viernes, 11 de mayo de 2012

ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "EL CAMBIAZO"

TÍTULO: EL CAMBIAZO

DIRECTOR: DAVID DOBKIN

REPARTO: JASON BATEMAN, RYAN REYNOLDS, OLIVIA WILDE, LESLIE MANN, ALAN ARKIN, GREGORY ITZIN

DURACIÓN: 112 min.

AÑO: 2011

GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Hace ya un tiempo que la comedia norteamericana parece haber caído en una espiral confusa de vulgaridad y tontería supina casi preocupante. Mientras algunos veteranos como Woody Allen aún demuestran que están en plena forma (sin ir más lejos, su última película estrenada,“Medianoche en París – Midnight in Paris, 2011”, es una de las mejores comedias del año pasado, y de toda su carrera), el número de comedias de usar y tirar se ha multiplicado exponencialmente. Si bien las hay que se resisten a asumir el paso del tiempo sin darse cuenta de que las gracias de antaño ya han dejado de causar efecto –nos referimos a la más reciente entrega de la serie “American pie”-, hay otras que parecen haber encontrado un nuevo filón –caso de las dos partes de “Resacón en Las Vegas”, por ejemplo-, que continúan explotando hasta que, también, deje de ser simpático. Incluso hay producciones que tratan desesperadamente de identificar a sus actores protagonistas con el no va más de la comedia moderna americana. A este respecto, en un grupo en el que tendrían cabida individuos como Adam Sandler (que se repite una y otra vez en el mismo tipo de protagonistas… a pesar de que el actor ya tiene más de cuarenta años), así como los ascendientes Zack Galifiniakis, o Jason Sudeikis, también está comenzando a desgastarse a pasos agigantados, de manera que cada nueva película que se estrena no puede librarse de ese tufillo a “más de lo mismo”. En este último grupo es donde tendrían cabida Jason Bateman y Ryan Reynolds, si bien éste segundo procura diversificar algo más los papeles que interpreta. Todo esto que comentamos viene a cuento de que uno de los estrenos más notorios en videoclub esta semana es, precisamente, “El cambiazo”, una comedia simplona protagonizada por ambos, y donde se retoma una historia ya explotada antes en más de una película, que sirve de excusa para que los dos actores den rienda suelta a su vena más cómica para intentar amenizar la función.

    Dave (Bateman) y Mitch (Reynolds) son amigos de toda la vida. Sin embargo, mientras que Dave se ha convertido en un excelente abogado, y abnegado padre de familia casado con Jamie (Mann), Mitch no ha sentado aún la cabeza, malviviendo como actor de segunda en films de dudosa calidad, y sin mantener muy buenas relaciones con su padre. Una noche en la que los dos amigos salen a tomar unas cervezas, acaban orinando en la fuente de un parque, mientras cada uno manifiesta lo mucho que les gustaría tener la vida del otro, Dave para poder disfrutar de no tener tantas responsabilidades y Mitch para saber lo que se siente al ser cabeza de familia. Dicho y hecho, al día siguiente, cada uno de ellos se ve encerrado en el cuerpo del otro, sin saber qué hacer para poder volver a recuperar su vida normal. Será entonces cuando empiecen los líos, ya que Dave (ahora Mitch) deberá hacerse cargo de un importante caso de fusión entre empresas que determinará su ingreso como socio en el bufete para el que trabaja, mientras que Mitch (ahora Dave) no sabe cómo comportarse con sus quehaceres diarios irresponsables, ni cómo reaccionar ante las insinuaciones de Sabrina (Wilde), al secretaria de Dave.

    “El cambiazo” podría definirse perfectamente como la versión para adultos –que no adulta- de “De tal astilla, tal palo – Like father, like son, 1987” y, de la aún más parecida, “Ponte en mi lugar – Freaky friday, 2003” la cuál, a su vez, no era sino un remake del film homónimo que tuvo como protagonista a una joven Jodie Foster a mediados de los años setenta. Sea como fuere, lo cierto es que la línea argumental de “El cambiazo” está lejos de ser original, ya que, como se puede ver, el tema de dos personas casi antagónicas que se intercambian la personalidad y deben hacer frente a una serie de imprevistos y compromisos ya había sido recogida en más de un largometraje. Así pues, ¿qué es lo que resulta interesante de “El cambiazo”? Pues, aunque resulte paradójico, la inmadurez de sus protagonistas. Uno de ellos, es un profesional consumado que necesita de esa pequeña dosis de “libertad” para saber apreciar aquello que tiene, mientras que el otro es un destarifado que desea inconscientemente ese voto de confianza para demostrar que puede ser una persona de lo más responsable. Por supuesto, todo ello queda aderezado con situaciones ordinarias (ver el instante en que Mitch –como Dave- aguarda a que la mujer de éste se meta en la cama para mantener relaciones sexuales pero, en vez de ello, se dedica a otros menesteres más escatológicos, o aquella otra secuencia en la que Dave –como Mitch- se ve forzado a “actuar” en una película semi-pornográfica), interpretaciones sobreactuadas (mitch –como Dave- en el buefete de abogados en el que aquel trabaja), y situaciones planificadas con el único objetivo de provocar la risa fácil a través de situaciones comprometidas (Dave –como Mitch- ante una mujer a punto de dar a luz que quiere sexo con él) y de lo más increíbles (la resolución del proceso de fusión de empresas en el que está inmerso Dave).

    Por consiguiente, “El cambiazo” es una película que se queda muy lejos de ser una buena comedia, aunque consigue ser los suficientemente intrascendente y banal como para hacer que las casi dos horas que dura no se conviertan en un suplicio excesivo para el espectador. Ahora bien, vaya por delante que el humor del film no es nada ingenioso, sino que siempre recurre a la broma fácil y, en muchos casos, ordinaria, para hacerse la simpática. El problema es que esto no siempre funciona. Así que, como novedad en alquiler este fin de semana, no es de lo peor que puede haber, pero se queda a mucha distancia de ser una gran película.

  • MR. HYDE DICE:
  • “El cambiazo” es una película para pasar un rato distraído y poco más. Tiene se gracia en algún que otro momento (sobretodo cuando a cada uno de los protas le toca hacerse cargo de los asuntos del otro), pero se nota a la legua que la peli es mala de cojones. Pero, por suerte, es una de esas pelis malas que sabe que es mala, y que no tiene ninguna intención de ser una obra de arte, sino hacer que pases un rato divertido con las tontunas que se les ocurren a este par de descerebrados. Lo que sí me ha llamado la atención es que, para ser una comedia con mensajillo, tiene un montón de guarradas, y sueltan tacos a tutiplén. Lo malo es que canta a la legua que se piensan que, por poner cuatro guarradas y sacar a los dos pavos de turno haciendo el chorra, la cosa va a ser un descojone y, me temo, que no es así, al menos durante todo el rato.

    Eso sí, si veis “El cambiazo”, creo que debéis tener en cuenta un par de cosas antes. Para empezar, recordad que el guión está hecho para provocar las situaciones de lío y comprometidas. Así que no le pidáis peras al olmo porque, de entrada, el que sale como una persona responsable y trabajadora es tachado poco menos que de calzonazos y de capullo, mientras que el zángano que se pasa el día rascándose los huevos es capaz de cerrar un trato millonario con sólo ver un par de capítulos de series de abogados. Como en la vida real, ¿no? Después, aprovechan la mínima ocasión que tienen para enseñar un par de tetas -no tanto como en el cine español, donde si no salen dos follando a los dos minutos parece que a la película le falta algo-, pero no en plan emocionante, sino para aguarte la fiesta a los pocos segundos (la mujer de uno se pasea medio en bolas por la casa para luego ponerse a cagar un ñordo descomunal, mientras que otra se queda como Dios la trajo al mundo, enseñando un bombo de nueve meses). Y, por supuesto, las clásicas escenas escatológicas de turno (uno sufriendo las consecuencias de una cagalera de sus hijos, y otro descubriendo lo chungo que es pelarse la zanahoria cuando el pito es del otro y no el tuvo).

    Vale, puede que leyendo hasta aquí, ya se os hayan quitado las ganas de ver “El cambiazo”. De todas formas, y como segunda cosa, también hay que tener en cuenta algo más. “El cambiazo” lo que quiere, por encima de todo, es ser graciosa. Yo no creo que lo consiga todo lo que debería (la mayorías de esas gracias lo son porque hablan de caca, culo, pedo y pis, que es un recurso que suele funcionar… aunque con un pelín más de moderación), aunque sí lo suficiente como para que te pases una par de horitas en la inopia. Eso sí, cuando acaba, lo primero que piensas es en la suerte que has tenido al no gastarte el precio de una entrada de cine para ver semejante despropósito. Así que, si la queréis alquilar esta semana dentro de las novedades del videoclub, pues vale, no es gran cosa pero tiene un pase. Ahora, sabed de qué va la cosa, porque está lejos de ser un peliculón, por muy simpáticos y monines que salgan los dos capullines que la protagonizan, y por muy buena que esté la que hacía de médico en la serie “House”.

    jueves, 10 de mayo de 2012

    CINE ACTUAL: "EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: LA COMUNIDAD DEL ANILLO"

    TÍTULO: EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: LA COMUNIDAD DEL ANILLO

    DIRECTOR: PETER JACKSON

    REPARTO: ELIJAH WOOD, IAN MCKELLEN, SEAN ASTIN, ORLANDO BLOOM, SEAN BEAN, VIGGO MORTENSEN, CATE BLANCHETT, CHRISTOPHER LEE, LIV TYLER, HUGO WEAVING, IAN HOLM, JOHN RHYS-DAVIS

    DURACIÓN: 165 min.

    AÑO: 2001

    GÉNERO: FANTÁSTICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Hacía varios años que, en Hollywood, se quería realizar una puesta en imagen real de "El señor de los anillos", la trilogía escrita por el inglés J.R.R. Tolkien. Pero, por diversos motivos (la imposibilidad de llevar a cabo la puesta en escena debido a lo costosísimo de la recreación del universo literario descrito en los libros, y de las limitaciones que presentaban los efectos especiales del momento, entre los factores más importantes), dicha idea se terminaba postergando de forma indefinida. La anterior versión databa de finales de los años setenta -"El señor de los anillos - The lord of the rings, 1978" era una producción animada dirigida por Ralph Bakshi-, pero no contenía un ápice del tono épico que se le pretendía dar a la historia. No fue hasta principios del nuevo siglo cuando una pequeña productora (New Line, empresa filial de Warner Bros) apostó fuerte por el proyecto, decidiendo producir la trilogía de corrido con el fin de abaratar costes, y poniendo al frente del proyecto a Peter Jackson, un director que, si bien había destacado anteriormente por sus films de corte fantástico y sobrenatural ("Braindead (Tu madre se ha comido a mi perro) - Braindead, 1992" o "Agárrame esos fantasmas - The frighteners, 1996"), nunca antes se había puesto al frente de una súper producción de estas características -según parece, el coste conjunto de los tres largometrajes fue de unos trescientos millones de dólares-. De este modo, lo que parecía un proyecto arriesgado y de lo más ambicioso, no sólo triunfó a nivel crítico y (sobretodo) comercial, sino que sigue siendo máximo exponente del cine de aventuras fantástico. La primera -y mejor- de las partes, "El señor de los anillos: la comunidad del anillo", es el film que recisamos hoy.

