jueves, 24 de noviembre de 2011

CINE ACTUAL: "INFILTRADOS"


TÍTULO: INFILTRADOS

DIRECTOR: MARTIN SCORSESE

REPARTO: LEONARDO DICAPRIO, MATT DAMON, JACK NICHOLSON, MARK WAHLBERG, MARTIN SHEEN, ALEC BALDWIN, RAY WINSTONE, VERA FAMIGA

DURACIÓN: 149 min.

AÑO: 2006

GÉNERO: POLICIACO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Hablar de Martin Scorsese es hablar de Nueva York, del Bronx, como mucho de Brooklyn y, por su puesto, del barrio judío y de Little Italy. Y, evidentemente, de las bandas mafiosas, de gángster y demás camorristas que, desde hace más de un siglo, hacían “suyas” las calles a base de intimidación, extorsión, chantaje y muerte. Sin embargo, aunque estas consideraciones no parezcan, a priori, muy atractivas para el espectador, no se puede negar que cada uno de los largometrajes que ha dirigido el genial cineasta no tenga un morboso atractivo, a pesar de las grandes dosis de violencia que suelen contener. Cierto es que, de entre todas sus películas, son unas las que destacan en mayor medida sobre las demás y que, que en alguna ocasión –pocas, por fortuna-, hay films que no se encuentran para nada a la altura de su talento y, finalmente, títulos que, sin ser ninguna maravilla, sí que acaban adquiriendo una consideración especial. A título de ejemplo, dentro del primer grupos, podríamos cabría incluir títulos casi míticos como “Taxi driver – Taxi driver, 1976”, “Toro salvaje – Ragging bull, 1980” o “Uno de los nuestros – Goodfellas, 1990”; en el segundo, decepciones como “New York, New York – New York, New York, 1977” , “El rey de la comedia – The king of comedy, 1983” o “Al límite – Bringing out the dead, 1999”; y, por fin, en el tercer grupo, entretenimientos estupendos como “El cabo del mido – Cape fear, 1991” o “Shutter Island – Shutter Island, 2010”. “Infiltrados”, remake del film hongkonés “Juego sucio – Wu Jian Dao, 2002), se encuentra a caballo entre el primer y el tercer grupo.


    Frank Costello (Nicholson) es un peligroso gangster que controla buena parte del “negocio” de Boston. No hay un solo trapicheo del que él no esté al corriente y al que no haya dado su visto bueno. El FBI, para poder cazarle in fraganti, infiltra a Billy (DiCaprio), uno de sus más jóvenes cadetes, en la banda de Costello, y lo apoya a través del jefe de división Queenan (Sheen) y del agente Dignam (Wahlberg). Lo que no sabe el FBI es que Costello, a su vez, también ha infiltrado a Colin Sullivan (Damon), uno de sus jóvenes “ahijados”, en la policía de Boston hecho que, unido al su rápido ascenso hacia departamentos más comprometidos, le da al mafioso una gran ventaja a la orden de organizar sus “golpes”. Será a parir de ese momento, cuando dé comienzo una peligrosa caza entre infiltrados –cada uno desconoce la identidad del otro- con el fin de desenmascarar al traidor. Además, la situación se complicará aún más cuando tanto Billy como Colin se enamoren, cada uno por su cuenta, de Madolyn (Famiga), una psicóloga de la brigada criminal.


    “Infiltrados” es una película trepidante. Scorsese a penas dedica cinco minutos del comienzo para situar al público y a sus personajes en el marco en que se va a desarrollar la historia. De ahí, se pasa a detallar, también de forma breve los primeros pasos que dan el policía y el traidor en sus respectos objetivos para infiltrarse y, a partir de ese instante, comienza un tremendo juego de sospechas y situaciones de tensión casi insostenibles. Así pues, “Infiltrados” es largometraje que debe sus mayores virtudes a tres elementos: la dirección, el montaje y el guión.


    Empezando por esto último, la adaptación que hizo William Monahan del film hongkonés antes referido contiene todos los elementos necesarios para mantener el interés que suscitaba el libreto original. El guión, aparte de urdir la trama de forma excelente, es un regalo de momentos únicos en los que las réplicas de los personajes (las de Costello no tienen precio –ver el momento en que le pregunta en un bar a un conocido por su mujer para, acto seguido, dar a entender que medio barrio se la ha beneficiado-) se entremezclan de forma asombrosa con las escenas de violencia más crudas (magistral la secuencia en que Costello escupe ante Billy tras beber un trago de cerveza afirmando que “huele a rata” e, inmediatamente después, se ve la sangre en el suelo de otro miembro de la banda al que Costello ha torturado creyendo que es el infiltrado). La guinda en cuanto a las réplicas las pone el duelo dialéctico establecido por el agente Dignam y uno de sus superiores, quienes se intercambian puyas delante de sus agentes al cargo como quien habla del tiempo, así como el final totalmente shakespeariano, con el que cierra la cinta (atención al plano final de una rata recorriendo la barandilla de un balcón).


    Por lo que respecta a la dirección de Scorsese, el realizador demuestra una energía descomunal en todas y cada una de las secuencias. En primer lugar, deja claro que no es necesario recurrir a cortes innecesarios para acentuar el dramatismo y tensión de algunos momentos (ver el primer encuentro entre Billy y Costello, en el que le parten la escayola del brazo al muchacho para comprobar que no lleva ningún micro, o el final entre Billy y Colin en la azotea de un edificio). En segundo lugar, recrea algunas de las mejores situaciones del film original superando el efecto de tensión conseguido en aquel (ver la secuencia en que Billy se reúne con Queenan en un edificio vacío segundos antes de que los hombres de Costello acudan al mismo lugar). Y, en tercer lugar, consigue que, a pesar de la violencia implícita del argumento, ésta no destaque por encima de la propia historia –como sí pasaba, por ejemplo, en “Uno de los nuestros” (ver la secuencia en que Billy está a punto de rematar a un miembro de la banda de Costello que ha descubierto su identidad a causa de un malentendido en una dirección).


    En lo que concierne a la labor de montaje, la montadora habitual de Scorsese, Thelma Shoonmaker, que ha colaborado con el cineasta desde el principio de su carrera, orquesta un auténtico festín de set pièces en las que todos los elementos de este estupendo thriller (tensión, intriga, misterio, etc.) se entremezclan de una forma magistral. Al respecto, cabría señalar uno de los mejores momentos de “Infiltrados”: aquella secuencia en que Billy espía al traidor infiltrado en la policía –Colin- mientras éste se reúne en un cine porno con Costello; Billy no puede llegar a identificar a Coliln, por lo que lo sigue a través de unos callejones, hasta que Colin se da cuenta de que lo están siguiendo. El resto son casi diez minutos de tensión llevada a su máximo nivel gracias a la labor de Shoonmaker.


    En resumidas cuentas, si bien es cierto que “Infiltrados” no es la mejor película de un maestro moderno del cine como Martín Scorsese (aunque sea por ella por la que constará que recibió su merecido Oscar al mejor director), no deja de ser menos cierto que es uno de los entretenimientos mejor rodados y más logrados de su carrera. Al fin y al cabo, el objetivo de “Infiltrados” es distraer y hacer pasar un rato entretenido al público, cosa que consigue con creces y, además, a través de una muy buena película.



  • MR. HYDE DICE:

  • Me encantó “Infiltrados”. También hay que decir que tenía muchas ganas de verla, y que iba predispuesto a que me gustara por lo que, si la peli era buena, tampoco iba a ser tan complicado que saliera contento del cine. Pero es que me ha gustado mucho más de lo que pensaba. No es que sea la leche en bote como película, pero os aseguro que las casi dos horas y media que dura, se te pasan volando. Y, cuando acaba, tienes esa sensación como de habértelo pasado pipa. Así que, sin meterme a decir si el director esto o el montador lo otro (como hace el pedantillo de arriba), os aseguro que “Infiltrados” está guapísima, te atrapa desde que comienza y te mantiene en vilo hasta un final que no te esperas para nada.


    Yo no soy muy fan de Leonardo DiCaprio. Es más, desde que lo vi en esa especie de insulto que es “Romeo y Julieta” –donde no me quedó claro si DiCaprio era Romeo o Julieta- y luego haciendo de ñoñeras en “Titanic – Titanic, 1997”, le cogí un poco de tiña al pobre hombre. Pero, en honor a la verdad, debo reconocer que, después de verlo en “Diamante de sangre – Bood diamond, 2006” y en “Infiltrados”, debo reconocer que este pollo ha aprendido bien lo que es actuar. Por otra parte, si después de trabajar con gente como Scorsese, Spielberg, Nolan, Eastwood, Boyle o Cameron (agüita con la filmografía del colega) no aprendes nada, es que eres más cerrojo de lo que cualquiera hubiera podido pensar. Pero aquí, DiCaprio lo borda. Cuando empieza la peli, se le ve así como que más tranquilo pero, conforme va avanzando ves que el tío empieza a desquiciarse y a estar más nervioso que si se hubiera bebido diecisiete cafés, por el miedo a que lo descubran y se lo carguen. Los demás lo hacen bien, sobretodo Jack Nicholson, que se lo pasa de coña haciendo de gángster cachondo (aunque, como suele ser normal, sobreactúa lo suyo). Pero ya os digo que quien me sorprendió fue DiCaprio.


    De la película no sabría muy bien con qué momento quedarme, más que nada porque es la peli entera y, los instantes así más especiales, ya los ha dicho antes Jekyll. Pero supongo que una de las cosas que más me impactó fue la parte final, cuando dentro de un ascensor pasa algo que no hubiera jurado en la vida (y si no me creéis, esperad a verlo). Eso sí, hay un momento de esos de apretar el culete que me encanta. Hay un momento en que el traidor al que interpreta Damon hace una llamada desde el móvil del capitán de policía a DiCaprio, que es el infiltrado; ninguno de los dos dice nada porque esperan a ver si el otro habla y lo pueden reconocer para denunciarlo. ¡Son apenas diez segundos de silencio que te ponen los pelos de punta!


    En fin, no tiene sentido decir mucho más de “Infiltrados”, aparte de que es una de las películas que más veces me he visto en casa desde que me la regalaron en DVD. Es una pasada, larga pero que se te pasa en un suspiro, y genial en cada segundo. Vamos, lo que deberían ser todas las películas: diversión asegurada, buena y entretenida. Yo ya os digo que es cojonuda.





    miércoles, 23 de noviembre de 2011

    CINE DE LOS 90: "DEEP BLUE SEA"


    TÍTULO: DEEP BLUE SEA

    DIRECTOR: RENNY HARLIN

    REPARTO: SAFFRON BURROWS, THOMAS JANE, L. COOL JR., SAMUEL L. JACKSON, STELLAN SKARSGARD, MICHAEL RAPPAPORT

    DURACIÓN: 105 min.

