martes, 20 de diciembre de 2011

CINE DE LOS 80: "EL SECRETO DE LA PIRÁMIDE"


TÍTULO: EL SECRETO DE LA PIRÁMIDE

DIRECTOR: BARRY LEVINSON

REPARTO: NICOLAS ROWE, ALAN COX, SOPHIE WARD, ANTHONY HIGGINS, NIGEL STOCK

DURACIÓN: 105 min.

AÑO: 1985

GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • "El secreto de la pirámide" es la última de las patas que nos faltaba incluir en esta sección, al menos en cuanto a las películas de aventuras de la década de los ochenta tras las que se encontraba Amblin, la antigua productora de Steven Spielberg. Así pues, en este film, al igual que ya había hecho en otras propuestas por aquellos días como "Gremlins - Gremlins, 1984", "Los goonies - The goonies, 1985"o "Regreso al futuro - Back to the future, 1985", Spielberg se ocupó de facilitar la realización de un fabuloso relato de aventuras en el más puro estilo de su Indiana Jones, para lo que volvía a contar con un guión escrito por el futuro director Chris Columbus (Columbus es el guionista de los dos primeros títulos antes comentados), y con un equipo técnico de primer orden: Barry Levinson como director (tres años más tarde ganaría el Oscar al mejor director por "Rain man - Rain man, 1988"), Stephen Goldblatt como director de fotografía (Goldblatt es el excelente responsable de la fotografía de míticos films como "Terminator 2. El juicio final - Terminator 2. Judgement day, 1992"), y el veterano Bruce Broughton como compositor de la banda sonora. El esfuerzo conjunto de todos estos genios daría lugar a una de las más curiosas aproximaciones a la figura del detective más famoso de todos los tiempo: Sherlock Holmes.


    Sherlock Holmes (Rowe) es un joven estudiante en una refinada institución de Londres. A ella acude, como estudiante y compañero de cuarto de Holmes, John Watson (Cox), quien se convierte en su mejor amigo. Holmes, que es uno de los jóvenes estudiantes más inteligentes del centro, es desafiado de forma continua por sus compañeros, quienes ponen a prueba su gran capacidad deductiva, cosa que admira profundamente a Elizabeth (Ward), sobrina del profesor Waxflatter (Stock), de quien Holmes está enamorado en secreto. Las cosas se complican cuando, en Londres, comienzan a sucederse una serie de muertes supuestamente accidentales que guían a Holmes y Watson hacia una misteriosa leyenda acerca de una antigua secta. A partir del momento en que Elizabeth sea secuestrada por miembros de dicha organización, Holmes y Watson deberán averiguar qué se esconde tras esa supuesta orden secreta, y liberar a Elizabeth.


    "El secreto de la pirámide", a pesar de su tono evidentemente juvenil, es una película que no pretende, en absoluto, resultar infantil. Más bien al contrario, el largometraje contiene diversas escenas impactantes como las de las visiones que sufren diversos protagonistas como consecuencia de una potente droga que les suministran a través de unos dardos envenenados (es aquí donde los efectos especiales de la compañía Industrial Light and Magic aportan una contribución decisiva para el desarrollo del film), o toda la parte que envuelve a las celebraciones de rituales ancestrales o sacrificios humanos.


    Evidentemente, estamos hablando de una producción de Steven Spielberg y de un guión de Chris Columbus, por lo que aquello que podría haber dado lugar a una película mucho más oscura y compleja se ve sustituido por un ritmo de aventuras muy bien urdido gracias, en especial, a la puesta en escena de un sorprendente Barry Levinson. Asimismo, se agradecen determinados apuntes del guión que hacen que "El secreto de la pirámide" no se convierta en ningún momento en una producción predecible, sino que apuesta por una resolución poco propia de los films de aventuras juveniles más tradicionales. Todo ello, por no mencionar la escena que tiene lugar tras los créditos finales, y en la que se desvela la auténtica identidad del villano de la función.


    En resumidas cuentas, "El secreto de la pirámide" es un excelente film de aventuras que trata a los espectadores como personas adultas, por lo que ni insulta su inteligencia ni se conforma con presentar a los clásicos personajes jóvenes e inmaduros. Aquí, la aventura se combina de forma muy acertada con el gran espectáculo, por lo que la diversión y el entretenimiento están garantizados con este pequeño clásico ochentero.



  • MR. HYDE DICE:

  • A mí me encantó "El secreto de la pirámide" cuando la vi. Eso sí, lo que recuerdo más que nada es que acojonaban bastante las secuencias de las alucinaciones, porque creo que me daban más canguelo a mí que a los personajes. Lo chulo de "El secreto de la pirámide" es que tiene ese mismo tono de peli de aventuras que tienen también "Los Goonies" y alguna de las de Indiana Jones, y que hace que te lo pases pipa hasta el final. En "El secreto de la pirámide", además, lo interesante no es que se junte la típica historia de Sherlock Holmes y Watson, sino que la trama tiene que ver con organizaciones secretas, ritos del tipo egipcio y misterios parecidos que no se limitan sólo a que Holmes tenga que resolver un crimen (cosa más lógica, ya que en la peli sólo es un chaval jovencito).


    Por otra parte, "El secreto de la pirámide", además de una película de aventuras estupenda, tiene mucho más misterio del que podría parecer al inicio. De hecho, la peli empieza con dos asesinatos camuflados (impresionantes las secuencias en que un perchero se convierte en una maraña de serpientes, o la escena del caballero de la vidriera cobrando vida para amenazar a su víctima) y, a partir de aquí, la cosa se va poniendo cada vez más interesante porque sabes que antes o después algo tendrá que ver con Holmes y Watson.


    Otra cosa simpática de la peli es que Holmes aparece como un inventor de lo más curioso (el tío se pone a pensar cómo hacer para diseñar una especie de máquina voladora -a eso le echan demasiado cuento, pero tampoco es nada que acabe siendo ridículo-, o cómo se obsesiona por los pequeños detalles para encontrar el sentido de los enigmas), y que hacen guiños sobre cosas que luego ya serán inseparables del personaje, como el regalo de su pipa, o la gorra esa rara que siempre lleva ya de adulto.


    "El secreto de la pirámide" cuenta también con otro factor importante: es entretenidísima. Ya sea por toda la parte relacionada con las misteriosas muertes y todo lo relacionado con esa secta extraña con la que pasa toda la parte final (acojonan los pirados disfrazados de Anubis... o de quien coño sea), o por los otros enigmas más sencillos que desafían a Holmes (toda la secuencia, al principio, cuando tiene que descubrir dónde ha escondido el capullo del colegio un trofeo). Y, por otra parte, hay tiempo para la parte romántica de todo el cuento -el rollete de Holmes con la sobrina de uno de sus profesores, que tendrá una importancia fundamental en el inesperado final de la peli-. En fin, que "El secreto de la pirámide" es una de las mejores películas de aventura juveniles de los ochenta y que, aún viéndola hoy, no da la sensación de haber envejecido como otras parecidas. Se ve que el amigo Spielberg nunca ha tenido un pelo de tonto y que sabía dónde se metía.





    lunes, 19 de diciembre de 2011

    CINE CLÁSICO: "¡QUÉ BELLO ES VIVIR!"


    TÍTULO: ¡QUÉ BELLO ES VIVIR!

    DIRECTOR: FRANK CAPRA

    REPARTO: JAMES STEWARD, DANA REED, LIONEL BARRYMORE, THOMAS MITCHELL, HENRY TRAVERS

    DURACIÓN: 129 min.

    AÑO: 1946

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • En Estados Unidos, se utiliza el término feeling good movie para hablar de aquellos largometrajes cuya historia, a pesar de contener ciertos apuntes dramáticos, o de hacer que sus protagonistas se las vean y deseen para lograr salir adelante, consigue conmover al espectador gracias a la integridad del personaje principal, y de un final que convence y contenta al espectador. Sin embargo, como ya hemos comentado en más de una ocasión, no es fácil hacer una buena película de este tipo, ya que la línea que separa la manipulación descarada y torpe de la habilidad para emocionar es muy fina. Así pues, si hablamos de las feeling good movies es porque “¡Qué bello es vivir!” podría considerarse muy fácilmente uno de los primeros films que dio pie a este tipo de producciones –denominación que, por otra parte, podría decirse de la práctica totalidad de la obra de su director, Frank Capra-, estando aún hoy considerada un ejemplo de cómo narrar una historia conmovedora que, además de resaltar una serie de valores centrados en la honradez, el altruismo o la generosidad, consigue entretener al público. Pero, como suele pasar en la mayoría de las grandes películas, “¡Qué bello es vivir!” no sería lo mismo sin la presencia de James Stewart, quien realizó una de sus interpretaciones más carismáticas en este largometraje de evidente carácter navideño.


    En el pequeño pueblo de Bedford Falls, un hombre llamado George Bailey (Stewart) está a punto de saltar al vacío desde un puente con la intención de acabar con su vida. Es Nochebuena, por lo que Dios, al ver lo que está a punto de suceder, decide enviar a uno de sus ángeles llamado Clarence (Travers) para que le eche una mano a George y, así, él pueda ganarse sus alas. Pero, para que sepa con qué clase de buen hombre está a punto de tratar, decide contarle la historia de George, desde que era un niño, hasta que se convirtió en el hombre que es en dicho momento. Será entonces cuando se descubra cómo George, desde joven, ha sido un hombre que siempre ha procurado ayudar a los demás, sobretodo desde que se hizo cargo, junto a su tío Billy (Mitchell) de una empresa dedicada a la concesión de microcréditos que heredó de su padre, cuya finalidad era prestar dinero a aquellos que no podían hacer frente a los intereses que les exigía el banco, y que lo enfrenta constantemente con el señor Potter (Barryomore), el terrateniente local. Pero, además, Clarence también descubrirá cómo George se enamora de la bella Mary (Reed) con la que forma una familia, y cuáles son los motivos por los que George parece decidido a quitarse la vida en Nochebuena. A partir de ese momento, Clarence entablará contacto con George y le mostrará qué hubiera sucedido con su familia y allegados si él nunca hubiera existido.


    “¡Qué bello es vivir!” es una película hecha de principio a fin con la clara intención de hacer que la ilusión y emoción que sienten todos sus personajes se traslade al público. Aunque, todo sea dicho, también es verdad que la descripción un tanto exagerada del personaje de George, pues cuesta de creer que éste sea alguien tan sumamente bueno (ver al respecto lo que sucede cuando está a punto de irse de luna de miel con su mujer), y que esté dispuesto a quitarse la vida con tal de cumplir con las obligaciones para con su gente. Del mismo modo, sucede algo parecido con la presentación del personaje del señor Potter, quien da rienda suelta a un despotismo, egoísmo y avaricia desenfrenadas (atención a la secuencia en que está a punto de conseguir “comprar” a George mediante promesas de fortuna y prosperidad –magistral la interpretación de Barrymore-), para que contraste con el carácter bonachón de George con la misma intensidad pero, también, con la misma exageración y sobreactuación.