    Bilbo Bolson (Holm) es un centenario hoibbit -raza de pequeños hombrecillos de pies peludos y orejas puntiagudas que pueblan la llamada "comarca" de la Tierra Media- que, antes de partir para aprovechar sus últimos días de vida, le lega a su sobrino Frodo (Wood) un legendario anillo. Sin embargo, el poder de dicho anillo es extraordinario, pues permite a su portador dominar las fuerzas oscuras de toda la Tierra Media. El temible señor Sauron, quien en su día poseyó y perdió el anillo en una terrible lucha contra los humanos, hará entonces todo lo posible por hacerse de nuevo con él para dominar a la humanidad. Será entonces cuando Frodo, acompañado de su buen amigo Sam (Astin) y dos hobbits más, se pondrá en camino hacia el Monte del Destino, donde fue forjado el anillo, con el fin de destruirlo. En su ayuda acudirán el gran mago Gandalf (McKellen), el arquero Légolas (Bloom) y el los guerreros Boromir (Bean) y Aragorn (Mortensen).

    Al hablar de "El señor de los anillos: la comunidad del anillo", es necesario hace una separación previa. Por una parte, cabe calibrar el film desde un punto de vista técnico (efectos especiales, puesta en escena, ambientación, acompañamiento muscial, etc.) y, por otra parte, de lo que el largometraje representa como tal, como obra audiovisual. En lo que concierne a lo primero, "El señor de los anillos: la comunidad del anillo" es una maravilla. Prácticamente todos sus elementos técnicos están recogidos a la perfección, desde la impresionante ambientación que reproduce el mundo descrito por Tolkien (ver el poblado Hobbit, el Monte del Destino, la fortaleza en la que mora ese monstruoso dragón...), pasando tanto por la caracterización de los personajes como de los extras (el maquillaje es sensacional), o del vestuario (el traje de escamas de Galadriel o las negras túnicas de los espectros de Sauron que persiguen a los hobbits, por ejemplo). Además, cabe destacar, por encima del resto, la asombrosa labor como director de fotografía de Andrew Lesnie, quien consigue jugar con las luces de una forma tremenda en cada una de las situaciones de la película, según lo requiera la secuencia: las nieblas para los momentos de amenaza, los tonos claros para las batallas a cielo abierto (esos planos aéreos de la comunidad del anillo mientras cruzan grandes superficies verdoasas y frías montañas heladas), o los lúgubres para aquellos instantes de temor (ver el pasadizo que conduce a la expedición hacia el interior de una montaña repleta de orcos, y por los que se guían únicamente alumbrados por la luz que desprende el cayado de Gandalf). Asimismo, la múscia compuesta para la ocasión por el habitual colaborador de David Cronenberg, Howard Shore, no puede ser más inspiradora, puesto que con sus acompañamientos a base de coro y grandes percusiones consigue redondear ese halo épico que desprende el "El señor de los anillos: la comunidad del anillo" de principio a fin.

    Ahora bien, que, como película, "El señor de los anillos: la comunidad del anillo", se encuentre a la altura de su virtuosismo técnico, eso ya es otro cantar. No hay que negarle la más que patente voluntad de querer resultar un espectáculo entretenido aunque, tampoco es menos cierto, que acaba resultando más pretencioso de lo que cabría esperar. A pesar de que no es trabajo fácil poner en imágenes la extensísima trilogía literaria escrita por Tolkien, Peter Jackson parece caer en la trampa de lo suntuoso, es decir, que confía más en los aspectos visuales del largomentraje que no el que el mismo tenga un contenido más coherente. Como película de aventuras, funciona por momentos, al igual que como drama épica, pero no consigue mantener un mismo tono (ora de acción cobstante, ora de conherencia argumental) durante sus tres horas. Es por ello que, al final, da la sensación de que si hubieran optado por hacer una película menos extensa y visualmente impactante, "El señor de los anillos: la comunidad del anillo" hubiera sido una obra redonda.

    No obstante, tal y como hemos dicho, hay que saber de qué tipo de film estamos hablando. Evidentemente, los responsables de hacer de "El señor de los anillos: la comunidad del anillo" un gran espectáculo tienen más que claro que todo debe pasar por los inevitables cánones del star system hollywoodiense, más preocupado por la cantidad de entradas que venderán y el número de paquetes de palomitas y refrescos que acompañarán a cada entrada, que no de si la factura del film es impecable. Sin embargo, con todo y con ello, no hay que negar que "El señor de los anillos: la comunidad del anillo" es uno de los shows estéticos más impresionantes de la última década. Aunque haya más de uno -me incluyo en el grupo- al que no interese lo más mínimo toda esa supuesta mitología que rodea la obra de Tolkien.

  • MR. HYDE DICE:
  • Vaya por delante: no soy ningún fan de nada que tenga que ver con "El señor de los anillos". Ni me he leído las novelas, ni me interesa ese mundo fantástico (para mundos raros, me quedo cien veces antes con el de "Myst"), y me dan una penica todos esos frikis que se visten y hablan cosas raras como los de las novelas de Tolkien que no sabría si consolarlos o meterles una colleja. Es algo parecido a lo que me pasa con los libros y películas de Harry Petas, que no me interesa lo más mínimo. Ahora bien, no sería la primera vez que no me interesa un libro pero la peli que haceb basada en él es una caña. Así que, como casi todo el mundo, cuando se estrenó "El señor de los anillos: la comunidad del anillo", fui a verla, esperando que la cosa fuera lo suficientemente interesante como para que las casi tres horas que dura no se me hicieran eternas. Por suerte, y en honor a la verdad, debo admitir que la película me gustó, que me pareció interesante y muy bien hecha, y que consigue que una historia que me la pela de arriba a abajo me distrajera un buen rato. Eso sí, que pasara lo mismo con las otras dos partes, ya es otro cantar. Pero de esto ya hablaremos en otra ocasión.

    "El señor de los anillos: la comunidad del anillo" es un prodigio de efectos especiales y puesta en escena repleta de la épica de las películas así rollo medieval más famosas. Eso no lo dudo. Pero es que me interesa tan poco todo ese rollo de enanos coñeros y ogros más feos que Rosy de Palma chupando un limón... Bufff, qué complicado es hablar de una película cuando te la pela olímpicamente de qué va y lo que les pasa a los protagonistas. Pero, por suerte, para los que os pase algo parecido a mí, podéis estar tranquilos, porque "El señor de los anillos: la comunidad del anillo" se las apaña para resultar entretenida durante las casi tres horas que dura. Es cierto que hay trozos que son un poco bodrio (todo el principio hasta que se descubre qué pasa con el anillo, o lo que pasa en el país ese raro de las hadas -o lo que sean-, en el que Frodo se recupera de un mandoble que le mete uno de los malos, por ejemplo), pero el resto tiene la aventura suficiente y escenas de lucha entre orcos y humanos lo suificientemente emocionantes como para sacarte de la modorra en la que te habías empezado a quedar.

    Ahora bien, hay cosas que se podían haber ahorrado. Por ejemplo, todo ese rollo en plan Obi-Wan Kenobe descarado que hay entre Frodo y el mago es un poco tostón, igual que lo que pasa con la historia de amor que insinúan (porque en las dos pelis de después ya se explayan a gusto con ella) entre Aragorn y una elfa -que tela huevos, porque el Aragorn éste parece no tener ni idea de lo que es una buena ducha-. Por lo demás, ya os digo que tiene trozos flipantes de efectos especiales a porrillo que animan la función. Pero, si es que aún no la habéis visto, tened claro que "El señor de los anillos: la comunidad del anillo" es larga, tiene muchos efectos especiales, y la historia gira entorno a ciraturas raras de pelotas, hechizos, señores de la oscuridad (o como se llamen) y cosas parecidas. Si aún así tenéis ganas de estar tres horas viendo batallas y trolls, pues adelante. A mí no me disgustó (las otras dos sí que son un bodrio de cojones), pero tampoco es de las que me dejó flipado. Vamos, que para ver de cuando en cuando. Eso sí, la múscia, chuilísima.

    miércoles, 9 de mayo de 2012

    CINE DE LOS 90: "PHILADELPHIA"

    TÍTULO: PHILADELPHIA

    DIRECTOR: JONATHAN DEMME

    REPARTO: TOM HANKS, DENZEL WASHINGTON, ANTONIO BANDERAS, JASON ROBARDS, MARY STEENBURGEN, JOANNE WOODWARD, CHARLES NAPIER

    DURACIÓN: 122 min.

    AÑO: 1993

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • No son muchas las veces que se ha tratado el tema del sida en una película comercial. A pesar de que exista algún que otro ejemplo como el de "Compañeros inseparables - Longtime companion, 1990" o el telefilm "En el filo de la duda - And the band played on, 1993", pero ninguna de ellas con relevante trascendencia. Por ello, cuando el oscarizado director Jonathan Demme realizó "Philadelphia", film en el que se habla abiertamente de esa temible enfermedad y, además, se defiende por activa y pasiva a un enfermo de sida, fueron muchos los que se mostraros escépticos ante la calidad del producto. Sin embargo, tras su estreno, quedaron claras, al menos, dos cosas: que Tom Hanks estaba destinado a ser uno de los grandes intérpretes de finales de siglo XX y principios del XXI, y que con un buen guión y un equipo de primera fila se podía hacer "una película sobre el sida" llena de interés y suspense en combinación con el célebre "cine de juicios". una nueva muestra de que "El silencio de los corderos - The silence of the lambs, 1991" no fue flor de un sólo día.

    Andrew Beckett (Hanks) es uno de los mejores abogados del bufete que dirige, junto a otros socios, Charles Wheeler (Robards). Andrew, que es homosexual y vive con su amante, Miguel (Banderas), tiene sida. Cuando lo descubren en su bufete, y tras alegar una determinada falta, es despedido. Convencido de que su despido responde más a motivos homófobos y de discriminación por su enfermedad, decide llevar a los tribunales al bufete. Para ello, contará con la ayuda del único letrado dispuesto a defenderle, Joe Miller (Washington) quien, por su parte, también siente una cierta aprensión ante la enfermedad degenerativa de Andrew.

