lunes, 5 de diciembre de 2011

CINE CLÁSICO: "EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES"


TÍTULO: EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES

DIRECTOR: BILLY WILDER

REPARTO: WILLIAM HOLDEN, GLORIA SWANSON, ERICH VON STROHEIM, NANCY OLSON, FRED CLARK

DURACIÓN: 106 min.

AÑO: 1950

GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Unos años antes de rodar algunas de las comedias maestras del cine ("La tentación vive arriba - The seven year itch, 1957", "Con faldas y a lo loco - Some like it hot, 1959"), y otras propuestas alejadas de ese tono divertido y distendido ("Testigo de cargo - Witness for the prosecution, 1957", "El apartamento - The apartment, 1960"), Billy Wilder realizó uno de los largometrajes más fascinantes de su extensa filmografía, en el que no quiso poner de relieve algunos de los entresijos más comprometedores de la industria del cine, sino también realizar un retrato devastador de la obsesión humana por seguir permaneciendo en la brecha. Para ello, convocó a la soberbia Gloria Swanson, que no sólo acabaría representando el papel de su vida, sino también creando con su papel de Norma Desmond todo un referente para posteriores historias llevadas a la gran pantalla.


    Joe Gillis (Holden) es un guionista de Hollywood que malvive revisando guiones ya esctiros por otros autores, a la espera de poder desarrollar su propia historia. Una noche de tormenta, huyendo de sus acreedores, se refugia en una gigantesca mansión, propiedad de Norma Desmond (Swanson), una malograda actriz de cine que fue una gran estrella hace unos años pero que, ya se encuentra relegada al más absoluto olvido, y cuyos únicos cuidados provienen de su impenetrable e incondicional mayordomo, Max (Von Stroheim). Sin embargo, Norma no hace más que pensar en su fulgurante regreso, por lo que ve en Joe al candidato perfecto para revisar un guión escrito por ella, y para volver a enamorarse. Pero lo que empieza siendo una vida llena de comodidades para Joe, pronto se volverá una relación excesivamente posesiva, sobretodo cuando Joe se enamore de Betty Shaefer (Olson), otra guionista de Hollywood.


    "El crepúsculo de los dioses" llama la atención no sólo por ser uno de los films más poderosos y autocríticos de Billy Wilder, sino por el retrato despiadado que hace de una industria que muy pocas veces se ve reflejada en un largometraje con una visión tan crítica. Para ello, el maestro polaco recurre a la creación de un personaje tan único como el de Norma Desmond, una egoísta y narcisista actriz que, tras vivir su época dorada, se niega a asimilar que ya deba retirarse de la vida pública. Además, la admiración y servilismo incondicionales que le proporciona su inexpresivo criado tampoco la ayuda para ver las cosas tal y como son. Por ello, son las secuencias en las que se establece el enfrentamiento dialéctico con Joe las que mayor progresión dramática le aportan a la película (ver la secuencia en la que Joe se niega a contarle a Norma dónde y con quién a estado durante toda la noche), y en las que más aflora el carácter perturbado de la diva.


    Pero "El crepúsculo de los dioses" es mucho más que una película acerca de la obsesión. De hecho, es un mordaz retrato de la cara más amarga del Hollywood de mediados de los años cincuenta, cuando los grandes directores de estudios y realizadores cinematográficos no tenían ningún reparo en marginar hasta el olvido a los actores que habían caído en desgracia, o que ya no resultaban rentables para sus producciones. Así pues, Wilder realiza una magnífica disección de los entresijos del mismo mundo del cine en el que él se movía, para mostrar ese aspecto tan cruel, en el que ni actores, ni directores (fabuloso cameo de Cecil B. DeMille interpretándose a sí mismo) ni, por supuesto, guionistas, se libran de la quema.


    Por otra parte, otro elemento que también llama la atención es la calidad de las interpretaciones. En "El crepúsculo de los dioses" hay absolutamente de todo: desde la inexpresividad e inamovilidad total de Enrich Von Stroheim como mayordomo y fanático devoto de Norma, pasando por la normalidad más intermedia de Holden y Olson, y terminando en el extremo opuesto que representa la soberbia actuación de Gloria Swanson. De hecho, el film es lo que es gracias a la exageración deliberada con la que Swanson construye a su atormentado personaje, puesto que en pocas ocasiones la sobreactuación ha estado más justificada en el caso de su personaje de antigua diva de "El crepúsculo de los dioses".


    Así pues, a pesar de no ser una obra maestra total como otros largometrajes posteriores del cineasta (como sí lo es, por ejemplo, "Con faldas y a lo loco"), de lo que no cabe duda es de que "El crepúsculo de los dioses" no sólo es una de las mejores películas de Billy Wilder, sino también una de las obras más representativas del buen cine clásico.



  • MR. HYDE DICE:

  • Pues sí que me gustó "El crepúsculo de los dioses", sí. Antes de verla, me sonaba por el cartel ese en el que aparece la actriz principal toda emperifollada y vestida con sus mejores galas, y con una mirada de loca que no se aguantaba. Pero ni sabía de qué iba, ni mucho más, aparte de que estaba dirigida por Billy Wilder, a quien tengo en un pedestal después de que me haya visto "Con faldas y a lo loco" como unas siete veces. Así que cuando empecé a ver esta peli, hubo varias cosas que me llamaron la atención. Aquí os las cuento.


    La primera de ellas fue que la película empezara por el final, con ese plano de William Holden flotando boca abajo en la piscina de una mansión, y contando la historia él mismo en off, más o menos como hacía el personaje de Kevin Spacey en "American beauty - American beauty, 1999" (que, por cierto, no era la idea de Billy Wilder, que quería que la narración empezara con Holden contando la historia en el depósito de cadáveres a otros fiambres que estuvieran en el mismo sitio; pero se ve que, al final, le pareció un poco tétrico y prefirió cambiarlo. ¿A que no lo sabíais?). Así, todo lo que pasa te lo va contando el protagonista principal, que ya sabes que va a acabar más mortimer que otra cosa pero, aún así, la historia te engancha y hasta llegas a olvidar que el tío la palmará al final de todo el asunto.


    La segunda cosa que me llamó la atención fue la actuación de la actriz vieja, la que se revuelve como gato panza arriba a que la gente se olvide de ella, después de haberlo petado como actriz infantil. Y no sólo eso, sino que la tipa esté tan tronada, con esa casa repleta de cuadros y fotos de ella y con su criado casi robótico, por no mencionar las caras de tía loca que pone cuando hay algo que no le gusta, que casi parece que los ojos se le vayan a salir de las cuencas.


    Y lo tercero fue que el guión tuviera tanta mala leche, porque no deja títere con cabeza. Desde el protagonista principal que, al fin y al cabo, no es más que un aprovechado que le saca el jugo a la vieja todo lo que puede, pasando por el criado que fomenta que la tía siga como una cabra y que esté dispuesto a asumir todas las culpas del mundo con tal de que a ella nunca le pase nada. Además, también hay detalles que hacen que hasta te sientas un poco agobiado, como la decoración recargada a más no poder de la casa (es una sensación parecida a la que daba el Xanadú de "Ciudadano Kane - Citizen Kane, 1941", pero a la inversa), o que no haya picaportes en las puertas para que, si la señora intenta volver a suicidarse, que la puedan rescatar a tiempo.


    En fin, que "El crepúsculo de los dioses" mola, está guapa. No es una comedia al uso, y puede llegar a poner un poco nervioso el carácter posesivo de la protagonista, pero eso no hace que no sea un película de lo más recomendable, y un análisis de la obsesión como pocas veces se suele ver en una peli de cine clásico.





    domingo, 4 de diciembre de 2011

    CINE EN CARTEL: "IN TIME"


    TÍTULO: IN TIME

    DIRECTOR: ANDREW NICCOL

    REPARTO: JUSTIN TIMBERLAKE, AMANDA SEYFRIED, CILLIAN MURPHY, VINCENT KARTHEISER, ALEX PETTYFER, OLIVIA WILDE

    DURACIÓN: 107 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: CIENCIA FICCIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • El cine de ciencia ficción moderno parece estar viviendo de nuevo una época dorada. Tras dejar atrás unos años en que parecía que los todopoderosos George Lucas y Steven Spielberg eran los únicos capaces de destacar en este género, las nuevas aportaciones -excelentes muchas de ellas- de directores como Christopher Nolan con "Origen - Inception, 2010" (una de las películas preferidas de Hyde), Duncan Jones con "Código fuente - Source code, 2011", o Vincenzo Natali con "Splice - Splice, 2011" han demostrado que aún queda mucho por decir, y mucho por disfrutar con sus innovadoras propuestas. En el caso que hoy nos ocupa, ha sido el responsable de la curiosa y muy recomendable "Gattaca - Gattaca, 1997", Andrew Nicol, quien ha desarrollado una historia de ciencia ficción de lo más original, repleta de excelentes ideas y planteamientos que, pese a no ser íntegramente una película de género fantástico, al derivar en su segunda mitad hacia los cánones más predecibles de la acción, sí que se presenta como una propuesta llamativa y de lo más recomendable. La ex estrella del pop Justin Timberlake y la cada vez más ascendiente Amanda Seyfried son sus principales protagonistas.


    En un futuro próximo, la sociedad mide su vida en tiempo. La población está controlada por un dispositivo genético que se activa a los veinticinco años de vida de cada sujeto de forma que, a partir de ese momento, quienes no sean capaces de conseguir más tiempo (a través de su trabajo, donaciones, préstamos...), morirán cuando su contador llegue a cero. Por el contrario, quienes consigan el tiempo suficiente, tendrán la apariencia física de una persona de veinticinco años hasta que se queden sin tiempo. Will Salas (Timberlake) es un muchacho que vive en uno de los barrios más humildes de la ficticia ciudad de Greenwich. Un día, mientras se toma una copa en un bar, consigue ayudar a un particular millonario de ser atracado y asesinado por Fortis (Pettyfier), el matón local. Tras su huída, el misterioso desconocido le confiesa a Will que tiene más de cien años, por lo que ya ha perdido todo su interés por la vida. Como recompensa por haberle salvado la vida, le dona a Will todo su tiempo, por lo que muere a los pocos minutos de hacerlo. Cuando Will se ve en poder de tantísimo tiempo, decide utilizarlo para infiltrarse en los barrios más sofisticados de la ciudad (a los que tienen limitado el acceso) para poder destruir el sistema que regula la vida de la gente de forma tan injusta. Sin embargo, las cosas se complicarán cuando conozca a Sylvia (Seyfried), hija de uno de los magnates que controla el mercado del tiempo, y cuando el agente de la policía Raymond (Murphy), especialista en "casos de tiempo" vaya tras la pista de Will, al considerarlo el responsable de la muerte del desconocido millonario.


