lunes, 14 de mayo de 2012

CINE CLÁSICO: "EL COLOSO EN LLAMAS"

TÍTULO: EL COLOSO EN LLAMAS

DIRECTOR: JOHN GUILLERMIN & IRWIN ALLEN

REPARTO: PAUL NEWMAN, STEVE MCQUEEN, FAYE DUNAWAY, WILLIAM HOLDEN, ROBERT WAGNER, FRED ASTAIRE, JENNIFER JONES, O.J. SIMPSON, ROBERT VAUGHN, RICHARD CHAMBERLAIN

DURACIÓN: 157 min.

AÑO: 1974

GÉNERO: SUSPENSE

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • El género cinematográfico conocido como “cine de catástrofes”, tuvo una especial repercusión durante los años setenta. Desde el comienzo de esta década, producciones como “Aeropuerto – Airport, 1970” o “La aventura del Poseidón - The Poseidon adventure, 1972” dieron buena muestra de lo que Hollywood era capaz de hacer dentro de este particular sub-género, convirtiendo a muchas de estas producciones en iconos de referencia dentro de la historia del cine. Así pues, animados por el tremendo éxito de, por ejemplo, estos dos títulos citados, el director y productor Irwin Allen puso en marcha una súper producción mucho más ambiciosa. Siguiendo un esquema argumental muy parecido al desarrollado en, precisamente, “La aventura del Poseidón”, dicho largometraje centraba su atención en el descomunal incendio de un gran rascacielos y en la consecuente odisea de un grupo de bomberos y técnicos por sofocarlo, para salvar la vida de aquellos que habían quedado encerrados en su interior. El resultado fue “El coloso en llamas” que, aunque es posterior en su realización a otros títulos, está considerado hoy como el principal referente de cine catastrófico, y como una de las películas más trepidantes del último cine clásico. Además, al igual que las anteriores, no se reparó en gastos ni a la hora de contratar a su gran reparto, ni en la confección de los espectaculares efectos especiales.

    El día de la inauguración el rascacielos más alto de San Francisco, Jim Duncan (Holden), el principal inversor y promotor de la obra, organiza una gran recepción para celebrar la inauguración, a la que invita a numerosas personalidades de la política y la alta sociedad californiana. Sin embargo, a causa de un defecto en la instalación del cableado eléctrico, en el edificio se declara un monstruoso incendio. Por fortuna, entre los invitados se encuentra Doug Roberts (Newman), el arquitecto que diseñó el edificio, y cuyos conocimientos de la estructura parecen decisivos a la hora de evacuar a los invitados. Sin embargo, ni los vanos intentos de Jernigan (Simpson), jefe de mantenimiento del edificio, ni las ideas de Roberts parecen ser suficientes. Cuando haga acto de presencia Mike O'Hallorhan, el jefe de la compañía de bomberos, Roberts ý él harán lo posible por sacar con vida a todos los invitados, entre los que se encuentra Susan (Dunaway), la novia de Roberts, y el egoísta hijo de Duncan, Bigelow (Wagner).

    "El coloso en llamas" es un espectáculo catastrófico de primer orden, dicho sea ello con el mayor de los respetos. No en vano, para su producción fue necesaria la asociación de dos de las mayores productoras cinematográficas del momento -la Fox y Warner Bros.- hecho que, aunque hoy en día parezca algo de lo más normal, tampoco era tan frecuente hace cuarenta años. No obstante, el productor y co-director Irwin Allen (las malas lenguas especulaban sobre el excesivamente férreo control de Allen durante la producción del largometraje) logró que cada centavo invertido en su elevado presupuesto para los cánones de la época lucieran en la gran pantalla. Así pues, la acción de "El coloso en llamas" experimenta un crescendo durante la práctica totalidad de su metraje, de forma que, tras una introducción que poco aporta al conjunto del largometraje (salvo para poco más que para presentar a sus principales protagonistas), el resto del film consigue que en espectador asista atónito a las complicaciones provocadas por el devastador incendio, y a las trepidantes e ingeniosas maniobras del grupo de bomberos por salvar la vida de la gente que ha quedado atrapada.

    Por otra parte, "El coloso en llamas", siguiendo la estela dejada dos años antes por "La aventura del Poseidón" -también producida por Allen-, es un film confeccionado como una gigantesca trampa por fases de forma que, cuando el espectador comienza a tener la sensación de que una solución es viable, siempre hay algún factor que entorpece la escapada. Por supuesto, cada uno de estos elementos contrarios a favorecer el rescate es cada vez más espectacular. Un ejemplo de ello sería la llegada de un grupo de invitados a la azotea del edificio a la que se está acercando un helicóptero para llevárselos cuando, de repente, una gigantesca llamarada alcanza a la aeronave, que cae al suelo convertida en una bola de fuego. Y, por supuesto, el intento de rescate a través de un cable entre uno de los ventanales del salón de celebraciones y otro polo más seguro. Todas estas secuencias están no sólo realizadas con una espectacularidad asombrosa, sino que le otorgan un realismo deslumbrante a todo el conjunto. Y, en todo momento, el público con el alma en vilo.

    Por desgracia, la fama y éxito indiscutible de esta serie de producciones catastrofistas acabaron derivando en la realización de films muchísimo menos interesantes y carentes de cualquier interés (caso de, por ejemplo, "El enjambre - The swarm, 1978" -también realizada por Irwin Allen-, o las diversas continuaciones de "Aeropuerto"), lo que provocaron la cancelación de más proyectos similares. Por suerte, hoy en día, esto nos permite disfrutar en mayor medida de producciones como éste "El coloso en llamas", convertida ya en una película de culto dentro del sub-género de películas de catástrofes.

  • MR. HYDE DICE:
  • No me suelen chiflar las pelis de cine catastrófico. Ni siquiera las modernas (“Un pueblo llamado Dante’s Peak – Dante’s Peak, 1996”, “Volcano – Volcano, 1996”, “Daylight (Pánico en el túnel)– Daylight, 1996”, “Poseidón – Poseidon, 2006”, etc.). Más que nada porque ya sabes de antemano que, por mucho efecto especial que tengan (todo lo flipantes que quieras, eso no lo niego), cómo acabará la cosa: quiénes conseguirán sobrevivir, quiénes palmarán los primeros, y que si el guión llega a la media página ya será mucho. Vale que todo eso lo adornan con mucho ruido, música de esa que suena a grandioso, y con un par de escenas medio lacrimógenas en que el héroe de turno se despide de los suyos antes de sacrificarse para salvarlos a todos. O sea, cliché tras cliché. Sí que es cierto que alguna de las más recientes, como “Armageddon – Armageddon, 1998” sí que hicieron que me lo pasara pipa, pero en ese caso estamos hablando de Michael Bay que, pese a quien pese, entiende el mundo del espectáculo muchísimo mejor que el noventa y mucho por cierto de los espabilados que andan sueltos por Jolibú. Pero eso ya es otro cantar. En fin, que os suelto todo este rollo para deciros que, pese a que no soy fan de estas catástrofes, “El coloso en llamas” es una de las pocas que sí me ha gustado y que está muy guapa.

    De todas formas, aparte de que la peli me haya gustado y crea que mola, también debo reconocer que es de las que el guión llega a la media página. Sólo les hace falta una excusa (el cortocircuito que provoca la chispa que lo peta todo) para montar el cisco, y tirarse las dos horas siguientes entre fuegos brutales y secuencias de vértigo. Pero, como le pasaba a la peli de Bruce Willis, están tan bien hechas y te mantiene en tensión de una forma tan currada que no acabas pensando en que “El coloso en llamas” en una película para no pensar mucho –o nada- mientras la ves. Además, hay tanto famosete pululando por ahí que está chulo ver a cada uno de ellos haciendo papeles que, de normal, tampoco suelen hacer (el más notorio es Fred Astaire).

    “El coloso en llamas” es una película que hace que le vayas cogiendo interés a medida que avanza la acción. Al principio, hay mucho bla-bla que no sirve para nada. Pero cuando la chispa empieza a incendiar un piso, y de ahí se propaga el incendio, “El coloso en llamas” se convierte en una atracción tipo montaña rusa cojonuda. A cada momento, aparece una nueva complicación que les obliga a Paul Newman y Steve McQueen a darle vueltas al coco para evitar más destrozos y salvar a la gente que está atrapada. Y, por supuesto, tú estás viendo todo eso con el culete apretado. Por ejemplo, uno de los momentos más impresionantes que recuerdo de la peli, es cuando una mujer, que está envuelta en llamas, se tira por la ventana, y va directa hasta el suelo. Ahora, tal vez sea una escena que tampoco impresiona mucho, pero fijo que cuando la peli se estrenó, a más de uno se le heló la sangre. O, por poner otro caso, el trozo ese en el que empiezan a evacuar el salón donde están los VIPS, haciendo que funcionen unos ascensores externos, y ves que la gente se mata por subir a ellos, sin importarles un pimiento a quién tienen al lado.

    Puede que el final de “El coloso en llamas” esté un poco pillado por los pelos. Pero es que también había que acabarla de alguna forma, y supongo que esa forma es tan válida como cualquier otra (y digo que está pillada por los pelos porque, siendo algo tan evidente –no os voy a decir cómo lo hacen para no cagar la sorpresa-, lo primero que te preguntas, es por qué carajo no se les ha ocurrido antes). Pero vamos, ya os digo que son algo más de dos horas de peli de suspense muy chula y que, aunque sólo sea por ver una de las películas de desastres más famosa de la historia del cine, ya merece la pena dedicarle un rato a verla. Aunque, como a mí, no os entusiasme mucho el género.

    domingo, 13 de mayo de 2012

    CINE EN CARTEL: "SOMBRAS TENEBROSAS"

    TÍTULO: SOMBRAS TENEBROSAS

    DIRECTOR: TIM BURTON

    REPARTO: JOHNNY DEPP, MICHELLE PFEIFFER, EVA GREEN, JOHNNY LEE MILLER, CHLOE MORETZ, JACKIE EARLE HALEY, HELENA BONHAM-CARTER, GULLY MCGRATH, BELLA HEATHCOTE

    DURACIÓN: 113 min.

    AÑO: 2012

    GÉNERO: FANTÁSTICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Tim Burton parece haberle cogido afición a revisar antiguas adaptaciones de seriales televisivos o cuentos clásicos, obras teatrales, o remakes de otros largometrajes, a tenor de los films que ha dirigido durante los últimos años. Desgraciadamente, que la calidad de los mismos se encuentre a la altura de sus pretensiones artísticas, es algo que no siempre se ha logrado con el mismo éxito. En esta ocasión, la película que se estrena esta semana en las carteleras españolas es “Sombras tenebrosas”, versión cinematográfica de la serie de televisión emitida entre los años 1966 – 1971 en la ABC norteamericana. Retomando la esencia del hilo argumental de la serie, “Sombras tenebrosas” adopta un tono a medio camino entre la comedia bobalicona y el relato de terror de corte más clásico, permitiéndoles tanto a Burton como a Depp dar rienda suelta a sus histrionismos con los que tan buenos resultados han obtenido en ocasiones pasadas.

