos rodarían al año siguiente la comedia “Papá Cadillac – License to drive, 1988” aunque, por desgracia, la carrera de ambos quedaría marcada por la adicción al alcohol y las drogas-.

    En definitiva, “Jóvenes ocultos” es un más que respetable film de terror juvenil que, partiendo de una idea conocida (la inmortalidad como forma de evasión de las responsabilidades), explora una nueva dimensión del cine de terror más convencional, convirtiéndose en un largometraje ameno (especialmente durante su tercio final) y original que, visto a día de hoy, a resistido con bastante buena suerte el paso del tiempo y de las modas.

  • MR. HYDE DICE:
  • “Jóvenes ocultos” está bien, pero tampoco me mató tanto. Creo que es más la fama que tiene la peli por cómo era la época en la que se estrenó, y el tema que trataba, que no por la calidad de la propia película. Vamos, que es de esas que si la ponen en la tele pues te la ves sin que cueste mucho, pero que tampoco te verías una segunda vez. Reconozco que tiene su mérito eso de mezclar toda la historia de los que no quieren crecer ni tener más responsabilidades que la de chupar sangre (que también, pedazo porvenir el de los colegas), aunque todo tiene un tufo a ochentero que tira de culo.

    Ahora bien, “Jóvenes ocultos” sí que tiene cosas que me gustó cómo lo recoge. Primero, cómo mezcla la historia de misterio de por qué desaparece la gente (no hace falta ser muy espabilado para deducir que están sirviendo de merienda a los vampiros) y de adivinar quién es el jefe de todos ellos. Ahí reconozco que no me esperaba esa sorpresa. Segundo, la forma que tienen los vampiros esos de ir de modernos, en plan punky y así rollo motero. Tercero, la forma que tienen de atraer al hermano del chaval protagonista al lado oscuro de la fuer… digo… al lado de los chupasangres, a través de la influencia que ejerce en él una tía buena que va con los vampiros –y que, por algún motivo que no llego a recordar del todo, resulta que no se ha convertido como los demás-. Y, cuarto, lo que más me gustó de todo, el final. Toda la parte esa que tiene lugar en la casa del prota, con los vampiros queriendo entrar para zamparse a toda la familia y, por supuesto, averiguar la identidad del jefe supremo de los vampiros, mola mazo. Sobretodo esos quince o veinte minutos son estupendos porque no se cortan con la violencia ni con las transformaciones de los vampiros en bichos, y tiene mucha más acción que el resto de la peli, cuando han preferido ir más en plan comedido con el suspense y tal (por ejemplo, hasta el final no sabes si el hermano del protagonista también se ha convertido en vampiro o no).

    Por lo demás, “Jóvenes ocultos” supongo que es más un triunfo porque sacó a la juventud ochentera tal y como era entonces (al menos, la americana), y por cómo consiguieron hacer una película sobre vampiros que no tenía nada que ver con los típicos de ataúdes, Dráculas varios y todo eso. Vale que en “Jóvenes ocultos” sí que sigue funcionando el tema del ajo como repelente y de las estacas en el corazón, pero no tan exagerado como en las demás pelis de chupasangres.

    En resumen, “Jóvenes ocultos” es de las película que se dejan ver, que no asusta más allá de os últimos quince minutos (lo digo por las chicas, que suelen ser las más reacias a ver este tipo de pelis por si los sustos), y que causa más nostalgia por los años en los que salió que porque la peli realmente sea la leche. Y todo ello, independientemente de que haga referencia a Peter Pan o a Bambi., que tanto da.

    lunes, 30 de abril de 2012

    CINE CLÁSICO: "EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE"

    TÍTULO: EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE

    DIRECTOR: JOHN FORD

    REPARTO: JAMES STEWART, JOHN WAYNE, LEE MARVIN, VERA MILES, EDMON O'BRIEN, KEN MURRAY, ANDY DEVINE

    DURACIÓN: 123 min.