    Sin embargo, lo curioso del caso es que, a pesar de ello, “¡Qué bello es vivir!” no resulta empalagosa en absoluto, ni da la sensación de que el comportamiento y situaciones que contempla el guión están forzados (no sucede, como suele decir Hyde a menudo, que los vaqueros se llevan una mano al estómago tras dispararles, tardando medio minuto en desplomarse), a pesar de que podría prestarse muy fácilmente a ello. Es aquí donde el talento de Capra da lo mejor de sí mismo, tal y como queda también patente en secuencias como aquella en que George, de niño, impide que el farmacéutico del pueblo le dé una medicina equivocada a un cliente o, sobretodo, en toda la parte final en que se resuelve no sólo el problema que concierne a George sino también el destino del ángel Clarence.


    Así pues, “¡Qué bello es vivir!” es, dentro de las películas de cine clásico, una de las mejores propuestas para ver en estos días pre navideños, ya que la historia que cuenta es atemporal, e invita a disfrutar en familia de un largometraje estupendo y lleno de buenas intenciones, al que el tiempo no parece haberle afectado lo más mínimo. Al fin y al cabo, estamos hablando de una película de Frank Capra.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Buenooooooo! ¡Qué sería de una Navidad sin que nadie hablara de “¡Qué bello es vivir!” o de que la pasen por algún canal de la tele a las tantas de la madrugada. Si no lo hicieran sería tan raro como que no pusieran “Ben-Hur – Ben-Hur, 1959” en Semana Santa, o “Pretty woman – Pretty woman, 1990” cuando se han quedado sin nada que poner por la noche. Pero vamos, que el hecho de que la pasen más que las repeticiones de los realities de Tele 5 no quiere decir que la película no merezca la pena porque, para ser sincero, “¡Qué bello es vivir!” es una preciosidad de peli. No diré que es de lo mejor que he visto en mi vida, pero sí que es de esas que te dan buen rollito, y de las que hacen que te sientas de perlas cuando acaban.


    De todas formas, una cosa que a mí nunca me ha convencido mucho de este tipo de pelis en que todo es felicidad por donde se mire, es que la exageración siempre se pasa tres pueblos. ¿De verdad alguien se mataría para que otros cobraran un seguro de vida que cubriera sus deudas? Vamos, ya os digo que me pasa eso a mí y para rato me tiro de un puente. Pero claro, estamos hablando de una película donde el espíritu navideño está hasta cuando bostezan los actores, así que no podía ser de otra forma.


    Por otra parte, y aunque pueda parecer un poco contradictorio, sí que me gusta la parte más fantástica de todo, es decir, todo lo que tiene que ver con el ángel ese que baja para echarle una mano al colega con su vida, y cuando enseñan lo que hubiera pasado si el pollo éste no hubiera nacido (fijaos en lo que decía antes: me puedo creer que baja un ángel del cielo, pero me cuesta creer que la que es su mujer, si no le hubiera conocido, se hubiera convertido en una bibliotecaria solterona). Y, por supuesto, me chiflan otras cosas como el momento en que Stewart quiere conquistar a la chica prometiéndole la luna -tal cuál-, o todo el final, con la gente del pueblo y la familia reunida en torno al árbol de navidad y James Stewart con una sonrisa profidén gigante en la cara y una pinta de felicidad indescriptible. Lo malo, como solía gustarle a mi abuela, es que al malo no le den más por culo, o sea, que el pavo se vaya de rositas, aunque más cabreado que una mona por no poder salirse con la suya. Si, al final, lo hubieran mandado a la cárcel, o tirado del pueblo a pedradas, la cosa hubiera molado mucho más.


    Pero vamos, que “¡Qué bello es vivir!” es una peli que está muy bien, muy bonita y tal, y con el tema navideño perfecto para estos días, así que os la recomiendo si aún no la habéis visto. Pero tranquilos, que si es así, para variar, fijo que los próximos días la pasan por la tele.





    domingo, 18 de diciembre de 2011

    CINE EN CARTEL: "MISIÓN: IMPOSIBLE. PROTOCOLO FANTASMA"


    TÍTULO: MISIÓN: IMPOSIBLE. PROTOCOLO FANTASMA

    DIRECTOR: BRAD BIRD

    REPARTO: TOM CRUISE, JEREMY RENNER, PAULA PATTON, SIMON PEGG, MICHAEL NYQVIST, TOM WILKINSON

    DURACIÓN: 130 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: ACCIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Desde que, en 1996, Tom Cruise protagonizara y produjera la primera de las aventuras en la gran pantalla del agente del MI6 Ethan Hunt -que, a su vez, era la versión cinematográfica de la serie de televisión protagonizada por Peter Graves y Martin Landau entre otros-, han sido varios los realizadores que han impreso su personal estilo en cada una de las cuatro entregas realizadas hasta la fecha. Para esta última ocasión, Cruise ha elegido al reputado realizador de animación Brad Bird, ganador de dos Oscar por las maravillosas producciones de Pixar "Los increíbles - The Incredibles, 2004" y "Rataouille - Ratatouille, 2007", para que se encargue de dirigir una nueva y espectacular aventura, que promete al público tanto entretenimiento como dosis de acción y secuencias tan impresionantes como, valga la redundancia, imposibles.


    Al agente secreto del MI6 Ethan Hunt (Cruise) se le encarga infiltrarse en el Kremlin con la intención de sustraer unos códigos de activación de misiles nucleares que, en caso de caer en las manos equivocadas, podría desencadenar un enfrentamiento sin precedentes entre los Estados Unidos y Rusia. Acompañado de su equipo, formado por el informático Benji (Pegg) y la agente de campo Jane (Patton), Hunt no sólo no consigue hacerse con los códigos, sino que cae en la trampa de un peligroso extremista soviético llamado Hendricks (Nyqvist), quien no duda en hacer volar medio Kremlin por los aires. Cuando el gobierno ruso culpe al equipo del MI6 del ataque, el secretario estadounidense de defensa (Wilkinson) propondrá a Hunt y a su equipo encargarse de atrapar a Kendricks de forma extraoficial, antes de que se haga con el control de un satélite que le permita lanzar los misiles nucleares contra territorio norteamericano. Tras un aparatoso accidente, Hunt, con la ayuda de un misterioso analista del MI6 llamado Brandt (Renner) se podrá manos a la obra antes de que sea demasiado tarde.


    Tras el resultado de las anteriores partes de la serie "Misión: imposible" no es nada nuevo decir que, en cada nueva entrega, la teoría del cada vez más complicado se pone de manifiesto en todo su esplendor. En efecto, no son pocas las secuencias de acción que hacen presenciar al espectador un festival de acrobacias espectaculares (lo que sucede por el exterior de un hotel de Dubai es indescriptible), persecuciones trepidantes (atención a la que envuelve a Hunt y Hendricks en mitad de una tormenta de arena) y demás situaciones tan apabullantes que resulta imposible pestañear por miedo a perderse algún detalle de semejante bombardeo de imágenes (mención especial para el final, en el interior de un moderno aparcamiento de coches). Afortunadamente, Cruise (que como productor de sus propias películas sabe a la perfección lo que es necesario para contentar a las audiencias) ha confiado para esta nueva misión en Brad Bird, un director que domina a la perfección el sentido del ritmo -tal y como ha demostrado en sus anteriores largometrajes animados- para dotar a "Misión: imposible. Protocolo fantasma" de una estética que nada tiene que ver ni con la excesiva seriedad con que Brian de Palma rodó la primera entrega (que, aún así, continúa siendo la mejor de toda la serie), ni con la chabacanería de la que hizo gala John Woo en la segunda parte. Y, si bien, a pesar de un más que correcto trabajo por parte de J.J. Abrams en la tercera, la última vez que el agente Ethan Hunt se hizo cargo de una de sus misiones, el público se quedó con ganas de mucho más.


    Afortunadamente, para todos esos espectadores -entre los que nos encontramos Hyde y un servidor-, la llegada a las pantallas de "Misión: imposible. Protocolo fantasma" ha supuesto una nueva oportunidad para disfrutar a lo grande de una película cuyo único propósito es distraer al público con una tormenta casi ininterrumpida de secuencias espectaculares que las audiencias disfrutan y aplauden a partes iguales. Por suerte, el guión escrito, entre otros, por el oscarizado Christopher McQuarrie contiene las dosis suficientes de intriga, acción y aventura que una película de estas dimensiones necesita para conseguir el entretenimiento tan estupendo que es.


    Por lo que respecta al resto del equipo responsable de "Misión: imposible. Protocolo fantasma", como no podía ser de otra forma, también es excepcional: desde el montador Paul Hirsch, pasando por el director de fotografía Robert Elswitt (aquí aportando un colorido a la imagen mucho más rica en matices que sus anteriores trabajos) y el compositor de la anterior entrega Michaek Giacchino (éste ha compuesto una música excelente que no se sitúa en ningún momento por encima de las secuencias a las que acompaña, y que incluye matices tan diversos como aires inspirados en las partituras de Murice Jarre para los fragmentos que tienen lugar en Dubai, como otros de influencia oriental -para la parte de La India- o con abrumadores coros rusos para los momentos ambientados en Moscú).


    En resumidas cuentas, "Misión: imposible. Protocolo fantasma" es un auténtico festín de entretenimiento, que consigue interesar al espectador desde el primer minuto, y al que mantiene atento en el film hasta que comienzan a salir los títulos finales de crédito. No se trata de ninguna obra maestra, pero sí de una película a la que tampoco hay que negarle sus méritos. Y, como entretenimiento, desde luego, es sobresaliente.



  • MR. HYDE DICE:

  • Pues mentiría si dijera que no tenía ganas de que estrenaran esta peli para poder ir al cine a pasármelo en grande. Y es que no nos engañemos: desde hacía meses, los únicos estrenos de películas más o menos destinadas a convertirse en el pasatiempo preferido de la semana no estaban mal ("Acero puro - Real steel, 2011", "In time - In time, 2011") aunque no venían acompañados de ese bombo que mola tanto de las pelis que acaban siendo unos bombazos divertidísimos -como veis, me niego a meter en el mismo saco a la última parte de esos vampiros mascachapas que ha salido hace poco-. Pero, por suerte, el amigo Tomasete ha decidido aterrizar con la última de sus misiones imposibles, en la que ha preferido dejar en paz a las fallas y la semana santa sevillana para hacer lo que mejor sabe y debería hacer más a menudo: una película cojonuda para pasar un rato emocionado con sus volteretas de agente secreto.


    A mí, de todas las "misiones imposibles", la que más me gustó es la primera, pero teniendo en cuenta que soy fan incondicional de Brian de Palma (que también se ha cascado cada mierda que asusta), tampoco es que sea un indicador muy fiable. Lo que no voy a discutir es que esta última "Misión: imposible" es una caña. Sabes de sobra a lo que vas cuando compras la entrada, pero si lo que pretendes es encontrarte con una película de espías en plan rollo sofisticado y realista, más vale que te ahorres la entrada. Pero, si por el contrario, decides aceptar el juego de Cruise y sus colegas ya te digo que te lo pasarás de coña durante dos horas y poco.


