jueves, 23 de febrero de 2012

CINE ACTUAL: "NOCHE Y DÍA"

TÍTULO: NOCHE Y DÍA

DIRECTOR: JAMES MANGOLD

REPARTO: TOM CRUISE, CAMERON DIAZ, PETER SARSGAARD, VIOLA DAVIS, JORDI MOLLÀ, MAGGIE GRACE, PAUL DANO

DURACIÓN: 109 min.

AÑO: 2010

GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Hablar de Tom Cruise es hablar de uno de los artistas más poderosos y reputados de la industria cinematográfica actual. A pesar de lo que pueda pensar de él la opinión pública (sobretodo a raíz de sus últimos -y algo lamentables- "espectáculos" dados en público), de lo que no cabe duda es de que alguien capaz de superar los traumas infantiles que ha tenido Cruise -de pequeño, parece que fue disléxico-, de haber trabajado con algunos de los mejores cineastas de la historia del cine (Coppola, Scorsese, Spielberg, Kubrick, De Palma, Pollack, Redford, Scott...), y de convertir casi todos sus proyectos en auténticos bombazos en la taquilla, merece el unánime reconocimiento como el artista que es. Ahora bien, ello no quita para que, durante los últimos años, Cruise haya parecido perderse en un mar de proyectos que, por mucha buena intención que tuvieran, no se encontraban a la altura de lo que nos tiene acostumbrados. Así pues, tras encadenar una serie de decepciones en la cartelera, quiso probar con una imagen diferente a la de héroe de acción tradicional a la que parecía haberse acostumbrado por su papel de Ethan Hunt en los largometrajes de "Misión: imposible". Para ello, confió en la pericia del reputado director James Mangold (entre otros méritos, Mangold destaca por la versatilidad de sus proyectos -del género policiaco al biopic, y del drama al western-), y encabezó el reparto del film que le permitiría explotar su vena más cómica sin renunciar por ello al gran espectáculo. Ahora bien, de la intención al resultado, el trecho es bastante amplio.


    Roy Miller (Cruise) es un agente de la CIA que, asignado a la protección de un joven que ha descubierto una importante fórmula que revolucionaría el mundo de la física. Sin embargo, parece haber un topo en la organización que pretende acabar con él, por lo que Miller decide ir por libre y cumplir la misión a su modo. Para ello, y con el fin de despistar a sus persecutores, decide utilizar a una joven y atractiva muchacha llamada June (Diaz) como mula, a fin de poder escaquearse si las cosas se ponen feas. Sin embargo, una serie de coincidencias harán que el agente John Fritzgerald (Sarsgaard) persiga implacablemente a June, por lo que Miller deberá acudir a su rescate. Con lo que no cuenta es con que se enamorará perdidamente de la joven.


    "Noche y día" parece, en un principio, un film hecho a la medida de Cruise. Cuenta con trepidantes secuencias de acción, un argumento con intriga, y con momentos abiertos a la improvisación más cómica. Sin embargo, el guión no parece decantarse por ninguno de estos dos aspectos (el espectador no sabe si está asistiendo a una película de aventuras con toques cómicos, o a una comedia con carísimas secuencias de acción) por lo que, a pesar de las intenciones del director, el resultado no es más que un batiburrillo incomprensible que deriva en el absurdo más lamentable.


    En el aspecto artístico, es más que patente la sobreactuación de Cruise por aportarle un toque cómico y distendido a su personaje, con el fin de demostrar que no estamos ante una nueva entrega de "Misión: imposible" (más que evidente en cada una de las secuencias que comparte con el personaje de Cameron Diaz), y el poco esfuerzo de Cameron Diaz por darle un toque distinto a su rol de chica inocente enfrascada en la aventura de su vida (las reacciones nerviosas de su personaje pierden la gracia tras las dos primeros intentos).


    En el aspecto técnico, a pesar de una evidente preocupación por dotar al film de un aire de gran súper producción (el aterrizaje forzoso del avión que se ve forzado a pilotar Miller, la liberación de June por parte de Miller y su persecución posterior, el bombardeo de la isla, o la huída por las calles de Córdoba -por las que, inexplicablemente, se está celebrando un encierro de San Fermín-), y del acompañamiento musical acertadísimo compuesto para la ocasión por John Powell, sobre "Noche y día" pesa mucho más ese aire de desconcierto que no de espectáculo. Cierto es que, en proyectos como éste, es complicado encontrar la media justa entre dos géneros complicados de unir (que se lo digan a Will Smith), pero lo que sí deberían haber tenido presente los responsables de "Noche y día" es a cuál de los querían que perteneciera la película, en lugar de desconcertar al espectador con las salidas de tono entre un género y otro. Así pues, en definitiva, "Noche y día" no es más que un fallido pasatiempo, que pretende entretener a cualquier precio. Por fortuna, el ritmo es lo suficientemente ligero como para no atascarse demasiado en los inmensos agujeros del guión, pero no tanto como para salvar al resto del largometraje del ridículo. Una lástima, teniendo en cuenta la excelente película de aventuras que podría haber sido.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¿Qué pasa cuando quieres hacer una peli de espías, con sus persecuciones y explosiones, intrigas y todo eso, pero lo mezclas con una especia de comedia chorra? Pues que el resultado es una mierda como un piano de grande. Y eso es lo que le pasa, ni más ni menos, a "Noche y día", una demostración más de que cuando al amigo Tomasete le da por ir de gracioso, mete la gamba pero bien metida. "Noche y día" no sabes muy bien cómo tomártela: como comedia no tiene ni puta gracia, y como peli de acción es un truño ver cómo los momentos más trepidantes se ven interrumpidos por chistes malos de cojones, pausas absurdas, y cosas tan absurdas que casi convierten a las pelis de acción de Nicolas Cage en obras maestras indiscutibles. Os pondré un ejemplo: hay un momento en que, haciéndose el gracioso, Cruise "secuestra" a Diaz y se la lleva a la fuerza en un coche al que empiezan a perseguir. Vale, hasta aquí todo normal. Pero es que antes de hacerlo, el pavo se para a pedirle perdón a un policía por haberle disparado en una pierna, y durante la persecución no para de excusarse con la chica por la forma en que está haciendo las cosas. ¿Queréis otro ejemplo? En mitad de un tiroteo en un cortijo cordobés, como Cruise ve que Diaz se siente un poco decepcionado con él, deja de vigilar que los malos no les dejen como un colador, y se pone a andar con toda la calma del mundo por el patio en el que les están disparando para acercarse a la chica y plantarle un morreo en todo el careto (por supuesto, los malos, ni lo tocan con las doscientas balas que les disparan). ¿Cómo? ¿Que aún no estáis convencidos del todo? Bueeeeno, va, otro ejemplo: en otro momento, para liberar a Cameron, Tomasete se marca una entrada en plan Rambo en la que aterriza delante en el capó del coche en el que tienen retenida a la chica y, mientras se pone a disparar desde ahí a los malos que les persiguen, no para de sonreírle a ella y a hacerle cumplidos sobre lo guapa que está.


    Ya lo veis, con toda una película llena de cosas como esas, ¿de qué forma le puede parecer a alguien con un mínimo de paciencia que este bodrio merece la pena? Hey, y eso que no hemos mencionado la nueva metida de pata de Tomasete con la cultura española. Si en la segunda parte de "Misión: imposible" ya demostró que no tenía ni puta idea de lo que eran las fallas o la Semana Santa sevillana, aquí el tío se marca otro tanto de los de campeonato. ¿A que no sabéis lo que se le ocurre ahora? Pues ni más ni menos que meter a los San Fermines por las calles de Córdoba, y hacer que los encierros terminen en una plaza de todos... ¡con torero y todo incuído! Olé, chaval, sí señor. Con dos cojones bien puestos. Pero vamos a ver, con la de tiempo que estuvo tir... digoooo, saliendo con Penélope Cruz, ¿es que no ha aprendido nada de nuestras costumbres? Joder macho, qué forma de meter la pata. Lo más gracioso del asunto es que si nosotros hacemos una peli sobre los yanquis en la que aparezcan venga a comer hamburguesas y ver partidos de baseball, nos llamarían de todos menos guapos (o, igual resulta que va y acertamos de pleno).


    También es cierto que alguno de vosotros podría pensar "bueno, al pobre le ha patinado un poco el cocotero pero, al menos, la peli está entretenida y te hace pasar el rato". Error. Sí que te hace pasar el rato y, como dice mi chica, pensando. Pensando qué coño haces tú viendo semejante bodrio. Vamos, que no hay por dónde cogerla. Lo que se supone que tendría que ser la historia de espionaje (ese cerebrín protegido por la CIA que tiene la clave para destapar un asunto de lo más gordo -la fórmula esa extraña que tiene-), y la persecución de un agente renegado es sustituido por la aparente gracia que tiene una mujer -que es una pava descomunal- metida en todo ese fregado. Y, sintiéndolo mucho por la Mary que me hizo partirme de risa cuando hasta un perro se la quería ligar, y por ese monumento que nos dejó a todos abiertos mientras Jim Carrey se convertía en un cartoon andante, a la señorita Cameron Diaz cada vez la aguanto menos. De hecho, parece que esté empeñada en ingresar en el selecto club de los actores/actrices que se creen súper graciosos cuando, lo único que hacen, es confundir gracia con repelús. De hecho, Cameron se pasa la primera mitad de la peli con cara de flipada y chillando como una histérica, y la segunda mitad en plan Rambo sabiendo de pistolas y munición más que el Terminator.


