
TÍTULO: SÓLO UNA NOCHE
DIRECTORA: MASSY TADJEDIN
REPARTO: SAM WORTHINGTON, KEIRA NIGHTLEY, EVA MENDES, GUILLAUME CANET
DURACIÓN: 93 min.
AÑO: 2011
GÉNERO: DRAMA
- MR. HYDE DICE:
¡Bienvenid@ a CineCritic360! CineCritic360 es un blog dedicado al cine, en el que podrás encontrar críticas de muchas y variadas películas, desde dos puntos de vista: * Un punto de vista analítico, con los aspectos técnicos y artísticos más importantes. * Un punto de vista más directo y sencillo, donde se expone sin tapujos la opinión de la peli. Cada día, una nueva crítica, a la que podréis aportar vuestras propias opiniones. ¡Bienvenidos al séptimo arte!


Considerada en la actualidad cono la obra maestra y cumbre de Sergio Leone, por encima de otras producciones del cineasta italiano como "Hasta que llegó su hora - Once upon a time in the West, 1968" o los spaghetti western que lo hicieron famoso tanto a él como a Clint Eastwood, "Érase una vez en América" no sólo es una de las mejores películas de la historia del cine de gángsters (y del cine, en general), sino una auténtica lección de cómo hacer cine a todos los niveles: interpretación, dirección, montaje, guión, música, etc.
Escrita con la colaboración de un buen número de guionistas, este largometraje supuso un broche de oro de indiscutible calidad para la carrera de un realizador que con un número más bien escaso de largometrajes en su haber, supo demostrar que merecía ser considerado como uno de los más grandes. Lo que sí no deja de ser curioso es el hecho de que Leone apostara para su última película por un relato alejado por completo de los western que habían significado la práctica totalidad de su magnífica carrera, y se decantara por una historia de gángsters en la línea de "El padrino", pero con una brillantez y calidez que acabarían por encumbrarla como una de las mejores películas del género.
La historia comienza a principios de siglo XX, en los barrios italianos de Manhattan, cuando un muchacho llamado Noodles y sus amigos conocen a otro recién llegado llamado Max, con quien forman un grupo de jóvenes delincuentes capaces de hacer lo que sea con tal de alcanzar la fortuna de forma rápida. Tras un incidente en el que muere uno de ellos a manos de un matón local al que Noodles acaba matando como venganza, éste acaba encarcelado temporalmente. A su salida, ya adulto, Noodles (De Niro) se reencuentra con Max (Woods) y el resto de su pandilla con los que comienza una nueva y fructífera etapa de carrera delictiva (atracos, contrabando, sobornos...) en mitad de la ley seca.
"Érase una vez en América" es mucho más que un relato de delincuentes. Es una crónica tremendamente detallada de lo que significaba salir adelante de forma rápida (entendiéndose por "rápida" como "de forma ilegal") cuando se es un niño, y cómo el carácter que se va formando en la juventud acaba por desarrollarse en esas mismas personas cuando se convierten en adultos. Más allá de la historia de violentos atracos y tiroteos, en "Érase una vez en América" queda pantente como pocas veces se ha visto en una película, la lealtad con la que se acata la "ley de la calle" y el amor incondicional a "la familia", por la que los personajes son capaces de hacer las salvajadas más despiadadas. Sin embargo, a la vez que se presenta de forma tan evidente esa aparente lealtad, no es menos cierto que también se deja clara constancia de la traición y codicia que acaba por invadir a varios de los personajes.
De todas formas, el último largometraje de Leone cuenta, entre sus muchas virtudes, por proponer una historia diferente a la que ya se había contado en ocasiones anteriores (tanto en el cine de Coppola como en el de Scorsese), impregnando cada fotograma de una grandiosidad descomunal, y haciendo que el espectador, después de una primera parte en la que asiste a las "aventuras" de unos jóvenes delincuentes imposible de resultar antípáticos (ver la impagable escena en la que uno de ellos, ahorra para comprarle un dulce a la chica que le gusta y, ante la tentación del apetito, se lo acaba comiendo en las escaleras de la casa de ella, o cómo Noodles se queda siempre pasmado mientras mira como la chica que le gusta -interpretada por una jovencísima Jennifer Connelly- ensaya sus bailes de ballet), acabe asistiendo al encumbramiento de la banda de gángsters, cuyo final resulta tan trágico como inesperado.
Otro elemento que también llama la atención en "Érase una vez en América", a parte de un final y epílogos un tanto inciertos (hay muchas teorías al respecto de este último factor), es la violencia con la que Leone salpica diversas escenas de su magnífico largometraje. Así pues, el realizador italiano no parece cortarse ante el derrame de sangre en atracos, tiroteos, palizas y demás actos vandálicos que, por fortuna, siempre se encuentran perfectamente integrados en la historia. En definitiva, "Érase una vez en América" es una de esas películas que deben ser revisadas cada cierto tiempo para recordar lo que es una película bien hecha, y disfrutar con una de las obras maestras del cine, con independencia del género cinematográfico al que ésta pertenezca.
Pedazo película, colega. Es para ver en dos tandas porque, si no, con toda probabilidad, tu trasero acabe con la forma del sofá (ojito, que son casi cuatro horas de película), pero creedme que merece la pena desde el primer minuto hasta el último. Posiblemente, sea una de las películas más perfectas que he visto en mi vida. Por otros comentarios que he hecho antes, sabéis que soy partidario de que, si una peli está bien hecha o es buena, no tiene por qué durar una eternidad. De hecho, estoy seguro de que "Ben-Hur - Ben-Hur, 1959" sería un peliculón si no la cagaran las más de tres horas que dura. Pero, en el caso de "Érase una vez en América", casi te quedas con ganas de más.
Tiene momentos no sólo impactantes, sino también preciosos (sí, he dicho preciosos, ¿qué pasa? Que yo también tengo mi corazoncito). Recuerdo con especial claridad la secuencia en que Robert de Niro -cuando todavía elegía buenas películas en las que molestarse en actuar- lleva a cenar al Elizabeth McGovern a un restaurante que ha alquilado sólo para ellos, y una orquesta empieza a tocar "Amapola". La cámara de Leone en esa escena es, simplemente, magistral (y más si tenemos en cuenta cómo acaba la velada para los dos personajes... agüita del avellano). O ese plano fijo del puente de Manhattan, mientras la panda de chavales, vestidos como auténticos gángsters, cruza una calle. O, incluso, el cruce de miradas, al final de la película, de Robert de Niro y Elizabeth McGovern, o entre el primero y el hijo de James Woods.
