miércoles, 8 de febrero de 2012

CINE DE LOS 90: "ESTADO DE SITIO"

TÍTULO: ESTADO DE SITIO

DIRECTOR: EDWARD ZWICK

REPARTO: DENZEL WASHINGTON, ANNETTE BENING, BRUCE WILLIS, TONY SHALHOUB, SAMI BOUAJILA

DURACIÓN: 116 min.

AÑO: 1998

GÉNERO: POLICIACO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • No hace falta entrar en muchos detalles para estar completamente seguro de que los atentados de Nueva York del once de septiembre cambiaron para siempre la forma de ver las cosas desde ese momento. El cine, como cualquier manifestación artística, no se ha sentido inmune a tan devastador efecto. Ahora bien, aunque el público pueda dar por hecho que se realicen determinados largometrajes que tengan como tema principal tan salvaje acto terrorista, lo que ya no suele ser tan corriente es que haya una película capaz de recoger tal frustración e intriga antes de que se produjeran. En efecto, casi como si el argumento que explota hubiera sido proverbial, el director Edward Zwick se alejó de la épica que había caracterizado a sus primeros largometrajes (la excelente "Tiempos de gloria - Glory, 1989" y "Leyendas de pasión - Legends of the fall, 1994") para centrarse en una historia que tenía como punto de partida una serie de brutales atentados perpetrados en la Gran Manzana, tras los que se encontraban terroristas extremistas islámicos. Como principales protagonistas, Zwick tuvo la suerte de contar con tres auténticas estrellas hollywoodienses: Denzel Washington (en su tercera colaboración con el director), Annette Bening y un comedido Bruce Willis.


    Anthony Hubbard (Washington) es un agente del FBI que dirige una importante unidad antiterrorista, centrada en las amenazas de origen islámico. Tras un brutal atentado, Hubbard conoce a Elise Kraft, una agente de la CIA que lleva tiempo recabando información acerca de las células terroristas islámicas que se encuentran en el interior de Estados Unidos. Su sospecha es que, tras la detención de un importante jeque terrorista en Oriente Medio, se están preparando una serie de atentados en cadena que provocarán una auténtica masacre entre la población civil neoyorquina. La cosa se complicará cuando el general William Deveraux (Willis) proponga medidas mucho más radicales de lo esperado para controlar la amenaza terrorista.


    "Estado de sitio" es, por encima de cualquier otra valoración que se le quiera dar, una película de entretenimiento. Cierto es que toca un tema tan delicado y candente en la actualidad como el terrorismo islámico y las consecuencias tan devastadoras que éste puede tener. Sin embargo, no hay que olvidar que su principal intención es distraer al público y hacer que la intriga que maneja con notable acierto pretende hacer que los espectadores se sumerjan desde el comienzo en una historia de espionaje y tensión. A este respecto, destaca particularmente la labor dinámica tras las cámaras de Edward Zwick, mucho más preocupado por hacer del guión una historia interesante y trepidante.


    Desgraciadamente, como suele ser frecuente en las películas de Zwick, esa aparente épica de la que quiere salpicar a todo el conjunto acaba desinflándose conforme avanza el metraje. Así pues, mientras que "Estado de sitio" comienza de forma espectacular y avanza hasta, aproximadamente, poco más de su mitad, con pulso firme y ágil, es a partir del instante en que se cede mayor protagonismo a los militares y la represión por parte del ejército (con esa imagen de un estadio abarrotado de prisioneros sospechosos de pertenecer a alguna célula islámica, casi calcada del "Desaparecido - Missing, 1982" de Costa Gavras), cuando "Estado de sitio" se vuelve un film muchísimo más predecible y flojo de lo que cabría esperar.


    No obstante, a pesar de este detalle, y de que el final del largometraje contenga más de una línea argumental secundaria de lo más tramposa (la identidad del cabecilla de la última célula que piensa atentar contra una tremenda multitud de diversidad étnica, la falta de escrúpulos del militar al que encarna Bruce Willis -quien, dicho sea de paso, recita las frases más horteras y ridículas de toda la película-, etc.) que deja al espectador con la sensación de que "Estado de sitio", de haber sabido jugar mejor sus cartas y derivar hacia una resolución más propia de los thrillers policiacos, habría logrado ser un largometraje muchísimo más efectivo y, por qué no decirlo, mejor.


    Sea como sea, no hay por ello que negarle las virtudes que tiene este entretenimiento: ritmo trepidante durante la mayor parte de su metraje, imágenes escalofriantes tanto por el contenido visual como por la tensión psicológica y moral que implica, y una actuación a cargo de Denzel Washington que hace que una simple película de corte pseudo político como ésta adquiera un cariz mucho más dinámico e interesante.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Uf, qué chungo es comentar una peli como "Estado de sitio"! Por una parte, supongo que es más o menos fácil hablar de cómo es la peli, de si interesa o es un bodrio y tal pero, por otra, es jodidillo el tema que toca. Así que mejor nos centramos en la peli, que esto va el tema. "Estado de sitio", aunque no lo parezca, se hizo unos años antes de los atentados de las Torres Gemelas. Y digo lo de "aunque no lo parezca" porque no creo que ahora, tal y como está el patio, hicieran una peli parecida. En ella, se ve claramente como los tarados de los radicales islámicos se dedican a preparar una serie de atentados por Nueva York, a cada cuál más bestia. Por supuesto, en medio de todo este follón, Denzel Washington demuestra lo que es ser un agente del FBI de lo más íntegro, Annette Bening que puede ser una espía cojonuda y Bruce Willis... bueno, Bruce se limita a poner la cara de pocos amigos de siempre.


    "Estado de sitio" es una película que te hace pensar de una forma diferente. No me refiero a que te haga ver las cosas de otra forma, sino a que seamos capaces de darnos cuenta de que ni todos los árabes son terroristas ni todos los occidentales (los militares, en este caso) son angelitos bajados del cielo. La peli empieza siendo una historia de intriga muy bien hecha, con sus pistas, sus sospechosos y toda esa mandanga de las películas en las que el FBI, la CIA o cualquiera de estos policías se dedica a seguirle la pista a tíos más peligrosos que un mono con navaja. Toda esa primera parte te atrapa desde el minuto uno. Además, mantiene el misterio de algo que pasa al principio de todo con un jeque -y que no os contaré para no chafaros el interés- y que tendrá consecuencias importantes a medida que avanza la peli.


    Durante toda esa primera mitad, hay secuencias que te dejan clavado al asiento, como el del atentado a un autobús, y que monta un cirio del quince en pleno centro residencial. O toda la parte de espionaje de después, en la que ni pestañeas para no perderte un solo detalle de cada sospechoso, o de cada persecución. Y, por supuesto, cuando pasa lo que podríamos llamar el súper atentado, ahí ya la flipas (os prometo que la imagen esa de una mujer bajando unas escaleras como medio ida que, de repente, se gira y ves cómo le falta un brazo, me costará de olvidar). Además, como no sabes quién o quiénes son los malos (los moros de turno, sí, vale, pero es como no decir nada porque no te imaginas la carita que tienen, ni cómo pararlos), pues aún aumenta más ese interés no sólo por saber si los pillan, sino cómo, o si es antes de que monten otro pollo de los suyos.


    Ahora bien, hay un momento en que en "Estado de sitio", parece que la cosa se les va de las manos, y te da la sensación de que como no sabían de qué forma salir del berenjenal en el que se habían metido, tiran por el camino del medio, sin saber muy bien a dónde irán a parar. Supongo que eso pasa cuando empiezan a meterse a saco paco los militares en todo el embolao (cuando construyen esa especie de campo de concentración en un estadio, cuando Denzel tiene que acelerar para que no revienten media ciudad por los aires y tal). Toda esa parte no está mal, pero tienes esa impresión de que no han sabido cómo mantener la crítica a todo el tema de los atentados y que han decidido sacar al moro de turno para partirle la cara.


    De todas formas, "Estado de sitio" es una peli que me gusta ver de cuando en cuando, que sigue siendo igual de interesante y con una intriga brutal. Sé de sobra lo que pasa y cómo acaba, pero acojona hasta cierto punto ver cómo algunas de las cosas que ves y piensas "bueno, sólo es una peli", de repente se pueden volver de lo más reales. Por suerte, la peli está muy bien hecha y, si además sale Denzel Washington -creo que es uno de los tíos más simpáticos y mejores actores que salen ahora mismo en las pelis americanas-, pues aún te lo pasas mejor. Ahora, ya os digo que "Estado de sitio" no es solo un entretenimiento. Da que pensar, y mucho. Cosa que, unido al hecho de que te lo pases bien y entretenido un rato mientras lo ves, pues te sienta mucho mejor.




    martes, 7 de febrero de 2012

    CINE DE LOS 80: "LOCA ACADEMIA DE POLICÍA"

    TÍTULO: LOCA ACADEMIA DE POLICÍA

    DIRECTOR: HUGH WILSON

    REPARTO: STEVE GUTTENBERG, BUBBA SMITH, KIM CATTRALL, GEORGE GAYNES, G.W. BAILEY, DAVID GRAF, LESLIE EASTERBROOK, MICHAEL WINSLOW

    DURACIÓN: 89 min.

    AÑO: 1984

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • 1984 fue un año bien productivo para los estudios que decidieron apostar por una nueva forma de realizar comedias. Por una parte, grandes estrellas televisivas debutaban como protagonistas absolutos con films que contaban más con el gancho de su mera presencia que no con la calidad de la propia película (caso de "Superdetective en Hollywood - Beverly Hills Cop, 1984"). Por otra parte, otros se decantaron por una curiosa y acertada combinación de comedia con ciencia ficción ("Los cazafantasmas - Ghostbusters, 1984") y con el terror ("Gremlins - Gremlins, 1984"), cuya acogida fue recibida con los brazos abiertos. En medio de este panorama, también se estrenaba una comedia de bajo presupuesto, centrada en las aventuras y desventuras de un grupo de esperpénticos personajes que decidían entrar a formar parte de las fuerzas policiales nacionales. El resultado sería el primer largometraje de una serie de exitosas secuelas (en orden decreciente, como suele ser frecuente en estos casos), que contaría con el apoyo mayoritario del público que acudió en masa a los cines para divertirse con las patochadas de todos estos cadetes.


    Carey Mahoney (Guttenberg) es un aspirante de lo más gamberro que se presenta a unas oposiciones a agente de policía junto a un particular grupo de aspirantes de lo más peculiar, entre los que se encuentra Jones (Winslow) -una auténtica máquina de ruidos andante-, Hightower -un fortachón de casi dos metros-, Tackleberry -obsesionado con las armas de fuego descomunalmente grandes-, y la inocentona Karen Thompson (Cattrall). Todos ellos serán puestos a prueba por un instructor con muy malas pulgas llamado Harris (Bailey), aunque contarán con la ayuda del comandante Lassard (Gaynes), un bonachón que se encargará de hacer lo posible porque todos ellos se conviertan en auténticos policías.