    El planteamiento con el que arranca "In time" es excelente. Por una parte, llama la atención la ausencia completa de gente mayor y, por otro, la forma en que la diferencia entre las clases sociales se mide en la cantidad de tiempo que cada una posee. Así, mientras los más humildes viven prácticamente al día, los más pudientes se permiten el lujo de jugarse el tiempo (décadas y siglos enteros) en los casinos. Evidentemente, cuanto más tiempo poseen unos, menos les queda a otros para poder sobrevivir, y viceversa. Esa distinción tan abrupta está contemplada de una forma cristalina en el largometraje, que cuida detalles tan esenciales como el comportamiento de los individuos pertenecientes a cada uno de estos segmentos (sensacional la secuencia en que Sylvia comprende en seguida que Will no es de los suyos porque va con prisa a todas partes), o la diferencia de ambientes entre las zonas en que vive cada segmento demográfico, y que en la película se retrata como si de ghettos se tratase.


    Sin embargo, también es cierto que "In time" no pretende ser ninguna obra maestra de la ciencia ficción por lo que, expuesto y desarrollado de forma bastante coherente su argumento (lo que incluye una tragedia personal importante en el entorno familiar de Will), da la sensación de que Niccol decide convertir lo que resta de su largometraje en una versión futurista de las aventuras Robin Hood, todo ello aderezado con estupendas secuencias de acción pero que, a pesar de su efectividad, carecen de la originalidad y garra con la que había arrancado el film. A pesar de ello, secuencias como el enfrentamiento a vida o muerte en el que Will y Fortis se juegan todo su tiempo, o en la que un inasequible Raymond persigue sin tregua por los tejados y por carretera a Sylvia y Will, está filmadas con un sentido del ritmo encomiable, que ayuda a que la historia avance, ayudando al público a permanecer en sintonía con los acontecimientos que se van desarrollando (atención a la sensacional fotografía de Roger Deakins -colaborador habitual de los hermanos Cohen, y toda una celebridad en su campo-, y a la muy acertada banda sonora compuesta por el británico Craig Armstrong -excelente el tema Abduction-).


    En resumidas cuentas, podríamos decir que "In time" es una grata experiencia dentro del cine de ciencia ficción más reciente, que demuestra que gracias a la originalidad de un argumento se puede construir una película de lo más entretenida, a pesar de que la tendencia original de su comienzo parezca irse convirtiendo progresivamente en una película de acción con buenas intenciones. Y esto queda dicho no como un defecto, sino como una buena prueba de que, cuando en Hollywood quieren arriesgarse, pueden surgir largometrajes tan interesantes como "In time": distraídos, trepidantes, bien narrados, con una puesta en escena efectiva, y con unas actuaciones que acaban sorprendiendo por su corrección y adecuación tanto a la historia como a los personajes que interpretan. Recomendable para pasar un rato entretenido.



  • MR. HYDE DICE:

  • Lo dije antes y lo vuelvo a repetir: me encantan las pelis de ciencia ficción que demuestran que no hace falta estar dos horas viendo naves espaciales y bichos raros para ser entretenidas y originales (y cuidado, que me encanta "La guerra de las galaxias", Dios me libre de decir lo contrario). Pero es que, cuando te pones a ver una peli que te cuenta una historia que pasa en un futuro cercano y no todo está hecho una mierda, oscuro a más no poder, con las alcantarillas sacando vaho todo el rato, y donde las personas parecen todas unos atajos de yonkis, ya de entrada es un puntazo. Y, si además está hecha de forma que se te pasa el tiempo -chistaco para el que haya visto "In time"- volando, pues aún mejor. "In time" demuestra que, sin ser una obra maestra de la ciencia ficción como, por ejemplo, sí me lo pareció "Origen", se puede hacer una peli entretenida desde el minuto uno hasta el último, trepidante y, sobretodo interesante y, repito, original.


    En este caso, si metiéramos en una coctelera un poco de Robin Hood, otro poco de Bonny & Clyde, y le sumáramos unas gotas de "La fuga de Logan - Logan's run, 1976" y "Gattaca", el resultado sería algo muy parecido a "In time". Como ya os digo, "In time" tiene uno de los argumentos más originales y mejor planteados que he visto recientemente en una peli de ciencia ficción. No obstante, eso no la convierte ni en un súper peliculón ni en una pasada de las que no se olvidan, pero sí que consigue convertirse, pese a sus leves fallos, en un pasatiempo cojonudo para distraerte el fin de semana (y, posiblemente, en una de las pelis más interesantes que hay ahora mismo en la cartelera. ¿Habéis visto el montón de mierdas que están poniendo ahora mismo?).


    En efecto, el principio de "In time" es tan novedoso y está tan bien hecho que consigues conectar inmediatamente con la gente esa que no puede vivir más de unos pocos años si no consiguen la forma de aumentar su vida. Primero, porque llama mucho la atención que te enseñen a padres centenarios con pinta de chavales; o que la suegra, la mujer y la hija parezcan todas colegas de la misma pandilla (os juro que el momento en que el padre de la chica le presenta a Timberlake a las mujeres de la familia, la gente se reía de lo original que lo habían hecho). Y eso por no hablar de que la madre del protagonista esté de toma pan y moja -es la famosa "13" de la serie "House"-. O que los chorizos de turno sea tiempo lo que se juegue, y todo eso por no hablar del hecho de que todo se mida en minutos e, incluso, segundos.


    Ahora bien, lo que empieza siendo una peli de ciencia ficción muy bien llevada, pronto parece convertirse en una versión un pelín light de "El fugitivo - The fugitive, 1993", desde el momento en que Timberlake se escapa de la policía con la chica. Ahí es donde empieza la parte más peli de acción, dejando la ciencia ficción ya un pelín olvidada -eso, en "Origen", no pasaba-. Pero que nadie se tome eso como algo malo, porque ya os digo que la película es estupenda para pasar un buen rato en el cine. Además, está hecha de perlas y, para mi sorpresa, Timberlake demuestra que hay más vida después del bailoteo para adolescentes, porque hay que reconocer que el chaval actúa de lo más bien (creíble y tal, no como los memos de "Crepúsculo"). Así que ya sabéis, si queréis pasar un rato viendo una peli distraída, entretenida, muy muy interesante y que os lo haga pasar pipa poco menos de dos horas, "In time" es vuestra película. Al menos de esta semana.



    sábado, 3 de diciembre de 2011

    CINE A DESCUBRIR: "DARK WATER"


    TÍTULO: DARK WATER

    DIRECTOR: HIDEO NAKATA

    REPARTO: HITOMI KUROKI, RIO KANNO, MIREI OGUCHI, ISAO YATSU

    DURACIÓN: 101 min.

    AÑO: 2002

    GÉNERO: TERROR

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • A finales de la década de los noventa, parecía que el cine de terror se encontraba en una etapa de estancamiento. En Estados Unidos, parecía haber “resucitado” con cierta fuerza la moda por las tendencias cinematográficas más propias del slasher adolescente (películas en las que un asesino desconocido –normalmente, enmascarado o disfrazado-) con films tan populares como la serie “Scream” iniciada por Wes Craven, o con las dos partes de “Sé lo que hicisteis el último verano”. Pero, por desgracia, dicho interés empezó pronto a mostrar señas de agotamiento cuando se empezaron a estrenar numerosos largometrajes de temática similar (las dos partes de “Leyenda urbana”, “Halloween”, o “La matanza de Texas”) que, a pesar de estar enfocadas, sobre todo, a un público adolescente, no acabaron de cosechar el éxito de éstos otros. Es por ello que, cuando el género de terror parecía irremediablemente abocado a una género más próximo al “susto” que al terror como tal, en Japón comenzaron a surgir una serie de largometrajes que, sin contar con elevadísimos presupuestos, se las ingeniaban para provocar sustos tremendos en las plateas, y contar historias que ponían los pelos de punta a los espectadores. De esta forma, el gusto por pasar miedo con una película, parecía hacer resucitado gracias a estas nuevas y originales propuestas. De los directores orientales especializados en esta nueva moda, el nipón Hideo Nakata es, casi con toda probabilidad, el referente más significativo ya que, desde que aterrorizara a las audiencias de medio mundo con su archiconocida “El círculo – Ringu, 1998”, cada nuevo proyecto en el que se ha involucrado no ha hecho sino aumentar las dosis de misterio y terror que se desprenden de sus historias. En el caso que hoy nos ocupa, “Dark water” es, con diferencia, no sólo una de las películas más terroríficas de su filmografía, sino también del reciente cine moderno y, por qué no admitirlo, de la historia del cine.


    Yoshimi (Kuroki), tras su divorcio, se muda, junto a su hija pequeña, Ikuko (Kanno), a un apartamento de las afueras de Tokyo. El edificio, un gigantesco bloque de hormigón, a pesar de su aparente robustez no disimula su antigüedad por lo que, cuando Yoshimi se queja al impasible portero (Yatsu) de una gran gotera que ha aparecido en su dormitorio, la reacción de éste es más bien de indiferencia. Sin embargo, una serie de circunstancias (la aparición de una extraña mochila roja de niña, los atascos en los grifos, sonidos de pasos...) hacen que Yoshimi que en el apartamento parece haber algo extraño que no consigue comprender del todo. Mientras tanto, la gotera, cada vez se va haciendo más grande, a lo que se una una extraña historia que Yoshimi escucha acerca de una niña pequeña, que vivía en su mismo apartamento, y que desapareció misteriosamente hace unos años.


    Desde el comienzo “Dark water” propone un juego al espectador: éste debe dejarse llevar por la historia que le proponen sus responsables y, a cambio, se le garantizan noventa minutos de intriga, misterio y, sobretodo, miedo. Ya desde los primeros minutos en que vemos esos flashback en los que una niña pequeña parece encontrarse sola en su escuela, el público ya intuye que no va a suceder nada bueno. Asimismo, la aparición del nuevo edificio en el que Yoshimi y su hija van a mudarse, mostrado bajo esa llovizna incesante no hace sino ir creando paulatinamente el clima de misterio en el que se va a tener lugar el grueso de la acción (atención al momento en que, mientras suben por primera vez en el ascensor, Yoshimi da por hecho que es su hija quien le coge la mano).


    A partir de aquí, Nakata se las ingenia para desarrollar la historia de una madre y una hija, cuya tranquilidad se ve amenazada por las constantes interferencias causadas por un “ser” que se manifiesta en el momento más inesperado, y de forma totalmente inocente (esa mochila roja de la que parece imposible deshacerse, las primeras manchas de humedad en el techo, los ruidos de puertas que se abren y cierran, etc.). No obstante, es a partir de la mitad del metraje cuando Nakata hace avanzar verdaderamente esa historia moderna de fantasmas, no necesitando ya recurrir a meras insinuaciones sino que prefiere empezar a mostrar aquello que ha ido intrigando a los personajes (citar al respecto la secuencia en la que Yoshimi sube a la azotea siguiendo a lo que cree que es una niña, hasta que descubre el depósito de agua que hay allí). Lo que llama la atención de esta decisión, es que funciona de maravilla, reforzando la sensación de miedo que se ha acumulado hasta ese momento.