    En fin, como veis, aunque parece que "Noche y día" sea una peli interesante y con la que te puedes divertir, la verdad es que es un aburrimiento del que no merecen la pena ni sus curradas (y caras) escenas de acción. Aparte de eso, lo único que tiene es a un Tom Cruise repelente, a una Cameron Diaz aún más repelente, y una historia que ni cuando quiere ser graciosa de verdad consigue que sonrías. Lo dicho, una decepción total, de la que no se salva ni siquiera Jordi Mollà haciendo por enésima vez el papel de traficante (da igual que sea de armas o de droga, que se ve que los primos del otro lado del charco le miran la cara y ya lo encasillan). Lamentable.





    miércoles, 22 de febrero de 2012

    CINE DE LOS 90: "007, GOLDENEYE"

    TÍTULO: 007, GOLDENEYE

    DIRECTOR: MARTIN CAMPBELL

    REPARTO: PIERCE BROSNAN, SEAN BEAN, FRAMKE JENSEN, IZABELLA SORRUPCO, GOTTFRIED JOHN, JUDI DENCH, ROBBIE COLTRANE, ALAN CUMMING

    DURACIÓN: 122 min.

    AÑO: 1995

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Desde que el escritor inglés Ian Fleming creara en una novela al que, con el paso del tiempo, se convertiría en el agente secreto más famoso de la historia del cine, ha pasado ya la friolera de sesenta años. Desde que se estrenara, a principio de los años sesenta el primero de los largometrajes basados en tan célebre personaje, hasta la fecha son cerca de treinta películas las que se han realizado, y seis los actores que han tenido el honor de enfundarse el esmoquin y decir Mi nombre es Bond, James Bond con una convicción casi mítica. El penúltimo de ellos, se estrenó a mitad de la década de los noventa con los rasgos del actor irlandés Pierce Brosnan, quien ya se había hecho famoso previamente en el formato televisivo gracias a una simpática serie de detectives llamada Remington Steel, cuyo personaje principal guardaba más de una similitud con la del agente 007. El largometraje en cuestión también suponía el empujón definitivo que necesitaba su director, el neozelandés Martin Campbell, quien con su estilo aportaría una frescura al personaje de James Bond que parecía haberse perdido tras los últimos films de la serie.


    James Bond (Brosnan) consigue cumplir una difícil misión en territorio ruso, aunque para ello cae en combate el gante Alec Trevelyan (Bean). Años más tarde, cuando Bond es ya un espía consolidado del M.I.6, se produce un brutal atentado en una instalación de telecomunicaciones rusa, de la que es sustraído un dispositivo conocido como Goldeneye, y que se utiliza para controlar un satélite capaz de arrasar y destruir ciudades enteras. Bond es enviado por su superior, M (Dench), a intvestigar las causas del robo. No obstante, lo que desconoce es que es precisamente 006 quien, tras ser dado por muerto, se ha hecho con el control de este dispositivo para obtener una fuerte suma de dinero a cambio, junto con sus socios, el general Ourumov (John), el genio informático Boris Grishenko (Cumming), y la sádica Xenia Onatopp (Jensen).


    "Goldeneye" es y será recordada por dos motivos, esencialmente. El primero, por acertar de pleno al darle el papel de James Bond a uno de los acotres que mejor ha sabido captar la esencia del personaje, y que con mayor efectividad, elegancia y sentido del humos ha sabido hacerlo llegar al público. Brosnan, a quien años antes se había considerado para interpretar al agente británico (problemas de contrato con la serie que protagonizaba hicieron que la balanza se decantara hacia el inglés -y poco acertado- Timothy Dalton), contribuyó en una gran medida a que se viera a James Bond como un héroe para el nuevo milenio, capaz de vivir aventuras mucho más entretenidas que las que había protagonizado con anterioridad.


    En segundo lugar, "Goldeneye" supuso el renacimiento y relanzamiento de una de las franquicias más taquilleras de la historia del cine. Gracias a una puesta en escena actualizada y decididamente moderna (responsabilidad del un inspirado Martin Campbell), y a un guión que combinaba a partes iguales la intriga y las grandes dosis de aventura, el largometraje fue recibido con los brazos abiertos, después de que los últimos films de 007 hubieran pasado más bien desapercibidos. Así pues, la emoción no desaparece prácticamente en ningún momento de "Goldeneye" aunque, en honor a la verdad, haya que decir que, después de los últimos episodios con Daniel Craig al frente, "Goldeneye", vista de nuevo a día de hoy, puede parecer un poco más infantil y carente de la madurez que tiene otros títulos como, por ejemplo, "007, Casino Royale - 007, Casino Royale, 2006", o de la violencia explícita de su anterior entrega, "007, Licencia para matar - 007, Licence to kill, 1989".


    Sin embargo, en la novedad y simpleza se encuentra el gran acierto de "Goldeneye". El papel de villano está interpretado con convicción por el irlandés Sean Bean (algo que en todos los films de Bond es requisito imprescindible), y las actuaciones de los secundarios están a la altura de las circunstancias. El único punto débil del film lo representa la insoportable banda sonora, compuesta para la ocasión por el francés Eric Serra, quien se pierde en un batiburrillo de melodías insípidas que, en lugar de acompañar a la acción, lo único que consigue es hacerla menos trepidante. No obstante, por lo demás, "Goldeneye" es una película de aventuras entretenidísima, capaz de hacer que el espectador disfrute de casi dos horas de distracción y espectáculo muy bien construido, protagonizado por uno de los iconos más famosos del séptimo arte.



  • MR. HYDE DICE:

  • Muchos dirán que si todas son iguales, que si no hay quien se las crean, que si ya están muy vistas, y mil cosas más. Pero qué queréis que os diga, cada nueva peli de James Bond que veo en el cine (o, incluso, en casa, después de haberla visto ya varias veces antes), para mí es una gozada. Antes de que empiece ya tienes la sensación de que te va a gustar, aunque lo que no sabes son las flipadas que se van a gastar, y cómo conseguirá 007 salvar al mundo. Cuando se estrenó "Goldeneye" el listón estaba alto, y la peña se moría de impaciencia por saber cómo estaría Pierce Brosnan como el agente secreto más famoso de la historia del cine (mucho más que de la literatura, paradójicamente). Pues yo os lo digo: salvando las distancias con Connery (que para algo fue el primero), Pierce Brosnan es con mucha diferencia el mejor James Bond de todos, incluso en las pelis de la serie más flojitas. No hay quien se crea más el papel que él, ni que convenza más con su porte y chulería tan simpática. Puede que el Bond que hace ahora Daniel Craig sea el más parecido al 007 que describía Ian Fleming en sus libros -como no he leído ninguno, no puedo decir lo contrario-, pero Brosnan encarna el espíritu Bond en todo su esplendor, y con una socarronería que le funciona al hombre con la misma perfección tanto cuando pide un martini con vodka agitado no revuelto que cuando le mete cuatro tiros a un malo.


    Todo esto es algo que hace que te lo pases pipa con "Goldeneye" desde que empieza (impresionante cómo te presentan al personaje dando ese salto monumental desde lo alto de una presa), y durante el resto de lo que dura. Además, "Goldeneye" tiene un acierto importante con respecto a las anteriores pelis de James Bond: es entretenida sin necesidad de tener que darle mucho al coco. Me explico. Mientras que las últimas pelis en las que Roger Moore ya tenían un olorcillo fuerte a pasadas de moda, y las de Timothy Dalton eran demasiado "complicadas" de seguir con tanto espionaje y Guerra Fría (menos la de "Licencia de matar", que no tenía mucho que entender), "Goldeneye" no se hace un lío y te propone una aventura entretenidísima, llena de lo que debe ser una buena película de oo7, con sus persecuciones, coches despampanantes, partidas de cartas en casinos, gadgets, y muchísima acción.


    Además, otra cosa buena que tiene es que siempre está pasando algo, o sea, que no se andan con complicaciones para explicarle la misión al pollo, ni tiene que hacer muchas cosas de reconocimiento y demás para empezar con la acción. Si a eso le sumas una historia interesante que engancha desde el primer momento, pues lo que te queda es una peli cojonuda de aventuras y acción. Los momentos así más llamativos son varios y, por supuesto, de los que no te creerías que pueden hacerse de verdad ni borracho. Pero claro, estamos hablando de James Bond, y no de un espía del tres al cuarto, así que verlo atravesar un muro en un tanque y reventar las calles de medio San Petesburgo no es nada extraño, igual que ver cómo el tío salta en moto hacia un precipicio y logra entrar en un avión que estaba cayendo al vacío antes de estamparse contra el suelo. ¡Pero qué coño, que es 007! Él puede hacer lo que le salga de las pelotas sin despeinarse y, además de cepillarse a la tía buena de turno, saber cómo acabar la escena con una frase sarcástica.