    AÑO: 1999

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Los monstruos y criaturas fantásticas y temibles llevan formando parte de la historia desde hace casi cine años. Desde el comienzo del séptimo arte, los más variados tipos de películas han retratado los estragos causados por gorilas gigantes (todas las versiones de “King Kong”), lagartos mutantes (las versiones niponas de Godzilla, incluyendo una desafortunada versión norteamericana), o extraterrestres de lo más amenazante (donde se incluyen todos los “alien”, “depredadores”, etc.). Sin embargo, por mucho que se diga que estas películas de monstruos hayan estado presente en las películas durante años, no se puede negar que, en lo que a las criaturas marinas se refiere, fu el gigantesco escualo de Steven Spielberg el que sentó cátedra. Desde entonces, no ha habido ningún largometraje centrado en aventuras acuáticas que no muestre algún tipo de influencia de este largometraje, o que trate de mantener el nivel de tensión alcanzado por aquel. Por ello, cuando se estrenó “Deep Blue Sea”, no fueron pocos los que pretendieron ver en esta entretenida película una singular mezcla de “Tiburón – Jaws, 1975” y “Aliens, el regreso – Aliens, 1986”. Y, aunque no les falte parte de razón, sí es cierto que esta influencia se encuentra tan solo en su argumento puesto que, desde el punto de vista de la puesta en escena, la cosa cambia sustancialmente.


    La doctora McCallister (Burrows) defiende ante el consejo de administración de una empresa farmacéutica los éxitos alcanzados por un proyecto de investigación médica que ha estado desarrollando en unas instalaciones submarinas. En ellas, la doctora afirma haber encontrado un remedio viable para la cura del Alzheimer, gracias a un tratamiento genético realizado con tiburones. Ante el escepticismo del consejo, uno de los miembros, Russell Franklin (Jackson) accede a visitar las instalaciones y ver con sus propios ojos esos avances, por lo que se organiza una pequeña demostración. Sin embargo, el grupo de científicos, entre los que se encuentran el cuidador de los tiburones, Carter (Jane), el cocinero del laboratorio, Predicador (Cool Jr.), o el doctor Withlock (Skarsgard), no contaban con que sus experimentos con los cerebros de los tiburones han convertido a estas criaturas en depredadores mucho más inteligentes. Será gracias a esta ventaja que los tiburones aprovecharán para provocar un terrible accidente que deje incomunicados a los protagonistas, obligándoles a participar en una carrera contrarreloj para poder salir de nuevo a la superficie.


    El director Renny Harlin, tras un prometedor comienzo en los Estados Unidos con cintas de acción como la segunda parte de “Jungla de cristal” o una de las mejores y más entretenidas cintas de Sylvester Stallone (“Máximo riesgo – Cliffhanger, 1993”), se puso al frente de una serie de proyectos fallidos que hicieron pensar a más de uno que su habilidad para filmar películas de acción había sido flor de un solo día. Sin embargo, con “Deep blue sea” demostró que seguía plenamente en forma, ya que el resultado es un largometraje trepidante, lleno de emoción y que no da un respiro al espectador desde el momento en que la acción se traslada al laboratorio submarino (hecho que sucede a los diez minutos de dar comienzo el film).


    Contando con un acertado casting, “Deep blue sea” suple las insuficiencias de un guión casi inexistente con dosis perfectamente calculadas de suspense y acción, lo que le da a la película ese ritmo trepidante del que hablábamos antes. Evidentemente, el mayor atractivo del film son las “actuaciones” de los escualos, de los que el público está pendiente en todo momento con el fin de imaginar de qué forma podrán los protagonistas zafarse de ellos, cómo conseguirán volver a la superficie y, sobretodo, cuál de todos ellos irá muriendo víctima de los tiburones.


    “Deep blue sea”, con todos sus defectos (actores más preocupados por figurar en los créditos que por interpretar, acumulación de frases tópicas, personajes estereotipados, etc.), es un espectáculo entretenidísimo. Harlin se preocupa porque, una vez que los protagonistas acceden al laboratorio, cada episodio en los que se podría dividir el largometraje posea el ritmo non-stop más conveniente. Así, desde el ataque que tiene lugar en el laboratorio, pasando por el accidente del helicóptero que traslada a un herido, y continuando con la huída de los supervivientes a través de los diferentes niveles de la plataforma submarina, “Deep blue sea” no da ni un minuto para respirar. Así pues, a pesar de que la historia ya haya sido mostrada con anterioridad, no deja de ser un verdadero festín de situaciones límite, momentos inesperados (ver la interrupción que hace la aparición de un tiburón en mitad del discurso de uno de los personajes, o el sacrificio que tiene que hacer otro de los protagonistas para salvar al resto). Además, otra ventaja es que, en su afán por hacer del film una película trepidante, no han recurrido al típico montaje acelerado más propio de las aventuras de Jason Bourne, sino que toda la acción está plasmada de forma que el espectador no queda abrumado por las violentas imágenes, sino que tiene la oportunidad de recrearse con la tensión que se acumula en ellas. En resumidas cuentas, un entretenimiento de primera categoría.



  • MR HYDE DICE:

  • Vaya por delante que estoy mosca con Jekyll porque no me ha dejado ponerle cuatro estrellas a esta peli. ¿Se las merece? Pues no tengo ni guarra, pero lo que sí sé es que me lo pasé de fábula viéndola, que me divertí como un niño saltando en los charcos cuando llueve, y que me la he visto, desde la primera vez, unas cuatro o cinco veces más. Y no tengo ni idea de si es bueba, si el director esto o si el director lo otro. Sé que a mí me pirró desde el minuto uno hata el final (impredecible total), y que se la recomiendo a todos los que se lo quieran pasar de miedo durante casi dos horas.


    Es cierto que la peli, además de un aire descarado a "Tiburón", también cuenta la misma historia que ya hemos visto antes, en el que un grupo de pringadetes tiene salvar el culo escapando de unos bicharracos (tiburones Mako, dicen que se llaman), que los quieren convertir en su cena. También es ciero que algunas frases que sueltan los actores como "¡Tenemos que permanecer todos juntos!" o "¡Maldita sea, no hagas estupideces!", que ya habrán utilizado en otras mil quinientas películas del mismo palo. Pero, con todo y con eso, qué queréis que os diga, aparte de que yo me lo sigo pasando teta cada vez que la veo. Ah, y atención a la música, que es una caña.


    Tiene momentos espectaculares: el accidente del helicóptero, la rotura del cristal del laboratorio (mejor no queráis saber qué utilizan los tiburones para cascarlo), el ataque al negro simpático en la cocina, la huída por el hueco del ascensor o, sobretodo, toda la caza final en la superficie. Lo sigo recordando y me entran ganas de volver a verla. Como ya os digo, no puedo ni afirmar ni desmentir que sea una buena película. Es más, me la pela, que no soy ningún experto en temas de cine. Pero lo que sí os puedo decir es qué me gusta y por qué. Y "Deep blue sea" te hace pasar dos horas con el culo pegado al asiento y casi sin parpadear, que es lo que yo quiero cuando me pongo a ver una peli para que me distraiga. Y, si además de hacérseme súper corta me quedo con ganas de volver a verla, pues mejor que mejor. Luego, que cada uno le ponga las estrellas que quiera. Yo le doy cuatro, ¡ea! ****



    martes, 22 de noviembre de 2011

    CINE DE LOS 80: "POLTERGEIST"


    TÍTULO: POLTERGEIST

    DIRECTOR: TOBE HOOPER

    REPARTO: JOBETH WILLIAMS, CRAIG T. NELSON, BEATRICE STRAIGHT, HEATHER O'ROURKE, ZELDA RUBINSTEIN

    DURACIÓN: 109 min.

    AÑO: 1982

    GÉNERO: FANTÁSTICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • A principio de los años ochenta, tras haber arrasado en las taquillas del mundo entero con su anterior largometraje, "En busca del arca perdida - Raiders of the lost ark, 1981", y haber descubierto a uno de los héroes del cine de aventuras por excelencia, Steven Spielberg amplió sus horizontes creativos ejerciendo de productor de uno de los films fantásticos y de terror más célebres de dicha década: "Poltergeist". Si bien estaba previsto que, en un principio iba a ser el propio Spielberg quien se iba a poner tras las cámaras de este proyecto, finalmente delegó tal labor en Tobe Hooper, cineasta que había adquirido un notable prestigio tras haber realizado la famosa "La matanza de Texas - The Texas chainsaw massacre, 1974", así como diferentes películas de terror de bajo presupuesto (incluyendo la adaptación cinematográfica de la novel de Stephen King "El misterio de Salem's Lot"). De esta forma, se suponía que Spielberg sólo controlaría diversos aspectos creativos del film para poder dedicarse de pleno a la realización de la película que acabaría convirtiéndose en uno de sus mayores éxitos, "E.T. El extraterrestre - E.T., 1982". Sin embargo, como ya comentaremos más tarde, parece ser que la relación entre Hooper y Spielberg no fue tan distendida como se pretendía sino que, además de por la propia calidad de la película, "Poltergeist" hoy en día es recordada por no tener claro del todo a quién corresponde en realidad la autoría de la misma. No obstante, para no adelantarnos a los acontecimientos, comenzaremos por detallar su argumento.


    La familia Freeling se ha trasladado a una nueva casa, construida en un tranquilo barrio, junto a sus hijos. Sin embargo, un bien día, comienzan a suceder extraños fenómenos -los muebles se mueven solos, los alimentos parecen cobrar vida, se escuchan extrañas voces...- para los que no encuentran explicación racional. Dado que, al principio, tampoco son cosas que llamen excesivamente la atención, no le dan demasiada importancia. No obstante, cuando la hija pequeña, Carol Ann (O'Rourke), empiece a sentir más próximas esas "presencias", los Freeling decidirán pedir ayuda a una extraña mujer llamada Tangina (Rubinstein). Las cosas empeorarán cuando Carol Ann desaparezca misteriosamente, víctima de esas fuerzas extrañas que parecen haberse asentado en la casa de los Freeling.


    Uno de los elementos que hacen de "Poltergeist" una película casi de culto dentro del género fantástico y, en particular, de los años ochenta, es lo original de su propuesta, combinado con unos efectos especiales de primer orden. Yendo por partes, tanto el argumento como el guión de "Poltergeist" seduce por el misterio que lleva implícito. Así pues, a pesar de que se empiecen a suceder los fenómenos extraños, el espectador no descubre hasta el tercio final de la cinta qué es lo que los provoca. Sin embargo, sí que acompaña a los personajes durante la pesadilla en la que se ven inmersos por motivos que no llegan a comprender.


    En este segundo punto es donde entran en juego los efectos especiales. Las sucesiones de estos fenómenos inexplicables desde un punto de vista racional, comienzan a incrementarse tanto en frecuencia como en violencia. Memorables son las secuencias iniciales en las que ciertos espíritus parecen ponerse en contacto con la niña pequeña a través del televisor (de hecho, Carol Ann casi puede tocarlos), hasta casi abducirla por completo, así como el momento en que la niña es definitivamente secuestrada por esas fuerzas misteriosas a través del armario de su habitación (magistral la secuencia en la que un espíritu monstruoso flanquea la puerta para evitar que nadie pueda entrar a rescatar a la pequeña). Del mismo modo, otro de los momentos que más llaman la atención es la secuencia en la que un árbol parece querer "comerse" a uno de los hijos.


    Otro de los aciertos de "Poltergeist" es que cuenta con un ritmo in crescendo en cuanto a las apariciones fantasmales, que alcanza su punto álgido en el momento en que, al final de la cinta, la familia al completo debe hacer frente a la maldición que se ha cernido sobre su casa, observando aterrados cómo su casa parece absorberse a sí misma hasta casi desaparecer. Sin duda, toda esa secuencia final, combinada con los trucajes de efectos especiales y la sensacional banda de Jerry Goldsmith, le ponen la guinda final a una de las producciones de cine fantástico más logradas de la década de los ochenta.


