domingo, 25 de diciembre de 2011

CINE EN CARTEL: "NOCHE DE FIN DE AÑO"


TÍTULO: NOCHE DE FIN DE AÑO

DIRECTOR: GARRY MARSHALL

REPARTO: HILARY SWANK, ROBERT DE NIRO, SETH MEYERS, MICHELLE PFEIFFER, HALLE BERRY, JON BON JOVI, ASHTON KUTCHER, ZAC EFRON, KATHERINE HEIGL, SARAH JESSICA PARKER, JESSICA BIEL, JOSH DUHAMEL, LEA MICHELE, ABIGAIL BRESLIN

DURACIÓN: 118 min.

AÑO: 2011

GÉNERO: COMEDIA ROMÁNTICA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Desde que se estrenara la comedia británica "Love actually - Love actually, 2003" -su parecido con la mucho menos cómica "Vidas cruzadas - Short cuts, , cada cierto tiempo parece surgir una comedia norteamericana que, utilizando el mismo principio de micro-historias cuyos protagonistas se entremezclan entre sí, se estrena aprovechando una determinada época del año, o suceso ampliamente conocido. Tal fue el caso de "Historias de San Valentín - Valentine's day, 2010" que, con un gran reparto de actores conocidos, seguía la misma estela dejada por la comedia de Richard Curtis. Así pues, casi un año después del estreno de la primera película multi-historia filmada por Garry Marshall (especialista en comedias románticas de este tipo desde que se pusiera tras las cámaras en "Pretty woman - Pretty woman, 1990"), llega a las carteleras españolas la nueva propuesta del mismo equipo responsable de "Historias de San Valentín". En este caso, la confección del largometraje es igual que el anterior -pequeñas historias protagonizadas por actores célebres, cuyos protagonistas se entremezclan entre ellas, y con una destacada fecha del calendario como marco escénico-, y con el mismo equipo técnico tras las cámaras.


    "Noche de fin de año" cuenta diferentes historias, entre las que se cuentan las siguientes: Ingrid (Pfeiffer) trabaja en una discográfica de la que despide para comenzar una nueva vida, por lo que propone a un joven mensajero llamado Paul (Effron) que la ayude a cumplir la lista de sus propósitos de año nuevo a cambio de unas entradas para una fiesta de alto copete; Stan (De Niro) es un anciano con un cáncer terminal al que cuida una enfermera (Berry), y cuyo último deseo es poder ver el cambio de año; Tess y Griffin (Biel y Meyers) son un matrimonio que están a punto de tener un hijo, coincidiendo con el fin de año; Laura (Heighl) es la dueña de una empresa de catering que se niega a darle una oportunidad a una gran estrella del rock llamada Jensen (Bon Jovi) después de que éste cortara con ella; Randy (Kutcher) y Elise (Michele) son dos vecinos que se quedan atrapados en el interior de un ascensor, del que ella se muere por salir al tener que cantar en un concierto de año nuevo, mientras que él es un apático que odia este tipo de fiestas; Kim (Parker) es una madre divorciada que tiene que lidiar con su hija, Hailey (Bresllin), que quiere asistir a la fiesta de nochevieja en compañía del chico que le gusta; Sam (Duhamel) es un joven soltero de oro que trata de acudir a una importante cita con una mujer antes de que finalice el año, cosa que se complica al sufrir un pequeño accidente de coche; y, finalmente, Claire (Swank) es la nueva encargada de organizar la fiesta de año nuevo en Times Square, y de conseguir que un imprevisto en la iluminación que marca el fin del año no arruine su retransmisión.


    Tal y como apuntábamos en la introducción, al igual que sucedía en "Historias de San Valentín", "Noche de fin de año" sigue punto por punto los mismos parámetros que aquella aunque, por fortuna para el espectador, el desfile de caras más o menos conocidas hace que el film dirigido por el cada vez menos inspirado Garry Marshall consiga distraer sin hacer que el público tenga en cuenta lo forzado o absurdo de alguna de las situaciones que plantea. Según me decía ayer Hyde, él quería encargarse de comentar este punto, por lo que no nos extenderemos más de la cuenta. Tan sólo apuntar algún que otro elemento "imposible" que hace que la película se resienta -al menos para aquellos que, como un servidor, sean más proclives a preferir las historias emocionantes pero "reales"-. Procurando no desvelar demasiados detalles, en primer lugar, se encuentra la casualidad que une la historia del mensajero Paul con la de Kim y su hija. En segundo lugar, el final que tiene la historia de Sam y la identidad de la misteriosa mujer con la que ha quedado (no resulta creíble en absoluto). Y, en tercer lugar, el gusto autóctono de los norteamericanos por magnificar determinados eventos que, más allá de sus fronteras, carecen de la misma ilusión que aquellos parecen otorgarle (caso del fallo eléctrico en la bola que marca el fin de año o del consecuente discurso de Claire ante la multitud congregada en Times Square).


    Por lo demás, hay que admitir que "Noche de fin de año" es una película excelente para aquellos espectadores que, en estos días de frío irregular, busquen refugio en una -o varias- historias amables de gente que derrocha felicidad y esperanza por los cuatro lados. Nunca ha habido nada malo en los films de este tipo desde el punto de vista argumental. Eso sí, que la calidad del largoemtraje se encuentre a la altura de sus intenciones argumentales, eso ya es harina de otro costal.



  • MR. HYDE DICE:

  • Vaya por delante que fui a ver esta peli obligado. Bueno, más que obligado como pago por una apuesta que había perdido con mi chica. Así que a esto sumas que la peli de la que hablamos es "Noche de fin de año", de los mismos creadores de "Historias de San Valentín", os podéis imaginar mi cara y mis ganas de meterme en la sala a verla, teniendo en cuenta que la de Tíntín aún me sigue esperando. La cosa tampoco mejora mucho al entrar en la sala, donde mi chica, muy acertadamente me dice "¿Te has dado cuenta de que casi todos los que han venido a verla son mujeres? ¿Y que los pocos hombres que hay han venido acompañándolas?" Creo que con esto está todo dicho sobre el tipo de película de la que vamos a hablar ahora.


    Aunque, para ser sincero del todo, romperé una lanza a favor de "Noche de fin de año" diciendo que no es, con diferencia, tan mala como la de "Historias de San Valentín" (que es un bodrio pastelorroide de mil demonios), y que consigue entretener lo justo como para que no te preguntes quién coño te mandaba apostar nada. Creo que tiene como cinco o seis historias diferentes, con personajes de alguna que se mezcla con los de otra, lo que le da una especie de entretenimiento extra que es de mucho agradecer. Por supuesto, quien se piense que hay alguna que no acabe bien, ya se puede ir olvidando, porque si hay algo que no se molestan en ocultar ni por un solo segundo es que, en Nueva York, el día de fin de año, por muy puteado que estés, debes ser feliz por cojones. Y si no, esperad a ver la peli, y veréis cómo parece que todos tengan que besarse con todos, abrazarse como si el mundo se fuera a terminar y todas esas paridas que les gusta meter a los yanquis en las películas.


    Parece que el efecto "Love actually" ha hecho mella en los primos del otro lado del charco pero, lo que esta simpática comedia conseguía de forma casi natural y espontánea sin forzar ninguna situación, en "Noche de fin de año" parece que te lo quieran meter a calzador, es decir, que por huevos tienen que caerte bien todos los personajes y ellos, a su vez, dejarse la piel para que veas lo buenos y felices que son. De todas las historias, hay más de una que sobra, como la de la pareja que va a tener un hijo (sí, será todo lo graciosa que quieras, pero si no la hubieran puesto, tampoco hubiera pasado nada). Y tres cuartos de lo mismo podría decirse de la del ascensor en la que se quedan encerrados el ex-marido de Demi Moore (lo siento, pero este hombre sólo me produce ictericia -vale que Bruce Willis no sea un Adonis, pero Demi, mira que casarte con este soplapollas...-) y su vecina cantarina, que no hay quien se la crea, ni le aporta nada a la peli.


    Por otra parte, en el lado de las historias más decentes, supongo que podríamos meter la que tiene que ver con un Robert de Niro moribundo y Halle Berry como su enfermera (¿dónde estaban las enfermeras como ésta cuando yo estaba en el hospital?), y la de Sarah Jessica Parker y su hija (qué cachonda la tía cuando le dice a su hija que no le enseñe el sujetador el público, que no están en "Sexo en Nueva York"). Los demás capítulos, que también tienen su punto simpático, podrían haberlos metido sin problema en "Historias de San Valentín 2" o en "Historias de Navidad", o incluso en "Historias de cuando me fui de vacaciones a Nueva York y fíjate tú lo que me pasó", porque tienen que ver con el año nuevo lo mismo que la gimnasia con la magnesia (sólo se podría salvar más o menos el capítulo de Michelle Pfeiffer, pero vamos, que sería por los pelos).


    Así que ya sabéis lo que os espera: casi dos horas de gente que se esfuerza en demostrar lo felices que son y la de oportunidades imposibles que te pueden surgir en tu vida. Lo que pasa es que querer meterlo todo con algo relacionado con el fin de año, pues a los amigos americanos les parecerá de lo más cojonudo que hay, pero por estas latitudes, que hasta nos da vergüenza ver al Ramonchu vestido con la capa de draculín y a la Obregón explicando a los atontados que no saben qué son los cuartos cómo funciona la cosa, pues nos parece algo de lo más lamentable. Pero, si tienes la suerte de que semejante pastelorro te lo adornan con una buena decoración, el resultado es "Noche de fin de año", que no aburre ni hace que te entren ganas de beberte la cicuta, pero de la que te olvidas a la media hora de haberla visto -si no, antes-. Eso sí, de lo más recomendable para ver con tu pareja -femenina- si le van las historias romanticonas como éstas.





    ¡ F E L I Z N A V I D A D !

    QUERIDOS AMANTES DEL CINE,

    TANTO JEKYLL COMO HYDE OS DESEAN DE TODO CORAZÓN QUE DISFRUTÉIS DE UNA MUY FELIZ NAVIDAD, RODADOS DE TODOS VUESTROS SERES QUERIDOS.

    ESPERAMOS PODER SEGUIR DISFRUTANDO CON VOSOTROS DE MUCHAS PELÍCULAS MÁS. COMO SIEMPRE, SABÉIS QUE VUESTRAS APORTACIONES Y COMENTARIOS SON SIEMPRE BIENVENIDOS.

    ESPERANDO QUE PASÉIS TODOS FELICES FIESTAS, OS MANDO DE SU PARTE UN CALUROSO SALUDO.

    ¡FELIZ NAVIDAD!

    sábado, 24 de diciembre de 2011

    CINE A DESCUBRIR: "FELIZ NAVIDAD"


    TÍTULO: FELIZ NAVIDAD

    DIRECTOR: CHRISTIAN CARION

    REPARTO: DIANE KRUGER, BENNO FÜRMANN, GUILLAUME CANET, DANNY BOON, DANIEL BRÜHL, GARY LEWIS

    DURACIÓN: 115 min.