    Barnabas Collins (Depp) es un joven rico y apuesto, cuya familia, establecida en la costa oeste estadounidense desde que emigraron de Inglaterra, se ha abierto camino, formando una de las flotas y empresas pesqueras más prósperas y célebres del lugar. Sin embargo, una doncella de los Collins llamada Angelique (Green), que siempre ha estado enamorada de Barnabas, se niega a aceptar que éste ame a otra mujer. Por ello, hechiza a Barbabas, de manera que sobre su familia y sobre él cae una maldición que acaba con los primeros, y convierte en vampiro y entierra vivo al segundo. Doscientos años más tarde, en los primeros años de la década de los setenta, en el transcurso de una obras, el ataúd donde permanece encerrado Barnabas es desenterrado, y éste liberado. Tras acudir a la que había sido su casa, comprueba cómo ésta se encuentra habitada por sus descendientes, Elizabeth (Pfeiffer) y su hija Carolyn (Moretz), Roger (Miller) y su extravagante hijo David (McGrath), la psicóloga Hoffman (Bonham-Carter) la encargada del pequeño –y que presta más atención a la botella que al pequeño, y el fiel criado de la familia Willie (Haley). Será entonces cuando Barnabas, confuso por la evolución del progreso de la sociedad mientras él estaba confinado, decida levantar de nuevo el imperio con el que hizo fortuna su familia. Con lo que no cuenta es que su rival en los negocios será Angelique, que todavía sigue obsesionada con él, y está dispuesta a todo con tal de volver a recuperar su afecto.

    “Sombras tenebrosas” es una película tremendamente irregular. Tras un acertadísimo –y extenso- prólogo, en el que se describen los orígenes de Barnabas y los años de adolescencia del joven, el film comienza a dar, poco a poco, un giro drástico, hasta el punto que su argumento se debate entre el cine de comedia y el de terror sin seguir una dirección clara. Por supuesto, Burton aprovecha los momentos más chocantes que le ofrece el guión para aportar unas pequeñas dosis de humor a determinadas situaciones (Barnabas viendo por primera vez un coche en funcionamiento –cuyos faros confunde con los de un demonio-, un programa de televisión, o tratando de dormir como si se tratara de un murciélago cualquiera). Sin embargo, ese equilibrio entre el tomo cómico del largometraje y el mantenimiento de la atmósfera de cuento de miedo termina por romperse definitivamente. En efecto, “Sombras tenebrosas”, tras ese excelente prólogo e interesante primera parte, se convierte en una caricatura de sí misma, decantándose más por las situaciones rocambolescas y absurdas (Barnabas y Angelique en pleno momento de pasión, destrozando por completo el despacho de ésta, Barnabas compartiendo su tragedia personal con unos hippies a los que acaba matando, o su intentos de seducir a la institutriz de su sobrino) que hacen que el film acabe cayendo en un estrepitoso ridículo.

    No obstante, ello podría haberse arreglado si el tono de su última parte hubiera logrado reconducir esa desorientación y rotura de ritmo hacia un terreno más burtoniano. No en vano, el guión ofrecía esta posibilidad de forma bien evidente: la celebración de una fiesta, la aparición final de la bruja, el enfrentamiento entre Barnabas y su familia con Angelique, y el destino amoroso del desdichado vampiro. Por desgracia, todo ello se pierde en un cúmulo de situaciones que ni consiguen ni transmitir esa emoción, ni aprovechan las bazas que se sirven en bandeja para hacer del film un producto más maduro (la relación de David con su padre, el papel de fuerte matriarca interpretado por una hermosísima –y desaprovechada- Pfeiffer que hace lo posible por defender la estabilidad familiar, o la maldición que también parece afectar a Carolyn).

    Por consiguiente, “Sombras tenebrosas”, aunque a priori parece prometer ser una oportunidad para disfrutar del Tim Burton más genuino, en realidad se convierte en una decepción, y en una mera sombra de lo mucho que la historia podría haber dado de sí. Muy floja y prescindible.

  • MR. HYDE DICE:
  • ¡Qué chorrada de película! Pase que a Tim Burton le molen las historias raras rollo gótico y así medio de pesadilla. Pase que, aparte de tener todas el mismo aspecto, siempre hablen más o menos de lo mismo. Y pase también que sean casi todo el rato oscuras, no niebla, personajes raros de cojones y demás. Ahora, al menos, en las otras, la historia sí que es lo suficientemente interesante como para que –con independencia de que te guste ese tipo de cine o no- te enganche y te la papes hasta el final. Es más, después de ver ese bodrio infumable que es la versión que hizo hace un par de años de “Alicia en el país de las maravillas” (y que puse a caldo sin contemplaciones cuando hicimos la crítica de turno), tenía la esperanza de que el amigo Tim hubiera vuelto a las buenas películas que él sabe hace tan bien (me refiero, sobretodo, a algunas tan chulas como “Eduardo Manostijeras – Edward scissorhands, 1990”, “Sleepy Hollow – Sleepy Hollow, 1999” y, sobretodo, “Big fish – Big fish, 2003”) y, así, disfrutar de un buen espectáculo. En cambio, os aseguro que al acabar “Sombras tenebrosas”, estaba totalmente flipado… ¡del churro que se ha soplado el pollo!

    Vamos a ver, querido Tim, ¿se puede saber qué puñetas querías hacer con “Sombras tenebrosas”? Como peli de terror gótico, ni asusta ni inquieta, ni nada de nada. Y como comedia, no tiene ni puta gracia. Puede que haya un par de tonterías sueltas que te hagan sonreír levemente pero, como decía Porky, “eso es todo amigos”. Al principio, con todo ese prólogo que tiene lugar hace más de doscientos años, la verdad es que la cosa promete. Todo está súper bien hecho, y la forma de contar toda la maldición de la bruja y cómo el prota se convierte en vampiro mola bastante. Es más, incluso el momento en que sale de su confinamiento en el ataúd (para los de la E.S.O., “confinamiento” = “encerrado sin poder salir a ningún lado”) y la llegada a la mansión de la familia está de lo más currado. Ahora, cuando el vampiro empieza a soltar sus chistes involuntarios porque en el siglo XX parece más perdido que un obispo en una discoteca, ahí ya empieza a flojear la cosa –y eso que tiene gracia cuando ve por primera vez una televisión o cuando la niña esa de cara rara flipa con las idas de pinza de su antepasado. Pero es que cuando vuelve a aparecer la bruja y el tío no para de hacer gilipolleces, ese ya es el momento en que la cosa se tuerce sin remedio.

    Comprendo que con “Sombras tenebrosas” quisieran hacer algo un poco más cómico, como pasaba en algunas partes de “Sleepy Hollow”. Pero mientras que en aquella tenían bien clarito que lo que querían era hacer una película de terror en plan clásico, aquí no han tenido nada claro si era una comedia con un vampiro, o una peli de terror con chistes. En cualquier caso, la metida de pata de es tres pares de pelotas. Además, a medida que avanza la peli, a la historia le pasan dos cosas que no ayudan mucho. La primera, que se vuelve repetitiva. Todo lo que tiene que ver con el acoso de la bruja al vampiro y a su familia, es interesante al principio, pero cuando se repite más que el ajo, deja de tener su intríngulis. La segunda, que se vuelve aburrida. Cuando el vampiro ya empieza a bambar por ahí, te la pela que le vaya mal a su familia, que sean todos una pandilla de frikis, que haya una que vea fantasmas por todas partes, o que uno de los familiares sea el típico vividor. Es más, hasta te la sopla que su negocio y seguridad personal siga amenazado por esa bruja calentorra y, coincidencia o no, es cuando las supuestas gracias ya no te hacen ni sonreír. Y tres cuartos de lo mismo se puede decir de la supuesta intriga que quieren meterle a la fuerza en su parte final (todo lo de la mujer a la que quiere el vampiro –y que, erre que erre, no para de querer tirarse por un acantilado-, y lo que le pasa a esa doctora alcohólica), o de momentos absurdos como el del baile rollo hippie.

    Así que ya sabéis lo que os espera con “Sombras tenebrosas”: una mezcla rara y bastante estúpida de cuento de terror y comedia sin gracia. La ambientación muy a lo Tim Burton, y Johnny Depp haciendo otra vez un personaje de esos grillados que tanto le gusta a él (sólo se salva la bruja, que está buenorra con ganas). A mí, desde luego, me ha decepcionado bastante. Sobretodo porque me pregunto qué hubiera pasado si el tono de sus primeros quince o veinte minutos se hubiera mantenido todo el rato. Fijo que ahora mismo estaría hablando un poco mejor de la peli. En fin…

    sábado, 12 de mayo de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "LOCK AND STOCK"

    TÍTULO: LOCK AND STOCK

    DIRECTOR: GUY RITCHIE

    REPARTO: JASON FLEMYNG, DEXTER FLETCHER, NICK MORAN, JASON STATHAM, STING, VINNIE JONES, P.H. MORIARTY

    DURACIÓN: 107 min.

    AÑO: 1998

    GÉNERO: POLICIACO

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • De un tiempo a esta parte, son varios los realizadores británicos que se han logrado hacer un nombre dentro de cine más reciente. Mientras que algunos han sabido recoger el testigo de directores de la década anterior como Michael Apted o Hugh Hudson a la hora de mantener ese tono elegante y de prestigio que parece ir asociado a la mayoría de sus producciones (caso de, por ejemplo, John Madden, Sam Mendes, o Tom Hooper), otros han preferido centrarse más en desarrollar un estilo propio que les permitiera sacar adelante proyectos personales. Ahora bien, que estos largometrajes también se hayan convertido en películas de referencia, no lo han conseguido todos. Un ejemplo de los que sí, cabría encontrarlo en el oscarizado Danny Boyle quien, con “Trainspotting – Trainspotting, 1996” dejó buena muestra de su peculiar estilo fílmico. El otro es, por derecho propio, Guy Ritchie. Ritchie, considerado una especie de Quentin Tarantino inglés realizó, durante la segunda mitad de los noventa algunos de los films policiacos más novedosos del cine inglés, cuyo éxito no sólo se debía a los enrevesados guiones, sino a una puesta en escena tan gamberra como dinámica y rebosante de energía. El film que analizamos hoy, “Lock and stock”, es la ópera prima de quien acabaría realizando las aventuras del Sherlock Holmes al que ha dado vida Robert Downey Jr.

    Eddy (Moran), Tom (Fleming), Soap (Fletcher) y Bacon (Statham) son cuatro amigos que se sacan un sobresueldo a través de chanchullos y timos varios. Sin embargo, todo forma parte de un elaborado plan: con el dinero que recauden, pagarán la entrada a una partida de poker ilegal, en la que la gran habilidad de Tom como jugador les puede hacer ganar muchísimo dinero. Sin embargo, lo que desconocen los amigos es que detrás de la partida se encuentra Harry “El Machete” (Moriarty), el dueño de un sex-shop que utiliza como tapadera para llevar a cabo negocios ilegales (como, por ejemplo, el robo de unas escopetas antiguas de coleccionista). Cuando los planes de Tom y sus amigos no salgan como habían previsto, optarán por un plan alternativo: centrarse en la gran cantidad de efectivo que almacenan unos vecinos suyos, dedicados al cultivo de grandes cantidades de marihuana. La situación se complicará cuando otro grupo de delincuentes, también planee robar a estos traficantes.