    AÑO: 1962

    GÉNERO: WESTERN

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Si quisiéramos ir enumerando todas y cada una de los westerns que dirigió John Ford a lo largo de su carrera sería algo tan complicado como elegir al mejor de ellos. No sólo porque el gran realizador es el responsable de algunas de las mejores y más famosas obras del género (al bélico también se acerca, aunque no con los mismos resultados ni trascendencia), sino porque cada una de ellas contiene un punto que la hace única y distinta de todas las demás. En el caso de "El hombre que mató a Liberty Valance", que dirigió ya en la recta final de su carrera, los detalles novedosos diferenciadores que contiene son mucho más llamativos que en el resto. Y, por descontado, su reparto es, en una palabra, sensacional.

    Ramson Stoddard (Stewart) es un joven abogado que acude a un pequeño pueblo llamado Shinbone. Allí, sus habitantes viven atemorizados por la figura de un violento pistolero local llamado Liberty Valance (Marvin). Dispuesto a hacer que la Ley vuelva al pueblo con su trabajo, Stoddard decide hacerle frente a Liberty Vance por la vía legal, cosa que no funciona como él había pensado, por lo que la ayuda que le presta Tom Doniphon (Wayne), uno de los lugareños más duros del pueblo, le servirá de mucho. Sin embargo, lo que no se podía esperar es que tanto Stoddard como Doniphon están enamorados de la misma mujer: Hallie (Milles).

    Son muchos los que ven en "El hombre que mató a Liberty Valance" una de las primeras muestras de lo conocido como "western crepuscular". Nada más lejos de la realidad. Aún más, resulta casi paradójico que sea el "padre" del género, John Ford, quien firme una obra semejante. No sólo no contiene ni la mitad de los elementos tradicionales de cualquier western (forajidos, indios salvajes, aguerridos pistoleros, duelos fatídicos, poblados polvorientos repletos de matones...) sino que, además, ofrece una nueva clase de héroe: el irreal. En efecto, todo aquel que haya visto el largometraje sabe perfectamente quién se esconde detrás de su título. Así pues, por una parte se encuentra el personaje que encarna la rectitud, la justicia y el sentido del honor; por otra, el tipo duro de siempre, ejemplo vivo de la vieja escuela, valiente y decidido; y, por último, el villano despreciable que hace gala de todo su despotismo y carencia de valores. Sin embargo, mientras que los principios de cada uno están claramente diferenciados al comienzo del film, no sucede lo mismo cuando éste concluye. Este es parte del talento de John Ford, cambiar la personalidad de cada personaje sin que "el bueno" deje de parecerlo, y que "el duro" pueda seguir manteniendo su reputación.

    En resumidas cuentas, "El hombre que mató a Liberty Valance" es una evidente declaración de principios: es mejor vivir creyendo la leyenda que enfrentándose con el desencanto de la realidad, siempre que la primera ayude a la segunda a ser mejores. Como se puede ver, no es que éste sea precisamente el lema de todo buen western que se precie aunque, en un caso como el de "El hombre que mató a Liberty Valance", es un elemento imprescindible que juega a su favor. De hecho, es imposible imaginarse un planteamiento diferente para relatar una historia en la que, por fortuna, tanto las interpretaciones de Stewart, Marvin y, sobretodo, Wayne (en un claro homenaje a lo que ha sido el grueso de su trayectoria cinematográfica) son extraordinarias. Una muy buena película, de lo más recomendable.

  • MR. HYDE DICE:
  • Vaya por delante algo que igual hace que más de uno se tire de los pelos: las pelis viejas -perdón, clásicas- del Oeste, me parecen un bodrio de mil demonios. Podrán decir que John Ford es la pera limonera haciendo películas de indios y vaqueros, pero vista una, el resto me parecen todas iguales. Cámbiale el nombre al malo, el motivo por el que es tan cabroncete, y el nombre al pueblo, que con eso ya tienes una peli clásica del Oeste, de esas que hacían como churros. Ahora bien, con "El hombre que mató a Liberty Valance" me pasa algo curioso. No sólo me gustó cuando la vi, sino que me esperaba que fuera una más del montón. Y, mira tú por dónde, resulta que va y no. Si queréis saber por qué, seguid leyendo (si no, también, que para algo me lo curro).