    Por desgracia, además de por sus numerosas virtudes como film, "Poltergeist" ha sido también recordada por los constantes enfrentamientos surgidos entre su todopoderoso productor y el director de la cinta, de quien se dice que llegó a abandonar la post producción de la misma para que Spielberg se pudiera hacer cargo sin problemas de forma no acreditada. No obstante, más allá de estos hechos, de lo que no cabe duda es de que "Poltergeist" se trata de un excelente largometraje que combina terror y ciencia ficción, y que entretiene con la misma facilidad con la que consigue atraer la atención del espectador. "Poltergeist" es una recomendable película de género fantástico a reivindicar.



  • MR. HYDE DICE:

  • Sí que está guapa, sí. Hace ya unos años que la vi, pero aún guardo en la memoria ese regusto agradable que dejan las pelis que viste hace tiempo y que no te importaría volver a ver. Es cierto que ya tiene sus años, y que hay algunas cosas que, si las hicieran hoy en día, estarían hechas con efectos especiales mucho más acojonantes, y que darían cien veces más canguelo que las que aparecen en la peli. Pero "Poltergeist" tampoco parece que quiera ser muy revolucionaria en nada, sino contar una historia malrollera con cierto sentido común dentro de lo fantástico -a ver, está claro que todo es irreal y que no pasa en el mundo de verdad, pero por lo menos no pretende dárselas de real como sí quiere hacer esa mierda pinchada en un palo que es "Paranormal activity - Paranormal activity, 2007"-, y que hace que te pases pegado a la butaca hasta el final.


    Es más, incluso recordando ahora alguna parte de la peli, sí que me moló muchísimo el momento en que el armario se "traga" a la niña, o como cuando otro de los hijos empieza a rebotar por las paredes de su habitación (algo así como lo que dejaba flipado a Johnny Depp en la primera parte de "Pesadilla en Elm Street") y, por supuesto, toda la parte del final, cuando unas cuantas calaveras -no diremos de qué ni de quién para no jorobar la sorpresa- empiezan a salir del suelo, como cavando una fosa gigante a la entrada. Y, para rematar, "Poltergeist" no es sólo una peli de efectos especiales a cascoporro con una historia de mierda, sino que el argumento se preocupa lo suficiente como para hacer que no puedas apartar la mirada ni un solo minuto. Además, si a eso unes a la vidente esa tapón de metro y medio y el yuyu que te dan las cosas que le pasan a la pobre cría pequeña, "Poltergeist" acaba ya siendo una peli cojonuda para pasar un rato con las manos apretadas y, por qué no decirlo, de lo más divertido.


    Se ve que como la peli tuvo bastante éxito, unos años después hicieron un par de parte. Bueno, pues ya os digo que de la segunda, sólo merecen la pena un par de escenas así en plan rollo paranormal como tiene la primera (una pista: ni os imagináis lo que le puede pasar a un chaval con su aparato dental); Y de la tercera parte, ahorraros el tiempo, que no es tan mala como se podría pensar, pero si la comparas con las otras -sobretodo con la primera- se te cae el alma a los pies. Ah, y hablando de momentos marrolleros, quedaos con ese momento en que uno de los protagonistas se pone delante de un espejo y empieza a tocarse la cara. No os digo más, jeje. Eso sí, si la veis con alguien un poco susceptible a las escenas de canguelo, decidle que cierre los ojos, u os clavará las uñas en el brazo, o tendrá pesadillas durante toda la noche. Sólo deciros que se parece mucho a lo que le pasaba a James Woods en aquella peli en la que podía sacar cosas de la misma tele. Así que ya sabéis: "Poltergeist" mola, es una de las pelis clásicas de los ochenta de ciencia ficción y merece la pena verla. Y recordad: "Ya están aquíííííííí".



    lunes, 21 de noviembre de 2011

    CINE CLÁSICO: "EL HALCÓN MALTÉS"



    TÍTULO: EL HALCÓN MALTÉS

    DIRECTOR: JOHN HOUSTON

    REPARTO: HUMPFREY BOGART, MARY ASTOR, GLADYS GEORGE, PETER LORRE, JEROME COWAN,SYDNEY GREENSTREET

    DURACIÓN: 96 min.

    AÑO: 1941

    GÉNERO: POLICIACO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Esta mañana, leía un artículo publicado en un periódico de tirada nacional en el que hacían un rápido pero interensate recorrido por el tipo de figuras masculinas y femeninas que han inundado durante más de cien años las películas que se han ido produciendo y que, para generaciones enteras han supuesto un ideal en cuanto a belleza, destreza, elegancia, etc. Y, precisamente, en el primero de los grupos, se destacaban cualidades de grandes intérpretes clásicos como la elegancia de Cary Grant, la destreza de Errol Flynn o la dureza de antihéroes como Clark Gable o Humprey Bogart. Acerca de éstos dos últimos (y, en especial, más acerca del segundo que del primero) destacaban lo curioso que era que, a pesar de no tener unos rostros "bonitos" -en los términos en los que catalogaban al resto de los actores-, poseían un atractivo único para encarnar papeles que no sólo les iban como anillo al dedo, sino también para los que parecían haber nacido. Desde luego, en lo que a Bogart concierne, no ha habido ni parece que vaya a haber otro actor en la historia del cine capaz de encarnar al "sabueso" duro y rudo como lo hizo él. Y, a pesar de que haya dejado buena muestra de ello en sus numerosas películas, es, casi con toda probabilidad, en "El halcón maltés" donde mejor muestra da de ello -incluso me atrevería a añadir también a "El sueño eterno - The big sleep, 1946" en el mismo grupo, pero eso ya lo comentaremos en otra ocasión.


    Samuel Spade (Bogart) es el responsable, junto a un socio, Miles (Cowan), de una agencia de detectives privados en San Francisco. Cuando una misteriosa mujer llamada Brigid (Astor) acude a ellos para pedirles que busquen a su hermana, quien ha desaparecido después de haber estado filtreando con un extraño palyboy inglés. Inicialmente, es Miles quien se hace cargo del caso pero, cuando es misteriosamente asesinado, Sam tomará el relevo para averiguar tanto quién mató a su socio como para resolver el caso que se les había encargado. No tardará en hacer acto de presencia un orondo hombre llamado Kasper Gutman (Greenstreet), quien informará a Sam de que todo el embrollo en el que se ha visto metido tiene por objeto recuperar una valiosa figura llamada "el halcón maltés".


    Como adelantábamos en la introducción, "El halcón maltés" es un vehículo diseñado específicamente para cumplir, a grandes rasgos, dos objetivos. El primero, hacer una película policiaca y de intriga entretenida, punto que cumple con creces (durante su ajustada duración, Houston a penas pierde el tiempo con diálogos innecesarios que alarguen la acción más de lo necesario), al contar con un guión tan agudo como interesante -acertadísimo convertir el McGuffin de la función en una pequeña figura con forma de ave de la que casi nadie a penas sí sabe cosas-. El segundo, encumbrar a Bogart como la figura del detective privado por excelencia a la que nos referíamos al comienzo. Por fortuna, en "El halcón maltés", ambos objetivos se cumplen a la perfección.



  • MR. HYDE DICE:

  • Esto sí que es cine negro clásico como Dios manda. Detectives más chulos que un ocho, asesinatos, mujeres fatales (aunque aquí son un pelín más “fatal”, y no en el sentido metafórico del término) y objetos secretos de los que nadie quiere hablar pero que todo el mundo pierde el culo por tener. No es que sea la leche de todas las pelis de cine negro que he visto, pero sí una de las que más me han entretenido.


    Porque "El halcón maltés", más que una buena película, es una peli entretenida. El problema que tiene es que todo está preparado como una especie de mecanismo de reloj calculado en exceso. Sé que dicho así parece una de las súper frases que se suelta el de arriba, así que a ver si me explico un poco más. La historia, lo que hacen los personajes, la forma de comportarse, cómo se solucionan las cosas… todo eso te lo enseñan de una forma que da la sensación de que está preparado de antemano, de que no les está pasando de verdad (al fin y al cabo, lo que uno quiere cuando va a ver una peli es creerse lo que le están contando, aunque haya naves espaciales y todo eso). Y esa especie de teatralidad pues como que le quita un poco de gracia al asunto. Ahí ves que deciden el destino de más de un personaje como quien comenta el partido del sábado (Bogart y el gordo mafioso acuerdan cargarle el muerto de un asesinato a uno de los matones del gordo como si aquel no pintara una mierda y, cuando protesta, dos guantazos y arreglado). Otro ejemplo es el de la chica de la película: el que no vea a la legua que la tipa miente más que habla cuando trata de engatusar a Bogart, es que necesita despabilar un poco (por suerte, el amigo Humpfrey también lo arregla explicándole la situación a la muchacha a modo de revés in the face).


    De todas, formas, también es verdad que esto son inconvenientes muy mínimos para disfrutar de la peli. Entre que dura poco y que no se anda por las ramas para contar la historia, se te pasa la hora y media que dura en un suspiro. Además, el ritmo que tiene, para tratarse de cine clásico, que suele ser más normal que se recreen en el arte, está muy bien dosificado, por lo que tienes que prestar atención sin despistarte, porque con el desfile de personajes y pistas que va dando cada uno de ellos, o lo pillas al vuelo, o necesitas que te lo expliquen (o rebobinas hacia atrás para enterarte del asunto). Pero vamos, que merece la pena verla, aunque sólo sea para ver qué entendían hace la pera de años por “ser un tipo duro”. Yo, con estas pelis así tipo gangsters y detectives privados me lo paso pipa.















    domingo, 20 de noviembre de 2011

    CINE A DESCUBRIR: "PROFESOR HOLLAND"


    TÍTULO: PROFESOR HOLLAND

    DIRECTOR: STEPHEN HEREK

    REPARTO: RICHARD DREYFUSS, GLENNE HEADLY, OLYMPIA DUKAKIS, JAY THOMAS, WILLIAM H. MACY

    DURACIÓN: 130 min.

    AÑO: 1995

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Durante los últimos años, ha sido frecuente en Hollywood la realización de largometrajes cuyas temáticas se han centrado, desde las más diversas perspectivas, en la enseñanza, dando lugar a lo que hoy se podría definir como “películas de alumnos y profesores”. En la mayoría de estos casos, sus argumentos suelen girar en torno a las dificultades iniciales que tienen los docentes para hacerse tanto con el control de su clase, como con el respeto de sus problemáticos alumnos, y a las tribulaciones que sufren para poder transmitirles sus conocimientos. De esta forma, uno de los primeros –y más famosos- films que trataron este tema fue “Rebelión en las aulas –To Sir, with love, 1967”, en el que Sidney Portier se las tenía que ver con un grupo de alumnos rebeldes, de quienes iba poco a poco ganándose la confianza, hasta el extremo de que éstos terminaban por apreciarle lo suficiente como para lamentar su partida. Tras el éxito cosechado por este largometraje, se comenzaron a suceder todo tipo de películas similares: buenas (“El club de los poetas muertos – Dead poets society, 1989”), no tan buenas (“El rector –The principal“), y burdas imitaciones de las anteriores (“Mentes peligrosas – Dangerous minds, 1995”, “Déjate llevar - Take the lead, 2006”). Por ello, sorprendió cuando un modesto film llamado “Profesor Holland”, protagonizado por actores conocidos aunque, para nada, súper estrellas, consiguió colarse entre los más taquilleros de la temporada, fueron muchos los que se interesaron por descubrir qué tenía de nuevo este largometraje que no se hubiera contado ya antes. La respuesta se encuentra tanto en su historia como en su reparto y, por encima de todo, en su banda sonora.