De la música de Morricone, pues qué vamos a decir que no se haya dicho ya, empezando por el tema de Deborah y acabando en la nostálgica melodía con el que concluye la película. Desde luego, es para descubrirse ante alguien capaz de componer semejante monstruo de banda sonora, componer al año siguiente la música de "La misión - The mission, 1986", al siguiente la de "Los intocables de Elliot Ness - The untouchables, 1987" y, unos años más tarde, la de "La ciudad de la alegría - City of joy, 1992". A ver quién es el guapo que iguala la calidad del maestro italiano.
Hacedme caso y conseguid esta película como sea, que no os dejará indiferentes. Es larga sí, pero a diferencia de otras películas que duran menos, ésta no es de la que se te hacen eternas. Los actores están brillantes (todos los personajes son unos cabronazos de cuidado, pero es imposible que no te acaben resultando simpáticos), la puesta en escena deja con la boca abierta, la fotografía, el montaje, la historia... En dos palabras: obra maestra


Tras la buena acogida que tuvo a nivel de crítica (que no tanto de público) "Adiós pequeña, adiós - Gone baby gone, 2007", debut como director del actor y ocasional guionista Ben Affleck, éste ha firmado con "The town (ciudad de ladrones)" su segundo trabajo tras las cámaras. Al igual que en el caso de su primera película como director, Affleck ha vuelto a recurrir a un relato policíaco enmarcado en los barrios más conflictivos de Boston (ciudad en la que se crió), con la novedad de que, en esta ocasión, también participa en el film como actor protagonista y coguionista del mismo, ésta última labor a seis manos con dos colaboradores más.
La historia de "The town (ciudad de ladrones)" comienza con un eficaz atraco a una sucursal bancaria, en el que los ladrones toman a Claire (Hall), la directora de la oficina, como rehén. Los cerebros del golpe, Doug y Jimmy (Affleck y Renner, respectivamente), temerosos de que Claire pueda aportarle al detective Frawley (Hamm) alguna pista que los pueda identificar, deciden que Doug la seguirá para poder observarla detenidamente. Sin embargo, cuando él y Claire entablan una conversación de forma inesperada, las cosas cambian, pues Doug comienza a sentirse atraído por Claire, hasta el punto de tomar la decisión de dejar atrás la delincuencia y enmendar su vida. Sin embargo, ni su colega Jimmy ni el mafioso Fergie para quien Doug realiza sus "trabajos" están dispuestos a dejarlo marchar tan fácilmente.
Rodada con unos medios más sofisticados que su primer trabajo como director, Affleck logra con "The town (ciudad de ladrones)" confeccionar un acertado film de corte policíaco, donde el clásico relato de policías y ladrones es contemplado desde un punto de vista mucho más cercano a de éstos segundos, mostrando tanto el cómo viven, cómo planean sus golpes, y cuáles son las inquietudes que los mueves y hacen actuar de la forma que vemos. Es por ello, que resulta tan significativa la introducción de un elemento que acaba por romper esa estabilidad del "código de honor" del grupo, como es la fragilidad y seducción totalmente involuntaria del personaje de Claire -por cierto, muy bien interpretada por Rebecca Hall-, que hace que Doug despierte una parte de su conciencia que, hasta ese momento, permanecía casi dormida.
Por otra parte, el contrapunto a la estabilidad que ofrece el personaje de Hall a la vida de Doug queda contrarrestada por la influencia del personaje de Jimmy, con el que Affleck se empeña en dejar constancia de la malsana relación que ambos comparten, muy condicionada por la dudosa paternidad de Doug sobre el hijo de la hermana de Jimmy. Así queda reflejado en secuencias como aquella en la que Doug le pide ayuda para "dar un aviso" a un grupo de delincuentes con los que se ha topado Claire en alguna ocasión -Jimmy ni siquiera se plantea el por qué debe darles una paliza cuando Doug se lo pide-, o como cuando Doug y Jimmy discuten frente a la verja de un cementerio (secuencia en la que queda más que clara el vínculo existente entre ambos).
A este respecto, cabe hacer también mención de la acertada interpretación de Renner, un actor que últimamente se ha ido haciendo un hueco en el panorama cinematográfico estadounidense, y que da vida a sus personajes con una facilidad del todo pasmosa (tanto le da hacer de artificiero en Irak -con "En tierra hostil - The hurt locker, 2009", como de violento atracador en el largometraje que hoy nos ocupa). Por lo demás, tan sólo mencionar que Affleck demuestra una pericia sorprendente a la hora de planificar tanto las secuencias de atracos y persecuciones: la secuencia del primer atraco está confeccionada con una exactitud meridiana; el segundo atraco contiene las dosis justas de acción y tensión, mayormente acumuladas en la huida de los delincuentes por las calles de Boston; y el violento atraco final al estadio de baseball es la demostración perfecta de que Affleck aún tiene mucho que decir como realizador de largometrajes. Si bien es cierto que "The town (ciudad de ladrones) no alcanza la maestría de otras obras maestras del género como pueda ser el caso de "Heat - Heat, 1995", tampoco es menos apropiado confirmar que se trata de una película muy correcta, distraída, bien interpretada y mejor dirigida, que recupera los mejores momentos del cine policíaco y de acción, combinando ambos géneros en un film interensate y digno de ver.
No está mal, la verdad. Lo que sí me pareció a mí es que hay actores que deberían aprender de Ron Howard y dedicarse a la dirección, terreno en el que alcanzan resultados mucho más efectivos que en el de la actuación. A Ben Affleck le pasa exactamente eso. Con "Adiós pequeña, adiós" demostró que no hacía falta que saliera pululando por su propia película -aunque el prota fuera su hermano- para que la película fuera buena (claro que allí salían Morgan Freeman y Ed Harris, cosa suficiente para que la película ya merezca la pena). De hecho, si uno lo piensa un poco después de ver la peli, se dará cuenta que lo peor del conjunto es tener que ver la cara de pez del pobre Affleck durante las dos horas que dura la cosa.