    A diferencia de otros largometrajes, "Philadelphia" está estructurada de forma que no se establece una rotura excesivamente abrupta entre las dos mayores temáticas que se desarrollan en el film. Así, tanto el desarrollo de toda la intriga asociada al proceso judicial como del drama personal que sufre el protagonista y sus allegados se va entremezclando a lo largo de las dos horas de metraje, consiguiendo un equilibrio de lo más efectivo. De este modo, Demme consigue no empalagar en exceso al espectador ni con las escenas más íntimas (la reunión familiar de Andrew y Miguel con la familia del primero, los constantes momentos de crisis de Andrew que comparten los dos amantes, o la secuencia del baile de disfraces en casa de ambos), edulcoradas (lo que le sucede a Drew tras el juicio), ni que le resulten chocantes los cambios de temática y ambientación de la película (toda la acción que se desarrolla en el juicio).

    Por supuesto, la labor de Demme no es la única a destacar a nivel técnico, pues la fría fotografía de Tak Fujimoto (quienes ya habían colaborado juntos previamente en "El silencio de los corderos") consigue, por un lado, el toque necesario que esta historia de consumición personal requería (ver las panorámicas de la gran ciudad mientras un demacrado Andrew las recorre, visiblemente desmejorado) y, por otro lado, dar el abrigo necesario a los personajes durante aquellos instantes en que la vida parece darles un pequeño respiro (las secuencias en las que Andrew parece superponerse un poco a su enfermedad, o la parte del metraje que se dedica al personaje de Joe: el nacimiento de su hija, la lucha contra sus prejuicios personales, etc.).

    Y, en último lugar, sólo puede alabarse la portentosa actuación de Tom Hanks. "Philadelphia" no sólo supuso el punto de inflexión en su carrera, sino que demostró que era muchísimo más que un actorzuelo de segunda. Su interpretación de abogado contagiado de sida en fase terminal no sólo consigue que el espectador le dé su apoyo inmediato (a pesar de ciertas escenas un tanto chocantes, como las que comparte con Antonio Banderas) sino que hace de él una persona digna de compasión con independencia de sus preferencias sexuales o de sus gustos personales. Por poner un ejemplo, no hay más que ver el increíble trabajo de Hanks en momentos tan puntuales como aquellos en los que Andrew recorre los bufetes de Philadephia sin conseguir que nadie le represente legalmente, hasta el punto de decidir recluirse en una biblioteca para preparar su propia defensa; o como cuando escucha en su casa, a todo volumen y totalmente absorto, a Maria Callas cantar "La mamma morta". Por su parte, también es de agradecer que el actor encargado de dar vida a l letrado que acabará defendiéndolo haya recaído en Denzel Washington, puesto que éste es de los pocos actores a los que siempre es un placer contemplar en cualquier tipo de actuación (ver el primer cara a cara cuando Andrew le pide que le defienda, o cuando realiza el alegato final en el juicio).

    En definitiva, "Philadelphia" logra ser un entrañable retrato de un hombre que hace lo posible por sobreponerse a una terrible enfermedad, y tratar de ser reconocido profesionalmente con independencia de sus dolencias. Es una enfermedad desagradable, pero la película ayuda a hacer comprender al espectador que no sólo se trata de números y depravaciones sino que, tal y como intenta el personaje principal, quiere ser reconocido como tal, y defender su dignidad como persona por encima de todo. Por supuesto, Jonathan Demme adereza el guión de Ron Nyswaner con hábiles y dinámicas secuencias de juicio que contribuyen a que el film consiga captar la atención del espectador, poco habituado a dramas de este calibre.

  • MR. HYDE DICE:
  • No es fácil hablar de una película como "Philadelphia". Separar lo que es la película del tema que trata es chunguete. Pero supongo que aún es más jodido hacer una "peli de juicios" con el añadido de estar tratando un tema tan delicado como el sida. Pero aún tiene más mérito que la película sea estupenda, que la historia te interese un montón, y que los que la hacen quieran dar una visión de los gays que no tiene nada que ver con las maricas de pueblo que parecen salir cada dos por tres haciendo el gilipollas en algún que otro canal de televisión -¿alguien ha dicho Tele 5?-.

    Por lo que se refiere a la película, "Philadelphia" tiene una historia cojonuda. Partiendo de un hecho(que podría haber sido el sida como cualquier otra cosa), consiguen hacer una especie de protesta en plan concienciación de lo que implica estar enfermo (sida, cáncer, tanto da) y ser marginado por ello. Y, además, mezclarlo todo con un juicio en el que estás casi conteniendo el aliento para que la cosa se resuelve como a ti te gustaría. En medio de todo ello, un montonazo de cosas chulas y muy bien hechas: Tom Hanks dejándote con la boca abierta con el papelón tan tremendo que hace (tener presente que, antes de esta peli, el amigo Tom sólo había hecho comedias chorras y alguna que otra tontuna romántica) y Denzel Washington actuando igual de bien que siempre; una música cojonuda (no sólo por la canción de Bruce Springsteen, sino porque cada trozo de música -sobretodo de ópera, que no es que a mí me guste demasiado- le va a la peli como anillo al dedo), y la forma que tienen de combinar tanto los trozos de más emoción por la enfermedad del prota, y el suspense por el juicio, ya ni os cuento.

    Ahora bien, si creo que "Philadelphia" consigue realmente algo, es que una persona con una enfermedad que lo revienta tanto por dentro y por fuera como el sida sea visto no con asco, sino como alguien cualquier otro enfermo digno de compasión y ayuda. Por supuesto, de eso se encarga Tom Hanks, que hace que el tío te dé tanta pena que prefieres que a los estirados trajeados de sus jefes, capaces de cometer perjurio y mentir como guarros se les caiga el pelo. Por supuesto, da cosilla ver las diferentes fases de decrepitud que van afectando a Hanks (olé el maquillaje tan realista que han sido capaces de usar en la peli para cada fase de la enfermedad del protagonista) pero aún así, sigue siendo digno de compasión, y te da que pensar. Por supuesto, se agradece que "Philadelohia" no sea un drama en vena, sino que la parte judicial es como una especie de bálsamo porque, además, ya os digo que te la pasas todo el rato haciendo fuerza para que gane quien toca.

    Así que ya sabéis, "Philadelphia" es una peli triste, durilla a cachos, pero muy muy muy bien hecha, con un Tom Hanks como no ha estado en su vida y de las que, por muy chunga que sea su historia, no hace daño a la vista, y te ayuda a ver esa enfermedad terrible que es el sida desde un punto de vista diferente.

    martes, 8 de mayo de 2012

    CINE DE LOS 80: "EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA"

    TÍTULO: EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA

    DIRECTOR: STEVEN SPIELBERG

    REPARTO: HARRISON FORD, KAREN ALLEN, PAUL FREEMAN, JOHN RHYS-DAVIES, WOLF KAHLER

    DURACIÓN: 115 min.

    AÑO: 1981

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • A principios de los años ochenta, hablar del cine de aventuras ya no era, para nada, hablar de las películas de corte épico que tan populares se hicieron durante la década de los cincuenta y sesenta. Esa percepción de aventura había sido sustituida por una “fiebre espacial”, causada por el entusiasmo generalizado que había supuesto la aparición de las primeras entregas de “La guerra de las galaxias”. Por ello, cuando Steven Spielberg, recién salido del tremendo batacazo comercial que había provocado su anterior film, la fallida “1941 – 1941, 1979”, estrenó la primera parte de las aventuras del arqueólogo más famoso de la historia del cine, la respuesta del público no pudo ser más entusiasta. “En busca del arca perdida”, cuya historia surgió de la mente del mismísimo George Lucas y de un entonces primerizo guionista y director, Lawrence Kasdan (quien, ese mismo año, rodaría una de las mejores películas de cine negro de la década, “Fuego en el cuerpo – Body heat, 1981”), logró reunir en un mismo largometraje todos los elementos del cine de aventuras más trepidante, convirtiéndolo no sólo en uno de los mayores éxitos de todos los tiempos, sino en uno de los mejores trabajos de su realizador.

    Primera mitad del siglo XX. El doctor Jones (Ford) es un arqueólogo muy particular. No sólo imparte clases en una Universidad, sino que, también, participa en peligrosas expediciones destinadas a localizar y desenterrar tesoros escondidos. Cuando Jones se entera de que las fuerzas nazis han contratado a Belloq (Freeman), uno de sus mayores rivales en el campo de la arqueología, para hacerse con el Arca de la Alianza, Jones no dudará en ponerse en camino para evitar que semejante tesoro de la humanidad no caiga en manos de esas fuerzas siniestras. Para ello, contará con la ayuda de una antigua novia llamada Marion (Allen), cuyo padre fue el tutor de Jones, y del que aún guarda una importante información que éste necesita para poder localizar el Arca, así como un medallón que, según parece, indica la localización exacta en la que ésta se encuentra enterrada.

    “En busca del arca perdida” es espectáculo en estado puro. Pocas películas en la historia del cine han conseguido mantener un equilibrio tan logrado entre el grado de entretenimiento y el interés por su historia como ésta. No sólo definió lo que serían las bases del cine moderno de aventuras, sino que presentó a un personaje que, por derecho propio, ha pasado a los anales del séptimo arte. Prácticamente todo en la película de Spielberg es perfecto: desde la acción trepidante a más no poder (ver el prólogo que abre el film, o la secuencia en la que Indiana Jones debe hacerse con el camión que transporta el Arca) hasta el misterio más inquietante (cómo van encajando las diferentes piezas que conducen a Indiana hasta el sitio exacto en el que se encuentra enterrada el Arca), pasando por los inevitables apuntes fantásticos (lo que sucede cuando se abre el Arca de la Alianza), y la presencia constante de un sentido del humor de lo más simpático (la célebre secuencia en que Indiana Jones liquida de un disparo a un enemigo que alardea con su espada).

    No es sencillo atribuirle el mérito de que “En busca del arca perdida” sea una gran película de aventuras a una sola persona. Por una parte, la realización de Steven Spielberg es espectacular, pues aprovecha todos y cada uno de los elementos de la historia para dotar al largometraje de ese ritmo trepidante y emocionante que tiene de principio a fin. Asimismo, la caracterización de Harrison Ford (en un papel para que, en un principio, se quiso contar con el televisivo Tom Selleck -como dice Hyde, Ford aún tiene que estar mandándole tarjetas de agradecimiento a Selleck-) es de las más reconocidas de la carrera del actor, quien consigue hacer de Indiana Jones un personaje entrañable, socarrón y, sobretodo, paradigma del aventurero por excelencia. Por otra parte, se las ingenia para que la historia, a pesar de los momentos más fantásticos que contiene, no resulte increíble a ojos del espectador, y para que, por supuesto, el resto de elementos que intervienen en la producción del film (qué decir de la fotografía de Douglas Slocmobe o, sobretodo, de la famosísima música compuesta por John Williams), se encuentren a la altura de las expectativas.