    Evidentemente, ante un argumento como el de "Loca academia de policía" poco margen de discusión cinematográfica queda disponible. Esta alocada comedia, a pesar de haber contado con la simpatía del público mayoritario, no consigue mejorar con el tiempo, ya que tanto en el momento de su estreno como casi treinta años después, sobrevive a causa a la aparente gracia de alguna de sus secuencias. Sin embargo, quitándole esos dos o tres instantes, "Loca academia de policía" no es más que un simple y burdo entretenimiento de usar y tirar que sirve como distracción pasajera pero que, en ningún momento, se queda en la memoria del espectador como una comedia de referencia.


    Cierto es que algunos de los episodios que dan cuerpo al largometraje tienen un acierto de lo más simpático (caso, por ejemplo, de todo lo relacionado con los primeros entrenamientos de los cadetes al llegar a la academia). No obstante, esta aparente gracia da paso al absurdo de ciertas situaciones (dos grupos de agentes de policía tratando de evitar un atraco a una tienda de lámparas y causando casi más destrozos de los que habría provocado un terremoto, o los propios agentes procurando salir ilesos de una multitud que los persigue por las calles de la ciudad para lincharlos), que depende más de la propensión a la risa fácil del público que no de la originalidad de dichas situaciones. Y, por supuesto, quedan relegadas al absurdo más absoluto reflexiones del tipo "cómo es posible que hayan aceptado en una academia de policía a semejante panda de facinerosos", porque ni tiene sentido ni merece la pena perder el tiempo con ellas.


    Así pues, "Loca academia de policía" funciona como un simple entretenimiento de lo más intrascendente. Del tipo de pasatiempos que resultan útiles si da la casualidad de que se emiten por la televisión en la sobremesa de alguna tarde y a ustedes no les apetece hacer otra cosa que distraerse un rato en la comodidad del sofá de su casa.



  • MR. HYDE DICE:

  • Bueno... Primero fue "Porky's - Porky's, 1981" y ahora "Loca academia de policía". ¡Eso sí que es tirar de obras maestras de la comedia ochentera! ¡Juas! Ahora, lo curioso del tema es que, por muy malas que pudieran parecer estas películas (de las del tío de pelo blanco, ya ni hablemos), siempre conseguían hacerte reír -al menos con las primeras partes, que al resto dales de comer aparte- y hacerte pasar un buen rato, así que tan patatoides no serían después de todo. Además, como suele decirse, el mérito que tienen algunas de estas pelis chorra es que todas tenían su punto original que es el que las hizo tan famosas y, a este respecto, "Loca academia de policía" tiene unos cuantos porque, si no, que me expliquen cómo pudieron hacer un huevo de segundas partes (unas seis o siete en total), y hasta una serie de dibujos animados que el menda, como cualquier crío de la época, se tragaba sin chistar.


    De todas formas, lo que le da ese puntito a "Loca academia de policía" no son los gags ni cada uno de los episodios que parece que la forman. En este caso, lo que hace que te partas el ojete es cada uno de los tarados que quiere ser policía. Veamos, hagamos un rápido repaso mental: está el que hace ruidos (uno de mis preferidos), el burro que sólo piensa en pistolones y bazookas (otro de mis preferidos), la instructora buenorra, el comisario de policía empanado, el gigantón al que nadie tose a la cara, el pavo con cara de tonto y torpe hasta decir basta (al que le desvalijan el coche de policía mientras se atiborra de donuts y café), y el instructor cabrón al que no paran de gastarle putadas. Evidentemente, más que de una comisaría de policía, parece que estamos hablando de la comparsa de las fiestas de un pueblo, o de los pacientes de un manicomio. Pero, por supuesto, cuando los visten de policías y salen a la calle, montan cada bollo que no puedes hacer otra cosa que no sea reírte.


    No creo que sea posible destacar así muchos momentos sueltos de "Loca academia de policía", porque la película entera es como ver un sketch detrás de otro, a cada cuál más chorra, pero con su punto cachondo para que la sonrisa tonta te venga a la cara. Por ejemplo, uno de los que a mí más gracia me hace, es cuando el comisario tiene que dar un discurso delante de un montón de gente sin saber que hay una guarrilla metida debajo del atril desde el que tiene que hablar, y ella le hace "una faenita" mientras el pollo está en mitad de discurso. La cara que se le queda de satisfacción y cómo se pone más blanco que el papel cuando luego ve salir de ahí abajo a otro policía (que estaba escondido con la tiparraca) no tiene precio, jejeje. Y, por supuesto, cada una de las putadas que le hacen a su supervisor -como cambiarle el champú por pegamento- y de los líos que monta el tío de los ruidos, que es uno de los más divertidos de todos.


    Por supuesto, o te tomas a broma toda la película, o te dan ganas de cortarte las venas, porque "Loca academia de policía", lo que se dice un peliculón, pues no lo es, fíjate tú. Por no decir que, como peli, es una mierda pinchada en un palo. Aunque, por supuesto, quien piense que los que la hicieron querían pasar a la posteridad por la calidad de su peli, que se lo haga mirar por un médico, porque muy centrado no es que esté. Así que si queréis pasar un rato entretenido, reíros un rato con las tontunas que se les ocurren a esta pandilla de descerebrados y olvidaros del mundo durante menos de hora y media, "Loca academia de policía" -la primera, of course- puede ser una buena opción. Ah, y recordad que vale única y exclusivamente para eso, que no hay más donde rascar.




    lunes, 6 de febrero de 2012

    CINE CLÁSICO: "EL TORMENTO Y EL ÉXTASIS"

    TÍTULO: EL TORMENTO Y EL ÉXTASIS

    DIRECTOR: CAROL REED

    REPARTO: CHARLTON HESTON, REX HARRISON, ALBERTO LUPO, DIANE CILENTO, HARRY ANDREWS

    DURACIÓN: 136 min.

    AÑO: 1965

    GÉNERO: DRAMA HISTÓRICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • A partir de la década de los sesenta, y muy especialmente durante los años siguientes (hasta principios de los setenta, más o menos), el cine épico experimentó un giro de lo más acentuado hacia la producción de largometraje a cada cuál más faustuoso. Si bien "Ben-Hur - Ben-Hur, 1959" había sentado un precedente en cuanto a cine histórico de corte épico, no sería hasta su afianzamiento con "Lawrence de Arabia - Lawrence of Arabia, 1961" y, sobretodo, con el punto de inflexión que supuso "Cleopatra - Cleopatra, 1963" cuando éste alcanzaría su máximo esplendor. En mitad de toda esta moda, y justo el año en que David Lean volvía a estrenar otra de sus obras maestras (la adaptación de la famosísima novela de Boris Pasternak), el realizador Carol Reed realizaba una de las películas más fabulosas acerca del mundo del arte y, más en concreto, sobre cómo se pintó la Capilla Sixtina. Para ello, Reed no tuvo reparos en contar lo que acabaría siendo "El tormento y el éxtasis" con un lenguaje cinematográfico ágil y emocionante como pocas veces se había visto antes.


    El Papa Julio II (Harrison) está buscando a un gran artista que se encargue de pintar el techo de la Capilla Sixtina de El Vaticano. Conocedor del talento y la obra del gran Miguel Ángel (Heston), le encarga a éste el trabajo, a pesar del rechazo inicial de éste último. No obstante, y gracias a una serie de hábiles artimañas, Julio II conseguirá que el gran genio renacentista se ponga manos a la obra y, aún a costa de los constantes arrebatos de durísima crítica del gran artista, que finalice la que acabaría siendo una de las obras pictóricas más fabulosas de la historia del arte.


    Plantear una obra como "El tormento y el éxtasis" está lejos de resultar una tarea sencilla. En primer lugar, la documentación acerca de la creación de semejante obra de arte es tan basta que cualquier guionista hubiera podido perderse con tremenda facilidad. Por ello, el guionista Philip Dunne decidió basarse en el libro escrito por Irving Stone para dar forma a lo que formaría el cuerpo de esta excelente película. Así pues, "El tormento y el éxtasis" no se centra únicamente en la realización de las pinturas de la Capilla Sixtina, sino que se las ingenia para recoger de una forma tremendamente atractiva la relación de amor-odio entre Julio II y Miguel Ángel. Es más, casi es admirable la facilidad con la que Carol Reed plasma en imágenes esa admiración y tirantez mutua entre ambos.


    Por otra parte, las interpretaciones tanto de Charlton Heston como de Rex Harrison son, simplemente, magistrales. Heston acierta de pleno no confiriendo a su Miguel Ángel un aire de genio místico más propenso a ataques de ira e iluminación. De hecho, el único momento en que se permite esta licencia es cuando, en lo alto de una colina, se inspira en un descomunal paisaje para concebir lo que luego plasmaría en sus pinturas. Por su parte, Harrison aporta un cinismo y sinvergonzonería a su personaje de sumo pontífice acertadísimo para darle la réplica a un orgulloso Miguel Ángel, destacando al respecto, la secuencia en que le insinúa que si se niega a completar el trabajo, se lo ofrecerá a Bramante. Evidentemente, no es necesario decir cuál es la reacción de Miguel Ángel.


    Por otro lado, y como suele ser también normal en este tipo de producciones, la ambientación y puesta en escena es, en una palabra, impresionante. Absolutamente toda la decoración es de un realismo casi imperceptible, y la fotografía de John De Cuir rica hasta el extremo en matices de colores (ver la secuencia en que Miguel Ángel, tumbado en un andamio, en lo alto de la Capilla, pinta La Creación del Hombre, y cómo las gotas de pintura y pigmentos que mezcla le caen sobre la cara).


    Así pues, "El tormento y el éxtasis" se convierte en una de las películas clásicas centradas en el mundo del arte más exquisitas, contada con un ritmo de lo más dinámico, y con una facilidad para hacer interesante toneladas de datos y referencias documentales que el público se queda embelesado con dicho relato. Para ver una y otra vez, y disfrutar con dos obras de arte: uno, el film; otra: la creación de las pinturas del techo de la Capilla Sixtina.



  • MR. HYDE DICE:

  • No soy muy fanático de las películas más clásicas de tono histórico. Sigo pensando que por muy impresionado que pudiera dejar "Ben-Hur" a los que vieran en su día (por poner un ejemplo), es un petardo interminable, o que cualquier película sobre Jesucristo (menos en la de Mel Gibson, en todas las otras parece que Jesús vaya colocado de alguna cosa rara) dan ganas de pedir que le den también de latigazos al director que lo ha hecho así de aburrido. Vale que hay peliculones históricos como "Doctor Zhivago - Doctor Zhivago, 1965" que te dejan flipado, pero tampoco es que abunden mucho. Así que cuando empecé a ver "El tormento y el éxtasis", no sé por qué, tenía la sensación de que lo se venía encima era otro rollazo de esos en plan místico -con ese título, era lo más evidente- y que, para variar, se hace eterno. Pues mira tú por dónde que no, que "El tormento y el éxtasis", tanto para los que haya estudiado algo de arte en su vida como para los que no saben ni dónde está el Vaticano, es una pasada de película. Y por varios motivos que ahora os cuento.