    No obstante, es en su tercio final cuando Nakata pisa el acelerador a fondo, haciendo que el público se agarre con fuerza a las butacas. Desde el instante en que el apartamento de Yoshimi comienza a inundarse (impresionante la secuencia de esa bañera desbordad teñida de negro en la que parece haberse perdido su hija), hasta la indescriptible secuencia en el ascensor, donde tiene lugar uno de los momentos más terroríficos visto en años. Lástima que, “Dark water”, en su clímax no consiga seguir a la altura del ritmo creciente que ha mantenido hasta ese final aunque, por otra parte, tampoco se le puede pedir mucho más a un largometraje que ha conseguido poner los pelos de punta a los espectadores de esa forma. Por consiguiente, “Dark water” se acaba confirmando como una de las películas de terror más efectivas y bien construidas hasta la fecha, exponente del mejor cine de miedo (que no de sustos) filmado hasta hoy. Sobresaliente y aterradora. No se puede pedir más.



  • MR. HYDE DICE:

  • Comprendo perfectamente el flipe que tiene Jekyll con “Dark water”. Los dos la vimos en una filmoteca bastante cochambrosa, en una pantalla no muy grande, pero con la sala a reventar de gente. Y os puedo asegurar que el miedo que pasamos allí no lo había pasado yo nunca viendo una peli. Ni siquiera con “El resplandor - The shining, 1980” que, hasta ese momento, era la que más de punta me había puesto los pelos. La vimos en versión original subtitulada, cosa que os recomiendo sin dudarlo, más que nada porque luego volví a verla en castellano y el doblaje es bastante lamentable –de hecho, al momento final en el ascensor se le quita todo el canguelo sólo con la voz con la que grita la tiparraca-.


    La putada de “Dark water” es que, para verla a día de hoy, ya le falta esa novedad que tenían las pelis de miedo japonesas cuando empezaron a salir. Ahora ya, rara es la peli de miedo que no tiene que ver con niñas cabizbajas que tienen todo el pelo tapándoles la cara. Si te pones a contar, tienes las dos partes de “The ring”, “Llamada perdida”, y “El grito”, así que si ninguno ha visto una de este tipo, pues mejor para él, porque el resto pensarán que es lo que ya les han contado mil veces antes. Supongo que es como ver las últimas partes de “Scream” y compañía, donde la que te acojonaba era la primera, pero una vez que te lo han contado ya hasta aburrir, ni te asustas ni nada (más bien te despelotas de la risa). Es más, hasta el propio director es el que hizo la versión americana de “The ring 2 (La señal 2) – The ring 2, 2005”, o sea que imaginado cómo estará el patio para que, hasta el mismo pollo que ha bordado su propia película, la tenga que volver hacer para que la vean los yanquis.


    Pero bueno, que nada de eso tiene que ver para que “Dark water” sea una peli que te pone los cataplines de corbata. Primero, porque la historia es más de misterio que no de hacer que saltes del sillón y, segundo, porque no se andan con chuflas de casas malditas, fantasmas de peña asesinada ni polladas por el estilo. Aquí, más que fantasmas hay apariciones –por llamarlas de alguna forma-, que no quieren acojonar a los protagonistas porque sí, sino que es como si una historia que han empezado a contar no hubiera acabado, sino que quisiera seguir pero con otras personas. Bueno, creo que me estoy haciendo la picha un lío, así que será mejor que la veáis vosotros mismos y saquéis las conclusiones que os parezcan.


    Eso sí, agüita con la escena del ascensor al final de la peli, que ahí es donde Jekyll casi se cae del asiento del cagancho que le entró. Lo que parece es que los japos le han cogido gusto a eso de meterle miedo a la peña en el cuerpo dentro de un ascensor, porque ahora me acuerdo también de otra peli japonesa (o taiwanesa, no lo sé muy bien…) llamada “The eye – Gin gwai, 2002” en la que hay un trozo en el que una ciega sube en un ascensor y empieza a notar como que hay alguien detrás de ella. No es que llegue al nivel de “Dark water”, pero me hizo acordarme de ella. En fin, que os aconsejo que no os perdáis esta película, porque si ya la veis con las luces apagadas y en una buena tele, la caquita en el culete está asegurada.





    viernes, 2 de diciembre de 2011

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "NUESTRA CANCIÓN DE AMOR"


    TÍTULO: NUESTRA CANCIÓN DE AMOR

    DIRECTOR: OLIVIER DAHAN

    REPARTO: RENÉE ZELLWEGER, FOREST WHITAKER, ELIAS KOTEAS, NICK NOLTE, MADELEINE ZIMA

    DURACIÓN: 110 min.

    AÑO: 2010

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Desde que el cine es cine y, muy especialmente en a lo largo de las últimas décadas, no han sido pocos los directores o guionistas que han buscado desesperadamente conmover al público con las películas que ruedan. Hay ocasiones en que lo consiguen con resultados más que satisfactorios y otras en la que dichos intentos se acaban diluyendo en el olvido. Por el contrario, hay largometrajes que conmueven sin buscarlo (me viene a la mente la excelente y recientemente estrenada en España “Criadas y señoras – The help, 2011”) y otros que, pese a pretenderlo de forma más o menos insistente, no lo consiguen aunque tampoco molestan. “Nuestra canción de amor” forma parte de este último grupo ya que, a pesar de ser una cinta correcta que tiene claros tanto sus bazas acertadas como sus debilidades, el último film dirigido por el francés Olivier Dahan no pasa de ser una película intrascendente, tediosa por momentos pero que, pese a todo, está llena de buenas intenciones y finales esperanzadores.


    Jane (Zellweger) es una cantante que, a causa de un accidente automovilístico, enviudó y quedó condenada a una silla de ruedas para el resto de su vida. Desde entonces, no ha vuelto a cantar, y sobrevive gracias a las ganancias que obtuvo cuando aún se dedicaba a la música. Jane es amiga de Joey (Withaker), un pobre hombre que quedó trastornado cuando, a causa de un incendio, vio cómo ardía casi toda su familia. Joey convence a Jane para que lo acompañe a una pequeña localidad de Nueva Orleáns, ya que allí va a dar una ponencia un escritor especializado en la existencia de los ángeles –a los que Joey asegura que puede ver e, incluso, hablar-. De paso, la intención de Joey es facilitar el reencuentro de Jane con su hijo Devon, al que Jane tuvo que dar en adopción tras el accidente al no poder hacerse cargo de él. En su viaje, lleno de imprevistos y situaciones embarazosas, conocerán a Dean (Koteas) un ladrón de poca monta que les jugará una mala pasada, Billie (tt), una chica joven que busca desesperadamente a su marido desaparecido, y a Caldwell (Nolte), un viejo cantante que malvive tocando su guitarra en salas de conciertos de tercera.


    Una de las primera cosas que llama la atención de “Nuestra canción de amor” no tiene en absoluto que ver con el largometraje. O, al menos, de forma directa, sino más bien acerca de la forma de promoción del film. En la carátula, se hace hincapié en que “Nuestra canción de amor” está protagonizada por dos ganadores del Oscar, y que su director es mucho más que un francés de renombre, ya que fue el responsable de hacer que Marion Cotillard se alzara también con la preciada estatuilla por su estupenda recreación de la malograda Edith Piaf. Se ve que buena parte del tirón comercial que pretendían explotar los productores del largometraje reside precisamente en ello, en los involucrados a nivel artístico en el proyecto. Es más, incluso se subraya que la música de la película ha sido compuesta por Bob Dylan, cuando esto suele ser una mínima mención en los créditos finales de cualquier película (al no ser que estemos haciendo referencia a alguna de las colaboraciones del grupo Queen, que casi hacían más famoso al film, esta vez sí, por su música que por la propia película). Con ello, lo que pretendemos indicar es que, acudiendo al refranero popular, mucho ruido y pocas nueces, ya que “Nuestra canción de amor” no es más sino un intento fallido de construir una historia emotiva de gente que sufre y lucha por alcanzar su propia redención.


    “Nuestra canción de amor” parece ser un quiero y no puedo de cualquier historia emocionante y, sobretodo, emotiva. Si no, resultaría complicado entender el sentido de secuencias como aquella en la que Jane y Joey cenan con la familia de Billie, momento en el que, por unos minutos, se sienten parte de una familia, instante que concluye con un bonito espectáculo de fuegos artificiales. Esta secuencia parece querer lanzar a gritos al espectador que se conmueva ante tanta emoción reflejada en la pantalla pero, sin embargo, no se produce dicho efecto. Además, tampoco ayuda demasiado ni la música compuesta por Bob Dylan ni el montaje, excesivamente lento en secuencias que requerirían de una mayor agilidad (ver toda la secuencia de los momentos previos a la actuación de jane junto a Caldwell, o la confusión en que torna la persecución en coche). En resumidas cuentas, “Nuestra canción de amor” es un film fallido, al no conseguir transmitir esa desesperada sensación de empatía al público y que, sin molestar, tampoco consigue otra cosa que distraer lo justo para no aburrirse. Prescindible como opción para alquilar este fin de semana.



  • MR. HYDE DICE:

  • Ésta ha sido una semana floja en cuanto a estrenos de videoclub. Posiblemente, el más destacado haya sido la segunda parte del resacón en Las Vegas pero, como ya hablamos de ella en su día, cuando salió en cines, nos hemos tenido que decantar por otra que, a priori parecía prometer lo suyo (que tampoco era mucho, pero menos daba una piedra). La afortunada ha sido “Nuestra canción de amor” que, pese a tener uno de los títulos más cursis del año –para una vez que podían haberle puesto en castellano uno que no tuviera nada que ver con el original, va y lo traducen tal cuál-, no tiene nada que ver con las películas romanticonas y pastelorras más típicas. A decir verdad, no tiene nada que ver con ninguna historia de amor tal cuál, sino que el tema es más el drama de una ex cantante amargada porque un accidente de tráfico la dejó en silla de ruedas. A partir de aquí, el resto de la peli es el dramón de la pobre muchacha, que sobrevive de mala manera, por conseguir soportarse a sí misma (qué penoso lo que le pasa en el bar, al principio de empezar la película), sobretodo gracias a la ayuda de un amigo que está más zumbado que el que voló sobre el nido del cuco. Si a eso llamáis historia de amor, pues vale aunque, a mí, la peli me ha parecido más bien de esas de sobremesa del fin de semana que no algo en lo que merezca la pena gastarse la pasta sacándolo del videoclub.