    “Profesor Holland” cuenta la historia de Glen Holland (Dreyfuss), quien comienza a dedicarse a la enseñanza musical en un instituto para poder ganar el suficiente dinero que le permita a él y su mujer, Iris (Headley) vivir holgadamente, mientras él dedica su tiempo libre a componer. No obstante, Glen no disfruta lo más mínimo con este trabajo, puesto que no consigue sintonizar con sus estudiantes, ni conseguir que éstos aprendan lo más mínimo. Sin embargo, poco a poco comienza a ganarse el aprecio de los muchachos, y lo que comienza siendo un trabajo temporal se acaba convirtiendo en su forma de vida, sobretodo a raíz del nacimiento de su hijo Cole, a quien Glen pretende inculcarle su amor por la música. Sin embargo, una serie de sucesos relacionados con su hijo harán que cambie drásticamente tanto su vida como la de su mujer.


    “Profesor Holland” está dividida en tres partes, cada una de las cuáles corresponde a diferentes etapas de la vida del protagonista: el film da comienzo en los años sesenta con su inicio en la enseñanza y nacimiento de su hijo, pasando por la madurez –y problemas con su hijo y replanteamiento de ciertos valores familiares-, hasta la vejez en el momento actual. Durante ese periodo de tiempo, la vida de Glen Holland es compartida por el espectador, que asiste a la progresiva transformación del personaje. Hasta aquí, la película parecería una combinación de biopicy drama sin mayores complicaciones Pero, como indicábamos al comienzo, hay una serie de elementos que consiguen convertir a “Profesos Holland” en una película maravillosa.


    En primer lugar, la historia. “Profesor Holland” habla de una buena persona, golpeada por una serie de imprevistos del destino, ante los cuáles el protagonista sufre, pero consigue superarlos de mejor o peor forma gracias a su familia y al amor que les profesa. Y, como suele suceder en estos casos, a la platea le gusta disfrutar con estos argumentos de superación personal y redención, por lo que, a pesar de su duración, el largometraje cautiva desde su comienzo. Además, el guión se preocupa lo suficiente por resultar novedoso como para no centrar su trama exclusivamente en las vicisitudes del profesor, sino que también introduce historias secundarias, como las que se refieren a los diferentes estudiantes a los que enseña (el chaval que necesita aprender a tocar el tambor para seguir en el equipo de rugby, la chica que se siente una inútil por no destacar en algo como el resto de su familia, etc.). Y, como apuntamos, cada uno de estos episodios, en lugar de entorpecer el ritmo y la narración de la película, lo que consigue es complementarlo.


    En segundo lugar, las interpretaciones. El papel que interpreta Richard Dreyfuss requería de una serie de matices de lo más variado (no en vano, el film recorre casi cincuenta años de la vida del protagonista), que el oscarizado actor aporta de forma admirable. En ocasiones, Dreyfuss únicamente necesita una simple mirada para transmitir la emoción pertinente: tristeza, desconcierto, duda, satisfacción… Al respecto, destacan momentos como la primera clase que da después de averiguar el problema que tiene su hijo, o el rostro de emoción contenida ante la despedida del instituto. Asimismo, Glenne Headley no se queda atrás, y le aguanta la réplica a Dreyfuss con asombrosa fuerza (atención al momento en que, derrumbada en la cocina de su casa, le grita a su marido cómo lamenta no poder decirle a su hijo que le quiere), aportando así a su personaje el equilibrio que requiere la historia.


    En tercer y último lugar, la banda sonora. El tristemente fallecido Michael Kamen realiza para “Profesor Holland” una de sus mejores partituras –si no, la mejor-, hecho que también era de suponer si se tiene en cuenta que el argumento no hace sino girar alrededor del anhelo de un hombre por crear una pieza de música. Así pues, temas como Cole’s Tune o la celebradísima An American Symphony no son sino la muestra definitiva del maestro que era Kamen, de lo hermosa que podía llegar a ser su música y, sobretodo, de lo perfectamente bien que es capaz de hacerla casar con las imágenes y con la historia que se cuenta en la película (de nuevo, atención al segmento centrado en Rowena, la muchacha a la que Glenn da el papel protagonista en una obra musical para el instituto).


    En resumidas cuentas, “Profesor Holland” es una película maravillosa, llena de buenas intenciones y mejores valores, que destaca tanto por la belleza de su música como por lo agradable de un relato que es capaz de emocionar a cualquier tipo de público. Recomendable para todo tipo de público. Unauténtico placer a descubrir.



  • MR. HYDE DICE:

  • Pues sí, sin que sirva de precedente, estoy completamente de acuerdo con Jekyll. No puedo sino decir cosas buenas de esta peli –de hecho, es una de mis favoritas-. “Profesor Holland” es una preciosidad, una pasada. De hecho, hace poco sentí algo parecido al ver otra peli –“Criadas y señoras – The help, 2011”- que, a pesar de tener una temática totalmente diferente, tiene esa especie de buen rollo que hace que te interese la historia desde el principio, y que te sientas emocionado por completo con lo que le va pasando a la peña que sale.


    “Profesor Holland”, para ser una peli sobre un profesor de música, es larguita, que dura algo más de dos horas, y eso teniendo en cuenta de qué va, a veces es casi un inconveniente. Pues ya os digo que no se hace nada pesada, sino que te pasas emocionado casi todo el rato. De entrada, el profesor de turno las pasa canutas por una serie de cosas que tampoco vamos a contar ahora para no cagarle la película a nadie. Pero vamos, que el pobre hombre las pasa putas con creces. Y, a pesar de ello, y de algún que otro cabreo que se coge el colega (al fin y al cabo, tampoco es que el pobre hombre sea de piedra), consigue salir de ello con la mejor de las intenciones, y con el apoyo incondicional de su familia y amigos (cojonudo el profesor de gimnasia). Es más, durante toda la película ves que no para de intentar sacar un rato de donde puede para componer su particular sinfonía y que, por mucho que lo intenta, siempre hay alguna otra cosa que se le cruza por medio.


    Aparte, hay un par más de cosas que me gustan mucho de “Profesor Holland”. Una es que veo que el pollo tiene una serie de valores a los que es fiel de cabo a rabo, por muchas tentaciones que se le pongan a tiro, y por muy jodidas que sean las complicaciones que tiene en su casa (agüita con el episodio del hijo). Pero, a pesar de todo eso, ves que el tío tira p’alante con un par de huevos, y bien contento de haberlo hecho. Lo otro que me gusta es que, si se ve con un poco de perspectiva, la película es como una especie de “recompensa” al personaje por una vida bien llevada. Por eso emocionan tanto sus últimos diez minutos (desde que Holland entra al auditorio hasta que termina la peli) y, cuando acaba, tienes esa sensación en la mente de que te ha gustado tanto.


    En fin, que la peli está guapísima, que os la recomiendo. Además, si tenéis ocasión de pillaros la banda sonora, no lo dudéis, que es de esas que merece la pena escuchar tumbado en el sofá de casa y con los ojos cerrados, porque es preciosa. De hecho, creo que es de las pocas bandas sonoras que le llegué a grabar alguna vez a alguien en cassette (¿os acordáis de aquello?). Espero que la amiga a quien se lo grabé, siga disfrutando de ella, entre circuito y circuito. Genial, estupenda.





    sábado, 19 de noviembre de 2011

    CINE EN CARTEL: "MELANCOLÍA"



    TÍTULO: MELANCOLÍA

    DIRECTOR: LARS VON TRIER

    REPARTO: KIRSTEN DUNST, CHARLOTTE GAINSBOURG, KIEFER SUTHERLAND, ALEXANDER SKASGARD, STELLAN SKASGARD, JOHN HURT, CHARLOTTE RAMPLING

    DURACIÓN: 123 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Recién llegada a nuestras pantallas la última película de Lars Von Trier, "Melancolía", viene precedida por la buena acogida que tuvo en el pasado Festival de Cannes, y por la presentación de un largometraje diferente al resto de propuestas realizadas hasta la fecha por el director danés, ya que se perfila como un auténtico análisis de las emociones humanas y, más concretamente, de la sensación de aislamiento de sus protagonistas, combinado con un argumento más propio del cine de catástrofes, ya que se centra en la creciente amenaza que supone para la raza humana el acercamiento a la Tierra de un extraño planeta llamado Melancolía.


    "Melancolía" está dividida en dos partes. En la primera, Justine (Dunst) celebra su boda con Michael (Alexander Sksasgard) en la inmensa finca de su hermana, Claire (Gainsbourg) y su cuñado John (Sutherland). A la celebración acuden tanto los padres de la novia, Gaby (Rampling) y Dexter (Hurt), como su jefe, Jack (Stellan Skarsgard). Durante el convite, saldrán a la luz viejas rencillas entre los convidados (Gaby no oculta su total desaprobación de cualquier enlace matrimonial, Dexter llama Betty a todas las mujeres -incluyendo su propia hija-, Jack demostrará ser un jefe carente de cualquier escrúpulo...) que harán que Justine, progresivamente, se vaya sumiendo en un estado casi catatónico y desprovisto de cualquier tipo de afecto hacia su recién estrenado marido. En la segunda parte, una separada y depresiva Justine se muda a la finca de su hermana, mientras la sociedad dedica su atención a un extraño planeta llamado Melancolía, y que amenaza con estrellarse contra la Tierra.


    Lars Von Trier es un director que, por lo general, no deja indiferente a nadie. Desde los que lo consideran como uno de los grandes visionarios del nuevo cine moderno, un iconoclasta en su máxima expresión, hasta los que opinan que tan sólo se trata de un pretencioso que anhela provocar al espectador, bien a través de sus largometrajes (basta recordar la polémica que desató hace unos años con motivo de su anterior largometraje, "Anticristo - Antichrist, 2009"), o por sus más que cuestionables opiniones (por ejemplo, los recientes comentarios que hizo acerca del holocausto nazi). Por ello, cada nuevo largoemtraje suyo que llega a las pantallas, es recibido con expectación aunque, por lo general, la crítica suele dividirse entre aquellos que aplauden a rabiar sus propuestas, y quienes las abuchean hasta el agotamiento.


    Afortunadamente, "Melancolía" se aleja del tono pseudo documental de algunos de sus anteriores films -especialmente de los etiquetados como pertenecientes a su Movimiento Dogma-, como "Bailar en la oscuridad - Dancer in the dark, 2000", aunque no llega a la originalidad visual y argumental que sí tenían algunos de sus primeros trabajos como, por ejemplo, "Europa - Europa, 1994". No obstante, Von Trier parece decantarse, más que por desarrollar un argumento complejo, por plantear una idea que no pasa en ningún momento de ser eso, una idea. Y es una lástima ya que, plantear tanto la primera parte en que se divide "Melancolía" como la segunda como un puñado de conceptos carentes de evolución limita enormemente el potencial de la película.


    Von Trier, a priori, parece tener todos los ingredientes para hacer una buena película: actores sensacionales (no en vano, las actrices que suelen participar en sus films suelen verse recompensadas con el premio a la mejor actriz en el Festival de Cannes: Dunst, Gainsbourg, Björk...), puesta en escena faustuosa (ese comienzo a cámara lenta, la fotografía de tonos ocres durante la primera parte, y azulados para la segunda) y todos los medios a su alcance. Pero, por desgracia, Von Trier acaba siendo víctima de su propia genialidad plástica, y en lugar de hacer avanzar la historia, se decanta por recrearse con excesivo deleite tanto en el talento de sus actores y actrices como en el diseño de producción e imágenes preciosistas que plagan la película.