    "Misión: imposible. Protocolo fantasma" tiene momentos muy chulos: lo que tiene que hacer Hunt y el informático friki para entrar en el archivo del Kremlin, la explosión en mitad de la Plaza Roja, todo lo que pasa en el hotel de Dubai (lástima que lo hayan enseñado tanto por la tele, porque al final ya te llevas poca sorpresa cuando lo estás viendo), la tormenta de arena, lo que tiene que hacer otro de los amiguetes para acceder a un servidor (y que le hace una especie de guiño a cuando Cruise se descolgaba desde el techo en la primera parte) y, por supuesto, la paliza que se mete con el malo en un parking que ya me gustaría ver a mí por aquí, para recuperar una maleta y parar la detonación de un misil nuclear.


    Por supuesto, te tienes que creer que una lentilla es capaz de hacer fotocopias como si nada, o que si te tiras de un coche en el que vas a toda mecha sólo te harás un par de arañazos y un corte en el pantalón de un traje. Pero tampoco es que fuera mucho más creíble que un helicóptero se puede meter por el túnel de un tren al que va enganchado, o que un tío se puede poner a hacer el mono encima de una moto mientras le da matarile a los malos, así que el esfuerzo en plan "bué, pues vale, me lo creo y en paz" creedme que no cuesta tanto.


    En fin, que "Misión: imposible. Protocolo fantasma" da, ni más ni menos, lo que promete: dos horas de diversión asegurada, momentos trepidantes, una historia con gancho y una buena sesión de palomitas como Dios manda. Que también iba siendo hora de poder disfrutar de una peli así, ¿no os parece?




    sábado, 17 de diciembre de 2011

    CINE A DESCUBRIR: "LOS CHICOS DEL CORO"


    TÍTULO: LOS CHICOS DEL CORO

    DIRECTOR: CHRISTOPHE BARRATIER

    REPARTO: GÉRARD JUGNOT, FRANÇOIS BERLÉAND, KAD MERAD, JEAN -BAPTISTE MAUNIER, JACQUES PERRIN

    DURACIÓN: 95 min.

    AÑO: 2004

    GÉNERO: MELODRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • En 2004, un modesto film francés, llamado “Los chicos del coro”, estrenado en el país galo casi entre una marea de producciones de mucha más envergadura, se convertía en un impresionante éxito de taquilla, obteniendo el aplauso unánime de la crítica mundial, y consiguiendo algunos de los premios y reconocimientos más importantes de la industria cinematográfica: ocho nominaciones a los César, dos a los Oscar, tres a los BAFTA, dos a los Globos de Oro, y al Goya como mejor película extranjera. Lo cierto es que no es para menos, ya que “Los chicos del coro” no sólo da una tremenda lección de buen cine sino que lo hace proponiendo una historia bonita, hermosamente rodada, con un guión y, sobretodo, con unas actuaciones de todo su reparto y una banda sonora de las que se recuerdan tiempo después de haber visto la película. Ah, y un pequeño detalle: se trata de la opera prima de su director: Christophe Barratier.


    Clément Mathieu (Jugnot) es un maduro compositor de música que, a mediados del siglo XX, acepta un trabajo como profesor de música en un reformatorio para niños descarriados, para poder salir adelante en esos años difíciles. Una vez que llega al reformatorio, Clément queda asombrado por la dureza y deshumanización con la que son tratados todos los niños –todo ello promovido por Rachin (Berléand), el director del centro-, los cuales, por su parte, aprovechan la mínima ocasión para dar rienda suelta a su comportamiento rebelde. De entre todos los alumnos de Clément, destaca particularmente un niño llamado Pierre (Manuier), quien posee una habilidad vocal excepcional para el canto. Animado por la posibilidad de poder aportar una visión de la vida a estos chavales a través de la música, Clément comienza a enseñarles música, formando un coro infantil que, poco a poco, irá ganando una importante reputación en toda la región, a la vez que los muchachos irán transformando su comportamiento en uno mucho más civilizado.


    “Los chicos del coro” es una maravilla en cuanto a construcción de la historia. Absolutamente ningún elemento aparece forzado, ni presentado con insistente persistencia para resultar emotivo o conmovedor. Aquí, Barratier se limita a presentar una línea argumental de lo más simple, en la que el buen hacer de su reparto, a ritmo de una insuperable adaptación musical, consigue que el espectador se sienta inmediatamente atraído por aquello que le están contando. Evidentemente, el guión contiene los suficientes giros argumentales como para no resultar repetitivo (los casi constantes enfrentamientos entre Clément y Rachin, la imposibilidad de corregir al “nuevo” alumno brutote e incapaz de comportarse de forma civilizada –tremenda el momento en que Rachin lo abofetea sin miramientos, o lo que sucede tras la secuencia del incendio del reformatorio-). En este sentido, “Los chicos del coro” se diferencia de otros largometrajes de temática similar como “El club de los poetas muertos – Dead poets’ society, 1989” o, incluso, la excelente “Profesor Holland – Mr. Holland’s Opus, 1995” con la que el film que hoy nos ocupa tiene más de un punto en común.


    Por lo demás, como ya mencionábamos, no conviene desvelar mucho más sobre este fascinante largometraje, ya que todo elemento nuevo que se descubre ayuda a disfrutarlo aún más. Tan sólo, antes de terminar, comentar un par de referencias curiosas: aquellos de ustedes que hayan visto la oscarizada “Cinema Paradiso – Nuovo Cinema Paradiso, 1988” seguro que encuentran más de un punto en común con el comienzo de “Los chicos del coro”. Y, la segunda, es que presten una atención especial al personaje de Pepinaud, uno de los niños más inocentones de todo el reformatorio, y que se adueña del corazón de los espectadores desde que aparece en pantalla por primera vez hasta que cierra la película con una inesperada reacción por parte de Clément. En resumen, una “Los chicos del coro” es una película sensacional y bonita a rabiar que merece la pena ser disfrutada con todos los sentidos. Y, por supuesto, atención a su banda sonora. Irrepetible la partitura compuesta por Bruno Coulais.



  • MR. HYDE DICE:

  • Cuando Jekyll me propuso que hoy habláramos de “Los chicos del coro”, lo primero en lo que pensé al recordar la peli fue lo cierto que parece a veces eso de que la música amansa a las fieras. Y de cómo, con cuatro duros –quitando la ambientación de mediados del siglo pasado, ya os digo que no se han gastado mucho más- y una historia que hemos visto ya mil veces en otras películas (el tópico del profesor que va a un centro nuevo en el que los que mandan son unos capullos integrales estirados, y los alumnos poco menos que delincuentes y futuros convictos), los gabachos han sido capaces de hacer una de sus mejores películas. Y lo mejor, utilizando una música preciosa como excusa para contárnoslo todo, cosa que no suele ser lo habitual –por no decir que en el noventa y nueve por ciento de los casos en que se juntan estudiantes y música, lo único que se oye es rap de ese infernal-.


    Pero si hay algo que llame la atención en “Los chicos del coro”, aparte de su banda sonora, es la forma que tienen de contar la historia. Bueno, más bien, de presentar a los personajes. Menos un chaval pelirrojo al que dan ganas de cruzarle la cara de un guantazo (y, eso, siendo comedidos), el resto de los que salen son gente estupenda. El profesor, es un buenazo total; el chavalín pequeño al que parece que nadie quiere, es un bragado genial, y el niño principal, aunque un poco mamonete, también termina cayéndote bien. Vamos, hasta el director ese que parece que tenga un palo de escoba metido por el culo te acaba resultando simpático (es divertido el momento ese en que se pone a hacer avioncitos de papel mientras baila encima de su mesa). Como os digo, lo bonito del tema es que da la sensación de que son una serie de personajes que van perdidos sin saber muy bien qué hacer con su vida, hasta que un profesor insignificante decide poner un poco de orden, como quien no quiere la cosa, y siempre desde el respeto y la educación. Por eso me gusta, porque da la sensación de que uno de los mensajes que pretende transmitir “Los chicos del coro” es si quieres predicar, hazlo con el ejemplo (que a más de uno que conozco debería quedarle esto claro).


    En cuanto al resto de la peli, pues está bien, pero tampoco descubre América. Lo que pasa es que esa sensación de buen rollo hace que cosas más normales y flojuchas (el rechazo al nuevo profesor nada más llega al centro, el enfrentamiento entre él y el director que es mucho más chapado a la antigua, la forma de entablar relación con los chavales que pasan del tema, etc.) te parezcan cojonudas. Y, entre ejemplo y ejemplo, pues sesión de cántico infantil que hacía que toda la gente se quedara muda con la música que eran capaces de hacer esos chavales con sus voces.


    En fin, que “Los chicos del coro” es un ejemplo perfecto de cómo un mismo tema que ya nos han contado en muchas otras pelis puede ser tratado desde un punto de vista totalmente diferente, haciendo que el público se sienta a gusto con la historia, que los actores (sobretodo los infantiles) lo hagan de coña y que, cuando acaba, te sientes bien. Supongo que es una sensación que sólo consiguen provocar en la gente las películas buenas. Y ésta lo es.






    viernes, 16 de diciembre de 2011

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "LOS PINGÜINOS DEL SEÑOR POPPER"



    TÍTULO: LOS PINGÜINOS DEL SEÑOR POPPER

    DIRECTOR: MARK WATERS

    REPARTO: JIM CARREY, CARLA GUGINO, MADELEINE CARROLL, MAXWELL PERRY COTTON, ANGELA LANSBURY

    DURACIÓN: 97 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Hace unos años que la carrera de Jim Carrey ya no es lo que era. Quien arrasara en taquilla gracias tanto a películas cómicas como "Dos tontos muy tontos - Dumb and dumber, 1994" o "Mentiroso compulsivo - Liar, liar, 1997", como por sus interpretaciones más serias en "El show de Truman - Truman show, 1998" y "The Majestic - The Majestic, 2001", parecía haberse ido apagando poco a poco, sobretodo a raíz de sus últimos y repetidos tropezones en taquilla con proyectos que, si bien no carecían de cierto interés, no contaron con el apoyo mayoritario del público que antes lo había encumbrado. Por ello, parecía evidente que Carrey quisiera regresar a la primera línea de actualidad con una comedia apta para todos los públicos, y con un evidente tono infantil que consiguiera atraer a los espectadores más pequeños. Así pues, esto es lo que parece pretender con su intervención en esta comedia familiar, en la que se quieren resaltar valores como la unidad familiar o el respeto por los animales y la tradición.


    Popper (Carrey) es un hombre de negocios, especializado en convencer a propietarios de emblemáticos edificios para que los vendan a la gente para la que trabaja quienes, posteriormente, los derriban para levantar después nuevas construcciones. Un día, Popper recibe una extraña caja que le envía su recientemente fallecido padre, que contiene un pingüino. Desconcertado por tal hecho, Popper no le da más importancia de la necesaria, hasta que un malentendido telefónico hace que le lleguen más pingüinos a su domicilio. Evidentemente, sus hijos, Janie y Billy (Carroll y Cotton, respectivamente) están encantados con la perspectiva ya que, desde el divorcio de sus padres, el contacto que han tenido con Popper ha sido de lo más distante. Incluso su ex-mujer Amanda (Gugino) parece notar cambios en la actitud de Popper. Los auténticos problemas vendrán cuando Popper tenga que hacerse cargo de la venta de un centenario restaurante propiedad de una anciana (Lansbury), y que no le pondrá las cosas fáciles.