    “En busca del arca perdida” es una película que no sólo ha soportado magníficamente bien el paso de los años, sino que es un verdadero placer poder volver a verla cada cierto tiempo. Ya no sólo se guarda el buen recuerdo que quedó tras la primera vez sino que, además, sirve para darse cuenta de lo que debería ser siempre una buena película de aventuras, y de que es posible entretener a los espectadores con producciones de calidad que no necesitan recurrir a los clichés más explotados para lograr buenos resultados. En definitiva, “En busca del arca perdida” es una de las grandes películas que ha dado el mejor cine de aventuras. Todo un referente y ejemplo de lo que deberían ser.

  • MR. HYDE DICE:
  • Pues qué decir de "En busca del arca perdida! Aparte, por supuesto, de que es una de las mejores películas de aventuras de la historia del cine, y con la que se han comparado todas las que han hecho después. Lástima que el tito Spielberg no haga siempre peliscomo ésta, pero en fin... Pero bueno, a lo que íbamos. "En busca del arca perdida" lo tiene prácticamente todo: emoción, acción, intriga, misterio, aventura a saco paco, y un ritmo que te hace estar pegado a la pantalla desde que empieza hasta que acaba mientras te lo pasas como en tu vida.

    Pocas películas recuerdo ahora mismo que me hayan enganchado tanto desde los primeros quince minutos como "En busca del arca perdida". Ya, desde ahí, es una pasada: ese principio buscando el ídolo dorado en mitad de la selva peruana, la cueva llena de trampas (por no hablar de esas arañas grandes como el puño), de cómo tiene que hacer para colocar un peso parecido al del ídolo en el altar y, por supuesto, la huida a todo trapo antes de que lo aplaste un pedrucso gigante, y de que una tribu indígena lo deje hecho un colador a base de flechas. Ah, y ya si le pones de fondo la música de John Williams con el tema de Indiana Jones, pues para qué decir más, aparte de que se me pone la piel de gallina solo con pensarlo.

    Pero lo guapo de "En busca del arca perdida" es que no es una peli en la que lo mejor sea ese principio espectacular, sino que el resto sigue esa misma línea. El argumento de la película está chulísimo y, si fuera un experto en el tema, también diría que es una pasada de presentación de la idea, porque hacen que resulte creíble que se encuentra el Arca de la Alianza o que, si la abres, de repente te van a salir un montonazo de fantasmas malrolleros de ahí dentro. Así que ahí estás tú, comiendo palomitas -o lo que sea-, casi sin pestañear, siguiendo los pasos de Indiana Jones por medio mundo para ver si lo consigue. Además, como los malos de la función son los nazis, pues aún es mejor, porque quieres que les den por la retaguardia a base de bien.

    "En busca del arca perdida" es un ejemplo de entretenimiento a toda máquina. Casi no hay momento de respiro y calma entre toma y toma. Del templo ese peruano, a Nepal para buscar a la piva de turno y un medallón que necesita para saber dónde está enterrada el Arca; de ahí, a Egipto para empezar a buscarla (cojonudo el momento en el que Indiana Jones) se mete en una cueva donde hay una maqueta del poblado donde, poniendo un medallón ante un rayo de sol que se para en un lugar exacto, a una hora concreta); luego, a evitar que se la quiten los malos (brutal la persecución con el camión) y, después, recuperándola (la escena del submarino y lo que pasa cuando hacen la ceremonia para abrirla). Vamos, que te pasas dos horas en una montaña rusa descomunal, a la uqe no te importaría volverte a subir cuantas más veces mejor.

    Puestos a criticar algo, creo que diría que la peli sería redonda si hubieran dejado un poco de lado toda la parte más fantástica de la historia. Vale que pueda existir una cámara secreta con la maqueta de parte de desierto de El Cairo, y que el Arca esté enterrada en una cueva llena de serpientes que no le hacen nada al prota. Eso me lo puedo llegar a creer sin problema. De la persecución con el camión y cómo se cuela en el submarino, pues vale que también me lo trago. Pero claro, que ya al final abran el Arca y empiecen a salir una serie de espíritus con muy mala leche... Hombre, creo que eso es ya poner un pelín a prueba la credibilidad de la historia. Más o menos como pasa en las dos partes siguientes de Indiana Jones (lo de que a uno le puedan sacar el corazón con una mano así a lo vivo, o que haya una cueva brutal que guarde el Santo Grial) aunque, por suerte, sin nada que ver en absoluto con ese pedazo de mierda que es la última que hicieron hace unos pocos años.

    Pero bueno, que quien no haya visto "En busca del arca perdida", por favor, que no se la pierda. Es una de las películas que ya se han convertido -y, si no lo ha hecho, debería- en un clásico básico del cine. Os lo dice uno que ya no sabe cuántas veces se la ha visto. Y no le pongo cinco estrellas porque, por mucho que me guste, tampoco la puedo comparar con las otras a las que sí se las hemos dado. Pero ya os digo que ha faltado poco.

    lunes, 7 de mayo de 2012

    CINE CLÁSICO: "TESTIGO DE CARGO"

    TÍTULO: TESTIGO DE CARGO

    DIRECTOR: BILLY WILDER

    REPARTO: SIR CHARLES LAUGHTON, TYRONE POWER, MARLENE DIETRICH, ELBA LANCHESTER, JOHN WILLIAMS

    DURACIÓN: 116 min.

    AÑO: 1957

    GÉNERO: INTRIGA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • No es la primera vez que se lleva a la gran pantalla una novela de la célebre escritora Agatha Christie. Es más, algunas películas basadas en sus obras, como “Asesinato en el Orient Express – Muder on the Orient Express, 1974” o “Muerte en el Nilo – Death on the Nile – 1978” figuran entre las más conocidas y reputadas. Así pues, lo que llama la atención de esta adaptación de la obra “Testigo de cargo” no es el hecho de que sea otra versión filmada de una novela de la difunta escritora inglesa, sino que el máximo responsable del largometraje fuera el cineasta Billy Wilder. En efecto, curtido en films de increíble prestigio como las magníficas comedias “Con faldas y a lo loco – Some like it hot, 1959” o “Irma La Dulce – Irma La Douce – 1963”, y portentosos dramas tales como “El crepúsculo de los dioses – Sunset Boulevard, 1950” o “El apartamento – The apartment, 1960”. No obstante, lejos de dar la sensación de que Wilder se sienta fuera de su terreno habitual, “Testigo de cargo” no sólo acaba siendo una de las más logradas películas tanto de su director, sino también de las adaptaciones literarias de obras de Agatha Christie más célebres, y una de las mejores películas de suspense de la historia del cine.

    Leonard Vole (Power) es un hombre acusado del asesinato de una rica anciana. La acusación alega que Vole, esperando poder beneficiarse de una importante suma de dinero de la difunta, la liquidó a sangre fría. Sin embargo, él no para de proclamar su defensa, y acude a un reputado abogado llamado Sir Wilfrid Roberts (Laughton) para que le defienda. A pesar de que el caso se presenta complicado, Sir Wilfrid pone todo su empeño en probar la inocencia de su cliente, para lo que aprovechará la ayuda que le presta una enigmática mujer de origen alemán llamada Christine (Dietrich), que parece conocer muy bien al señor Vole.

    “Testigo de cargo” es mucho más que una película basada en una novela de Agatha Christie. De hecho, a diferencia de los films de Sydney Lumet y John Guillermin mencionados en la introducción (y que, dicho sea de paso, no desmerecen lo más mínimo), el estilo particular de Wilder se hace patente en cada uno de sus fotogramas. Y no necesariamente por la puesta en escena –arrebatadora.- sino por la dirección de los actores. Quienes conozcan de nuestros queridos lectores la obra de Billy Wilder, sabrán reconocer perfectamente la forma tan particular que tiene de recoger las emociones de los personajes. En el caso de “Testigo de cargo”, pocas secuencias hay más evidentes de dicho estilo que aquella en la que el abogado al que da vida un insuperable Sir Charles Laughton hace un interrogatorio preliminar al sospechoso y a la mujer de éste, mientras juguetea con un monóculo que utiliza para desorientarles y, así, observar sus reacciones. Asimismo, todos y cada uno de los planos en los que hace acto de presencia Marlene Dietrich (inmejorable en su papel de esposa del sospechoso) –muy especialmente durante los últimos diez minutos del film-, contienen un poder visual tremendo.

    Otro punto muy a favor de “Testigo de cargo” de Wilder es se sirve de la sobreactuación de parte de su reparto para convertirlo en un elemento de despiste. Ya que, el estilo narrativo de Agatha Christie es complicado de trasladar a una película, Wilder aprovecha los instantes en que permite a sus actores sobreactuar como potenciador de aquellas secuencias en las que dicha sobreactuación se corta de raíz para dar paso a los giros argumentales más sorprendentes. Así pues, el cara a cara final entre Sir Charles Laughton y Marlene Dietrich está completamente desprovisto de la frialdad y teatralidad de las secuencias iniciales, así como la de Tyrone Power como marido de Dietrich tras escuchar el veredicto del jurado. Ahora bien, resulta curioso ver cómo, con Laughton sucede justo lo contrario: se muestra más natural y cómodo con sus secuencias iniciales (la presentación de su personaje, subiendo y bajando las escaleras con su silla motorizada es tan estupenda como hilarante), para aumentar el grado de exceso interpretativo conforme avanza la acción (aunque su papel como abogado de la defensa es estupendo, también se hace patente esa exageración a la que hacíamos mención durante los interrogatorios a testigos.

    Por fortuna, aparte de las interpretaciones, el guión adaptado de “Testigo de cargo” juega muy bien sus cartas –como diría mi colega Hyde, “guiño, guiño”-, consiguiendo mantener constante durante todo el metraje la intriga de la historia. Por supuesto, el encuentro del abogado con el supuesto testigo de cargo en una estación de tren marca uno de los puntos cumbres del largometraje, así como todo lo que sucede con el veredicto del jurado, Y ambas están rodadas con una pasión e interés desorbitante que convierte a “Testigo de cargo” en , como habíamos dicho antes, uno de los clásicos indiscutibles de Billy Wilder, y una de las mejores películas del séptimo arte.

  • MR. HYDE DICE:
  • Vaya por delante que soy ferviente devorador de las novelas de la tía Agatha. Desde que me leí de pequeño “Tres ratones ciegos” hasta hoy, cada nuevo libro que me leo de ella es cojonudo y, casualidades, de la vida, nunca consigo acertar quién es el asesino, el ladrón, o el malo de turno. “Testigo de cargo” no es precisamente una de las que me hubiera leído antes de ver la película pero, después de verla, casi me alegro, porque es una peli brutal. Como lo oís, a pesar de tener ya más años que el jabón, “Testigo de cargo” parece hecha hace dos días, con una frescura en los diálogos que te da la sensación de que estás viendo una historia que podría estar pasando ahora mismo.