Por suerte, el cartel de secundarios lo compensa con creces: Renner hace de hijoputa tarado con una convicción que casi asusta (ver el momento en que se topa con Doug y Claire en una heladería); Hall interpreta a Claire con un reparto de emociones (ilusión, fragilidad, tristeza, miedo) que ya quisieran muchas de las actrices actuales; y John Hamm (actor muy conocido por una serie llamada "Mad men" de la que no sólo he visto ni un capítulo sino que no tengo ni idea de lo que va) carga a cuestas con su personaje de perseguidor del FBI como si lo hubiera estado haciendo toda su vida.
En resumen, que sin ser la película del año, sí que es una peli en la que estás en tensión durante buena parte, que está bien hecha -y uno se da cuenta de ello- y que cumple perfectamente con sus expectativas: distraer, entretener y hacer que quien se siente a verla esté intrigado por saber si los ladrones se acaban saliendo con la suya o no. Por cierto, al respecto de esto último, ¿no os parece un poco curioso que uno quiera que los chorizos se salgan con la suya y que el pollo del FBI que les quiere parar los pies -al fin y al cabo hace su trabajo de forma honrada- acabe quedándose con un palmo de narices? Je, lo que son las cosas...

Tras un casi desapercbido debut en la dirección con "¿Qué pasó anoche? - About last night..., 1986", vehículo diseñado con el único propósito de lucir los restos del grupo de actores adolescentes conocido como Brat pack, Edward Zwick irrumpió con fuerza en el panorama cinematográfico con "Tiempos de gloria - Glory, 1989", una potente obra acerca de la guerra de secesión norteamericana muy bien confeccionada que, además, supuso el primer Oscar para Denzel Washington. Por este motivo, las expectativas eran altas cuando, tras un pequeño paréntesis y el estreno de otra película menor casi olvidada, Zwick estrenó otro largometraje de corte épico con un reparto de lo más sugestivo: "Leyendas de pasión".
Basada en una novela del escritor estadounidense Jim Harrison (el mismo cuya novela "Venganza" inspiró la película de Tony Scott "Revenge - Revenge, 1990"), la historia se enmarca en los albores de la Primera Guerra Mundial. En el estado de Montana, el coronel retirado y viudo Ludlow (Hopkins), vive con sus tres hijos: Alfred, Tristan y Samuel (Quinn, Pitt y Thomas, respectivamente). Antes de partir al frente, Samuel presenta a su novia Susannah (Ormond), quien se hospeda en el rancho mientras dura el conflicto. Sin embargo, al acabar la guerra, Samuel no regresa con vida, para especial desesperación de Tristan, que no pudo evitar su muerte. Rotos por el dolor, los Ludlow tratan de sobreponerse a esta tragedia pero, la repentina atracción que tanto Alfred como Tristan comienzan a sentir hacia Susannah, acabarán causando más de un problema.
A pesar de no contar con la calidad fílmica de "Tiempos de gloria", "Leyendas de pasión" es muy recordada hoy en día, especialmente, por tres motivos. En primer lugar, por la excelente labor del director de fotografía John Toll, quien consigue retratar unos paisajes de belleza arrebatadora, tanto cuando la acción tiene lugar en las Montañas Rocosas de Montana, como cuando ésta se traslada a los conflictos bélicos más hinóspitos. En segundo lugar, porque tras el estreno de este film se desató la "bradipittmanía" (si se me permite la invención del término), convirtiendo así al joven intérprete en todo un ídolo de masas para las adolescentes de medio mundo. Y, en tercer lugar, la impresionante banda sonora que compuso James Horner la cuál, en la actualidad, sigue siendo considerada una de las mejores de la historia del cine.
No obstante, a pesar de contar con estos tres importantes elementos, el resto de la película parece no encontrarse a la altura (aparte queda, por supuesto, la correctísima actuación de Anthony Hopkins), sino que la historia parece perderse por momentos en todo lo relacionado con unos conflictos amorosos tan tortuosos que acaban dejando un regusto amargo desde sus inicios (esa tentativa de beso entre Tristan y Susannah cuando Samuel aún está vivo), hasta su tormentoso final. Por ello, parece que Edward Zwick parece despistarse un poco cuando la épica del relato se aleja de los momentos más espectaculares para centrarse en las pasiones y sentimientos encontrados de sus personajes, cosa que provoca que el film acabe alargándose en exceso hasta un inesperado final.
Aún así, cabe reconocerle a "Leyendas de pasión" el mérito de ser un intento más que digno de recuperar el sabor de las viejas producciones épicas, y de las historias de amor que acaban marcando a buena parte de los espectadores (especialmente en lo que al público femenino se refiere). Correcta, sin grandes momentos, pero con una fuerte presencia de los tres elementos destacados cuya única existencia ya justifica que merezca la pena ver esta película.
¡Je, que si supuso el principio de la "Bradpitt lo que sea", dice! Ya lo creo que sí. De hecho, no creo que haya habido una sola chica que no haya tenido pegado en su carpeta algún póster o foto de Brad Pitt haciendo de Tristan, o montado a caballo y melena al viento. Mira que dieron la tabarra en su momento. Al menos, mientras ellas babeaban con Pitt y nosotros nos teníamos que conformar con Ormond (qué les hubiera costado porner a una tía más cañón...), al menos nos consolábamos con que la peli, sin ser ninguna maravilla, conseguía resultar lo suficientemente interesante como para que aguantáramos sentados las dos horas y pico que dura.
Aunque, como comentaba Jeckyll antes, lo mejor con diferencia es la música. Joer tú, qué a gusto se tuvo que quedar James Horner tras escribir esta música, por la que ni siquiera fue nominado a los Oscar. No protestaré esta vez por tal decisión, ya que 1994 fue el año en que ganó Hans Zimmer, así que aquí no ha pasado nada, pero va, aunque sea una candidatura sí que se hubiera merecido.