    "Los pingüinos del señor Popper" es una película de evidente tono infantil. Al igual que otros largometrajes también protagonizados por el mismo Carrey como "El Grinch - Dr Seuss' How the Grinch stole Christmas, 2000", su único interés es atraer la atención de los más pequeños para que acudan a las salas acompañados de sus respectivos padres y que, así, la recaudación sea mayor. El problema es que esta receta podría haber funcionado hace unos años. Ahora, con la evolución de los gustos y con la presencia de una competencia mucho más fuerte en el sector de las películas de carácter infantil, da la sensación de que esa misma audiencia que antes lo aplaudía, ahora se decanta por producciones mucho más sugerentes, como las recientes entregas de los robots destrozones de Michael Bay, o cualquiera de las obras maestras que Pixar estrena cada año. Así pues, el resultado de pasar noventa y pocos minutos viendo a Carrey lidiando con un grupo de pingüinos no acaba teniendo los resultados esperados.


    Cierto es que "Los pingüinos del señor Popper" contiene algún que otro efecto simpático (el pingüino cegatón que no para de darse golpes con las esquinas de los muebles, el cirio que montan en el Guggenheim durante una gala benéfica), aunque el resto del largometraje acumule innumerables tópicos propios de este género simplón de comedias. Así pues, sin resultar un espectáculo ofensivo al buen gusto, la película se queda muy lejos de resultar un entretenimiento recomendable para toda la familia ya que, sin duda alguna, hay y habrá film infinitamente mejores.



  • MR. HYDE DICE:

  • Aunque no lo parezca, este bodrio me ha enseñado varias cosas. La primera, me ha demostrado que, o bien Jekyll me odia, o que a veces se le peta algún que otro cable, porque que de todas las novedades que había esta semana en el videoclub haya escogido ésta (la excusa es que es una peli así como de temática navideña, que puede interesar más) es algo que me cuesta bastante de comprender. La segunda cosa que he aprendido es que hay ciertas pelis que más vale ver con un niño pequeño al lado -o con alguien de pocas luces con muy mal gusto para el cine- que esté dispuesto a reírse de las cuatro soplapolleces que salen en las películas de este palo. La tercera cosa es que, todo tiempo pasado, en ocasiones, fue mejor, porque ver a Jim Carrey (por cierto, ¡qué viejo se le ve al tío!) haciendo lo imposible porque semejante mierda resulte interesante da una pena brutal. Y la cuarta cosa es que, aunque no lo parezca, el intelectual que escribe primero, por mucho que se las de de pedantillo especialista en cine clásico y cosas de esas, es un fan de Carrey, se parte el culo viendo "Dos tontos muy tontos", y piensa -por mucho que haya dicho lo contrario- que una peli con Carrey puede tener algo interesante aunque pinte mal la cosa (y creedme, que aquí pinta no mal, lo siguiente).


    "Los pingüinos del señor Popper" es un truño como un puño. No hay por donde cogerla, al no se que, como os decía antes, tengáis a un crío pequeño que la flipe con las chorradas que hacen los pingüinos. De lo contrario, no comprenderéis cómo alguien (Carrey) puede caer tan bajo después de haber conseguido ser un actor simpático que ha hecho cosas pero que mucho mejores. Es más, hace que las pelis de Ace Ventura sean un ejemplo de comicidad en comparación con ésta. Puede que, con las películas como ésta, sea demasiado analítico. Me explico. Me resulta más fácil creerme que el atontao del protagonista cuida de unos pingüinos que una serie de cosas que también pasan en la peli, como que la ex-mujer se piense lo buena persona que es Carrey porque cuida de esos bichos con una sonrisa en la cara, que a la hija no le den dos guantazos y le quiten de golpe la tontería que se trae con el móvil y los chicos que le gustan, que los jefes de Carrey confíen en un descerebrado así para llevar sus negocios, que el malo de la función sea un cuidador de zoo que quiere hacer su trabajo como todo hijo de vecino, o que -y aquí vine lo más ilógico de todo- que cuando le entregan a Carrey la primera caja de pingüinos, no vaya cagando leches al zoo a dejar a esos bichos.


    Evidentemente, del final en plan "buen rollito familiar" ya ni hablamos, porque os adelanto que ni la presencia de una Angela Lansbury con un pie más en el otro barrio que en éste consigue arreglar el merdam. Aunque claro, teniendo en cuenta que el "genio" que está detrás de esta chufla es el mismo que se sopló obras maestras como "Chicas malas - Mean girls, 2004" o "Los fantasmas de mis ex-novias - The ghosts of girfriends past, 2009", pues todo se entiende un poco más. Aunque la opinión sigue siendo la misma, que "Los pingüinos del señor Popper" es una mierda de película, dirigida únicamente a un público cuya edad se encuentre comprendida entre los 0 y los 3 años (los niños de cuatro años, ya puede que te tiren el mando por la cabeza si les pones esto). Así que si queréis ver algo mejor en casa ahora que llega la Navidad, escoged mejor algo de Disney, que sea lo que sea, fijo que le pega mil patadas al primo Carrey con sus muecas y bichos.





    jueves, 15 de diciembre de 2011

    CINE ACTUAL: "LA BÚSQUEDA"


    TÍTULO: LA BÚSQUEDA

    DIRECTOR: JON TURTELTAUB

    REPARTO: NICOLAS CAGE, DIANE KRUGER, JUSTIN BARTHA, SEAN BEAN, JON VOIGHT, JARVEY KEITEL, CHRISTOPHER PLUMMER

    DURACIÓN: 131 min.

    AÑO: 2004

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Desde hace más de veinte años, cada nuevo estreno apadrinado por el magnate de Hollywood Jerry Bruckheimer se convierte en todo un acontecimiento. Aún con más motivo desde que éste fuera se encargara, hace casi una década, de poner en marcha la primera parte de una de las franquicias más taquilleras de todos los tiempos: la de las aventuras de los piratas del Caribe. Si bien, antes, los proyectos producidos por Bruckheimer ya conseguían arrastrar a un auténtico torrente de espectadores a las salas, en las que el público disfrutaba de entretenimientos tan apabullantes como “Armageddon – Armageddon, 1998”, “Pearl Harbor – Pearl Harbor, 2001” o las dos partes de “Dos policías rebeldes). En el caso de “La búsqueda”, parece ser que a Bruckheimer le atrajo de sobremanera la posibilidad de realizar un largometraje de aventuras actuales a la antigua usanza, es decir, con todos los elementos propios de las historias de tesoros perdidos, pistas ocultas, enigmas ambiguos, etc. Así pues, tras contar de nuevo con Nicolas Cage, uno de su actores fetiches (Bruckheimer y Cage han colaborado en seis ocasiones), se puso en marcha la filmación del que acabaría siendo uno de los largometrajes más taquilleros de la temporada navideña y, por méritos propios, en uno de los más entretenidos del año


    Ben Gates (Cage), junto a su socio Ian (Bean), su mejor amigo Riley (Bartha) y otros colaboradores se embarca en una expedición a Alaska para encontrar un legendario tesoro escondido hace siglos por los caballeros templarios, del que siempre le había hablado su abuelo (Plummer). Sin embargo, al llegar tan sólo descubren una pista que les conduce a un mítico documento: la declaración de independencia de Estados Unidos. Ante esta situación, Ben e Ian discrepan sobre la mejor forma de hacerse con el documento, ya que Ian es partidario de hacerlo por la fuerza bruta, mientras que Ben opta por una forma más pacífica. En ese momento dará lugar una carrera contrarreloj para hacerse con el documento histórico y encontrar el tesoro. A esta búsqueda se unirá, de forma casi obligatoria, la directora del museo en el que se expone la declaración, la doctora Abigail Chase (Kruger), el padre de Ben, Patrick (Voight), y Sadusky (Keitel), un policía que irá tras los pasos de todos.


    Ver “La búsqueda” es una experiencia gratificante. No es que el film de Turteltaub sea una maravilla, aunque sí hay que reconocerle que sabe entretener como pocas veces se suele ver en una pantalla de cine. El ritmo non-stop de la película convierte a sus dos horas de duración en uno de los mejores pasatiempos del cine de aventuras reciente. La acción es trepidante, la intriga presente durante cada una de las fases por las que pasan los protagonistas en sus descubrimientos, y la diversión enorme. Evidentemente, estos son rasgos que, en mayor o menor medida, suelen estar presentes en casi todas las producciones de Bruckheimer aunque, por otra parte, la calidad de las mismas ya suele ser más discutible. Por fortuna, “La búsqueda”, consciente de que su misión no es otra que encandilar a la platea con su argumento, pone todo de su parte para no defraudar y, así, convertirse en un largometraje de lo más recomendable.


    Ahora bien, parte del mérito de que “La búsqueda” sea así de emocionante, cabe adjudicárselo tanto a su director como al equipo técnico que es capaz de convertir el subsuelo de una iglesia de Boston en un entramado de pasadizos y escaleras llenas de peligros, los pisos inferiores de un museo en una cámara casi inexpugnable, o un barco encallado desde hace siglos en lugar remoto de la Antártida en una trampa mortal. A ello, también hay que añadir el estupendo trabajo de fotografía de Caleb Deschanel y la fantástica banda sonora compuesta por el cada vez más acertado y prolífico Trevor Rabin. Así pues, “La búsqueda” es una película muy recomendable, estupendamente bien hecha y con un dinamismo que la convierten en un título a disfrutar en cualquier momento.



  • MR. HYDE DICE:

  • Pues yo admito que soy de los que, cuando veo que se estrena una peli que produce Jerry Bruckheimer (el cerebro detrás de esa obra maestra que es “La roca – The rock, 1996” –y sí, habéis leído bien, he dicho obra maestra-), procuro ir pitando el fin de semana al cine para verla. Porque puede que sus pelis no sean una obra maestra, pero es que tampoco lo pretenden. Eso sí, en el noventa y mucho por ciento de las veces, lo que ves es una machomovie como Dios manda, llena de acción y testosterona a mansalva, que hace que te lo pases teta hasta que salen las letras al final (que luego tenga buenas interpretaciones o un guión currado, ya es otro cantar). Digo esto porque cuando se estrenó “La búsqueda”, viendo el argumento así en plan cazadores de tesoros que tenía, ni me lo pensé dos veces a la hora de comprar la entrada. Bien, pues es una de esas veces que no puedes salir más satisfecho del cine, porque es una película cojonuda, trepidante, y con un ritmo brutal (no del que marea, estilo Bourne) desde que se apagan las luces.