    Así pues, "Melancolía" termina por alejarse de lo que se esperaba de ella -un largometraje brillante- para no ser más que un intento fallido de ir más allá de una prometedora idea que no acaba teniendo el trasfondo deseado, y alargando en exceso secuencias que hubieran requerido de otro tempo para no caer en la monotonía.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Menudo coñazo de cojones! Lástima que, si va de un planeta que se va a estrenar contra la Tierra, no lo haya hecho definitivamente nada más empezar la película, así nos habríamos ahorrado el bodrio de dos horas que viene después. En serio, hacía mucho tiempo que no me aburría tanto con una película, y mira que últimamente he visto películas malas pero, al menos, dentro de lo malo que tenían, no me entraban esas ganas de dormir tan brutales. "Melancolía" no será mala película, pero es un tostón infumable, donde ni sacando a la Kirsten Dunst esta con las lolas al aire consiguen que la peña se interese por la historia. Si lo que querían era hacer una peli sobre la depresión, me parece muy bien, pero tampoco es que hiciera falta estar toda la puta película sacando a peña con cara de haberse fumado de todo, que también hay que pensar un poquito en todos los que nos íbamos a sentar en la sala a verla.


    Los actores lo hacen todos muy bien, no tengo nada en contra de eso (también es cierto que si me meto entre pecho y espalda siete gin-tonics, acabo poniendo la misma cara de atrapada que lleva la protagonista, pero esto ya es otra historia). Es más, reconozco que, para soler hace de niña monina, Kirsten Dunst demuestra que sabe hacer algo más que comerle el morro a Spiderman. Y la que hace de hermana suya -no me acuerdo de cómo se llama- también lo borda. El resto de actores son conocidos, pero tampoco de los súper populares, lo que no quita para que también sepan estar a la altura de la parte de historia que les toca hacer, tanto si te caen bien como si no. Pero, como os digo, el problema no es de los actores, sino del guión, de la historia, o de como queráis llamarlo porque, de al forma que lo digáis, "Melancolía" es el remedio perfecto para el insomnio.


    Conste que no la reviento de esta forma porque sí. De hecho, ya os digo que no es mala película, sino aburrida hasta decir basta. La cosa empieza con casi ocho minutos de música clásica, e imágenes -preciosas todas ellas- como de cuadros vivientes (luego te enteras que son trozos de lo que acabará pasando a lo largo de la peli). En esas imágenes, todo es una preciosidad, aunque no entiendas ni papa de qué es lo que estás viendo, ni por qué aparecen así. La lástima es que, después de esos ocho minutos, la peli no se acabe ya, porque nos hubieran hecho un favor tremendo. El resto, que se parte en dos historias, es un bodrio insoportable. En la primera historia, todos los personajes están como una cafetera, y te dan ganas de meterte en la peli para darles un guantazo a cada uno y ponerlos serenos de golpe. En la segunda historia, es que ni siquiera tienes ganas de eso, porque todo se resume en una tipa con ganas de morirse y otros acojonados porque un planeta nuevo se va a estrellar contra la Tierra. Hala, ahí queda la cosa. Y, entre medio de todo lo que os he dicho, muchas miradas, mucho silencio y mucho mensaje tan profundo que, o yo soy muy tonto y no lo he pillado -que puede ser-, o es que lo único que han querido es hacer un tostón como éste a posta.


    En fin, que mi consejo, como amigo desconocido, es que no queráis ir de intelectuales (¿eh Jekyll?) y no sólo os ahorréis la pasta -tío, no puedo creer que me hayas hecho gastar pasta por ver esto-, tiempo y paciencia. Os aseguro que os podéis morir tranquilos sin haber visto este petardo. "Melancolía" se llama... tenía que haberse llamado "Coñazo", que le habría sido más pegadizo.





    viernes, 18 de noviembre de 2011

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "PAUL"


    TÍTULO: PAUL

    DIRECTOR: GREG MOTOLLA

    REPARTO: SIMON PEGG, NICK FROST, JASON BATEMAN, KRISTEN WIIG, SIGOURNEY WEAVER

    DURACIÓN: 103 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • El dúo artístico formado por los cómicos británicos Simon Pegg y Nick Frost alcanzó en su Inglaterra natal una considerable popularidad, gracias a vehículos que popularizaron su particular sentido del humor y que, de paso, les abrieron las puertas del mercado estadounidense. Nos estamos refiriendo a "Zombies party - Shaun of the dead, 2004" y, sobretodo, "Arma fatal - Hot fuzz, 2007" que, a pesar de la terrible traducción que se les dio a ambos títulos entre nosotros, no dejan de ser simpáticas producciones, tan entretenidas como inofensivas e intrascendentes. Por ello, no era de extrañar que, antes o después, ambos actores acabaran siendo protagonistas casi absolutos de algún largometraje realizado en Estados Unidos. En este caso, y antes de embarcarse como actores en la esperada adaptación a la gran pantalla de las aventuras de Tintín a las órdenes de Steven Spielberg y Peter Jackson, Pegg y Frost han protagonizado y escrito a cuatro manos una alocada comedia que tiene como principal reclamo a un extraterrestre perseguido por las fuerzas del orden norteamericanas. No obstante, como particularidad respecto al del resto de films con temática similar, en "Paul" el alien en cuestión es un ser que, durante su estancia en La Tierra, ha adquirido casi todos los defectos imaginables del ser humano, lo que hace que se entienda mejor su grosería, falta de pudor, adicción a bebida y drogas, etc. Eso sí, contemplado desde el punto de vista más inocentón y divertido posible.


    Graeme y Clive (Pegg y Frost, respectivamente) son dos frikis ingleses, fanáticos de todo tipo de literatura de temática alienígena que, tras asistir a un festival multitudinario llamado Comic.con, deciden realizar un viaje por carretera en Estados Unidos, aprovechando la ocasión para visitar aquellos lugares supuestamente célebres por haber tenido algo que ver en el contacto con civilizaciones de otros mundos: Roosvelt, el área 51, etc. Sin embargo, durante su viaje, un aparatoso accidente hace que se topen con Paul, un desmadrado e irreverente alienígena que trata de volver a su casa escapando del FBI. Paul les pide entonces que le ayuden a huir del agente Zoli (Bateman), que lo persigue de forma incansable. Graeme y Clive, que aún no se creen que esto les esté sucediendo, aceptan ayudar a Paul, hecho que les meterá en más de un apuro tan divertido como inesperado.


    Podría pensarse que la mejor baza de "Paul" son los efectos digitales, o el sentido de la aventura y ritmo trepidante, propio de otras producciones de temática parecida. Sin embargo, en esta película, las cosas no funcionan necesariamente de este modo. En "Paul", la estrella es el alienígena, fuente de todas las bromas y chistes que con vierten a este largometraje en un pasatiempo divertido y original. Cierto es que el guión escrito por los dos británicos peca, en numerosas ocasiones, de tópico y repetitivo (el personaje de Ruth, la mayoría de las veces, resulta casi insoportable, mientras que el retrato que se hace de las fuerzas del orden no puede ser más lamentable) pero, por otra parte, también es cierto que está calculado para darle al personaje interpretado por Paul -el cómico estadounidense Seth Rogen es quien lo dobla en la versión original, mientras que en la española es Santi Millán quien realiza tal función de forma más que acertada- la oportunidad de ser lo mejor del film.


    Es más, no resulta tarea fácil retratar a un personaje malhablado y ordinario con la simpatía y carisma que tiene Paul en lo que, casi con toda seguridad, hubiera podido ser un zafio intento de "modernizar" dicho personaje con la introducción de bromas escatológicas o de referencia sexual que habrían estado fuera de todo contexto. Así pues, "Paul" sorprende por la originalidad de sus momentos más estrambóticos (cuando el alien trata de recuperar el pasaporte de Clive, cuando se aparece por primera vez a Ruth, o en los repetidos instantes en que interrumpe las discusiones y cortejos que Graeme quiere hacerle a Ruth). Por lo demás, "Paul", a pesar de un previsible final, no deja de ser un pasatiempo simpático, divertido y, por qué no admitirlo, de lo más recomendable dentro de las novedades que salen esta semana en alquiler. Puede que, dentro de una semana, ya no se acuerden de qué iba la película, pero ello no quita para que, mientras la ven, pasen un rato entretenido.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Qué peli más cachonda! Cuando salió en cine, a principios de este verano, pensé que sería la típica pollada sin gracia, y que todas las bromas iban a ser una parida en la que el alien graciosete diría o haría cuatro chorradas y ya está. Así que preferí esperar a que saliera en el videoclub para, si acababa siendo una mierda, no darme de cabezazos contra la pared por haberme gastado una pasta en las entradas. Ahora ya vista "Paul", os puedo decir que es muy divertida, que no me arrepiento de haberla visto, pero que tampoco era como para haberla visto en la pantalla grande. "Paul" es la típica peli que te ves un fin de semana después de comer, o cuando tienes una tarde aburrida y te lo quieres pasar bien un rato. Funciona de perlas como distracción porque es divertida y, sobretodo, los trozos en los que sale el alien, de lo más cachonda.


    Lo que pasa es que "Paul" tiene momentos muy graciosos y originales pero, de repente, los mezcla con chorradas monumentales. Es decir, te partes la caja prácticamente con todas las salidas que tiene el bicho verde pero, así sin más, o algún personaje humano la caga (los dos policías que ayudan al tío del FBI son, en una palabra, gilipollas, sin la más mínima gracia, y los dos matones del bar tres cuartos de lo mismo). Además, mete la pata estereotipando a personajes que podrían haber dado mucho más juego, como el ultracatólico padre de la chica, o la misma chica (es lamentable cuando intenta hablar mal y suelta palabrotas que no pegan ni con cola, que más que gracia, da pena). Pero, por lo demás, ya os digo que la cosa es divertida.


    "Paul" no es el no va más del humor, ni por asomo. Pero sí que, dentro de la tontería de película que es, tiene momentos en que no puedes evitar reírte. Ahora me acuerdo de momentos como ese en el que los dos frikis y el alien se pasean por el centro de un pueblo y, para que Paul pase desapercibido, lo disfrazan de vaquero. Os juro que es un momento divertidísimo. O como cuando, un minuto después, Paul se hace pasar por un muñeco para disimular dentro de una tienda de esas que tienen monigotes de Luke Skywalker y compañía, y uno de los policías empieza a sobetearlo sin saber que es el alien al que busca. En fin, en resumidas cuentas, es cuando Paul se comporta como un humano (guarro, grosero, fumeta, etc.) lo que, en realidad, hace gracia. Un poco lamentable, lo sé, pero nadie dijo que la peli fuera una obra maestra. Ahora bien, para pasar un rato entretenido y echarte unas risas, ya os digo que sí vale. Pero, sobre el resto, no hay mucho más que rascar, ni tampoco es que lo pretenda. Eso sí, atención a quién aparece al final, cuando "el jefe" da la cara, jejeje...





    jueves, 17 de noviembre de 2011

    CINE ACTUAL: "EL DIARIO DE NOA"


    TÍTULO: EL DIARIO DE NOA

    DIRECTOR: NICK CASSAVETES

    REPARTO: RYAN GOSLIN, RACHEL MCADAMS, JOAN ALLEN, JAMES GARNER, GENA ROWLANDS, SAM SHEPARD, JAMES MARSDEN

    DURACIÓN: 115 min.