    Para empezar, no es la clásica historia del vaquero que tiene que partirse la crisma con los que quieren atracar la diligencia o con el jefe indio de turno. Aquí ni hay indios ni nada por el estilo. Para seguir, resulta que el argumento de la película, más que el propio de una película que va de vaqueros, resulta que va y mete un triángulo amoroso bastante chungo de arreglar cosa que, no sé vosotros, pero yo no había visto nunca antes en una película del Oeste (que vale, tampoco me he visto tantas pero, como poco, llama la atención). Y, además, de todo ello, resulta que aunque salga John Wayne, "El hombre que mató Liberty Valance" no depende para nada de la figura de súper vaquero -si la semana pasada hablábamos de súper héroes, hoy tocaría hablar de súper vaqueros- porque, de hecho, hace de una especie de tío duro pero de forma muy diferente a las anteriores (no se sabe si está a favor de que al estirado del politiquillo le den una buena patada en el culo, o si lo que quiere es mandar a Liberty Valance a criar malvas).

    Ah, y una cosa también muy diferente. Resulta que, aunque la hayan rodado en blanco y negro, no es un blanco y negro que hace a película vieja, sino que tiene un aspecto mucho más normal que el de las pelis del Oeste del año de la polca. No sé si será porque la han hecho con eso que llamaban "noche americana" -básicamente consiste en que ruedan de día, pero luego oscurecían el negativo un poco para que pareciera que es de noche-, o porque tampoco pasa tal cuál en mitad del desierto de Oregón o de Colorado, o de donde coño sea. En "El hombre que mató a Liberty Valance", todo pasa más o menos dentro de un pueblo que luce bastante moderno. Igual es por lo que dice Jekyll de que es un western crepuscular y, a lo mejor, eso quiere decir que siguen siendo películas del Oeste pero que no se parecen a las otras que han pasado tarde sí tarde también en los canales autonómicos a las seis de la tarde, de lunes a viernes.

    "El hombre que mató a Liberty Valance" parece una película clásica del Oeste hecha para aquellos a los que no les gustan las pelis clásicas del Oeste. En mi opinión, gira más sobre los huevos que le echa un pobre panoli para poner un poco de orden en una ciudad sin ley, en el lado tierno / de honor que acaba teniendo el duro del pueblo, y en el merecido a lo crónica de una muerte anunciada que recibe el malo de la función. Ah, y, por supuesto, la sorpresa final (algo también bastante escaso en las películas del Oeste) sobre qué pasa realmente con la muerte del susodicho. En fin, que es una película muy chula de las que, al menos, una vez sí que hay que ver porque merece mucho la pena. Y, repito, os lo digo yo, que las del Oeste me parecen un rollo macabeo.

    domingo, 29 de abril de 2012

    ESPECIAL SEMANA SÚPER HÉORES: "LOS VENGADORES"

    TÍTULO: LOS VENGADORES

    DIRECTOR: JOSS WHEDON

    REPARTO: ROBERT DOWNEY JR., SCARLETT JOHANSSON, CHRIS EVANS, CHRIS HEMSWORTH, SAMUEL L. JACKSON, JEREMY RENNER, MARK RUFFALO, TOM HIDDLESTON, CLARK GREGG, STELLAN SKARSGAARD

    DURACIÓN: 142 min.