    “La búsqueda” no es una película de aventuras tipo Indiana Jones, pero poco le falta. En este caso, al pasar todo en la actualidad, se sale esa combinación de trampas y acertijos centenarios con elementos modernos tipo cómo robar una obra de arte (la declaración de independencia estadounidense) de un museo que tiene más seguridad que el Banco de España. Además, uno de los aciertos de pleno de la peli es que está hecha de forma que a penas tienes tiempo de aburrirte, ni ningún rato muerto porque siempre están pasando cosas. En cuanto descubren una reliquia antigua, ésta les lleva hasta otra nueva y, de ahí, una pista los manda a la otra punta de la ciudad a resolver otra cosa distinta. Así que tú te pasas el rato imaginando qué será lo nuevo que se encontrarán, de qué forma conseguirán resolver el misterio, cómo encontrarán el tesoro, darán por la retaguardia a los malos de turno, conseguirá el prota a la chica, etc.


    Además, desde el punto de vista visual es flipante: el barco del principio que está entre el hielo, toda la parte de cámara fuerte del museo y, por supuesto, la especie de catacumba esa del final donde los llevan todas las pistas para encontrar el tesoro. Es lo más parecido a una aventura de Indiana Jones, pero sin pedruscos que van detrás de ellos para dejarlos como sellos (aunque los malos son de un cabrón que déjalos ir). De todos los momentos que tiene, no sabría muy bien con cuál quedarme. Puede que con el robo de la declaración de independencia del museo –y la persecución que viene después- o con lo que pasa cuando descubren una pista en un billete de no sé cuántos dólares. Por su parte, los actores están todos estupendos: desde un Nicolas Cage que hace algo potable (sus últimas pelis han sido mierdas como puños), así unos secundarios como Jon Voight o Harvey Keitel con pinta de pasárselo pipa.


    Es cierto que la peli tiene un tufillo a patriotismo hortera de ese que les gusta a los yanquis (están todos que no cagan con la declaración de independencia y con todo lo que sufrieron los padres de la patria para garantizar sus libertades y bla bla bla), que funciona porque saben convertir una garrulada como esa en algo súper entretenido, que casi te dan ganas de cuadrarte y hacer el saludo militar ante la bandera de barras y estrellas. Pero vamos, que esa es una excusa tan válida como cualquier otra para que la historia funcione. Y, en este caso, lo hace de categoría con una peli entretenida a más no poder, y con un ritmo cojonudo que hace que disfrutes del cine en todo su esplendor. Lo dicho, una pasada muy guapa.





    miércoles, 14 de diciembre de 2011

    CINE DE LOS 90: "BABE, EL CERDITO VALIENTE"


    TÍTULO: BABE, EL CERDITO VALIENTE

    DIRECTOR: CHRIS NOONAN

    REPARTO: JAMES CROMWELL, MAGDA SZUBANSKI

    DURACIÓN: 88 min.

    AÑO: 1995

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • En mitad de la temporada estival de mil novecientos noventa y cinco, se estrenó, en mitad del aluviuón de súper producciones que suelen poblar la cartelera en estas fechas, una modesta y pequeña película australiana que, sin hacer mucho ruido no sólo acabó convirtiéndose en uno de los títulos más sorprendentes y exitosos del momento, sino que fue reconocido unánimemente por casi toda la crítica como una de los films más remarcables del año. Una de sus grandes bazas es que, partiendo de un cuento infantil, el largometraje presentaba a una serie de animales tan pintorescos como carismáticos, a la par que contaba una historia tan amable y entrañable que fue recompensada con siete nominaciones a los Oscar de aquel año (lo que obligó a dejar fuera de competición a otros títulos de importante peso como "Los puentes de Madison - The bridges of Madison Country, 1995" o "Casino - Casino, 1995"), de los que consiguió el correspondiente a los mejores efectos especiales.


    Babe es un cerdito que es separado a muy pronta edad de su madre para ser ofrecido como premio en la feria de un pequeño pueblo. Un granjero llamado Arthur Hoogett (Cromwell) lo gana, y lo lleva a su granja -en la que vive junto a su esposa, Esme (Szubanski)- para engordarlo y, llegado el momento, poder comérselo. A su llegada a la granja, Babe conoce al resto de animales que habitan en ella, entre los que se encuentra el Pato Fernando (que está obsesionado con que los granjeros descubran que puede realizar diversos trabajos y que, así, no se lo coman), el perro líder de los animales Rex, y un grupo de ancianas ovejas. Allí, Babe entabla amistad con todos ellos, destacando especialmente entre elloos porque, con sus buenos modales, es capaz de conseguir que las ovejas obedezcan sus indicaciones para replegarse, agruparse o salir a pastar.


    No es sencillo llevar a buen término una historia como la que propone esta película. Independientemente de que haya requerido de unos trucajes visuales asombrosos (el espectador no duda ni por un solo instante de que los animales realmente están hablando), lo que hace que un film como "Babe, el cerdito valiente" consiga llegar en verdad a los espectadores es la forma en que muestra el carácter bonachón de los personajes -recordemos que estamos hablando de animales y, por lo tanto, no se cuenta con la misma sencillez que con el resto de actores-. Sin embargo, para deleite de las plateas, el director Chris Noonan consigue unos resultados magníficos gracias, en buena parte, a un estupendo guión, que consigue acentuar este candor e inocencia del cerdito, y otorgarles una personalidad propia al resto de animales. Por ejemplo, la perra que adopta a Babe como si fuera uno de sus cachorros da la sensación de estar sufriendo realmente cuando la separan de sus propios hijos; el gato que no puede soportar que el foco de atención se centre en Babe queda retratado con un carácter envidioso soberbio; y, por supuesto, el pato Fernando representa al guasón del grupo, cuyas salidas resultan tan inesperadas y chistosas que arranca las carcajadas casi sin quererlo.


    Ahora bien, en el aspecto interpretativo de los actores reales, James Cromwell no se queda atrás. El sensacional actor borda todas y cada una de las escenas en las que aparece, siendo capaz de expresar con una sola mirada el sentimiento que requiere cada escena (ver cuando opta por sacrificar a una pata en lugar de matar a Babe para celebrar una cena familiar, o como cuando le pide al cerdito que reagrupe al rebaño durante el concurso final).


    En resumidas cuentas, "Babe, el cerdito valiente" es una película estupenda, apta tanto para un público más infantil como para otro más adulto que quiera disfrutar con un largometraje diferente, original y muy bien hecho. Cine familiar en estado puro y, además, de calidad.



  • MR. HYDE DICE:

  • Os prometo que cuando salió en cine “Babe, el cerdito valiente”, lo primero que pensé al ver el título fue que menudo pedazo de mierda habían hecho en Jolibú. Porque, además, también había escuchado que la peli había tenido mucho éxito y tal. Y es que yo lo siento, pero cuando una peli que tiene pinta de ser una chorrada viene arrasando del otro lado del charco (y no me refiero sólo a las paridas de los vampiros en edad del pavo o a las pedorradas de Aniston y compañía), salgo corriendo como alma que lleva al diablo. Por otra parte, mentiría si dijera que no me parecen interesantes las adaptaciones al cine que alguna vez han hecho de clásicos literarios como las de “Rebelión en la granja” –que, por cierto, nunca me lo he leído-, sobretodo si están bien hechas. Además, cuando oyes a la gente hablar y decir cosas buenas de la peli, dejas un poco de torcer el morro y terminas por darle un voto de confianza. Eso sí, con la seguridad de que, si es tan mala como te lo hueles, luego la destrozarás cuando hables tú con alguien.


    Pero mira tú por dónde, que desde que empieza “Babe, el cerdito valiente” hasta que acaba, te pasas toda la película con una sonrisa en la cara. En serio, no pensé que pudiera ser una peli tan simpática, amable, bien hecha e, incluso, interesante. Y todo eso porque no han querido hacer nada ni muy pedante, ni filosófico, ni leches. Han querido contar una especie de cuento con animales como protagonistas que, en muchas ocasiones, no sólo parecen más reales que los actores sino que, también, mucho más humanos que el resto de personajes de carne y hueso.


    La historia de “Babe, el cerdito valiente” es súper simpática y original. Lo inocentón y buena persona que es el cerdo hace que te caiga bien desde que el pobre bicho se ve más solo que la una (cojonudo cuando llora diciendo que quiere a su mamá), hasta cuando la perra de la granja decide hacerse cargo de él (agüita cuando Babe le pregunta si la puede llamar “mamá”), y cuando se hace colega de las ovejas. Pero también tiene momentos divertidísimos, como cuando el pato quiere robar el despertador de los granjeros para hacerse pasar por gallo y que así vean que es útil y no se lo zampen, cuando el cerdo se pone a ladrar para adiestrar a las ovejas, o como cuando las mismas ovejas se ponen a cotorrear como si fueran un grupo de marujas.


    Además, por suerte, los actores de verdad, está muy bien. El que hace de granjero –no me acuerdo ahora de su nombre, pero sé que ha hecho bastantes películas desde entonces- lo borda, sobretodo en el momento en que el tío se pone a dar saltos de lo contento que está para alegrar al cerdo porque éste está depre. Pero lo que de verdad mola de la peli es que, aparte de unos efectos especiales cojonudos (demostración de que no hace falta sacar naves espaciales a toda mecha para bordar los efectos de una película), es bonita pero en el sentido de que la gente es buena y no hay ningún joputa suelto que quiera dar por saco a los demás. Desde el granjero hasta el cerdo, pasando por el pato y las ratas esas cachondas que les da por ir con tanto la historia. En fin, una película perfecta para distraer a los peques de la casa y que los mayores se rían y pasen también un buen rato (la peli no dura ni hora y media) con un pasatiempo tan entrañable como simpático.





    martes, 13 de diciembre de 2011

    CINE DE LOS 80: "LA PRINCESA PROMETIDA"


    TÍTULO: LA PRINCESA PROMETIDA

    DIRECTOR: ROB REINER

    REPARTO: CARY ELWES, ROBIN WRIGHT, CHRIS SARANDON, MANDY PATINKIN, WALLACE SHAWN, ANDRE THE GIGANT

    DURACIÓN: 97 min.

    AÑO: 1987

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • A partir de la segunda mitad de la década de los ochenta, en Hollywood pareció surgir un gusto generalizado por las historias de corte medieval, que pudieran dar lugar a largometrajes llenos de aventura y acción. Uno de los primeros y más lujosos exponentes de esta tendencia fue “Excalibur – Excalibur, 1981”, cuyo éxito favoreció la contribución al género de directores de renombre como Paul Verhoeven con la visceral y violenta “Los señores del acero – Flesh and blood, 1985”, o Richard Donner y su “Lady Halcón – Lady Hawke, 1985”, donde se decantaba por un estilo más clásico y tradicional. De esta forma, fue entonces cuando el director Rob Reiner, que poco tiempo antes había estrenado con notable éxito “Cuenta conmigo – Stand by me, 1986”, primera de las adaptaciones de una novela de Stephen King que llevaría a cabo –la segunda sería la excelente y multipremiada “Misery – Misery, 1990”-, quien contribuyó a este género aventurero con “La princesa prometida”, un largometraje tan atípico como original. Así pues, partiendo de una estructura de matrioska, más o menos como sucedía en “La historia interminable – Neverending story, 1985”, “La princesa prometida” acaba siendo un cuento dentro de un libro en el interior de la película. Y, para fortuna de los espectadores, el resultado acabó siendo un espectáculo entretenido, estupendo para toda la familia.