    “Lock and stock” es un experimento visual tan original como fascinante. La existencia de un guión así de acertado y rocambolesco en combinación con la sensacional –y, por momentos, delirante- puesta en escena de Ritchie, convierte a esta pequeña película en un placentero pasatiempo. El guión de Ritchie (escrito a cuatro manos con Matthew Vaughn, productor de la misma, y futuro director de, entre otras, la más reciente adaptación de los X-Men) se aleja de cualquier tópico conocido para rebosar no sólo originalidad en cuanto a la definición de sus personajes (atención a la presentación que se hace de cada uno de ellos, con una mini-biografía contada en off a la vez que se observa cómo se comportan), sino también en la concepción de situaciones de enredo que provoca su divertidísima historia. Así pues, instantes tan únicos como la coincidencia casi simultánea de dos atracos –el robo al ladrón-, y el cruce de caminos que se produce entre los atracadores de la plantación de hachís y los hombres del traficante jefe, no tiene desperdicio. Asimismo, también sorprende lo desenvueltos que se muestran tanto los actores debutantes (caso del hoy mucho más famoso Jason Statham) como aquellos artistas conocidos por otras facetas aparte de la actuación (tanto el cantante Sting como el ex-jugador de fútbol Vinnie Jones están sensacionales en sus respectivos papeles).

    Sin embargo, el mérito de que “Lock and stock” sea el divertidísimo caos que resulta ser, recae, por méritos propios en Guy Ritchie. Ritchie, que retomaría el mismo estilo personal en posteriores largometrajes suyos como “Snatch, cerdos y diamantes – Snatch, 2000” o “RocknRolla – RocknRolla, 2008”, y que dejaría de lado en la fallida “Revólver – Revolver, 2005” y la horrorosa “Barridos por la marea – Swept away, 2002” (ésta sólo se entiende como excusa para rodar junto a la que, por aquel entonces, era su esposa: Madonna). Así pues, en “Lock and sotck” la cámara de Ritchie no se está quieta ni un solo instante, logrando mantener el interés durante todo el metraje sin mareos y pese a la complejidad del argumento. Evidentemente, a ello contribuye la tremenda labor de montaje y de selección musical escogido para alguna de las escenas más importantes, lo que hace que el público vez con buenos ojos (e incluso se ría), ante situaciones tan –teóricamente- poco divertidas como darle un puñetazo a un policía municipal y secuestrarlo, o que una yonqui muy fumada empiece a disparar a lo loco ante un intento de atraco.

    En resumidas cuentas, “Lock and stock” es una película muy gamberra, pero hecha de modo que el espectador disfruta cada minuto de ese alocado viaje. Ah y, por supuesto, el final resulta igual de impredecible que casi todo el resto de lo que sucede en el film, así que no deje que se lo cuenten. En el fondo agradecerá la novedad.

  • MR. HYDE DICE:
  • Es inconfundible. El estilo de Guy Ritchie haciendo pelis no se puede comparar a ningún otro reciente que yo conozca (que, a lo mejor, tampoco es decir mucho, pero creedme si os digo que me he visto bastante material). Eso sí, son películas para estar bien atentos, porque hay tantos personajes que no paran de mezclarse entre ellos y con tanta cosa que hace cada uno de ellos que, a veces, puede ser un lío de pelotas. Pero, aún así, molan un huevo. Y justo por eso, porque ves que se juntan doscientas cosas a la vez y que de tanto follón, al final, lo que pasa es brutal. Aunque, también haya que decirlo, si después de “Lock and stock” veis “Snatch, cerdos y diamantes” y “RocknRolla”, fijo que las tres películas os parecen lo mismo con distintas caras. Pero bueno, al fin y al cabo, eso es lo que al amigo Ritchie le mola, y lo que sabe hacer bien –al menos, hasta que ha demostrado que es capaz de hacer pelis con muchos millones de presupuesto, como las dos partes de “Sherlock Holmes”-.

    “Lock and stock”, que es la primera peli que dirigió Guy Ritchie está chulísima. La cosa empieza más o menos tranquila, presentándote a los cuatro colegas, a cuál más fullero, que se quieren preparar para sacar tajada de un “negocio redondo”. A partir de ahí, prestad atención, porque empezarán a aparecer tramposos, ladrones, traficantes, proxenetas y demás perlas de la sociedad que empezarán a seguirse unos a otros sin saber que detrás de cada uno viene otro, y así todo el bucle. Ah, y todo ello, con un humor negro cojonudo, y con una violencia muy peculiar, porque es cañera a tope, pero sin ser de la que no para de enseñar tomateo a diestro y siniestro.

    Además, otro de las cosas guapas que tiene “Lock and stock” es que los personajes, incluso los colgados más colgados, y los burros más burros, te caen bien. Los cuatro colegas, aunque patanes y fulleros, son de lo más simpático; con los traficantes fumados que cultivan marihuana, te partes; con el pavo que hace trampas a las cartas, y con los que quieren atracar a los de la maría, te diviertes porque sabes que se están metiendo en un follón de huevos; y, por supuesto, el cacho burro ese que va a todas partes haciendo de matón con su hijo pequeño, tampoco te puede caer mejor. Así que cuando todos empiezan a liarse con las fullas de cada uno, el lío y el entretenimiento está asegurado.

    Son varios los momentos épicos que tiene “Lock and stock”. Para empezar, ya de entrada el guión. No sólo por lo que dicen los personajes, sino por lo impresionante que es el cacao mental que han tenido que tener los que la han escrito para poder pensar en tanta remezcla entre los personajes. A mí me encanta la peli, sobretodo, desde el momento que ya se empieza a cocer todo el robo a cuatro bandas, una vez que han dejado más pelado que un pollo al chaval y éstos piensan cómo poder conseguir tanta pasta: estafando a sus vecinos traficantes. Pero, la cosa ya es genial del todo cuando se mete por medio el tema de las escopetas antiguas que roban un par de capullos mentales, y con lo del otro atraco al zulo de los cultivadores de hachís. Os prometo que ahí ya flipas con tanto movimiento. Pero se sale, os juro que se sale, que “Lock and stock” es de las que te lo pasas pipa porque juegan contigo de la misma forma que con los personajes.

    Y, por si fuera poco, el estilo de la película, la forma en que está hecha –ya no sólo de la historia tan enrevesada-. En el aspecto visual, llama la atención por su estética: esos momentos hechos a cámara lenta que, de repente, pasa a cámara rápida; cuando parece que el actor lleva enganchada la cámara porque se mueve al mismo tiempo que él, con sus propios movimientos; los acercamientos que hace la cámara a varios personajes cuando pasa algo importante… No sé muy bien cómo explicarlo, así que supongo que la mejor manera de que me entendáis es ver la película. Ah, y otro consejo antes de verla: para los amantes del cine en versión original, casi os recomiendo más que la veáis en la versión doblada al español, porque el inglés que hablan es tan cerrado y lleno de palabras y expresiones de la calle, que no pillas ni papa de lo que sueltan los colegas. Por lo demás, si os queréis divertir de lo lindo un buen rato, no os perdáis “Lock and sotck”. Os aseguro que mola.

    viernes, 11 de mayo de 2012

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "EL CAMBIAZO"

    TÍTULO: EL CAMBIAZO

    DIRECTOR: DAVID DOBKIN

    REPARTO: JASON BATEMAN, RYAN REYNOLDS, OLIVIA WILDE, LESLIE MANN, ALAN ARKIN, GREGORY ITZIN

    DURACIÓN: 112 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Hace ya un tiempo que la comedia norteamericana parece haber caído en una espiral confusa de vulgaridad y tontería supina casi preocupante. Mientras algunos veteranos como Woody Allen aún demuestran que están en plena forma (sin ir más lejos, su última película estrenada,“Medianoche en París – Midnight in Paris, 2011”, es una de las mejores comedias del año pasado, y de toda su carrera), el número de comedias de usar y tirar se ha multiplicado exponencialmente. Si bien las hay que se resisten a asumir el paso del tiempo sin darse cuenta de que las gracias de antaño ya han dejado de causar efecto –nos referimos a la más reciente entrega de la serie “American pie”-, hay otras que parecen haber encontrado un nuevo filón –caso de las dos partes de “Resacón en Las Vegas”, por ejemplo-, que continúan explotando hasta que, también, deje de ser simpático. Incluso hay producciones que tratan desesperadamente de identificar a sus actores protagonistas con el no va más de la comedia moderna americana. A este respecto, en un grupo en el que tendrían cabida individuos como Adam Sandler (que se repite una y otra vez en el mismo tipo de protagonistas… a pesar de que el actor ya tiene más de cuarenta años), así como los ascendientes Zack Galifiniakis, o Jason Sudeikis, también está comenzando a desgastarse a pasos agigantados, de manera que cada nueva película que se estrena no puede librarse de ese tufillo a “más de lo mismo”. En este último grupo es donde tendrían cabida Jason Bateman y Ryan Reynolds, si bien éste segundo procura diversificar algo más los papeles que interpreta. Todo esto que comentamos viene a cuento de que uno de los estrenos más notorios en videoclub esta semana es, precisamente, “El cambiazo”, una comedia simplona protagonizada por ambos, y donde se retoma una historia ya explotada antes en más de una película, que sirve de excusa para que los dos actores den rienda suelta a su vena más cómica para intentar amenizar la función.

    Dave (Bateman) y Mitch (Reynolds) son amigos de toda la vida. Sin embargo, mientras que Dave se ha convertido en un excelente abogado, y abnegado padre de familia casado con Jamie (Mann), Mitch no ha sentado aún la cabeza, malviviendo como actor de segunda en films de dudosa calidad, y sin mantener muy buenas relaciones con su padre. Una noche en la que los dos amigos salen a tomar unas cervezas, acaban orinando en la fuente de un parque, mientras cada uno manifiesta lo mucho que les gustaría tener la vida del otro, Dave para poder disfrutar de no tener tantas responsabilidades y Mitch para saber lo que se siente al ser cabeza de familia. Dicho y hecho, al día siguiente, cada uno de ellos se ve encerrado en el cuerpo del otro, sin saber qué hacer para poder volver a recuperar su vida normal. Será entonces cuando empiecen los líos, ya que Dave (ahora Mitch) deberá hacerse cargo de un importante caso de fusión entre empresas que determinará su ingreso como socio en el bufete para el que trabaja, mientras que Mitch (ahora Dave) no sabe cómo comportarse con sus quehaceres diarios irresponsables, ni cómo reaccionar ante las insinuaciones de Sabrina (Wilde), al secretaria de Dave.