Por lo que respecta al resto de la película, pues está bien, pero tampoco es para tirar cohetes. Aunque es evidente, que está más dirigida a chicas que a nosotros. Bien hecha está, y la historia tiene su gancho. Pero vamos, la peli en sí es de las que volvería a ver si la pasan por la tele, porque quitando los paisajes y la BSO, a la media hora estás un poco hasta el gorro de ver a Brad Pitt con cara depre. Además, no entiendo por qué son tan bobos los personajes de no decir las cosas claras, que la tipa se le acerque a Pitt y le diga "me pones burraca", y se acabaron las monsergas. Nos hubiéramos ahorrado dos horas más de sentimientos frustrados y toda esa patata. Pero bueno, supongo que tiene que haber un poco de todo así que seguid mi consejo: si la churri os dice que quiere ver algo "como para ella", si elegís esta peli, dais en el clavo. Además, no es tan bodrio como el 95% de las comedias románticas, así que eso que salimos ganando todos.



El debut en la dirección del prestigioso director Sidney Lumet no pudo empezar mejor que con este magnífico largometraje de "teatro filmado" (algo similar al estilo que pocos años antes Hitchcock había utilizado en "La soga - The rope, 1948"), basado en la obra de Reginald Rose. Utilizando una única localización, Lumet fue capaz de desarrollar una historia con un complejo entramado ético, en el que la evolución de los personajes está planificada casi a la perfección desde el primer minuto hasta el último. Y, a la cabeza del estupendo cartel de intérpretes, se encuentra un soberbio Henry Fonda.
Los doce miembros de un jurado popular se reunen en la sala de deliberación con el fin de alcanzar un veredicto en el caso de un adolescente acusado del asesinato de su padre. En una primera ronda, once de los miembros del jurado se inclinan por votar a favor de la culpabilidad del acusado, mientras que uno de ellos discrepa, apostando por la inocencia del joven muchacho. Agobiados por el tremendo calor de la sala de deliberaciones, y por las prisas y ganas de acabar con el asunto, el resto de miembros del jurado tratan de convencer al doceavo de que se decante por un veredicto de culpabilidad pero, sorprendentemente, éste consigue ir incorporando poco a poco razonamientos que empiezan a hacer dudar al resto de componentes.
"Doce hombres sin piedad" es una película directa y sin concesiones. Lumet no pierde el tiempo con presentaciones inútiles (de hecho, ni siquiera nos permite conocer el nombre de los diferentes personajes), sino que va directo al grano haciendo que las diferentes opiniones y puntos de vista que expone el miembro que discrepa del resto vayan adquiriendo una inesperada fuerza y sentido en todo el proceso. Es cierto que el guión no permite tratar de una forma más benévola a algunos de los personajes que de forma más férrea defienden el veredicto de culpabilidad (o se empiezan a mostrar muy a favor o muy en contra, sin llegar a contemplar una posición más intermedia).
Sin embargo, es admirable lo apasionante que llega a resultar el guión de esta película. No sólo es sólido como el hierro, sino que es impresionante ver cómo, casi sin resultar cargante, el miembro discordante empieza a plantear serias dudas sobre un proceso que, en el caso de fallar a favor de la culpabilidad, supondría la condena a muerte del acusado. Del mismo modo, sorprende la aparente frialdad con la que el resto de miembros se toma el hecho de decidir el futuro del joven, sin importantes lo más mínimo, el un principio, los hechos poco claros del proceso que pueden hacer que la balanza se decante hacia un veredicto diferente.
Por último, destaca con una fuerza bárbara la soberbia actuación de Henry Fonda, quien no sólo da la sensación de no estar actuando en absoluto, sino que con su capacidad expresiva es capaz de transmitir los detalles más sutiles y convincentes. Es así como destacan momentos únicos como la recreación de cómo uno de los testigos del proceso (un viejo cojo) dice que vio en el lugar del crimen al acusado, o cómo se saca del bolsillo una navaja automática idéntica a la que la acusación ha identificado como la extraña arma homicida.
"Doce hombres sin piedad" es una película tremenda, filmada con una sobriedad poco frecuente en los debuts de un director -claro que, luego, es fácil observar lo que ha representado la inmensa carrera de Sidney Lumet dentro de la historia del cine-, por lo que la sorpresa agradable ante una película como ésta es aún mayor. En a penas hora y media de película, Lumet despliega todo su talento para firmar una obra redonda y llena de una fuerza moral que pocas veces se ha visto en una pantalla de cine. Puede ser que la acompañen en este grupo otras obras redondas como "Matar a un ruiseñor - To kill a monkingbird, 1962" o "La lista de Schindler - Schiondler's list, 1993", aunque filmada con muchas más limitaciones y restricciones presupuestarias por lo que, en este caso sí, el reconocimiento que se le debe es un poco mayor.
Vi "Doce hombres sin piedad" casi como una obligación para alguien a quien el pirra el cine. Había oído decir que era un buena película, que era la primera que había hecho Lumet y todo ese rollo. Por tanto, mi predisposición era positiva al comenzar a verla. También es cierto que me tiraba un poco para atrás pensar que toda la acción de la peli se reduce a una cochambrosa habitación de la que no salen los protagonistas en todo el rato que dura la cosa. Y es por eso que mi sorpresa fue tan grata cuando, a medida que iba avanzando la historia, me sentía cada vez más enganchado.
"Doce hombres sin piedad" es una película buenísima, tanto por sus actuaciones (un tanto teatrales en ocasiones, pero sobresalientes en cualquier caso), como por la forma en que está hecha. Repito: no salen de una habitación en todo el rato, pero el guión y el argumento son tan cojonudos que te tienen con la mirada clavada en la pantalla todo el rato.
Por un lado, flipas de ver cómo la peña es capaz de mandar a un criajo a la silla eléctrica sólo porque tienen entradas para un partido de fútbol y no quieren que el proceso les haga llegar tarde, o porque están cabreados con sus propios hijos y lo pagan con un pobre diablo o, aún peor, porque el voto de culpabilidad es el que da la mayoría y no quieren ser la voz disonante. Menos mal que los argumentos y puntos de vista que expone el espabilado de Fonda (de Oscar su actuación) les hace ir abriendo poco a poco los ojos, y dándose cuenta de que no todo está tan claro como parecía.