    Un abuelo (Peter Falk) lee un libro a su nieto (Fred Savage) mientras éste se recupera de una leve enfermedad. La historia versa entorno a una doncella llamada Buttercup (Wright), que está enamorada de un apuesto escudero llamado Westley (Elwes). Westley se marcha a hacer fortuna para, así, poder casarse con ella, pero su barco es atacado por el temible pirata Roberts y Westley es dado por muerto. Por este motivo, Buttercup acepta casarse con el príncipe Humperdinck (Chris Sarandon), heredero del trono de Florin. Sin embargo, antes del día de la boda, Buttercup es raptada por un estrafalario trío de proscritos: Vizzini (Shawn), un diminuto genio siciliano, un experto espadachín español llamado Iñigo Montoya (Patinkin), y un enorme luchador turco Fezzik (André el Gigante). Todos ellos, huyen seguidos por un hombre enmascarado y vestido de negro que los persigue de forma incesante, hasta que se presenta ante ellos y revela sus auténticas intenciones.


    Es curioso que “La princesa prometida” esté planteada como un cuento desde su inicio. En efecto, la historia responde a la perfección al tipo de narración propia de los relatos de fantasía en los que las inocentes y hermosas princesas, los caballeros aguerridos e inasequibles al desaliento, y los malvados príncipes hacen partícipe al espectador de sus trepidantes aventuras. Sin embargo, esta misma historia desconcierta por momentos debido a ciertos elementos del guión que van a contracorriente de este clasicismo argumental. Por ejemplo, llama muchísimo la atención que el supuesto héroe de la función quede relegado a un segundo puesto, cediéndole el protagonismo a un personaje al que se le había dado poca importancia hasta ese momento, y limitándose a una aparición meramente secundaria. También resulta llamativo el hecho de que “La princesa prometida” sea una película que dependa mucho más de su guión que no de las dosis de acción y enfrentamientos armados a los que podría haber recurrido con total facilidad, lo que le refuerza aún más si cabe la sensación de cuento filmado.


    Ahora bien, independientemente de que estos elementos parezcan jugar en su contra, “La princesa prometida” consigue anteponerse a ellos gracias al dinamismo con el que Reiner maneja el proyecto desde que el largometraje se adentra en ese mismo cuento. Así pues, elementos como el honor, la justicia o el amor incondicional se ponen de relieve con gran acierto a través del comportamiento de sus personajes, por lo que al público le resulta muy sencillo conectar y simpatizar con ellos, e identificarse con los motivos que los mueven. Por último, a nivel técnico destaca la excelente labor del director de fotografía inglés Adrian Biddle (en uno sus primeros trabajos para el cine), así como la música que compuso para la ocasión el ex líder de los Dire Straits Marc Knoffler (quien aporta las dosis complementarias de emoción justas que requiere la historia).


    Por lo demás, “La princesa prometida” se limita a ser un largometraje simpático, lleno de buenas intenciones y con una filmación de lo más correcta, cuya épica destaca por encima de la acción pura y dura. Cine familiar de aventuras para todo tipo de público.



  • MR. HYDE DICE:

  • Pues hombre, a mí me gustó “La princesa prometida”, aunque tampoco es que me parezca una de las mejores películas de los ochenta (o, al menos, de las que mejor y con más cariño recuerde). Sí que entretiene y distrae un rato, aunque supongo que, cuando me dijeron que la historia iba de caballeros y espadas, di por hecho que la cosa tendría más que ver con el rey Arturo y sus caballeros, o rollos de ese palo. Pero claro, cuando llevas media hora y todo es más de tipo romántico que no de mamporros a base de espada, pues digamos que me quedé un poco despagado. Aunque tampoco es que la peli sea un tostón, que nadie se equivoque.


    La forma en que está contada “La princesa prometida” me recordó a los primeros videojuegos primeros aquellos que salieron de plataforma. Es como si el héroe de turno tuviera que ir pasando una serie de niveles para acercarse cada vez más a su objetivo. Por supuesto, entre medio, hay de todo: brujos, encantamiento, príncipes tiranos, duelos, pasadizos secretos y demás, por lo que casi no tienes tiempo de aburrirte. Ahora bien, una cosa es que el ritmo sea ágil y que no pierdan el tiempo con tonterías, y otra que lo que te cuenten sea siempre interesante. Seguro que a las chicas les gustó muchísimo más esta peli, e imaginarse que son como la protagonista de “La princesa prometida”, rescatada por el galán de turno y viviendo escapadas románticas y tal. Evidentemente, no es que sea el no va más de los héroes en plan machote pero, como os digo, se deja ver.


    Otra cosa que recuerdo de “La princesa prometida” es que el humos de algunos trozos era gracioso, pero un poco chorra. Por ejemplo, lo que pasa cuando el enmascarado quiere liberar a la princesa de uno de sus captores y le propone jugarse la libertad de la muchacha haciendo una especie de ruleta rusa pero con copas de vino envenenado; o como cuando Iñigo de Montoya (que tiene la misma pinta de hidalgo español que yo de fraile capuchino) se encomienda a su padre muerto para que guíe su espada y, así, poder encontrar un pasadizo que los lleve hasta el interior del castillo, y la encuentra de chiripa al apoyarse en el tronco de un árbol.


    En fin, pues eso, que “La princesa prometida” es una peli entretenida, para pasar un rato distraído, pero que le debe su fama más al cariño que puedan sentir los que la vieron en su momento y les marcó, que no lo que puedas sentir si la ves ahora. De todas formas, es una película entretenida, de esas que si la pasan por la tarde después de comer y empiezas a verla, te engancha. Aunque poco más.





    lunes, 12 de diciembre de 2011

    CINE CLÁSICO: "MARY POPPINS"


    TÍTULO: MARY POPPINS

    DIRECTOR: ROBERT STEVENSON

    REPARTO: JULIE ANDREWS, DICK VAN DYKE, DAVID TOMLINSON, GLYNIS JOHNS, KAREN DOTRICE, MATTHEW GARBER

    DURACIÓN: 133 min.

    AÑO: 1964

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Dentro de los clásicos, en ocasiones, hay largometrajes que parecen destinados a convertirse en un referente para las generaciones posteriores. Bien cierto es que hay precedentes inmortales, como la práctica totalidad de la obra de genios como Charles Chaplin o Buster Keaton pero, en este caso, no estamos haciendo referencia al conjunto filmográfico de un artista en particular, sino a aquellas películas clásicas convertidas en mito, como lo pueden ser “Lo que el viento se llevó – Gone with the wind, 1939” o “Casablanca – Casablanca, 1941”. La particularidad es que, a diferencia de las anteriores, son muy pocas las películas que han logrado este reconocimiento tanto por parte del público adulto como del infantil. Sin lugar a dudas, “Mary Poppins” es una de ellas y, con casi toda probabilidad, la que mayor ternura, cariño e inocencia lleva provocando desde que se estrenara hace casi medio siglo. Ello se debe, en buena parte, a la acertadísima combinación de una serie de elementos que funcionan a la perfección conjuntamente: unos efectos especiales -revolucionarios para su época- capaces de combinar animación con acción real, unos inspiradísimos intérpretes (quién puede negar que tanto Julie Andrews como Dick Van Dyke hicieron los papeles de su vida), y una historia llena de bondad y buenos sentimientos. Todo esto, además, hizo de “Mary Poppins” no sólo una de las películas más taquilleras del momento, sino una de las más premiadas y reconocidas de su productora, la Disney, de toda la historia


    Jane y Michael Banks (Dotrice y Garber, respectivamente) son dos niños de lo más revoltosos e inquietos. Sus padres, George y Winifred Banks (Tomlinson y Johns, en sus respectivos papeles) a penas les dedican tiempo, por lo que éstos son siempre son encomendados al cuidado de niñeras. Sin embargo, cuando la última se despide por no poder soportarlos, aparece “como caída del cielo” una niñera muy especial llamada Mary Poppins, quien no sólo se encargará del cuidado de los niños, sino también de su educación y de proporcionarles tanto a ellos como a sus padres, los valores y el cariño que necesitaban para volver a ser una familia unida de nuevo. A ello contribuirá en gran medida Bert, (Van Dyke), un simpático deshollinador y artista en sus ratos libres, que conoce a Mary Poppins, y que participará con Jane y Michael en todas las aventuras en que participarán con la niñera mágica.


    “Mary Poppins” es una película sorprendente. Contiene el encanto de las cintas Disney que tan buenos recuerdos dejaron durante las décadas de los sesenta y setenta (todas aquellas películas sobre el coche “Herbie”, o comedias tan simpáticas como “Mi amigo el fantasma – Blackbeard’s ghost, 1968” o “Un candidato muy peludo – The shaggy D.A., 1976”, muchas de las cuáles fueron dirigidas también por el mismo Robert Stevenson), pero ampliándolo a un nivel técnico y artístico que ha sentado cátedra. De esta forma, la inserción de los numerosos números musicales durante la historia no la entorpece, sino que le da un dinamismo único (ver al respecto los números “Con un poco de azúcar” o la famosísima Chim Chim Cheree”, así como la secuencia desarrollada entre las chimeneas de la ciudad de Londres), y el cambio de estilos visuales a través de la combinación de animación con personajes de carne y hueso ayuda a que el interés y dinamismo del film no haga sino aumentar. Además, otro punto a favor de “Mary Poppins” es que trata a la inteligencia del público –tanto adulto como infantil- con respeto, puesto que tanto las partes animadas como los números musicales o las secuencias de tono más serio no caen en el error de recurrir al absurdo o al humor fácil para hacer atractivo al largometraje. De hecho, hay momentos dramáticos de lo más serio (la presentación de la señora de las palomas en las escaleras de la catedral de St. Paul, el extravío de Jane y Michael por los barrios marginales de Londres, o como cuando George Banks es requerido ante el consejo de administración del banco en el que trabaja tras el altercado producido por sus hijos) que se tratan con un tacto y respecto asombrosos.


    Pero, evidentemente, por mucho que se le quiera dar el reconocimiento que merece a las cabezas pensantes del film, quienes convierten a “Mary Poppins” en una obra única son Dick Van Dyke y, muy especialmente, una insuperable Julie Andrews (Andrews ganó el Oscar a la mejor actriz por su papel en esta película). Así pues, el tándem Andrews -Van Dyke otorgan ese encanto tan particular que impregna de simpatía a la película desde el comienzo hasta el final. Asimismo, Andrews logra con éxito la difícil tarea de hacer creíbles todos y cada uno de los momentos de la película, haya o no magia de por medio, convirtiendo así un simple personaje en un icono irremplazable de la dulzura y el altruismo. Del mismo modo que Van Dyke funciona a las mil maravillas como el elemento menos serio y más cómico del largometraje, derrochando alegría y simpatía durante todo el metraje.