    Vale que muchos podéis pensar: “¡Pues claro, no te jode! ¡Cómo no va a ser una buena película si la novela original ya era una pasada y tenía intriga hasta en el índice!”. Bueno, pues no. Si os diera la lista de los libros de intriga y suspense que me he leído con los que luego han hecho una mierda de película, no acabábamos ni mañana. Pero, por suerte, no pasa lo mismo con “Testigo de cargo”. Ya de entrada, empieza de forma muy simpática, con ese abogado enormemente gordo, que casi no puede ni caminar, y con las lecciones que le va dando a su ayudante (la prueba del monóculo, por ejemplo). Enseguida empieza el misterio con el caso de la mujer del acusado que va desesperado a contarle su problema y, ahí, ya empieza el follón. Pero no un follón de lío, sino de hacer las averiguaciones de turno para saber si el pavo éste de verdad mató a la mujer rica o no.

    El resto, por mucho que el rollero de arriba diga que si es gracias a la puesta en escena y no sé qué más chuflas, es toda la intriga propia de las novelas de Agatha Christie, con sus pistas falsas, suplantaciones, engaños y, por supuesto, sorpresa final (no sabría decir si me gusta más el momento de las cartas en la estación de tren, o lo que pasa cuando se dicta el veredicto). Aparte de eso, los actores están todos muy bien, pero lo que hace que “Testigo de cargo” sea una peli cojonuda es que han sabido pillarle el rollo de suspense de la novela y hacerlo en película de forma que, a los cinco minutos de que empiece la función, tú ya estés sin pestañear para no perderte detalle.

    Así que, aunque veáis que es una película vieja y en blanco y negro, creedme si os digo que “Testigo de cargo”, además de por su historia, os gustará porque no parece que sea cine clásico, sino que es una historia que puede pasar perfectamente por actual. A mí, al menos es la impresión que me dio. Y me encantó.

    domingo, 6 de mayo de 2012

    CINE EN CARTEL: "AMERICAN PIE: EL REENCUENTRO"

    TÍTULO: AMERICAN PIE: EL REENCUENTRO

    DIRECTORES: JON HURWITZ & HAYDEN SCHLOSSBERG

    REPARTO: JASON BIGGS, ALYSON HANNIGAN, SEAN WILLIAM SCOTT, MENA SUVARI, CHRIS KLEIN, TARA REID, THOMAS IAN NICHOLS, EUGENE LEVY, EDDIE KAYE THOMAS

    DURACIÓN: 113 min.

    AÑO: 2012

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • La verdad, no sé por dónde empezar a hablar de "American pie: el reencuentro". Ni los directores tienen una trayectoria profesional dentro de la industria del cine que merezca la pena destacarse, su contribución a la serie de "American pie" ni pasará a la historia del cine -a Dios gracias-, ni la diferencia de la llevada a cabo por los anteriores directores de la serie (tan sólo los hermanos Weitz, directores de la primera parte, parecen haber sabido encaminar medianamente sus pasos dentro del cine más comercial de Hollywood). De hecho, "American pie: el reencuentro" da la sensación de no ser más que una mera excusa para volver a reunir al grupo de personajes originales y tratar de hacer caja a costa de las gracias que aún puedan hacer. Evidentemente, el resultado, está lejos de las astronómicas cifras que cosecharon, al menos, las dos primeras partes (y conste que no estamos afirmando en ningún caso que sean buenas películas), por lo que el film está dirigido tan sólo a quienes se lo pasaron bien con las travesuras y ordinarieces de los intérpretes de la trilogía original.

    Ha pasado ya una década desde que Jim y sus amigos del instituto se graduaran. Ahora, cada uno tiene su propia vida en diferentes partes de Estados Unidos. Con motivo del aniversario de su promoción, todos se reencuentran en su pequeño pueblo, donde crecieron e hicieron de las suyas, aunque hay cosas que han cambiado sustancialmente. Jim (Biggs) y Michelle (Hannigan) siguen casados y son padres de un niño pequeño; Oz (Klein) es un famoso presentador de televisión especializado en deportes, cuya novia parece más encantada con su fortuna que con él; Finch (Thomas), el intelectual del grupo, presume de haber viajado al rededor de todo el mundo; Kevin (Nichols) también se ha casado, aunque le sigue obsesionando la relación que mantuvo en el instituto con Vicky (Reid); Heather (Suvari) hace acto de presencia con su novio, lo que despierta los celos de Oz; y Stifler (Scott), que es el que menos ha cambiado, sigue obsesionado con las fiestas, las chicas fáciles y el sexo. Juntos, todos los amigos volverán a verse metidos en situaciones comprometidas y llenas de líos.

    Mientras veía "American pie: el reencuentro", no sé por qué, pero me vino a la mente "Scream 4 - Scream 4, 2011", estrenada el año pasado. No porque las dos películas tengan que ver entre ellas sino porque, al igual que en el -muy prescindible- film de Wes Craven, me dio la sensación de que los productores e intérpretes principales de sendos largometrajes habían visto en su respectiva cuarta parte la oportunidad perfecta para relanzar sus carreras profesionales si la película funcionaba bien en taquilla. A tenor de los resultados tanto artísticos como económicos, ni una ni otra han arrasado en el box office pero, no por ello, dan menos muestras de que, en ocasiones, Hollywood es capaz de echar mano de los buenos recuerdos del público con tal de intentar a la desesperada volver a triunfar.

    En efecto, ver "America pie: el reencuentro" tan sólo sirve para recordar los momentos más divertidos de las entregas anteriores, y la originalidad de esa descarada revisión de la ochentera "Porky's - Porky's, 1981" que fue la aparición de la primera entrega. Por lo demás, el resto de "American pie: el reencuentro" no es más que una repetición de las situaciones desesperantes e inmaduras en las que los protagonistas se veían involucrados en los anteriores episodios. Cierto es que esta cuarta parte contiene momentos más o menos divertidos (la mayoría de los cuáles lo son gracias a la simpatía que desprende la actuación del veterano Eugene Levy como hilarante progenitor de uno de los protagonistas). Por lo demás, una clara demostración de que tanto los espectadores como los personajes de la serie parecen haber madurado -quiero pensar que los primeros bastante más que los segundos- y de que, lo que antes hacía gracia, al igual que las payasadas de un niño pequeño cuando crece, ya han dejado de tener gracia.

  • MR. HYDE DICE:
  • Pues sí. Digamos que no me arrepiento de haber visto "American pie: el reencuentro", pero no es de las que volvería a ver para partirme el ojete de la risa, como me pasó en su día con las otras partes. Sí es cierto que la ves con un poco de nostalgia, acordándote de lo muchísimo que te reíste con las cosas que les pasaban a aquellos adolescentes que estaban tan salidos como tú por aquellos días (yo la vi con diecisiete años, así que os podéis imaginar la revolución hormonal cómo iba). Claro que, aunque las primeras aún te pueden hacer gracia a día de hoy, no es lo mismo que ir a ver una cuarta parte totalmente nueva. Que Tom Cruise siga con sus misiones imposibles (el pollo también va por la cuarta) aún tiene un pase porque, al menos, son pelis de acción que te entretienen a todo trapo. Pero claro, si te pones a hablar de "American pie", pues como que la cosa cambia.

    "American pie: el reencuentro" es más de lo mismo. Las mismas capulladas (aunque más comedidas), las mismas guarradas, las mismas bromas escatológicas y los mismos follones que se montan. Así que si te han gustado las partes anteriores, pues no te disgustará ésta. Lo que pasa es que, sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con Jekyll: ya somos mayorcitos para estas películas. Tenían su gracia cuando eras un adolescente pajillero, pero ahora... Reconozco que tienen gracia determinados momentos como ese del principio, con el prota intentando cascársela antes de provocar un mini-caos en su casa delante de su hijo; o esa escena en que, después de irse de fiesta, el tío se despierta en la cocina sin pantalones ni calzoncillos, justo unos segundos antes de que entre su mujer con una amiga. Claro, que luego ya rizan el rizo de forma exagerada cuando se montan el episodio de la chica borracha y desnuda a la que tienen que acompañar a casa, que sí, es divertido, pero son las mismas polladas que ya te han contado antes.

    Otra cosa que me ha llamado la atención de la película es que, aunque salen en el póster como cualquier otro actor, hay algunos personajes que salen de refilón (la rubia esa que se operó los melones, u otra que hace de lesbiana), y otros que, directamente, sólo salen treinta segundos. Eso por no hablar de que lo de la "madre de Stifler" ya acaba resultando cansino -ahora han sido tan originales que también sale la madre de otro personaje, ya véis-. Supongo que sabrán que los tiempos pasados fueron mejores, vete a saber.

    En fin, que tampoco merece la pena decir mucho más de "American pie: el reencuentro". Yo me divertí viéndola, pero creo que más por la nostalgia de las primeras partes que no porque ésta sea la caña. Así que ya sabéis, tiene alguna que otra escena divertida y no es una molestia verla. Aunque, para los que seáis un poco más mayores, os parecerá una capullada de descerebrados como cualquier otra. Pero bueno, es lo que hay.

    sábado, 5 de mayo de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "EL GRAN AZUL"

    TÍTULO: EL GRAN AZUL

    DIRECTOR: LUC BESSON

    REPARTO: JEAN-MARC- BARR, JEAN RENO, ROSSANA ARQUETTE, GRIFFIN DUNNE, PAUL SHENAR

    DURACIÓN: 168 min.

    AÑO: 1988

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Antes de embarcarse en los proyectos que definirían su estilo personal como figura clave dentro del cine de acción y fantástico francés, el director Luc Besson realizó una de sus películas más famosas y, por qué no decirlo, de las más fascinantes que han contado con parajes naturales como un protagonista más de la historia. Para ello, esbozó un argumento original que le permitía centrar la historia en ese gran azul del título, que la cámara de Besson retrata con admiración y grandiosidad. No obstante, pocos años más tarde, el propio Besson realizaría el documental “Atlantis – Atlantis, 1991” El resultado, además de una memorable interpretación de Jean-Marc Barr como apasionado incondicional del fondo marino y, sobretodo, de Jean Rano como sensacional competidor eterno del intérprete principal.

    Jacques y Enzo (Barr y Reno, respectivamente), desde niños, han sido dos enamorados del mar, y han competido por ver cuál de los dos era capaz de contener mayor tiempo la respiración bajo el agua. De adultos, ambos acuden a un campeonato mundial de inmersión, donde los dos pondrán a prueba su increíble capacidad para la apnea. A ellos, que mantienen una distante relación de camaradería y rivalidad, se les une una periodista norteamericana llamada Johana (Arquette), quien está preparando un reportaje sobre Jacques, y del que se enamorará perdidamente. Sin embargo, la pasión de Jacques y Enzo por el mar es total, lo que les empuja a un malsano afán por permanecer en él todo el tiempo que puedan.