    Los dramas emocionales no están del todo mal, siempre y cuando lo que te cuentan merezca la pena y no sea un tostón, o que los personajes sean todos una panda de capullos integrales que te caen a cuál peor. Lo que le pasa a “Nuestra canción de amor” es que no es ni una cosa ni la otra. Pretende ser una peli para que Renée Zellweger pueda demostrar que hay vida más allá de Bridget Jones, así que la sacan en una silla de ruedas, sin maquillaje y como si se acabara de levantar, para de la sensación de lo chunga que es la historia (eso sí, los tatuajes de sus brazos lucen más falsos que una moneda de cuatro duros, y a la pobre mujer le quedan como una patada en la entrepierna). Por su parte, Forest Withaker se limita a hacer de Forest Withaker, siempre con esa cara de estar más p’allá que p’acá, y con una sonrisa que ya no se sabe si es un tic o que el hombre está contento (tendré que ver la peli por la que se llevó el Oscar, porque me cuesta creer que realmente fuera capaz de hacer algo diferente a lo que hace casi siempre), sin hacer mucho más en toda la película.


    “Nuestra canción de amor”, que podría haberse convertido en una entrañable historia de apoyo mutuo entre dos pobres diablos, se acaba quedando en tierra de nadie, y no consigue ni a la de tres que sintonices con ellos. Es cierto que hay momentos, como cuando Jane canta por primera vez desde su accidente, o como cuando está a punto de encontrarse con su hijo, que hacen que sientas verdadero interés por lo que te están contando. Pero el resto es de lo más intrascendente. De hecho, hay un par de momentos en que personajes secundarios (los mejores, dicho sea de paso) desaparecen casi por las buenas, y te la pela olímpicamente que no vuelvan a salir ya más. Así que es una lástima que por culpa de la historia, o del director, la peli te deje frío y que, cuando llevas ya una hora, reces para que no dure otra más. Así que si la opción es ver “Nuestra canción de amor” o la del resacón, os aconsejo a la de ya que prefiráis ésta segunda. Y, si no está disponible, que reviséis alguno de los clásicos que os sugerimos, o de las pelis a descubrir, que fijo que son mucho más interesantes que ésta.





    jueves, 1 de diciembre de 2011

    CINE ACTUAL: "MAMMA MIA!"


    TÍTULO: MAMMA MIA!

    DIRECTORA: PHYLLIDA LLOYD

    REPARTO: MERYL STREEP, PIERCE BROSNAN, COLIN FIRTH, STELLAN SKARSGAARD, JULIE WALTERS, CHRISTINE BARANSKI, AMANDA SEYFRIED

    DURACIÓN: 108 min.

    AÑO: 2008

    GÉNERO: COMEDIA MUSICAL

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • De sobra es sabido que no hay novela, obra teatral, musical, o cualquier otra obra cultural y/o artística de éxito que pase desapercibida para los productores de los estudios cinematográficos de Hollywood. De hecho, hay ocasiones en que se adquieren los derechos de adaptación a la gran pantalla incluso antes de ser creados (sobretodo en lo que a las novelas se refiere). Por este motivo, era cuestión de tiempo que, tras el descomunal éxito alcanzado a lo largo y ancho del mundo, el musical “Mamma Mia!”, escrito a cuatro manos por varios integrantes del grupo musical sueco ABBA, fuera objeto de su correspondiente versión filmada. Sin embargo, en el caso de “Mamma Mia!”, la película, la complejidad que representaba su conversión en largometraje residía, por una parte, en conseguir que el ritmo dinámico y alegre de su puesta en escena quedara también reflejado en la película, a causa de los abundantes y variados números musicales que lo componen; por otra parte, cabía asegurarse de que los actores que fueran a participar en ella tuvieran tanto aptitudes para el canto y el baile, como que poseyeran las características necesarias para encajar en los personajes del libreto a los que tenían que dar vida. Así pues, cuando todos estos elementos ya quedaron claros, se puso en marcha la filmación de “Mamma Mia!”, cuya historia sigue paso a paso el argumento que ya se desarrollaba en el musical.


    Sophie (Byrnes) es una joven adolescente que está a punto de casarse. Vive en una pequeña isla griega donde ayuda a su madre Donna (Streep) a llevar el negocio familiar: un pequeño pero acogedor hotel que se encuentra al borde del Egeo. Sophie nunca ha sabido quién es su padre, ya que su madre nunca se lo ha dicho por lo que, con motivo de la proximidad de su enlace, ésta decide enviar una invitación a tres hombres con los que sabe que su madre mantuvo una relación poco tiempo antes de quedarse embarazada, con la esperanza de que, entre alguno de estos tres desconocidos, se encuentre su padre biológico. Los sujetos en cuestión son Sam (Brosnan) –un arquitecto de éxito-, Harry (Firth) –un hombre de negocios inglés- y Bill (Skarsgaard) –un escritor y aventurero especializado en libros de viaje-. Los tres hombres acuden a la isla sin tener conocimiento unos de otros, y sin conocer los auténticos propósitos de Sophie. Por si esto fuera poco, las mejores amigas de Donna, Rosie (Walters) y Tanya (Baranski), también se desplazan hasta la isla para asistir al enlace. Los enredos comenzarán en el momento en que todos se reencuentren.


    Por lo general, suelen ser los musicales los que se inspiren en algún largometraje para dar lugar a sus puestas en escenas y representaciones, tal y como ha sucedido, por ejemplo, con “Fiebre del sábado noche – Sturday night fever, 1977”, “Grease – Grease, 1978” o “El rey león – The lion king, 1994”. Sin embargo, en el caso de “Mamma Mia!” ha sucedido justamente lo contrario, por lo que aquellos que tuvimos la ocasión de disfrutar con el exitoso musical, también pudimos verlo en celuloide. No obstante, como ya apuntábamos al comienzo, el éxito de “Mamma Mia!” dependía del acierto del reparto. Cierto es que el casting resulta, como poco, llamativo, al contar con intérpretes que, a priori, no cuelen encajar demasiado con los personajes a los que dan vida (no nos referimos sólo a la actuación, sino también a la destreza de los mismos para cantar y bailar, tal y como exige el guión). Al fin y al cabo, estupendos actores como Meryl Streep o Pierce Brosnan son más propios a interpretar otro tipo de personajes que en nada se parecen a los de este largometraje.


    Sin embargo, todas estas dudas se disipan a los pocos minutos de metraje, pues absolutamente todo el reparto está fantástico. Cada intérprete borda su rol con la alegría y entusiasmo que exigía una producción de estas características, convirtiendo así a “Mamma Mia!” en una de las comedias más amable y simpáticas de todo el año. Mención especial merece Meryl Streep por su interpretación, pues la genial actriz es capaz de diferenciar perfectamente en qué escenas debe permanecer más seria (sensacional el tema The winner takes it all a dúo con Brosnan) y en cuáles dar rienda suelta a toda su comicidad (insuperable los números Dancing Queen y Mamma Mia). Asimismo, el resto del reparto también cuenta con su momento de gloria, en el que dejan bien patente lo bien que se lo están pasando –e, indirectamente, que se lo quieren hacer pasar al espectador-, y lo desenvueltos que se muestran en cada uno de los números (impagable Christine Baranski en el número Does your mother know o Julie Walters y Stellan Skarsgaard en cada plano en que aparecen).


    En fin, que “Mamma Mia!” sabe mantener a la perfección el nivel de entretenimiento y enredo del musical en el que se basa, consiguiendo también no sólo hacer disfrutar al espectador, sino también que sus piernas se muevan solas al ritmo de las estupendísimas canciones compuestas por el grupo sueco. “Mamma Mia!” es una comedia en la que las canciones no entorpecen el ritmo del largometraje, sino que más bien le otorgan un dinamismo que difícilmente hubiera alcanzado de haberse limitado a ser una comedia convencional más. Así pues, acaba siendo una de las películas más divertidas de la temporada y, por supuesto, de lo más recomendable para todo tipo de público.



  • MR. HYDE DICE:

  • Vaya por delante que las pelis musicales me parecen un bodrio de narices. Por mucho estilo y reconocimiento que tengan esas de Gene Kelly o tipo “West side story – West side story, 1961”, a mí me aburren que te rilas. En cambio, un buen musical representado en teatro, con una puesta en escena de esas que flipas sí que me gusta –llamadme raro si queréis-. Yo, como Jekyll, tuve ocasión de ver “Mamma Mia!” en el Lope de Vega de Madrid (mi chica ganó un concurso literario y nos dimos el capricho con la pasta del premio; y ya sé que esto no viene a cuento, pero a mí también me gusta presumir de churri), y durante las dos horas y pico que duró la representación, no hubo un solo momento en que me aburriera. Por no decir que me divertí como hacía mucho tiempo que no me divertía en un teatro (hasta los mismos actores hacían participar al público cantando y bailando). Por eso, cuando salió la peli de “Mamma Mia!” con esos actores que, ya de entrada, te caen bien, mentiría si dijera que no me apetecía un montón verla . Aunque, también es verdad, que me daba un poco de cosa que no estuviera a la altura de lo que a mí me había parecido una pasada de espectáculo. Pues, por suerte, resulta que “Mamma Mia!”, the movie es otra caña de España.


    La película es casi un calco del musical, ya que toda la historia es exactamente la misma de principio a fin, aunque también es cierto que se dejan alguna canción por el camino para que no te tengas que pasar media vida en el cine. Lo que quiere decir que si te gustó el musical, te gustará la peli; y si no has visto ninguno de los dos, pues tienes la oportunidad de dejar que la película te sorprenda. Ahora bien, aviso importante en caso de que no te gusten las canciones de ABBA: o te centras en el argumento que tiene la historia y te olvidas de los momentos en que suena la música o, directamente, te ahorras las casi dos horas que dura. A mí, por suerte, me encantan, así que la diversión fue 2x1.


    De “Mamma Mia!” me quedaría, canciones aparte, con los momentos de más enredo, como cuando Sophie tiene poco menos que hacer le pino para que su madre no se entere de sus planes, o para que ninguno de los tres desconocidos a los que invita se enteren de por qué están allí los otros (genial el momento en que los tres deducen, por separado, que son el padre de la criatura y se ofrecen a llevarla al altar; todo ello a ritmo de un remix cojonudo de las canciones Gimme Gimme y Voulez-vous). O, aún mejor, cuando una de las viejas –con perdón- no para de tirarle la caña a ese Indiana Jones de rebajas que hace de marinero, o la otra que se ha divorciado cuatro veces y sigue en busca de carne fresca. En serio que es tronchante. Pero lo que más me sorprendió es lo brutal que lo hace Meryl Streep, porque ya sabíamos que los dramas los hace como nadie, pero os aseguro que flipáis si la veis cantando y bailando (cuando salta sobre la cama con sus amigas, la alegría es tan contagiosa que a ti te entran ganas de hacer lo mismo). Por el contrario, no llama tanto la atención que Brosnan haga del tipo encantador al que está acostumbrado –a ver cuándo se dan cuenta en Hollywood de lo estupendo que es este actor cuando se quita el smoking de 007 y hace comedias-, aunque haya momentos en que al pobre hombre le salga algún que otro gallo mientras canta. Pero vamos, que se perdona sin ningún problema.