    Por todo ello, y por el recuerdo que graba casi a fuego en la memoria de los espectadores que han podido disfrutar con ella, “Mary Poppins” no sólo se erige como una película estupenda para disfrutar en familia durante los inminentes días de Navidad que se aproximan, sino para revisarla como clásico atemporal indiscutible del cine, así como una obra magnífica también a nivel de técnica fotográfica, decorados, vestuario, adaptación musical, etc. Un film mágico en todos los sentidos de la palabra, apto –y casi obligatorio- para todo tipo de público.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Vaya tela, “Mary Poppins”! La de veces que la habré visto de crío… Creo que no sólo me sabía de memoria todas las canciones, sino que poco menos que los diálogos también. “Mary Poppins” es de esas películas que ves de pequeño y, cuando las recuerdas años después, no puedes hacerlo sin que una sonrisa tonta se te ponga en la cara, casi sin darte cuenta. Es una peli preciosa, llena de buenas intenciones y buenos sentimientos, pensada y hecha para que haya buen rollito entre todos. Es verdad que si la ves ahora, tiene un tufillo así como a viejo, pero es impresionante como hasta los dibujos animados que salen no han pasado de moda. Es como ver un episodio de esos de Tom y Jerry, que puede tener cuarenta años, pero te sigue pareciendo cojonudo. Pues aquí es más o menos lo mismo, cuando flipas en el momento ese en que se meten dentro de las pinturas del suelo, y salen cabalgando a lomos de un caballito de tiovivo (qué crack el baile de Dick Van Dyke con los pingüinos, jejeje).


    Además, aparte de las canciones, la música de la película es una pasada. Recuerdo en particular un momento en que el padre de los niños esos repelentes se pone a callejear por Londres después de que lo hayan despedido, pasando por algunos de los sitios más conocidos de la ciudad. Pues la música que suena entonces (no me preguntéis por qué justo la de ese trozo) la recuerdo como si la estuviera escuchando ahora mismo. Y si a eso le sumas lo cachondo que es el resto (el deshollinador es de lo mejor que se ha visto en mucho tiempo).


    Por otra parte, ya solo con ver un primer plano de Julie Andrews haciendo de Mary Poppins te alegra el día. No sé cómo será esta señora de verdad, pero es que tiene una cara de amabilidad en estado puro que te deja bobo perdido mientras la estás mirando. Y lo guapo del tema, como decía Jekyll antes, es que la tipa se pone a ordenar la habitación a punta de chasquido de dedos (quién pudiera…), sube y baja por la barandilla de la escalera como si fuera un ascensor, se mete en cuadros animados, se pone a sacar una habitación entera de un bolso (mi chica hace cosas parecidas con esto de los bolsos, aunque más para meter dentro que para sacar), o llega volando con un paraguas parlanchín, y todo te parece de lo más natural. Vamos, como si fuera algo que hiciéramos nosotros todos los días. Y todo ello por no mencionar que absolutamente todo el mundo fue capaz de decir Supercalifragilisticoespialidoso como si fuera una palabra que se dice todos los días… y lo mejor es que éramos capaces de saber lo que significaba!


    En fin, poco más puedo decir de “Mary Poppins” que no se haya dicho ya. Aparte de que es impresionante la forma que tiene la peli de colarte la moraleja del asunto (cómo con cariño y dedicación una familia puede ser feliz, y los padres ganarse el respeto y amor de sus hijos) de la que, por cierto, te das cuenta cuando ya has crecido porque, hasta entonces, lo único que ves es una niñera que hace cosas flipantes y que consigue que un padre refunfuñón y una madre que sólo piensa en polladas se ocupen de sus hijos como toca. Pero, que eso lo consigan a base de canciones y caritas sonrientes, y que le guste a todo quisque, tiene un mérito brutal. Para quitarse el sombrero. En resumen, “Mary Poppins” no solo es una película genial, sino que resulta de lo más agradable volver a verla cada cierto tiempo, para disfrutar de una peli inmortal, y volver a recordar todo lo bueno que sentimos cuando la vimos por primera vez. Un pasatiempo perfecto para toda la familia.





    domingo, 11 de diciembre de 2011

    CINE EN CARTEL: "ACERO PURO"


    TÍTULO: ACERO PURO

    DIRECTOR: SHAWN LEVY

    REPARTO: HUGH JACKMAN, DAKOTA GOYO, KEVIN DURAND, EVANGELINE LILLY, ANTHONY MACKIE

    DURACIÓN: 120 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Shawn Levy y Hugh Jackman, director y estrella principal de "Acero puro", respectivamente, parecen empeñados en demostrar que son capaces de ponerse al frente de proyectos alejados de la comedia fácil y tontorrona (caso del primero), y de las adaptaciones de súper héroes repletas de efectos especiales (en el caso del segundo). Para ello, ambos se han puesto al frente de esta súper producción ambientada en un futuro cercano, en el que la robótica ha sustituido los enfrentamientos entre personas para satisfacer la necesidad de violencia de la sociedad (algo así como una versión de "Rollerball - Rollerball, 1975", pero con gigantes de acero y para toda la familia). Así pues, en "Acero puro" se procuran ensalzar una serie de valores morales (la relación entre un padre y un hijo que a penas lo conoce, la redención de un perdedor, etc.) por encima de los efectos especiales que sustentan el evento. El resultado, como comentamos a continuación, es un espectáculo muy bien diseñado pero que, no obstante, no impide que haya determinados elementos que llamen la atención por su descarado manejo de las emociones y de los recursos mil veces empleados para que el público no aparte la vista de la pantalla durante sus ciento veinte minutos de duración.


    Charlie Kenton (Jackman) es un antiguo boxeador, retirado desde que los combates entre humanos se sustituyeron por enfrentamientos entre robots especialmente programados para la lucha. Desde entonces, Charlie malvive participando con sus robots en ferias y combates clandestinos, perdiendo dinero con las apuestas que hace y debiendo dinero a gente con poco sentido del humor, como Ricky (Durand). Un día, se entera de que una antigua novia suya ha fallecido, dejando a Max (Goyo), el hijo de ambos, huérfano. Cuando Charlie se entera de que unos tíos del muchacho desean su custodia, se la ofrece, a cambio de una suma importante de dinero. Tras aceptar el trato, Max debe pasar un tiempo con Charlie antes de irse con sus tíos. Será entonces cuando, por casualidad, encuentren un viejo robot en un desguace que Max se empeñará en reparar con la ayuda de Bailey (Lilly) para que pueda combatir. A partir de ese momento, una serie de circunstancias hará que padre e hijo empiecen a construir el vínculo emocional del que habían carecido durante años, a la par que su robot empiece a mostrar una habilidad especial para los combates.


    Vista "Acero puro", de lo que no cabe duda es de que, conscientes o no de lo flojo del guión, sus responsables han querido poner toda la carne en el asador para conseguir un producto final decente. Así pues se explica, en primer lugar, que para su realización se haya contado con un equipo técnico de primer nivel: el director de fotografía es el oscarizado Mauro Fiore, quien aporta un colorido único tanto a los robots como a los diferentes escenarios en los que tienen lugar los combates -ver, por ejemplo, el primer enfrentamiento entre robots en el interior de una especie de almacén abandonado-; o el compositor Danny Elfman, quien ha compuesto una variada partitura que sabe acompañar a las emociones que se plasman en cada fragmento del largometraje. Y, por supuesto, los elaboradísimos trucajes visuales, capaces no solo de hacer que el público no dude ni por un solo instante de lo reales que son los robots, sino que éstos consigan adquirir una dimensión casi humana que se complementa de forma muy efectiva con los intérpretes de carne y hueso, sin quitarles para nada su importancia dentro de la historia.


    Sin embargo, todos estos elementos no consiguen hacer olvidar que estamos hablando de una historia que parece pedir a gritos el aplauso unánime de un público al que trata de emocionar con la desdicha entre un padre egoísta y acostumbrado al fracaso, y un hijo al que el primero no duda ni un segundo en vender para poder seguir financiándose sus combates y pagar a sus acreedores. Por ello, vista "Acero puro", la impresión que acaba teniendo el espectador es, por un lado, que es toque a lo Spielberg pretende impregnar el conjunto incluso en los momentos en que no es para nada necesario (ver la secuencia en que Charlie convence a Bailey para que le prepare el último robot que ha comprado, o la reconciliación entre Charlie y Max en la casa de los tíos de éste); y, por otro lado, que "Acero puro" depende en exceso del interés que despierta en la platea saber de qué forma conseguirán la victoria los protagonistas, y del carisma que desprende su principal protagonista, un Hugh Jackman que demuestra que hay vida más allá de los personajes de cómic.


    En resumidas cuentas, "Acero puro" es un espectáculo inocentón, desprovisto de cualquier otra intención que no sea hacer pasar un rato entretenido al público. No obstante, desde el punto de vista de la calidad del producto, éste carece de la profundidad que le hubiera hecho falta para convertirse en una película redonda. Como ya decimos, la predectibilidad acaba resultando tan evidente que no se desafía para nada la imaginación del espectador, a lo que se une el edulcoramiento propio de las producciones Disney más evidentes (citar al respecto el combate final en el que Charlie debe volver a boxear, o el resultado del descubrimiento mutuo padre-hijo), todo ello adornado con un montaje de lo más dinámico que sabe enfatizar a la perfección los momentos de mayor acción y las secuencias de más seriedad. Por ello, "Acero puro" se convierte en una distracción estupenda para toda la familia, que permite tanto disfrutar a los más pequeños, como divertirse a los más adultos. Así pues, no pretende más que ser un carísimo juguete de usar y tirar.



  • MR. HYDE DICE:

  • El resultado de "Acero puro" es como si mezclaras cualquiera de las primeras partes de "Rocky" (mejor dejar de lado las últimas) y le metieras un chutazo brutal de Walt Disney. ¿Y qué quiere decir esto? Pues ni más ni menos que los que han hecho la peli saben de sobra qué teclas tocar para hacer que la gente que esté viendo la peli consiga emocionarse a tope con todos y cada uno de los combates, y que se sienta conmovida por la historia de amor/odio entre un padre (capullo mental) y su hijo (al que un par de tortas de vez en cuando no le vendrían mal). Ahora bien, si lo que os estáis preguntando es si la peli merece la pena o es un bodrio, supongo que ahí ya depende del criterio de cada uno, aunque yo os cuento las razones por las que me gustó, y a partir de ahí ya decidís.


    Empezando por lo flojo, "Acero puro" es cien por cien previsible. A ver, estamos ante una producción de Disney, así que el que no sea capaz de imaginar qué pasa al final es que ha pasado mucho tiempo alejado de una pantalla de cine. Por otra parte, como la peli juega a la vez con los temas acerca de los impresionantes combates de robots futuristas y la relación entre un padre y su hijo, tienen que ir dando las suficientes dosis de cada cosa para que la peña no se aburra. De forma que cuando le toca el turno a los robots, la cosa se reduce a un puñado de combates (espectaculares todos ellos) para, acto seguido, pasar a contarte cómo el padre pasa del hijo como de la mierda y cómo el cariño que él parece sentir hacia un robot consigue unirlos. Así que, como veis, las sorpresas son pocas, y no se engaña a nadie. La diferencia es que esto se puede hacer bien y de una forma más o menos decente, o acabar haciendo un churro como un pino del que no se salven ni los efectos especiales. Y, en el caso de "Acero puro", por muy Disney que sea, hay que reconocer que se las han ingeniado para que la peli te mantenga en vilo y emocionado todo el rato.