    AÑO: 2005

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Un tema tan espinoso como la Primera Guerra Mundial, al igual que la Segunda, se ha tratado desde los más variados puntos de vista a lo largo de la historia del cine. Aunque, haciendo una especie de paréntesis entre las propuestas más centradas en los conflictos armados, el director francés Christian Carion realizó hace unos años una de las películas más atípicas y hermosas que se recuerdan basadas en este terrible suceso. Así pues, basándose en hechos reales descritos por los soldados alemanes, franceses y escoceses que participaron en la contienda bélica de finales de 1914, la historia que relata "Feliz Navidad" no sólo habla de la guerra, sino que más bien de lo que una época como la navideña es capaz de significar para los seres humanos, capaces de dejar a un lado el odio que marca todas las guerras para participar como hermanos en tan sagrada celebración.


    Diciembre de 1914. En el centro de Europa se desencadena un duro enfrentamiento entre los ejércitos alemán, francés y escocés. Forzados a permanecer durante la Navidad en el frente, la situación da un brusco giro cuando un soldado alemán llamado Nikolaus (Fürmann), cantante profesional fuera de las trincheras, decide amenizar la Nochebuena con su voz, a quien acompaña su prometida, Anna (Kruger), también soprano profesional. Esta reacción sorprende tanto a sus propios compañeros -en especial a su responsable superior, Horstmayer (Brühl)- como al resto de las tropas "enemigas", entre los que se encuentra el capitán galo Audebert (Canet) y su homónimo escocés. Sin embargo, un simple gesto como éste, deriva en un improvisado alto el fuego que acerca a todos los combatientes a un terreno neutral en el dejan momentáneamente de lado las armas para celebrar todos juntos la Navidad. No obstante, este inocente acto, tendrá sus consecuencias cuando llegue a oídos de los altos cargos militares.


    "Feliz Navidad" no solo es un ejemplo de sencillez narrativa, sino de realización milimétricamente calculada para resultar emotiva sin caer en la manipulación y sentimentalismo más descarado. Es cierto que alguna de las secuencias que contiene parece destinada a provocar la lágrima fácil en el público (el instante en que Nikolaus dejando un árbol navideño en cada trinchera, el plano de los tres frentes acercándose hasta encontrarse cara a cara, o el momento en que todos los soldados se congregan alrededor del párroco escocés para celebrar al Misa del Gallo), pero todo ello está tratado con una seriedad y respeto que logra emocionar -e, incluso, impresionar- sin resultar tramposo. Incluso cuando, en la parte final del largometraje


    Así pues, "Feliz Navidad", a pesar de rozar en determinados momentos alguna que otra situación de lo más forzada (ese interés incondicional de Nikolaus de volver al frente a pesar de su día de permiso junto a Anna, por ejemplo), lo cierto es que se confirma como un largometraje arrebatador, hecho con una exquisitez que asombra tanto por sus momentos de tensión (el comienzo con los tiroteos y muerte de algún que otro personaje destacado), como por la simplicidad de otros instantes (los mandatarios alemán, francés y escocés bebiendo café en la mañana del día de Navidad), y que juntos funcionan con una harmonía casi perfecta. Por lo tanto, "Feliz Navidad" es una película cien por cien recomendable para disfrutar con una historia de buenos sentimientos y, de paso, asombrarse con hechos magníficos (y magnificados) que tienen lugar cuando el ser humano sustituye el odio de su corazón por todo lo contrario. Excelente, repetible, magnífica.



  • MR. HYDE DICE:

  • Es una película preciosa. Puede que un poco sentimentaloide y tal, pero os aseguro que te pasas las dos horas que dura con el alma en vilo. Dicen que la historia de la peli fue verdad, cosa que hace que te impresione aún más lo que te cuentan, aunque también habrá que ver si la cosa fue tal cuál la sacan en la peli, porque parece un pelín exagerada (aunque también, qué esperamos, si estamos hablando de una película). De todas formas, es una pasada ver cómo, lo que empieza siendo una matanza brutal propia de cualquier guerra, poco a poco se va convirtiendo en una especie de convivencia extraña, hasta que los soldados de todos los bandos se dejan de balas y de tonterías, y se juntan como si fueran un grupo de amigos que hace tiempo que no se ven.


    Lo curioso de todo, es que no sabrías decir cuál es el momento en que se produce ese cambio. Bueno, o sí, porque flipa lo que puede hacer una sola persona cantando en mitad de una guerra. Ese es mi trozo preferido: cuando el alemán empieza a cantar "noche de paz" a dúo con su novia, les sigue acompañándolos uno de los escoceses con su gaita y, después el resto de franceses. Además, mientras canta, saca un árbol de Navidad y lo lleva a las trincheras alemanas como signo de tregua. A partir de aquí, el resto de la peli es como una especie de sueño que demuestra la otra cara de la crueldad de una guerra ya que, con la misma facilidad con la que el hombre puede matar, también puede hacer borrón y cuenta nueva. Y lo mismo se puede decir de la parte esa en la que todos se acercan al cura inglés para participar en la misa del gallo. Alucinas con el mogollón de soldados juntos escuchando la ceremonia.


    Supongo que también será un poco exagerado, por muy real que fuera la situación, la última parte de la película, en la que la gente empieza a congeniar entre los enemigos, jugando al fútbol o compartiendo bebidas alcohólicas para combatir el frío. Pero ya os digo que te quedas flipado con la facilidad con la que parecen hacer todos un alto al fuego y olvidarse casi por completo de que están metidos en una guerra mundial. La lástima es que, por mucho que veas que todos los soldados hacen un esfuerzo por respetarse entre todos los que combaten, el final sea inevitable y un poco pesimista. Aunque, para ser sinceros, cualquier otro final hubiera sido ya ridículo del todo.


    En fin, que os recomiendo de todo corazón que, especialmente en estos días de celebración en los que estamos, si tenéis ocasión de rescatar de alguna tienda, videoclub o canal de televisión "Feliz Navidad", le dediquéis el tiempo que dura. Aparte de ser una película muy bien hecha, es bonita a rabiar. Lo dicho, perfecta para estos días. ¡Cuánto tendríamos que aprender hoy en día con historias como ésta!




    viernes, 23 de diciembre de 2011

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "LOS PITUFOS"


    TÍTULO: LOS PITUFOS

    DIRECTOR: RAJA GOSNELL

    REPARTO: HANK HAZARIA, NEIL PATRICK HARRIS, JAYMA MAYS, SOFÍA VERGARA

    DURACIÓN: 95 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Teniendo en cuenta que, en los tiempos que corren, es raro no encontrarse con versiones filmadas de series televisivas más o menos exitosas, era evidente que no se tardaría demasiado en llevar la historia de los pitufos a la gran pantalla. Sin embargo, esto no es tarea fácil, ya que la combinación de imagen real con animación de este estilo, requería de una experiencia y saber hacer que evitara el fracaso de otras series trasladadas al cine, como es el caso de las horrendas "El inspector Gadget - Inspector Gadget, 1999" o "Garfield - Garfield, 2004". Para ello, se convocó a Raja Gosnell, que había dejado buen sabor de boca en la taquilla (artísticamente es otro cantar) con la versión cinematográfica de "Sooby-Doo" y su secuela, para que se pusiera al tras la cámara. Así pues, tras elegir a rostros más o menos conocidos por la audiencia (Hank Azaria es uno de los dobladores más famosos de "Los Simpsons", mientras que Neil Patrick Harris es uno de los entrañables protagonistas de la serie "Cómo conocí a vuestra madre"), la filmación dio comienzo.


    Los pitufos viven tranquilamente en su aldea del bosque. El malvado mago Gárgamel, acompañado siempre de su fiel gato Azrael, quiere destruir a los pitufos a toda costa, para lo que necesita localizar su aldea y extraerles el poder necesario para aniquilarlos y, de paso, hacerse el mago más poderoso del mundo. Tras un aparatoso percance, unos cuantos pitufos (Papá Pitufo, Pitufina, Patoso, Filósofo...), Gárgamel y Azrael son trasladados al planeta Tierra y, más específicamente, al centro de Nueva York. Allí, Patoso cae accidentalmente entre las propiedades de Patrick (Harris), un publicista casado con Grace (Mays), con la que está a punto de tener un hijo. Cuando el resto de pitufos acude a rescatar a Patoso, todos ellos se conocen, con el consecuente revuelo que ello provoca. Las cosas se complican aún más cuando Gárgamel hace acto de presencia, amenazando no sólo la tranquila vida de Grace y Patrick, sino también la vida de los pitufos.


    Evidentemente, un film cono "Los pitufos" está pensado y realizado tan sólo con la esperanza de que guste al público infantil. Con esto no queremos insinuar que conviene que todo aquel que tenga más de ocho o nueve años haría mejor manteniéndose alejada de ella (aunque esto sí sea recomendable para otro tipo de películas infantiles), sino que carece del objetivo planteado por otras producciones semi-animadas como, por ejemplo, la citada "Garfield" o cualquiera de las entregas de "Alvin y las ardillas" -la tercera recientemente estrenada en los cines españoles-, en los que sus responsables parecen más interesados en que los niños se rían con las patochadas y tonterías de los protagonistas animados, que no con el conjunto total del film. Aunque, no obstante, a diferencia de otros realizadores con algo más de pedigrí como Robert Zemeckis (ayer comentábamos su fabulosa "Polar Express - The Polar Express, 2004") o Steven Spielberg (expectantes estamos ante su publicitado "Tintín"), "Los pitufos" se decanta más por un guión plagado de recursos fáciles y situaciones simplonas que no den demasiados quebraderos de cabeza ni a sus máximos responsables para llevarlas a término, ni al público para seguir y entender la línea argumental.


    No obstante, a pesar del carácter inevitablemente infantil de su conjunto, "Los pitufos" se preocupa lo suficiente por entretener a la platea (de ahí la simpática secuencia que tiene lugar en la juguetería, o el final con Gárgamel haciendo frente a toda la aldea de pitufos, con el derroche de efectos especiales que ello conlleva) y de mantener todo lo intacta que pueda la reputación y recuerdo de estos simpáticos personajes azules. Por lo demás, "Los pitufos" es una opción excelente en entre las novedades de videoclub de esta semana para distraer a los más pequeños. Aparte de eso, no hay mucho más que comentar del film.