    En fin, que a los amantes de James Bond no hace falta que os recomiende el estreno de Brosnan como agente con licencia para matar. Y a los que no sois muy amigos del espía más famoso de su majestad the queen, pues recomendaros que le deis un voto de confianza a una película estupenda, entretenidísima y con la capacidad de sorprender tanto por sus abundantes escenas de acción, como por lo guay que es ver al bueno enfrentándose al malo malísimo. Lo dicho, cojonuda.




    martes, 21 de febrero de 2012

    CINE DE LOS 80: "PESADILLA EN ELM STREET"

    TÍTULO: PESADILLA EN ELM STREET

    DIRECTOR: WES CRAVEN

    REPARTO: ROBERT ENGLUND, HEATER LANGENKAMP, JOHNNY DEPP, JOHN SAXON, RONEE BLAKLEY, AMANDA WYSS

    DURACIÓN: 91 min.

    AÑO: 1984

    GÉNERO: TERROR

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • A mediados de los años ochenta, el director estadounidense Wes Craven, quien había conseguido unos años antes una notoria repercusión dentro del cine fantástico y de terror gracias a la violenta "La última casa a la izquierda - The last house on the left, 1972" -su debut en la realización de largometrajes- y "Las colinas tienen ojos - The hills have eyes, 1977", escribió y rodó la que acabaría por convertirse en un referente indiscutible del cine de terror: "Pesadilla en Elm Street", e inmortalizando a uno de los villanos por excelencia del género: el temible Freedy Kruegger.


    Nancy Thompson (Langenkamp) es una joven adolescente a la que, desde hace un tiempo, le cuesta conciliar bien el sueño. El motivo no es otro que un repetitivo sueño en el que, precedido de una cancioncilla infantil, aparece un desagradable individuo con la cara quemada y con un guante dotado de afiladas cuchillas en los dedos. Cuando se lo comenta a sus padres, éstos reaccionan quitándole hierro al asunto. Los problemas aparecerán cuando más muchachos, compañeros de clase de Nancy -entre los que se encuentran su amiga Tina (Wyss) o Glen (Depp)- también empiecen a sufrir las mismas pesadillas, y muriendo salvajemente tras soñarlas.


    A pesar de la originalidad de su argumento, lo cierto es "Pesadilla en Elm Street" pasó un tanto desapercibida entre el público en el momento de su estreno. El motivo cabría encontrarlo en el hecho de que ya se encontraba en marcha otra franquicia que también había alcanzado considerables cotas de popularidad y cuyo personaje principal, aunque salvando las distancias, tenía más de un punto en común con Freddy Kruegger. Evidentemente, nos estamos refiriendo a las continuaciones de "Viernes 13", y a su homólogo malvado Jason Vorhees. Sin embargo, "Pesadilla en Elm Street" tiene un valor añadido de lo más importante: las escenas oníricas. Mientras que otros asesinos en serie habían realizado sus fechorías hasta el momento en la vida real (caso tanto de Jason como del Michael Myers creado por John Carpenter), las acciones de Kruegger tienen lugar en un escenario en el que absolutamente todo es posible: desde que un teléfono saque una lengua por el auricular, hasta que al villano se le alarguen los brazos hasta la exageración para poder atrapar a sus víctimas, o que el novio de una de las protagonistas se convierta en involuntaria víctima de una auténtica carnicería.


    En efecto, cada una de estas secuencias quedan recogidas por la cámara de Craven con una claridad e impacto tan chocantes que el espectador no puede sino sentir una importante parte del pánico que transmiten sus protagonistas. Además, Craven acierta de pleno al dotar a "Pesadilla en Elm Street" de un ritmo in crescendo, de forma que mientras, al comienzo del film tan sólo se limita a insinuar la presencia de un ser terrorífico, conforme avanza la acción la presencia y actos de éste son tan evidente como deliberadamente explícitos (ver la terrible muerte que sufre el personaje interpretado por Johnny Depp).


    En resumidas cuentas, "Pesadilla en Elm Street" representa un tipo de cine de terror que ni el mismo Craven consiguió revitalizar una década más tarde con su serie de "Scream". No es por restarle méritos a la primera de estas partes (sobre el resto, mejor corramos un tupido velo), pero el grado de misterio e intriga en combinación con importantes dosis de terror no lo ha conseguido concentrar Craven en el resto de sus largometrajes con la misma intensidad y resultados que en esta primera "Pesadilla en Elm Street" -mención especial merece la correctísima e interesantísima "Vuelo nocturno - Red eye, 2005", un título estupendo a reivindicar-. Lástima que una serie desafortunada de continuaciones haya mermado el recuerdo que el público podría mantener hoy en día de este entretenido film aunque, por lo menos, siempre quedará la parte original para disfrutar de la experiencia de pasar un rato la mar de distraído y, por qué no, asustado.



  • MR. HYDE DICE:

  • Aún recuerdo el acojone que me dio la primera vez que vi esta película. Es cierto que, vista ahora, ya no da tanto cague, pero tengamos en cuenta que salió hace casi treinta años y que, por aquel entonces, ni estábamos acostumbrados a ver películas de terror de este tipo, ni se habían puesto de moda las historias de niñas japonesas especialistas en aparecerte por la espalda mientras un ¡tachán! suena a toda paleta para hacer que pegues un brinco. Lo que me llama la atención, a di a de hoy, de "Pesadilla en Elm Street" es la originalidad no sólo se de su argumento, sino de la forma de rodar los momentos de las pesadillas, porque muy pocas veces antes habían sido capaces de trasladar esas obsesiones y ese miedo propio de los sueños a imágenes con gente de carne y hueso. Por supuesto, al tratarse de sueños, la historia puede hacer que parezca real hasta lo más imposible, y es ahí donde "Pesadilla en Elm Street" resulta más original.


    Para empezar, todos los momentos de sueños son impresionantes. La cosa empieza más sugiriendo que enseñando (Freddy apareciendo en relieve por una pared, como si ésta fuera de tela, o asomando la zarpa dentro de la bañera donde se ha quedado sopa la protagonista). Luego, ya empiezan a calentar motores, con las muertes de algunos chavales y, a partir de ahí y hasta el final, es como si hubieran acelerado a tope y cada momento hasta tú mismo dudaras de si lo que están viendo es verdad o forma parte de una pesadilla.


    Desde ese momento en que os digo que empiezan a meterle caña a la historia con el tema de las pesadillas, es cuando más acojone da la peli, tanto porque no tienes ni idea de cómo van a poder cargarse "algo" que sólo tiene su efecto cuando la gente está dormida, como por las secuencias de muertes -las más violentas de toda la función-. Como ejemplo de esto último, sólo hay que recordar la muerte del chaval ese al que encierran en un calabozo (mola ver como Freddy atraviesa los barrotes como, años más tarde, haría también el T-1000 para perseguir a John Connor), la del chico al que interpreta un novato Johnny Depp en su cama convertida en una mezcla de agujero negro y géiser de sangre, o la de la chica que empieza a subirse por las paredes y techo de su habitación mientras se desangra y su novio lo ve todo flipando desde una esquina.


    Puede que, después de tantos años, y de una serie infumable de segundas partes (alguna tiene un pase pero, en general, mira que son malas las jodidas...), "Pesadilla en Elm Street" haya perdido muchos puntos. Y más aún, como os decía antes, después de que otra serie de pelis de miedo como las de "Saw" o esas mierdas pinchadas en un palo -pero que tienen su apoyo por parte de un público al que me cuesta de entender a veces- que son "Paranormal activity" lo hayan petado como máximos exponentes de lo que se entiende ahora por cine de terror, pues es obvio que ésta no va a tener el mismo efecto que cuando salió por primera vez. De todas formas, "Pesadilla en Elm Street", en comparación con los truños que dicen que son de miedo que pululan por ahí, sigue teniendo ese puntito original que la hace ser una especie de clásico ochentero de terror a reivindicar para volver a ver alguna que otra noche y pasar una buena dosis de susto. Al fin y al cabo, para eso la hicieron, y por eso se hizo tan famoso el cara-colilla de la zarpa afilada, ¿no?




    lunes, 20 de febrero de 2012

    CINE CLÁSICO: "VÉRTIGO (DE ENTRE LOS MUERTOS)"

    TÍTULO: VÉRTIGO (DE ENTRE LOS MUERTOS)

    DIRECTOR: ALFRED HITCHCOCK

    REPARTO: JAMES STEWART, KIM NOVAK, HENRY JONES, BARBARA BEL GEDDES, TOM HELMORE

    DURACIÓN: 128 min.