    “El gran azul” es una muerta de toda la belleza con la que puede recoger una cámara el mar. Ese gigantesco monstruo azul es casi acariciado por la cámara de Besson, quien no oculta en ningún instante su admiración y deleite por todas y cada una de las secuencias submarinas. Por ello, en ocasiones da la impresión de que “El gran azul” no es sino una excusa para rodar en dicho medio, lo que juega en contra de la propia historia. ¿Y de qué forma? Pues sirviendo de mera excusa para retratar algunas de las secuencias más hermosas vistas en una película comercial, y que tiene lugar bajo el mar. La historia acerca de la extraña competitividad entre ambos hombres es algo totalmente vacío (sólo se salva algún que otro apunte, como la divertida secuencia en que el equipo japonés se prepara para la inmersión ante la mirada estupefacta de Enzo), al igual que la secuencia que sirve de presentación para el personaje de Jacques (nos referimos a aquella en la que realiza un rescate asombroso en unas aguas gélidas).

    Sin embargo, Besson parece no darle excesiva importancia, ya que se las ingenia para componer todas y cada una de las secuencias acuáticas en un auténtico festival visual. En efecto, se sirve de cada uno de los momentos de inmersión de los personajes para que su cámara retrate las profundidades del mar con una calidez y colorido tan fascinante que el espectador, en ocasiones, puede olvidarse de la simpleza de la historia que le está contando “El gran azul”. Evidentemente, el film también es consciente de que debe ser algo comercial, por lo que se introduce el elemento romántico de turno entre el personaje de Jacques y la periodista que (atención a la belleza descomunal de la secuencia en que nadan con los delfines), contra todo pronóstico, sirve para reforzar aún más el amor incondicional que los dos protagonistas masculinos sienten por el mar -de ahí la secuencia final, antes de que Jacques se sumerja por última vez con ayuda de Johana-.

    Ahora bien, también es cierto que buena parte del público pueden considerar a “El gran azul” como una excusa tediosa y aburrida al preferir decantarse por los extraordinarios planos conseguidos por el director de fotografía galo Carlo Varini. No obstante, “El gran azul” es mucho más que eso. Además de ser una oda bellísima al mar, es uno de los ejercicios fílmicos más brillantes de su director, quien aprovecha todos y cada uno de los recursos posibles (el blanco y negro para el prólogo, el formato panorámico para los descensos en competición, los originales giros argumentales para aumentar el interés del largometraje –la estrategia de Jacques para sacarle más ventaja a la marca de Enzo en una de sus inmersiones-, etc.) y la belleza absoluta hasta en los momentos más distendidos (Enzo tocando un piano de cola blando al borde de un mar increíblemente azul). Así pues, aunque “El gran azul” no cuente con el dinamismo de las producciones de acción que Luc Besson realizó a continuación –tanto en calidad de director como de guionista-, sí que es uno de sus trabajos más admirados. Y, por supuesto, digna de las mejores composiciones, la hermosísima y sugerente partitura compuesta por Eric Serra.

    En definitiva, “El gran azul” es una película para disfrutar con uno de los mayores regalos y misterios que nos ha regalado la naturaleza. El resto de lo que contiene, no son más que meras excusas para servir a este propósito.

  • MR. HYDE DICE:
  • Para ser sincero, la primera vez que vi “El gran azul”, de pequeño, me pareció un tostón del quince. Supongo que porque imaginaba que sería una peli sobre animalitos, aventuras con delfines y tal. Y claro, cuando ya llevas una hora, y de delfines nada, pues como que te la pela el resto. Pero, cuando la volví a ver, ya un poco más mayor, me hizo gracia darme cuenta de que la peli es chulísima y de que no me gustara de nano. Por supuesto, no es la típica película para críos, por mucho que pase en el agua, y por mucho que los delfines tengan algo que ver en la historia. Pero es un pasada. El argumento, reconozco que, aunque un pelín monótono, es original porque, que yo pueda recordar ahora mismo, nadie había hecho antes una película entera sobre la apnea (para los de la E.S.O., “apnea” = “esa movida de aguantar la respiración debajo del agua”), y mucho menos combinándola con una pasión brutal por el mar.

    De todas formas, es chunguete decir si “El gran azul” es una película de aventuras, un drama, o una historia de amor porque, en realidad, es un poco de todo. La aventura de los dos hombres que, desde chavalines, ya se pican para ver quién aguanta más debajo del agua, y que crecen para volver a competir en un campeonato mundial, con sus estrategias y demás; un drama por la obsesión casi enfermiza del prota por poder pasarse la vida debajo del agua, y por un par más de cosas que pasan y que no diré para no cagaros la sorpresa; y una historia de amor por todo lo que tiene que ver con el rollete que se monta con la periodista yanqui que va a hacer un reportaje sobre todo esto. Aún así, a “El gran azul” no le pasa como a otras pelis, que se hacen la picha un lío porque no tienen claro hacia qué lado de todos quieren tirar. Aquí, la cosa está clara y, por encima de todo, lo que quieren hacer es una película sobre gente que adora el mar, y sobre lo bonito que pueden ser las sensaciones de libertad que significan para ellos.

    Además, hay un par más de cosas en “El gran azul” que se salen por la puerta grande. La primera es la fotografía, y la segunda es la música. Sobre la fotografía, no tengo ni papa de quién es el director, pero es una pasada cómo retrata el mar, tanto por lo que pasa dentro como fuera. Y la música de Eric Serra (que, de normal, su música me parece bastante bodrio), es una chulada que le va a las escenas como anillo al dedo. De las actuaciones, por supuesto, lo mejor es Jean Reno, que consigue hacer de una especie de rival súper cachondo (no os perdáis el momento en el que invita a su oponente a casa de su madre, que ha preparado comida como para un ejército entero, y le regaña a su hijo por no comer como es debido).

    La parte que menos me convenció de “El gran azul” es todo lo que tiene que ver con las rayadas mentales del protagonista (lo llamo así porque no recuerdo cuál es su nombre en la película), sobretodo a partir de una cosa chunga que pasa en una de las pruebas de buceo. Tanto eso como lo que se supone que es el desenlace de la historia de amor es un poco deprimente, y demasiado complicado –y digo “complicado” por no decir que el prota se acaba comportando como un auténtico tarado, gilipollas de cabo a rabo-. Pero bueno, supongo que de algún modo tenían que acabar la historia y, teniendo en cuenta por los derroteros que ha ido la peli hasta ese momento, cualquier final podría valer.

    En fin, que “El gran azul” es una película muy guapa. Y creo que su mayor ventaja es que consigue interesar a quien le atrapa su historia y, a quien no, pues siempre puede disfrutar con todos los momentos que pasan junto al mar y debajo de él. Al menos, como postal animada del fondo marino a ritmo de una música preciosa, “El gran azul” sí que es una pasada.

    viernes, 4 de mayo de 2012

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "EL TOPO"

    TÍTULO: EL TOPO

    DIRECTOR: TOMAS ALFREDSSON

    REPARTO: GARY OLDMAN, COLIN FIRTH, MARK STRONG, JOHN HURT, TOM HARDY, TOBY JONES, CIARÁN HINDS

    DURACIÓN: 119 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: SUSPENSE

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • No es la primera vez que se adapta un best-seller a la gran pantalla, ni la primera vez que una novela del escritor inglés John Le Carré es llevada al cine. Ahora bien, que de las películas basadas en obras de Le Carré se hayan realizado adaptaciones memorables o que se hayan convertido en un gran éxito, desgraciadamente, la lista no es muy extensa. Así pues, aunque largometrajes como "El espía que surgió del frío - The spy who came in from the cold, 1965" o "El jardinero fiel - The constant gardener, 2005" fueran reconocidos por la crítica y recibieran importantes premios, lo cierto es que otras tantas adaptaciones como "La casa Rusia - The Russia house, 1990" o "El sastre de Panamá - The taylor of Panama, 2001", a pesar de sus correctas interpretaciones y más que respetables intenciones, fracasaron en su intento de convertirse en productos de calidad. Ahora llega a modalidad de alquiler la última de las adaptaciones de una novela de Le Carré, "El topo", realizada por el sueco Tomas Alfredson, quien ya había dejado muy buen sabor de boca con su anterior film, "Déjame entrar - La den rätte komma in, 2008".

    Durante la Guerra Fría, Control (Hurt), jefe de la inteligencia británica, encomienda una delicada misión a Jim Prideaux (Strong), uno de sus mejores hombres: viajar a Budapest para reunirse con un contacto ruso que les puede desvelar la identidad de un topo que los ingleses tienen entre su máximo personal de seguridad, y que está llevando a cabo trabajos de contraespionaje para los rusos. Sin embargo, a su llegada a la capital húngara, Prideaux es traicionado y sufre un atentado. De vuelta en Londres, Control dimite de su puesto tras el fracaso de la misión, y con él abandona también el puesto su mano derecha, George Smiley (Oldman). Éste, lejos de resignarse a que se olvide al infiltrado, decide retomar la investigación en la clandestinidad cuando aparece un joven espía inglés llamado Tarr (Hardy), que posee información de primera mano sobre la identidad del topo.

    "El topo" es, por encima de todo, un film inteligente. Se sirve de un entramado de lo más complicado, repleto de personajes que desempeñan un rol fundamental en una determinada parte de la historia para ir desarrollando, poco a poco, toda una intriga política y de espionaje magnífica. Además, gracias a la elegantísima puesta en escena de Alfredson, el largometraje se beneficia de las constantes alteraciones de tiempo (la película es una continua combinación de momentos reales con flashbacks aclaratorios) y a un montaje fascinante que le da ese toque de elegancia y sofisticación.

    En medio de toda esta maraña de personajes, nombres y motivaciones políticas, el reparto de "El topo" completa el aspecto artístico con nota. Desde un Gary Oldman en uno de los mejores papeles de su carrera (atención a su total impasibilidad en secuencias con fuerte carga emocional -cuando descubre la infidelidad de su mujer, ante un superior al que casi hace suplicar una confesión, mientras uno de sus subordinados la toma con otro de los compañeros...-), hasta pasar por toda una lista de secundarios de primera categoría: Firth (tremendo el cara a cara final con Smiley), Hinds (impetérrito mientras Control abandona su puesto), Hardy (estupendo mientras le relata los hechos a Smiley a cambio de protección), Strong (sensacional la escena en la que se lamenta por el camino que ha escogido en la vida, dentro de una mísera caravana), y Jones (cuando le obliga al subordinado de Smiley a andarse con ojo si no quiere acabar en la cárcel).