    “El cambiazo” podría definirse perfectamente como la versión para adultos –que no adulta- de “De tal astilla, tal palo – Like father, like son, 1987” y, de la aún más parecida, “Ponte en mi lugar – Freaky friday, 2003” la cuál, a su vez, no era sino un remake del film homónimo que tuvo como protagonista a una joven Jodie Foster a mediados de los años setenta. Sea como fuere, lo cierto es que la línea argumental de “El cambiazo” está lejos de ser original, ya que, como se puede ver, el tema de dos personas casi antagónicas que se intercambian la personalidad y deben hacer frente a una serie de imprevistos y compromisos ya había sido recogida en más de un largometraje. Así pues, ¿qué es lo que resulta interesante de “El cambiazo”? Pues, aunque resulte paradójico, la inmadurez de sus protagonistas. Uno de ellos, es un profesional consumado que necesita de esa pequeña dosis de “libertad” para saber apreciar aquello que tiene, mientras que el otro es un destarifado que desea inconscientemente ese voto de confianza para demostrar que puede ser una persona de lo más responsable. Por supuesto, todo ello queda aderezado con situaciones ordinarias (ver el instante en que Mitch –como Dave- aguarda a que la mujer de éste se meta en la cama para mantener relaciones sexuales pero, en vez de ello, se dedica a otros menesteres más escatológicos, o aquella otra secuencia en la que Dave –como Mitch- se ve forzado a “actuar” en una película semi-pornográfica), interpretaciones sobreactuadas (mitch –como Dave- en el buefete de abogados en el que aquel trabaja), y situaciones planificadas con el único objetivo de provocar la risa fácil a través de situaciones comprometidas (Dave –como Mitch- ante una mujer a punto de dar a luz que quiere sexo con él) y de lo más increíbles (la resolución del proceso de fusión de empresas en el que está inmerso Dave).

    Por consiguiente, “El cambiazo” es una película que se queda muy lejos de ser una buena comedia, aunque consigue ser los suficientemente intrascendente y banal como para hacer que las casi dos horas que dura no se conviertan en un suplicio excesivo para el espectador. Ahora bien, vaya por delante que el humor del film no es nada ingenioso, sino que siempre recurre a la broma fácil y, en muchos casos, ordinaria, para hacerse la simpática. El problema es que esto no siempre funciona. Así que, como novedad en alquiler este fin de semana, no es de lo peor que puede haber, pero se queda a mucha distancia de ser una gran película.

  • MR. HYDE DICE:
  • “El cambiazo” es una película para pasar un rato distraído y poco más. Tiene se gracia en algún que otro momento (sobretodo cuando a cada uno de los protas le toca hacerse cargo de los asuntos del otro), pero se nota a la legua que la peli es mala de cojones. Pero, por suerte, es una de esas pelis malas que sabe que es mala, y que no tiene ninguna intención de ser una obra de arte, sino hacer que pases un rato divertido con las tontunas que se les ocurren a este par de descerebrados. Lo que sí me ha llamado la atención es que, para ser una comedia con mensajillo, tiene un montón de guarradas, y sueltan tacos a tutiplén. Lo malo es que canta a la legua que se piensan que, por poner cuatro guarradas y sacar a los dos pavos de turno haciendo el chorra, la cosa va a ser un descojone y, me temo, que no es así, al menos durante todo el rato.

    Eso sí, si veis “El cambiazo”, creo que debéis tener en cuenta un par de cosas antes. Para empezar, recordad que el guión está hecho para provocar las situaciones de lío y comprometidas. Así que no le pidáis peras al olmo porque, de entrada, el que sale como una persona responsable y trabajadora es tachado poco menos que de calzonazos y de capullo, mientras que el zángano que se pasa el día rascándose los huevos es capaz de cerrar un trato millonario con sólo ver un par de capítulos de series de abogados. Como en la vida real, ¿no? Después, aprovechan la mínima ocasión que tienen para enseñar un par de tetas -no tanto como en el cine español, donde si no salen dos follando a los dos minutos parece que a la película le falta algo-, pero no en plan emocionante, sino para aguarte la fiesta a los pocos segundos (la mujer de uno se pasea medio en bolas por la casa para luego ponerse a cagar un ñordo descomunal, mientras que otra se queda como Dios la trajo al mundo, enseñando un bombo de nueve meses). Y, por supuesto, las clásicas escenas escatológicas de turno (uno sufriendo las consecuencias de una cagalera de sus hijos, y otro descubriendo lo chungo que es pelarse la zanahoria cuando el pito es del otro y no el tuvo).

    Vale, puede que leyendo hasta aquí, ya se os hayan quitado las ganas de ver “El cambiazo”. De todas formas, y como segunda cosa, también hay que tener en cuenta algo más. “El cambiazo” lo que quiere, por encima de todo, es ser graciosa. Yo no creo que lo consiga todo lo que debería (la mayorías de esas gracias lo son porque hablan de caca, culo, pedo y pis, que es un recurso que suele funcionar… aunque con un pelín más de moderación), aunque sí lo suficiente como para que te pases una par de horitas en la inopia. Eso sí, cuando acaba, lo primero que piensas es en la suerte que has tenido al no gastarte el precio de una entrada de cine para ver semejante despropósito. Así que, si la queréis alquilar esta semana dentro de las novedades del videoclub, pues vale, no es gran cosa pero tiene un pase. Ahora, sabed de qué va la cosa, porque está lejos de ser un peliculón, por muy simpáticos y monines que salgan los dos capullines que la protagonizan, y por muy buena que esté la que hacía de médico en la serie “House”.

    jueves, 10 de mayo de 2012

    CINE ACTUAL: "EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: LA COMUNIDAD DEL ANILLO"

    TÍTULO: EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: LA COMUNIDAD DEL ANILLO

    DIRECTOR: PETER JACKSON

    REPARTO: ELIJAH WOOD, IAN MCKELLEN, SEAN ASTIN, ORLANDO BLOOM, SEAN BEAN, VIGGO MORTENSEN, CATE BLANCHETT, CHRISTOPHER LEE, LIV TYLER, HUGO WEAVING, IAN HOLM, JOHN RHYS-DAVIS

    DURACIÓN: 165 min.

    AÑO: 2001

    GÉNERO: FANTÁSTICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Hacía varios años que, en Hollywood, se quería realizar una puesta en imagen real de "El señor de los anillos", la trilogía escrita por el inglés J.R.R. Tolkien. Pero, por diversos motivos (la imposibilidad de llevar a cabo la puesta en escena debido a lo costosísimo de la recreación del universo literario descrito en los libros, y de las limitaciones que presentaban los efectos especiales del momento, entre los factores más importantes), dicha idea se terminaba postergando de forma indefinida. La anterior versión databa de finales de los años setenta -"El señor de los anillos - The lord of the rings, 1978" era una producción animada dirigida por Ralph Bakshi-, pero no contenía un ápice del tono épico que se le pretendía dar a la historia. No fue hasta principios del nuevo siglo cuando una pequeña productora (New Line, empresa filial de Warner Bros) apostó fuerte por el proyecto, decidiendo producir la trilogía de corrido con el fin de abaratar costes, y poniendo al frente del proyecto a Peter Jackson, un director que, si bien había destacado anteriormente por sus films de corte fantástico y sobrenatural ("Braindead (Tu madre se ha comido a mi perro) - Braindead, 1992" o "Agárrame esos fantasmas - The frighteners, 1996"), nunca antes se había puesto al frente de una súper producción de estas características -según parece, el coste conjunto de los tres largometrajes fue de unos trescientos millones de dólares-. De este modo, lo que parecía un proyecto arriesgado y de lo más ambicioso, no sólo triunfó a nivel crítico y (sobretodo) comercial, sino que sigue siendo máximo exponente del cine de aventuras fantástico. La primera -y mejor- de las partes, "El señor de los anillos: la comunidad del anillo", es el film que recisamos hoy.

    Bilbo Bolson (Holm) es un centenario hoibbit -raza de pequeños hombrecillos de pies peludos y orejas puntiagudas que pueblan la llamada "comarca" de la Tierra Media- que, antes de partir para aprovechar sus últimos días de vida, le lega a su sobrino Frodo (Wood) un legendario anillo. Sin embargo, el poder de dicho anillo es extraordinario, pues permite a su portador dominar las fuerzas oscuras de toda la Tierra Media. El temible señor Sauron, quien en su día poseyó y perdió el anillo en una terrible lucha contra los humanos, hará entonces todo lo posible por hacerse de nuevo con él para dominar a la humanidad. Será entonces cuando Frodo, acompañado de su buen amigo Sam (Astin) y dos hobbits más, se pondrá en camino hacia el Monte del Destino, donde fue forjado el anillo, con el fin de destruirlo. En su ayuda acudirán el gran mago Gandalf (McKellen), el arquero Légolas (Bloom) y el los guerreros Boromir (Bean) y Aragorn (Mortensen).

    Al hablar de "El señor de los anillos: la comunidad del anillo", es necesario hace una separación previa. Por una parte, cabe calibrar el film desde un punto de vista técnico (efectos especiales, puesta en escena, ambientación, acompañamiento muscial, etc.) y, por otra parte, de lo que el largometraje representa como tal, como obra audiovisual. En lo que concierne a lo primero, "El señor de los anillos: la comunidad del anillo" es una maravilla. Prácticamente todos sus elementos técnicos están recogidos a la perfección, desde la impresionante ambientación que reproduce el mundo descrito por Tolkien (ver el poblado Hobbit, el Monte del Destino, la fortaleza en la que mora ese monstruoso dragón...), pasando tanto por la caracterización de los personajes como de los extras (el maquillaje es sensacional), o del vestuario (el traje de escamas de Galadriel o las negras túnicas de los espectros de Sauron que persiguen a los hobbits, por ejemplo). Además, cabe destacar, por encima del resto, la asombrosa labor como director de fotografía de Andrew Lesnie, quien consigue jugar con las luces de una forma tremenda en cada una de las situaciones de la película, según lo requiera la secuencia: las nieblas para los momentos de amenaza, los tonos claros para las batallas a cielo abierto (esos planos aéreos de la comunidad del anillo mientras cruzan grandes superficies verdoasas y frías montañas heladas), o los lúgubres para aquellos instantes de temor (ver el pasadizo que conduce a la expedición hacia el interior de una montaña repleta de orcos, y por los que se guían únicamente alumbrados por la luz que desprende el cayado de Gandalf). Asimismo, la múscia compuesta para la ocasión por el habitual colaborador de David Cronenberg, Howard Shore, no puede ser más inspiradora, puesto que con sus acompañamientos a base de coro y grandes percusiones consigue redondear ese halo épico que desprende el "El señor de los anillos: la comunidad del anillo" de principio a fin.

    Ahora bien, que, como película, "El señor de los anillos: la comunidad del anillo", se encuentre a la altura de su virtuosismo técnico, eso ya es otro cantar. No hay que negarle la más que patente voluntad de querer resultar un espectáculo entretenido aunque, tampoco es menos cierto, que acaba resultando más pretencioso de lo que cabría esperar. A pesar de que no es trabajo fácil poner en imágenes la extensísima trilogía literaria escrita por Tolkien, Peter Jackson parece caer en la trampa de lo suntuoso, es decir, que confía más en los aspectos visuales del largomentraje que no el que el mismo tenga un contenido más coherente. Como película de aventuras, funciona por momentos, al igual que como drama épica, pero no consigue mantener un mismo tono (ora de acción cobstante, ora de conherencia argumental) durante sus tres horas. Es por ello que, al final, da la sensación de que si hubieran optado por hacer una película menos extensa y visualmente impactante, "El señor de los anillos: la comunidad del anillo" hubiera sido una obra redonda.

    No obstante, tal y como hemos dicho, hay que saber de qué tipo de film estamos hablando. Evidentemente, los responsables de hacer de "El señor de los anillos: la comunidad del anillo" un gran espectáculo tienen más que claro que todo debe pasar por los inevitables cánones del star system hollywoodiense, más preocupado por la cantidad de entradas que venderán y el número de paquetes de palomitas y refrescos que acompañarán a cada entrada, que no de si la factura del film es impecable. Sin embargo, con todo y con ello, no hay que negar que "El señor de los anillos: la comunidad del anillo" es uno de los shows estéticos más impresionantes de la última década. Aunque haya más de uno -me incluyo en el grupo- al que no interese lo más mínimo toda esa supuesta mitología que rodea la obra de Tolkien.