    El primero es que no se preocupa por andarse con rodeos, y te cuenta las movidas que tuvo tanto el Papa como Miguel Ángel para que éste pintara la Capilla Sixtina. Y lo hace de una forma estupenda que no se hace nada aburrida, sobretodo porque no se limita a poner al genio renacentista dándole al pincel sin más, sino que molan los rifi-rafes que se marca con el Papa hasta que, al final, cumple.


    El segundo motivo es un poco continuación de esto que os estaba diciendo, que mola ver con a Miguel Ángel se la pela que quien le hace el encargo sea el mismísimo Papa, que si le da por mandarlo a tomar viento lo hace y se queda más a gusto que un arbusto. Pero lo genial de todo es que el Papa sabe, en el fondo, que el otro se muere por poder pintar aquello con algo imponente y Miguel Ángel, por su parte, disfruta haciendo rabiar al Papa sólo por el hecho de hacerse de rogar y de no ponérselo todo tan fácil (me encantan los momentos esos en los que el Papa no para de preguntarle que cuándo va a acabar de pintarlo todo y Miguel Ángel le responde más tranquilo que nadie: "cuando lo acabe". ¡Juas, sí señor, con un par!).


    La tercera razón es que la forma de representar a Miguel Ángel es impresionante porque, por un lado, Charlton Heston lo clava al mostrarse tan indeciso como decían que lo era el pintor (entre otras disciplinas) de verdad -parece que más de una vez reventaba sus propias obras porque no las consideraba lo suficientemente buenas-. Y en "El tormento y el éxtasis", Heston lo clava a la primera (el momento en que empieza a cargarse lo que ha ido pintando de la Capilla Sixtina es un ejemplo estupendo... sobretodo porque te partes viendo cómo el Papa está a punto de excomulgarlo por ello, o cómo el Papa consigue hacerle entrar en razón con un chantaje emocional de lo más divertido para que lo termine).


    En fin, que ojalá todas las películas clásicas sobre el mundo del arte fueran tan distraídas y te atraparan tanto como "El tormento y el éxtasis". Además, si te gusta mínimamente el arte, disfrutas como un enano viendo cómo pintaron la que es una de las obras más importantes de la historia. Que vale, que es una película y todo eso, pero os prometo que no sólo no es un rollo patatero sino que, por alguna extraña razón, te engancha desde el principio y hace que casi te sepa mal cuando acaba. Además, si a eso le sumas que se lo curran a lo bestia con todo el tema de decorados, música, fotografía y demás, pues la película, al final, no puede ser más recomendable.




    domingo, 5 de febrero de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "LOS RÍOS DE COLOR PÚRPURA"

    TÍTULO: LOS RÍOS DE COLOR PÚRPURA

    DIRECTOR: MATHIEU KASSOVITZ

    REPARTO: JEAN RENO, VINCENT CASSEL, NADIA FARÉS, DOMINIQUE SANDA, DIDIER FLAMAND, JEAN-PIERRE CASSEL

    DURACIÓN: 102 min.

    AÑO: 2000

    GÉNERO: THRILLER

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • De todo el cine que se realiza fuera de las fronteras de estadounidenses, quizás el francés sea el más parecido en cuanto a forma de producción, puesta en escena de las historias, y confección de los largometrajes cosa que, en ningún momento, debería ser considerada como un inconveniente, sino más bien todo lo contrario. Realizadores más populares como Luc Besson o, el ahora de moda Michel Hazanavicius han demostrado sobradamente que no tienen nada que envidiar a los norteamericanos y que, puestos a rodar películas que requerirían de una comodidad y despliegue más parecido al de aquellos, son perfectamente capaces de hace un film igual de bueno o mejor de lo que se suele hacer al otro lado del océano. Si a esto se une que, al igual que sucede con casi todos los mercados, también adaptan algunos de sus best-sellers más célebres, y que también les conceden oportunidades a jóvenes talentos de la industria para que den el salto definitivo del cine más independiente a las grandes súper producciones, el resultado, a priori, es más que alentador. En el caso de "Los ríos de color púrpura", adaptación de la novela homónima del escritor galo Jean-Christophe Grangé, ha contado con dos de las caras más famosas del panorama cinematográfico francés -Jean Reno y Vincent Cassel-, y con la puesta en escena de Matthieu Kassovitz, quien unos años antes había sorpendido a propios y extraños con su impactante "El odio - La hâine, 1995".


    El comisario de policía Pierre Niemans (Reno) es llamado para investigar un extraño caso en la zona alpina de Guernon, donde se ha encontrado un cuerpo mutilado colgado de una rocosa cordillera de complicado acceso. Por su parte, el inspector Max Kerkerian (Cassel), se hace cargo de un aparente caso de profanación de una tumba en un barrio periférico de París. Cuando ambos policías, cada uno por su lado avanza en su investigación, verán como sus caminos convergen en un caso de asesinatos en serie, donde mucho tendrá que decir una experta en montañismo de carácter tan fuerte como reservado llamada Fanny (Fares), como el decano de la universidad que se encuentra en lo alto de una zona estudiantil de Guernon (Flamand) y que parece esconder más de un secreto.


    "Los ríos de color púrpura" no trata de disimular en ningún momento que se trata de una gran producción, realizada con todo lujo de detalles para resultar tan convincente como cualquier película de buena factura norteamericana. Es más, hay secuencias en que, incluso, las supera con creces. En primer lugar, la realización de Kassovitz, quien no dejaba de ponerse por primera vez al frente de una película de estas características, es firme y segura, brindando algunos de los momentos más aterradores y perfectamente planificados del cine de suspense de los últimos años. Sirva como ejemplo, el cara a cara del inspector Niemans con el asesino tras caerse por unas escaleras, en el instante en el que éste coge su pistola y dispara alrededor del agente, sólo con la intención de asustarle; o, por poner otro caso, el descubrimiento de una importantísima pista durante la autopsia al primer cadáver que han encontrado. Son instantes pequeños, pero diseñados y planificados con un acierto enorme que consigue que la audiencia casi ni pestañee.


    En el apartado técnico, el resultado tampoco puede ser mejor: el director de fotografía es el excelente Thierry Arbogast (colaborador habitual de Besson), que aporta un grado de tensión espectacular a cada una de las secuencias más misteriosas e, incluso a las de acción -caso de la persecución entre el coche de Niemans y el de un desconocido agresor mientras éste baja al pueblo desde la universidad-. Por otra parte, la banda sonora ha corrido a cargo de Bruno Coulais (célebre especialmente a raíz de su partitura para "Los chicos del coro - Les choristes, 2006) y que, con "Los ríos de color púrpura" realiza una soberbia obra musical que acompaña a la perfección a cada imagen, siendo en buena medida la responsable de que el resultado de la película sea tan acertado.


    No obstante, en el apartado de los peros, habría que incluir dos elementos mínimos pero que le pasan una factura importante al largometraje. Mi querido colega Hyde se decanta más por su desconcertante final, pero un servidor de ustedes quisiera señalarles antes otro par de motivos. El primero es que, a pesar de que la historia esté llevada con una corrección envidiable, los motivos por los que se origina todo el "caso" son demasiado increíbles como para ser aceptados sin un pequeño esfuerzo. En efecto, todo lo relacionado con los estudios (nos referimos a los "otros" estudios, que dan título al film) y con un determinado suceso que tuvo lugar décadas atrás se trata con demasiada facilidad, cuando en realidad el espectador necesita una justificación algo más realista para poder creerla con facilidad. El segundo es que, en su intento desesperado de ser una mezcla explosiva de thriller con una serial killer movie, "Los ríos de color púrpura" cae en la equivocación de querer resultar demasiado tramposa en un par de ocasiones (aquí es donde tendría sentido introducir el final al que antes hacíamos referencia, o todo lo relacionado con el decano de la facultad y su hijo).


    Sin embargo, aunque se le puedan señalar estas pequeñas consideraciones susceptibles de ser mejoradas, la verdad es que "Los ríos de color púrpura" es una película de intriga excelente, que merece la pena ser vista con la máxima atención y con ganas de pasar un buen "mal" rato. O, por lo menos, casi dos horas de tensión e intriga muy bien llevados.



  • MR. HYDE DICE:

  • A primera vista, "Los ríos de color púrpura" podría parecer una copia de "El silencio de los corderos - The silence of the lambs, 1991", tanto por el tema del asesino en serie al que dos policías tratan de encontrar buscando pistas aquí y allá, como por el tono así medio morboso de los crímenes. De todas formas, y aunque a veces parezca que lo intenta, "Los ríos de color púrpura" no es la peli de Hannibal Lecter, y tampoco le hace falta, porque su historia está hecha de categoría y te atrapa desde las letras del principio hasta los minutos finales. Y, por supuesto, como toda peli de canguelo y fiambres que se precie, con su sorpresa final cuando te tienen que decir quién es el malo de turno (aunque, en este caso, puede que alguno se quede un poco despagado con la solución -yo mismo, sin ir más lejos.).


    "Los ríos de color púrpura" está hecha al milímetro para hacer que te agarres fuerte al sillón desde su comienzo, con las letras saliendo mientras la cámara hace primeros planos de "algo" medio en descomposición que no tardas mucho en saber lo que es. Pero lo guapo del asunto es que no recrea en los asesinatos (podría hacerlo perfectamente, teniendo en cuenta cómo suelen ser los libros de Jean-Christophe Grangé, que es quien escribe la novela original en la que se basa la peli), sino que prefiere jugar muchísimo más con la intriga y con el que está sin parpadear viéndolo todo desde su casa. Por eso, cuando ves "Los ríos de color púrpura" sientes que eres uno más de la investigación, que acompaña a los policías mientras van descubriendo las pistas y hablando con los sospechosos. Desde luego, te mete en la historia a lo burro, de forma que casi te corta la respiración. Y, evidentemente, cuando pasa alguna muerte o escena de acción.