  • MR. HYDE DICE:

  • Para ser sincero, pensaba que la cosa iba a estar pero que mucho peor. No sé si es que cada vez que sale una película destinada a los niños más pequeños lo interpreto como que va a ser una mierda, pero es que las últimas que he visto de ese estilo me han agotado toda la paciencia. Y eso por no decir que no comprendo por qué se empeñan en dar por hecho que los críos son subnormales (bueno, a veces, sí que lo son) y las pelis que les plantan a las pobres criaturas son una mierda como un horcón. Por no ir más lejos, la peli que comentamos la semana pasada en esta misma sección de videoclub, la infumable "Los pingüinos del señor Popper - Mr. Popper's penguins, 2011" era una ofensa a aquellos que tienen un mínimo de materia gris en el cocotero, y una prueba de resistencia intelectual impresionante. Por eso, cuando nos decidimos esta semana por "Los pitufos", lo cierto es que ya me veía venir otro truño como un pino. Afortunadamente, la cosa no ha sido así y, aunque "Los pitufos" se queda muy lejos de ser un peliculón, mentiría si dijera que no me ha parecido simpática, un tanto entretenida y, hasta cierto punto, recomendable para que los más pequeños pasen un buen rato sin que sus padres se desesperen demasiado.


    El argumento de la película no se lo han currado mucho pero, aunque no tiene ninguna sorpresa, tampoco cae en el ridículo más absoluto como las chorradas esas que hacen parodiando a otras películas que ya se han hecho antes. Además, aquí cuentan con la ventaja de que la gente ya conoce de antemano a los pitufos, por lo que es bastante fácil que les caigan bien las tonterías que hace cada uno con sólo salir en la pantalla. Los efectos especiales, por su parte, están muy bien (al fin y al cabo, si la cagan ahí, se jodió toda la peli, así que era lógico que no iban a ser de los baratos), haciendo que sea creíble que los pitufos están de paseo por Nueva York. Hasta el gato Azrael está currado -aquí mezclan efectos especiales con un gato de verdad-, y es de lo más cachondo cuando tiene que orientar a Gárgamel, que va más perdido que un pollo sin cabeza.


    Por lo demás, ya os digo que "Los pitufos" no tiene mucho más donde rascar. Si te quieres centrar en la historia de las personas de carne y hueso pierdes el tiempo, porque es lo más ñoño y predecible que te puedas imaginar (el hombre descubriendo que no debe tener miedo porque está a punto de ser padre, que la jefa tirana acaba conmovida por el discurso que le sueltan a la desesperada, que la campaña publicitaria en la que trabaja debe decidirla con lo que le salga del corazón, y bla bla bla, más polladas sentimentaloides del mismo palo). Así que, como suele pasar con estos casos, casi se agradece que la peli se centre en los efectos especiales de los pitufos, y que dejen de lado al pobre hombre que hace de Gárgamel -le pone ganas, pero da más pena que miedo-, y apuesten por parecerse a la serie cuanto más posible (ese guiño al cómic de los pitufos cuanto ellos entran en una librería buscando un antídoto).


    Así que, si queréis optar por una película infantil, inofensiva y con su punto divertido, creo que de lo que hay en el videoclub ahora mismo, "Los pitufos" puede ser la mejor opción. Al fin y al cabo, seguro que los críos se divierten con las tontunas que les pasan a estos personajillos azules y, si a ti te toca verla con ellos (o a ti solo, que de todo hay en este mundo), pues tampoco te levantarás del sofá lamentándote por la pérdida de tiempo. Para pasar un rato y olvidarte de ella a la de tres.





    CINE ACTUAL: "POLAR EXPRESS"


    TÍTULO: POLAR EXPRESS

    DIRECTOR: ROBERT ZEMECKIS

    REPARTO: DIBUJOS ANIMADOS

    DURACIÓN: 99 min.

    AÑO: 2004

    GÉNERO: ANIMACIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Después de revolucionar el mundo de los efectos visuales y de sentar cátedra en el cine de aventuras con largometrajes como "Regreso al futuro - Back to the future, 1985", "¿Quién engañó a Roger Rabbit? - Who framed Roger Rabbit?, 1988" o "Forrest Gump - Forrest Gump, 1994", el realizador Robert Zemeckis se enfrascó en un nuevo proyecto que le permitiría experimentar con un nuevo tipo de filmación: la animación por captura de movimiento. A través de este complejo proceso, actores de carne y hueso, digitalizados por completo, podían transformarse a gusto de los creadores, animándolos y situándolos en los escenarios más inverosímiles. Así pues, tras interesar a Tom Hanks en la adaptación de un viejo cuento llamado, precisamente, "El Expreso Polar", Zemeckis rodó una revolucionaria película que combinaba tanto la aventura más tradicional de sus anteriores largometrajes con un argumento cien por cien navideño e infantil, en el que Hanks interpretaría a casi la totalidad de los personajes. El resultado, como decimos, es casi una obra maestra de este nuevo cine de animación.


    Una Nochebuena, un niño que ha dejado de creer en Santa Claus, despierta alertado por un extraño ruido y unas luces brillantes. Cuando sale de su casa para comprobar qué es, se encuentra con la sorpresa de que un gigantesco tren ha parado delante mismo de su portal. Allí, un simpático aunque gruñón revisor le informa de que ese tren es el Polar Express, y que se dirige al Polo Norte para llegar a tiempo de que Santa Claus comience con el reparto de regalos a lo largo del mundo. El niño se monta en el tren y, en ese momento, empieza una trepidante odisea llena de aventura y peligros en la que el Polar Express, lleno de niños pequeños, emprende su viaje.


    Como indicábamos al comienzo, partiendo de un cuento corto de clara inspiración navideña, Zemeckis y el guionista William Boyles Jr. (el mismo que se encargó del libreto de "Náufrago - Cast away, 2000", otro film del tándem Zemeckis - Hanks) confeccionaron un largometraje impresionante desde casi todos los puntos de vista. Estéticamente, "Polar Express" es una maravilla, pues el diseño de los decorados asombra casi con la misma facilidad que a los personajes (ese tren envuelto en neblina parando en la entrada de las casas, el lago helado con las vías sumergidas, toda la ciudad del Polo Norte, o los entresijos de los almacenes donde se reparten los regalos), la partitura original compuesta por Alan Silvestri -el compositor habitual del director- es grandiosa y conmovedora, la interpretación de Hanks sorprendente en cada uno de los personajes a los que da vida, y la realización de Zemeckis es, en una palabra, insuperable (ver ese plano secuencia en el que un billete de tren sale volando del mismo para aterrizar minutos más tarde junto a la vía, o todas las secuencias en la que la rapidez adquiere un papel fundamental: el descenso sin frenos del tren hasta precipitarse en un lago helado, el viaje en un habitáculo de los niños para llegar a tiempo de ver a Santa Claus).


    Y, por supuesto, como toda producción navideña que se precie, el mensaje lleno de buenas intenciones, que concluye con una narración en off del protagonista, aquí representando a todos los que hemos sido niños en nuestro momento, y que hemos creído en las mismas cosas que descubren los protagonistas del film durante su aventura. Así pues, "Polar Express", aunque pueda parecer extraño, no sólo es uno de los mejores largometrajes de su director, sino una auténtica lección de lo que debe ser el entretenimiento bien hecho que, además de distraer y emocionar, pone de relieve valores de lo más correctos. En pocas palabras, una maravilla de película, recomendable para todo tipo de público.



    • MR. HYDE DICE:

    "Polar Express" es una pasada de película, tanto para críos -que la flipan si la ven en cine- como para mayores -tres cuartos de lo mismo-. Yo tuve la ocasión de verla en tres dimensiones en un cine Imax y ya os digo que me quedé con la boca abierta. No es ya solo el hecho de que esté hecha de coña (en ese aspecto, os garantizo que es para fliparla), sino que consigue engancharte con un cuento cien por cien infantil, haciendo que el viaje del crío de la peli sea también el tuyo. Sabes que va a Polo Norte a ver a Papá Noel, pero eso te da igual porque durante el viaje pasan tantas cosas y tan trepidantes todas ellas que casi deseas que ese viaje se alargue un poco más. Es lo más parecido a meterse en una montaña rusa, con o sin las gafas de las 3D, porque la peli tiene aventuras, momentos emocionantes (ya os digo que más de una que yo me sé, al final, acabó sacando el pañuelo y llorando como una magdalena), una música preciosa, y unos efectos especiales brutales.


    Por decir algo, el único defecto (que tampoco sería tal "defecto") que le encuentro a la peli es que es una lástima que no la hayan hecho de verdad. O sea, que no hayan cogido a actores de verdad con escenarios reales y la hayan rodado así. Es cierto que desde el punto de vista técnico es muy revolucionario y tal, y que es una maravilla del cine de animación, pero si ya flipas en colores con la película en dibujos animados, imagina cómo hubiera sido todo con escenarios y el resto de verdad. Por supuesto, les hubiera costado un huevo, pero sí que hubiera merecido la pena. Y decía antes eso del defectillo porque aunque impresiona cómo está hecha, sí que da a veces un poco la impresión de que las caras de los personajes de dibujos, aunque hablen e interpreten, no acaban de tener la expresión de una cara normal. Por poner una comparación -que sé que son injustas, pero qué le vamos a hacer-, si tú ves "Wall·E: batallón de limpieza - Wall·E, 2008", alucinas con la cara de ser humano que tiene el robotito pero, en "Polar Express", las caras de los personajes no llegan a tener ese realismo de otras películas de dibujos, cosa que hace que no se le quites de encima esa sensación de cómic.


    De todas formas, aparte de esto que os comento sobre las caras de los personajes, desde que empieza "Polar Express", no tienes en ningún momento la impresión de que estás viendo dibujos animados. La acción está tan bien llevada y calculada a la perfección que sólo piensas en las aventuras que ves en cada momento. Y no son pocas: el momento en que el tren baja una cuesta empinadísima a todo trapo y sin frenos, cuando tiene que cruzar un lago helado que ha cubierto las vías y tiene que derrapar para poder enfilar por el camino correcto (os juro que este trozo corta la respiración), o la ruta que tienen que hacer los críos para llegar a tiempo a la entrega de regalos por en medio de un montón de toboganes.


    En resumen, "Polar Express" es una película estupenda para ver en familia estas navidades (si no es en Navidad, tampoco pasa nada, que la peli sigue siendo una chulada), con emoción, una historia preciosa, hecha de forma impresionante (los movimientos de cámara quitan el hipo), y con los momentos precisos de aventura, acción y ñoñeo que toda peli de este tipo necesita. En serio, no os la perdáis porque, aunque sea verla una vez, merece la pena. Ah, y una última cosa: anteción a la canción del final, "Believe", que interpreta Josh Groban, porque no tiene desperdicio.




    miércoles, 21 de diciembre de 2011

    CINE DE LOS 90: "PESADILLA ANTES DE NAVIDAD"


    TÍTULO: PESADILLA ANTES DE NAVIDAD

    DIRECTOR: HENRY SELICK

    REPARTO: -

    DURACIÓN: 76 min.