    AÑO: 1958

    GÉNERO: SUSPENSE

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • A finales de los años cincuenta, Hitchcock ya era toda una leyenda. El maestro del suspense (qué gracia cuando se oye llamar así a cualquier director que ha hecho un par de películas de intriga...), después de haber conseguido obras redondas con, por ejemplo, "La ventana indiscreta - Rear window, 1954", "Crimen perfecto - Dial M for murder, 1954", o "Encadenados - Notorious, 1946", y a tan solo unos años de sentar cátedra en el cine de suspense / terror con "Psicosis - Psycho, 1960", rodó la que, a día de hoy, está considerada como una de las más sobresalientes obras de su filmografía, "Vértigo (de entre los muertos)" aunque, en el momento de su estreno, fuera más bien ignorada por la crítica y público, quienes no parecieron quedar demasiado contentos con el juego de despiste y misterio propuesto por el genial cineasta. Para este caso en particular, Hitchcock volvió a recurrir a James Stewart -con el que ya había trabajado antes en tres ocasiones- para realizar un fascinante largometraje que, tomando prestados algunas influencias de su "Recuerda - Spellbound, 1945", se inmiscuye en el poder de sugestión de la mente humana, hasta el punto de ser capaz de crear una falsa realidad tan aparentemente verdadera como la auténtica.


    Scottie Ferguson (Stewart) es un policía retirado del servicio activo, después de sufrir un trauma durante una misión, que desarrolla en él un prufundo vértigo. Sobrevive gracias a los cuidados de su amiga Midgie (Bel Geddes) y a los encargos que realiza como sabueso. Un día, un antiguo amigo llamado Gavin Elster (Helmore) le contrata para que vigile a su esposa, Madeleine (Novak), pues hace tiempo que tiene un comportamiento de lo más extraño. Scottie acepta el caso y empieza a seguir a Madeleine, llamándole la atención la obsesión que parece ella parece tener por una mujer retratada en un gran cuadro, ya que se viste, peina y comporta como ella. Cuando Madeleine trata de quitarse la vida, ahogándose, Scottie la salva, pero ello desencadena una serie de consecuencias que pondrán en duda su percepción de la realidad.


    Son muchísimas las influencias que ha tenido en el cine posterior esta magnífica obra maestra de Alfred Hitchcock. Desde su discípulo confeso, Brian de Palma (son más que evidentes sus homenajes a esta película, tanto con "Fascinación - Obsession, 1976" como con "Doble cuerpo - Body double, 1984"), hasta propuestas menos ambiciosas y no tan conocidas (caso, por ejemplo de "The Lookout - The lookout, 2007"), o más que evidentes virguerías visuales españolas (la influencia de este film en el "Abre los ojos", de Alejandro Amenábar es ya público). Y todo esto, no es para menos, ya que "Vértigo (de entre los muertos)", se encuentra, como se ha dicho en más de una ocasión, entre lo mejor del genio del suspense. Tanto por las excelentes interpretaciones de unos inigualables James Stewart (su actuación no permite al espectador en ningún momento adelantarse a los hechos que se van sucediendo) y Kim Novak (perturbadora como pocas en su desdoblado papel).


    Sin embargo, "Vértigo (de entre los muertos)", también es mucho más que una simple película de misterio. También es toda una lección de cómo conseguir que una historia de suspense vaya adquiriendo cada vez más esa sensación de tensión in crescendo tan tremenda, desde lo que puede representar una pausada puesta en escena (todo el trabajo del detective a la hora de seguir y averiguar qué trama la mujer a la que espía), hasta los momentos en que Hitchcock pone toda la carne en el asador y hace que la cámara casi sufra al mismo tiempo que su personaje principal (inimitable las escenas que tienen lugar en lo alto del campanario, así como el instante en que las piezas comienzan a encajar en la mente del sabueso).


    En resumidas cuentas, "Vértigo (de entre los muertos)", dentro del cine clásico -ya no sólo del de su realizador, o del perteneciente al género del suspense-, es una verdadera obra maestra, digna de ser disfrutada en numerosísimas ocasiones. Después de visionarla una vez, a pesar de conocer ya de antemano qué sucede en su inesperado clímax, el espectador disfruta igual que la primera vez que la vio, dejándose llevar por su historia tan seductora de obsesión y muerte. Lo dicho, una obra maestra.



  • MR. HYDE DICE:

  • Ou yeah! Éste sí que es un peliculón como la copa de un pino. Mira que tiene más años que la castaña, pero aún sigue enganchando con esa intriga tan cojonuda que tiene, desde que la peli empieza con esa persecución por las azoteas, hasta el final, totalmente imprevisto, en el campanario. "Vértigo (de entre los muertos)" es una de esas pelis que, os guste el cine clásico o no, deberíais ver, al menos, una vez en vuestra vida, para saber lo que es una buena película de suspense como Dios manda. Claro, que estamos hablando de Hitchcock, así que tampoco tendría que sorprender mucho. Pero manda huevos que este hombre lo bordara una vez tras otra, y siempre consiguiera hacer películas geniales. A ver cuándo aprendemos nosotros (porque los yanquis, aún consiguen hacer cosas buenas) y tomamos ejemplo, que ni mucho Goya ni mucha polla, que hay que ver las mierdas que nos soplamos cuando queremos (que es casi todo el tiempo). Pero bueno, que me voy por los cerros. Vamos al turrón.


    No sé cómo se las apaña, pero "Vértigo (de entre los muertos)", consigue que estés atento y que el misterio vaya en aumento con cada minuto que pasa. La peli es larguita, y tiene momentos de bastante calma chicha pero, aún así, es como si el amigo Alfred lo envolviera todo en un ambientillo de mal rollo por no saber qué demonios está pasando de verdad, y que consigue marearte un poco -dicho esto en el mejor sentido posible-, casi tanto como al pobre James Stewart, que se pasa la primera mitad de la película más perdido que un pollo sin cabeza. Pues a ti te pasa lo mismo: entiendes de sobra la movida que tiene Stewart con las alturas, pero desde que empieza a seguir a esa mujer rubia, ya te hueles algo raro; y cuando la pava se empeña en comportarse como si fuera una muerta de hace tropecientos años, ya ni te cuento.


    Pero, lo mejor de "Vértigo (de entre los muertos)" empieza con el resto de la peli. Desde el momento en que James Stewart se cruza casi por casualidad con la dependienta de una tienda, ahí ya empiezas a tener sospechas por todos los lados. Pero bueno, tampoco haré más referencias a estos detalles, que todavía os cago alguna sorpresa. Lo que sí os puedo decir es que tiene momentos que no se te olvidan. A mí, por ejemplo, me pasa con las escenas del campanario de ese convento. Mira que tiene años la peli, pero cada vez que recuerdo la sensación que me dio ver lo que pasa en la torre de ese campanario, se me pone la piel de gallina. Y ya si hablamos de ese final que ni te ves venir, ahí ya es para mear y no echar gota. Vamos, que no sé si "Vértigo (de entre los muertos)" será la mejor película de Hitchcock o no pero, lo que sí tengo claro, es que es una de mis preferidas.


    En fin, que por mucho que pueda hablar maravillas de "Vértigo (de entre los muertos)", no será más que una opinión hasta que la veáis -luego, seguro que son dos, jeje-. James Stewart sale poniendo la misma cara de tío simpático de siempre, y Kim Novak (guapísima por aquel entonces), pues hace el papel de chica de la película, aunque sin el glamur y la belleza que tenía Grace Kelly, pero bueno, tampoco se puede pedir todo. Ah, y una última cosa: vale que el mérito por goleada se lo lleva Hitchcock, pero me gustaría dedicar un momento para pensar en esos pedazos de guionistas que tenía el colega inglés, y que le escribían unas películas que flipas, porque sin una historia tan currada como la de "Vértigo (de entre los muertos)", o cualquiera de las otras tropecientas pelis que hizo, a día de hoy, sus pelis no serían tan bestiales. Así que, en este caso, señores Alec Coppel y Samuel Taylor, olé vuestros huevos, campeones.




    domingo, 19 de febrero de 2012

    CINE EN CARTEL: "WAR HORSE (CABALLO DE BATALLA)"

    TÍTULO: WAR HORSE (CABALLO DE BATALLA)

    DIRECTOR: STEVEN SPIELBERG

    REPARTO: JEREMY IRVINE, EMILY WATSON, PETER MULLAN, DAVID THEWLIS, NIELS ARESTRUP, TOM HIDDLESTON, CÉLINE BUCKENS, PATRICK KENNEDY

    DURACIÓN: 146 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: DRAMA BÉLICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • A estas alturas, se ha dicho prácticamente de todo de "War horse (Caballo de batalla)". Desde que es la oportunidad de Spielberg de recrear una historia que acontece en la Primera Guerra Mundial (tras la algo decepcionante "El imperio del sol - Empire of the sun, 1987" y su magnífica "Salvar al soldado Ryan - Saving Private Ryan, 1998"), hasta que es una demostración más de que no hay nadie como el director de la saga de Indiana Jones para sacar adelante un proyecto que, en manos de cualquier otro director, hubiera caído en el desastre más absoluto. Por lo que respecta al resultado de tal esfuerzo, "War horse (Caballo de batalla)" es ambas cosas al mismo tiempo, y muchas más también. Aunque ello no quiera decir que el vigesimoséptimo film de uno de los cineastas más importantes de la historia se encuentre a la altura de sus mejores obras.