    AÑO: 2012

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Qué mejor manera de despedir la semana dedicada a los súper héroes de cómic cuyas aventuras han llegado a la gran pantalla, que con una película que recopila las andanzas de algunos de los más famosos en una sola. En efecto, tal y como se viene anunciando a bombo y platillo desde hace casi cuatro años, tras los correspondientes estrenos de las aventuras individuales de cada uno de estos personajes –algunos de ello, incluso, cuentan ya con segundas partes-, se estrena por todo lo alto “Los vengadores”, film en el que súper héroes de la talla de Iron man, Hulk, Thor o el Capitán América se unen en su continua lucha contra el mal. Anunciada como la primera gran súper producción de la temporada, “Los vengadores” ha sido dirigida por Joss Whedon, conocido especialmente por ser el creador de series televisivas como “Buffy” o “Firefly” y que, con “Los vengadores” debuta en el terreno de los blockbusters. En cuanto al reparto, repiten la práctica totalidad de los intérpretes que habían encarnado previamente a cada súper héroe, con la novedad de Mark Ruffalo como Bruce Banner, alias Hulk, quien, en las ocasiones anteriores, había sido interpretado por Eric Bana y Edward Norton.

    En un complejo secreto del gobierno norteamericano, el coronel Nick Furia (Jackson) y el agente especial del FBI Coulson (Gregg), responsables al frente de una agencia de seguridad nacional especial denominada SHIELD, se encargan del desarrollo de un experimento en el que se maneja una peligrosa sustancia que permite abrir un nexo entre dos mundos diferentes. Esta oportunidad la aprovecha Locki (Hiddleston), hermanastro desterrado de Thor (Hemsworth) para regresar a La Tierra y someter a todos sus habitantes. Tras un aparatoso accidente en el que Locki se hace con dicha sustancia, Furia se ve obligado a reclutar un grupo de súper hombres capaces de hacerle frente. Entre ellos, se encuentra el científico especializado en rayos gamma Bruce Banner, alias Hulk (Ruffalo), el científico y playboy Tony Stark , alias Iron man (Downey Jr.), la ex-espía Natalia Romanoff, alias La Viuda Negra (Johansson), un resucitado en pleno siglo XXI Steve Richards, alias Capitán América (Evans), el agente especial XX, alias Ojo de Halcón (Renner), y el mismísimo dios del trueno, Thor. Juntos tratarán de contener los planes invasores de Locki, que provocarán una terrible batalla en el corazón de Nueva York.

    En un complejo secreto del gobierno norteamericano, el coronel Nick Furia (Jackson) y el agente especial del FBI Coulson (Gregg), responsables al frente de una agencia de seguridad nacional especial denominada SHIELD, se encargan del desarrollo de un experimento en el que se maneja una peligrosa sustancia que permite abrir un nexo entre dos mundos diferentes. Esta oportunidad la aprovecha Locki (Hiddleston), hermanastro desterrado de Thor (Hemsworth) para regresar a La Tierra y someter a todos sus habitantes. Tras un aparatoso accidente en el que Locki se hace con dicha sustancia, Furia se ve obligado a reclutar un grupo de súper hombres capaces de hacerle frente. Entre ellos, se encuentra el científico especializado en rayos gamma Bruce Banner, alias Hulk (Ruffalo), el científico y playboy Tony Stark , alias Iron man (Downey Jr.), la ex-espía Natalia Romanoff, alias La Viuda Negra (Johansson), un resucitado en pleno siglo XXI Steve Richards, alias Capitán América (Evans), el soldado de élite Clint Barton, alias Ojo de Halcón (Renner), y el mismísimo dios del trueno, Thor. Juntos tratarán de contener los planes invasores de Locki, que provocarán una terrible batalla en el corazón de Nueva York.

    En un film como “Los vengadores”, poco importa la historia, las motivaciones personales, la puesta en escena del director (siempre que no caiga en el descaro más descarado) o lo real de las situaciones que contempla. Aquí se trata, ni más ni menos, de servirle en bandeja de plata al espectador un espectáculo mayúsculo, en el que a penas tenga tiempo de respirar. Afortunadamente, “Los vengadores” no es ninguna de las series de “Transformers”, en los que se suele confundir espectáculo con ruido y montaje de imágenes epiléptico. Así pues, en el caso del film que hoy nos ocupa, esto se traduce en que los enfrentamientos de los héroes con los villanos de la función –e, incluso, entre ellos mismos-, está retratado con la suficiente claridad como para que el público los pueda distinguir sin mareos, y disfrute con sus peripecias.