    Para quienes la hayan visto, sabrán perfectamente que ese misterio empieza con el descubrimiento del primer cadáver, cuando te enteras de que lo han encontrado colgado como un jamón a no sé cuántos metros de altura en un pico rocoso que te cagas. El mal rollito sigue cuando Jean Reno se entrevista con una monja que te pone los pelos de punta (no se puede decir mucho más de lo que pasa en el convento para no cagar la sorpresa) y, por supuesto, tiene uno de sus momentos más impresionantes cuando visitan la casa del médico por segunda vez (agüita con lo que se encuentran, y todo lo que pasa después; casi ná). Por suerte, también tiene alguna que otra parte de acción más en plan persecuciones y disparos (lo que sucede en la carretera que baja desde la universidad), pero juega mucho más con el canguelo y el suspense de atrapar a un tarado que mata a la gente como si fueran juguetes rotos.


    Entonces, si "Los ríos de color púrpura" es tan cojonuda, ¿dónde está el fallo? Pues en un par de cosillas mínimas, pero que traza la línea que separa a esta peli -cojonuda igualmente- del grado de perfección de la de los corderos que os decía antes. En primer lugar, hay algunas cosas demasiado exageradas como para querer insistir en ese ambiente de intriga como, por ejemplo, lo que pasa en el convento con la monja (casi suena a falso). Además, hay momentos en que no entiendes que ninguno de los policías reaccione como lo hace, ya sea para demostrar que es el que más huevos tiene (¿a qué cojones viene la pelea con los neonazis esos? ¿Y qué coño pintan ellos en toda esa historia?) o que puede enfrentarse al asesino en igualdad de condiciones (cuando uno de ellos corre detrás del malo, se pasa como cinco minutos detrás al galope, cuando lo más fácil hubiera sido sacar la pistola y pegarle un tiro). Y, por supuesto, el final. No es que éste sea malo, pero es que da la sensación de que han querido ser demasiado originales y sorprenderte con algo que no te pudieras esperar, pero se pasan un pelín demasiado, por lo que no te lo acabas de creer del todo.


    Pero, de todas formas, eso no tiene nada que ver para que "Los ríos de color púrpura" no sea una película acojonante en casi todos los sentidos. No es de miedo, ni lo pretende. Pero sí que te pone los pelos como escarpias cada vez que se encuentra una nuevo fiambre, o que te da la sensación de que los dos policías se están acercando demasiado a algo importante. Por lo demás, es una película que está hecha de coña, con una música brutal, y con el gusto que es ver a un actor como Jean Reno haciendo que te diviertas como un enano. Así que, por mi parte, tampoco tiene mucho sentido pedirle más.





    sábado, 4 de febrero de 2012

    CINE EN CARTEL: "LOS DESCENDIENTES"

    TÍTULO: LOS DESCENDIENTES

    DIRECTOR: ALEXANDER PAYNE

    REPARTO: GEORGE CLOONEY, AMARA MILLER, SHAILENE WOOLEY, NICK KRAUSE, MATTHEW LILARD, ROBERT FOSTER, BEAU BRIDGES

    DURACIÓN: 110 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Todos los años, a finales de lo que se considera el año cinematográfico, es frecuente que los críticos especializados de diferentes medios y certámenes empiece a señalar sus producciones favoritas para optar al los principales permios del gremio, y que determinados intérpretes, directores y películas empiecen a sonar con más fuerza para aspirar a dichos galardones. Este año, uno de los largometrajes que con más insistencia están sonando es "Los descendientes", el último trabajo tras las cámaras como director y guionista del reputado Alexander Payne, que tan buen sabor de boca había dejado a los críticos y académicos de cine con sus anteriores "A propósito de Schmidt - About Schmidt, 2002" y "Entre copas - Sideways, 2004", y en el que George Clooney brinda una actuación que también ha conseguido la aclamación popular.


    Matt King (Clooney) es un brillante abogado inmobiliario que vive con su familia en Hawaii. Cuando su mujer sufre un aparatoso accidente acuático y queda en coma, el mundo de Matt se tambalea, al deber hacerse él cargo de sus hijas, Alexandra y Scottie (Woodley y Miller, respectivamente) a las que nunca ha dedicado demasiado tiempo. Las cosas se complicarán cuando Matt descubra que su mujer estaba a punto de pedirle el divorcio para poder fugarse con su amante, un promotor inmobiliario llamado Brian (Lillard). Cuando a Matt le notifiquen que el estado de su mujer es grave, decidirá poner su vida en orden, prepararse para el fatal desenlace y hacer lo posible por conocer al hombre por el que su mujer estaba dispuesto a abandonarlo. A esto se sumará una importante decisión sobre la venta de una gigantesca porción de terreno en una de las islas y al enfrentamiento que Matt mantendrá con su suegro Scott (Foster), quien le considera responsable de los males de su hija.


    "Los descendientes" es un film dramático por encima de todo. A pesar de que contenga ciertos apuntes cómicos (Matt corriendo en chancletas por la isla para averiguar quién es el amante de su mujer, o Scott golpeando al bocazas del amigo de su nieta), no deja de mantener durante todo su metraje un tono apesadumbrado, como si el director quisiera contagiar al público de esa encrucijada tan compleja en la que se ve sumido por completo el personaje principal. A ello contribuye notablemente la actuación de Clooney, muy moderada y más basada en sus miradas y reacciones que no en líneas de diálogo que podrían suplir la expresividad del estupendo actor.


    Sin embargo, esta decisión por completo intencionada juega en su contra en buena parte del film ya que, debido a ello, al espectador le cuesta identificarse emocionalmente con los personajes y compartir con ellos el calvario al que se enfrentan. Matt es un hombre que por mucho que pretenda hacer de padre de familia, no consigue hacer olvidar que durante años ha pasado por completo de su mujer e hijas; la hija mayor es una rebelde cuyos problemas trata de obviar la familia enviándola a estudiar a una isla vecina; la hija pequeña vive a base de caprichos (tan sólo se alimenta de helado y otras porquerías); y el amigo de la hija mayor es un repelente de mucho cuidado que cae mal desde el primer minuto que sale hasta el último, hasta el punto que el público se pregunta qué caray pinta él en toda la historia.


    De este modo, si lo que Payne pretendía era hacer la descripción de la crisis familiar a la que se ve abocado un hombre, el resultado no puede ser más satisfactorio. Ahora bien, si lo que quería era conseguir atrapar a la audiencia con una historia emotiva con la que dejar aflorar los sentimientos de la platea, el resultado dista mucho del esperado. Cierto es que más vale mantenerse a una cierta distancia que recurrir al sentimentalismo barato en el que se pretende hacer llorar al espectador con burdos giros argumentales. Pero tampoco hay nada de malo en dejar que el público conecte con los personajes y que se pueda decantar por la actitud de unos u otros. Por poner un caso, resulta paradójico que más de una discusión que mantienen los protagonistas tenga lugar delante de la mujer en coma ya que, según parece, por mucho que no puedan reaccionar sí que pueden oír.


    En resumidas cuentas, a pesar de que "Los descendientes" sea una clara demostración de que George Clooney es un excelente actor y de que Hawaii es un archipiélago de islas a cuál más preciosa, el resto navega perdida por las aguas de la indiferencia. Y esto es una de las cosas a evitar cuando se está contando una historia aparentemente emotiva que quiere envolver como lo hace a los protagonistas en su destino. Una pena.



  • MR. HYDE DICE:

  • No sé si es que las últimas películas que me he visto me habían despertado más expectativas de lo normal o qué, pero lo cierto es que me estoy llevando chascos bastante grandes. En el caso de "Los descendientes", había escuchado decir por todas partes que si vaya peliculón, que si Clooney se lleva el Oscar fijo, que si no sé qué y no sé cuantos. Bueno, pues por fin me he animado a ver "Los descendientes", y después de hacerlo, la verdad es que me ha parecido una película más del montón y, hasta cierto punto, aburridilla. No es mala, ni te desespera como alguna de esas que van de intelectuales y te aburren hasta que los ronquidos se escuchan desde la calle (vamos, que no es "El árbol de la vida - The tree of life, 2011", para entendernos), pero sí que se te hace lenta y te cuesta simpatizar con alguno de los protagonistas. Pero bueno, para hablar de la peli, mejor haremos como Jack el Destripador: iremos por partes.


    En primer lugar, George Clooney. A mí, aparte de lo bien que promociona los cafés de máquina, lo cierto es que Clooney me cae bien, me parece un tipo simpático capaz de ser de lo más resultón independientemente de que vaya buscando a un terrorista por las calles de Nueva York o de un abogado con conciencia demasiado inapropiada para su profesión (sobre lo de hacer de Batman, mejor corremos un tupido velo). Y en buen hombre, en "Los descendientes" lo hace muy bien, no digo yo lo contrario, pero tampoco es como para tirar cohetes. El problema es que el personaje al que interpreta es más plano que una tabla de planchar, y tanto da que lo interprete Clooney como cualquier otro actor de los de Hollywood. Por poner un caso, si quitas a Clooney y pones, por ejemplo, a Harrison Ford o a Kevin Costner, el resultado sería prácticamente el mismo.


    En segundo lugar, la historia, que podría tener mucha más chicha y sacarle más el jugo a los actores y a las localizaciones de Hawaii, se limita a presentar a un tipo que está hecho polvo y con la misma cara de flipao todo el rato para que quede claro que no tiene ni puta idea de cómo hacerse cargo de la situación. Pero, a pesar de esto, "Los descendientes" podría ser una película bastante interesante si estuviera hecha de otra forma. Lo malo del asunto es que el director es como si quisiera que los actores fueran por una lado y tú por otro, es decir, que te cuentan lo que les pasa pero no consiguen emocionarte con nada de ello. Así que ya te pueden poner planos de la mujer hecha mierda en el hospital, secuencias de lloros colectivos o discusiones entre padres e hijos, que a tú sientes que ni te va ni te viene.


    Y todo ello, por no mencionar a algunos personajes que te caen mal de cojones. Por ejemplo, el amigo ese de la hija mayor, ¿qué coño pinta en toda la historia, si es tonto del culo? ¿Y por qué nadie, a excepción del abuelo, le mete un guantazo que lo deja más empanado de lo que está? Ah, y esa es otra, el suegro de Clooney es un capullo de cojones, al que deberían decirle que se meta en sus asuntos y que deje de mear en piscina ajena. En fin, que sé que son pequeños detalles pero que, cuando te los encuentras en una peli de que te han hablando maravillas hasta cansar, pues te choca. Y, si además, te da la sensación de que todo ha sido una excusa cojonuda para irse los del equipo de la película a pasar unas vacaciones de lujo a Hawaii, pues ya ni te cuento.