    Albert Narcott (Levine) es un joven inglés que vive en la región inglesa de Dartmoore con sus padres. Cuando su padre, Ted (Mullan) paga un elevado precio por un joven y vigoroso caballo, su mujer, Rose (Watson) le increpa que haya cometido semejante imprudencia. No obstante, Albert, que está fascinado con el animal, se empeña en demostrar que, con la suficiente práctica, Joey (así es como llama al caballo) se convertirá en una gran ayuda para trabajar el campo. Sin embargo, cuando se declara la Primera Guerra Mundial, Ted, apurado por las deudas, vende a Joey a un capitán del ejército inglés llamado Nicholls (Hiddlestone), que promete cuidarlo durante los enfrentamientos. A partir de este momento, Joey vivirá una auténtica odisea a través de los mayores frentes europeos, viéndose cuidado tanto por Emilie (Buckens), una pequeña niña francesa, y su abuelo (Arestrup), como por un simpático soldado galo (Kennedy).


    Hay dos protagonistas en "War horse (Caballo de batalla)". Por una parte, se encuentra en caballo que da título al film, a quien Spielberg se encarga de retratar como un ejemplar ciertamente único en fuerza, vigor y valentía, con independencia de lo que suceda a su alrededor. Por otra parte, se encuentra el conflicto bélico, que ocupa las dos terceras partes del largometraje. El inconveniente del que parece adolecer en ocasiones la película es que el realizador no tiene claro del todo en cuál de los dos centrarse. Cierto es que dedica al caballo y a su joven dueño inglés todo el primer tercio del film (el más flojo, dicho sea de paso) pero, el hecho de que, durante los cien minutos restantes, la tranquilidad de la campiña inglesa sea sustituida por el desastre de la guerra -en cualquiera de los tres frentes-, hace que resulta un tanto complicado llegar a desarrollar una emoción clara por alguno de los personajes (humanos) que deambulan por ella.


    Desde el punto de vista técnico, "War horse (Caballo de batalla)" es un film impecable. Desde la hermosísima fotografía de Janusz Kaminski (mucho más colorida de lo que es habitual en él: ver cómo la luz parece acariciar los prados ingleses, o la forma en que inmortaliza tanto un campo de cereales como el frío del frente), pasando por la eficaz banda sonora del maestro John Williams, y terminando en un diseño de producción excelente. Por supuesto, el talento del mismo Spielberg también es una pieza fundamental del largometraje, como así lo demuestra la elegante puesta en escena, más pendiente de los detalles (el travelling que acompaña a una carrera que disputan Joey y Albert contra el coche del hijo del terrateniente local, el aspa de un molino impidiendo contemplar la ejecución de dos muchachos, el plano picado que describe la masacre realizado por las tropas alemanas...) que no de la grandiosidad del escenario en que tiene lugar la historia (los enfrentamientos bélicos son retratados de forma casi minimalista, en comparación con lo que se suele mostrar en otros films del género).


    No obstante, como mencionábamos en la introducción, a pesar de que "War horse (Caballo de batalla)" sea un film de lo más correcto, no consigue atrapar al espectador en el mismo torrente de emoción al que Spielberg sí ha sabido introducirle en otras ocasiones. No debe verse esto, sin embargo, como un defecto, sino más bien como una forma diferente de contar una gran historia de amistad. En resumidas cuentas, aunque por su contexto y realización pueda dar la sensación de que éste se trata de otro gran film del cineasta norteamericano, no es menos cierto que no alcanza ni el grado de perfección ni de emotividad de otras películas suyas.



  • MR. HYDE DICE:

  • Pues hombre, no está mal la peli, aunque me esperaba mucho más. Está muy bien hecha, y se nota el estilo Spielberg en más de una ocasión pero, como dice a veces mi padre, para ese viaje no hacían falta alforjas. O lo que es lo mismo, que si Spielberg, en vez de hacer "War horse (Caballo de batalla)" le hubiera dedicado algo de tiempo a pensar una forma de no destrozar Indiana Jones por quinta vez, tampoco hubiera pasado nada (es más, igual hasta hubiéramos salido ganando). ¿Quiere decir eso que "War horse (Caballo de batalla)" es una peli mala? No, para nada. ¿Aburre? Mmmm... a veces es un poco lenta, pero tampoco creo que sea eso. ¿Entonces, qué coño le pasa? Pues yo os lo digo, que da la sensación de que se muere por hacer que te emociones, pero que lo que te enseña no es tan emocionante como él querría.


    En primer lugar, y lo más importante según mi opinión (que, al fin y al cabo, es la que cuenta en esta sección), es que estamos hablando de un caballo -y no porque sea un equino el protagonista, que si fuera un perro, una oveja o un escarabajo pelotero, pasaría lo mismo-. Es decir, que quiere hacer que la flipes con el bicho éste a cualquier precio. Y yo le tengo amor a los animales, pero no tanto. Si habláramos de una persona (la novia del protagonista, madre, mujer...) pues aún tendría más sentido, pero de un caballo... Por ejemplo, "Salvar al soldado Ryan" tenía por objeto encontrar a Ryan, aunque eso costara la vida de medio pelotón, pero era una historia que te atrapaba desde el principio, y que provocaba que casi hicieras fuerza para que Ryan volviera a su casa. En "War horse (Caballo de batalla)" es no pasa ni a la de tres.


    Por poner otro ejemplo, durante los primeros cinco minutos, después de unas cuantas panorámicas de la campiña inglesa (se ve que rodadas el único día del año que no llovió por allí arriba), ya te sale el protagonista -que tiene una pinta de blandito que no se aguanta el muchacho-, con cara de flipado delante del caballo, haciendo que casi se le caiga la baba. Vale, repito lo dicho: si fuera una tía buena, aún lo podríamos entender, pero coño, que estamos hablando de un caballo. Cuando el borrachín del padre se gasta los duros en comprarlo, aunque su mujer tenga que dejarse las manos cosiendo y su hijo la espalda sembrando, lo hace porque siente que ese caballo "es especial". ¡Ja, mis huevos! Ese caballo podrá ser más o menos bonito, pero esa sensación que quieren dar de que es un flipe de bicho, pues no me ha terminado de cuajar.


    Luego, está bien que la historia del caballo sirva para conocer lo que pasa a tres grupos de personas más: el capitán que se lo queda para ir a la guerra, la niña que lo encuentra y se lo enseña a su abuelo, y los soldados franceses del final que lo recuperan. Ahí reconozco que el paso de una historia a otra está muy bien llevado, más que nada porque es la oportunidad que tienes de cambiar un poco el chip de tanto acaramelamiento y ver cosas que son más interesantes (yo, particularmente, me quedo con la parte de la niña y el abuelo en el molino; lástima que no sea más larga). El resto, pues flojea bastante entre la movida que se trae en caballo (impresionante su huída por el frente franco-germano en mitad de un bombardeo, y cómo se engancha en unos alambres de espino) y las consecuencias de lo absurda que resulta cualquier guerra (ni los soldados ingleses, ni los franceses ni, por supuesto, los alemanes dan muestra de ser un poco simpáticos -sólo los dos valientes que se juntan para liberar al caballo de la alambrada-.


    En fin, que iba con ánimo de que me gustara "War horse (Caballo de batalla)" pero, después de verla, salí del cine con la sensación de que era muy flojita. Vale que Spielberg demuestra que sabe mejor que nadie cómo hacer una peli (cada movimiento de cámara es una pasada, y la fotografía es, en una palabra, preciosa) pero, lo que el amigo Esteban no ha conseguido esta vez, ha sido emocionar y conmover como sí ha dejado claro que sabe hacer en otras ocasiones. una pena, porque iba predispuesto a que me gustara, pero no a que me dejara con esa sensación de ni fu ni fa.




    sábado, 18 de febrero de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "LA CENA DE LOS IDIOTAS"

    TÍTULO: LA CENA DE LOS IDIOTAS

    DIRECTOR: FRANCIS VEBER

    REPARTO: JACQUES VILLERET, THIERRY LHERMITTE, FRANCIS HUSTER, ALEXANDRA VANDERNOOT, DANIEL PRÉVOST, CATHERINE FROT

    DURACIÓN: 80 min.

    AÑO: 1998

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Dentro del cine francés, el realizador Francis Veber es toda una institución. A él se deben algunas de las mejores y más inteligentes comedias de las últimas décadas, gracias, en particular, al acertadísimo reparto de casi todas ellas y, sobretodo a la inteligencia desbordante de sus guiones (ya sean propios, ajenos, o adaptaciones de otras obras). Lo curioso del asunto es que, si bien trató de forjarse una carrera en los Estados Unidos a finales de los años ochenta, el fracaso de tal intento (donde llegó incluso a rodar un remake de su propio film "Dos fugitivos - Les fugitifs, 1986"), es en territorio europeo donde mayor repercusión han tenido sus estupendísimas comedias ("Salir del armario - Le placard, 2001", "¡Que te calles! - Tais-toi!, 2003"), por encima de propuestas más serias ("El jaguar - Le jaguar, 1996"), con las que no consiguió desmarcarse de su innato talento para el cine más cómico. La película que hoy nos ocupa, "La cena de los idiotas", es un largometraje basado en la obra de teatro escrita por el mismo Veber, que éste pone en imágenes con una gracia y estilo divertidísimo.