    AÑO: 1992

    GÉNERO: ANIMACIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Desde que, a finales de la década de los ochenta, llegara a las pantallas “Bitelchús – Beetlejuice, 1988”, la estética creada por Tim Burton en sus largometrajes es tan fácilmente identificable como única. Burton, iniciado en el mundo del cine como dibujante de storyboards, ha conseguido crear, a lo largo de los años, una ambientación única en todas sus películas, con independencia de que esté filmando una historia de súper héroes, un desacertado remake o un cuento popular acerca de un jinete sin cabeza. En todos y cada uno de estos largometrajes, la huella de Burton se hace presente en cada plano. Ahora bien, lo que ya no suele ser tan frecuente –salvo alguna que otra excepción- es que un director de tales características apueste por ponerse al frente de la producción de un film animado mediante la técnica del stop-motion, y cuyo guión se encuentre casi más plagado de números musicales que de diálogo propiamente dicho. Sin embargo, “Pesadilla antes de Navidad”, dirigida por uno de sus colaboradores habituales –el realizador Henry Selick-, no sólo es una película estupenda e innovadora desde una perspectiva visual, sino que está impregnada de principio a fin por la estética burtoniana a la que antes hacíamos referencia. El resultado, como decimos, es sorprendente, aunque para llegar a esos niveles de originalidad tanto la historia como el aspecto visual del film tengan que ir a contracorriente.


    Jack Skelleton es la estrella principal de Halloween Town, una pequeña aldea oscura y tenebrosa cuyos habitantes son monstruos, brujas y seres legendarios de la más diversa índole. Sin embargo, entre todos ellos existe una sorprendente relación de cordialidad y altruismo. En Halloween Town están acostumbrados a centrar todos sus esfuerzos en la preparación de la noche de Halloween que, a pesar de celebrarse una sola vez al año, requiere de toda su atención y dedicación. Sin embargo, Jack ya está cansado de ser siempre la atracción principal y echa de menos algo diferente en el ritual, que todos los años se repite de la misma forma. Así pues, un día, por casualidad, se pierde por un misterioso bosque que contiene unos troncos con puertas que llevan a otros mundos de fantasía, como el mundo de la pascua o el de la Navidad. A este último mundo es transportado Jack de forma inesperada, descubriendo todo lo vinculado con la Navidad (los regalos, la nieve, los trajes típicos…) y contagiándose del espíritu alegre que lo impregna todo. Por ello, cuando regresa a Halloween Town, propone a todos los habitantes un cambio en sus rutinas: ser ellos los que se encarguen de la celebración de la Navidad en el mundo, para lo que deciden secuestrar a Papá Noel y hacerse pasar por él, e introduciendo una serie de cambios en la tradicional nochebuena: cambio de juguetes por otros más macabros propios de su mundo, el trineo está tirado por esqueletos de reno, etc.


    Son muchas las cosas que llaman la atención de “Pesadilla antes de Navidad”. En primer lugar, que a pesar de tratarse de un largometraje filmado mediante la técnica del stop motion alejado de otras estéticas más tradicionales (como los dibujos de “Wallace y Gromit”, por ejemplo), resulta fascinante en cada uno de sus planos –atención al primer número musical interpretado en solitario por Jack Skelleton-. En segundo lugar, su tono es deliberadamente siniestro, con un guión que contiene escenas tales como una especie de tortura inflingida al mismo Papá Noel o una zombi que no para de envenenar una y otra vez al tétrico científico chiflado que la ha inventado, y una serie de personajes a cada cuál más escalofriante (no en vano el personaje principal es un esqueleto andante, y la muchacha que está enamorada de él es una especie de criatura de Frankenstein cuyos miembros están cosidos a partes). En tercer lugar, el humor negro del que está plagada la película es tan simpático que, en ocasiones, casi asusta (al fin y al cabo, hacen que parezca divertido regalar monstruos y bichos de cualquier tipo a niños ilusionados con al Navidad). Y, en último término, la banda sonora compuesta por Danny Elfman es sobresaliente, resultando mucho más efectiva la música instrumental que no las diversas canciones que, en más de una ocasión, entorpecen levemente el avance de la acción.


    En resumen, “Pesadilla antes de Navidad” es un film muy original, extraordinariamente bien hecho –tengamos en cuenta las limitaciones evidentes del estilo de animación con el que se ha realizado-, y que se erige como una nueva muestra de la fascinación con la que Burton y Selick son capaces de sorprender al público. Además, si tenemos en cuenta que hasta los personajes más macabros acaban resultando simpáticos y que su duración a penas supera la hora y cuarto, el resultado no puede ser más que una película digna de reconocerle todos sus méritos.



  • MR. HYDE DICE:

  • Pues hombre, no digo que “Pesadilla antes de Navidad” no sea una peli original, pero a mí me pareció una frikada de tres pares de cojones. Está bien ver cómo los monstruos de toda la vida (vampiros, brujas, el hombre lobo, un alcalde con dos caras…) tienen un buen rollito estupendo entre ellos, y que se lo pasan de coña asustándose entre ellos, y compitiendo por ver quién es el más aterrador. Vale, eso mola. Y la historia esa de que el esqueleto se mete de golpe y porrazo en el mundo de la Navidad también tiene su puntillo. Pero el resto ya es demasiado extraño (esa imagen de Jack Skelleton montado en un trineo tirado por renos-esqueleto y repartiendo paquetes llenos de monstruos y bichos), por no decir que a Tim Burton y el director se les va un poco la pinza. El humor de la peli –que lo tiene, y mucho- es más negro que el sobaco de Denzel Washington y, aunque alguna que otra idea hace que te partas el culo (el doctor ese paralítico con forma de pato raro fabricándose otra “novia” a la que le pone la mitad de su cerebro, la serpiente que sale de un paquete comiéndose un árbol de navidad, o la reacción de los padres de un niño tras preguntarle qué le ha regalado Santa Claus cuando éste saca de una caja una cabeza cortada).


    Lo malo son otras cosas que no tienen mucho que ver con esto que os digo. La primera que me viene ahora a la cabeza, es que tiene demasiadas canciones. Se ve que para hacerlo más llevadero y que los nenes más pequeños no salgan escopetados al verle el careto a la calavera cuqui ésta, la peli acaba teniendo más canciones que todas las de dibujitos de Walt Disney juntas. Y eso, cuando la peli va por el minuto treinta y ya te has papado siete canciones, pues acaba cansando un poco, para qué mentir.


    La segunda cosa que tampoco mola tanto es que la historia empieza muy bien para acabar desinflándose al final más que un globo pinchado. El principio con Jack Skelleton flipándola en colores en el pueblo de la Navidad mola, más que nada porque te imaginas por dónde irán los tiros. Es más, cuando vuelve a su aldea de muertos y les cuenta lo que ha visto y lo que se proponen hacer, la cosa se pone interesante (cojonudos los tres críos cabrones que tienen que secuestrar a Santa Claus, y que llevan puestas todo el rato unas máscaras que, en realidad, son de sus propias caras). Pero, cuando viene el momento en que Jack Skelleton se pega un paseo por las ciudades normales para repartir el montón de bicharracos y monstruos que han empaquetado, la cosa ya se les va de las manos. Es más, el trozo en el que el ejército empieza a meterle cañonazos para derribarlo, y éste acaba medio reventado encima de una estatua, es de lo más lamentable.


    En fin, que “Pesadilla antes de Navidad” podrá ser todo lo original que quieras, tener unos decorados brutales y unos efectos de animación de premio. Todo eso lo no discuto. Pero yo me esperaba otra cosa. No sabría si decir algo más gamberro, o algo menos made in Tim Burton (por comparar, el humor que tenía, por ejemplo, “Mars attacks – Mars attacks, 1996” me pareció divertidísimo) pero, de cualquier forma, algo que me gustar más. Así que digamos que, sin ser una mierda pinchada en un palo, “Pesadilla antes de Navidad” no entraría a formar parte de las pelis que me veo una y otra vez. Entretiene y está simpática, pero poco más. Y os lo digo yo, que me encanta casi todo lo que hace Tim Burton.





    martes, 20 de diciembre de 2011

    CINE DE LOS 80: "EL SECRETO DE LA PIRÁMIDE"


    TÍTULO: EL SECRETO DE LA PIRÁMIDE

    DIRECTOR: BARRY LEVINSON

    REPARTO: NICOLAS ROWE, ALAN COX, SOPHIE WARD, ANTHONY HIGGINS, NIGEL STOCK

    DURACIÓN: 105 min.

    AÑO: 1985

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • "El secreto de la pirámide" es la última de las patas que nos faltaba incluir en esta sección, al menos en cuanto a las películas de aventuras de la década de los ochenta tras las que se encontraba Amblin, la antigua productora de Steven Spielberg. Así pues, en este film, al igual que ya había hecho en otras propuestas por aquellos días como "Gremlins - Gremlins, 1984", "Los goonies - The goonies, 1985"o "Regreso al futuro - Back to the future, 1985", Spielberg se ocupó de facilitar la realización de un fabuloso relato de aventuras en el más puro estilo de su Indiana Jones, para lo que volvía a contar con un guión escrito por el futuro director Chris Columbus (Columbus es el guionista de los dos primeros títulos antes comentados), y con un equipo técnico de primer orden: Barry Levinson como director (tres años más tarde ganaría el Oscar al mejor director por "Rain man - Rain man, 1988"), Stephen Goldblatt como director de fotografía (Goldblatt es el excelente responsable de la fotografía de míticos films como "Terminator 2. El juicio final - Terminator 2. Judgement day, 1992"), y el veterano Bruce Broughton como compositor de la banda sonora. El esfuerzo conjunto de todos estos genios daría lugar a una de las más curiosas aproximaciones a la figura del detective más famoso de todos los tiempo: Sherlock Holmes.


    Sherlock Holmes (Rowe) es un joven estudiante en una refinada institución de Londres. A ella acude, como estudiante y compañero de cuarto de Holmes, John Watson (Cox), quien se convierte en su mejor amigo. Holmes, que es uno de los jóvenes estudiantes más inteligentes del centro, es desafiado de forma continua por sus compañeros, quienes ponen a prueba su gran capacidad deductiva, cosa que admira profundamente a Elizabeth (Ward), sobrina del profesor Waxflatter (Stock), de quien Holmes está enamorado en secreto. Las cosas se complican cuando, en Londres, comienzan a sucederse una serie de muertes supuestamente accidentales que guían a Holmes y Watson hacia una misteriosa leyenda acerca de una antigua secta. A partir del momento en que Elizabeth sea secuestrada por miembros de dicha organización, Holmes y Watson deberán averiguar qué se esconde tras esa supuesta orden secreta, y liberar a Elizabeth.


    "El secreto de la pirámide", a pesar de su tono evidentemente juvenil, es una película que no pretende, en absoluto, resultar infantil. Más bien al contrario, el largometraje contiene diversas escenas impactantes como las de las visiones que sufren diversos protagonistas como consecuencia de una potente droga que les suministran a través de unos dardos envenenados (es aquí donde los efectos especiales de la compañía Industrial Light and Magic aportan una contribución decisiva para el desarrollo del film), o toda la parte que envuelve a las celebraciones de rituales ancestrales o sacrificios humanos.