    En fin, que "Los descendientes", por mucho bombo que haya recibido, tampoco es para morirse. Hasta cierto punto es aburrida y con trozos bastante lentos. Además, la promocionan insistiendo en que el director es el mismo que el de "Entre copas" que, al menos a mí, me pareció un coñazo de tres pares de huevos. Pero, en el caso de "Los descendientes", si quieres ver a Clooney más perdido que un pollo sin cabeza, pues vale; si quieres ver paisajes preciosos, pues vale; pero si esperas emocionarte con una historia de gente que sufre y que quiere emocionarte con todo lo que les pasa, mejor vete a ver otra película, porque de eso "Los descendientes" tiene más bien poco.




    viernes, 3 de febrero de 2012

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "LARRY CROWNE, NUNCA ES TARDE"

    TÍTULO: LARRY CROWNE, NUNCA ES TARDE

    DIRECTOR: TOM HANKS

    REPARTO: TOM HANKS, JULIA ROBERTS, SARAH MAHONEY, BRYAN CRANSTON, TARAJI P. HENSON, CEDRIC THE ENTERTAINER, WILMER VALDERRAMA

    DURACIÓN: 99 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • A pesar de que, conforme avanzan los años, es más frecuente ver a actores poniéndose detrás de las cámaras (y, en otras tantas ocasiones, asumiendo también alguno de los papeles principales), tal y como han hecho, entre otros, Clint Eastwood, Warren Beatty, Kevin Costner o Mel Gibson, lo cierto es que también nos topamos con el caso de otros intérpretes que, si bien han hecho sus pinitos en el mundo de la dirección, no parecen decididos a decantarse por esta otra función artística. Así pues, actores como Nicolas Cage, Tom Cruise o Denzel Washington, a pesar de haber caído en la tentación de la dirección, no parecen muy convencidos a la hora de cambiar un puesto por otro dentro de la realización de películas. Tom Hanks sería otro de los nombres que añadir a esta lista ya que, el multipermiado actor, a pesar de haber trabajado a las órdenes de grandes directores (Spielberg, Zemeckis, Mendes, Demme, Howard o los hermanos Coen, entre otros), tan sólo ha ejercido como director en dos ocasiones. La primera, a mediados de los años noventa con la simpática "The Wonders - That thing you do!, 1996" que, sin ser ninguna maravilla, sí que demostraba la facilidad de Hanks para planificar escenas y rodar con cierta eficacia. La segunda, ha llegado a las carteleras a finales del pasado verano -y ahora a en formato de alquiler a los videoclubs españoles-, que es la que hoy nos ocupa, y que Hanks ha escrito a cuatro manos con la actriz de origen griego Nia Vardalos, a quien Hanks produjo "Mi gran boda griega - My big fat greek wedding, 2002", una de las películas independientes más rentables de la historia.


    Larry Crowne (Hanks) trabaja en unos grandes almacenes hasta que, por culpa de una reducción de personal, se queda en paro, siendo su carencia de estudios superiores la excusa que le dan para justificar su despido. Desorientado y agobiado por las deudas que tiene (sobretodo por la hipoteca, y las consecuencias de su desafortunado divorcio), decide seguir el consejo de su vecino y amigo Lamar (Cedric the Entertainer) y apuntarse a una serie de cursos universitarios para completar la formación que carece, al haberse enrolado en la marina desde joven, perdiendo por ello entonces la oportunidad. Uno de sus cursos lo imparte Mercedes Tainot (Roberts), una profesora frustrada por la obligación de dar clase a una serie de estudiantes que carecen del más mínimo interés por su asignatura, y que tiene que hacer frente a la pasividad de su marido Dean (Cranston), más preocupado en aparentar que trabaja que no en apoyar a su esposa.


    A pesar de sus buenas -y notables- intenciones, "Larry Crowne, nunca es tarde" no se encuentra en absoluto a la altura de las perspectivas que cabría esperar de una producción encabezada por dos de las mayores estrellas del panorama cinematográfico hollywoodiense de hoy en día. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de actores ganadores del Oscar, capaces de recaudar millones en la taquilla tan solo con que sus nombres figuren en el poster de los largometrajes que encabezan. Sin embargo, en el caso de "Larry Crowne, nunca es tarde", las expectativas no son, ni por asomo, similares a los de otros films que ambos intérpretes han protagonizado en el pasado.


    No obstante, tampoco tendría mucho sentido hacer más sangre de la necesaria por ello ya que, si bien el espectador desearía recibir mucho más de esta película de lo que finalmente se acaba encontrando, las intenciones tanto del Hanks director como del Hanks actor no son más que confeccionar un producto de consumo fácil, con las dosis justas de entretenimiento y simpatía para que el largometraje se deje ver sin complicaciones. Esto no tiene nada de malo, de hecho, muchos directores de actualidad deberían aprender esa lección antes si quiera de que se les permitiera acercarse a una cámara. Sin embargo, sí que le puede quedar esa sensación de decepción a un público que espere ver un largometraje mucho más cercano a, por ejemplo, cualquier comedia de Nora Ephron o Garry Marshall (lo que tampoco debería ser como para dar saltos de alegría) que no a un título más adulto, carente de la sátira con la que podría haber contado, y con a penas un par de puntos bien colocados sobre las íes. Comparativamente, la sensación que se nos quedó tanto a Hyde como a un servidor fue algo parecido a lo que sentimos al ver "Conspiración - The conspirancy theory, 1997" ya que, aunque hay una gran diferencia entre aquella y la que hoy nos ocupa, también esperábamos mucho más del tandem Donner - Gibson - Roberts.


    Aparte de todo esto, en su favor, también hay que reconocer lo acertado de determinados momentos de "Larry Crowne, nunca es tarde", como la secuencia inicial del despido, en el que los superiores de Larry pretenden quitarle hierro al asunto bromeando sobre cualquier cosa -solo para descubrir, un rato más tarde, que hasta los más grandes caen -ver el momento en que Larry reconoce a uno de los repartidores de pizza-. No dejan de ser también acertados momentos como aquellos en que Larry da un discurso en su clase que es interpretado de forma errónea por Mercedes, o la práctica totalidad de las escenas que protagoniza una excelente Julia Roberts.


    Por lo demás, lo único que queda en "Larry Crowne, nunca es tarde" son una serie de instantes más o menos acertados (cuando Larry le trata de reconfigurar el GPS del coche a Mercedes o ésta borracha después de pelear con su marido), pero cuyo resultado general es más parecido a cualquier telefilm que no a una producción con las estrellas de este calibre. Se deja ver sin complicaciones, pero no puede evitar dejar al espectador con una sensación de insatisfacción más que acentuada.



  • MR. HYDE DICE:

  • "Larry Crowne, nunca es tarde" es la típica película para ver un domingo por la tarde después de comer, tirado tranquilamente en el sofá de tu casa, y sabiendo que si la ves entera no pasa nada (que se te caigan los ojos, que sientas náuseas o cosas de esas), y que si te duermes a los diez minutos y te despiertas cuando le queda casi nada para terminar tampoco te pierdes gra cosa. No es ni buena ni mala, de la clase de pelis que ves y te olvidas a los diez minutos de haberla visto. Y eso no sería ningún problema si la hubiera hecho Perico de los palotes pero, teniendo en cuenta que la ha dirigido uno de los mejores y más taquilleros actores americanos que hay ahora mismo, y que saca a la que, hasta hace dos días, también ha sido la novia de América, pues la cosa ya es como para ponerse un poco serios.


    "Larry Crowne, nunca es tarde" es una chorrada de película, así de fácil. No hace daño a nadie verla porque, admitámoslo, es una especie de comedia romántica la mar de simpática. Pero ahí acaba todo, porque no tiene nada más en lo que apoyarse. Le quitas las cuatro cosas más o menos divertidas que tiene (Larry bailando en la puerta de Julia Roberts después de darle un buen morreo y ella viéndolo por la mirilla, o los continuos malentendidos que hay entre una de sus compañeras de clase y su novio, por lo "cariñosa" que parece ser con Larry) y lo que te queda es un telefilm de esos de cadena autonómica de principio a fin. Si se lo hubieran querido currar un poco más, podrían haberle dado ese toque agridulce a la historia mezclando el hecho de que él se vaya a la puta calle con la oportunidad de empezar una nueva vida ligándose a la profesora. Pero, en vez de tirar por ahí, lo que hacen es convertirlo todo en una pollada intrascendente más preocupada por ver cómo Tom Hanks se pasea en moto por la ciudad que no en el trauma que significaría para cualquiera verse con el agua al cuello. Además, ¿quién en sus cabales se queda en paro y decide formarse a base de "oratoria e improvisación II"? Porque lo de economía vale, que al fin y al cabo le sirve para darle por la retambufa al banco que le tiene hipotecada la casa (¡je, y yo va y me lo creo!), pero lo otro...


    Pero vamos, resumiendo, que "Larry Crowne, nunca es tarde" pues será un ejercicio muy útil para que Hanks haga una peli pequeña con sus amiguetes (la Roberts incluida), pero que es totalmente olvidable. Eso por no mencionar que Julia Roberts pretende hacer un papel de mujer frustrada que le da al codo para olvidar que su marido es un pajero más vago que la chaqueta de un guardia (¿de dónde vendrá esta expresión?) sin molestarse en ocultar el bombo ya que, se ve que la buena mujer estaba embarazada en mitad del rodaje. O que una tía buena de clase se fije en el cuarentón con pinta de garrulillo invitándolo a recorrerse con su mierda de Scooter la ciudad, como si fueran unos ángeles del infierno en plan cutre. Y claro, cuando te das cuenta de cosas como esa, pues como que la historia acaba teniendo la misma credibilidad que las promesas electorales de algún talentoso que yo me sé.


    En fin, que no es nada del otro mundo, pero tampoco es como para llevarse las manos a la cabeza. Así que si sois muy fans de Hanks y Roberts, entonces "Larry Crowne, nunca es tarde" es la mejor opción que podéis encontrar este fin de semana en las estanterías de vuestro videoclub. Para el resto, si os decantáis por otro título, que sepáis que no os estáis perdiendo nada que merezca la pena.





    jueves, 2 de febrero de 2012

    CINE ACTUAL: "NO ES PAÍS PARA VIEJOS"

    TÍTULO: NO ES PAÍS PARA VIEJOS

    DIRECTOR: JOEL & ETHAN COEN

    REPARTO: TOMMY LEE JONES, JOSH BROLIN, JAVIER BARDEM, WOODY HARRELSON, KELLY MACDONALD

    DURACIÓN: 122 min.

    AÑO: 2007

    GÉNERO: POLICIACO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Una de las grandes ventajas de las adaptaciones literarias al cine es que el guionista puede tratar de la forma que considere más apropiada la historia para que su traslado al celuloide (sustantivo un tanto anticuado hoy en día, todo haya que decirlo) sea lo más satisfactorio posible. Si hay que modificar aspectos que en el libro / relato / artículo / obra en que se inspiran resultan fundamentales, pues se realizan sin mayor problema. Evidentemente, otra cosa es que la adaptación se encuentre a la altura del relato original o que, con muy pocas excepciones, consigan superarlo. En el caso de "No es país para viejos", los hermanos Coen han adaptado la novela del conocido escritor norteamericano Cormac McCarthy del mismo título, realizando no solo uno de los films más fascinantes de su carrera, sino también uno de los más sorprendentes del año. Aunque, por mucho que se haya dicho hasta la saciedad, cabe otorgarle el principal mérito de dicho resultado no sólo a los Coen (cuya labor tanto tras las cámaras como en su rol de guionistas es impecable) sino también a Javier Bardem. Más adelante mencionaremos los motivos.