Será antigua, será en blanco y negro, y será una obra de teatro calcada en el cine, pero "Doce hombres sin piedad" es un ejemplo de cómo hacer buen cine con buenos ingredientes, y de cómo no son necesarios tantos pedos cerebrales para hacer una obra redonda. Y, si encima te paras a pensar que es la primera que hizo Lumet, pues ya flipa en colores. Hacedme caso, que éste es otro de los clásicos que os alegraréis de haber visto. Además, en hora y media ya te la has visto. Buen cine y breve. ¿Qué más queréis?

El cineasta francés Jean-Pierre Jeunet ha demostrado, desde el inicio de su carrera como realizador, una asombrosa habilidad para desarrollar en sus película historias de lo más variado, destacando así la creación del universo esperpéntico de "Delicatessen - Delicatessen, 1991", la tétrica y brutal ciencia ficción de "Alien resurrección - Alien resurrection, 1997", o la originalidad y frescura de la famosísima "Amélie - Le fabuleux destin d'Amélie Poulain, 2001". Así pues, no resulta extraño que la adaptación de la novela de Sébastien Japrisot representara para Jeunet un desafío interesante con cuya adaptación cinematográfica enriquecer su curiosa filmografía.
Manteniendo buena parte del tono fresco y original de la novela, "Largo domingo de noviazgo" comienza con la presentación de cuatro soldados franceses que, durante la Primera Guerra Mundial, quisieron escapar de los combates, justificando lesiones físicas ocurridas en combate. Debido a que alguno de ellos se había auto lesionado, todos fueron condenados a muerte por su propio batallón. Sin embargo, antes de que se les pudiera aplicar la pena, un asalto a los batallones franceses por parte de las tropas enemigas acaba por completo con el rastro de los cuatro hombres, entre los que se encuentra Mattieu (Ulliel). Cuando se le comunica la noticia de su muerte a su novia Mathilde (Tatou), una joven afectada por una irreversible cojera, se niega a creer que su amado haya muerto en el campo de batalla. Por este motivo, comienza a indagar en las extrañas circunstancias políticas y militares que provocaron la misteriosa desaparición de los cuatro hombres en el frente, iniciando una apasionante investigación en la que irá descubriendo secretos que más de un implicado mataría por guardar a salvo.
"Largo domingo de noviazgo" es una película excelente en la práctica totalidad de los aspectos. La adaptación de la historia a la gran pantalla está hecha con un esmero magnífico, sabiendo mantener en todo momento el equilibrio perfecto entre la historia de amor de los jóvenes protagonistas (presente en el relato a través de unos bellísimos flashbacks), con el entramado misterioso tras el que se encuentran los motivos por el que nadie se atreve a hablar sobre los hombres desaparecidos en el frente (las paulatinas investigaciones e interrogatorios que lleva a cabo Mathilde -atención al muy acertado cameo de Jodie Foster-), y las arrebatadoras escenas de enfrentamientos en el campo de batalla (la espectacularidad de las escenas de guerra en "Largo domingo de noviazgo" son a las películas de acerca de la Primera Guerra Mundial lo que fue "Salvar al soldado Ryan - Saving private Ryan, 1998" a las películas sobre la Segunda Guerra Mundial).
Así pues, Jeunet despliega un conjunto insuperable de emoción a lo largo de las más de dos horas de metraje, aportando las dosis de emoción justas en cada momento: en la investigación por parte de Mathilde, cuando la joven va encontrando poco a poco las pistas que parecen guiarla hasta su amado; en las escenas de guerra, cuando se muestran los combates de las tropas francesas en unas trincheras totalmente inhumanas; y en la historia de amor, con la insuperable actuación de una Audrey Tatou que demuestra a la perfección que hay vida más allá de su personaje de Amélie (ver al respecto el momento en que se despide de su amado cuando es llamado a filas, o cuando recibe la noticia de la muerte de éste o, incluso, en el plano final que cierra el largometraje -su mirada habla por sí misma-).
En el aspecto técnico, la película no se queda atrás, donde hay tres cosas que llaman especialmente al atención. En primer lugar, la preciosísima música compuesta por el neoyorquino de origen italiano Angelo Badalamenti (compositor habitual de las películas de David Lynch), que consigue reforzar tanto el toque de romanticismo de la historia de amor de los dos jóvenes, como la crueldad de las escenas de guerra -háganme caso y consigan cuanto antes la banda sonora, pues es de las que merecen la pena tener en casa para poder disfrutarla-. En segundo lugar, la apabullante decoración de Aline Bonetto, quien logra recrear de forma brillante la Francia de principios de siglo, y de integrar estos fantásticos decorados tanto con los personajes del relato como con la propia historia. Y, en tercer lugar, la fotografía de Bruno Delbonnel, simplemente perfecta.
En resumidas cuentas, "Largo domingo de noviazgo" es una películas fantástica, que casi roza la perfección. Alejada del tono más cómico y chabacanero de otras propuestas de su realizador, este largometraje consigue emocionar al espectador desde su comienzo (tremenda la descripción en off que se hace de los cuatro "desaparecidos" en las trincheras bajo la lluvia), y durante todo el calvario que tiene que pasar la protagonista para conseguir averiguar qué ha pasado con su amado. Si tienen ocasión de ver esta excelente película, aprovechen la ocasión. Les aseguro que no se arrepentirán.
¡Qué peli más guapa! Fui a verla porque me la recomendó mi padre (gran aficionado al cine francés), aunque reconozco que no tenía muchas ganas al principio. Antes, había visto "Amélie", que me pareció un coñazo de tres pares de narices, y lo cierto es que me apetecía bastante poco volver a ver algo parecido de los que habían hecho esta otra peli. Pero aún me alegro de haberle hecho caso, porque "Largo domingo de noviazgo" es una peli cojonuda. No es el típico pastelorro de los dos amantes separados por la crueldad de la guerra, ni es otra película más sobre los desastres provocados por la Primera Guerra Mundial. En realidad, la peli va mucho más allá, desarrollando una buena historia de intriga y enseñando escenas que dejan con la boca abierta de par en par.