  • MR. HYDE DICE:
  • Vaya por delante: no soy ningún fan de nada que tenga que ver con "El señor de los anillos". Ni me he leído las novelas, ni me interesa ese mundo fantástico (para mundos raros, me quedo cien veces antes con el de "Myst"), y me dan una penica todos esos frikis que se visten y hablan cosas raras como los de las novelas de Tolkien que no sabría si consolarlos o meterles una colleja. Es algo parecido a lo que me pasa con los libros y películas de Harry Petas, que no me interesa lo más mínimo. Ahora bien, no sería la primera vez que no me interesa un libro pero la peli que haceb basada en él es una caña. Así que, como casi todo el mundo, cuando se estrenó "El señor de los anillos: la comunidad del anillo", fui a verla, esperando que la cosa fuera lo suficientemente interesante como para que las casi tres horas que dura no se me hicieran eternas. Por suerte, y en honor a la verdad, debo admitir que la película me gustó, que me pareció interesante y muy bien hecha, y que consigue que una historia que me la pela de arriba a abajo me distrajera un buen rato. Eso sí, que pasara lo mismo con las otras dos partes, ya es otro cantar. Pero de esto ya hablaremos en otra ocasión.

    "El señor de los anillos: la comunidad del anillo" es un prodigio de efectos especiales y puesta en escena repleta de la épica de las películas así rollo medieval más famosas. Eso no lo dudo. Pero es que me interesa tan poco todo ese rollo de enanos coñeros y ogros más feos que Rosy de Palma chupando un limón... Bufff, qué complicado es hablar de una película cuando te la pela olímpicamente de qué va y lo que les pasa a los protagonistas. Pero, por suerte, para los que os pase algo parecido a mí, podéis estar tranquilos, porque "El señor de los anillos: la comunidad del anillo" se las apaña para resultar entretenida durante las casi tres horas que dura. Es cierto que hay trozos que son un poco bodrio (todo el principio hasta que se descubre qué pasa con el anillo, o lo que pasa en el país ese raro de las hadas -o lo que sean-, en el que Frodo se recupera de un mandoble que le mete uno de los malos, por ejemplo), pero el resto tiene la aventura suficiente y escenas de lucha entre orcos y humanos lo suificientemente emocionantes como para sacarte de la modorra en la que te habías empezado a quedar.

    Ahora bien, hay cosas que se podían haber ahorrado. Por ejemplo, todo ese rollo en plan Obi-Wan Kenobe descarado que hay entre Frodo y el mago es un poco tostón, igual que lo que pasa con la historia de amor que insinúan (porque en las dos pelis de después ya se explayan a gusto con ella) entre Aragorn y una elfa -que tela huevos, porque el Aragorn éste parece no tener ni idea de lo que es una buena ducha-. Por lo demás, ya os digo que tiene trozos flipantes de efectos especiales a porrillo que animan la función. Pero, si es que aún no la habéis visto, tened claro que "El señor de los anillos: la comunidad del anillo" es larga, tiene muchos efectos especiales, y la historia gira entorno a ciraturas raras de pelotas, hechizos, señores de la oscuridad (o como se llamen) y cosas parecidas. Si aún así tenéis ganas de estar tres horas viendo batallas y trolls, pues adelante. A mí no me disgustó (las otras dos sí que son un bodrio de cojones), pero tampoco es de las que me dejó flipado. Vamos, que para ver de cuando en cuando. Eso sí, la múscia, chuilísima.

    miércoles, 9 de mayo de 2012

    CINE DE LOS 90: "PHILADELPHIA"

    TÍTULO: PHILADELPHIA

    DIRECTOR: JONATHAN DEMME

    REPARTO: TOM HANKS, DENZEL WASHINGTON, ANTONIO BANDERAS, JASON ROBARDS, MARY STEENBURGEN, JOANNE WOODWARD, CHARLES NAPIER

    DURACIÓN: 122 min.

    AÑO: 1993

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • No son muchas las veces que se ha tratado el tema del sida en una película comercial. A pesar de que exista algún que otro ejemplo como el de "Compañeros inseparables - Longtime companion, 1990" o el telefilm "En el filo de la duda - And the band played on, 1993", pero ninguna de ellas con relevante trascendencia. Por ello, cuando el oscarizado director Jonathan Demme realizó "Philadelphia", film en el que se habla abiertamente de esa temible enfermedad y, además, se defiende por activa y pasiva a un enfermo de sida, fueron muchos los que se mostraros escépticos ante la calidad del producto. Sin embargo, tras su estreno, quedaron claras, al menos, dos cosas: que Tom Hanks estaba destinado a ser uno de los grandes intérpretes de finales de siglo XX y principios del XXI, y que con un buen guión y un equipo de primera fila se podía hacer "una película sobre el sida" llena de interés y suspense en combinación con el célebre "cine de juicios". una nueva muestra de que "El silencio de los corderos - The silence of the lambs, 1991" no fue flor de un sólo día.

    Andrew Beckett (Hanks) es uno de los mejores abogados del bufete que dirige, junto a otros socios, Charles Wheeler (Robards). Andrew, que es homosexual y vive con su amante, Miguel (Banderas), tiene sida. Cuando lo descubren en su bufete, y tras alegar una determinada falta, es despedido. Convencido de que su despido responde más a motivos homófobos y de discriminación por su enfermedad, decide llevar a los tribunales al bufete. Para ello, contará con la ayuda del único letrado dispuesto a defenderle, Joe Miller (Washington) quien, por su parte, también siente una cierta aprensión ante la enfermedad degenerativa de Andrew.

    A diferencia de otros largometrajes, "Philadelphia" está estructurada de forma que no se establece una rotura excesivamente abrupta entre las dos mayores temáticas que se desarrollan en el film. Así, tanto el desarrollo de toda la intriga asociada al proceso judicial como del drama personal que sufre el protagonista y sus allegados se va entremezclando a lo largo de las dos horas de metraje, consiguiendo un equilibrio de lo más efectivo. De este modo, Demme consigue no empalagar en exceso al espectador ni con las escenas más íntimas (la reunión familiar de Andrew y Miguel con la familia del primero, los constantes momentos de crisis de Andrew que comparten los dos amantes, o la secuencia del baile de disfraces en casa de ambos), edulcoradas (lo que le sucede a Drew tras el juicio), ni que le resulten chocantes los cambios de temática y ambientación de la película (toda la acción que se desarrolla en el juicio).

    Por supuesto, la labor de Demme no es la única a destacar a nivel técnico, pues la fría fotografía de Tak Fujimoto (quienes ya habían colaborado juntos previamente en "El silencio de los corderos") consigue, por un lado, el toque necesario que esta historia de consumición personal requería (ver las panorámicas de la gran ciudad mientras un demacrado Andrew las recorre, visiblemente desmejorado) y, por otro lado, dar el abrigo necesario a los personajes durante aquellos instantes en que la vida parece darles un pequeño respiro (las secuencias en las que Andrew parece superponerse un poco a su enfermedad, o la parte del metraje que se dedica al personaje de Joe: el nacimiento de su hija, la lucha contra sus prejuicios personales, etc.).

    Y, en último lugar, sólo puede alabarse la portentosa actuación de Tom Hanks. "Philadelphia" no sólo supuso el punto de inflexión en su carrera, sino que demostró que era muchísimo más que un actorzuelo de segunda. Su interpretación de abogado contagiado de sida en fase terminal no sólo consigue que el espectador le dé su apoyo inmediato (a pesar de ciertas escenas un tanto chocantes, como las que comparte con Antonio Banderas) sino que hace de él una persona digna de compasión con independencia de sus preferencias sexuales o de sus gustos personales. Por poner un ejemplo, no hay más que ver el increíble trabajo de Hanks en momentos tan puntuales como aquellos en los que Andrew recorre los bufetes de Philadephia sin conseguir que nadie le represente legalmente, hasta el punto de decidir recluirse en una biblioteca para preparar su propia defensa; o como cuando escucha en su casa, a todo volumen y totalmente absorto, a Maria Callas cantar "La mamma morta". Por su parte, también es de agradecer que el actor encargado de dar vida a l letrado que acabará defendiéndolo haya recaído en Denzel Washington, puesto que éste es de los pocos actores a los que siempre es un placer contemplar en cualquier tipo de actuación (ver el primer cara a cara cuando Andrew le pide que le defienda, o cuando realiza el alegato final en el juicio).

    En definitiva, "Philadelphia" logra ser un entrañable retrato de un hombre que hace lo posible por sobreponerse a una terrible enfermedad, y tratar de ser reconocido profesionalmente con independencia de sus dolencias. Es una enfermedad desagradable, pero la película ayuda a hacer comprender al espectador que no sólo se trata de números y depravaciones sino que, tal y como intenta el personaje principal, quiere ser reconocido como tal, y defender su dignidad como persona por encima de todo. Por supuesto, Jonathan Demme adereza el guión de Ron Nyswaner con hábiles y dinámicas secuencias de juicio que contribuyen a que el film consiga captar la atención del espectador, poco habituado a dramas de este calibre.

  • MR. HYDE DICE:
  • No es fácil hablar de una película como "Philadelphia". Separar lo que es la película del tema que trata es chunguete. Pero supongo que aún es más jodido hacer una "peli de juicios" con el añadido de estar tratando un tema tan delicado como el sida. Pero aún tiene más mérito que la película sea estupenda, que la historia te interese un montón, y que los que la hacen quieran dar una visión de los gays que no tiene nada que ver con las maricas de pueblo que parecen salir cada dos por tres haciendo el gilipollas en algún que otro canal de televisión -¿alguien ha dicho Tele 5?-.

    Por lo que se refiere a la película, "Philadelphia" tiene una historia cojonuda. Partiendo de un hecho(que podría haber sido el sida como cualquier otra cosa), consiguen hacer una especie de protesta en plan concienciación de lo que implica estar enfermo (sida, cáncer, tanto da) y ser marginado por ello. Y, además, mezclarlo todo con un juicio en el que estás casi conteniendo el aliento para que la cosa se resuelve como a ti te gustaría. En medio de todo ello, un montonazo de cosas chulas y muy bien hechas: Tom Hanks dejándote con la boca abierta con el papelón tan tremendo que hace (tener presente que, antes de esta peli, el amigo Tom sólo había hecho comedias chorras y alguna que otra tontuna romántica) y Denzel Washington actuando igual de bien que siempre; una música cojonuda (no sólo por la canción de Bruce Springsteen, sino porque cada trozo de música -sobretodo de ópera, que no es que a mí me guste demasiado- le va a la peli como anillo al dedo), y la forma que tienen de combinar tanto los trozos de más emoción por la enfermedad del prota, y el suspense por el juicio, ya ni os cuento.