    Pierre Brochant (Lhermitte) realiza, junto con sus amigos, "cenas de idiotas". Éstas consisten en que cada uno de ellos, lleva consigo, al lugar de la cena, a un hombre o mujer que destaquen por su estupidez innata para, después, burlarse de ellos y elegir cuál de todos los amigos ha llevado al mayor patán. Sin embargo, con lo que Brochant no cuenta es con que su mujer, Christine (Vandernoot) decide abandonarlo ante la crueldad de tal acción, y con que "su idiota", un pobre empleado de la hacienda pública llamado Fraçois Pignon (Villeret) se presenta en su casa de forma imprevista. A partir de entonces, Pignon, de forma totalmente involuntaria, comenzará a complicarle la vida a Brochant con su torpeza, muchísimo más de lo que jamás hubiera podido imaginar.


    "La cena de los idiotas" es un derroche de talento puesto al servicio de la comicidad más fabulosa. A pesar de su limitación escénica, la dirección y el libreto del propio Veber consiguen que el espectador acompañe a Brochant a su infierno particular, representado, en este caso, por un hombre inocente y decididamente bueno que lo único que pretende es compartir su pasión por las esculturas hechas con cerillas. Por supuesto, eso no quita para que el personaje de Pignon también sea presentado como un verdadero pelmazo (ver la secuencia en la que insiste una y otra vez en resultad de alguna utilidad para hacer que la mujer de Brochant vuelva con él, consiguiendo justo el efecto contrario), y que el espectador casi sienta piedad por tan despreciable anfitrión.


    No obstante, otro de los aciertos del film es mostrar ese camino de la redención y del cambio a través de la bondad del propio tonto (los últimos cinco minutos son de una emotividad asombrosa -a excepción de su desternillante epílogo final-) que, por muy tonto que sea, no deja de tener un corazón de oro. El resto del film, que pasa en un suspiro, está plagado de situaciones tan divertidas como bien escenificadas (la llegada del viejo amigo de Brochant, el reencuentro con una de sus ex-novias y, por encima de todos ellos, la aparición de un inspector de hacienda amigo de Pignon), lo que hace que el público sea incapaz de contener la risa y, en ocasiones, de no ponerse nervioso ante la estupidez rematada del bueno de Pignon.


    Así pues, "La cena de los idiotas", es una de las mejores opciones para disfrutar de una comedia excelente, repleta de situaciones tremendamente divertidas y graciosas y, por encima de todo, haciendo gala de un humor inteligente a rabiar. Todo una film que merece la pena ser descubierto y revisado. Un auténtico placer.



  • MR. HYDE DICE:

  • Mira que ya he visto esta película unas cuatro veces, y que he ido al teatro a ver la obra... ¡Pero me sigo partiendo de risa cada vez que la vuelvo a ver! En serio, ¡cómo se puede ser tan original! Y, además, hacer de tonto sin hacer de gilipollas, que muchas veces la línea que separa una cosa de la otra es finísima. Pero aquí están de fábula todos los actores, sin excepción, desde los más cabrones hasta el tonto de turno que, mira tú por dónde, al final resulta que no es tan tonto como parece (bueno, o sí, ¡juas!).


    "La cena de los idiotas" canta a la legua que es una obra de teatro convertida en película, porque del pisazo del protagonista no salen en todo el rato. Pero, mientras que en la última de Polanski pasaba lo mismo y sólo querías poder salir de allí para respirar un poco (hablamos, evidentemente, de "Un dios salvaje - Carnage, 2011"), aquí es tan cojonudo y divertido lo que pasa que no puedes dejar de reírte -o ponerte nervioso-. Como os cuento, es un derroche de ingenio todo, desde la actuación del hombre que hace de tonto (y que es un buenazo con un corazón de oro), hasta el que hace de anfitrión que se quiere descojonar con el bobo del invitado (y al que acaban dando por la retambufa como no hubiera imaginado en su vida). Además, una cosa que llama mucho la atención es que, aunque pasa todo en una misma casa, los personajes entran y salen en el momento justo, sin dar ninguna sensación de agobio o mareo.


    De los momentos así que señalar en especial, no sabría con cuál de todos quedarme, porque acabaría contando la película entera. Pero, por coger alguno, supongo que destacaría el primer momento en que el tonto tiene que hacer como que está interesado en conseguir los derechos de un cuento para poder averiguar algo importante del autor (impresionante lo contento que se pone el idiota, mientras que el otro cabroncete flipa como lo empanado que está el colega). O como cuando mete en casa a un inspector de hacienda (lo que sucede con la mujer de éste os juro que no tiene precio).


    En fin, que no quiero dar más detalles de la película porque es de esas que merece la pena ver para disfrutar desde el primer minuto. Dura muy poco (menos de hora y media), pero os prometo que "La cena de los idiotas" -la franchuta, no esa mierda que han hecho los yanquis- no solo es de la clase de pelis que hace que te rías con lo bestial que es (insisto: humor del inteligente), sino de las que luego recomiendas a todos tus amigos porque sabes que se lo pasarán en grande viéndola, y que luego os gustará hablar sobre ella y reíros recordando tal y cuál escena. Es del tipo de películas que merece la pena ver si lo que quieres es pasártelo genial, riéndote a base de bien.




    viernes, 17 de febrero de 2012

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "COWBOYS & ALIENS"

    TÍTULO: COWBOYS & ALIENS

    DIRECTOR: JON FAVREAU

    REPARTO: DANIEL CRAIG, HARRISON FORD, OLIVIA WILDE, SAM ROCKWELL, ANA DE LA REGUERA, NOAH RINGER, ADAM BEACH, PAUL DANO, KEITH CARRADINE

    DURACIÓN: 131 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Llama la atención la forma que tienen en Hollywood de promocionar determinadas producciones. Parece ser que ya no solo basta con el nombre de sus principales protagonistas (en especial si sus últimas propuestas han fracasado en taquilla), o confiando en que el argumento sea lo suficientemente atractivo para convencer por sí solo. Ahora ya se recurre al buen nombre de sus productores, productores ejecutivos (¡!) y anterior film del mismo director para publicitar un estreno. Este ha sido el caso de "Cowboys & aliens", film inspirado en un reputado cómic que mezcla con llamativo asombro las aventuras de unos vaqueros en un Oeste casi crepuscular con la aparición de misteriosos extraterrestres, describiendo los enfrentamientos entre tan dispares grupos. Cierto es que tal argumento prometía poder convertirse en un interesante largometraje, por lo que, tras convencer al director de "Iron man - Iron man, 2008" y a un buen puñado de estrellas (a ambos lados de la cámara), a adaptación de la historieta gráfica "Cowboys & aliens" se convirtió en realidad. Ahora bien, que las expectativas se hayan logrado cumplir con el mismo entusiasmo con el que se ha publicitado el largometraje ya es harina de otro costal.


    1873. Jake Lonergan (Craig) se despierta en mitad de un desierto en el lejano Oeste, medio desnudo, sin saber quién es, y con un extraño aparato enganchado a su muñeca. Tras llegar a la ciudad más próxima, es reconocido por una misteriosa joven llamada Ella (Wilde) y apresado por los hombres del sheriff John Taggart (Carradine), ya que Lonergan parece ser un peligroso maleante por el que se ofrece una suculenta recompensa. Tras apresarlo, y antes de que se lo lleven a la cárcel, hace su entrada en el pueblo el ex-coronel del ejército Woodrow Dolarhyde (Ford), un ambicioso y despiadado terrateniente que tiene una cuenta pendiente con Lonergan. Sin embargo, en medio de una disputa, unas luces extrañas aparecen en el cielo para, segundos después, desvelar que se trata de naves espaciales dispuestas a destruir cuanto encuentren a su paso, y a secuestrar a terrícolas para llevárselos a la nave nodriza con intenciones desconocidas. Dado que uno de los abducidos es Percy (Dano), el malcriado hijo de Dolarhyde, éste no tardará en hacer que Lonergan y un puñado de hombres lo acompañe al rescate de su vástago y, de paso, descubrir qué son y de dónde vienen esas extrañas criaturas.


    Tal y como se puede apreciar por su argumento, resulta casi innegable la influencia del estilo más propio del cómic en que se basa el largometraje, que no de las clásicas películas del Oeste. En efecto, "Cowboys & aliens" deja de lado las líneas argumentales más propias de los western para adentrarse en un curioso híbrido de ciencia ficción y aventuras de vaqueros, en el que la aparente indecisión a la hora de decidirse por un género u otro repercute de forma negativa en su resultado. Es verdad que "Cowboys & aliens" cuenta con un espectacular diseño de producción, y que los efectos especiales son estupendos, pero un film como éste requería de algo más que debería habérselo aportado tanto el guión (soso y abarrotado de situaciones tópicas -ver secuencias como el reencuentro de Lonergan con su banda de maleantes, los dispersos flash-back de éste, o el momento en que Woodrow ablanda se ablanda ante la muerte de cierto personaje-) como una puesta en escena (carente de garra en todo momento).