La actriz Audrey Tatou deja de lado las caras esas raras que ponía en "Amélie" y se mete de lleno en el papel de joven coja y sin novio, que está dispuesta a hacer e ir donde sea con tal de averiguar qué le ha pasado a su novio, ya que no se traga que haya muerto. Y es ese viaje en el que le acompañamos todos, escuchando las narraciones de las personas con las que se encuentra y que, poco a poco le acercan a la verdad acerca del pobre Mathieu.
Visualmente, la peli es impresionante. La secuencia del dirigible lleno de propano (o lo que sea) que está guardado dentro de un hospital, y las consecuencias que tiene un bombardeo te dejan clavado al asiento como no te puedes imaginar, al igual que el asesinato de uno de los militares que ordena el ataque a las tropas enemigas, en manos de la novia de uno de los jóvenes desaparecidos a la que interpreta Marion Cotillard (esa escena de los trozos de espejo rotos cayendo sobre el militar gordo y asqueroso son flipantes).
Quienes la hayan visto, seguro que tienen ganas de volverla a ver al recordar las impresiones que sacaron cuando lo hicieron por primera vez. Y quienes no la hayan visto aún, que no se dejen contar el final por nada del mundo. Os lo digo en serio, no seáis bobos, que si os cagan el final la peli pierde parte muy importante de su encanto. Y esto os lo dice alguien que pasaba olímpicamente de verla y ahora la defiende con uñas y dientes. Así que ya sabéis, no seáis tan tontos como yo y vedla porque es de las que luego se acaba recordando.

En el año 2000, Clint Eastwood dirigió y protagonizó "Space cowboys - Space cowboys, 2000", una entretenida cinta donde su mayor atractivo era la diversión que desprendía ver a unas viejas glorias del mundo del espacio volver a entrenarse como astronautas mucho más jóvenes y preparados, con el objetivo de cumplir con una complicada misión. "Red" sigue más o menos el mismo camino, si bien aquí las piruetas espaciales del film de Eastwood son sustituidas por una trama de espionaje, con las correspondientes dosis de acción propias de este tipo de películas.
"Red", que son las siglas de Red de Espías Desactivados, comienza presentándonos al agente de la CIA retirado Freank Moses (Willis), quien se está enamorado de una mujer a la que nunca ha visto, pero con la que intercambia frecuentemente sus inquietudes por teléfono con motivo del pago de su pensión (Parker). Un buen día, un grupo de agentes especiales intenta acabar infructuosamente con su vida en un espectacular ataque a su vivienda. Es entonces cuando Moses empieza a buscar por todo el país a su antiguo equipo de colaboradores (Freeman, Malcovich y Mirren), con el fin de averiguar quién y por qué está tratando de hacerlos "desaparecer".
Tras un atípico comienzo en el que ya se deja claro que el espía al que da vida un divertido Bruce Willis se encuentra alejado del servicio activo, el espectador ya puede intuir que el tono de comedia de la cinta no es algo casual, sino que va a acabar dominando el resto del largometraje, tanto en las estupendas escenas de acción (Willis bajándose de su coche como si fuera lo más normal del mundo mientras éste da vueltas sobre sí mismo y él no para de disparar a otro coche que lo persigue, o Malcovich enfrentándose a una espía armada con un lanzamisiles en el aeropuerto como si se tratara de un duelo del Salvaje Oeste), como en los chistes referidos a la edad y condición física de los personajes (impagable la escena de Morgan Freeman quejándose de cómo la guerra de Vietnam fue más sencilla que la supervivencia en el asilo en el que está ahora internado).
En fin, que sin resultar un decepcionante largometraje de acción, "Red" consigue que el espectador simpatice al instante con los personajes, y que se deje llevar por el entretenimiento de una trama lo sificientemente bien urdida como para hacer creíble la tremenda química existente entre este curioso grupo de jubilados en plena forma. No se trata de una película excepcional, ni mucho menos, pero tampoco pretende ser más que un pasatiempo simpático y algo más original que el resto de el resto de propuestas similares pero fallidas. En resumidas cuentas, para pasar distraido un poco menos de dos horas.
Para mí que, cuando los productores de la peli quisieron hacer "Red", primero, metieron en una coctelera todos los capítulos habidos y por haber de Tex Avery, luego añadieron algún que otro cartoon de Bugs Bunny y sus amigos y, por último, metieron un refrito de pelis tipo "Jugla de cristal" y demás. Y, tachán, el resultado ha sido "Red".
Esta peli no sabes si tomártela en serio, o pensar que es como una broma enorme que se coñea sin cortartse un pelo de las películas de acción y de agentes secretos que llevamos viendo desde hace años. Es más, al propio Bruce Willis, sólo le falta soltar su típico Yipikayei, hijoputa para dejar claro del todo que se está cachondeando de las pelis de acción que le han encumbrado como uno de los grandes a la hora de apretar el gatillo. Así, a bote pronto, podría parecer que "Red" es como una versión en plan espía de las películas del tipo "Agárralo como puedas". Pero lo que raya de "Red" es precisamente que tampoco pretende ser una mera burla del resto de películas de acción, sino que la comedia está lo suficientemente bien repartida como para que la peli resulte entretenida. Y eso es lo que te deja un poco parado, en plan "de qué puñetas va esto".
No es que "Red" sea un despelote de película desde que empieza (de hecho, tiene su lógica como una película de acción y agentes secretos como cualquier otra), pero a medida que se van sumando al grupo de agentes retirados John Malcovich -que en la peli el tío está como una regadera- y Helen Mirren -te preguntas qué cojones hace su Real Majestad en una peli como ésta- pues el tono se pone de un cachondo que te cisclas. Por suerte, está por medio Morgan Freeman para poner un poco de seriedad al asunto, a pesar de participar también en las bromas, pero aportando un toque de distinción al conjunto, y reforzar el extraño buen rollo que hay entre todos los "abuelos" en acción.
Dentro de las propuestas de videoclub que se han estrenado esta semana, "Red" es una distracción entretenida, sin más propósito que el de resultar simpática y hacer que te lo pases bien un rato. Y luego, como los pañuelos de papel: una vez usado, lo tiras y te olvidas de ello.