    Asimismo, como no podía ser menos, los efectos especiales abundan a lo largo y ancho de todo el metraje, siendo tremendamente espectaculares, y enfocados a diseñar grandes secuencias de acción como, por ejemplo, el ataque de los villanos al portaaviones de la agencia SHIELD (incluyendo el descontrol provocado por la transformación de Banner en Hulk) y, sobretodo, el enfrentamiento final por las calles de Nueva York (ésta, la secuencia de acción más exagerada de todo el film, pues a penas dejan una sola fachada intacta).

    Ahora bien, tal y como indicábamos al comienzo, “Los vengadores” es un film que no necesita para nada carta de presentación, pues el público conoce a la perfección tanto los personajes como el universo en el que se mueven, por lo que lo único que se espera de una propuesta como ésta no es una lección de cine maduro y de calidad, sino que sea cuanto más divertido, deslumbrante y emocionante mejor. A este respecto, Whedon cumple con su cometido con probada eficacia, siendo capaz de traducir un guión de lo más insulso en espectaculares set pièces a cada cuál más grande (en todos los sentidos) que la anterior, labor en la que contribuyen de forma harto eficaz el compositor Alan Silverti con su banda sonora, y el director Seamus McGarvey con su elaborado despliegue de colores para cada momento.

    Por lo demás, como se suele decir, hay poco más que rascar. “Los vengadores” no es ni más ni menos que una “película de palomitas”, una repidante montaña rusa creada, confeccionada y empaquetada tan sólo para usar y tirar, y conseguir que el espectador se distraiga durante un buen rato. Ahora bien, si usted se la ha perdido, no sufra, pues seguro que tenemos secuela en menos tiempo del esperado.

  • MR. HYDE DICE:
  • Mientras veía “Los vengadores”, no he podido evitar hacer una lista mental de lo chulo que tiene la peli, y de lo que podían haber mejorado. O, lo que es lo mismo, de lo que mola y no mola, y de lo que es “bueno” y “malo”. Pero, antes de compartirla con vosotros, vaya por delante que “Los vengadores” es una película súper entretenida que, a pesar de durar casi dos horas y media, no se te hace nada pesada, y te lo pasas pipa todo el rato. Bien, y ahora a por la lista. Como siempre, empezamos por lo mejorable.

    COSAS QUE NO MOLAN: 1. No es imprescindible, pero si no te has visto las películas que han hecho antes de cada uno de los súper héroes (sobretodo las de Thor y el Capitán América), puedes ir bastante perdido. En especial si tenemos en cuenta que mucho de lo que pasa en “Los vengadores” depende directamente de lo que antes ha pasado en las otras dos. Por poneros un ejemplo, el malo de “Los vengadores” es el hermanastro de Thor, del que nos contaban el correspondiente culebrón en “Thor – Thor, 2011”. ¿Hace falta haberla visto para saber por qué hace lo que hace? Pues no. De hecho, en una película como ésta, te la pelan bastante los motivos de cada uno de ellos, porque lo que estás esperando es que sea cuanto más espectacular mejor.

    2. Como te pares a pensar mucho en el guión, te puede dar un patatús. Claro, que a ver quién es el espabilado que se pensaba que en “Los vengadores” el guión iba a ser una obra de arte. Pero, a lo que me refiero es a detalles como, por ejemplo, ¿quién puñetas es ese ente raro que le come el tarro al hermano de Thor para que la líe parda en La Tierra? ¿Cómo consigue escapar después de lo que le pasa, precisamente, en “Thor”? Y ya puestos, ¿cómo leches vuelve Thor a La Tierra desde su planeta? ¿Y por qué no aprovecha para hacerle una visitilla a la tipa de la que se enamoraba, a la que interpretaba Natalie Portman? ¡Si casi acababa llorando porque no podía estar con ella!