    Otro añadido es que “Mamma Mia!” está rodada en unos sitios bonitos a rabiar, ya que toda la historia está ambientada en Grecia, así que las islas y calas que aparecen son de turismo de cinco estrellas. Además, creo que el director de fotografía es griego –si no lo es, ya os digo que con el nombre que tiene, español fijo que tampoco-, con lo que se ve que el hombre se ha empeñado en hacerlo todo más bonito aún. En fin, para no enrollarme más, sólo acabar diciendo que “Mamma Mia!” es una pasada, divertida y entretenida a manta, así que si queréis pasar un buen rato en casa (solos o con amigos), ésta es una opción estupenda.





    miércoles, 30 de noviembre de 2011

    CINE DE LOS 90: "ENTREVISTA CON EL VAMPIRO"


    TÍTULO: ENTREVISTA CON EL VAMPIRO

    DIRECTOR: NEIL JORDAN

    REPARTO: TOM CRUISE, BRAD PITT, ANTONIO BANDERAS, KIRSTEN DUNST, CHRISTIAN SLATER, STEPHEN REA

    DURACIÓN: 119 min.

    AÑO: 1994

    GÉNERO: TERROR

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • En Hollywood suele suceder, aunque con poca frecuencia, que una película resulte polémica antes incluso dar comienzo su rodaje por causas ajenas a la propia realización. Enfrentamientos entre creadores, lucha de egos entre intérpretes que comparten cartel, aceptación de caprichos extravagantes a las estrellas de la función, etc. Ahora bien, que estos problemas vengan causados por los autores literarios en los que se basan las películas rodadas a causa de una desaprobación total por parte del reparto de la misma, sí suele ser una excepción casi absoluta a la regla. Y, sin embargo, eso es lo que comenzó a dar publicidad a la adaptación cinematográfica de su novela "Entrevista con el vampiro" escritas por Anne Rice, puesto que la autora se mostró contraria desde el inicio a que una súper estrella como Tom Cruise diera vida a su personaje principal, el vampiro Lestat. Aunque, lo cierto es que, polémicas entre novelista y productores aparte, "Entrevista con el vampiro" se convirtió en todo un acontecimiento no sólo por el cambio en la fulgurante carrera artística que suponía este personaje para Cruise, sino por el reparto tan impactante con el que contaría el film, así como por la violencia nada disimulada de algunas escenas, y argumento.


    La acción comienza cuando Louis de Pointe du Lac (Pitt) le relata a un periodista (Slater) la historia de cómo se convirtió en vampiro, más de doscientos años atrás. Siendo Louis un joven acomodado perteneciente a la alta sociedad burguesa del sur de Estados Unidos, a finales del siglo XVIII, quedó traumatizado por la repentina muerte de su esposa e hija. Deprimido y sin ganas de vivir, una noche es atacado por una misteriosa criatura. Ésta resulta ser Lestat (Cruise), un vampiro que decide convertirle en uno de los suyos para liberarle del dolor y, además, poder tener alguien con quien compartir su no-vida. Sin embargo, Louis no se hace a la idea de cómo debe "vivir" su nueva existencia por lo que, junto con Lestat y Claudia (Dunst), una pequeña niña abandonada tras la muerte de su madre, se muda a Londres tras prender fuego a todas sus propiedades en territorio Americano. Allí, conocerá a Armand (Banderas) un vampiro que lo apoyará cuando Louis decida cobrarse su peculiar venganza contra quienes lo han convertido en lo que es.


    Son varios calificativos que se le podrían otorgar a "Entrevista con el vamprio": faustuosa, cuidada, elegante, violenta, fascinante, poderosa... El largometraje dirigido por el irlandés Neil Jordan es una verdadera maravilla visual, donde la sociedad de finales de siglo XVIII es retratada con todo su esplendor, ocupando una parte importantísima del largometraje la plasmación de la vida de los vampiros a los que dan vida los intérpretes principales. A nivel técnico es prácticamente impecable: la decoración de Dante Ferretti es sensacional (ver al respecto, la recreación de esa Nueva Orleans victoriana, o del teatro de los vampiros en la capital inglesa); la fotografía de Philippe Rousselot consigue captar esa sensación de suciedad y, al mismo tiempo, de refinamiento propio de los ambientes más sofisticados de una decadente Nueva Orleans; el vestuario logra definir a los personajes casi por sí solos; y la música compuesta para la ocasión por Elliot Goldenthal -sustituyendo al inicialmente previsto George Fenton- es una de las bandas sonoras más escalofriantes y fabulosas que se han escuchado para una película de estas características (mención aparte merece la primera pista, Libera me, en la que un coro de voces infantiles es capaz de captar la esencia de película de terror con una eficacia pocas veces vista; o el tema Sympathy for the devil que versionan los Guns N' Roses al final de la película, mientras Lestat asesta su golpe final a bordo de un coche).


    Por su parte, el director Neil Jordan, consciente del caramelo que tiene entre manos, le saca todo el jugo posible a una historia que contaba con una alta probabilidad de perderse entre la suntuosidad de su ambientación. En cambio, Jordan retoma la puesta en escena intrigante y misteriosa que ya había desarrollado con éxito en su espléndida "En compañía de lobos - The company of wolves, 1984", para dotar al peligroso juego de seducción y muerte de Lestat de una ambientación que funciona de maravilla con el resto de la historia. Buen ejemplo de ello es tanto el travelling inicial en el que la cámara recorre las calles de San Francisco hasta llegar al piso en el que Luois aguarda al periodista, como la primera aparición del vampiro ante un moribundo Louis en su habitación, o la famosísima secuencia del incendio que provoca Louis en el teatro de los vampiros en el instante en que perpetra su particular venganza.


    Finalmente, en lo que a las interpretaciones se refiere, si hay un nombre que merezca la pena destacarse por encima del resto -por cuestiones diferentes a las derivadas del estatus personal- es el de Tom Cruise. Cruise, tal y como acabó reconociendo la misma Anne Rice, ofrece una de sus mejores interpretaciones como ese ambiguo vampiro que disfruta condenando a una no-vida de asesinatos indiscriminados a otros seres humanos (atención al momento en que logra seducir a dos prostitutas con el fin de beber su sangre, o como cuando se ríe ante la voracidad con la que Louis bebe de su propia sangre). Desgraciadamente, la interpretación de Brad Pitt no se encuentra a la misma altura que la de su compañero de reparto, ya que éste parece perdido en ocasiones entre una interpretación más "pasiva" de su personaje, al que no dota de la misma intensidad (sus miradas perdidas parecen más propias de su personaje de Tristan en "Leyendas de pasión - Legends from the fall, 1994" que no de un vampiro que sufre una condena eterna). Por fortuna, el resto de actores secundarios acaba animando la función (Banderas borda su breve intervención, y Dunst se convirtió en el auténtico descubrimiento de este largometraje) y haciendo de "Entrevista con el vampiro" un film violento pero fascinante, un auténtico placer para poder disfrutar de las películas de vampiros alejado de los clichés más sobre explotados, y como pocas veces se había mostrado hasta el momento.



  • MR. HYDE DICE:

  • Cuando se estrenó en los cines "Entrevista con el vampiro", no me la dejaron ver. Se ve que mis padres pensaron que una historia sobre vampiros que no paran de cargarse a gente a base de chuparles la sangre, no le podía hacer mucho bien a su retoño (ya veis...). Supongo que por eso, las ganas de verla no hacían más que crecer -ya sabéis cómo va esto- así que, cuando tuve la oportunidad de verla, no sólo lo hice con gran expectación, sino con ganas de que me gustara de verdad. Y me gustó. Mejor dicho, me encantó. Me quedé flipado con lo cojonudos que son los vampiros, desde los más "inocentones" hasta los cabrones más retorcidos. Pero lo chulo de "Entrevista con el vampiro" es que no te sueltan el típico rollazo de Drácula y compañía, sino que los vampiros aparecen como seres atormentados y rallados con eso de tener que matar para poder seguir por el mundo.


    Evidentemente, ni qué decir tiene que "Entrevista con el vampiro" no tiene nada que ver con esos truños de "Crepúsculo" donde lo que entienden por vampiros es a cuatro lactantes imberbes (para los de la E.S.O., "lacatantes imberbes = niñomierdas depilados") que no tendrían ni media leche si Lestat se plantara ante ellos. En esta peli, todo es alo grande, desde los decorados que ya decía Jekyll hasta lo pipa que se lo tienen que pasar todos haciendo de chupa sangres. Además, otra cosa buena que tiene "Entrevista con el vampiro" es la historia, que interesa desde que empieza en el presente, hasta que te cuenta lo que pasa doscientos años atrás.


    La pena es que Pitt parezca más perdido que un pollo sin cabeza, porque el pobre hombre se pasea como si le hubiera dado un aire (se ve que él pensó que los vampiros con remordimientos de conciencia tenían que ir empanados por la vida, digo yo). Pero el resto, lo borda, y eso que no soy ningún fanático de Tom Cruise, pero he de reconocer que aquí se sale haciendo de vampiro. Eso sí, a veces no tienes muy claro si es un vampiro al que le gusta más la carne o el pescado -no es muy normal ser tan amiguito de Brad Pitt en la peli, por muy fiambres que estén los dos-, pero hasta le da como una especie de morbillo adicional que está muy guapo (me encanta el trozo ese en el que se pone de decirle horteradas a una puta para hacer que se confíe y beberse luego su sangre, pinchándola con una especie de dedal puntiagudo que lleva).


    En fin, que "Entrevista con el vampiro" es una peli cojonuda, que no tiene nada que ver con lo que hemos visto ya mil veces antes de vampiros y demás monstruos, sino que aquí la historia va mucho más allá y te cuenta una parte nueva que no habíamos visto antes. Además, si a eso le sumas una música que da canguelo y unos decorados y trajes de época de lo más currado, lo que queda es una peli estupenda, interesante hasta un final que no te esperas, y que te gusta a pesar de que haya sangre y muertos a tutiplén. Ah, y un consejo para las chicas: no asusta ni hay cosas así en plan peli de terror, así que no digáis que no la queréis ver porque no os gustan las de miedo, que "Entrevista con el vampiro" no va de ese palo. Y, si no me creéis, comprobadlo vosotras mismas. A mí, desde luego, me encantó.



    martes, 29 de noviembre de 2011

    CINE DE LOS 80: "EL PRECIO DEL PODER"


    TÍTULO: EL PRECIO DEL PODER

    DIRECTOR: BRIAN DE PALMA

    REPARTO: AL PACINO, STEVEN BAUER, MICHELLE PFEIFFER, ROBERT LOGGIA, F. MURRAY ABRAHAM, MARIA ELIZABETH MASTRANTONIO

    DURACIÓN: 173 min.