Parece ser que, en Hollywood, la crisis se nota del mismo modo que en el resto del mundo. Desde el punto de vista empresarial, las grandes productoras llevan un tiempo haciendo grandes esfuerzos por controlar al máximo los presupuestos de sus largometrajes, de forma que si hay forma de ahorrar un sólo dólar, éste no sea gastado. Por este motivo, cuando una película rodada con un presupuesto paupérrimo (1 millón de euros -en comparación, para que se hagan una idea, la última entrega de "Torrente" costó cerca de 10 millones de euros-) acaba recaudando, sólo en el mercado local, más de treinta veces lo que había costado, ésta se convierte casi al instante en un auténtico fenómeno. Ahora bien, ¿es esto sinónimo de buena película? ¿Merece en realidad la atención que ha acaparado? ¿Vale la pena acudir al cine más cercano en el que la pongan para verla? Pues las respuestas son "no", "un poco" y "definitivamente, no". Pero vayamos por partes.
Tras un perturbador y muy sugerente comienzo, vemos cómo la familia Lambert, compuesta por el matrimonio Renee y Josh (Byrne y Wilson, respectivamente) y sus tres hijos, se instalan en una nueva y enorme casa de un tranquilo y típico barrio residencial estadounidense. Al poco de instalarse, su hijo mayor, queda misteriosamente en coma. Desesperados por el inesperado estado de su hijo, y aterrorizados por extraños ruidos y aparentes presencias en su hogar, los Lambert deciden mudarse a un nuevo hogar, alejado de las malas vibraciones que les producía su anterior morada. Sin embargo, al instalarse en la siguiente casa, descubren que se vuelven a repetir las angustiosas y misteriosas apariencias, las cuáles les llevan a pensar que tal vez el problema no sea lo que le sucede a la casa... sino a su propio hijo.
Retomando las preguntas a las que antes respondía brevemente, tal y como afirmaba, que una película haya sido capaz de rodarse con un presupuesto tan irrisorio, es motivo de alabanza y admiración, especialmente por aquellos que, con partidas millonarias asignadas para el rodaje de una película, acaban realizando patochadas de feria de lo más lamentable. No obstante, que una película haya contado con un presupuesto tan reducido no siempre se traduce en una notable calidad del producto. En el caso de "Insidious", durante la primera hora de largometraje sí se tiene la sensación de que sus responsables han echado toda la carne en el asador, utilizando todo su talento para hacer de una película de misterio una obra de auténtica angustia e suspense.
Por desgracia, esa sensación se esfuma conforme la película va llegando a su fin, cuando se acumulan cuantos más tópicos imposible del cine cutre de terror que ya se ha hecho en infinidad de ocasiones anteriores. Esto no deja de ser una lástima, sobretodo si se tiene en cuenta que detrás de las cámaras se encuentra el mismo director que dejó a medio mundo de piedra con la primera parte de "Saw - Saw, 2004" (de las otras continuaciones, mejor olvidarse), aunque se acaba comprendiendo mejor cuando, en el poster promocional de la película, también se indica que parte de sus productores son los mismos que de "Paranormal activity - Paranormal activity, 2009" (una gansada que estoy seguro que Hyde disfrutaría haciendo papilla).
En resumidas cuentas, "Insidious" acaba siendo más una película de sustos (muy bien dosificados, todo haya que decirlo) que de terror, haciendo que en su último y ridículo tercio, se pierda por completo la garra que había ido acumulando en su principio, y provocando que los aparentes sustos más que miedo provoquen la indiferencia o, aún peor, la risa. Háganme caso y, si la alternativa en la cartelera de este fin de semana es otra, decídanse por estas alternativas o, en su defecto, por irse de cena con sus amigos. Acabarán pasándoselo igual de bien y sin la sensación de haber tirado parte de su dinero.
A ver, "Insidious" tiene dos mitades: la primera, es una pasada. La segunda, una cagada como un pino. La peli empieza de puta madre, con las letras de presentación más inquietantes que recuerdo haber visto en una película en toda mi vida, con esas instantáneas casi a oscuras de una casa, que hacen que un lugar de recreo como un simple cuarto de juguetes te de canguelo. A partir de ahí, y hasta un poquito pasada la mitad de la película, la cosa promete, gracias a cómo se sugiere que ando raro está pasando en la casa de turno y con el crío (¿por qué todos los niños de las pelis de miedo tienen cara de tarados?), más que decantarse por mostrar. Ahora bien, cuando entra en juego la vidente y ese plagio descarado de "Los otros" y "El orfanato", mezclado con unos toques de Freddy Krugger, la cosa se va a la mierda de forma inevitable.
Y digo yo, ¿qué les costará dejarse de mamonadas paranormales tan enrevesadas? Además, ¿es que no se dan cuenta de que te acaban contando la misma santa historia una y otra vez? Señores, ustedes, los yanquis, hacen un cine de cojones de entretenido y, en muchas ocasiones, además bueno. Así que no me irán a decir que no saben de sobra cuándo una peli se acaba convirtiendo en un refrito de otras catorce parecidas. O, lo que es peor, empezar una peli de maravilla y no ser capaz de mantener ese mismo tono, sino acabar decantándose por lo fácil, cutre y más visto que las lolas de la Pamela Anderson. El mismo director, el Wan este, supo cómo ponerle nivel a una película tan agobiante como "Saw" (me refiero a la primera, no a esas pajas gore que son el resto de las continuaciones). Entonces, ¿por qué no ha seguido por ese mismo camino?
En fin, de todas formas, se agradece que "Insidious" no es para nada una película aburrida. Ya digo que esa sensación de inquietud -casi concentrada en tratar de adivinar por dónde te van a dar el susto para que pegues un buen brinco- es continua a lo largo de casi toda la peli. Lo malo es que, aparte de la típica sorpresa final (y que, dicho sea de paso, está muy pillada por los pelos), es en su última parte cuando, en vez de seguir apostando por lo original que iba distinguiéndola de otras pelis parecidas, acaba cayendo en las mismas chorradas de mundos de muertos y soplapolleces del mismo estilo. Una lástima, prometiendo como prometía durante su primera hora.