    Evidentemente, estamos hablando de una producción de Steven Spielberg y de un guión de Chris Columbus, por lo que aquello que podría haber dado lugar a una película mucho más oscura y compleja se ve sustituido por un ritmo de aventuras muy bien urdido gracias, en especial, a la puesta en escena de un sorprendente Barry Levinson. Asimismo, se agradecen determinados apuntes del guión que hacen que "El secreto de la pirámide" no se convierta en ningún momento en una producción predecible, sino que apuesta por una resolución poco propia de los films de aventuras juveniles más tradicionales. Todo ello, por no mencionar la escena que tiene lugar tras los créditos finales, y en la que se desvela la auténtica identidad del villano de la función.


    En resumidas cuentas, "El secreto de la pirámide" es un excelente film de aventuras que trata a los espectadores como personas adultas, por lo que ni insulta su inteligencia ni se conforma con presentar a los clásicos personajes jóvenes e inmaduros. Aquí, la aventura se combina de forma muy acertada con el gran espectáculo, por lo que la diversión y el entretenimiento están garantizados con este pequeño clásico ochentero.



  • MR. HYDE DICE:

  • A mí me encantó "El secreto de la pirámide" cuando la vi. Eso sí, lo que recuerdo más que nada es que acojonaban bastante las secuencias de las alucinaciones, porque creo que me daban más canguelo a mí que a los personajes. Lo chulo de "El secreto de la pirámide" es que tiene ese mismo tono de peli de aventuras que tienen también "Los Goonies" y alguna de las de Indiana Jones, y que hace que te lo pases pipa hasta el final. En "El secreto de la pirámide", además, lo interesante no es que se junte la típica historia de Sherlock Holmes y Watson, sino que la trama tiene que ver con organizaciones secretas, ritos del tipo egipcio y misterios parecidos que no se limitan sólo a que Holmes tenga que resolver un crimen (cosa más lógica, ya que en la peli sólo es un chaval jovencito).


    Por otra parte, "El secreto de la pirámide", además de una película de aventuras estupenda, tiene mucho más misterio del que podría parecer al inicio. De hecho, la peli empieza con dos asesinatos camuflados (impresionantes las secuencias en que un perchero se convierte en una maraña de serpientes, o la escena del caballero de la vidriera cobrando vida para amenazar a su víctima) y, a partir de aquí, la cosa se va poniendo cada vez más interesante porque sabes que antes o después algo tendrá que ver con Holmes y Watson.


    Otra cosa simpática de la peli es que Holmes aparece como un inventor de lo más curioso (el tío se pone a pensar cómo hacer para diseñar una especie de máquina voladora -a eso le echan demasiado cuento, pero tampoco es nada que acabe siendo ridículo-, o cómo se obsesiona por los pequeños detalles para encontrar el sentido de los enigmas), y que hacen guiños sobre cosas que luego ya serán inseparables del personaje, como el regalo de su pipa, o la gorra esa rara que siempre lleva ya de adulto.


    "El secreto de la pirámide" cuenta también con otro factor importante: es entretenidísima. Ya sea por toda la parte relacionada con las misteriosas muertes y todo lo relacionado con esa secta extraña con la que pasa toda la parte final (acojonan los pirados disfrazados de Anubis... o de quien coño sea), o por los otros enigmas más sencillos que desafían a Holmes (toda la secuencia, al principio, cuando tiene que descubrir dónde ha escondido el capullo del colegio un trofeo). Y, por otra parte, hay tiempo para la parte romántica de todo el cuento -el rollete de Holmes con la sobrina de uno de sus profesores, que tendrá una importancia fundamental en el inesperado final de la peli-. En fin, que "El secreto de la pirámide" es una de las mejores películas de aventura juveniles de los ochenta y que, aún viéndola hoy, no da la sensación de haber envejecido como otras parecidas. Se ve que el amigo Spielberg nunca ha tenido un pelo de tonto y que sabía dónde se metía.





    lunes, 19 de diciembre de 2011

    CINE CLÁSICO: "¡QUÉ BELLO ES VIVIR!"


    TÍTULO: ¡QUÉ BELLO ES VIVIR!

    DIRECTOR: FRANK CAPRA

    REPARTO: JAMES STEWARD, DANA REED, LIONEL BARRYMORE, THOMAS MITCHELL, HENRY TRAVERS

    DURACIÓN: 129 min.

    AÑO: 1946

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • En Estados Unidos, se utiliza el término feeling good movie para hablar de aquellos largometrajes cuya historia, a pesar de contener ciertos apuntes dramáticos, o de hacer que sus protagonistas se las vean y deseen para lograr salir adelante, consigue conmover al espectador gracias a la integridad del personaje principal, y de un final que convence y contenta al espectador. Sin embargo, como ya hemos comentado en más de una ocasión, no es fácil hacer una buena película de este tipo, ya que la línea que separa la manipulación descarada y torpe de la habilidad para emocionar es muy fina. Así pues, si hablamos de las feeling good movies es porque “¡Qué bello es vivir!” podría considerarse muy fácilmente uno de los primeros films que dio pie a este tipo de producciones –denominación que, por otra parte, podría decirse de la práctica totalidad de la obra de su director, Frank Capra-, estando aún hoy considerada un ejemplo de cómo narrar una historia conmovedora que, además de resaltar una serie de valores centrados en la honradez, el altruismo o la generosidad, consigue entretener al público. Pero, como suele pasar en la mayoría de las grandes películas, “¡Qué bello es vivir!” no sería lo mismo sin la presencia de James Stewart, quien realizó una de sus interpretaciones más carismáticas en este largometraje de evidente carácter navideño.


    En el pequeño pueblo de Bedford Falls, un hombre llamado George Bailey (Stewart) está a punto de saltar al vacío desde un puente con la intención de acabar con su vida. Es Nochebuena, por lo que Dios, al ver lo que está a punto de suceder, decide enviar a uno de sus ángeles llamado Clarence (Travers) para que le eche una mano a George y, así, él pueda ganarse sus alas. Pero, para que sepa con qué clase de buen hombre está a punto de tratar, decide contarle la historia de George, desde que era un niño, hasta que se convirtió en el hombre que es en dicho momento. Será entonces cuando se descubra cómo George, desde joven, ha sido un hombre que siempre ha procurado ayudar a los demás, sobretodo desde que se hizo cargo, junto a su tío Billy (Mitchell) de una empresa dedicada a la concesión de microcréditos que heredó de su padre, cuya finalidad era prestar dinero a aquellos que no podían hacer frente a los intereses que les exigía el banco, y que lo enfrenta constantemente con el señor Potter (Barryomore), el terrateniente local. Pero, además, Clarence también descubrirá cómo George se enamora de la bella Mary (Reed) con la que forma una familia, y cuáles son los motivos por los que George parece decidido a quitarse la vida en Nochebuena. A partir de ese momento, Clarence entablará contacto con George y le mostrará qué hubiera sucedido con su familia y allegados si él nunca hubiera existido.


    “¡Qué bello es vivir!” es una película hecha de principio a fin con la clara intención de hacer que la ilusión y emoción que sienten todos sus personajes se traslade al público. Aunque, todo sea dicho, también es verdad que la descripción un tanto exagerada del personaje de George, pues cuesta de creer que éste sea alguien tan sumamente bueno (ver al respecto lo que sucede cuando está a punto de irse de luna de miel con su mujer), y que esté dispuesto a quitarse la vida con tal de cumplir con las obligaciones para con su gente. Del mismo modo, sucede algo parecido con la presentación del personaje del señor Potter, quien da rienda suelta a un despotismo, egoísmo y avaricia desenfrenadas (atención a la secuencia en que está a punto de conseguir “comprar” a George mediante promesas de fortuna y prosperidad –magistral la interpretación de Barrymore-), para que contraste con el carácter bonachón de George con la misma intensidad pero, también, con la misma exageración y sobreactuación.


    Sin embargo, lo curioso del caso es que, a pesar de ello, “¡Qué bello es vivir!” no resulta empalagosa en absoluto, ni da la sensación de que el comportamiento y situaciones que contempla el guión están forzados (no sucede, como suele decir Hyde a menudo, que los vaqueros se llevan una mano al estómago tras dispararles, tardando medio minuto en desplomarse), a pesar de que podría prestarse muy fácilmente a ello. Es aquí donde el talento de Capra da lo mejor de sí mismo, tal y como queda también patente en secuencias como aquella en que George, de niño, impide que el farmacéutico del pueblo le dé una medicina equivocada a un cliente o, sobretodo, en toda la parte final en que se resuelve no sólo el problema que concierne a George sino también el destino del ángel Clarence.


    Así pues, “¡Qué bello es vivir!” es, dentro de las películas de cine clásico, una de las mejores propuestas para ver en estos días pre navideños, ya que la historia que cuenta es atemporal, e invita a disfrutar en familia de un largometraje estupendo y lleno de buenas intenciones, al que el tiempo no parece haberle afectado lo más mínimo. Al fin y al cabo, estamos hablando de una película de Frank Capra.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Buenooooooo! ¡Qué sería de una Navidad sin que nadie hablara de “¡Qué bello es vivir!” o de que la pasen por algún canal de la tele a las tantas de la madrugada. Si no lo hicieran sería tan raro como que no pusieran “Ben-Hur – Ben-Hur, 1959” en Semana Santa, o “Pretty woman – Pretty woman, 1990” cuando se han quedado sin nada que poner por la noche. Pero vamos, que el hecho de que la pasen más que las repeticiones de los realities de Tele 5 no quiere decir que la película no merezca la pena porque, para ser sincero, “¡Qué bello es vivir!” es una preciosidad de peli. No diré que es de lo mejor que he visto en mi vida, pero sí que es de esas que te dan buen rollito, y de las que hacen que te sientas de perlas cuando acaban.


    De todas formas, una cosa que a mí nunca me ha convencido mucho de este tipo de pelis en que todo es felicidad por donde se mire, es que la exageración siempre se pasa tres pueblos. ¿De verdad alguien se mataría para que otros cobraran un seguro de vida que cubriera sus deudas? Vamos, ya os digo que me pasa eso a mí y para rato me tiro de un puente. Pero claro, estamos hablando de una película donde el espíritu navideño está hasta cuando bostezan los actores, así que no podía ser de otra forma.