    AÑO: 2004

    GÉNERO: DRAMA ROMÁNTICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Si, durante la década de los noventa, pareció ponerse de moda la adaptación de novelas de ciencia ficción y thrillers judiciales (casi parecía que no hubiera libro de Michael Chrichton o de John Grisham que no contara con su correspondiente versión en la pantalla), ahora quien parece estar de moda es el escritor de novelas –principalmente románticas- Nicholas Sparks de quien, en los últimos diez años, se han llevado al cine la friolera de seis novelas. De todos estos largometrajes, el más exitoso de todos (y, dicho sea de paso, el mejor del grupo) ha sido “El diario de Noa”, que el director John Cassavetes (hijo del mítico actor y director John Cassavetes y de la actriz Gena Rowlands, quien también participa en este film), adapta a partir de la novela del mismo nombre, y consiguiendo realizar la que, junto con otros títulos como “Love actually – Love actually, 2003 ” y “Posdata: Te quiero – P.S. I love you, 2007”, es una de las películas más románticas de los últimos años.


    Duke (Garner) es un simpático anciano que, todos los días, le lee una herosa historia a Allie (Rowlands), otra mujer que está, como él, ingresada en un tranquilo asilo. En esa historia, un joven e impetuoso llamado Noa (Goslin) se enamora perdidamente de una hermosa joven llamada, precisamente, Allie (McAdams). Sin embargo, su amor no es bien visto por la madre de ésta, Anne (Allen), quien considera que Noa no es más que un chico de pueblo mientras que su hija, que pertenece a una clase social más alta, merecería estar con alguien de su estilo. Cuando la relación de los dos muchachos se paraliza a causa de la guerra y del fallecimiento del padre de Noa, Frank (Shepard), ambos harán lo posible por volver a encontrarse, a pesar de que Noa haya intentado seguir con su vida y de que Allie se haya comprometido con un oficial de las fuerzas armadas llamado Lon (Marsden).


    Como se puede ver por su argumento, "El diario de Noa" es una película que, independientemente de sus orígenes literarios, está planificada hasta el último milímetro para apelar a la sensibilidad más romántica de los espectadores. Pero, por fortuna, Cassavetes lo hace con sumo gusto, al no forzar la historia de amor entre los dos protagonistas. Ésta es limpia, agradable, desde el momento en que ambos bailan sin música en una solitaria calle de la ciudad, hasta el instante en que hacen el amor en una solitaria mansión o, muy especialmente, en la secuencia del embarcadero bajo la lluvia, que acaba siendo el instante definitivo en la historia de amor de ambos.


    Por supuesto, como toda película romántica que se precie, también cuenta con personajes encargados de desempeñar el rol de "malos" de la función. Así pues, se establece el contrapunto entre el padre de Noa, Frank, que es bonachón y sencillo, hasta su némesis, encarnada por la madre de Allie. Pero, un nuevo acierto del guión, es no empeñarse en etiquetarlos de buenos y malos absolutos, sino que se toma la molestia suficiente como para exponer los motivos que llevan a la madre de Allie a actuar como lo hace (excelente en la secuencia en que lleva en coche a su hija hasta la mina en la que trabaja el hombre del que antaño estuvo enamorada -soberbia acutazión de Joan Allen-). Estos son pequeños detalles que hacen de "El diario de Noa" una película romántica diferente a la previsibilidad de otras historias similares, incluso hasta en su lacrimógeno final


    No obstante, si "El diario de Noa" llama la atención por una cosa es, además, porque no se trata de una relación de amor basa exclusivamente en sus jóvenes protagonistas, sino que trata de ser una historia de amor atemporal. Así pues, la secuencia en la que Duke explica a sus hijos cuáles son los motivos que le mueven a seguir en el asilo, o como cuando la anciana Allie despierta de su letargo y adquiere conciencia de lo que sucede a su alrededor, son momentos que emocionan tanto o más que todo aquello que se le ha contado al público acerca de los jóvenes enamorados.


    Para terminar, tan sólo aconsejar "El diario de Noa", que se es una excelente alternativa a toda esa serie de molestas telenovelas baratas que se quieren hacer pasar por verdaderas historias de amor. Aquí, el relato es fresco, amable y, por encima de todo, bien hecho y consicente de los valores tan hermosos que quiere defender.



  • MR. HYDE DICE:

  • Ya me extrañaba a mí que esta semana no metiéramos algún pastelorro. Bueno, por lo menos, dentro lo romántico, estamos comentando pelis interesantes, que ya es un consuelo. “El diario de Noa” es una película cien por cien para mujeres pero, con la particularidad de que no ofende a ningún tío. Hay castañas monumentales que no sólo van exclusivamente dirigidas al sector femenino, sino que son una ofensa total al entendimiento de cualquier tío con dos dedos de frente (¿Eh, Jennifer Aniston? ¿Eh, Jennifer Lopez? Joer con las Jennifer…). Bueno, pues ya os digo que “El diario de Noa” es bastante soportable. Es más, la verdad es que es de las películas con mensaje, y no me refiero a esas que parecen metidas con calzador, como le pasa a los bodrios de Sarah Jessica Parker y compañía. Aquí, la historia de amor es muy bonita, todo haya que reconocerlo, y es agradable ver cómo, por una vez, se centra en dos personas que deciden estar juntos y quererse por encima de cualquier adversidad, y por encima de cualquier contratiempo de la edad. Sé que suena un pelín cursi dicho así, y que no es mucho mi estilo. Pero cuando las cosas son de esa manera, no queda más remedio que admitirlo.


    “El diario de Noa” sigue el mismo esquema de todas película romántica que se precie: chico conoce a chica, chico se enamora de chica, chico hace que chica se enamore de chico, chico pierde chico y chico recupera chica. En serio, es así de simple. Otra cosa es que el director se haya preocupado de hacerlo más interesante, y de que su peli no sea otra castaña más que ponerle a la churri cuando está necesitada de pegarse una buena llorada en esos días del mes. En “El diario de Noa”, por suerte, la historia es entretenida y más variada. Me explico. De entrada, los personajes no se separan por una chorrada, sino que elementos como la guerra o las diferencias sociales entre clases tienen mucho que ver. Además, las razones que tienen y dan cada uno de ellos parecen igualmente válidas. Traducido, quiere decir que ninguno de los dos se empeña en conseguir al otro desesperadamente, haciendo las típicas americanadas que dan vergüenza ajena. En realidad, cada uno de ellos, cuando llega el momento de la separación, trata de seguir con su vida, conociendo a otras personas, moviéndose de ciudad, ocupándose de sus historias pero, a pesar de todo eso, no pueden evitar volver a coincidir y recuperar el tiempo perdido.


    Ya sé que todo esto suena a petardo sentimentaloide, pero qué queréis que os diga, aparte de que a mí me gustó (aunque sea bastante cabroncete, también tengo mi corazoncito). Además, como os decía, está rodada de forma que no se te hace aburrida, sobretodo teniendo en cuenta que avanza y retrocede en el tiempo, y tanto la historia de los protagonistas de viejos como de jóvenes es muy bonita. Además, hay secuencias conmovedoras sin ánimo de manipularte –al menos, no en exceso- (a mí me gustaron, en especial, las partes del asilo, cuando ves que el viejo hace todo lo posible por seguir leyéndole el libro a la otra abuela, hasta cuando sus propios hijos le aconsejan que renuncie y él se niega rotundamente), y otras hechas exclusivamente para los románticos empedernidos (toda la secuencia del paseo en barca y, después, el momento de amor bajo la lluvia).


    En fin, que “El diario de Noa” es una película bonita, que se deja ver con agrado y que no aburre. Si a eso me sumas que es romántica hasta la médula y que consigue enganchar a los hombres como -sobretodo- a las mujeres, pues qué más quieres. Digamos que ojalá todos los pastelorros estuvieran hechos igual de bien y fueran tan interesantes como éste.





    miércoles, 16 de noviembre de 2011

    CINE DE LOS 90: "SEVEN"


    TÍTULO: SEVEN

    DIRECTOR: DAVID FINCHER

    REPARTO: MORGAN FREEMAN, BRAD PITT, GWYNETH PALTROW, KEVIN SPACEY, R. LEE ERMEY

    DURACIÓN: 127 min.

    AÑO: 1995

    GÉNERO: POLICÍACO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • A finales de la década de los ochenta, en Hollywood, fueron varios los directores que, provenientes del mundo de la publicidad y de los vídeos musicales, consiguieron cierta notoriedad, gracias al éxito alcanzado por las películas que realizaban. Buen ejemplo de ello es Tony Scott, uno de los máximos exponente del nuevo cine de acción que se inició por aquel entonces, y al que otros realizadores como John McTiernan o Richard Donner no tardarían en sumarse. Esta tendencia se acentuó aún más si cabe a mediados de los noventa, cuando una nueva oleada de jóvenes directores procedentes del mismo medio –publicidad y videoclips- comenzaron a realizar de forma notable propuestas cinematográficas tan entretenidas como exitosas. Entre ellos, podríamos destacar casos como los de directores más comerciales (Jonathan Mostow, Michael Bay…), de más “artesanales” (Spike Jonze, Sofia Coppola…), y de una acertada combinación de ambas. En este último grupo es donde cabría incluir a David Fincher quien, tras un fallido debut como director con “Alien 3 -Alien 3, 1992”, fue capaz de realizar un thriller sobrecogedor y lleno de intriga, a lo que contribuyó en gran medida la aportación del carisma de Morgan Freeman y la atractiva presencia de un Brad Pitt que empezaba a demostrar que era algo más que una simple cara bonita. El resultado de dicha unión fue la excelente “Seven”.


    El detective William Somerset (Freeman) está a punto de jubilarse. Su puesto está previsto que lo ocupe otro detective recién llegado a la ciudad, David Mills (Pitt), junto a su mujer Tracy (Patrow). Cuando aparece el cadáver de un hombre asesinado en extrañas circunstancias, Mills se hace con el caso, si bien, a causa de su inexperiencia, se le pide a Somerset que colabore en la investigación. Lo que ambos detectives descubren es que ese crimen es el primero de más asesinatos que parecen seguir un extraño patrón: todo están cometidos de acuerdo con los siete pecados capitales, y cada una de las muertes parece incluir pistas que les llevarán hasta el siguiente crimen. Ante este panorama, ambos detectives comenzarán una macabra carrera contrarreloj para poder detener al psicópata que complete su escalofriante plan.


    No son pocos quienes se empeñaron, en su momento, en establecer paralelismos entre “Seven” y “El silencio de los corderos – The silence of the lambs, 1991”. Dicha comparación no resulta del todo acertada, aunque hay que reconocer que tanto el film de Jonathan Demme como el de Fincher logran convertir una atmósfera macabra –el psiquiátrico en caso del Doctor Lecter y una ciudad desalmada en el caso de los pecados capitales- en un personaje más de la historia que aporta un marco único para el desarrollo de la historia. Así, la forma en que es retratada xx en “Seven”, con esa lluvia constante y tonos grisáceos (estupenda labor del director de fotografía Dariusz Khondji, por otra parte), contribuye a conseguir transmitir mejor al público no sólo el misterio de su argumento, sino también introducirle de forma más efectiva en el mundo de delirio por el que se mueve el asesino.