    Así es, nenes, "Acero puro" se resiste por dos cosas: los efectos especiales (flipas con cómo están hechos los robots, y por los galletazos que se pegan), y la forma de emocionar sin caer en el culebrón más bochornoso con la historia del crío y su padre. Sobre lo primero, decir que hacía tiempo (creo que desde las pelis de "Terminator") que no me impresionaba tanto cómo aparece y se mueve un robot en una película. Absolutamente todos los combates que protagonizan los gigantes de hierro te dejan con la boca abierta -hasta algo ridículo como enfrentar a un robot con un toro tiene su gracia-, por no hablar del enfrentamiento final entre el pedazo robot ese que no deja títere con cabeza y la chatarra que controlan el padre y el chaval. Sobre lo segundo, el culebrón padre-hijo, se las apañan para que el encuentro entre los dos no sea más patético de lo que podría parecer (el nene demuestra que los tiene bien plantados, aunque un cachete de vez en cuando no le viniera mal), y que su reconciliación producida a través del trabajo conjunto tampoco termine por ser tan ridícula como podría haber sido. Por poner un ejemplo, el momento del combate final en el que el chico le pide a su padre que boxee para que su robot le copie los movimientos, no puede ser más made in Disney porque no tiene tiempo, pero mira tú por dónde que funciona.


    En fin, que "Acero puro" no pretende ser más que un entretenimiento inocente y lleno de buenas intenciones. Si se toma por ese lado, la peli funciona de coña, y hace que te lo pases pipa durante dos horitas. Ahora bien, si alguien está esperando encontrarse algo diferente, que le eche otra mirada al cartel y al argumento, porque esto no engaña a nadie que nadie y deja bien claro desde el principio (por no decir "desde el poster") de qué palo va el asunto. Eso sí, si lo que queréis es distraeros, flipar con los efectos especiales (que nunca dan la sensación de artificial, sino que de verdad te crees que el robot está ahí) y sentir esa emoción durante los combates tipo "Rocky", pues no te lo pienses más porque "Acero puro" es la peli que tendrías que ver este finde en el cine.





    sábado, 10 de diciembre de 2011

    CINE A DESCUBRIR: "CUBE"


    TÍTULO: CUBE

    DIRECTOR: VINCENZO NATALI

    REPARTO: NICOLE DE BOER, NICKI GUADAGNI, DAVID HEWLETT, ANDREW MILLER, JULIAN RICHINGS, WAYNE ROBSON

    DURACIÓN: 97 min.

    AÑO: 1997

    GÉNERO: INTRIGA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • En alguna ocasión hemos comentado películas que, basándose en obras teatrales, o inspirándose directamente en este formato para afrontar su rodaje, ubican y desarrollan la acción de la historia en un mismo escenario (uno de los últimos directores en sumarse a esta moda ha sido Roman Polanski con su largometraje “Un dios salvaje – Carnage, 2011”). Sin embargo, lo que ya no suele ser tan frecuente es que toda la acción del film tenga lugar dentro de un mismo escenario que, si bien es el mismo, va cambiando conforme avanza la historia, pero sin salir de él. Así es como quiso plantear el director canadiense el largometraje que le reveló como uno de los realizadores más prometedores del momento, al ser capaz de crear una atmósfera claustrofóbica, a la par que desafiaba la inteligencia de los espectadores y ponía a prueba la capacidad de raciocinio de los protagonistas, los cuales dependían de la resolución de una serie de enigmas para poder salvar sus vidas. De esta forma, la película se plantea como un gigantesco puzzle que mantiene en vilo al público y que, a la vez, acaba constituyendo un excelente ejercicio tanto de planificación escénica como de dominio de la acción y el suspense. Su título, como no podía ser de otra forma, es “Cube” (“cubo”, en español).


    Seis desconocidos despiertan en el interior de una estancia sin puertas ni ventanas, sin que ninguno de ellos sepa cómo ha llegado allí. El habitáculo, cuya decoración es un tanto particular, únicamente posee seis compuertas: una en cada pared, otra en el suelo, y otra en el techo. Cada una de estas compuertas permite el acceso a otra estancia de idénticas dimensiones. Sin embargo, como acaban descubriendo muy pronto, no todas son seguras, ya que hay algunas estancias que contienen trampas mortales, capaces de liquidar de la forma menos predecible a quienes entren en esas cámaras. Así pues, el objetivo de los seis desconocidos será el de encontrar una salida, para lo que tendrán que encontrar y descifrar las pistas que les indican qué salidas con seguras y hacia dónde tienen que dirigirse. Además, también descubrirán que cada uno de ellos tiene una habilidad especial para garantizar su supervivencia, cosa que deberán tener presente para poder salir con vida de allí.


    “Cube”, convertida casi en un film de culto al poco de haberse estrenado, es una película interesantísima. Cierto es el complejo guión está construido de forma que la realización pueda resultar, por momentos, claustrofóbica. No obstante, es una condición necesaria para poder disfrutar del largometraje en todo su esplendor. La atmósfera que recrea Natali, con ese contraste de colores entre estancias, le da un toque de distinción a la película, que se ve reforzado por un estupendo guión. Y hablando del guión, éste tiene sus mejores bazas cuando describe el cambio de habitáculos, mucho más que cuando pone las correspondientes frases en boca de los personajes, hecho que Natali aprovecha como nadie para confeccionar secuencias de verdadero suspense (ver al respecto el instante en que todos los personajes deben aprovechar una estancia –accediendo desde el techo y hasta un lateral- cuya trampa se activa con el sonido; son cinco minutos de auténtica tensión). Así pues, el público también trata de anticiparse a las jugadas de los personajes, intentando averiguar cuál puede ser el mejor método para saber cómo averiguar si una estancia contiene trampa o no y, sobretodo, cómo van a poder los personajes salir vivos de esa inmensa trampa.


    Pero “Cube” no se queda ahí ya que, aprovechando la trama de misterio, el guión también tiene ocasión de plasmar lo que implica el enfrentamiento de formas de ser entre personas de diferente carácter. De esta forma, lo que empieza siendo una especie de misión en la que participan todos los desconocidos, pronto se torna en una lucha también a muerte por la supervivencia entre ellos mismos, como una metáfora de la vida en la que los fuertes siempre pretenden salirse con la suya aunque tengan que pasar por encima de los débiles, incluso si para ello tienen que perecer en el intento (así lo demuestran los cinco últimos y sorprendentes minutos de la película).


    Por todo ello, “Cube” se revela como un título a reivindicar para todos aquellos que todavía no hayan tenido la oportunidad de verla. Cierto es que el largometraje es asfixiante por momentos y no muy apto para aquellos a los que les pongan nerviosos las historias enclavadas en un mismo escenario. Pero, para el resto, “Cube” se revela como una auténtica sorpresa, interesante y llena de intriga desde su desconcertante –y sangriento- comienzo, hasta una resolución por la que muy pocos hubieran apostado.



  • MR. HYDE DICE:

  • Pues sí que está guapa. Me la regalaron en DVD sin que la hubiera visto antes, y tengo que confesar que me encantó. El principio da un poco de yuyu, cuando ves lo que le pasa a alguien que se mete en el cubo equivocado, lo que hace que te creas que toda la película va a ser igual, llena de sangre a cascoporro. Pero nada de nada, que se ve que eso sólo es para acojonar un poco, porque el resto no tiene nada que ver con eso, aunque haya trampas que dejen hecho tapioca a más de uno. El misterio que tiene “Cube” es total, tanto por saber cómo demonios pueden ir saliendo de habitación en habitación, como por averiguar dónde coño están y quién los ha metido ahí (aviso, no todas las preguntas se acaban contestando, así que no os cabreéis cuando termine la peli y haya cosas de las que no tengáis ni idea).


    Si lo que os preocupa es si toda la peli pasa dentro de ese cubo, la respuesta es sí, toda pasa dentro del mismo sitio. Bueno, de l cubo gigante, porque los tipos amnésicos no paran de moverse de un cubo a otro, pero siempre es el mismo escenario con otro colorín. Y, si después de esa pregunta, la siguiente es si aún no saliendo del cubo la peli merece la pena o es un agobio de mil demonio que acabe aburriendo, ahí la respuesta es un no como una casa de grande. Ya os digo que “Cube” es acojonante desde que empieza hasta que acaba y no lo digo porque dé canguelo, sino porque está muy chula. Es cierto que hay algunas cosas que están un pelín cogidas por los pelos, como la forma que tienen de averiguar si una cámara es segura o no (os digo que me meten a mí y a mis amigos, y no pasamos de la primera trampa). O como cuando se dan cuenta de que cada cubo se mueve pasados equis minutos (agüita con el momento en que abren uno de ellos y se asoman a la nada total). Pero tampoco importa demasiado porque sientes que es como si te hubieran dado una pista más para resolver el puzzle. Y, no nos vamos a engañar, lo que tú quieres es que los desconocidos se metan en una habitación nueva para ver qué les pasa ahí.


    Aparte de esto, conforme avanza la peli, los personajes empiezan a hablar un poco más acerca de ellos: quiénes son, cómo se llaman, a qué se dedican, etc. Y tú ya empiezas a intuir que si lo hacen es porque alguno de ellos va a decir, sin darse cuenta, algo que les ayudará a encontrar la forma de salir de allí (atención al autista del grupo, porque el momento en que demuestra para qué puede ser útil te deja de piedra). Por lo demás, pues la peli no tiene mucha más variedad, cosa que supongo que aún hace que tenga más mérito, porque si con un mismo escenario y los mismos seis actores son capaz de tenerte sin pestañear durante hora y media, es que la peli es buena, sin duda.


    Aquí (con aquí me refiero a España), hace unos años que hicieron una peli con un tema parecido que se llamaba “La habitación de Fermat, 2007”. Básicamente, el principio era casi el mismo, solo que en ésta no había más de un cubo y los enigmas eran bastante chorras –del tipo de los que pondría un periódico en el suplemento semanal-. Pero bueno, no quita para que hiciera gracia el parecido entre ambas. En fin, por no desviarnos, que si tenéis ocasión de ver “Cube” (a lo mejor la ponen en alguno de estos canales más temáticos de la tele digital), no os la perdáis, porque es una peli muy original, muy bien hecha y currada a saco. Sé que han hecho una segunda parte, pero no la he visto, así que no os la puedo ni aconsejar ni todo lo contrario. Aunque también os digo que no me apetece mucho verla, porque cuando una peli te deja ese regusto agradable, una segunda parte tiene muchas papeletas para cagarla. Pero bueno, al menos ya lo sabéis por si os interesa.