    Llewelyn Moss (Brolin) es lo que, en la cultura estadounidense, se conoce coloquialmente como WASP (siglas de white ango-saxon trash) o, lo que es lo mismo, una persona de clase baja, que sobrevive gracias a pequeñas chapuzas y trabajos que realiza, y que vive en una destartalada y polvorienta caravana junto a su abnegada y poco espabilada mujer, Carla Jean (MacDonald). Un día, en una desértica zona del estado de Texas cercana al sitio en el que vive, Llewelyn se encuentra una insólita situación: una explanada llena de cadáveres y con apariencia de haber sido una compraventa frustrada de armas o droga. A unos pasos de allí, otro cadáver, aún caliente, reposa junto a un árbol y a un maletín lleno de dinero. Llewelyn toma el maletín y decide huir del lugar con el dinero, sin saber que una de las bandas mandará a un despiadado asesino a sueldo llamado Anton Chigurh (Bardem) en su búsqueda, al tiempo que el sheriff local Ed Tom Bell (Jones) hará lo posible por aclarar toda la situación.


    Tras ver "No es país para viejos" uno comprende a la perfección qué es lo que atrajo a los hermanos Coen de su argumento. La novela de McCarthy no sólo sigue la línea argumental básica de lo que ha caracterizado la filmografía de los dos hermanos desde casi sus comienzos (su argumento policiaco y violento encaja a la perfección con el de otros largometrajes como "Sangre fácil - Blood simple, 1984" o "Fargo - Fargo, 1996"), sino que les permitía, a priori, dar rienda suelta a su talento para diseñar violentas secuencias de gran tensión a lo largo de toda la película (la persecución constante e incesante del sicario que sigue el dinero, y la consecuente huída del personaje principal), como para crear una galería de personajes a cada cuál más peculiar. Y es, precisamente aquí, donde "No es país para viejos" acierta de pleno y se convierte en una gran película. Porque, lejos de omitir el resto de puntos a favor del film -que los tiene-, este largometraje, sin la aportación serena y sosegada de Tommy Lee Jones, sin el rostro impasible de Josh Brolin y, por supuesto, sin la insuperable interpretación de un desquiciado psicópata que hace Javier Bardem, "No es país para viejos" sería una versión más de otro gran clásico de la novela policiaca norteamericana.


    En efecto, Javier Bardem es capaz de provocar escalofríos con una sola mirada (ver el momento en que le hace jugarse a un gasolinero su vida a cara o cruz), de asustar con el placer que parece sentir con cada crimen (atención a la expresión de su rostro cuando estrangula a un policía con sus esposas), o de tener por seguro que es capaz de cualquier cosa con tal de conseguir su propósito (la explosión del coche a la puerta de una farmacia en la que entra para poder proveerse de los antibióticos que necesita para curarse una herida). Evidentemente, ante un papelón semejante, por muy correctos que estén otros grandes actores como Tommy Lee Jones -mucho más secundario que Bardem- o el ascendente Josh Brolin, poca ocasión tienen de lucirse.


    Por lo demás, y a pesar de un final un tanto precipitado -no he leído la novela de McCarthy, así que no puedo compararlo con el original literario-, "No es país para viejos" se convierte en una película de factura impecable, con una de las realizaciones más firmes por parte de los Coen, que se dejan de sus histrionismos habituales para construir una compleja historia de avaricia y violencia con secuencias tan logradas como la del motel en el que Chigurh trata de localizar a Moss (con su bombona de gas acompañándolo a todos lados), o el de Moss tratando de explicar lo sucedido a unos policías en la frontera estadounidense con Méjico. Así pues, "No es país para viejos", a pesar de un cierto regusto amargo que provoca su repentino final, no deja de ser una película excelente, y uno de los mejores retratos de la América profunda y avariciosa que han realizado unos inspirados hermanos Coen.



  • MR. HYDE DICE:

  • "No es país para viejos" es una peli muy guapa, no lo niego. Pero hay un par de cosas que me cabrearon bastante porque, justo cuando pensaba que la peli era brutal, va y la cagan. No en plan cagada bestial, pero sí lo suficiente como para que me dieran ganas de decirles cuatro cosas a los Coen y pedirles que la terminaran como Dios manda. En primer lugar, me jode ese final (de mierda) que tiene. Sé que solo es un detalle pequeño en una película que tiene muchísimas cosas mejores, pero no puedo evitar tener la sensación de que es como si se les hubiera acabado la pasta para seguir rodando y, de repente, dijeran: "nenes, hasta aquí hemos llegado; nos hemos quedado sin pelas, así que acabamos esta toma a la de ya y a casa". Todo eso por no decir que ese final no hay quien se lo crea (yo, al menos, no me trago que, después de un choque de coches en el que una persona sale de él con el brazo roto -y el hueso asomando al aire- se lo pueda sujetar con una camisa y pirarse de allí como si nada).


    Otra cosa es que, la solución que le dan al protagonista principal sea la que es. Vale que en la novela pueda ser así (yo tampoco me la he leído, así que no tengo ni papa de si se lo inventan o es como el colega Cormac lo pensó -si es así, también cagada por su parte-), pero coño, dale un enfoque nuevo, que una de las ventajas de hacer la peli es que puedes hacer con la historia y los personajes lo que te rote. En fin, que, por una parte, tienes la sensación de que te han timado pero, por otra, también te queda en la memoria momentos chulísimos que te han encantado. De estos últimos también los hay a puñados y, aunque Jekyll ha dicho casi todos, yo os digo éstos: la primera aparición de ese pedazo de actor que es Bardem, con la bombona en la mano y pidiéndole a un pavo que para en mitad del coño del mundo que no se mueva mientras le vuela los sesos; la caza implacable que hace Bardem del tipo que se ha llevado la pasta, incluso en el hospital en el que el otro está ingresado, cargándose al primero que se le pone a tiro con ese escopetón que lleva, o a un pobre desgraciado en la ducha; y, por supuesto, lo que decía Jekyll de la búsqueda en el motel, cuando juegan a esconder en los conductos del aire acondicionado el maletín con toda la pasta.


    Por suerte, aunque la peli es violenta con ganas, tampoco es tan exagerada como "Sangre fácil" o "Muerte entre las flores - Miller's crossing, 1990", ni tampoco trituran a nadie como en Fargo (mira que llegan a ser burros a veces estos Coen). Por tanto, en los trozos de asesinatos y del estilo no se recrean tanto como uno podría esperar. Además, la historia también mantiene el interés desde los pocos minutos, ya que sabes que, por mucho que el que se queda con el maletín de la pasta se las pire, la cosa no va a acabar bien. Pero el no saber cómo ni de qué forma se las va a ingeniar Bardem para ir tras él, hace que estés con el culo apretadito hasta el mismo (y patético) final porque, por su parte, lo que hace Tommy Lee Jones, que parece que está cansado todo el rato, tampoco es que sea para fliparla.


    En resumen, que "No es país para viejos" es una peli que está muy chula, puede que no para tanto Oscar -a Bardem, desde luego, sí, sin duda-, pero que te mantiene en tensión durante todo el rato. Así que, si tenéis ocasión, os la recomiendo.




    miércoles, 1 de febrero de 2012

    CINE DE LOS 90: "MI CHICA"

    TÍTULO: MI CHICA

    DIRECTOR: HOWARD ZIEFF

    REPARTO: ANNA CHLUMSKY, MACAULAY CULKIN, DAN AYKROYD, JAMIE LEE CURTIS, RICHARD MASUR, ANN NELSON

    DURACIÓN: 98 min.

    AÑO: 1991

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • No son muchos los largometrajes protagonizados por chavalines los que han logrado o bien un gran éxito comercial o que han aguantado el pasar de los años sin resentirse mucho tanto en su estética como en el tema que tratan. Por supuesto, nos referimos a películas en las que todas las situaciones resulten creíbles y que las aventuras que viven sus protagonistas no dependan de escenarios fantásticos o propios de relatos de ciencia ficción (que no se trate de films al estilo de "Los Goonies - The Goonies, 1985", para entendernos), sino que se encuentre más próximo a lo que supuso para toda una generación la aparición de largometrajes como "Cuenta conmigo - Stand by me, 1986 y, por supuesto, que no tenga nada que ver con las memeces que parecen poblar las carteleras durante los últimos años (las películas de la serie "Crepúsculo" y similares) que más que apostar por unas historias enternecedoras parecen empeñadas en demostrar lo lamentable que parece la situación de los adolescentes de hoy en día. A este respecto, una película pequeña como "Mi chica" se estrenó a principio de los años noventa sin causar excesivo revuelo, pero preocupada en contar una historia lo suficientemente interesante como para que un simple cuento de niños se convirtiera en un film de lo más agradable.


    Vada (Chlumsky) es una niña de once años muy diferente al resto del niños de su misma edad. Para empezar, su padre, Harry (Aykroyd), viudo desde hace años, dirige una funeraria; su abuela (Nelson) padece una demencia senil difícil de controlar; su mejor amigo es un niño de su clase llamado Thomas (Culkin) con el que comparte la mayor parte de su tiempo, pero que es alérgico a casi todo lo que le rodea. Además de todo esto, Vada está locamente enamorada de uno de sus profesores del colegio, que no sospecha para nada los sentimientos de la joven. Y, finalmente, aparece en su vida Shelly (Curtis), una esteticién que responde a un anuncio publicado por el padre de Vada en el que buscaba a una maquilladora para encargarse de darle el último toque a los muertos que embalsama antes de enterrarlos y que, inesperadamente, se enamora de Harry.


    "Mi chica" es uno de esos largometrajes en que, a pesar de lo rocambolesco e increíble que puedan resultar determinados momentos (es difícil creerse que una atractiva esteticién se enamore de un hombre como al que da vida Dan Aykroyd), no deja de resultar una experiencia de lo más amable. En efecto, la mejor forma de considerar una película como esta es dejarse llevar por el desparpajo de su joven protagonista, y disfrutar con las "cosas de críos" que se le ocurren tanto a ella como a su mejor amigo y que, pese a su inocencia inicial, no están carentes de cierto sentido mucho más propio de reflexiones adultas (las conversaciones que ambos mantienen acerca del amor y de la muerte). Si a ello, se le añaden instantes emotivos (Vada sentada en el regazo de su abuela enajenada después de haber protagonizado un esperpéntico momento delante de los compañeritos de ésta, o la misma Vada recogiendo el anillo que pertenecía a su madre después de acontecer un trágico suceso), el resultado es una película mucho más adulta que la simple comedia infantil que podría parecer al comienzo.