    Ahora bien, si creo que "Philadelphia" consigue realmente algo, es que una persona con una enfermedad que lo revienta tanto por dentro y por fuera como el sida sea visto no con asco, sino como alguien cualquier otro enfermo digno de compasión y ayuda. Por supuesto, de eso se encarga Tom Hanks, que hace que el tío te dé tanta pena que prefieres que a los estirados trajeados de sus jefes, capaces de cometer perjurio y mentir como guarros se les caiga el pelo. Por supuesto, da cosilla ver las diferentes fases de decrepitud que van afectando a Hanks (olé el maquillaje tan realista que han sido capaces de usar en la peli para cada fase de la enfermedad del protagonista) pero aún así, sigue siendo digno de compasión, y te da que pensar. Por supuesto, se agradece que "Philadelohia" no sea un drama en vena, sino que la parte judicial es como una especie de bálsamo porque, además, ya os digo que te la pasas todo el rato haciendo fuerza para que gane quien toca.

    Así que ya sabéis, "Philadelphia" es una peli triste, durilla a cachos, pero muy muy muy bien hecha, con un Tom Hanks como no ha estado en su vida y de las que, por muy chunga que sea su historia, no hace daño a la vista, y te ayuda a ver esa enfermedad terrible que es el sida desde un punto de vista diferente.

    martes, 8 de mayo de 2012

    CINE DE LOS 80: "EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA"

    TÍTULO: EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA

    DIRECTOR: STEVEN SPIELBERG

    REPARTO: HARRISON FORD, KAREN ALLEN, PAUL FREEMAN, JOHN RHYS-DAVIES, WOLF KAHLER

    DURACIÓN: 115 min.

    AÑO: 1981

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • A principios de los años ochenta, hablar del cine de aventuras ya no era, para nada, hablar de las películas de corte épico que tan populares se hicieron durante la década de los cincuenta y sesenta. Esa percepción de aventura había sido sustituida por una “fiebre espacial”, causada por el entusiasmo generalizado que había supuesto la aparición de las primeras entregas de “La guerra de las galaxias”. Por ello, cuando Steven Spielberg, recién salido del tremendo batacazo comercial que había provocado su anterior film, la fallida “1941 – 1941, 1979”, estrenó la primera parte de las aventuras del arqueólogo más famoso de la historia del cine, la respuesta del público no pudo ser más entusiasta. “En busca del arca perdida”, cuya historia surgió de la mente del mismísimo George Lucas y de un entonces primerizo guionista y director, Lawrence Kasdan (quien, ese mismo año, rodaría una de las mejores películas de cine negro de la década, “Fuego en el cuerpo – Body heat, 1981”), logró reunir en un mismo largometraje todos los elementos del cine de aventuras más trepidante, convirtiéndolo no sólo en uno de los mayores éxitos de todos los tiempos, sino en uno de los mejores trabajos de su realizador.

    Primera mitad del siglo XX. El doctor Jones (Ford) es un arqueólogo muy particular. No sólo imparte clases en una Universidad, sino que, también, participa en peligrosas expediciones destinadas a localizar y desenterrar tesoros escondidos. Cuando Jones se entera de que las fuerzas nazis han contratado a Belloq (Freeman), uno de sus mayores rivales en el campo de la arqueología, para hacerse con el Arca de la Alianza, Jones no dudará en ponerse en camino para evitar que semejante tesoro de la humanidad no caiga en manos de esas fuerzas siniestras. Para ello, contará con la ayuda de una antigua novia llamada Marion (Allen), cuyo padre fue el tutor de Jones, y del que aún guarda una importante información que éste necesita para poder localizar el Arca, así como un medallón que, según parece, indica la localización exacta en la que ésta se encuentra enterrada.

    “En busca del arca perdida” es espectáculo en estado puro. Pocas películas en la historia del cine han conseguido mantener un equilibrio tan logrado entre el grado de entretenimiento y el interés por su historia como ésta. No sólo definió lo que serían las bases del cine moderno de aventuras, sino que presentó a un personaje que, por derecho propio, ha pasado a los anales del séptimo arte. Prácticamente todo en la película de Spielberg es perfecto: desde la acción trepidante a más no poder (ver el prólogo que abre el film, o la secuencia en la que Indiana Jones debe hacerse con el camión que transporta el Arca) hasta el misterio más inquietante (cómo van encajando las diferentes piezas que conducen a Indiana hasta el sitio exacto en el que se encuentra enterrada el Arca), pasando por los inevitables apuntes fantásticos (lo que sucede cuando se abre el Arca de la Alianza), y la presencia constante de un sentido del humor de lo más simpático (la célebre secuencia en que Indiana Jones liquida de un disparo a un enemigo que alardea con su espada).

    No es sencillo atribuirle el mérito de que “En busca del arca perdida” sea una gran película de aventuras a una sola persona. Por una parte, la realización de Steven Spielberg es espectacular, pues aprovecha todos y cada uno de los elementos de la historia para dotar al largometraje de ese ritmo trepidante y emocionante que tiene de principio a fin. Asimismo, la caracterización de Harrison Ford (en un papel para que, en un principio, se quiso contar con el televisivo Tom Selleck -como dice Hyde, Ford aún tiene que estar mandándole tarjetas de agradecimiento a Selleck-) es de las más reconocidas de la carrera del actor, quien consigue hacer de Indiana Jones un personaje entrañable, socarrón y, sobretodo, paradigma del aventurero por excelencia. Por otra parte, se las ingenia para que la historia, a pesar de los momentos más fantásticos que contiene, no resulte increíble a ojos del espectador, y para que, por supuesto, el resto de elementos que intervienen en la producción del film (qué decir de la fotografía de Douglas Slocmobe o, sobretodo, de la famosísima música compuesta por John Williams), se encuentren a la altura de las expectativas.

    “En busca del arca perdida” es una película que no sólo ha soportado magníficamente bien el paso de los años, sino que es un verdadero placer poder volver a verla cada cierto tiempo. Ya no sólo se guarda el buen recuerdo que quedó tras la primera vez sino que, además, sirve para darse cuenta de lo que debería ser siempre una buena película de aventuras, y de que es posible entretener a los espectadores con producciones de calidad que no necesitan recurrir a los clichés más explotados para lograr buenos resultados. En definitiva, “En busca del arca perdida” es una de las grandes películas que ha dado el mejor cine de aventuras. Todo un referente y ejemplo de lo que deberían ser.

  • MR. HYDE DICE:
  • Pues qué decir de "En busca del arca perdida! Aparte, por supuesto, de que es una de las mejores películas de aventuras de la historia del cine, y con la que se han comparado todas las que han hecho después. Lástima que el tito Spielberg no haga siempre peliscomo ésta, pero en fin... Pero bueno, a lo que íbamos. "En busca del arca perdida" lo tiene prácticamente todo: emoción, acción, intriga, misterio, aventura a saco paco, y un ritmo que te hace estar pegado a la pantalla desde que empieza hasta que acaba mientras te lo pasas como en tu vida.

    Pocas películas recuerdo ahora mismo que me hayan enganchado tanto desde los primeros quince minutos como "En busca del arca perdida". Ya, desde ahí, es una pasada: ese principio buscando el ídolo dorado en mitad de la selva peruana, la cueva llena de trampas (por no hablar de esas arañas grandes como el puño), de cómo tiene que hacer para colocar un peso parecido al del ídolo en el altar y, por supuesto, la huida a todo trapo antes de que lo aplaste un pedrucso gigante, y de que una tribu indígena lo deje hecho un colador a base de flechas. Ah, y ya si le pones de fondo la música de John Williams con el tema de Indiana Jones, pues para qué decir más, aparte de que se me pone la piel de gallina solo con pensarlo.

    Pero lo guapo de "En busca del arca perdida" es que no es una peli en la que lo mejor sea ese principio espectacular, sino que el resto sigue esa misma línea. El argumento de la película está chulísimo y, si fuera un experto en el tema, también diría que es una pasada de presentación de la idea, porque hacen que resulte creíble que se encuentra el Arca de la Alianza o que, si la abres, de repente te van a salir un montonazo de fantasmas malrolleros de ahí dentro. Así que ahí estás tú, comiendo palomitas -o lo que sea-, casi sin pestañear, siguiendo los pasos de Indiana Jones por medio mundo para ver si lo consigue. Además, como los malos de la función son los nazis, pues aún es mejor, porque quieres que les den por la retaguardia a base de bien.

    "En busca del arca perdida" es un ejemplo de entretenimiento a toda máquina. Casi no hay momento de respiro y calma entre toma y toma. Del templo ese peruano, a Nepal para buscar a la piva de turno y un medallón que necesita para saber dónde está enterrada el Arca; de ahí, a Egipto para empezar a buscarla (cojonudo el momento en el que Indiana Jones) se mete en una cueva donde hay una maqueta del poblado donde, poniendo un medallón ante un rayo de sol que se para en un lugar exacto, a una hora concreta); luego, a evitar que se la quiten los malos (brutal la persecución con el camión) y, después, recuperándola (la escena del submarino y lo que pasa cuando hacen la ceremonia para abrirla). Vamos, que te pasas dos horas en una montaña rusa descomunal, a la uqe no te importaría volverte a subir cuantas más veces mejor.

    Puestos a criticar algo, creo que diría que la peli sería redonda si hubieran dejado un poco de lado toda la parte más fantástica de la historia. Vale que pueda existir una cámara secreta con la maqueta de parte de desierto de El Cairo, y que el Arca esté enterrada en una cueva llena de serpientes que no le hacen nada al prota. Eso me lo puedo llegar a creer sin problema. De la persecución con el camión y cómo se cuela en el submarino, pues vale que también me lo trago. Pero claro, que ya al final abran el Arca y empiecen a salir una serie de espíritus con muy mala leche... Hombre, creo que eso es ya poner un pelín a prueba la credibilidad de la historia. Más o menos como pasa en las dos partes siguientes de Indiana Jones (lo de que a uno le puedan sacar el corazón con una mano así a lo vivo, o que haya una cueva brutal que guarde el Santo Grial) aunque, por suerte, sin nada que ver en absoluto con ese pedazo de mierda que es la última que hicieron hace unos pocos años.

    Pero bueno, que quien no haya visto "En busca del arca perdida", por favor, que no se la pierda. Es una de las películas que ya se han convertido -y, si no lo ha hecho, debería- en un clásico básico del cine. Os lo dice uno que ya no sabe cuántas veces se la ha visto. Y no le pongo cinco estrellas porque, por mucho que me guste, tampoco la puedo comparar con las otras a las que sí se las hemos dado. Pero ya os digo que ha faltado poco.

    lunes, 7 de mayo de 2012

    CINE CLÁSICO: "TESTIGO DE CARGO"

    TÍTULO: TESTIGO DE CARGO

    DIRECTOR: BILLY WILDER

    REPARTO: SIR CHARLES LAUGHTON, TYRONE POWER, MARLENE DIETRICH, ELBA LANCHESTER, JOHN WILLIAMS

    DURACIÓN: 116 min.