    AÑO: 1983

    GÉNERO: POLICIACO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • La lista de las películas que, tras su estreno, se convierten, casi al instante, en films de culto, a pesar de no haber resultado un gran éxito comercial, no es muy larga. Pero si, el largometraje en cuestión, además, es un remake de una de célebre película de cine negro clásico, está protagonizado por uno de los mejores actores de la historia del cine y dirigido por un genio del suspense moderno, la lista se reduce aún más si cabe. En este caso, el clásico revisado es el film de Howard Hawks “Scarface, el terror del hampa – Scarface, 1932”, el mítico actor es Al Pacino, el nombre del cineasta que orquestó la puesta en escena Brian de Palma, y el nombre que se le dio en nuestro país a la película resultante “El precio del poder”.


    Tony Montana (Pacino) es un exiliado cubano que llega a Miami junto con su mejor amigo, Manny Ribera (Bauer) y muchos expatriados más. Una vez allí, consigue ganarse el favor de uno de los capos locales llamado Frank López (Loggia), quien lo introduce en el mundo del tráfico de drogas. Tony, poco a poco consigue ganarse el favor de los grandes narcotraficantes, hecho que lo enfrenta directamente con Frank y con su mano derecha, Omar Suárez (Murray Abraham). Sin embargo, la gota que colmará el vaso será la atracción nada disimulada que empieza a sentir Tony por Elvira (Pfeiffer), la novia de Frank, lo que llevará al joven delincuente a decidir asestar a Frank el golpe definitivo para hacerse con todo el negocio. La cosa se complicará cuando también entre en escena Gina (Mastrantonio), la hermana pequeña de Tony, de quien Manny se enamora.


    “El precio del poder” es un retrato brutal del hampa vinculado no sólo con el tráfico de drogas, sino también con todo lo relacionado con este mundo del crimen organizado: chantaje, asesinatos, ajustes de cuentas, etc. A lo largo de sus más de dos horas, De Palma orquesta la impresionante odisea de un individuo cualquiera (la primera impresión que uno tiene de Tony Montana desde que Pacino aparece pro primera vez en la pantalla es que se trata de un charlatán descarado) que, dispuesto a salir de la miseria y de convertirse en alguien importante a cualquier precio, asciende dentro de los negocios sucios vinculados con el narcotráfico. Sin embargo, De Palma no se limita a contar únicamente este ascenso meteórico (y que ocupa la primera hora de metraje), sino que, consciente también de que cuanto más alta es la escalada más alta es la caída, se preocupa por retratar el descenso a los infiernos de un personaje que, incapaz de darse cuenta de que ha alcanzado mucho más de lo que jamás hubiera podido imaginar (tremenda la secuencia en que, tras ocupar la que había sido la casa de su mentor, aparece en el cielo un dirigible con un rótulo luminoso en el lateral, en el que se puede leer El mundo es tuyo), se empeña en abarcar aún mucho más.


    Sin embargo, como ya comentábamos, De Palma no parece haber tenido ningún reparo a la hora de rodar algunas de las escenas más violentas que se recordaban –al menos hasta ese momento- en una película de cine comercial. Al respecto, citar la secuencia de tortura que un grupo de traficantes aplica a base de motosierra sobre uno de los compañeros de Tony en el interior de una bañera, o la forma en que un narcotraficante sudamericano se deshace de un soplón desde un helicóptero. Y, por supuesto, todo el final, cuando Tony, recluido en su gigantesca mansión y esnifando una montaña de cocaína, hace frente a los enviados por su ex-socio sudamericano para liquidarlo. Sea como sea, “El precio del poder” es mucho más que simple violencia plasmada en una película -la huella de Oliver Stone como guionista de la película se hace más que patente-. Es una obra personal impresionante, que dio mucho de lo mejor de su director y estrella protagonista principal. De hecho, a día de hoy es raro quien no recuerda la insuperable interpretación de Al Pacino, quien no sólo hizo olvidar casi del todo al film original en el que se basa (de hecho, no sería nada exagerado que se conoce la versión de Hawks gracias al remake de De Palma), sino que creó un personaje único en la historia del cine, célebre tanto por su falta de escrúpulos y conciencia como por la forma de hablar –y vestir- y, sobretodo, de comportarse de acuerdo con unos principios puramente mafiosos (atención al momento en que jura que él no matará a su mentor para, acto seguido, ordenárselo a su mano derecha).


    Afortunadamente, el tiempo ha tratado bien a “El precio del poder”. Es cierto que tanto la fotografía de John A. Alonzo como la música de Giorgio Moroder le dan un toque más retro para las estéticas más actuales, por no resulta ningún impedimento para que, hoy en día, siga siendo un espectáculo tan exageradamente violento que casi resulte nostálgico. Además, cada plano contiene una magia especial que hace que el espectador, a pesar de lo cruda de la historia, no pueda apartar los ojos de la pantalla. Y esto es un efecto que muy pocas películas logran seguir consiguiendo pasados los años.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Jo, qué pasada de peli! Cuando la vi por primera vez (creo que ya la he visto unas cuatro o cinco veces), me impresionó bastante su violencia. No porque haya muertos a mansalva, como en cualquier película de Rambo, sino porque los asesinatos y las matanzas son tan realistas que casi parece que se están cargando a la peña delante de tus narices (agüita con la escena de la sierra mecánica en el baño). Pero es una especie de violencia que le pega a la historia. Es como cuando se pegan tiros en “El padrino – The godfather, 1972”, que no intentan hacerlo en plan fingido sino que, cuanto más real y auténtico, mejor.


    Al Pacino está impresionante haciendo de mafioso cubano, un poco sobreactuado, pero cojonudo. Es más, cuando está haciéndose con el control de la organización en Miami, lo ves así como con pinta de cabrón que le quiere clavar el cuchillo por la espalda a su jefe a la mínima oportunidad; y, cuando ya está como Dios en el Sinaí, lo ves con una mirada en plan vicioso que te rilas. Además, lo que me llama la atención es que Tony Montana es un tío que en su puta vida parece que vaya a ser feliz, sino que siempre quiere más, aunque no pueda disfrutar de todo lo que consigue. Y si no, daos cuenta de una cosa: consigue hacerse con el negocio de Miami, le roba la chica a su jefe, se hace con el control del trapicheo de droga en toda la Costa Este (¿ésa es la parte en la que está Miami, no?), consigue encontrarse con su hermana, y vive en una mansión que ni la de Falcon Crest. Pero, en lugar de mantenerse y aprovecharlo, lo manda todo a tomar por saco por querer involucrarse en más y más cosas. Creo que por eso me encantan tanto los dos momentos en los que aparece la frase mítica esa de The world is yours, tanto cuando ha conseguido ser en “rey”, como cuando la peli acaba y se puede leer en una estatua que hay dentro de una fuente (y no diremos más al respecto).


    Además, la forma que tiene el director de hacer la peli es brutal. Y no sólo porque no se corte un pelo en enseñar tiroteos y droga a cascoporro, sino porque sabe que Tony Montana es un tío con los huevos tan bien puestos que no le importa exagerar con algunas cosas: meter la jeta en medio de una montaña de cocaína, así como forma de pirámide, que tiene sobre su mesa, y luego va con la cara como si hubiera estado amasando pan; la decoración recargada que te cagas de toda la casa y, en especial del cuarto de baño –toda mi casa cabe en ese cuarto de baño; o la forma de vestir tan hortera de todos los que salen, con los cuellos de las camisas abiertos hasta los hombros y por encima de las solapas de las americanas.


    En fin, que “El precio del poder”, a pesar de durar prácticamente dos horas y media, no se hace larga para nada, y resulta muy interesante –sobretodo porque tienes esa cosa dentro de saber si, al final, la cosa le sale bien al pollo, o le dan matarile-, y está chulísima. Ah, y atención a otra frase mítica: cuando, al final, Al Pacino se quiere cargar a los que asaltan su casa y, mientras coge un fusil de asalto y apunta poniéndoselo entre las piernas, grita: “¡Saludad a mi amiguita!” ¡Juas, qué brutal!





    lunes, 28 de noviembre de 2011

    CINE CLÁSICO: LA MUERTE TENÍA UN PRECIO"


    TÍTULO: LA MUERTE TENÍA UN PRECIO

    DIRECTOR: SERGIO LEONE

    REPARTO: CLINT EASTWOOD, LEE VAN CLEEF, GIANMARIA VOLONTE, KLAUS KINSKI, LUIGI PISTILLI

    DURACIÓN: 125 min.

    AÑO: 1965

    GÉNERO: WESTERN

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • A principios de los años sesenta, comenzó a destacar en el panorama cinematográfico italiano la obra de un particular director, cuyos primeros largometrajes ambientados en el Oeste norteamericano se consideran hoy mitos del séptimo arte, tanto por el modo en que están realizados, como por la fama que le supuso a su principal actor –Clint Eastwood-, como por la música del genio Ennio Morricone que las ambientaba. Su nombre era Sergio Leone, y esos films, los llamados “La trilogía del dólar”, entre los que se encontraban “Por un puñado de dólares – Per un pugno di dollari, 1964” y “El bueno, el feo y el malo – Il buono, il brutto, il cattivo, 1966”, a los que, en su conjunto, también se les acabaría conociendo por el término "spaghetti-western", al tratarse de co-producciones italoamericanas. Para el caso que hoy nos ocupa, “La muerte tenía un precio es el segundo largometraje de esta trilogía.


    En mitad de una polvorienta región del centro de los Estados Unidos, dos hombres dedicados a la caza de delincuentes por la que ofrecen una suculenta recompensa, llegan a un pueblo en mitad de ninguna parte. Uno de ellos, apodado “El Manco” (Eastwood) únicamente pretende dar caza a uno de los maleantes más cotizados, El Indio (Volonte). Sin embargo, el otro, un coronel retirado del ejército americano llamado Douglas Mortimer (Van Cleef), parece tener otras motivaciones que lo impulsan a cazar a El Indio, aparte de la recompensa. Pronto, ambos caza-recompensas coinciden pero, lo que al comienzo parece un enfrentamiento entre ambos, acaba convirtiéndose en una curiosa colaboración, no sólo para dar caza a El Indio, sino también a toda su banda. Evidentemente, ni El Indio se entregará por las buenas, ni les pondrá fáciles las cosas a ambos justicieros.


    "La muerte tenía un precio" es, por encima de todo, una película de autor, aunque no como tal y como se entiende hoy en día por tal denominación. En este caso, Sergio Leone creó un estilo propio que impregnaba todos y cada uno de los fotogramas de estos "spaghetti-westerns", y que se pueden identificar en momentos tan abundantes como esos primerísimos planos de los ojos de los personajes cuando están a punto de embarcarse en un duelo o disputa, o cuando pretende resaltar algún aspecto de la rudeza de los mismos. Asimismo, si por una parte hemos mencionado la cercanía de esos planos, Leone también recurre a justo lo contrario: a grandes planos panorámicos donde el protagonista no es más que una mota de polvo en el horizonte aunque, aun así, al público le es fácil identificarlo.