    Así pues, a pesar de que tras las cámaras se encuentre un director tan visualmente simple como Howard Zieff, mucho más acostumbrado a la filmación de comedias totalmente intrascendentes aunque, en líneas generales, con una cálida acogida por parte del público, "Mi chica" resulta ser un canto de nostalgia a la inocencia perdida en la infancia, con unas preocupaciones que siempre parecían ser lo más importante del mundo. A este respecto, también colabora en gran medida la hermosa partitura de James Newton Howard que aporta ese toque acaramelado que requería una película de estas características para convertirse en un film tan simpático y agradable.



  • MR. HYDE DICE:

  • Vale, puede que "Mi chica" no sea un peliculón, pero tampoco hay que negar que es una especie de cuento con un encanto especial. De hecho, yo la vi cuando se estrenó en el cine y me pareció chulísima, aunque no sabría decir si más por el pico que se dan los dos protagonistas (esa edad es lo que tiene) o por toda la historia. Lo que sí está claro es que no es fácil conseguir que una peli sobre un par de críos y sus movidas personales -las de ella más que las de él- interesen a la gente de más de doce años. Por eso supongo que se preocuparon lo suficiente de que hubiera también algo de chicha en la historia de los padres de la cría, y de que ella estuviera lo suficientemente tarada (en el buen sentido) para que las cosas que hace más propias de una chica diez años mayor no hicieran que pareciera que está como una cafetera.


    Lo gracioso del asunto es que, a veces, no sólo son los niños los que se tienen cosas más de adultos, sino que estos mayores se portan como auténticos críos, aunque con el suficiente encanto para no hacer el ridículo a base de bien. Me estoy refiriendo, por ejemplo, por una parte, a la forma de comportarse que tiene la niña, que por mucho que hayas pedido a tu madre, tampoco creo que sea como para hablar de la forma que habla (es repipi hasta decir basta) y para no tener pelos en la lengua a la hora de dejar claro que está colada por su profesor. Si a eso se le añade que tampoco es que se preocupe mucho por ser muy social que digamos entre sus compañeros de clase: a quién coño se le ocurre hacer una visita guiada a la funeraria de tu padre y enseñar a tu abuela como si fuera un bicho raro, o ponerse a canturrear mientras están embalsamando a un fiambre a menos de cinco metros.


    Claro que, por otra parte, lo raro es que la pobre criatura no esté como una cafetera, ya que además de haberse quedado sin madre desde bebé, la niña está rodeada de muerte en su casa porque el padre tiene una funeraria, su abuela está zumbada perdida (cojonudo el momento en que se pone a cantar en mitad de un funeral mientras la gente del duelo flipa pepinillos), y una nueva mujer entra en su vida para enamorarse de su padre -que, también, es ciencia ficción, porque vamos-. Ahora, lo bueno de todo es que, pese a todo eso, "Mi chica" no deje de ser una peli simpatiquísima y llena de momentos divertidos por lo inocentón de las conversaciones (por ejemplo, cuando ella le pide a su mejor amigo que ensaye cómo besar con su brazo, o cuando no le importa decir como si tal cosa que está enamorada de uno de sus profesores del colegio).


    Supongo que es por eso que lo más interesante de "Mi chica" son las escenas en que los dos niños están juntos. Y, por supuesto, a pesar de lo sentimentaloide del tema, lo que sucede al final con uno de los protagonistas y una colmena de abejas. El resto, adornado por una música súper acaramelada y con escenas tan divertidas (lo que la cría hace en mitad de una partida de bingo para evitar que su padre se enamore de la recién llegada a la funeraria) como lacrimógenas (lo dicho del final y de lo que significa el anillo que ella tenía de su madre). De todas formas, la mejor manera de ver "Mi chica" es como una película en la que tengas claro que lo importante es la inocencia de la historia que se cuenta desde el punto de vista de dos críos que no acaban de entender del todo de qué va eso de ser mayor. Para ver, recordar una época pasada, y sentir simpatía por los dos protagonistas (al menos, Macaulay Culkin aún no era el tío creído y totalmente olvidado en que se ha convertido hoy en día, que ya es algo de agradecer). Ya os digo que no es nada del otro mundo, pero es entretenida y te deja un buen sabor de boca.





    MI CHICA ( MY GIRL) - TRAILER por valeria_sonidoazul

    martes, 31 de enero de 2012

    CINE DE LOS 80: "CARROS DE FUEGO"

    TÍTULO: CARROS DE FUEGO

    DIRECTOR: HUGH HUDSON

    REPARTO: IAN CHARLESON, BEN CROSS, IAN HOLM, JOHN GIELGUD, NIGEL HAVERS, CHERYL CAMPBELL, ALICE KRIGE

    DURACIÓN: 118 min.

    AÑO: 1981

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Muy pocas películas consiguen alcanzar la fama de "Carros de fuego", contando con unos ingredientes tan particulares. En este caso, estamos hablando de un film inglés, de carácter deportivo en una categoría que poco tiene que ver con las competiciones más genuinamente norteamericanas (béisbol, rugby, etc.), basado en la preparación física de una serie de atletas, y que otorga una primacía muchísimo más elevada a la demostración de que quienes defienden sus ideales por encima de cualquier voluntad tanto ajena como propia, alcanza su recompensa. Sin embargo, a pesar de todas estas consideraciones previas, lo cierto es que "Carros de fuego", alentada en buena medida por el reconocimiento que tuvo en la gala de los Oscar de su año (donde se alzó victoriosa en las categorías de mejor película y guión, entre otros premios), representa una verdadera lección de mensaje a transmitir en un guión, y de elegancia visual en cada plano. Además, el hecho de contar con ese estilo inglés tan sofisticado y refinado, alejado en esta ocasión del tono sarcástico de otros largometrajes como "Gosford Park - Gosford Park, 2001" o el convencionalismo de "El discurso del rey - The king's speech, 2010", repercute muy favorablemente en el resultado final.


    El film narra la preparación para las pruebas olímpicas de atletismo de dos corredores extraordinarios, condicionados enormemente por sus principios religiosos. Por una parte, Harold Abrahams (Cross) es un estudiante de leyes, judío, que no duda en prepararse de la mejor y más honrada forma posible con tal de ganar, para lo que acude a un particular entrenador llamado Sam Mussabini (Holm), cuyos orígenes italianos y árabes son cuestionados por los altos cargos de la institución en la que estudia Abrahams. Por otra parte, se encuentra el escocés Eric Liddell (Charleson), quien antepone sus principios religiosos a cualquier tipo de prueba deportiva, lo que le representará diversos conflictos morales de cara a su preparación para las olimpiadas.


    Si ayer, en la crítica del día, decíamos que había películas que pasaban a la historia por un determinado factor (diálogos, secuencias...), he aquí otro buen ejemplo de largometraje que ha pasado a la historia por un elemento bien claro: su banda sonora. De hecho, no son pocos los que consideran que el tema compuesto por el griego Vangelis, que acompaña a ese excelente travelling de los corredores entrenándose por una fría playa inglesa al comienzo mismo del film, es lo que ha convertido a "Carros de fuego" en el film tan conocido y recordado que es a día de hoy -atención merece la pena también la secuencia en que uno de los atletas se prepara para la prueba de obstáculos colocando estratégicamente copas de champán en el borde de las vallas para comprobar cómo de certero es su salto-.


    Sin embargo, más allá de esto, se encuentra una historia que, de una forma sencilla y pausada, constituye todo un mensaje a la conciencia del público pues, partiendo de un principio común (las diferencias religiosas entre los dos protagonistas principales...) aplicado a la historia (...y cómo ello les condiciona a la hora de participar en las competiciones olímpicas), "Carros de fuego" lo que constituye es un auténtico alegato en defensa de los valores morales de cada individuo. En efecto, mientras que para Abrahams correr es un desafío a su propio afán de superación y la posibilidad de demostrar que poco importa el origen o condición religiosa de quien te prepare (impresionante la secuencia del almuerzo entre Abrahams y los rectores de las dos instituciones universitarias en la que éstos le recriminan que se esté preparando físicamente con Mussabini), para el personaje de Liddell correr es una forma de honrar a Dios y de respetar sus Mandamientos (a este respecto, especial atención merece tanto la secuencia en que, a bordo del barco que cruza el Canal de la Mancha, le comunica al delegado deportivo inglés que no piensa correr en domingo, como la encerrona que éste mismo le hace al forzar una reunión con el príncipe inglés y sus delegados para obligarle a hacerlo).


    Así pues, "Carros de fuego" se presenta muchísimo más como una defensa de los valores morales individuales descomunal, mostrando a sus principales protagonistas como seres dispuestos a cualquier cosa antes que renunciar a estos principios, pero siempre con un espíritu deportivo absolutamente impecable (al respecto, cabe mencionar la cordialidad y el respeto con el que se tratan ambos protagonistas -la admiración que Abrahams profesa al talento natural de Liddell a la hora de correr queda retratada a la perfección). Además, todo ello se ve contemplado por la elegante puesta en escena del entonces debutante Hugh Hudson que, de acuerdo con el espíritu de la misma historia, no se deja llevar por sentimentalismos, sino que apoya con cada plano la esencia del guión hasta la última palabra. Así pues, se explica que, en un momento tan decisivo del largometraje como las dos carreras finales en las olimpiadas francesas, las carreras estén rodadas y montadas de una forma totalmente anacrónica, ya que lo que a Hudson le interesa no es la competición, sino el espíritu que las alimenta.


    En definitiva, "Carros de fuego" es una estupenda película que suple una cierta falta de tensión y ritmo trepidante con una forma acertada de trasladar la historia al espectador. Y, si a esto añadimos el bellísimo tema musical de Vangelis y la escenografía fabulosa con la que cuenta (atención a una fotografía y diseño de vestuario simplemente exquisitos), el resultado es un título a conservar en la memoria, y revisar de cuando en cuando.



  • MR. HYDE DICE:

  • Aún se me ponen los pelos de punta cuando oigo la musiquilla de la peli. Personalmente, no creo que sea posible escuchar el tema de "Carros de fuego" sin que te venga a la mente la imagen de los atletas corriendo por la playa. Lástima que el resto de la banda sonora sea bastante churra, porque con lo guapo que está ese tema, Vangelis se lo podría haber currado un poco más. Pero en fin, a lo que vamos. "Carros de fuego" como película está bien aunque quien se piense que es de esas que quieren emocionar con las competiciones deportivas, que se vaya olvidando porque, a pesar de ser una peli centrada en el mundo del atletismo, parece que lo que menos le importa de toda la historia son, precisamente, las carreras. Y es que "Carros de fuego" tiene clarísimo qué es lo que quiere contar: cómo una persona, sea atleta o no, sale ganando siempre y cuando respete sus creencias y valores, independientemente de que no sean los del compañero que corre contigo. Si no, no se explica que más de las tres cuartas partes de la película se las pasen haciendo el pino para conseguir correr sin importarles lo que les condicionan a cada uno diferentes cosas (y personas).