    AÑO: 1957

    GÉNERO: INTRIGA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • No es la primera vez que se lleva a la gran pantalla una novela de la célebre escritora Agatha Christie. Es más, algunas películas basadas en sus obras, como “Asesinato en el Orient Express – Muder on the Orient Express, 1974” o “Muerte en el Nilo – Death on the Nile – 1978” figuran entre las más conocidas y reputadas. Así pues, lo que llama la atención de esta adaptación de la obra “Testigo de cargo” no es el hecho de que sea otra versión filmada de una novela de la difunta escritora inglesa, sino que el máximo responsable del largometraje fuera el cineasta Billy Wilder. En efecto, curtido en films de increíble prestigio como las magníficas comedias “Con faldas y a lo loco – Some like it hot, 1959” o “Irma La Dulce – Irma La Douce – 1963”, y portentosos dramas tales como “El crepúsculo de los dioses – Sunset Boulevard, 1950” o “El apartamento – The apartment, 1960”. No obstante, lejos de dar la sensación de que Wilder se sienta fuera de su terreno habitual, “Testigo de cargo” no sólo acaba siendo una de las más logradas películas tanto de su director, sino también de las adaptaciones literarias de obras de Agatha Christie más célebres, y una de las mejores películas de suspense de la historia del cine.

    Leonard Vole (Power) es un hombre acusado del asesinato de una rica anciana. La acusación alega que Vole, esperando poder beneficiarse de una importante suma de dinero de la difunta, la liquidó a sangre fría. Sin embargo, él no para de proclamar su defensa, y acude a un reputado abogado llamado Sir Wilfrid Roberts (Laughton) para que le defienda. A pesar de que el caso se presenta complicado, Sir Wilfrid pone todo su empeño en probar la inocencia de su cliente, para lo que aprovechará la ayuda que le presta una enigmática mujer de origen alemán llamada Christine (Dietrich), que parece conocer muy bien al señor Vole.

    “Testigo de cargo” es mucho más que una película basada en una novela de Agatha Christie. De hecho, a diferencia de los films de Sydney Lumet y John Guillermin mencionados en la introducción (y que, dicho sea de paso, no desmerecen lo más mínimo), el estilo particular de Wilder se hace patente en cada uno de sus fotogramas. Y no necesariamente por la puesta en escena –arrebatadora.- sino por la dirección de los actores. Quienes conozcan de nuestros queridos lectores la obra de Billy Wilder, sabrán reconocer perfectamente la forma tan particular que tiene de recoger las emociones de los personajes. En el caso de “Testigo de cargo”, pocas secuencias hay más evidentes de dicho estilo que aquella en la que el abogado al que da vida un insuperable Sir Charles Laughton hace un interrogatorio preliminar al sospechoso y a la mujer de éste, mientras juguetea con un monóculo que utiliza para desorientarles y, así, observar sus reacciones. Asimismo, todos y cada uno de los planos en los que hace acto de presencia Marlene Dietrich (inmejorable en su papel de esposa del sospechoso) –muy especialmente durante los últimos diez minutos del film-, contienen un poder visual tremendo.

    Otro punto muy a favor de “Testigo de cargo” de Wilder es se sirve de la sobreactuación de parte de su reparto para convertirlo en un elemento de despiste. Ya que, el estilo narrativo de Agatha Christie es complicado de trasladar a una película, Wilder aprovecha los instantes en que permite a sus actores sobreactuar como potenciador de aquellas secuencias en las que dicha sobreactuación se corta de raíz para dar paso a los giros argumentales más sorprendentes. Así pues, el cara a cara final entre Sir Charles Laughton y Marlene Dietrich está completamente desprovisto de la frialdad y teatralidad de las secuencias iniciales, así como la de Tyrone Power como marido de Dietrich tras escuchar el veredicto del jurado. Ahora bien, resulta curioso ver cómo, con Laughton sucede justo lo contrario: se muestra más natural y cómodo con sus secuencias iniciales (la presentación de su personaje, subiendo y bajando las escaleras con su silla motorizada es tan estupenda como hilarante), para aumentar el grado de exceso interpretativo conforme avanza la acción (aunque su papel como abogado de la defensa es estupendo, también se hace patente esa exageración a la que hacíamos mención durante los interrogatorios a testigos.

    Por fortuna, aparte de las interpretaciones, el guión adaptado de “Testigo de cargo” juega muy bien sus cartas –como diría mi colega Hyde, “guiño, guiño”-, consiguiendo mantener constante durante todo el metraje la intriga de la historia. Por supuesto, el encuentro del abogado con el supuesto testigo de cargo en una estación de tren marca uno de los puntos cumbres del largometraje, así como todo lo que sucede con el veredicto del jurado, Y ambas están rodadas con una pasión e interés desorbitante que convierte a “Testigo de cargo” en , como habíamos dicho antes, uno de los clásicos indiscutibles de Billy Wilder, y una de las mejores películas del séptimo arte.

  • MR. HYDE DICE:
  • Vaya por delante que soy ferviente devorador de las novelas de la tía Agatha. Desde que me leí de pequeño “Tres ratones ciegos” hasta hoy, cada nuevo libro que me leo de ella es cojonudo y, casualidades, de la vida, nunca consigo acertar quién es el asesino, el ladrón, o el malo de turno. “Testigo de cargo” no es precisamente una de las que me hubiera leído antes de ver la película pero, después de verla, casi me alegro, porque es una peli brutal. Como lo oís, a pesar de tener ya más años que el jabón, “Testigo de cargo” parece hecha hace dos días, con una frescura en los diálogos que te da la sensación de que estás viendo una historia que podría estar pasando ahora mismo.

    Vale que muchos podéis pensar: “¡Pues claro, no te jode! ¡Cómo no va a ser una buena película si la novela original ya era una pasada y tenía intriga hasta en el índice!”. Bueno, pues no. Si os diera la lista de los libros de intriga y suspense que me he leído con los que luego han hecho una mierda de película, no acabábamos ni mañana. Pero, por suerte, no pasa lo mismo con “Testigo de cargo”. Ya de entrada, empieza de forma muy simpática, con ese abogado enormemente gordo, que casi no puede ni caminar, y con las lecciones que le va dando a su ayudante (la prueba del monóculo, por ejemplo). Enseguida empieza el misterio con el caso de la mujer del acusado que va desesperado a contarle su problema y, ahí, ya empieza el follón. Pero no un follón de lío, sino de hacer las averiguaciones de turno para saber si el pavo éste de verdad mató a la mujer rica o no.

    El resto, por mucho que el rollero de arriba diga que si es gracias a la puesta en escena y no sé qué más chuflas, es toda la intriga propia de las novelas de Agatha Christie, con sus pistas falsas, suplantaciones, engaños y, por supuesto, sorpresa final (no sabría decir si me gusta más el momento de las cartas en la estación de tren, o lo que pasa cuando se dicta el veredicto). Aparte de eso, los actores están todos muy bien, pero lo que hace que “Testigo de cargo” sea una peli cojonuda es que han sabido pillarle el rollo de suspense de la novela y hacerlo en película de forma que, a los cinco minutos de que empiece la función, tú ya estés sin pestañear para no perderte detalle.

    Así que, aunque veáis que es una película vieja y en blanco y negro, creedme si os digo que “Testigo de cargo”, además de por su historia, os gustará porque no parece que sea cine clásico, sino que es una historia que puede pasar perfectamente por actual. A mí, al menos es la impresión que me dio. Y me encantó.

    domingo, 6 de mayo de 2012

    CINE EN CARTEL: "AMERICAN PIE: EL REENCUENTRO"

    TÍTULO: AMERICAN PIE: EL REENCUENTRO

    DIRECTORES: JON HURWITZ & HAYDEN SCHLOSSBERG

    REPARTO: JASON BIGGS, ALYSON HANNIGAN, SEAN WILLIAM SCOTT, MENA SUVARI, CHRIS KLEIN, TARA REID, THOMAS IAN NICHOLS, EUGENE LEVY, EDDIE KAYE THOMAS

    DURACIÓN: 113 min.

    AÑO: 2012

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • La verdad, no sé por dónde empezar a hablar de "American pie: el reencuentro". Ni los directores tienen una trayectoria profesional dentro de la industria del cine que merezca la pena destacarse, su contribución a la serie de "American pie" ni pasará a la historia del cine -a Dios gracias-, ni la diferencia de la llevada a cabo por los anteriores directores de la serie (tan sólo los hermanos Weitz, directores de la primera parte, parecen haber sabido encaminar medianamente sus pasos dentro del cine más comercial de Hollywood). De hecho, "American pie: el reencuentro" da la sensación de no ser más que una mera excusa para volver a reunir al grupo de personajes originales y tratar de hacer caja a costa de las gracias que aún puedan hacer. Evidentemente, el resultado, está lejos de las astronómicas cifras que cosecharon, al menos, las dos primeras partes (y conste que no estamos afirmando en ningún caso que sean buenas películas), por lo que el film está dirigido tan sólo a quienes se lo pasaron bien con las travesuras y ordinarieces de los intérpretes de la trilogía original.

    Ha pasado ya una década desde que Jim y sus amigos del instituto se graduaran. Ahora, cada uno tiene su propia vida en diferentes partes de Estados Unidos. Con motivo del aniversario de su promoción, todos se reencuentran en su pequeño pueblo, donde crecieron e hicieron de las suyas, aunque hay cosas que han cambiado sustancialmente. Jim (Biggs) y Michelle (Hannigan) siguen casados y son padres de un niño pequeño; Oz (Klein) es un famoso presentador de televisión especializado en deportes, cuya novia parece más encantada con su fortuna que con él; Finch (Thomas), el intelectual del grupo, presume de haber viajado al rededor de todo el mundo; Kevin (Nichols) también se ha casado, aunque le sigue obsesionando la relación que mantuvo en el instituto con Vicky (Reid); Heather (Suvari) hace acto de presencia con su novio, lo que despierta los celos de Oz; y Stifler (Scott), que es el que menos ha cambiado, sigue obsesionado con las fiestas, las chicas fáciles y el sexo. Juntos, todos los amigos volverán a verse metidos en situaciones comprometidas y llenas de líos.

    Mientras veía "American pie: el reencuentro", no sé por qué, pero me vino a la mente "Scream 4 - Scream 4, 2011", estrenada el año pasado. No porque las dos películas tengan que ver entre ellas sino porque, al igual que en el -muy prescindible- film de Wes Craven, me dio la sensación de que los productores e intérpretes principales de sendos largometrajes habían visto en su respectiva cuarta parte la oportunidad perfecta para relanzar sus carreras profesionales si la película funcionaba bien en taquilla. A tenor de los resultados tanto artísticos como económicos, ni una ni otra han arrasado en el box office pero, no por ello, dan menos muestras de que, en ocasiones, Hollywood es capaz de echar mano de los buenos recuerdos del público con tal de intentar a la desesperada volver a triunfar.

    En efecto, ver "America pie: el reencuentro" tan sólo sirve para recordar los momentos más divertidos de las entregas anteriores, y la originalidad de esa descarada revisión de la ochentera "Porky's - Porky's, 1981" que fue la aparición de la primera entrega. Por lo demás, el resto de "American pie: el reencuentro" no es más que una repetición de las situaciones desesperantes e inmaduras en las que los protagonistas se veían involucrados en los anteriores episodios. Cierto es que esta cuarta parte contiene momentos más o menos divertidos (la mayoría de los cuáles lo son gracias a la simpatía que desprende la actuación del veterano Eugene Levy como hilarante progenitor de uno de los protagonistas). Por lo demás, una clara demostración de que tanto los espectadores como los personajes de la serie parecen haber madurado -quiero pensar que los primeros bastante más que los segundos- y de que, lo que antes hacía gracia, al igual que las payasadas de un niño pequeño cuando crece, ya han dejado de tener gracia.