    Desgraciadamente, el guión de "El topo", por mucho que pretenda ser lo más fiel posible a la novela -y, en ocasiones, también da la sensación que a la serie de televisión que se hizo sobre el mismo argumento-, lo cierto es que no consigue desprenderse de esa complejidad argumental. Ello repercute un tanto negativamente en la percepción del espectador, al que le resulta imposible no perderse en algún momento del camino, bien debido a la gran variedad de nombres o referencias, o a que la historia siempre vaya un paso por delante.

    No obstante, y sin ninguna duda, "El topo" es uno de los films de espionaje e intriga más inteligentes que se han realizado en los últimos años. Una buena opción por la que decantarse esta semana en las estanterías de los videoclubs.

  • MR. HYDE DICE:
  • Que sí, que no digo yo que no, pero "El topo" es un lío de película de tres pares de cojones. A mí me parece muy bien que las pelis quieran ser todo lo inteligentes que les dé la gana, pero coño, lo podían haber puesto un poco más como pa tontos, ¿no? A ver, que nadie me malinterprete. "El topo" es una película muy bien hecha, que cuenta una historia complicada de una forma muy original, con calma, y con ganas de desafiarte para que estés a la altura y puedas pillar las cosas con la misma facilidad que el payo que se pone a hurgar a ver qué pasó con una operación que salió mal. Pero claro, para ello, mezclan nombres a tutiplén (cuesta un huevo y parte del otro acordarte de quién es quién), situaciones (la peli va adelante y atrás en el tiempo para contar lo que ha pasado, y por qué los del momento presente toman una determinada decisión), e intrigas políticas de esas de la Guerra Fría sobre espías.

    A mí me encanta el cine de espías, pero cuando la empiezan a liar, ya se me quita parte de las ganas de seguir mirando. No he leído ninguna de las novelas de John Le Carré, pero sí que he visto más de una película basada en ellas. De éstas, ya os digo que a "El topo" le pasa un poco lo mismo que a "La casa Rusia", que estará muy bien hecha, con unas actuaciones estupendas y todo lo que tú quieras, pero no te enteras de la misa la mitad. Por suerte, con "El sastre de Panamá" o "El jardinero fiel", la cosa quedaba un poco más clara -en la primera porque Pierce Brosnan se encarga de hacerlo todo más divertido, y en la segunda porque la historia no la enredan tanto-, pero en ésta, no hubiera estado de más que alguien les pidiera un poco más de sencillez.

    Sí que estoy de acuerdo con Jekyll en que tiene un mérito enorme haber sido capaces de hacer una película que tiene ese toque de estilo tan refinado y especial. Ahora bien, no sé si es que, como dice aquel, el Lusima es un poco tonto, pero tanta chufla de espías, tanta traición y tanta polla en vinagreta lo único que sirve es para que te hagas un cacao de cojones. Y, además, hay algo que me ha cabreado bastante (y conste que es una ventaja como calidad de la película, pero a mí me toca la ovamenta): ves al Gary Oldman más seguro que la castaña con cada pista que encuentra, y con las deducciones que va haciendo cada vez que escucha una grabación, que le cuentan algo, o que recuerda parte de una cosa que pasó hace tiempo. Vale, pues a él le servirá para ser más listo que todos juntos, pero tú te quedas esperando poder adivinar qué es sin conseguirlo. Y qué queréis que os diga, aparte de que frustra un poquito.

    En fin, dejando de lado el lío que se montan con la historia, sí que admito que "El topo" es una peli que está hecha sabiendo lo que se hace. Te pasas las casi dos horas que dura deseando que las pistas consigan ayudar al prota a averiguar quién es el traidor cosa que, dicho sea de paso, tampoco te da tiempo a imaginar. Y, por supuesto, tiene sus momentos de intriga a base de bien: cuando el espía al que mandan a Hungría empieza a ver comportamientos sospechosos que le hacen darse cuenta de que le han tendido una trampa, cuando el ayudante del protagonista debe robar un libro de registros del mismísimo cuartel general, o cuando le tienden la trampa final al traidor para que éste se delate.

    Así que lo dicho, si queréis encontrar una peli este finde en los videoclubs que sea de las que os hacen pensar y que, además, esté bien hecha, no lo dudéis, ésa es "El topo".

    jueves, 3 de mayo de 2012

    CINE ACTUAL: "PRECIOUS"

    TÍTULO: PRECIOUS

    DIRECTOR: LEE DANIELS

    REPARTO: GABOUREY SIDIBE, MO'NIQUE, PAULA PATTON, MARIAH CAREY, LENNY KRAVITZ

    DURACIÓN: 109 min.

    AÑO: 2009

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • En Hollywood, existen dos tipos de historias por los que los grandes estudios –y los no tan grandes- sienten especial predilección. Unos son los biopics, en los que un determinado actor/actriz suele conseguir el aplauso general de la crítica al recrear la figura de un determinado personaje histórico (el Oscar concedido a Meryl Streep en la reciente ceremonia de estos premios por interpretar a Maraget Tacther es buena prueba de ello). Los otros son las historias de superación personal, cuyos argumentos versan en torno a las enormes dificultades a las que deben hacer frente los personajes para poder conseguir sus propósitos (desde ganar una competición deportiva, hasta superar una grave enfermedad, lidiar con la muerte de algún familiar, etc.). En especial estos segundos son los que mayor libertad ofrecen a la hora de dar forma a un largometraje ya que, se basen o no en hechos reales, consiguen que el público se identifique en mayor medida con los protagonistas, sintiendo deseos de saber cómo termina el calvario particular de todos ellos –que, dicho sea de paso, suele ser de forma satisfactoria para todos-. Es en este último grupo en el que cabe incluir a “Precious”, film dirigido por el casi debutante Lee Daniels, basado en la novela con tintes autobiográficos “Push”, de una escritora norteamericana apodada Sapphire, y que cuenta con dos de las actuaciones más impactantes vistas recientemente en una pantalla de cine.

    Clarice Jones (Sidibe), a la que todo el mundo llama Precious, es una muchacha de diecisiete años que, aparte de sufrir una tremenda obesidad, está embarazada de su segundo hijo. Precious ya tiene un niño con síndrome de down al que llama Mongui y que, al igual que éste segundo, es fruto de una violación por parte de su padre. Precious vive de forma precaria con su madre, Mary (Mo’Nique), quien se preocupa más de que el Estado no le quite la subvención por la dependencia que tienen su hija y nietos de ella –y, gracias a la cuál, no necesita trabajar- que no en los problemas de su hija, a la que culpa de que su marido la haya abandonado. Dado que, por su estado, Precious es obligada a abandonar el instituto, acude a una centro especial para alumnas problemáticas en la que da clases la señorita Rain (Patton), quien se preocupa no sólo por el aprendizaje de las muchachas sino por los problemas de cada una de ellas. En mitad de este panorama, Precious hará lo posible por graduarse y salir adelante con sus dos hijos.

    Vaya por delante que tanto mi querido colega Hyde como un servidor no hemos leído la novela “Push”, por lo que nos resulta imposible juzgar cómo de fiel es el largometraje al original literario en el que se basa. Ahora bien, de lo que cabe duda es que el director Lee Daniels realiza un trabajo remarcable en ambos campos. Por una parte, la dirección de Daniels es sólida, dura y sin concesiones (ver todas y cada una de las secuencias de enfrentamientos que comparten Precious y su despótica madre) aunque, a la vez, consigue que al público no le resulte asfixiante (gracias a la participación de unas excelentes Paula Patton como maestra y –sorprendentemente- Mariah Carey como agente social, o a los momentos que Precious comparte con el resto de sus compañeras de clase). De esta forma, el espectador acompaña a la protagonista a lo largo de su odisea, compartiendo de ella la rudeza de momentos tan complicados como la aceptación de su situación, el segundo parto, o el abandono definitivo de su casa.

    Sin embargo, si hay un elemento que merezca la pena destacar de “Precious” por encima del resto son sus interpretaciones. Desde una asombrosa Gabourey Sibibe en el papel principal (nadie diría que es el primer film en el que participa), capaz de transmitir emociones terribles con tan sólo una mirada o un silencio (ver la última entrevista que hace con la trabajadora social con la que debate su situación), hasta por una insuperable Mo’Nique en uno de los papeles más desagradables vistos recientemente en un largometraje comercial (atención a la preparación, en su casa, de la entrevista con uno de los agentes sociales para no perder el subsidio), y pasando por unas actuaciones de secundarias como Paula Patton o Mariah Carey de lo más ajustadas, y desprovistas de cualquier halo de sensiblería.

    Así pues, “Precious” es una película muy dura, con un argumento difícil de digerir, pero muy bien hecha y mejor interpretada. Desde su puesta en escena hasta el guión, todos los elementos se encuentran perfectamente integrados para lograr conmover sin necesidad de recurrir a los trucos más sobre explotados de las producciones de este tipo. Desde luego, no es la clase de film que el espectador ve para pasar un rato distendido aunque, no por ello, desmerece lo más mínimo (por no decir que, de cuando en cuando, ver un largometraje como “Precious” es algo necesario).

  • MR. HYDE DICE:
  • ¡Ufff, qué peli más chunga! “Precious” es de las que hay que ver con calma, y sabiendo que la historia es dura de cojones porque, como no sepas a lo que vas, puedes acabar flipando pepinillos. Al principio de la peli te dicen que está basada en una historia real. Me da a mí que eso es algo que dicen casi siempre para vender más entradas, o para darle un toque más serio al tema y que parezca que te están contando la historia más im-prezionante del universo mundo. Ahora bien, en el caso de “Precious”, no tengo ni idea de si será así o no pero, en cualquier caso, si lo que te cuentan es verdad, agüita del avellano lo que ha sido la vida de esa pobre muchacha.

    Os aviso desde ya que “Precious” no es la típica película que te pones un viernes por la noche o un domingo por la tarde cuando te quieres distraer un rato con algo divertido. Puedes hacerlo, of course, pero tened en cuenta que la historia es cruda de cojones, y que lo podéis llegar a pasar un pelín mal (os lo digo más que nada porque yo la vi con mi chica una noche en plan de “por qué no vemos ésta, que me han dicho que es buena”, y ella acabó medio traumada con la historia). Pero, cuando digo eso de pasarlo mal, no quiero decir que sea una película de tortura, sangre y tripas por los aires. Aquí el tema es que es un dramón monumental sobre la vida de una pobre negra, más desgraciada de lo que se hubiera podido pensar en toda su vida. Y, además, si a eso le unes que las actuaciones son impresionantes, pues hacen que toda la película aún sea más creíble.