    Por otra parte, y aunque pueda parecer un poco contradictorio, sí que me gusta la parte más fantástica de todo, es decir, todo lo que tiene que ver con el ángel ese que baja para echarle una mano al colega con su vida, y cuando enseñan lo que hubiera pasado si el pollo éste no hubiera nacido (fijaos en lo que decía antes: me puedo creer que baja un ángel del cielo, pero me cuesta creer que la que es su mujer, si no le hubiera conocido, se hubiera convertido en una bibliotecaria solterona). Y, por supuesto, me chiflan otras cosas como el momento en que Stewart quiere conquistar a la chica prometiéndole la luna -tal cuál-, o todo el final, con la gente del pueblo y la familia reunida en torno al árbol de navidad y James Stewart con una sonrisa profidén gigante en la cara y una pinta de felicidad indescriptible. Lo malo, como solía gustarle a mi abuela, es que al malo no le den más por culo, o sea, que el pavo se vaya de rositas, aunque más cabreado que una mona por no poder salirse con la suya. Si, al final, lo hubieran mandado a la cárcel, o tirado del pueblo a pedradas, la cosa hubiera molado mucho más.


    Pero vamos, que “¡Qué bello es vivir!” es una peli que está muy bien, muy bonita y tal, y con el tema navideño perfecto para estos días, así que os la recomiendo si aún no la habéis visto. Pero tranquilos, que si es así, para variar, fijo que los próximos días la pasan por la tele.





    domingo, 18 de diciembre de 2011

    CINE EN CARTEL: "MISIÓN: IMPOSIBLE. PROTOCOLO FANTASMA"


    TÍTULO: MISIÓN: IMPOSIBLE. PROTOCOLO FANTASMA

    DIRECTOR: BRAD BIRD

    REPARTO: TOM CRUISE, JEREMY RENNER, PAULA PATTON, SIMON PEGG, MICHAEL NYQVIST, TOM WILKINSON

    DURACIÓN: 130 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: ACCIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Desde que, en 1996, Tom Cruise protagonizara y produjera la primera de las aventuras en la gran pantalla del agente del MI6 Ethan Hunt -que, a su vez, era la versión cinematográfica de la serie de televisión protagonizada por Peter Graves y Martin Landau entre otros-, han sido varios los realizadores que han impreso su personal estilo en cada una de las cuatro entregas realizadas hasta la fecha. Para esta última ocasión, Cruise ha elegido al reputado realizador de animación Brad Bird, ganador de dos Oscar por las maravillosas producciones de Pixar "Los increíbles - The Incredibles, 2004" y "Rataouille - Ratatouille, 2007", para que se encargue de dirigir una nueva y espectacular aventura, que promete al público tanto entretenimiento como dosis de acción y secuencias tan impresionantes como, valga la redundancia, imposibles.


    Al agente secreto del MI6 Ethan Hunt (Cruise) se le encarga infiltrarse en el Kremlin con la intención de sustraer unos códigos de activación de misiles nucleares que, en caso de caer en las manos equivocadas, podría desencadenar un enfrentamiento sin precedentes entre los Estados Unidos y Rusia. Acompañado de su equipo, formado por el informático Benji (Pegg) y la agente de campo Jane (Patton), Hunt no sólo no consigue hacerse con los códigos, sino que cae en la trampa de un peligroso extremista soviético llamado Hendricks (Nyqvist), quien no duda en hacer volar medio Kremlin por los aires. Cuando el gobierno ruso culpe al equipo del MI6 del ataque, el secretario estadounidense de defensa (Wilkinson) propondrá a Hunt y a su equipo encargarse de atrapar a Kendricks de forma extraoficial, antes de que se haga con el control de un satélite que le permita lanzar los misiles nucleares contra territorio norteamericano. Tras un aparatoso accidente, Hunt, con la ayuda de un misterioso analista del MI6 llamado Brandt (Renner) se podrá manos a la obra antes de que sea demasiado tarde.


    Tras el resultado de las anteriores partes de la serie "Misión: imposible" no es nada nuevo decir que, en cada nueva entrega, la teoría del cada vez más complicado se pone de manifiesto en todo su esplendor. En efecto, no son pocas las secuencias de acción que hacen presenciar al espectador un festival de acrobacias espectaculares (lo que sucede por el exterior de un hotel de Dubai es indescriptible), persecuciones trepidantes (atención a la que envuelve a Hunt y Hendricks en mitad de una tormenta de arena) y demás situaciones tan apabullantes que resulta imposible pestañear por miedo a perderse algún detalle de semejante bombardeo de imágenes (mención especial para el final, en el interior de un moderno aparcamiento de coches). Afortunadamente, Cruise (que como productor de sus propias películas sabe a la perfección lo que es necesario para contentar a las audiencias) ha confiado para esta nueva misión en Brad Bird, un director que domina a la perfección el sentido del ritmo -tal y como ha demostrado en sus anteriores largometrajes animados- para dotar a "Misión: imposible. Protocolo fantasma" de una estética que nada tiene que ver ni con la excesiva seriedad con que Brian de Palma rodó la primera entrega (que, aún así, continúa siendo la mejor de toda la serie), ni con la chabacanería de la que hizo gala John Woo en la segunda parte. Y, si bien, a pesar de un más que correcto trabajo por parte de J.J. Abrams en la tercera, la última vez que el agente Ethan Hunt se hizo cargo de una de sus misiones, el público se quedó con ganas de mucho más.


    Afortunadamente, para todos esos espectadores -entre los que nos encontramos Hyde y un servidor-, la llegada a las pantallas de "Misión: imposible. Protocolo fantasma" ha supuesto una nueva oportunidad para disfrutar a lo grande de una película cuyo único propósito es distraer al público con una tormenta casi ininterrumpida de secuencias espectaculares que las audiencias disfrutan y aplauden a partes iguales. Por suerte, el guión escrito, entre otros, por el oscarizado Christopher McQuarrie contiene las dosis suficientes de intriga, acción y aventura que una película de estas dimensiones necesita para conseguir el entretenimiento tan estupendo que es.


    Por lo que respecta al resto del equipo responsable de "Misión: imposible. Protocolo fantasma", como no podía ser de otra forma, también es excepcional: desde el montador Paul Hirsch, pasando por el director de fotografía Robert Elswitt (aquí aportando un colorido a la imagen mucho más rica en matices que sus anteriores trabajos) y el compositor de la anterior entrega Michaek Giacchino (éste ha compuesto una música excelente que no se sitúa en ningún momento por encima de las secuencias a las que acompaña, y que incluye matices tan diversos como aires inspirados en las partituras de Murice Jarre para los fragmentos que tienen lugar en Dubai, como otros de influencia oriental -para la parte de La India- o con abrumadores coros rusos para los momentos ambientados en Moscú).


    En resumidas cuentas, "Misión: imposible. Protocolo fantasma" es un auténtico festín de entretenimiento, que consigue interesar al espectador desde el primer minuto, y al que mantiene atento en el film hasta que comienzan a salir los títulos finales de crédito. No se trata de ninguna obra maestra, pero sí de una película a la que tampoco hay que negarle sus méritos. Y, como entretenimiento, desde luego, es sobresaliente.



  • MR. HYDE DICE:

  • Pues mentiría si dijera que no tenía ganas de que estrenaran esta peli para poder ir al cine a pasármelo en grande. Y es que no nos engañemos: desde hacía meses, los únicos estrenos de películas más o menos destinadas a convertirse en el pasatiempo preferido de la semana no estaban mal ("Acero puro - Real steel, 2011", "In time - In time, 2011") aunque no venían acompañados de ese bombo que mola tanto de las pelis que acaban siendo unos bombazos divertidísimos -como veis, me niego a meter en el mismo saco a la última parte de esos vampiros mascachapas que ha salido hace poco-. Pero, por suerte, el amigo Tomasete ha decidido aterrizar con la última de sus misiones imposibles, en la que ha preferido dejar en paz a las fallas y la semana santa sevillana para hacer lo que mejor sabe y debería hacer más a menudo: una película cojonuda para pasar un rato emocionado con sus volteretas de agente secreto.


    A mí, de todas las "misiones imposibles", la que más me gustó es la primera, pero teniendo en cuenta que soy fan incondicional de Brian de Palma (que también se ha cascado cada mierda que asusta), tampoco es que sea un indicador muy fiable. Lo que no voy a discutir es que esta última "Misión: imposible" es una caña. Sabes de sobra a lo que vas cuando compras la entrada, pero si lo que pretendes es encontrarte con una película de espías en plan rollo sofisticado y realista, más vale que te ahorres la entrada. Pero, si por el contrario, decides aceptar el juego de Cruise y sus colegas ya te digo que te lo pasarás de coña durante dos horas y poco.


    "Misión: imposible. Protocolo fantasma" tiene momentos muy chulos: lo que tiene que hacer Hunt y el informático friki para entrar en el archivo del Kremlin, la explosión en mitad de la Plaza Roja, todo lo que pasa en el hotel de Dubai (lástima que lo hayan enseñado tanto por la tele, porque al final ya te llevas poca sorpresa cuando lo estás viendo), la tormenta de arena, lo que tiene que hacer otro de los amiguetes para acceder a un servidor (y que le hace una especie de guiño a cuando Cruise se descolgaba desde el techo en la primera parte) y, por supuesto, la paliza que se mete con el malo en un parking que ya me gustaría ver a mí por aquí, para recuperar una maleta y parar la detonación de un misil nuclear.


    Por supuesto, te tienes que creer que una lentilla es capaz de hacer fotocopias como si nada, o que si te tiras de un coche en el que vas a toda mecha sólo te harás un par de arañazos y un corte en el pantalón de un traje. Pero tampoco es que fuera mucho más creíble que un helicóptero se puede meter por el túnel de un tren al que va enganchado, o que un tío se puede poner a hacer el mono encima de una moto mientras le da matarile a los malos, así que el esfuerzo en plan "bué, pues vale, me lo creo y en paz" creedme que no cuesta tanto.


    En fin, que "Misión: imposible. Protocolo fantasma" da, ni más ni menos, lo que promete: dos horas de diversión asegurada, momentos trepidantes, una historia con gancho y una buena sesión de palomitas como Dios manda. Que también iba siendo hora de poder disfrutar de una peli así, ¿no os parece?




    sábado, 17 de diciembre de 2011

    CINE A DESCUBRIR: "LOS CHICOS DEL CORO"


    TÍTULO: LOS CHICOS DEL CORO

    DIRECTOR: CHRISTOPHE BARRATIER

    REPARTO: GÉRARD JUGNOT, FRANÇOIS BERLÉAND, KAD MERAD, JEAN -BAPTISTE MAUNIER, JACQUES PERRIN

    DURACIÓN: 95 min.

    AÑO: 2004

    GÉNERO: MELODRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • En 2004, un modesto film francés, llamado “Los chicos del coro”, estrenado en el país galo casi entre una marea de producciones de mucha más envergadura, se convertía en un impresionante éxito de taquilla, obteniendo el aplauso unánime de la crítica mundial, y consiguiendo algunos de los premios y reconocimientos más importantes de la industria cinematográfica: ocho nominaciones a los César, dos a los Oscar, tres a los BAFTA, dos a los Globos de Oro, y al Goya como mejor película extranjera. Lo cierto es que no es para menos, ya que “Los chicos del coro” no sólo da una tremenda lección de buen cine sino que lo hace proponiendo una historia bonita, hermosamente rodada, con un guión y, sobretodo, con unas actuaciones de todo su reparto y una banda sonora de las que se recuerdan tiempo después de haber visto la película. Ah, y un pequeño detalle: se trata de la opera prima de su director: Christophe Barratier.