  • MR. HYDE DICE:
  • Pues sí. Digamos que no me arrepiento de haber visto "American pie: el reencuentro", pero no es de las que volvería a ver para partirme el ojete de la risa, como me pasó en su día con las otras partes. Sí es cierto que la ves con un poco de nostalgia, acordándote de lo muchísimo que te reíste con las cosas que les pasaban a aquellos adolescentes que estaban tan salidos como tú por aquellos días (yo la vi con diecisiete años, así que os podéis imaginar la revolución hormonal cómo iba). Claro que, aunque las primeras aún te pueden hacer gracia a día de hoy, no es lo mismo que ir a ver una cuarta parte totalmente nueva. Que Tom Cruise siga con sus misiones imposibles (el pollo también va por la cuarta) aún tiene un pase porque, al menos, son pelis de acción que te entretienen a todo trapo. Pero claro, si te pones a hablar de "American pie", pues como que la cosa cambia.

    "American pie: el reencuentro" es más de lo mismo. Las mismas capulladas (aunque más comedidas), las mismas guarradas, las mismas bromas escatológicas y los mismos follones que se montan. Así que si te han gustado las partes anteriores, pues no te disgustará ésta. Lo que pasa es que, sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con Jekyll: ya somos mayorcitos para estas películas. Tenían su gracia cuando eras un adolescente pajillero, pero ahora... Reconozco que tienen gracia determinados momentos como ese del principio, con el prota intentando cascársela antes de provocar un mini-caos en su casa delante de su hijo; o esa escena en que, después de irse de fiesta, el tío se despierta en la cocina sin pantalones ni calzoncillos, justo unos segundos antes de que entre su mujer con una amiga. Claro, que luego ya rizan el rizo de forma exagerada cuando se montan el episodio de la chica borracha y desnuda a la que tienen que acompañar a casa, que sí, es divertido, pero son las mismas polladas que ya te han contado antes.

    Otra cosa que me ha llamado la atención de la película es que, aunque salen en el póster como cualquier otro actor, hay algunos personajes que salen de refilón (la rubia esa que se operó los melones, u otra que hace de lesbiana), y otros que, directamente, sólo salen treinta segundos. Eso por no hablar de que lo de la "madre de Stifler" ya acaba resultando cansino -ahora han sido tan originales que también sale la madre de otro personaje, ya véis-. Supongo que sabrán que los tiempos pasados fueron mejores, vete a saber.

    En fin, que tampoco merece la pena decir mucho más de "American pie: el reencuentro". Yo me divertí viéndola, pero creo que más por la nostalgia de las primeras partes que no porque ésta sea la caña. Así que ya sabéis, tiene alguna que otra escena divertida y no es una molestia verla. Aunque, para los que seáis un poco más mayores, os parecerá una capullada de descerebrados como cualquier otra. Pero bueno, es lo que hay.

    sábado, 5 de mayo de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "EL GRAN AZUL"

    TÍTULO: EL GRAN AZUL

    DIRECTOR: LUC BESSON

    REPARTO: JEAN-MARC- BARR, JEAN RENO, ROSSANA ARQUETTE, GRIFFIN DUNNE, PAUL SHENAR

    DURACIÓN: 168 min.

    AÑO: 1988

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Antes de embarcarse en los proyectos que definirían su estilo personal como figura clave dentro del cine de acción y fantástico francés, el director Luc Besson realizó una de sus películas más famosas y, por qué no decirlo, de las más fascinantes que han contado con parajes naturales como un protagonista más de la historia. Para ello, esbozó un argumento original que le permitía centrar la historia en ese gran azul del título, que la cámara de Besson retrata con admiración y grandiosidad. No obstante, pocos años más tarde, el propio Besson realizaría el documental “Atlantis – Atlantis, 1991” El resultado, además de una memorable interpretación de Jean-Marc Barr como apasionado incondicional del fondo marino y, sobretodo, de Jean Rano como sensacional competidor eterno del intérprete principal.

    Jacques y Enzo (Barr y Reno, respectivamente), desde niños, han sido dos enamorados del mar, y han competido por ver cuál de los dos era capaz de contener mayor tiempo la respiración bajo el agua. De adultos, ambos acuden a un campeonato mundial de inmersión, donde los dos pondrán a prueba su increíble capacidad para la apnea. A ellos, que mantienen una distante relación de camaradería y rivalidad, se les une una periodista norteamericana llamada Johana (Arquette), quien está preparando un reportaje sobre Jacques, y del que se enamorará perdidamente. Sin embargo, la pasión de Jacques y Enzo por el mar es total, lo que les empuja a un malsano afán por permanecer en él todo el tiempo que puedan.

    “El gran azul” es una muerta de toda la belleza con la que puede recoger una cámara el mar. Ese gigantesco monstruo azul es casi acariciado por la cámara de Besson, quien no oculta en ningún instante su admiración y deleite por todas y cada una de las secuencias submarinas. Por ello, en ocasiones da la impresión de que “El gran azul” no es sino una excusa para rodar en dicho medio, lo que juega en contra de la propia historia. ¿Y de qué forma? Pues sirviendo de mera excusa para retratar algunas de las secuencias más hermosas vistas en una película comercial, y que tiene lugar bajo el mar. La historia acerca de la extraña competitividad entre ambos hombres es algo totalmente vacío (sólo se salva algún que otro apunte, como la divertida secuencia en que el equipo japonés se prepara para la inmersión ante la mirada estupefacta de Enzo), al igual que la secuencia que sirve de presentación para el personaje de Jacques (nos referimos a aquella en la que realiza un rescate asombroso en unas aguas gélidas).

    Sin embargo, Besson parece no darle excesiva importancia, ya que se las ingenia para componer todas y cada una de las secuencias acuáticas en un auténtico festival visual. En efecto, se sirve de cada uno de los momentos de inmersión de los personajes para que su cámara retrate las profundidades del mar con una calidez y colorido tan fascinante que el espectador, en ocasiones, puede olvidarse de la simpleza de la historia que le está contando “El gran azul”. Evidentemente, el film también es consciente de que debe ser algo comercial, por lo que se introduce el elemento romántico de turno entre el personaje de Jacques y la periodista que (atención a la belleza descomunal de la secuencia en que nadan con los delfines), contra todo pronóstico, sirve para reforzar aún más el amor incondicional que los dos protagonistas masculinos sienten por el mar -de ahí la secuencia final, antes de que Jacques se sumerja por última vez con ayuda de Johana-.

    Ahora bien, también es cierto que buena parte del público pueden considerar a “El gran azul” como una excusa tediosa y aburrida al preferir decantarse por los extraordinarios planos conseguidos por el director de fotografía galo Carlo Varini. No obstante, “El gran azul” es mucho más que eso. Además de ser una oda bellísima al mar, es uno de los ejercicios fílmicos más brillantes de su director, quien aprovecha todos y cada uno de los recursos posibles (el blanco y negro para el prólogo, el formato panorámico para los descensos en competición, los originales giros argumentales para aumentar el interés del largometraje –la estrategia de Jacques para sacarle más ventaja a la marca de Enzo en una de sus inmersiones-, etc.) y la belleza absoluta hasta en los momentos más distendidos (Enzo tocando un piano de cola blando al borde de un mar increíblemente azul). Así pues, aunque “El gran azul” no cuente con el dinamismo de las producciones de acción que Luc Besson realizó a continuación –tanto en calidad de director como de guionista-, sí que es uno de sus trabajos más admirados. Y, por supuesto, digna de las mejores composiciones, la hermosísima y sugerente partitura compuesta por Eric Serra.

    En definitiva, “El gran azul” es una película para disfrutar con uno de los mayores regalos y misterios que nos ha regalado la naturaleza. El resto de lo que contiene, no son más que meras excusas para servir a este propósito.

  • MR. HYDE DICE:
  • Para ser sincero, la primera vez que vi “El gran azul”, de pequeño, me pareció un tostón del quince. Supongo que porque imaginaba que sería una peli sobre animalitos, aventuras con delfines y tal. Y claro, cuando ya llevas una hora, y de delfines nada, pues como que te la pela el resto. Pero, cuando la volví a ver, ya un poco más mayor, me hizo gracia darme cuenta de que la peli es chulísima y de que no me gustara de nano. Por supuesto, no es la típica película para críos, por mucho que pase en el agua, y por mucho que los delfines tengan algo que ver en la historia. Pero es un pasada. El argumento, reconozco que, aunque un pelín monótono, es original porque, que yo pueda recordar ahora mismo, nadie había hecho antes una película entera sobre la apnea (para los de la E.S.O., “apnea” = “esa movida de aguantar la respiración debajo del agua”), y mucho menos combinándola con una pasión brutal por el mar.

    De todas formas, es chunguete decir si “El gran azul” es una película de aventuras, un drama, o una historia de amor porque, en realidad, es un poco de todo. La aventura de los dos hombres que, desde chavalines, ya se pican para ver quién aguanta más debajo del agua, y que crecen para volver a competir en un campeonato mundial, con sus estrategias y demás; un drama por la obsesión casi enfermiza del prota por poder pasarse la vida debajo del agua, y por un par más de cosas que pasan y que no diré para no cagaros la sorpresa; y una historia de amor por todo lo que tiene que ver con el rollete que se monta con la periodista yanqui que va a hacer un reportaje sobre todo esto. Aún así, a “El gran azul” no le pasa como a otras pelis, que se hacen la picha un lío porque no tienen claro hacia qué lado de todos quieren tirar. Aquí, la cosa está clara y, por encima de todo, lo que quieren hacer es una película sobre gente que adora el mar, y sobre lo bonito que pueden ser las sensaciones de libertad que significan para ellos.

    Además, hay un par más de cosas en “El gran azul” que se salen por la puerta grande. La primera es la fotografía, y la segunda es la música. Sobre la fotografía, no tengo ni papa de quién es el director, pero es una pasada cómo retrata el mar, tanto por lo que pasa dentro como fuera. Y la música de Eric Serra (que, de normal, su música me parece bastante bodrio), es una chulada que le va a las escenas como anillo al dedo. De las actuaciones, por supuesto, lo mejor es Jean Reno, que consigue hacer de una especie de rival súper cachondo (no os perdáis el momento en el que invita a su oponente a casa de su madre, que ha preparado comida como para un ejército entero, y le regaña a su hijo por no comer como es debido).

    La parte que menos me convenció de “El gran azul” es todo lo que tiene que ver con las rayadas mentales del protagonista (lo llamo así porque no recuerdo cuál es su nombre en la película), sobretodo a partir de una cosa chunga que pasa en una de las pruebas de buceo. Tanto eso como lo que se supone que es el desenlace de la historia de amor es un poco deprimente, y demasiado complicado –y digo “complicado” por no decir que el prota se acaba comportando como un auténtico tarado, gilipollas de cabo a rabo-. Pero bueno, supongo que de algún modo tenían que acabar la historia y, teniendo en cuenta por los derroteros que ha ido la peli hasta ese momento, cualquier final podría valer.

    En fin, que “El gran azul” es una película muy guapa. Y creo que su mayor ventaja es que consigue interesar a quien le atrapa su historia y, a quien no, pues siempre puede disfrutar con todos los momentos que pasan junto al mar y debajo de él. Al menos, como postal animada del fondo marino a ritmo de una música preciosa, “El gran azul” sí que es una pasada.