    Afortunadamente, la dirección de Fincher acierta de pleno al no recrearse en la morbosidad de la historia que nos está contando, que sería lo más sencillo. Así pues, ante los diferentes asesinatos, opta por sugerir más que por mostrar (especialmente los más sanguinarios como los correspondientes a la “lujuria” y la “ira”), lo que consigue crear una tensión brutal, haciendo que la intriga del largometraje vaya in crescendo, hasta su explosivo final -acerca de éste, tan sólo mencionar que es de los finales más a contracorriente e impactantes que se habían visto en muchos años-. Así pues, las secuencias de descubrimientos de los primeros asesinatos (atención al susto general que provoca en la platea el descubrimiento del crimen asociado al pecado de la “pereza”) va intercalado con breves momentos de respiro en los que los personajes quitan hierro al asunto a través de totalmente ordinarias (la cena en el apartamento de los Mills, el instante en el que Mills y Somerset esperan a recibir información de un confidente del FBI, etc.).


    En resumidas cuentas, “Seven” se presenta como un excelente y complejo puzzle en el que cada pieza que encuentran los protagonistas los conduce a un nuevo crimen, suceso en el que el público se involucra desde el comienzo. El largometraje está rodado con tremenda eficacia y dinamismo, lo que permite que, a pesar de lo truculento de su argumento, resulte ser un film tan crudo como fascinante, en el que la tensión no desaparece ni siquiera cuando salen los títulos de crédito, al final del espectáculo.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Qué peliculón! Aún recuerdo cómo se me fruncía el ojete cuando la vi en el cine del cagancho que dan algunas escenas. De hecho, recuerdo un par de cosas: la primera, cómo aullaron las quinceañeras cuando Brad Pitt aparece en la peli por primera vez (era la época en que el pollo aparecía fin de semana sí, fin de semana también en la “Superpop”, qué le vamos a hacer…); la segunda cómo me quedé clavado al asiento desde que aparece el segundo cadáver, el de la “avaricia” (sobretodo, desde que descubren las pistas que da una huella digital que les conduce hasta el tercer asesinato), y hasta el final de la peli. Brutal, en serio. “Seven” es una película cojonuda que te atrapa, quieras o no quieras, desde el primer crimen. Es muy violenta, todo haya que admitirlo (los asesinatos no son más bestias porque no pueden), pero tranquilos, que no se ve nada, sólo cómo quedan los cadáveres que se encuentra la poli y, a veces ni eso. Dicho así no sé si sirve para tranquilizar mucho o justo lo contrario, así que trataré de apañarlo un poco.


    “Seven” es una película de esas de asesinos en serie. Pero no tiene nada que ver con esas mierdas de tíos disfrazados que hacen filete a cuatro rubias tetonas y al equipo de rugby del instituto. Aquí la cosa va pero que muy en serio. El malo es un cabrón trastornado hasta la médula y lo que tienen que hacer los polis para pillarle no es ningún juego de niños. Ya os digo que le prestas atención a todo desde que empieza, porque ni te quieres perder un solo detalle, ni quieres dejar de enterarte de cómo le pueden pillar. Pero, lo que ya es la leche en bote, es que, aún sabiendo quién es, aguanten el misterio hasta el final para resolver los dos crímenes que faltan. Flipante, en serio.


    Además, otra cosa que me llamó la atención de "Seven" es la originalidad de meter de por medio el tema de los pecados capitales. Sabes cuáles son, pero la forma en que el psicópata los aplicará en cada asesinato. Ya os digo que cada muerte tiene una pista sobre la siguiente, de forma que tú, en el fondo, lo que quieres es ver si te puedes anticipar a los polis e imaginar qué puede ser. Pero, amigo mío, nada de eso te sirve para cuando llega el final. Ahí sí que te adelanto que te rompen todos los esquemas habidos y por haber. Y, por suerte, no se salen con la gilipollez de turno de que el malo es Brad Pitt, por ejemplo, o de que todo ha sido un sueño. Aquí el final, aunque de pesadilla, es de lo más real y creíble. Eso sí, si no la has visto y conoces a alguien que sí, haz todo lo humanamente posible porque no te lo cuenten, o ya puedes ir dando por jodida la sorpresa de la película.


    En fin, que "Seven" es una caña. Asusta a veces por lo real que parece todo, aunque sepas que estás viendo una peli. Pero lo que sí sabes es que, nada más empieza, "Seven" no es una película como todas las demás. De hecho, las letras del principio, con ese montaje raro que tiene, ya acojonan. Pero cuando la cosa se acerca a los asesinatos y al sitio en el que vive el asesino, ya flipas. En resumen, que no te la puedes perder. A mí, ya os digo, me dejó los pelos de punta.





    martes, 15 de noviembre de 2011

    CINE DE LOS 80: "ABYSS"


    TÍTULO: ABYSS

    DIRECTOR: JAMES CAMERON

    REPARTO: ED HARRIS, MARY ELIZABETH MASTRANTONIO, MICHAEL BIENH, KIMBERLY SCOTT, TOD GRAFF

    DURACIÓN: 138 min.

    AÑO: 1989

    GÉNERO: CIENCIA FICCIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • A estas alturas, no son muchos los que no piensen que James Cameron es un gran cineasta. Evidentemente, no tiene sentido comparar la aportación del cineasta canadiense al séptimo arte con la de otros genios del cine como los grandes clásicos, o algunos de los “genios modernos” (Kubrick, Coppola, Scorsese, Spielberg, De Palma…). Pero, de lo que no cabe duda, es de que cada largometraje nuevo que se estrena, en el que Cameron se encuentra tras las cámaras, es un acontecimiento casi único: los efectos visuales asombran a propios y extraños, el ritmo es trepidante desde el comienzo hasta el final, las historias (que no los guiones) atrapan por completo al espectador y, todo ello, se traduce en descomunales ingresos en las arcas de sus productoras. Desgraciadamente, la calidad final de sus largometrajes no siempre hace justicia a la revolución visual que se incluye en ellos –“Abyss” es, precisamente, un buen ejemplo de ello- aunque, no obstante, esto no significa que no resulten distraídos y muy entretenidos

    .

    Virgil 'Bud' Brigman (Harris) es un especialista del fondo oceánico, donde trabaja para una empresa petrolífera, a cientos de metros pajo el agua, y desde el interior de una gigantesca plataforma. Tras la colisión de un submarino de la marina estadounidense, y mientras en la superficie se avecina una espantosa tormenta, las fuerzas armadas envían a un grupo de marines, dirigidos por el teniente Coffey (Biehn), a la plataforma para que Bud los ayude a localizar y extraer las cabezas nucleares que transportaba en su interior. La operación la supervisa Lindsey Brigman (Mastrantonio), ex-mujer de Bud, y con la que éste mantiene una compleja relación de amor odio. Sin embargo, una vez bajo la superficie, tanto el grupo de científicos como los militares descubrirán la existencia de una extrañas criaturas de origen extraterrestre. No obstante, la reacción de los militares y de los cinetíficos no será la misma, hecho que provocará importantes enfrentamientos entre ellos.


    A pesar de que hoy casi se considera una película de culto, y de la revolución visual que supuso en el momento de su estreno, lo cierto es que “Abyss” sigue considerándose como el pinchazo en la carrera de James Cameron. Cierto es que carece del encanto y atractivo inicial de otras propuestas del realizador, pero sería injusto calificarla de fracaso, ya que “Abyss”, a pesar de su extensa duración y de lo predecible que pueda resultar por momentos su argumento, no deja de ser un espectáculo visual fascinante. El buen saber hacer de Cameron no se limita tan sólo a las escenas de complicados efectos especiales (que, por otra parte, son asombrosos), sino al dominio de la acción por encima de situaciones tópicas y, en algún que otro momento, un tanto absurdas –la persecución a muerte entre los dos mini submarinos es trepidante, pero no deja de tener poquísimo sentido-. Así pues, podríamos destacar secuencias tremendas como aquella en que el Lindsey se ahoga deliberadamente para que Bud la pueda trasladar hasta el interior de la base submarina y reanimarla una vez allí, la primera aparición del brazo de agua recorriendo los pasillos de la base submarina, la prueba del sistema de respiración consistente en “inundar” los pulmones de un líquido especial o, por supuesto, todo el final, desde el descenso de Bud al fondo del abismo hasta el encuentro final con los alienígenas.


    Como ya hemos apuntado antes, “Abyss” es una maravilla visual. Pero, aparte de los trucajes visuales, quien merece la pena una mención especial es el director de fotografía de origen sueco Mikael Salomon . Solomon, también responsable de la magnífica fotografía de otras películas dirigidas por Steven Spielberg (“Always (para siempre) - Always, 1989”) o Ron Howard (“Llamaradas - Backdraft", 1990, "Un horizonte muy lejano - Far and away, 1992”), lleva a cabo un trabajo impecable, siendo capaz de retratar el fondo marino de las más diversas formas según lo exige la historia en cada momento: misterioso para la parte inicial del accidente del submarino y la secuencia de rescate de los misiles, amenazante para escenas de acción como la persecución de los mini submarinos y el descenso de Harris al abismo, o grandilocuente para el festival luminoso del tercio final. Asimismo, también sería injusto dejar de lado la labor de los técnicos encargados de los efectos especiales del film, ganadores del Oscar por su fantástico trabajo, y que fueron capaces de hacer creíbles todas y cada una de las escenas –incluyendo, muy especialmente, aquellas del tercio final del largometraje-.


    Para finalizar, concluir nuestro comentario acerca de “Abyss” recomendando vivamente la visión de la versión extendida que roza las tres horas. A pesar de su extensa duración, el desarrollo de la historia está mucho mejor realizado y la conclusión deja bien atados todos los cabos que, en la versión comercial proyectada en cines en el momento de su estreno, provocaba la precipitación de todas las conclusiones. “Abyss” no es ni “Terminator 2. El juicio final - Terminator 2. Judgement day, 1991”, ni “Titanic - Titanic, 1997” ni “Avatar - Avatar, 2009”, pero tampoco lo necesita para ser un gran espectáculo y muy bien filmado. No se le puede pedir más.



  • MR. HYDE DICE:

  • Hay dos formas de ver “Abyss”. La primera, que es la que yo os recomiendo, sin prisa y con tiempo para pasárselo bien, sabiendo que es una película de ciencia ficción y sin exigirle demasiado a la historia porque, al fin y al cabo, el guión es una mera excusa para enseñar imágenes de efectos especiales acojonantes. La segunda, que no apoyo para nada, es queriendo juzgarla por su historia (esa especie de alegato antimilitarista), y considerando que poco más de tres horas para contar lo que te acaban contando es un timo, aún más cuando piensas que hay marcianos de por medio. Yo, casi siempre, me decanto por la primera forma, que es la que me permite pasármelo mejor viendo una peli. Y así es como lo hice con “Abyss”. ¿Qué no es “Terminator”? Evidente. Que no es tan entretenida como “Avatar”? Bueno, pues podría ser –porque la de los bichos azules también tiene trozos que se hacen eternos-. Pero de lo que no hay duda es de que “Abyss” es una pasada de efectos especiales y que, para durar lo que dura, se te hace entretenida, estás en tensión, y la flipas con el final.