    Clément Mathieu (Jugnot) es un maduro compositor de música que, a mediados del siglo XX, acepta un trabajo como profesor de música en un reformatorio para niños descarriados, para poder salir adelante en esos años difíciles. Una vez que llega al reformatorio, Clément queda asombrado por la dureza y deshumanización con la que son tratados todos los niños –todo ello promovido por Rachin (Berléand), el director del centro-, los cuales, por su parte, aprovechan la mínima ocasión para dar rienda suelta a su comportamiento rebelde. De entre todos los alumnos de Clément, destaca particularmente un niño llamado Pierre (Manuier), quien posee una habilidad vocal excepcional para el canto. Animado por la posibilidad de poder aportar una visión de la vida a estos chavales a través de la música, Clément comienza a enseñarles música, formando un coro infantil que, poco a poco, irá ganando una importante reputación en toda la región, a la vez que los muchachos irán transformando su comportamiento en uno mucho más civilizado.


    “Los chicos del coro” es una maravilla en cuanto a construcción de la historia. Absolutamente ningún elemento aparece forzado, ni presentado con insistente persistencia para resultar emotivo o conmovedor. Aquí, Barratier se limita a presentar una línea argumental de lo más simple, en la que el buen hacer de su reparto, a ritmo de una insuperable adaptación musical, consigue que el espectador se sienta inmediatamente atraído por aquello que le están contando. Evidentemente, el guión contiene los suficientes giros argumentales como para no resultar repetitivo (los casi constantes enfrentamientos entre Clément y Rachin, la imposibilidad de corregir al “nuevo” alumno brutote e incapaz de comportarse de forma civilizada –tremenda el momento en que Rachin lo abofetea sin miramientos, o lo que sucede tras la secuencia del incendio del reformatorio-). En este sentido, “Los chicos del coro” se diferencia de otros largometrajes de temática similar como “El club de los poetas muertos – Dead poets’ society, 1989” o, incluso, la excelente “Profesor Holland – Mr. Holland’s Opus, 1995” con la que el film que hoy nos ocupa tiene más de un punto en común.


    Por lo demás, como ya mencionábamos, no conviene desvelar mucho más sobre este fascinante largometraje, ya que todo elemento nuevo que se descubre ayuda a disfrutarlo aún más. Tan sólo, antes de terminar, comentar un par de referencias curiosas: aquellos de ustedes que hayan visto la oscarizada “Cinema Paradiso – Nuovo Cinema Paradiso, 1988” seguro que encuentran más de un punto en común con el comienzo de “Los chicos del coro”. Y, la segunda, es que presten una atención especial al personaje de Pepinaud, uno de los niños más inocentones de todo el reformatorio, y que se adueña del corazón de los espectadores desde que aparece en pantalla por primera vez hasta que cierra la película con una inesperada reacción por parte de Clément. En resumen, una “Los chicos del coro” es una película sensacional y bonita a rabiar que merece la pena ser disfrutada con todos los sentidos. Y, por supuesto, atención a su banda sonora. Irrepetible la partitura compuesta por Bruno Coulais.



  • MR. HYDE DICE:

  • Cuando Jekyll me propuso que hoy habláramos de “Los chicos del coro”, lo primero en lo que pensé al recordar la peli fue lo cierto que parece a veces eso de que la música amansa a las fieras. Y de cómo, con cuatro duros –quitando la ambientación de mediados del siglo pasado, ya os digo que no se han gastado mucho más- y una historia que hemos visto ya mil veces en otras películas (el tópico del profesor que va a un centro nuevo en el que los que mandan son unos capullos integrales estirados, y los alumnos poco menos que delincuentes y futuros convictos), los gabachos han sido capaces de hacer una de sus mejores películas. Y lo mejor, utilizando una música preciosa como excusa para contárnoslo todo, cosa que no suele ser lo habitual –por no decir que en el noventa y nueve por ciento de los casos en que se juntan estudiantes y música, lo único que se oye es rap de ese infernal-.


    Pero si hay algo que llame la atención en “Los chicos del coro”, aparte de su banda sonora, es la forma que tienen de contar la historia. Bueno, más bien, de presentar a los personajes. Menos un chaval pelirrojo al que dan ganas de cruzarle la cara de un guantazo (y, eso, siendo comedidos), el resto de los que salen son gente estupenda. El profesor, es un buenazo total; el chavalín pequeño al que parece que nadie quiere, es un bragado genial, y el niño principal, aunque un poco mamonete, también termina cayéndote bien. Vamos, hasta el director ese que parece que tenga un palo de escoba metido por el culo te acaba resultando simpático (es divertido el momento ese en que se pone a hacer avioncitos de papel mientras baila encima de su mesa). Como os digo, lo bonito del tema es que da la sensación de que son una serie de personajes que van perdidos sin saber muy bien qué hacer con su vida, hasta que un profesor insignificante decide poner un poco de orden, como quien no quiere la cosa, y siempre desde el respeto y la educación. Por eso me gusta, porque da la sensación de que uno de los mensajes que pretende transmitir “Los chicos del coro” es si quieres predicar, hazlo con el ejemplo (que a más de uno que conozco debería quedarle esto claro).


    En cuanto al resto de la peli, pues está bien, pero tampoco descubre América. Lo que pasa es que esa sensación de buen rollo hace que cosas más normales y flojuchas (el rechazo al nuevo profesor nada más llega al centro, el enfrentamiento entre él y el director que es mucho más chapado a la antigua, la forma de entablar relación con los chavales que pasan del tema, etc.) te parezcan cojonudas. Y, entre ejemplo y ejemplo, pues sesión de cántico infantil que hacía que toda la gente se quedara muda con la música que eran capaces de hacer esos chavales con sus voces.


    En fin, que “Los chicos del coro” es un ejemplo perfecto de cómo un mismo tema que ya nos han contado en muchas otras pelis puede ser tratado desde un punto de vista totalmente diferente, haciendo que el público se sienta a gusto con la historia, que los actores (sobretodo los infantiles) lo hagan de coña y que, cuando acaba, te sientes bien. Supongo que es una sensación que sólo consiguen provocar en la gente las películas buenas. Y ésta lo es.






    viernes, 16 de diciembre de 2011

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "LOS PINGÜINOS DEL SEÑOR POPPER"



    TÍTULO: LOS PINGÜINOS DEL SEÑOR POPPER

    DIRECTOR: MARK WATERS

    REPARTO: JIM CARREY, CARLA GUGINO, MADELEINE CARROLL, MAXWELL PERRY COTTON, ANGELA LANSBURY

    DURACIÓN: 97 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Hace unos años que la carrera de Jim Carrey ya no es lo que era. Quien arrasara en taquilla gracias tanto a películas cómicas como "Dos tontos muy tontos - Dumb and dumber, 1994" o "Mentiroso compulsivo - Liar, liar, 1997", como por sus interpretaciones más serias en "El show de Truman - Truman show, 1998" y "The Majestic - The Majestic, 2001", parecía haberse ido apagando poco a poco, sobretodo a raíz de sus últimos y repetidos tropezones en taquilla con proyectos que, si bien no carecían de cierto interés, no contaron con el apoyo mayoritario del público que antes lo había encumbrado. Por ello, parecía evidente que Carrey quisiera regresar a la primera línea de actualidad con una comedia apta para todos los públicos, y con un evidente tono infantil que consiguiera atraer a los espectadores más pequeños. Así pues, esto es lo que parece pretender con su intervención en esta comedia familiar, en la que se quieren resaltar valores como la unidad familiar o el respeto por los animales y la tradición.


    Popper (Carrey) es un hombre de negocios, especializado en convencer a propietarios de emblemáticos edificios para que los vendan a la gente para la que trabaja quienes, posteriormente, los derriban para levantar después nuevas construcciones. Un día, Popper recibe una extraña caja que le envía su recientemente fallecido padre, que contiene un pingüino. Desconcertado por tal hecho, Popper no le da más importancia de la necesaria, hasta que un malentendido telefónico hace que le lleguen más pingüinos a su domicilio. Evidentemente, sus hijos, Janie y Billy (Carroll y Cotton, respectivamente) están encantados con la perspectiva ya que, desde el divorcio de sus padres, el contacto que han tenido con Popper ha sido de lo más distante. Incluso su ex-mujer Amanda (Gugino) parece notar cambios en la actitud de Popper. Los auténticos problemas vendrán cuando Popper tenga que hacerse cargo de la venta de un centenario restaurante propiedad de una anciana (Lansbury), y que no le pondrá las cosas fáciles.


    "Los pingüinos del señor Popper" es una película de evidente tono infantil. Al igual que otros largometrajes también protagonizados por el mismo Carrey como "El Grinch - Dr Seuss' How the Grinch stole Christmas, 2000", su único interés es atraer la atención de los más pequeños para que acudan a las salas acompañados de sus respectivos padres y que, así, la recaudación sea mayor. El problema es que esta receta podría haber funcionado hace unos años. Ahora, con la evolución de los gustos y con la presencia de una competencia mucho más fuerte en el sector de las películas de carácter infantil, da la sensación de que esa misma audiencia que antes lo aplaudía, ahora se decanta por producciones mucho más sugerentes, como las recientes entregas de los robots destrozones de Michael Bay, o cualquiera de las obras maestras que Pixar estrena cada año. Así pues, el resultado de pasar noventa y pocos minutos viendo a Carrey lidiando con un grupo de pingüinos no acaba teniendo los resultados esperados.


    Cierto es que "Los pingüinos del señor Popper" contiene algún que otro efecto simpático (el pingüino cegatón que no para de darse golpes con las esquinas de los muebles, el cirio que montan en el Guggenheim durante una gala benéfica), aunque el resto del largometraje acumule innumerables tópicos propios de este género simplón de comedias. Así pues, sin resultar un espectáculo ofensivo al buen gusto, la película se queda muy lejos de resultar un entretenimiento recomendable para toda la familia ya que, sin duda alguna, hay y habrá film infinitamente mejores.