    Así pues, da la sensación de que el único objetivo de "Cowboys & aliens" era confiar en que el hecho de que su director hubiera arrasado en las taquillas con "Iron man" y que los intérpretes principales tuvieran cierto tirón entre los espectadores, fuera suficiente para convencer al público de que el film era un gran espectáculo. Lamentablemente, no es así, ya que a lo único que se reduce "Cowboys & aliens" es a una serie de episodios bastante ridículos en los que ni su gran presupuesto ni sus elaborados efectos especiales logran emocionar o entretener con dignidad. Así pues, queridos lectores, no perdáis el tiempo decantándoos por esta, a priori interesante, novedad en alquiler de esta semana.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Mamma mia, qué semana de encadenar críticas de auténticos bodrios! Espero que al menos os sirva para saber en qué pelis merece la pena gastar el tiempo y en cuáles no. En fin, a lo que vamos. Ya de entrada, creo que el título de esta chorrada es bastante indicativo, porque quien se piense que algo llamado "Cowboys & aliens" era un peliculón, es que necesita urgentemente una cura de sensatez. Conste que yo soy el primero que se lo pasa teta viendo machomovies y pelis de efectos especiales a cascoporro, pero todo tiene un límite, y en este caso, "Cowboys & aliens" se pasa tres pueblos. Y no porque una dos cosas que, para empezar, cueste imaginar (que, por cierto, como dice un primo mío, "la miel y la mierda no deberían mezclarse"), sino porque la historia en sí es tan ridícula como inverosímil.


    "Cowboys & aliens" es una película decididamente mala, así de claro, sin importar quiénes sean sus productores, actores, director, o chico que lleva el café al que controla el foco que ilumina a los extras. Podrá tener efectos especiales a mansalva y todo eso, pero la historia, que empieza más o menos bien, sigue y acaba mal de cojones. Vale que puedas aceptar que en salvaje Oeste han aterrizado unos aliens con muy mala leche; ¿que hay un hombre sin memoria que lleva un chiste cósmico enganchado a la muñeca? Bué, tira con eso; ¿que Harrison Ford parezca más perdido que Paris Hilton en un museo? Desde luego, pero bueno, aún así te lo puedes imaginar haciendo de vaquero. Pero es que cuando ya te cuentan memeces como que los aliens son unos chorizos de oro (que nunca se sabe para qué coño lo quieren... ¿será para ponérselos en sus piños galácticos?), que cierto personaje es otro extraterrestre -pero de los buenos- camuflado, o que un tío duro se ablanda a lo bestia porque su hijo es un capullo y otro chaval le hace ver la luz, son cosas que deberían habérselas pensado un poquito antes de hacer la peli.


    Daniel Craig se limita a poner la misma cara de mala leche que cuando hace de James Bond, así que ni fu ni fa; Harrison Ford hace lo que puede con un personaje imposible (alguien debería decirle a este hombre que con los aliens del último "Indiana Jones" ya había suficiente, que no debía insistir más en el tema); y el resto de actores, pues se limitan a posar al lado de estos dos pimpollos. El problema ya no es solo cómo actúen los que pasan por allí -al fin y al cabo, cuando una peli se llama "Cowboys & aliens", lo que menos cuenta son las actuaciones-, sino que la película es aburrida con ganas. Mira que podría haber resultado interesante el hecho de las abducciones, o que le podían haber puesto algo de intriga al enigma de qué hacen los alienígenas en el Oeste. Pero, en lugar de eso, es como si el director no tuviera nada de prisa por contar la historia (creedme si os digo que, desde que empieza la película hasta que hay un mínimo enfrentamiento, pasa más de media hora), ni los aliens por decir "hola, estamos aquí". Lo malo es que, además, cuando pasa algo, es todo tan confuso y ridículo, que ni te emociona ni interesa, y pocas cosas hay peores que que te aburra y resulte indiferente lo que pase con los aliens y los cowboys en algo que va exclusivamente de ellos.


    Aunque hay momentos interesantes, como el rescate que hace Lonergan de la chica de turno (¿alguien sabría decirme por qué se viste toda la película con un pijama de los de hace doscientos años?) porque la ha enganchado una de las naves extraterrestres. Vale, ahí aún tiene algo de interés. Pero es que ni si quiera la media hora final, cuando los vaqueros llegan a la súper nave alienígena y empiezan los fuegos artificiales consigue emocionarte, ni engancharte. Es más, te la pela olímpicamente que a un "bueno" se lo carguen o lo dejen vivir. Así que, con semejante interés, os podéis imaginar lo que es estar viendo este bodrio durante más de dos horas.


    Reconozco que, si vais al videoclub esta semana y veis que "Cowboys & aliens", con toda esa gente famosa detrás, está disponible, pueda parecer la mejor opción para alquilar. Pero creedme si os digo que es un bodrio de cuidado. Sólo merecen la pena unos diez minutos de toda la peli (y ya me parecen demasiados), porque el resto aburre hasta las ovejas. Y recordad que eso os lo dice alguien a quien le entusiasman todas estas mamarrachadas pero que, viendo "Cowboys & aliens" se pegó más de una sacudida de cabeza. Qué putada, para una que tenía pinta de merecer la pena...




    jueves, 16 de febrero de 2012

    CINE ACTUAL: "HISTORIAS DE SAN VALENTÍN"

    TÍTULO: HISTORIAS DE SAN VALENTÍN

    DIRECTOR: GARRY MARSHALL

    REPARTO: ANNE HATHAWAY, PATRICK DEMPSEY, EMMA ROBERTS, JENNIFER GARNER, JAMIE FOXX, ASHTON KUTCHER, JULIA ROBERTS, JESSICA BIEL, JESSICA ALBA, SHIRLEY MACLAINE, BRADLEY COOPER, TOPHER GRACE, HECTOR HELIZONDO, TAYLOR SWIFT, QUEEN LATIFAH, TAYLOR LAUTNER, KATHY BATES

    DURACIÓN: 125 min.

    AÑO: 2009

    GÉNERO: COMEDIA ROMÁNTICA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Parece ser que cuando una fórmula funciona, ésta tiende a repetirse hasta la saciedad. Al menos, esa es la sensación que se desprende a veces de los largometrajes que se estrenan en las carteleras de medio mundo. En este caso, la ya conocida fórmula de una misma película en la que se entremezclan historias y personajes, y que había sido utilizada con gran acierto en las divertidísimas y encantadoras "Love actually - Love actually, 2003" (que se lo digan si no a Hyde, que su chica se la ha hecho ver tantas veces que casi se sabe los diálogos de memoria) o trilogía de "Manuale d'amore", se ha vuelto a utilizar con mayor frecuencia desde hace unos años, y no solo para dar forma a films de temática romántica -el thriller policiaco es otro de los géneros que, sorprendentemente, ha sabido servirse de esta construcción escénica para dar lugar a historias brillantes, como supo aprovechar, por ejemplo, Guy Ritchie en sus primeros proyectos-. Así pues, los responsables de la reciente "Noche de fin de año - New year's eve, 2011" (que casi parece un calco de la película que hoy nos ocupa), hace un par de años realizaron "Historias de San Valentín", film que aprovecha tan célebre día para tratar de conmover al espectador con muchas y diversas historias que giran en torno a esta fecha.


    Liz (Hathaway) es una hermosa y risueña joven que trabaja como locutora en una línea caliente para poder pagarse sus gastos, y que se enamora de Jason (Grace), un inocentón empleado de correos que desconoce a qué se dedica. Julia (Garner) sale con Harrison (Depmsey), un apuesto cirujano dental que la engaña con otra mujer, por lo que busca apoyo en Kara (Biel) y Reed (Ktuchner), sus mejores amigos. A su vez, Kara está deprimida por no tener pareja con quien compartir el día de San Valentín, a lo que tampoco ayuda su impasible jefa (Latifah) mientras que, Reed, por su parte, se declara a su novia Morley (Alba), quien no parece estar muy convencida con su compromiso. Por otro lado, Susan (Bates) es la directora de una cadena de televisión que ordena a Kelvin (Foxx), uno de sus reporteros estrella, que realice un reportaje sobre San Valentín para su canal; Kate (Julia Roberts) y Holden (Cooper) son dos extraños que coinciden en un avión de vuelta a su casa por San Valentín; y Grace (Emma Roberts) es una adolescente que quiere celebrar de una forma muy especial ese día con su novio, para sorpresa e inquietud de sus abuelos, Estelle (MacLaine) y Edgar (Helizondo).


    Como se puede deducir de su variado argumento, el libreto de "Historias de San Valentín" se las arregla para que su impresionante desfile de caras conocidas disponga del tiempo necesario para aportar su granito de arena en esta multivariada película, en la que se insiste persistentemente en lo maravilloso que es el amor. No hay nada de malo en ello, en absoluto. Es más, al fin y al cabo estamos hablando de una comedia romántica, centrada en el día más romántico por excelencia del año. El problema del film dirigido por Garry Marshall es más bien de tipo argumental, y que su realización es de lo más plana y sosa. En efecto, Marshall se limita a hacer que la cámara siga a sus personajes, no consiguiendo el grado de empatía con ellos que debería tener toda cinta romántica que se precie (personajes como los interpretados por Anee Hathaway, Bradley Cooper o Jessica Alba, por ejemplo, no cuentan con el respaldo necesario de una puesta en escena que los ayude a resulta más simpáticos e identificables con el público de lo que cabría esperar).