Presentada como la película definitiva para que Sandra Bullock obtuviera, por fin, el reconocimiento de la crítica, "The blind side (un sueño posible)" aterrizó en las carteleras estadounidenses a lo largo de 2009 como un torbellino, rentabilizando al instante los escasos 30 millones de dólares que había costado, y multiplicándolos por diez a lo largo del mundo. Ahora bien, lo que no se dice siempre es que, de esta astronómica cantidad, la inmensa mayoría pertenece a lo recaudado en territorio nacional, donde las historias de superación y alcance del sueño americano les gusta -y mucho- al público de aquellos lares. En el resto del mundo, como suele ser normal con este tipo de producciones, pasó más bien desapercibida.
La historia -basada en la novela de Michael Lewis, al parecer inspirada, a su vez, en acontecimientos reales- se centra en cómo la familia Tuohy, compuesta por los patriarcas (Bullock y McGraw) y sus dos hijos se hizo cargo de Quinton Oher (Aaron) un muchacho de raza negra, casi indigente y enormemente grande, al que habían rechazado en casi todas las familias de acogida con las que había estado, así como de su propia madre, una drogadicta con casi tantos hijos como ingresos en clínicas de desintoxicación. Con la perseverancia de la familia Tuohy, no sólo logró graduarse en el instituto, sino también acabar convirtiéndose en un miembro más de la familia, y uno de los mejores jugadores de la NFL americana.
El largometraje, a pesar de centrarse en la figura del sueño alcanzado por Oher, no puede evitar querer centrarse en la figura de Leigh Ann Touhy, a la que da vida una enérgica Bullock. El largometraje, a lo largo de más de dos horas, se empeña en enseñarle al espectador lo rompedor que fueron las decisiones tomadas por la familia Tuohy en la sociedad clasista e hipócrita en la que se movían las familias bien del momento (como los Tuohy), y en cómo se criticó el hecho de que una familia acomodada diera auténtico ejemplo de generosidad y altruismo para acoger a un pobre muchacho al que ni su madre quería, con el fin de darle una oportunidad que, de no ser por ellos, jamás habría tenido.
Ahora bien, que las intenciones del film dirigido por el afortunado John Lee Hancock (lo de afortunado viene a cuento de que él fue el responsable de uno de los fracasos cinematográficos más sonados de la pasada época -el remake de "El álamo"- y, con esa película, logró no sólo demostrar su comercialidad, sino recuperar parte de ese prestigio perdido), por desgracia, no acaban de ser suficientes para que "The blind side (un sueño posible)" consiga emocionar a todos los espectadores por igual. Prueba de ello es el escaso atractivo que ha supuesto para el mercado internacional en comparación con la forma de arrasar en la cartelera nacional.
Como digo, resulta bastante cansino el empeño en demostrar que casi no hay más santos en el mundo que la familia Tuohy, estereotipada hasta la médula (el padre trabajador -aunque nunca se le ve haciendo tal cosa-, la mujer ama de casa y fuerza incansable de la familia, y los hijos perfectos con sonrisa perfecta y tremendamente populares en el instituto. Personalmente, alabo que se haya tenido la valentía de reconocer el esfuerzo hecho por una familia así, pero ni todo es blanco ni negro. Y la película de Hancock, se pasa de la raya en lo que a resaltar las virtudes de la bondad se refiere.
Por lo demás, pues unas interpretaciones ajustadas a sus respectivos papeles (aunque una Bullock un poco más sonriente hubiera sido de agradecer), haciendo especial reseña en la actuación del joven Quinton Aaron, que casi acaba por comerse a Sandra Bullock. En cuanto a los aspectos técnicos, por desgracia, la película no resalta demasiado, siendo una más del montón en cuanto a fotografía, montaje y demás (de hecho, veinte minutos menos de metraje, hubieran podido hacer maravillas). En fin, que se deja ver, pero para nada se trata de una película imprescindible.
Pues a mí me pareció un petardo. De esa clase de película que, cuando acaba, piensas "vale, ya la he visto para el resto de mi vida". Y no porque sea mala (que no lo es), o porque sea previsible y ñoña (que lo es a saco), sino porque parece hecha a medida del gusto del público norteamericano. Esas ansias de grandeza de los protagonistas por jugar al fútbol, el ansia de las becas deportivas para la universidad, las comidas de acción de gracias y toda esa parafernalia, seguro que hace que se les caiga la baba a los yanquis, pero lo que es a los de por aquí, pues me temo que todo eso nos parece un coñazo de aúpa.
De todas formas, se agradece comprobar que Sandra Bullock sabe hacer algo más que poner carita de no haber roto un plato en su vida y que, al menos por una vez, demuestra ligeramente lo que es actuar. Ahora, eso sí, de ahí a darle un Oscar, hay un trecho pero que bien grande. Se ve que en la meca del cine, en cuanto ven que una de sus estrellas que están acostumbradas a protagonizar patata tras patata, de repente demuestra que sabe actuar, se les cae la baba y pierden el culo por darle todos los premios que pueden. Vamos, que como Bruce Willis deje de pegar tiros y haga una peli de esas de llorar (y si es de baseball o rugby, ya ni te cuento), y te lo ves ganando un Oscar dentro de dos días.
En fin, que "The blind side (un sueño posible)" no es de las que merezca la pena estarse dos horas (de las que sí se notan) viéndola. Si da la casualidad de que la pasan por la tele y no te puedes dormir, pues te la ves tan ricamente. Pero, cuando estás esperando ver algo que te emocione de verdad, que se te encoja en corazón con una peli que ha costado cuatro duros y que ha recaudado un huevo en los EEUU, pues como que no, que mejor te veas un episodio de Heidi, que tiene más emoción.
De todas formas, no quisiera que os pensarais que "The blind side (un sueño posible)" es una mierda. De hecho, sabéis que cuando pienso que una peli es un truño os lo digo sin cortarme. Este no es el caso. Simplemente, es que no me interesan las garruladas de los primos del otro lado del charco, con ese patriotismo de andar por casa y la sonrisa profidén todo el rato en el careto. Ahora bien, a quien le gusten estas chufas, desde luego no se la puede perder. A mí, repito, me pareció bastante rollo.