    Ahora que decía algo acerca de las actuaciones, me llamó mucho la atención el papelón que hace tanto la gorda negra como su madre. La chica es un ejemplo perfecto de actuación debutante, que borda tanto los momentos en que tiene que estar más seria (al principio con la directora del instituto, después con la maestra de ese centro de apoyo, o con la supervisora de atención al menor) o más relajada (cuando celebran la fiesta de nacimiento de su segundo hijo, o como cuando hace un sinpa en un bareto de pollo frito). Eso sí, la que se lleva la palma es la actriz –creo que es una rapera- que hace de su madre. No me extraña que se llevara el Oscar a la mejor secundaria pero, con o sin premio, reconozco que hace de una de las mayores hijasdelagranputa que he visto en mucho tiempo en una película. Y, si no, esperad a ver momentos como cuando le echa en la cara a su hija que le ha quitado a “su hombre” (se ve que la señora no se da cuenta de que el desgraciado de su marido ha violado en más de una ocasión a su hija) o, sobretodo, cuando casi la mata de una paliza cuando Precious vuelve a su casa con su segundo hijo recién nacido para recoger sus cosas y pirarse de allí (ye tú, que la loca de los cojones le tira una televisión por el hueco de las escaleras que no la revienta a ella y al bebé de puro milagro).

    Aparte de eso, “Precious” tiene poco más. Es como si hubieran querido hacer una película sobre lo jodida que es la vida para ciertas personas y cómo consiguen salir adelante a pesar de sus dificultades. Lo que pasa es que aquí lo rizan a tope de forma que, cuando la peli acaba, suspiras aliviado, porque dos horas de dramón intensivo casi te dejan exhausto. Ah, y una cosa que me llamó mucho la atención (aparte de que la maestra que ayuda a la prota a salir adelante sea lesbiana… ¡qué putada, con lo buena que está!) es que Mariah Carey demuestra que sabe actuar, y muy bien por cierto. Por lo demás, “Precious” es una buena película, muy dura, pero que, a pesar de todo, es casi una especie de canto a la esperanza, demostrando que si le echas un par de huevos a la vida cuando estás jodido a base de bien, puedes salir adelante, por muy chungo que parezca. Supongo que, aunque sólo sea por acabar teniendo esa sensación, ya merece la pena ver la película.

    miércoles, 2 de mayo de 2012

    CINE DE LOS 90: "EL ÚLTIMO MOHICANO"

    TÍTULO: EL ÚLTIMO MOHICANO

    DIRECTOR: MICHAEL MANN

    REPARTO: DANIEL DAY-LEWIS, MADELEINE STOWE, WES STUDI, RUSSELL MEANS, ERIC SHWEIG, JODHI MAY, STEVEN WADDINGTON, MAURICE ROËVES

    DURACIÓN: 118 min.

    AÑO: 1992

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JDEKYLL DICE:
  • No hace falta más que echar un vistazo a la filmografía de Michael Mann para darse cuenta de que se trata de una de las personalidades más polivalentes e inquietas del cine moderno. Curtido en la realización de numerosos episodios de exitosas series de televisión, cada vez que Mann ha dirigido alguna película, la crítica la ha ensalzado casi con pasión. No es para menos, pues es uno de los pocos directores que aún siguen en activo cuya pasión por el cine le lleva, en cada nuevo proyecto, a querer experimentar nuevas técnicas (lentes, objetivos, iluminación, sistemas de grabación...), consiguiendo resultados que, si bien no siempre se convierten en éxitos arrolladores, no hay quien le quite el mérito -auántos directores da la sensación de que se conforman con gritar "¡Acción!" sin el más mínimo interés por ser un poco más innovadores. Así pues, desde el mejor cine policiaco ("Heat - Heat, 1995", "Collateral - Collateral, 2004") pasando por originales bipoics ("Ali - Ali - 2001", "Enemigos públicos - Public enemies, 2009") y films que lo dicen todo con cada movimiento de cámara, capaces de absorber la atención del espectador con un guión tan complejo como magistral ("El dilema - The insider, 1999"), la carrera cinematográfica de Michael Mann es, en dos palabras, una delicia. De entre todos sus largometrajes, el que con mayor probabilidad haya logrado mayor repercusión sea, precisamente, "El último mohicano", una nueva adaptación de la novela homónima de James Fenimore Cooper, rodada con una grandiosidad y espectacularidad que quedaron en la memoria de muchísimos espectadores, al igual que su portentosa banda sonora.

    Mediados del siglo XVIII. Nathaniel Poe (Day-Lewis), también llamado Ojo de Águila, es un joven de raza blanco criado por los mohicanos como uno más de ellos. En mitad de la Guerra de Independencia estadounidense, Ojo de Halcón y su hermano adoptivo Uncas (Schweig) salvan de una emboscada urdida por los franceses a dos hermosas jóvenes. Éstas, resultan ser las hijas del coronel Munro (Roëves), quien les agradece, no sin cierto resentimiento, su heroicidad. Los problemas vendrán cuando las tropas francesas, que cuentan con el importante apoyo de una serie de indios nativos, entre los que se encuentra el despiadado Magua (Studi), asaltan a las tropas inglesas, por lo que Ojo de Halcón y Uncas deberán huir del asedio en compañía de las dos hermanas, y de un capitán de la guardia inglesa. Además, las cosas aún se complicarán más cuando Cora (Stowe), la hermana mayor, se enamore de Ojo de Halcón, y Alice (May), la hermana menor, de Uncas.

    "El último mohicano" es una gran súper producción. Tal vez, en el momento de su estreno, se la presentara como una película más de aventuras pero, de lo que no cabe duda es de que se trata de una gran película, realizada con un gusto y cuidado exquisito, y con una puesta en escena arrebatadora. Para empezar, la ambientación es sensacional, no sólo por la construcción de los decorados correspondientes, sino por las localizaciones en los que tiene lugar su filmación (seguro que quien la ha visto aún recuerda la parte trasera de las cataratas y el sendero al borde del abismo en el que tiene lugar un trágico suceso). Además, desde el punto de vista técnico, "El último mohicano" hace gala de una perfección patente, consiguiendo un equilibrio magnífico entre los momentos más íntimos (atención al cara a cara, repleto de emociones contenidas, entre Ojo de Halcón y Cora, cuando éste se encuentra encarcelado en el campamento inglés), y la espectacularidad de las escenas de acción (desde las batallas a campo abierto hasta los ataques cuerpo a cuerpo en mita de la selva -algo que, años más tarde, perfeccionaría Mel Gibson en su polémica "Apocalypto - Apocalypto, 2006"-).

    Asimismo, en el resto de apartados técnicos (la fotografía de Dane Spinotti -colaborador habitual de Mann- o el montaje de Arthur Schmidt -habitual de Robert Zemeckis-) la cinta es todo un ejemplo de cálculo y planificación. Ahora bien, si existe un apartado en el que destaque especialmente "El último mohicano", y que se diferencia con claridad del resto, es en la música. A día de hoy, la banda sonora compuesta a cuatro manos por el veterano Trevor Jones y Randy Edelman es una de las más conocidas de la historia del cine reciente. Y no es para menos, habida la cuenta de que logra darle una fuerza tremenda a lo épico de sus imágenes, hecho que queda patente en instantes tan épicos como el beso final que le da Ojo de Halcón a Cora detrás una catarata, mientras le pide que sobreviva para que él pueda encontrarla de nuevo.

    En definitiva, "El último mohicano" es una espectáculo con mayúsculas. Una lección de cine bien hecho que consigue hipnotizar al público durante toda su emocionante trama.

  • MR. HYDE DICE:
  • Para mí, "El último mohicano" es la música. No sé si porque el tema central de la peli lo he escuchado ya hasta cansarme o qué, pero ver la película con otra música, creo que sería imposible. Es más, creo que parte de la fuerza esa que tiene y de lo chula que está es en mucha medida gracias a ella. Pero, además, es un peliculón de aventuras como la copa de un pino, entretenida y de las que te hace casi ni pestañear. Además, la historia me parece súper original (aunque esté basada en una novela) ya que, hasta ahora, todas las películas sobre la Guerra de Independencia de los Estados Unidos siempre las habían hecho sacando o a los nativos americanos en colaboración con los franceses, o a los ingleses como los hijoputas que querían someterlos como fuera. Sin embargo, en esta película, lo que ves es gente que, al margen de la guerra, se quiere mantener unida pase lo que pase, y con independencia de la raza y creencias de cada uno.

    "El último mohicano" es espectacular desde que empieza hasta que acaba. Ahora, lo curioso es que parece que no se quiere dar esos aires de grandeza, sino que es como si cada parte espectacular lo fuera porque es lo que toca, como si te metieran en medio de cada batalla y enfrentamiento porque pasabas por allí, pero luego te lo quisieran enseñar en todo su esplendor (y creedme si os digo que lo hacen a base de bien, sea de día o de noche, y sea en mitad de un llano o detrás de una catarata). De entre todas esas escenas acojonantes, no sabría muy bien con cuál quedarme. Las hay impresionantes por su violencia (lo que le pasa al capitán inglés, o las peleas de los soldados con los indios a base de machetazos), por la emoción que tienen (atentos a cuando el mohicano y su hermano llegan casi en el último segundo para salvarles el culo a las dos hermanas, justo antes de que un indio le rebane el pescuezo a la morena), por lo bien hechas que están (el enfrentamiento final entre el indio cabrón más malo que un demonio y el mohicano), y porque casi parece que puedas estirar la mano y "tocar" la imagen (todo lo que pasa en el campamento inglés de noche).

    Por supuesto, en medio de todo, Daniel Day-Lewis metiéndose en la piel del mohicano con una facilidad que casi parece que el tío ha sido un indio de esos toda su vida. Y Madeleine Stowe demostrando por qué Kevin Costner era capaz de perder la cabeza por ella en aquella peli tan chula en que hacía de mujer de Anthony Quinn. Pero más que por las actuaciones, "El último mohicano" llama la atención porque tiene ese aire de peliculón a lo bestia que tenían las pelis épicas de hace cincuenta años -me refiero a esas en que ves diez minutos y ya sabes de qué palo va a ir la cosa, y que estás a punto de ver algo grande-. Además, tiene mucho mérito que, no siendo la primera vez que se hace una película sobre este mismo tema, sí que se consigue un resultado tan brutal y hacer que tú, que estás ahí parado delante de la pantalla, casi ni parpadees. Es verdad que la historia puede ser un poco liosa (aparecen tanto los gabachos como los ingleses, y los dos se sirven de los indios para poder ganar al otro), pero está hecha con tal gracia que no sólo pillas en seguida el hilo, sino que casi te sorprende la facilidad con la que van enganchando un tema detrás de otro.

    En fin, que os podría decir mil maravillas sobre "El último mohicano", pero lo mejor es que si no la habéis visto, no perdáis más el tiempo y la consigáis cuanto antes. Ah, y su banda sonora también, porque tanto una como la otra son dos pasadas impresionantes. En serio, de esas que ves al cabo de un tiempo y te vuelves a enganchar con la misma facilidad que la primera vez; o de las que recuerdas y, casi sin darte cuenta, te viene una sonrisa tonta a la cara. Buenísima señal, ¿no?