    3.Igual ya es rebuscar demasiado pero, si os dais cuenta, Los vengadores salvan a los humanos a base de dejar Nueva York hecha una mierda. Eso sí que son héroes, que salvan a la ciudad reventándola ellos, jejeje. No hay edificio que no revienten, ni calle que no dejen con el asfalto de pena. Vamos, que si lo de las Torres Gemelas ya costaba de arreglar, esperad a ver lo que pasa con “Los vengadores”, que ya os digo que ahí no limpian la Gran Manzana ni en cincuenta años. Pero eso sí, todos tan contentos. ¡Juas! Estos yanquis…

    4.Y, por último, algunas cositas en las que se les va un poco de las manos la imaginación. Porque vale que te creas que un tío se cabrea y se vuelve una bestia parda de color verde, que otro se pone un uniforme y reparte estopa a mansalva, y que otro payo es el dios del trueno capaz de volar con su martillo como si nada. Pero cosas como que se suban todos en un portaaviones que, de repente, se pone a volar mientras se vuelve invisible… O que, encima, después, lo revienten a base de bien por dentro y por fuera y aquello siga en el aire como si nada… pues en fin, qué queréis que os diga. Como que ahí ya se les ha ido la flapa un pelín.

    Vale, ahora, las COSAS QUE MOLAN: 1.El guantazo de Hulk. Sí, sé que, dicho así, suena un poco raro (sobretodo si aún no habéis visto la película), pero es que aún me río cuando me acuerdo. Hay un momento en que Hulk le mete un sopapo del quince a cierto personaje que hace que todo el cine se parta el culo de la risa. Ni te lo esperas ni nada, así que el descojone está asegurado. Y también lo que hace Hulk mientras otro personaje –como veis, no os digo quiénes para no cagaros la sorpresa- está soltando el típico discurso rollero. Pues se ve que Hulk, de paciencia más bien poca, porque lo coge como si fuera un trapo y le pega un repaso que lo deja tonto. ¡En serio, qué crack el bicho verde éste!

    2.Hablando ya de cosas más serias, si cada una de las pelis por separado de los súper héroes que salen en “Los vengadores” ya entretiene, imaginaros cómo es ésta que los tiene a todos juntos. La película cumple a la perfección con lo que te promete: que te vas a distraer un buen rato y que te lo vas a pasar bien. Ni más ni menos. Lo cuál, puede ser una gran ventaja porque, si te gustaron las anteriores pelis de cada uno de estos súper héroes, fijo que “Los vengadores” te va a parecer la leche.

    3.Otra cosa buena, como no podía ser menos, son los efectos especiales. Creo que sólo la primera media hora de película es algo más comedido, porque lo que es el resto, efectos especiales a cascoporro. Desde todo lo que tiene que ver con los enfrentamientos en el portaaviones volador hasta, por supuesto, la invasión de los aliens esos raros a los que los vengadores se enfrentan en Nueva York. Os prometo que son apabullantes y muy guapos.

    4.Por último, el tío que ha escrito la peli tiene su mérito. Para empezar, porque ha tenido que currarse cómo juntar a cada súper héroe, teniendo en cuenta qué es lo que había pasado antes en cada una de sus películas, de forma que el resultado sea algo más o menos creíble y coherente. Y, después, me quedo con las actuaciones de Robert Downey Jr. y Samuel L. Jackson, que son los putos amos. El primero porque es más chulo que un ocho, y sus comentarios medio sarcásticos son siempre divertidos. Y, el segundo, porque sólo él es capaz de soltarle a sus jefazos una frase como “Entendí perfectamente sus órdenes, pero decidí ignorarlas porque eran una estupidez”. ¡Ahí, con dos cojones!

    En fin, que “Los vengadores” es un entretenimiento de primera. Ninguna obra maestra, que nadie se equivoque, pero sí que es una película aconsejable para ver en familia si uno quiere pasar un rato distraído, y hacer que los niños (si los hay) ni pestañeen durante dos horas y pico. Y, para los mayores, pues lo mismo, que si se quieren divertir, “Los vengadores” es uno de los mejores ejemplos de súper producciones veraniegas –o pre-veraniegas- que hay ahora mismo en la cartelera.

    sábado, 28 de abril de 2012

    ESPECIAL SEMANA SÚPER HÉROES: "LOS CUATRO FANTÁSTICOS"

    TÍTULO: LOS CUATRO FANTÁSTICOS

    DIRECTOR: TIM STORY

    REPARTO: IOAN GRUFFUDD, JESSICA ALBA, CHRIS EVANS, JULIAN MCMAHON, MICHAEL CHIKLIS

    DURACIÓN: 123 min.