  • MR. HYDE DICE:

  • Aunque no lo parezca, este bodrio me ha enseñado varias cosas. La primera, me ha demostrado que, o bien Jekyll me odia, o que a veces se le peta algún que otro cable, porque que de todas las novedades que había esta semana en el videoclub haya escogido ésta (la excusa es que es una peli así como de temática navideña, que puede interesar más) es algo que me cuesta bastante de comprender. La segunda cosa que he aprendido es que hay ciertas pelis que más vale ver con un niño pequeño al lado -o con alguien de pocas luces con muy mal gusto para el cine- que esté dispuesto a reírse de las cuatro soplapolleces que salen en las películas de este palo. La tercera cosa es que, todo tiempo pasado, en ocasiones, fue mejor, porque ver a Jim Carrey (por cierto, ¡qué viejo se le ve al tío!) haciendo lo imposible porque semejante mierda resulte interesante da una pena brutal. Y la cuarta cosa es que, aunque no lo parezca, el intelectual que escribe primero, por mucho que se las de de pedantillo especialista en cine clásico y cosas de esas, es un fan de Carrey, se parte el culo viendo "Dos tontos muy tontos", y piensa -por mucho que haya dicho lo contrario- que una peli con Carrey puede tener algo interesante aunque pinte mal la cosa (y creedme, que aquí pinta no mal, lo siguiente).


    "Los pingüinos del señor Popper" es un truño como un puño. No hay por donde cogerla, al no se que, como os decía antes, tengáis a un crío pequeño que la flipe con las chorradas que hacen los pingüinos. De lo contrario, no comprenderéis cómo alguien (Carrey) puede caer tan bajo después de haber conseguido ser un actor simpático que ha hecho cosas pero que mucho mejores. Es más, hace que las pelis de Ace Ventura sean un ejemplo de comicidad en comparación con ésta. Puede que, con las películas como ésta, sea demasiado analítico. Me explico. Me resulta más fácil creerme que el atontao del protagonista cuida de unos pingüinos que una serie de cosas que también pasan en la peli, como que la ex-mujer se piense lo buena persona que es Carrey porque cuida de esos bichos con una sonrisa en la cara, que a la hija no le den dos guantazos y le quiten de golpe la tontería que se trae con el móvil y los chicos que le gustan, que los jefes de Carrey confíen en un descerebrado así para llevar sus negocios, que el malo de la función sea un cuidador de zoo que quiere hacer su trabajo como todo hijo de vecino, o que -y aquí vine lo más ilógico de todo- que cuando le entregan a Carrey la primera caja de pingüinos, no vaya cagando leches al zoo a dejar a esos bichos.


    Evidentemente, del final en plan "buen rollito familiar" ya ni hablamos, porque os adelanto que ni la presencia de una Angela Lansbury con un pie más en el otro barrio que en éste consigue arreglar el merdam. Aunque claro, teniendo en cuenta que el "genio" que está detrás de esta chufla es el mismo que se sopló obras maestras como "Chicas malas - Mean girls, 2004" o "Los fantasmas de mis ex-novias - The ghosts of girfriends past, 2009", pues todo se entiende un poco más. Aunque la opinión sigue siendo la misma, que "Los pingüinos del señor Popper" es una mierda de película, dirigida únicamente a un público cuya edad se encuentre comprendida entre los 0 y los 3 años (los niños de cuatro años, ya puede que te tiren el mando por la cabeza si les pones esto). Así que si queréis ver algo mejor en casa ahora que llega la Navidad, escoged mejor algo de Disney, que sea lo que sea, fijo que le pega mil patadas al primo Carrey con sus muecas y bichos.





    jueves, 15 de diciembre de 2011

    CINE ACTUAL: "LA BÚSQUEDA"


    TÍTULO: LA BÚSQUEDA

    DIRECTOR: JON TURTELTAUB

    REPARTO: NICOLAS CAGE, DIANE KRUGER, JUSTIN BARTHA, SEAN BEAN, JON VOIGHT, JARVEY KEITEL, CHRISTOPHER PLUMMER

    DURACIÓN: 131 min.

    AÑO: 2004

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Desde hace más de veinte años, cada nuevo estreno apadrinado por el magnate de Hollywood Jerry Bruckheimer se convierte en todo un acontecimiento. Aún con más motivo desde que éste fuera se encargara, hace casi una década, de poner en marcha la primera parte de una de las franquicias más taquilleras de todos los tiempos: la de las aventuras de los piratas del Caribe. Si bien, antes, los proyectos producidos por Bruckheimer ya conseguían arrastrar a un auténtico torrente de espectadores a las salas, en las que el público disfrutaba de entretenimientos tan apabullantes como “Armageddon – Armageddon, 1998”, “Pearl Harbor – Pearl Harbor, 2001” o las dos partes de “Dos policías rebeldes). En el caso de “La búsqueda”, parece ser que a Bruckheimer le atrajo de sobremanera la posibilidad de realizar un largometraje de aventuras actuales a la antigua usanza, es decir, con todos los elementos propios de las historias de tesoros perdidos, pistas ocultas, enigmas ambiguos, etc. Así pues, tras contar de nuevo con Nicolas Cage, uno de su actores fetiches (Bruckheimer y Cage han colaborado en seis ocasiones), se puso en marcha la filmación del que acabaría siendo uno de los largometrajes más taquilleros de la temporada navideña y, por méritos propios, en uno de los más entretenidos del año


    Ben Gates (Cage), junto a su socio Ian (Bean), su mejor amigo Riley (Bartha) y otros colaboradores se embarca en una expedición a Alaska para encontrar un legendario tesoro escondido hace siglos por los caballeros templarios, del que siempre le había hablado su abuelo (Plummer). Sin embargo, al llegar tan sólo descubren una pista que les conduce a un mítico documento: la declaración de independencia de Estados Unidos. Ante esta situación, Ben e Ian discrepan sobre la mejor forma de hacerse con el documento, ya que Ian es partidario de hacerlo por la fuerza bruta, mientras que Ben opta por una forma más pacífica. En ese momento dará lugar una carrera contrarreloj para hacerse con el documento histórico y encontrar el tesoro. A esta búsqueda se unirá, de forma casi obligatoria, la directora del museo en el que se expone la declaración, la doctora Abigail Chase (Kruger), el padre de Ben, Patrick (Voight), y Sadusky (Keitel), un policía que irá tras los pasos de todos.


    Ver “La búsqueda” es una experiencia gratificante. No es que el film de Turteltaub sea una maravilla, aunque sí hay que reconocerle que sabe entretener como pocas veces se suele ver en una pantalla de cine. El ritmo non-stop de la película convierte a sus dos horas de duración en uno de los mejores pasatiempos del cine de aventuras reciente. La acción es trepidante, la intriga presente durante cada una de las fases por las que pasan los protagonistas en sus descubrimientos, y la diversión enorme. Evidentemente, estos son rasgos que, en mayor o menor medida, suelen estar presentes en casi todas las producciones de Bruckheimer aunque, por otra parte, la calidad de las mismas ya suele ser más discutible. Por fortuna, “La búsqueda”, consciente de que su misión no es otra que encandilar a la platea con su argumento, pone todo de su parte para no defraudar y, así, convertirse en un largometraje de lo más recomendable.


    Ahora bien, parte del mérito de que “La búsqueda” sea así de emocionante, cabe adjudicárselo tanto a su director como al equipo técnico que es capaz de convertir el subsuelo de una iglesia de Boston en un entramado de pasadizos y escaleras llenas de peligros, los pisos inferiores de un museo en una cámara casi inexpugnable, o un barco encallado desde hace siglos en lugar remoto de la Antártida en una trampa mortal. A ello, también hay que añadir el estupendo trabajo de fotografía de Caleb Deschanel y la fantástica banda sonora compuesta por el cada vez más acertado y prolífico Trevor Rabin. Así pues, “La búsqueda” es una película muy recomendable, estupendamente bien hecha y con un dinamismo que la convierten en un título a disfrutar en cualquier momento.



  • MR. HYDE DICE:

  • Pues yo admito que soy de los que, cuando veo que se estrena una peli que produce Jerry Bruckheimer (el cerebro detrás de esa obra maestra que es “La roca – The rock, 1996” –y sí, habéis leído bien, he dicho obra maestra-), procuro ir pitando el fin de semana al cine para verla. Porque puede que sus pelis no sean una obra maestra, pero es que tampoco lo pretenden. Eso sí, en el noventa y mucho por ciento de las veces, lo que ves es una machomovie como Dios manda, llena de acción y testosterona a mansalva, que hace que te lo pases teta hasta que salen las letras al final (que luego tenga buenas interpretaciones o un guión currado, ya es otro cantar). Digo esto porque cuando se estrenó “La búsqueda”, viendo el argumento así en plan cazadores de tesoros que tenía, ni me lo pensé dos veces a la hora de comprar la entrada. Bien, pues es una de esas veces que no puedes salir más satisfecho del cine, porque es una película cojonuda, trepidante, y con un ritmo brutal (no del que marea, estilo Bourne) desde que se apagan las luces.


    “La búsqueda” no es una película de aventuras tipo Indiana Jones, pero poco le falta. En este caso, al pasar todo en la actualidad, se sale esa combinación de trampas y acertijos centenarios con elementos modernos tipo cómo robar una obra de arte (la declaración de independencia estadounidense) de un museo que tiene más seguridad que el Banco de España. Además, uno de los aciertos de pleno de la peli es que está hecha de forma que a penas tienes tiempo de aburrirte, ni ningún rato muerto porque siempre están pasando cosas. En cuanto descubren una reliquia antigua, ésta les lleva hasta otra nueva y, de ahí, una pista los manda a la otra punta de la ciudad a resolver otra cosa distinta. Así que tú te pasas el rato imaginando qué será lo nuevo que se encontrarán, de qué forma conseguirán resolver el misterio, cómo encontrarán el tesoro, darán por la retaguardia a los malos de turno, conseguirá el prota a la chica, etc.


    Además, desde el punto de vista visual es flipante: el barco del principio que está entre el hielo, toda la parte de cámara fuerte del museo y, por supuesto, la especie de catacumba esa del final donde los llevan todas las pistas para encontrar el tesoro. Es lo más parecido a una aventura de Indiana Jones, pero sin pedruscos que van detrás de ellos para dejarlos como sellos (aunque los malos son de un cabrón que déjalos ir). De todos los momentos que tiene, no sabría muy bien con cuál quedarme. Puede que con el robo de la declaración de independencia del museo –y la persecución que viene después- o con lo que pasa cuando descubren una pista en un billete de no sé cuántos dólares. Por su parte, los actores están todos estupendos: desde un Nicolas Cage que hace algo potable (sus últimas pelis han sido mierdas como puños), así unos secundarios como Jon Voight o Harvey Keitel con pinta de pasárselo pipa.


    Es cierto que la peli tiene un tufillo a patriotismo hortera de ese que les gusta a los yanquis (están todos que no cagan con la declaración de independencia y con todo lo que sufrieron los padres de la patria para garantizar sus libertades y bla bla bla), que funciona porque saben convertir una garrulada como esa en algo súper entretenido, que casi te dan ganas de cuadrarte y hacer el saludo militar ante la bandera de barras y estrellas. Pero vamos, que esa es una excusa tan válida como cualquier otra para que la historia funcione. Y, en este caso, lo hace de categoría con una peli entretenida a más no poder, y con un ritmo cojonudo que hace que disfrutes del cine en todo su esplendor. Lo dicho, una pasada muy guapa.