    En cualquier caso, Leone, arropado por el equipo eficaz que lo acompañó durante la realización casi encadenada de la trilogía, adorna todo el conjunto con un ritmo incesante (ni siquiera las breves sencuencias en las que no suena un solo disparo decrece la tensión que ha ido acumulando), y un interés continuado a lo largo de todo el largometraje ya que, si bien sí que se conocen los motivos que llevan a El Manco a actuar como lo hace, tal objetivo no está tan claro en lo que respecta a la misteriosa figura del Coronel. Y, evidentemente, cuando llega el momento final del duelo, todo queda claro.


    En fin, que sea como sea, más allá de la moda que marcaron estos "spaghetti-westerns", lo que nos queda, especialmente con "La muerte tenía un precio" es una estupenda película cuyos defectos -que los tiene- son suplidos por el increíble dinamismo de Leone, del ritmo trepidante del conjunto, y de un Eastwood tan inconmensurable como las melodías de Morricone que lo acompañan.



  • MR. HYDE DICE:

  • Por mucho que diga el listillo de arriba, yo creo que las pelis de uno bueno contra doscientos malos empezaron con John McLane en las de “La jungla de cristal” –y cuidado, que esa peli me encanta-. Y, también, por mucho que digan los que creen que todas las pelis del Oeste son iguales, “La muerte tenía un precio” y las otras parecidas en las que sale Clint Eastwood pegando tiros por Almería, no tiene nada que ver con las pelis de John Wayne, aparte que todas están ambientadas en el Far West. Y quienes hayan visto alguna de estas pelis (me refiero a las de “la trilogía del dólar” que mencionaba antes el colega Jekyll), sabrán que aquí no tiene nada que ver ni el séptimo de caballería, ni los indios al galope con sus coronas de plumas, ni todas esas chuflas que hemos visto ya quinientas veces en las pelis del Oeste. Aquí, aunque parezca mentira, lo que pasa es lo mismo que le sucedía a Bruce Willis en los rascacielos, a Antonio Banderas en México vestido de mariachi, a Steven Seagal en un portaviones, etc. Es decir, que el bueno se tiene que enfrentar a un huevo y medio de malos, a los que da matarile a punta de pistola, no dejando títere con cabeza. Así que supongo que es lo que podíamos llamar las machomovies de hace cuarenta años, pero ambientadas en el Oeste.


    A mí me han encantado todas las de Clint Eastwood en Almería (lo que ya no sé deciros es por qué el listo de arriba ha querido empezar por ésta, y no por “Por un puñado de dólares” que, al fin y al cabo fue la primera; en fin, movidas suyas…), y ésta en particular. Cuando la peli empieza, no tienes muy claro quién es el bueno –si Eastwood o Van Cleef-, y qué quiere cada uno de ese pueblo cochambroso al que van a parar. Pero la historia tiene ese “algo” que te engancha y hace que crezca el interés por averiguarlo. Además, la forma que tiene Sergio Leone de hacer la peli está chulísima (con cada duelo, aunque das por hecho que a los supuestos buenos no les va a pasar nada, estás sin parpadear ni un solo segundo) y, hasta cierto punto, hasta te conmueve (fijaos en la parte final, cuando El Indio se enfrenta al Coronel Mortimer, y suela la melodía esa de los relojes de bolsillo que a los dos les recuerda a la chica muerta; son casi dos minutos -cancióncita del reloj incluída- en que aguantas la respiración con ellos).


    Por lo que respecta al resto, “La muerte tenía un precio”, quitando esos momentos, ya os digo que está chulísima. Es como si vieras una peli de acción de las de Stallone y demás, pero en mitad del Oeste ya que, a fin de cuentas, los dos protagonistas principales son caza-recompensas… y ya sabemos todos lo que quiere decir eso. Tiene disparos y muertos a mansalva, tiroteos a cascoporro, trampas de los buenos a los malos y persecuciones como cualquiera de estas otras pelis modernas que os estoy diciendo. A mí, por ejemplo, me encanta el momento ese en el que tanto El Manco como el Coronel se unen para cargarse a la banda de El Indio, y se pasean pro el pueblo cepillándose a todos esos tontainas que no saben con quién se las están viendo. Y, en mitad de todo ello, Eastwood con su cara de estar chupando un limón todo el rato (será por la pestuza que tenía que salir del caliqueño ese asqueroso que chupeterreaba todo el rato), y su poncho mugriento, y Lee Van Cleef con cara de “chaval no te metas conmigo que te reviento de dos sopapos”. Y, por supuesto, mucha acción –de la de entonces, por supuesto, pero acción al fin y al cabo- y emoción al ritmo de la música de Ennio Morricone (cojonuda en todas las pelis de la serie).


    En resumen, “La muerte tenía un precio” es un clásico del Oeste que no debería ser considerado una peli más de indios y vaqueros –que no lo es-, y darle una oportunidad para disfrutar en algo más que no sean las infumables tardes de “Cine del oeste” que ponen en algunas cadenas de televisión. Si podéis verla, hacedlo, porque os aseguro dos cosas: que veréis que no todas las pelis clásicas del Oeste son iguales, y que éstas de Clint Eastwood son la caña, ¡y nunca mejor dicho!





    domingo, 27 de noviembre de 2011

    CINE EN CARTEL: "UN DIOS SALVAJE"


    TÍTULO: UN DIOS SALVAJE

    DIRECTOR: ROMAN POLANSKI

    REPARTO: JODIE FOSTER, KATE WINSLET, JOHN C. REILLY, CHRISTOPHE WALTZ

    DURACIÓN: 75 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: DRAMA


  • EL DR. JEKYLL DICE:


  • Que un cineasta como Roman polanski, con la filmografía tan destacada que tiene a sus espaldas, estrene un nuevo largometraje, es casi motivo de celebración. Cierto es que el realizador polaco cuenta en su haber con obras maestras del cine como “Chinatown – Chinatown, 1974” o, incluso, otras películas de lo más destacables como “Tess – Tess, 1979” o “El pianista – The pianist, 2002”, por lo que llama la atención que, para su útlimo film tras las cámaras, se haya decantado por la adaptación cinematográfica de la obra teatral “Un dios salvaje”, escrita por Jasmina Reza. Y llama la atención no porque Polanski haya visto en la obra de Reza una oportunidad para experimentar con nuevas formas de lenguaje visual, o para dar rienda suelta a su evidente creatividad y destreza como director (algo que otros realizadores como, por ejemplo, Brian de Palma sí suelen conseguir al variar de estilo en cada proyecto), sino por la forma cruda y directa con la que retrata el brutal enfrentamiento dialéctico de dos matrimonios en un mismo escenario, gracias a una soberbias interpretaciones de sus cuatro actores principales.



    Penélope y Michael Longstreet (Foster y Reilly, respectivamente) invitan a su casa al matrimonio formado por Nancy y Alan Cowan (papeles interpretados por Winslet y Watlz). El motivo no es otro que la agresión perpetrada por el hijo de los Cowan al de los Longstreet. Sin embargo, lo que comienza siendo una charla amistosa y cordial, poco a poco se va convirtiendo en un tenso enfrentamiento entre los dos matrimonios e, incluso, entre los propios cónyuges.



    “Un dios salvaje” es una película de actores. Polanski realiza una impresionante labor como director de actores (su puesta en escena no puede ser más teatral), consiguiendo unos resultados fabulosos de todos los intérpretes, que dejan buena muestra de su calidad artística. No obstante, a pesar de ello, mención especial merece Kate Winslet, quien se adueña de la película con una facilidad pasmosa, incluso en aquellos momentos en que la acción parece estancarse, o perderse entre conversaciones intrascendentes que no ayudan a la progresión dramática del film (ver al respecto el momento en que, mientras discuten Michael y Alan, vomita sobre la mesa de los Longstreet). Por su parte, otra estupenda actriz como Jodie Foster parte con la desventaja de tener que encarnar a un personaje tan traumado interiormente como aflora a través de mordaces pero innecesarias réplicas (los instantes en que se empeña en utilizar determinadas coletillas para puntualizar determinados comentarios de los Cowan, o cuando se entromete en la forma en que éstos mismos están educando a su hijo no hacen más que reforzar este punto de vista), hecho que impide al público identificarse con ella todo lo que seía deseable –no olvidemos que los Longstreet son considerados las “víctimas” indirectas de la agresión sufrida por su hijo-.



    En lo que a las interpretaciones masculinas se refiere, éstas parecen, en ocasiones, condicionadas a las de sus parejas de reparto, que son quienes llevan la voz cantante de toda la función. Sin embargo, Christopher Waltz aporta de forma admirable un porte frío y calculador, tal y como hizo en la estupenda película de Quentin Tarantino “Malditos bastardos – Inglorious basterds, 2009” por la que obtuvo la aclamación de la crítica mundial. Y, en honor a la verdad, hay que reconocer que lo borda (sólo es es capaz de insultar a los Longstreet como lo hace para, acto seguido, pasar a elogiar la calidad del whisky que le sirve Michael –atención al momento en que ambos hombres discuten sobre cuál de los dos tiene un empleo de más categoría-). Por su parte, John C. Reilly cumple a la perfección con el rol de parte conciliadora, que procura que ambas partes alcance un entendimiento satisfactorio, a pesar tanto de las reticencias de los Cowan como de su propia mujer (atención al momento en que éste no puede contenerse más y explota, afirmando que, en realidad, él es un “hijoputa con muy mala leche”).



    Por lo demás, lamentablemente, “Un dios salvaje” parece perderse entre las líneas de un afilado texto cuya puesta en escena (ni su contenido) consigue trascender nunca la importancia que sus intérpretes se empeñan en querer otorgarle. Ello explica que el público –disculpen la generalización- se muestre siempre distante desde que la discusión se sube de tono, no consiguiendo ni emocionar al espectador, ni haciendo que se decante a favor de ninguno de los cuatro personajes. En resumen, es un intento fallido por parte de Polanski de querer ir más allá de lo que había realizado hasta la fecha, y de sus excelentes actores, cuyos esfuerzos caen en saco roto. “Un dios salvaje” es una película totalmente innecesaria. No mala, pero sí prescindible.




  • MR. HYDE DICE:


  • No sé muy bien cómo empezar a hacer la crítica de “Un dios salvaje”. No es que sea una mala película, que no lo es para nada. Pero me parece totalmente inútil. Me explico: ver “Un dios salvaje” es ver cómo cuatro personas se parten la cara –metafóricamente- durante una hora y cuarto. Punto. Ya está, no hay nada más. A partir de un problema serio, y de un intercambio de opiniones de lo más normal, la cosa se desmadra hasta que te ponen a prueba la paciencia. De hecho, hay un momento que Jodie Foster dice algo así como “¿Pero qué necesidad tenemos de estar aquí?” Pues fíjate que yo pensaba exactamente lo mismo. Y, repito, no es que sea mala. De hecho, los actores (los cuatro), lo bordan. Pero es que más allá de verlos actuar, la peli no tiene ningún interés en absoluto. Si aún dijeras que Polanski se ha salido rodándola, o que ha revolucionado algo de grabar en un mismo escenario, o alguna cosa de esas, aún lo podría comprender. Pero pasarte una hora y pico viendo como cuatro capullos –porque, al final, se portan como tales- se dicen de todo menos bonito, pues qué queréis que os diga… que para eso me alcanza cuando discuto yo, y que no necesito ver cómo lo hacen los demás.