    AÑO: 2005

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Como no podía ser de otra forma, y tras el éxito que, durante la primera mitad de los años dos mil, habían ido teniendo los respectivos films acerca de los "X-Men", los productores hollywoodienses no tardaron mucho en apostar por otro grupo de súper héroes surgidos de la mente del inagotable Stan Lee. Con la esperanza de que, de tener el éxito esperado, pudiera convertirse en la nueva franquicia de la casa, tal y como había sucedido con la Patrulla X, se puso en marcha la adaptación de "Los cuatro fantásticos", con la consecuente elección del casting más apropiado y, en especial, de un director que supiera captar tanto el espítu del cómic en el que se basa como las intenciones financieras del estudio que producía el proyecto. Así pues, tras un casting más o menos efectivo -que incluía tanto los consabidos intérpretes de moda (Alba, Evans) como otros actores más serios (McMahon)-, "Los cuatro fantásticos" empezó a tomar forma.

    Reed Richards (Gruffudd) y su socio y amigo Ben (Chiklis) aceptan a regañadientes la propuesta del científico millonario Victor Von Doom (McMahon) de participar en un experimento espacial de lo más interesante para ambos. Aunque no con pocas dudas, ya que Victor, en el pasado, le robó un importante trabajo de investigación a Reed, lo que contribuyó en gran medida a que amasara toda su fortuna. Además, Victor está prometido con Sue Storm (Alba), amiga de Ben y antigua novia de Reed. A este experimento, se les une Johnny (Evans), hermano de Sue que, a pesar de su juventud alocada, es un gran piloto. Sin embargo, durante la expedición, los cinco son víctimas de la radiación de una tormenta eléctrica en el espacio, lo que les afecta de forma muy diferente, otorgándoles una serie de poderes increíbles. Ahora bien, mientras que Reed, Sue y Johnny parecen encantados con sus nuevos dones, ni Ben ni, sobretodo Victor, parecen satisfechos con el cambio.

    Si, en más de una ocasión hemos comentado ya que, en Hollywood, parecen estar comenzando a desmarcarse de las decisiones más tradicionales a la hora de asignar grandes proyectos como éste a los directores más convencionales (caso de Bryan Singer para la franquicia de los "X-Men", del magnífico Christopher Nolan para la nueva trilogía de "Batman", o de Marc Webb para la inminente nueva aventura del hombre-araña), en el caso de "Los cuatro fantásticos", el elegido fue Tim Story quien, un par de años antes, había conseguido resultados más que decentes con sus películas "La barbería - Barbershop, 2002" y "Taxi: derrape total - Taxi, 2004". Así pues, da la sensación de que la aproximación a la obra de Stan Lee que pretendían realizar consistía más en una aproximación al cómic desde el punto de vista cómico y familiar (algo así como sucedía en las dos secuelas de "Batman" que dirigió Joel Shumacher, aunque, por fortuna, con algo más de calidad), en vez de decantarse por una film de aventuras que incluyese elementos más siniestros o "fuertes". Dicho y hecho, no hay duda al ver "Los cuatro fantásticos" de que el largometraje está específicamente confeccionado como un puzzle preconcebido para provocar una serie de reacciones concretas en el público. Ahora bien, que todas ellas sean satisfactorias ya es otra historia.