    Desde luego, no es lo mejor que le he visto a James Cameron. De hecho, en honor a la verdad, hasta me pareció por momentos que “Abyss” era un pelín demasiado ambiciosa, como el pollo hubiera querido demostrar la caña que puede hacer por ordenador, y se le hubiera ido la mano en duración, en diálogos chorra y otras cosas más. Pero mentiría si dijera que no me encantó la película. A pesar de pasar el noventa y mucho por ciento de la peli bajo el agua, consigue mantener el interés suficiente para que tengas ganas de saber qué demonios es “eso” que está a tomar por saco de profundo, y que tiene luces por todos los lados. Y, evidentemente, que les den bien por saco a los nasíos pa matá, que lo único que quieren es reventarlo todo.


    Por supuesto, hay tópicos que se acumulan más que el botox en la cara de Belén Esteban: los militares son los malos malísimos de la función que siempre están con cara de perro y sólo van a lo suyo sin importarles un pimiento el resto de gente; los héroes están dispuestos a sacrificar su vida con tal de salvar una mierda de instalaciones submarinas, etc. Vale. Pero, además de eso, hay momentos impresionantes como esa especie de brazo de agua que se desliza por el interior de la estación submarina, o la persecución de submarinos entre Ed Harris y el miliar cabrón o, por supuesto, toda la parte final con esa ola gigante y el descenso hasta el fondo del abismo. Además, la fotografía es una pasada brutal, no sólo por cómo aparece el agua –casi se puede tocar- sino por cómo lo mezclan con las luces de los aliens (es una pasada, en serio).


    En fin, que a pesar de que dure tres horas, “Abyss” es una peli que recomiendo a quienes no la han visto aún y, sobretodo, a los que les gusta la ciencia ficción. James Cameron no es tonto, que sabe muy bien lo que hace, y cada duro que se ha gastado lo ha puesto en la pantalla. Además, la música es una pasada, con esas voces de coro que lo adornan todo. Vale que no salga Chuache reventándolo todo y diciendo “volveré”, pero no es inconveniente para que te quedes con la boca acierta viendo “Abyss”, independientemente de que haya ocasiones en que tengas la sensación de que la cosa no avanza o de que le sobra media hora fácil de película. Pecata minuta.





    lunes, 14 de noviembre de 2011

    CINE CLÁSICO: "PERROS DE PAJA"



    TÍTULO: PERROS DE PAJA

    DIRECTOR: SAM PECKINPAH

    REPARTO: DUSTIN HOFFMAN, SUSAN GEORGE, PETER VAUGHAN, DAVID WARNER, DONALD WEBSTER, DEL HENNEY

    DURACIÓN: 118 min.

    AÑO: 1971

    GÉNERO: THRILLER

  • EL DR. JEKYLL DICE:


  • Durante los años setenta, no sólo se estaba produciendo una revolución en la sociedad estadounidense (movimiento hippie, final de la guerra de Vietnam, etc.), sino que las inquietudes y temáticas tratadas en las películas que se estrenaban, también suponían una novedad respecto al tono más tradicional y conservador que se había mantenido hasta ese momento, de forma que ambas formas de contar historias acabaron coincidiendo y llamando la atención, cada una a su manera. Así pues, mientras en la parte que podríamos denominar “elegante” nos encontramos obras maestras como “El padrino – The godfather, 1972” o “El golpe – The sting, 1973”, en el grupo de las más “novedosas” se encontrarían una serie de largometrajes que también alcanzaron una notable repercusión aunque, en este caso, debido a las elevadas dosis de violencia que contenían. Ejemplos de este segundo tipo de films, algunos de los cuales están considerados a día de hoy como obras maestras, podrían ser “La naranja mecánica – A clockwork orange, 1971”, “Defensa – Deliverance, 1972”, “Harry el sucio – Dirty Harry, 1971” o, la que hoy nos ocupa, “Perros de paja”. Veamos su historia.


    David y Amy Summers (Hoffman y George, respectivamente) son un joven matrimonio que se muda desde los Estados Unidos hasta un pequeño pueblo inglés, del que es originaria Amy, para que David, que es matemático, pueda trabajar en una serie de teorías sin las distracciones de la gran ciudad. La casa que adquieren está necesitada de reformas, por lo que contratan a un grupo de lugareños entre los que se encuentra Charlie (Henney), antiguo novio de Amy. Sin embargo, a medida que pasan los días, se hace más patente el rechazo y burla de algunos vecinos hacia David, a quien consideran no sólo un bicho raro, sino también un tipo sin agallas. Por ello, mientras algunos de ellos engañan a David un día para llevárselo de caza, otros aprovecharán la ocasión para colarse en su casa y violar salvajemente a su mujer. Este suceso, junto con otro acontecimiento que incumbe también a Henry (Warner), un joven retrasado mental del pueblo, y a la hija de uno de los caciques locales del lugar, hará que David se vea inmerso en una brutal espiral de violencia que tendrá consecuencias extremas.


    “Perros de paja” es una película complicada de comentar. De entrada, podríamos decir que el largometraje dirigido por un inspirado Sam Peckinpah contiene dos historias. La primera abarca la llegada de David y Amy al pueblo y el acoso de los lugareños al joven matrimonio, que culmina con la secuencia de la violación. La segunda, por su parte, comprendería todo el tercio final del largometraje, en el que David decide defender la integridad de Henry aún a costa de tener que enfrentarse directamente con los mismos responsables de la terrible agresión a su mujer.


    En lo que concierne a la primera parte que hemos señalado, Peckinpah lleva a cabo una planificación perfecta en la que el tono violento del relato va in crescendo, de forma que, a través de detalles muy específicos, le permite llegar hasta la primera explosión descontrolada de violencia que tiene lugar con la violación de Amy. De hecho, su personaje está definido desde el comienzo como lo que podríamos llamar “una buscona” que se divierte provocando a los lugareños (ese primer plano de Amy con los pezones erectos bajo un jersey, el continuo coqueteo con los muchachos mientras se ocupan de la reforma de la casa y, por supuesto, el instante en el que deliberadamente deja abierta las cortinas del baño mientras se ducha para que éstos la vean), mientras que increpa a su marido por lo estúpida que la hace sentir a su lado –no en vano, David es un matemático teórico, mientras que Amy no se dedica a nada en concreto-, y lo considera, en el fondo ella también, un cobarde incapaz de enfrentarse directamente a nadie. Por ello, el espectador, aunque no lo apruebe, no se extraña ante el hecho de que Charlie acabe violándola (es más, en dicha secuencia, hay momentos en que da la sensación de que, a pesar de sus continuas negativas, Amy disfruta del acto) si bien, no cuenta con que no será el único. Y, el hecho de que no le confiese nada de lo sucedido a David, es buena muestra de ello, en una excelente secuencia: David se queja furioso de cómo lo han tomado el pelo abandonándolo en mitad de una cacería de patos, mientras que Amy no dice ni una palabra de lo terrible que ha tenido que vivir.


    Por lo que respecta a la segunda parte, Peckinpah coge de la mano al espectador y lo lleva de cabeza a la explosión de esa historia de violencia que ha ido confeccionando. Y lo hace a través de un montaje sencillamente magnífico. Así pues, conforme la situación se va haciendo más y más insostenible en el interior de la casa de los Summer (Charlie y sus colegas empiezan rompiendo unos cristales –resulta curioso que la caracterización de uno de ellos, con una nariz roja de payaso, guarda más de una similitud con el aspecto que presentaba el actor Malcom McDowell en “La naranja mecánica”- para acabar causando estragos a punta de escopeta), hasta el punto que acaba con heridas por aceite hirviendo, peleas a palos y disparos brutales. Por ello, cuando todo ha acabado, el espectador respira aliviado al mismo tiempo que uno de los personajes principales que, tras mirar a su alrededor y no ver más que cadáveres, murmura “Dios mío, lo he conseguido. He acabado con todos”.


    En resumidas cuentas, “Perros de paja” es una película dura, una crónica muy cruda de una historia de violencia que sacude al espectador casi al mismo tiempo que a sus protagonistas. Pero, al mismo tiempo, también es una historia que analiza el comportamiento más oscuro del ser humano, independientemente de que éste se refiera a los “buenos” o a los “villanos” de la función. Hoffman está impresionante en su papel de apocado matemático incapaz de enfrentarse a quienes lo increpan (posiblemente, porque su mujer es consciente de ello, decide no contarle nada de lo que ha sucedido mientras él estaba de cacería); George, por su parte, impresiona con su interpretación de mujer insatisfecha que sufre en sus propias carnes la ola de violencia que, consciente o inconscientemente, ha desatado con su coqueteo descarado (así lo demuestra en secuencias como aquella en la que acude con David a la fiesta de la iglesia, o al final de la cinta, cuando está dispuesta a rendirse con tal de que acabe el ataque a su casa). Así pues, aunque “Perros de paja” no sea el mejor film de Peckinpah, de lo que no cabe duda es que se trata de una de una de sus mejores obras.



  • MR. HYDE DICE:

  • Jekyll me dijo que quería comentar “Perros de paja” porque dentro de poco estrenan una nueva versión en cine de la peli que se hizo hace ya cuarenta años. Yo no había visto el original, así que me tuve que poner las pilas y rescatar el DVD del baúl de pelis pendientes. Y lo cierto es que me alegro, porque me ha gustado bastante, aunque reconozco, como dice el de arriba, que es jodido comentarla sin meterse en un berenjenal. Comprendo que, para la época en que salió, la peli fuera violenta de cojones. Ahora ya estamos más acostumbrados a ver pelis bestias pero, hace cuarenta años, como que tampoco era lo más normal del mundo. Pero, por suerte, es una violencia “justificada” por lo que pasa en la historia, y no tiene que ver con lo que hace Chuache cuando se cabrea, o Rambo en un día cualquiera. Pero bueno, vamos con la película.


    A mí hay un par de cosas que me han parecido desquiciantes. En primer lugar, que la tipa se pasee en plan calientapollas por ahí. Pero vamos a ver, criatura, ¿qué esperas que hagan una panda burros si te pones a marcar aureola a la mínima oportunidad? Si es que te ha faltado hacerles un mapa hasta tus bragas… Y el papel de Dustin Hoffman, por muy que lo haga (eso no lo discuto) no quita para que sea un alelado a base de bien. Normal que los obreros –y el resto del pueblo- lo tome por el pito del sereno, y se la cuelen de mala manera. Por ejemplo, el momento ese en el que quiere que los obreros confiesen que han matado y colgado a su gato, me puso nervioso de cojones. En vez de ir en plan banzai haciendo lo que sea necesario para que se burlen de su abuela (lo de cuando intenta conducir un coche inglés es otra que tal pascual), lo que hace es invitarles a cigarros y a una cerveza. Lo dicho, no se puede ser más gilipollas. Normal que hasta la mujer prefiera, por un momento, estar con alguien como su antiguo novio que con este panoli.


    Ahora bien, nada de eso es justifica la violación a la chica, ni el acecho que le han al final en su casa, para darle una buena tunda al retrasado mental (que esa es otra, porque por muy atrasado que sea el otro, no deja de haber hecho algo para caparlo, y que no contaremos para no quitarle la gracia al asunto). De hecho, para ser sincero, aunque sea la parte más violenta de la película, también es la más interesante porque, como os digo, te pones nervioso de ver que una es tan guarrilla y que el otro está tan empanado. Así que cuando se ponen serias las cosas, casi agradeces que haya un poco más de acción, y que no sea todo tan lento como durante la primera mitad. No tengo ni idea de cómo será la nueva versión que hayan hecho ahora, pero la primera “Perros de paja” está bastante bien. Posiblemente del tipo de película que tarde en volver a ver pero que, de todas formas, me alegro de haber visto. Seguro que para algún forum es una peli que puede dar mucho juego.