    Además, hay cosas que me ponen un poco de los nervios. En primer lugar, cualquier persona con dos dedos de frente, se habría ido de casa de los padres del crío al que han zurrado a los diez minutos de haber llegado. Pero claro, no habría peli, así que vale, entiendo que, como decía Freddy Mercury, the show must go on. Bien, seguimos. En cuanto a los personajes, dos me caen bien, y dos mal. Los que bien son el que hace de marido de Jodie Foster, y Kate Winslet. Porque a los otros dos, te dan ganas de meterles dos yoyas y dejarlos serenos. El marido ves que intenta apaciguar a ambas partes, quitarle hierro al asunto y procurar que tanto el chaval que ha desdentado a su hijo como los padres se excusen. Perfecto, eso es de lo más normal y comprensible. Después, Kate Winslet hace el mismo papel, pero como madre, es decir, que comprende que su hijo se ha pasado cuatro pueblos y quiere tranquilizar a los padres del otro chaval prometiéndoles que castigará a su hijo y que éste se excusará.



    Pero ahí acaba la sensatez, porque luego entra en juego Jodie Foster y que hacía de nazi de “Malditos bastardos” y la cagan (no ellos, repito, sino sus personajes). ¿Y por qué? Pues, de entrada, Jodie Foster hace de mujer coñera a tope -lástima que últimamente siempre veamos a Foster haciendo dramones, con lo bien que nos lo hizo pasar en esa comedia tan entretenida que es "Maverick - Maverick, 1994"-. A esta señora, no le basta con las disculpas y la reprimerda, sino que poco menos que quiere saber con pelos y señales de qué forma van a castigar los otros a su nene, cuántas veces pedirá perdón, cómo lo piensan educar y bla bla bla. Que a los diez minutos que se pone a hablar en plan histérica, te preguntas dos cosas: la primera, cómo la puede aguantar su marido; la segunda, por qué ninguno de los otros tres le cierra la boca (os juro que yo soy el padre del otro crío y mando a cagar a la buena señora).



    Y después, le toca el turno al que hace de marido de Winslet. El hombre pasa olímpicamente de todos los demás, y se dedica a sus movidas de trabajo –el pollo se pasa la película interrumpiendo las conversaciones de los demás cuando le suena el móvil y se pone a hablar-. Todo ello, por no decir que le importan un carajo su hijo, el de los otros, su mujer, y absolutamente todo lo que tiene que ver con lo que está pasando. Es más, no duda en coñearse de todos (su mujer incluída) a la mínima ocasión que tiene.



    En fin, que “Un dios salvaje” no es, ni por asomo, lo mejor de Polanski –cuando alguien ha sido capaz de hacer “La semilla del diablo” o “Chinatown” cuesta entender qué coño hace rodando esta chufla-, cosa que te deja un poco despagado, sobretodo cuando crees que por ser una peli suya, y tener a los actorazos que aparecen, estás a punto de ver un peliculón y no es así. Así que mi valoración es que ni fu ni fa, aunque más bien fu.





    sábado, 26 de noviembre de 2011

    CINE A DESCUBRIR: "EL EXPERIMENTO"


    TÍTULO: EL EXPERIMENTO

    DIRECTOR: OLIVER HIRSCHBIEGEL

    REPARTO: MORIZT BLIEBTREU, CHRISTIAN BERKEL, OLIVER STOKOWSKI, WOTAN WILKE

    DURACIÓN: 120 min.

    AÑO: 2001

    GÉNERO: THRILLER

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Pocos años antes de darse a conocer a nivel mundial con la más que recomendable "El hundimiento - Der Untertang, 2004", que retrataba las últimas horas de Hitler en un búnker antes de la toma de Berlín por parte de las tropas aliadas, Oliver Hirschbiegel rodó una claustrofóbica película acerca de una prueba científica que tuvo consecuencias impredecibles. La película, que obtuvo una estupenda acogida en diversos festivales internacionales -incluso generó un remake estadounidense protagonizado por los oscarizados Adrien Brody y Forrest Withaker, que se estrenó directamente en formato doméstico-, a su llegada a las carteleras impactaba no por la crudeza de su argumento, sino por el progresivo ambiente claustrofóbico con el que se desarrolla la puesta en escena, y por la forma en que se realiza el análisis de los impulsos más primitivos del ser humano cuando se le cede un poder para el que no está preparado. Con todo ello, Hirschbiegel confecciona un relato tan apasionante como desgarrador de la pesadilla en la que se ven envueltos los veinte individuos involucrados en esta prueba científica.


    Un anuncio en un periódico alemán solicita voluntarios para realizar un experimento sociológico, consistente en comprobar el comportamiento humano ante una situación de cautiverio -el experimento se desarrolla en el interior de un gigantesco zulo- e incomunicación, cuya duración está prevista que sea de poco más de dos semanas. De todos los candidatos, se seleccionarán veinte hombres que, a su vez, serán divididos en dos grupos: carceleros y reclusos. Informados de sus respectivos roles, se les informa de lo siguiente: los carceleros no pueden hacer uso de la violencia bajo ninguna circunstancia; los reclusos deben renunciar a la privacidad -así como a ciertos derechos básicos de todo ciudadano corriente-, y obedecer las órdenes de los carceleros. Sin embargo, a pesar de que el inicio del experimento se desarrolla con normalidad, una serie de acontecimientos hará que la situación devenga insostenible, derivando en una espiral de violencia totalmente imprevista, para la que ni los participantes ni los psicólogos están preparados.


    "El experimento" es una película tremendamente impactante. Pero su impacto no viene provocado por la violencia que se pueda mostrar en el film. De hecho, a excepción de un par de secuencias y de los últimos quince minutos de metraje, la violencia de "El experimento" es tan sólo psicológica. Eso sí, una violencia retratada a través de un acertado ritmo in crescendo cuyas últimas consecuencias se acumulan hasta su tremendo desenlace. Es más, casi podría decirse que "El experimento" es, por momentos, una excelente película de terror, ya que es a partir del instante en que dicho experimento trasciende las barreras de lo puramente empírico cuando empieza a asustar en realidad (citar al respecto el instante en que uno de los cabecillas de los "guardias" se cita con la novia del "recluso" que más alborota la convivencia en el zulo, o el secuestro de la psicóloga que accede al zulo después de comprobar aterrada el desarrollo que está teniendo la prueba).


    Por su parte, el realizador germano se rodea de un grupo de estupendos actores, no muy conocidos -aparte de los dos protagonistas principales, que ya cuentan con una interesante trayectoria en Alemania-, que cumplen a la perfección tanto con su papel dentro de la película, como en el rol que se les asigna en el experimento (tremendos todos ellos desde el instante en que se descontrola la prueba, tanto guardianes como reclusos). Pero, quien brilla con luz propia en "El experimento", como ya decimos, es su director. Hirschbiegel demuestra un dominio arrebatador de la cámara en todos y cada uno de los planos lo cuál, teniendo en cuenta las limitaciones espaciales que lo condicionan para el desarrollo de la historia (no olvidemos que el ochenta por ciento transcurre en un búnker de limitadas dimensiones), tiene un mérito admirable.


    Además, Hirschbiegel toma la acertada decisión de no centrar el largometraje en una simple situación de violencia, sino que se muestra más interesado en hacer que el espectador conecte con ambos grupos de individuos, y les acompañe en su progresivo viaje al infierno. Así pues, partiendo de momentos intrigantes aunque más o menos distendidos (el instante en que uno de los reclusos afirma ser intolerante a la lactosa cuando un guardia le obliga a beberse un vaso de leche), el realizador es capaz de llegar hasta momentos duros (la vejación que sufre uno de los reclusos más ancianos, atado a una silla y haciéndose encima sus necesidades) y, finalmente, casi insostenibles (las consecuencias que tiene la entrada de la psicóloga en el búnker, o el final del film en una cocina).


    Cierto es que "El experimento" es una película compleja, no apta para todos los públicos, pero tampoco de esos largometrajes que hacen que el espectador esté sufriendo sin necesidad desde que comienza. Afortunadamente, esa ni es la intención de la película, ni lo que acaba siendo. No obstante sí que es cierto que hay momentos en que, cuando la prueba se ha descontrolado, el público se ve arrojado a una situación de tensión máxima junto con los personajes, tan bien retratada que, cuando las letras finales comienzan a salir, más de uno respira aliviado. Pero nada de esto hace que "El experimento" no sea una película digna de admirar.



  • MR. HYDE DICE:

  • Jo macho, qué película... A mí me encantó, no voy a mentir, pero me impresionó un huevo. Antes de verla, había oído que se trataba de un hecho real, oq ue había pasado algo muy parecido de verdad cosa que, ya de entrada, daba cierto yuyu. Pero lo que sale en la peli ya son palabras mayores. A mí me impresionó un montón por la forma en que está hecha, es decir, porque ves cómo unas personas normales y corrientes como podemos ser cualquiera de nosotros (es más, al principio, cuando ninguno sabe de qué va a ir la cosa, hablan entre sí como si tal cosa y se hacen sus bromas), de repente, cuando se ve poderosa, es capaz de hacer papilla a cualquiera que no le haga caso. Y eso sin despeinarse, que menos mal que es un experimento, que si no...


    Cuando empieza "El experimento" intuyes por dónde va a ir los tiros y, a medida que avanza, la intriga está tan bien llevada que no puedes parar de desear que te cuenten más para saber qué le pasa a cada participante. También es cierto que, el recluso ese que es el personaje principal, es un capullo provocador que busca en todo momento que le partan la cara (fijaos en el momento en que le suelta a uno de los guardias, delante de todo el mundo, que huele a mierda). Pero, aparte de ello, la cosa no es que sea como para que cada uno se tome la justicia por su mano.


    "El experimento" no es una película desagradable (creedme, algún día hablaremos de una, más que nada para que no la veáis ni locos, y ya notaréis la diferencia), aunque sí es una peli fuerte. No de las que uno se pone el fin de semana con la familia para pasar un rato divertido -bueno, cada uno tiene sus gustos, pero yo a la mía, desde luego, no se la pondría-, o para ver con la churri así en plan romántico. Sin embargo, sí que os recomendaría que la vierais porque merece la pena. Tiene sus momentos de apretar los brazos del sofá, pero también es de las que da qué pensar: qué habrías hecho tú en lugar de los carceleros o de los presos, cómo podría haberse hecho mejor la prueba, de qué forma predecir ciertos comportamientos en los candidatos, etc. Vamos, una pasada, pero para tener claro cuándo hay que verla. Por cierto, ¿sabíais que el auténtico experimento no duró ni una semana?