    "Los cuatro fantásticos" es un film excesivamente infantil. No infantil en el mismo sentido que pueden ser otras producciones de dudosa calidad (nos referimos a aquellas en las que da la sensación de que se habla a los niños como si éstos fueran estúpidos, y a los adultos, pues qué decir), sino en el sentido de que el argumento de la película es excesivamente simple: los héroes adquieren sus poderes, comienzan a adaptarse a ellos, los empiezan a poner al servicio de la ciudadanía, y hacen frente al malvado de la función. Todo ello, sin sorpresas, y sin correr riesgos de ningún tipo -justo lo contrario de lo que hablábamos acerca de lo que Ang Lee había hecho con su versión de "Hulk - Hulk, 2003"-. Así pues, detrás de la espectacularidad de secuencias como la de la primera intervención de los nuevos súper héroes en esa set pièce apabullante que tiene lugar en medio de un terrible accidente en un puente, o del ruidoso enfrentamiento con Von Doom en medio de la ciudad, lo que queda no es sino una excusa como cualquier otra para dar vida de una forma bastante simplona, aunque muy entretenida, a unos héroes de cómic legendarios.

    En definitiva, "Los cuatro fantásticos" es una obra menor dentro de los largometrajes acerca de súper héroes. No obstante sí que es lo suficientemente entretenida como para que al espectador no le pese en exceso dedicar poco más de hora y media a verla ya que, en el mejor de los casos, conseguirá distraerse. Y, si no, al menos puede consolarse pensando que hay obras de este calibre muchísimo peores.

  • MR. HYDE DICE:
  • Sobre “Los cuatro fantásticos” valen muchas cosas de las que dijimos ayer para “X-Men – X-Men, 2000”: entretiene y distrae lo suficiente como para que se te pase poco más de hora y media sin que te des cuenta. Ahora bien, estoy de acuerdo en que la peli tiene un tono mucho más infantil que la otra, por mucho que Jessica Alba salga de haciendo de Mujer Maravillas –como si le hiciera falta que su personaje se llamara así para justificarlo, ¡juas!-. No es que esté hecha como para tontos (que hay alguna que parece que traten al que la está viendo como si le faltara media hora de horno), sino que las situaciones son mucho más predecibles y simplonas que las otras. A ver si me puedo explicar…

    “Los cuatro fantásticos” tiene una línea argumental más simple que el mecanismo de un botijo. Empieza con una expedición, sufren un accidente, les llegan los poderes, los aplican a la ciudad ayudando a los neoyorquinos, el malo se rebota, y ellos le dan para el pelo. Y s’acabó, no hay más que rascar. Eso sí, entre medio, mucha frase polla y tontunas de esas que se curran los guionistas de Jolibú para justificar que un puente se rompa, que uno de los héroes acuda al rescate y toda esa mandanga. Lo que pasa es que, como suele ser frecuente en el cine americano, los yanquis se las apañan para coger un paquete de historia y adornarla de coña, de forma que, entre los efectos especiales, y el ritmo que le dan, la película acaba gustándote y todo.

    Ahora, eso sí, hay que reconocer que los trozos de así más en plan de acción son muy espectaculares. Además, está hecho de forma progresiva, es decir, que empieza con una dosis normalita (la tormenta espacial esa que les da los poderes), sigue con algo más divertido y sorprendente. Yo, particularmente, me quedo con la escena en la que cada uno de ellos va descubriendo sus poderes es de lo más simpática: Jessica Alba volviéndose invisible, el hombre de plástico alargando su brazo por la ranura de debajo de una puerta para abrirla desde el otro lado, o la antorcha humana flipando en colores –y medio en cueros- por ser capaz de encenderse el dedo como si fuera un mechero.

    Eso sí, como os digo, el resto de “Los cuatro fantásticos” se mueve entre los típicos accidentes urbanos que a Superman le tocaba apañar -el accidente del coche de bomberos en el puente- y tratar de parar al malo antes de que la líe parda con sus carbonadas e intentos de dominar al mundo (¡qué originalidad!). Todo ello, muy bien empaquetado y rodado con la gracia suficiente para que, aunque en el fondo creas que la peli es un poco malilla, no te haya pesado verla. Por lo demás, pues eso, un pasatiempo entretenido y muy colorido, ni más ni menos.