    Esto creo que es lo que más te llama la atención de "Carros de fuego". Es como si te saliera un señor de la pantalla y te dijera "¿ves? le echan un par de huevos y consiguen lo que se proponen aunque el resto del mundo les quiera dar por la retaguardia". Aunque, por supuesto, como la peli es inglesa, lo hacen con una distinción y estilazo brutales, demostrando que es el país de los sires y de los god save the queen a base de bien. Eso es algo que no pueden negar, que los ingleses, cuando hacen películas en las que retratan a su sociedad, sea cual sea el motivo y vaya de lo que vaya la peli, guardan siempre esa elegancia natural que ya quisiéramos muchos para nosotros. En este caso, el tema está entre los condicionamientos morales que tiene cada uno de los dos corredores principales, uno judío y otro católico, por competir y ganar de forma limpia.


    Puede llamar la atención eso de "de forma limpia", pero no quiero decir que corran sin poner la zancadilla al de al lado, sino que a cada uno se la pela llevarle la contraria al rey de Inglaterra o a los rectores/decanos o lo que coño sean de la universidad en la que estudia con tal de actuar según sus creencias sin dejar de serles fieles. Por ejemplo, me encanta la parte esa en que el corredor judío poco menos que manda a tomar viento a los dos rectores del sitio en el que estudia (dos viejos más estirados que la cara de la Nicole Kidman y con una cara de malfollaos que tira p'atrás), y cómo el católico hace lo mismo con la mitad de la nobleza inglesa.


    Por supuesto, es una peli en la que tienen que ganar los que actúan de esta forma, así que tampoco hay que ser muy listo para intuir lo que pasará al final. Pero, como os decía antes, eso no es lo que importa, sino el modo que cada uno de los corredores tiene de ser fiel a sus principios, caiga quien caiga. Y eso, en los tiempos que corren, cuando parece que los cagamandurrias de turno -defensores del progreso, curiosamente- siempre se pueden meter con los mismos tontos que prefieren no defenderse y dejarse hacer (me incluyo entre ellos), es una lección bastante más valiosa. Sin ir más lejos, y salvando mucho las distancias, ya que hablamos de atletismo, me sé de uno que sale a correr los fines de semana a horas para mí intempestivas (de pronto) y que no está dispuesto a renunciar a ello por mucho que se le choteen de lo mucho que madruga para darle a las patas. Pues muy bien hecho, chaval. A ver si los demás también hacemos como los de la peli y no dudamos en echarle cojones al asunto cuando es necesario. Eso sí, lo que no entiendo es por qué demonios la película se llama "Carros de fuego", ya que ni salen carros en llamas ni nada parecido... ¿Alguna idea al respecto?




    lunes, 30 de enero de 2012

    CINE CLÁSICO: "RASHOMON (EL BOSQUE ENSANGRENTADO)"

    TÍTULO: RASHOMON (EL BOSQUE ENSANGRENTADO)

    DIRECTOR: AKIRA KUROSAWA

    REPARTO: TOSHIRO MIFUNE, MACHIKO KYO, MASAYUCKY MORY, TAKASHI SHIMURA

    DURACIÓN: 88 min.

    AÑO: 1950

    GÉNERO: SUSPENSE

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Las películas se convierten en clásicos por los más variados motivos, con independencia de la antigüedad que tengan. Así pues, a nadie le sorprendería que nos refiriéramos a films bastante recientes como "Matrix - The matrix, 1999" como clásicos del cine de ciencia ficción, o que "Up, una aventura de altura - Up, 2009" esté considerado un auténtico clásico del cine de animación. Unas veces el elemento diferenciador que convierte los films en clásicos es su ingeniosísimo guión (¿cuántas frases célebres contiene un largometraje como "Casablanca - Casablanca, 1942" o "El padrino - The godfather, 1972"?), o la planificación de determinadas secuencias (caso del asesinato en la ducha de "Psicosis - Psycho, 1961" o del cruce de piernas de Sharon Stone en "Instinto básico - Basic Instinct, 1992". Ahora bien, no son muchas las películas que pasen a formar parte de los clásicos básicos de la historia del cine por la forma en que está contada su historia, y mucho menos si se limitan a contar lo mismo una y otra vez. Bien, pues a este respecto, fue el maestro Kurosawa quien no sólo realizó uno de los films nipones más famosos de todos los tiempos, sino que definió una nueva forma de hacer cine tan fresca y sorprendente que, a pesar de haber sido "homenajeada" en más de una ocasión -curioso eufemismo para decir "copiada descaradamente"-, sigue siendo tan fresca y actual como el primer día.


    A principios del año 1300, tres desconocidos se resguardan de una implacable tormenta, en un templo de las afueras de la ciudad de Kioto. Los tres han oído hablar de un curioso y violento suceso que ha tenido lugar unos días atrás en uno de los bosques de la región. En dicho suceso, uno hombre ha resultado muerto, un peligroso bandolero capturado, y una mujer, viuda del hombre difunto, forzada. Lo llamativo del caso es que, en el momento de prestar declaración, tanto los testigos presenciales de los hechos como los mismos implicados dan versiones completamente diferentes de lo ocurrido.


    La realización de "Rashomon (el bosque ensangrentado)" es espectacular. Y no decimos esto porque cuente con sofisticadísimos movimientos de cámara o con una fotografía deslumbrante, sino porque cada plano parece estar estudiado hasta el más mínimo detalle para conseguir el efecto desconcertante correspondiente a cada una de las versiones. Cada descripción está contemplada de una forma diferente (de una forma más distendida y contemplativa para el campesino que descubre el cadáver del marido de la mujer, mucho más dinámica para la versión del delincuente, y con una carga emocional de lo más elevada para la versión de la mujer), y el comportamiento de los intérpretes varía magistralmente de una versión a otra -en especial el de la mujer que tantas emociones contrapuestas debe mostrar, según quién sea el que cuente la versión-.


    Tal vez el impredecible y, hasta cierto punto, desconcertante final que tiene "Rashomon (el bosque ensangrentado)" pueda sorprender a más de uno, dejándole con la sensación de que le han tomado el pelo ya que, la resolución que propone, se aleja de los estilos más frecuentes de los largometrajes más recientes que siguen una estructuración similar, y cuyo desenlace sólo contiene una posible opción. Si embargo, es evidente que la realización de Kurosawa va mucho más lejos, y hace que ésta se presente como una película original hasta la médula, y pionera en un estilo de contar una historia que ha hecho escuela. Sin ir más lejos, ahí tenemos el ejemplo de largometrajes recientes como "Basic - Basic, 2003" o "En el punto de mira - Vantage point, 2008" -ambos excelentes films de suspense-, que se sirven de una construcción parecida con resultados de lo más satisfactorios.


    En resumidas cuentas, "Rashomon (el bosque ensangrentado)" es una película extraordinaria que ya forma parte de la historia del mejor cine de todos los tiempos. A revisar una y otra vez.



  • MR. HYDE DICE:

  • Había oído hablar mil y una veces de esta película, pero no había conseguido aún sentarme a verla. Todos los que me decían que era estupenda (Jekyll incluido) me daban motivos diferentes, así que tampoco tenía muy claro qué podía tener una película del año de la polca, japonesa y en blanco y negro -aunque el hecho de que no fuera a color era lo de menos- para que tanta gente estuviera que no cagaba con ella. Y después de verla, puedo decir que, teniendo en cuenta todo lo que os he dicho que pensaba de ella a priori, y a pesar de ello, "Rashomon (el bosque ensangrentado)" cojonuda. Ahora bien, si la veis comparándola con las otras películas que se han hecho hoy en día, evidentemente, tiene cosas que huelen a viejo que te rilas. Así que voy a tratar de explicaros qué es lo que yo veo de excepcional en ella, y porqué creo que tiene esa fama tan universal.


    En primer lugar, "Rashomon (el bosque ensangrentado)" es un clásico en el sentido más amplio de la palabra. Y eso de clásico, a mi entender, lo que quiere decir, ni más ni menos, es que esta película ha sido la primera en hacer algo que, hasta ese momento, nadie antes había hecho: contar una misma historia desde diferentes puntos de vista, de forma que cada relato no tiene nada -o muy poco- tiene que ver con el anterior. De esta forma, tú, que estás viéndola con la intención de ser más listo que todos y anticiparte a quién miente y quién no, o a saber qué pasó en realidad en el bosque, te quedas desconcertado y con bastante cara de bobo por todo lo que pueden llegar a jugar contigo hasta que la película termina.


    Por supuesto, otra cosa es cómo esté hecha, interpretada, y esas cosas. Como os digo, hay que tener en cuenta que "Rashomon (el bosque ensangrentado)" tiene más de medio siglo y que, por muy hábiles que fueran los japoneses en su momento, tampoco contaban con la tecnología y las forma de actuar de los yanquis, así que no tendría mucho sentido compararla con la forma de hacer cine que tenían los primos del otro lado del charco. Pero claro, cuando ves a los actores exagerar tan a lo bestia los papeles, o esos diálogos más propios de un huevo de tiempo atrás, la verdad es que sientes un poco como un tufillo a falso que espanta. De todas formas, no hay que se bobo y quedarse sólo en esto, sino que "Rashomon (el bosque ensangrentado)" hay que verla sin querer prejuzgarla nada más empezar, porque si no, apaga y vámonos.


    En cuanto a señalar algún momento en particular que se salga de lo normal, pues no sabría muy bien por dónde empezar. Supongo que ese principio, con los dos campesinos refugiándose bajo la lluvia en un tempo que está hecho mierda, y flipados por la historia que han presenciado (la de las declaraciones de los implicados en toda la movida) es bastante llamativa, o la versión de la historia en la que se cuenta cómo la mujer es la que prefiere largarse con el bandido antes que volver con su marido, animándole a matarlo para que así pueda quedar libre. En fin, no sabría con cuál quedarme porque, básicamente, cada momento de la película es único y distinto por completo a los demás.


    Así que, si me aceptáis este consejo, ved "Rashomon (el bosque ensangrentado)" pero con la mente en blanco total. No queráis empezar a ver los defectos o las exageraciones de la película (creedme si os digo que tiene unos cuantos... bastantes) porque, si lo hacéis, la película os parecerá una patata de cojones. Y sería una lástima, porque no conseguiríais apreciar lo que es una grandísima película que, aunque ya sea por haber sido la primera en plantear esa historia de una forma tan original, merece la pena estar entre los grandes clásicos del cine.