    Cierto es que "Historias de San Valentín" cuenta con el apoyo de breves apariciones que le dan un toque más serio y maduro al largometraje (representados, entre otros, por actores como los veteranos Shirley MacLaine, Hector Helizondo -que actúan en el que, posiblemente, sea el segmento más interesante del film-, o Kathy Bates), haciendo que, por suerte, éste no dependa tan solo de la presencia de jóvenes caras (Lautner, Swift, Roberts...) cuya única misión es congregar a cuantos más adolescentes mejor.


    En resumidas cuentas, "Historias de San Valentín", desgraciadamente, no descubre nada nuevo. A pesar de que algunos momentos resulten acertados, el film de Garry Marshall no consigue alcanzar ese grado de simpatía y calidad del que sí disponen otras películas, con o sin día de San Valentín de por medio. Una lástima, sobretodo si se tiene en cuenta que elementos más técnicos como la colorida fotografía de Charles Minsky o la harmónica banda sonora de John Debney parecen tomarse más en serio su función en el film que el mismo director o intérpretes principales. Así pues, "Historias de San Valentín" queda como un proyecto fallido, algo más fácil de digerir si se ve en formato doméstico y sin ánimo de exigirle peras al olmo.



  • MR. HYDE DICE:

  • Como suele decir mi padre, si a una receta le pones buenos ingredientes, es difícil que el resultado no sea bueno. Vale, pues ojo al dato con los ingredientes de "Historias de San Valentín": un reparto brutal -no quiero ni saber lo que hubiera cobrado de normal tanta cara famosa de no haber reducido su salario-, un director que lo ha petado cuando ha hecho comedia romántica (que sea buena o no, ya es otra cosa), y un tema del que siempre se puede sacar chicha interesante. Entonces, la pregunta del millón es, ¿cómo es posible que "Historias de San Valentín" sea una mierda pinchada en un palo? Joder, es que es mala hasta decir basta. Los que hayáis visto "Noche de fin de año" sabréis de sobra de qué va la cosa (porque es el mismo bodrio, pero cambiando la fecha en la que pasa todo), y los que no podéis estar tranquilos, que no os habéis perdido ninguna maravilla.


    Vale que son muchas las películas que han hecho en las que se mezclan historias, personajes y todo ese rollo pero, al menos, en otras como "Love actually", se han preocupado lo suficiente porque te cayeran bien todos los personajes, desde el primero al último, y porque las historias y movidas que les afectan a cada uno de ellos te conmuevan o, como mínimo, resulten interesantes. Pero en vez de hacer eso, lo único que hace "Historias de San Valentín" es limitarse a contarte veinte mini relatos al mismo tiempo que tienen lugar un catorce de febrero. Que cada uno de ellos sea diferente con sus altibajos aún tiene un pase, pero es que no interesa para nada ninguno de ellos. Los actores se limitan a amortizar sus blanqueamientos de dientes y poner su carita -que para eso les pagan-, dejando que esa patata cocida de guión les haga parecer súúúúper simpáticos, y que nadie se pregunte cómo es posible que tanto actorazo haya aceptado intervenir en semejante bodrio.


    Además, otro defecto importante que tiene "Historias de San Valentín" es que es demasiado americana. Puede que eso funcione dentro de las fronteras yanquis, pero en el resto del mundo, hay quien piensa que eso no son más que chorradas que inventaron los grandes almacenes para hacer caja en plena época de rebajas post-navideña. Pero bueno, sea como sea, de lo que no hay duda es que historias como reportajes televisivos sobre el día de San Valentín, mega fiestas entre chicas para celebrarlos, piñatas y todas esas paridas, seguro que les gustan mucho a los primos del otro lado del charco, pero por estos lares todo eso tiene un tufillo a cutre y hortera que se cae de espalda. Además, estoy seguro de que ni la décima parte de los que se embriagan de romanticismo en ese día saben que San Valentín fue un sacerdote que se dedicaba a casar en secreto a los soldados con sus amadas, porque el emperador iluminado de aquel entonces había prohibido que los soldados se casaran para que, así, pudieran siempre guardar la concentración y ser más bestias (por supuesto, cuando se descubrió el pastel, al pobre San Valentín le dieron matarile a base de bien).


    Todo esto que digo viene a cuento de que cuando, en la película, la mayor preocupación de un personaje es comprar el oso de peluche más grande, o acostarse con el novio por primera vez, o darse cuenta de que tu pareja es un capullo o una guarrilla y cosas por el estilo no divierte lo más mínimo, por muy actor conocido que se te ponga delante. De hecho, creo que lo único divertido que me viene ahora a la cabeza es una escena en la que el novio de una chavalilla (la que está desesperada por echar su primer polvo) le quiere dar una sorpresa y se queda en pelota picada en su cuarto para cantarle una canción que le ha compuesto con su guitarra, pero en vez de aparecer ella lo hace su madre. Reconozco que eso sí me hizo gracia. Pero el resto, en especial cuando aparece el Kutchner este (hay gente a la que se le debería prohibir acercarse a una cámara), hace que te revuelva el estómago. Menos mal que de vez en cuando aparece gente como Anne Hathaway o Jessica Alba (que están como un tren) para amenizar un poco la función, o actores como Jamie Foxx o Patrick Dempsey que saben ser lo suficientemente simpáticos como para que no te entren ganas de salir chillando del salón de tu casa.


    En fin, que no habría que hacer tanta sangre de una peli que, al fin y al cabo, es una simple excusa para hacer caja y procurar que la genta se divierta un rato. Es más, me apuesto lo que sea a que ninguno de los que ha participado en "Historias de San Valentín" tenía la impresión de que este bodrio haría historia, más allá de ganar la pasta necesaria para hacer rentable el invento. Así que, si eres un tío y te toca ver esta mierda, que sepas que no es de los pastelorros divertidos que hasta puede que te hagan gracia (de hecho, ya te digo que te pensarás en el momento en que aceptaste sentarte en el sofá para ver eso); y, si eres chica a la que le gustan las pelis románticas, pues nena ésta es una de las que no te puedes perder, aunque espero que no seas muy exigente con el temita, porque deja mucho que desear (a pesar de que esté llena de cuerpos danone).




    miércoles, 15 de febrero de 2012

    CINE DE LOS 90: "TITANIC"

    TÍTULO: TITANIC

    DIRECTOR: JAMES CAMERON

    REPARTO: LEONARDO DI CARPIO, KATE WINSLET, KATHY BATES, FRANCES FISHER, BILLY ZANE, GLORIA STUART, BILL PAXTON, SUZY AMIS

    DURACIÓN: 183 min.

    AÑO: 1997

    GÉNERO: DRAMA ÉPICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Hasta la llegada de "Avatar - Avatar, 2009", otro producto de la imaginación del cineasta James Cameron, el realizador canadiense arrasó por completo con las taquillas de todo el mundo con la que, hasta hace bien poco, es la película más taquillera de la historia.: "Titanic". Cierto es que la historia que desarrolla Cameron a lo largo de las más de tres horas de metraje no cuenta nada nuevo, ni revoluciona la narrativa cinematográfica (de hecho, el argumento, a priori, no puede ser más lineal: el bueno, más bueno que nadie; el malo, más malvado que un demonio; y la chica, la pobre más sufridora del mundo). Sin embargo, éste no es tanto un caso de el "qué" se cuente sino del "cómo" se cuente por lo que, cada céntimo del presupuesto de la que es la película más cara de la historia del séptimo arte, se ve reflejado en la pantalla, en una puesta en escena simplemente arrebatadora. Cameron, responsable además del montaje (soberbio por completo) y del guión (lo más flojo del largometraje), se erige pues, como un auténtico maestro en el arte del entretenimiento, haciendo de "Titanic" uno de los film más espectaculares e imprescindible en cualquier videoteca.


    Brock Lovett (Paxton) es el encargado de una expedición cuyo objetivo es buscar un famoso collar de diamantes conocido como "el corazón del mar", que se hundió con el naufragio del Titanic. Tras conseguir hacerse con una caja fuerte en la que aparece el dibujo de una joven posando con el collar, se pone en contacto con él una anciana llamada Rose (Stuart) que afirma ser la modelo del dibujo. Intrigado por su historia, Brock traslada a la anciana a bordo de su barco para que ella le relate todo lo que sabe acerca del collar. Será entonces cuando Rose detalle lo que sucedió cuando embarcó en el Titanic (papel que corre a cargo de Kate Winslet), estando obligada a promerse con un desaprensivo y bien posicionado hombre de negocios llamado Caledon Hockley (Zane) a causa de la influencia de su madre (Fisher), y cómo allí conoció a un apuesto joven llamado Jack (Di Caprio), con el que viviría una apasionante historia de amor poco antes del terrible naufragio.


    "Titanic" podríamos dividirla en tres partes. La primera comprendería todo el prólogo en el momento presente, y los primeros instantes a bordo del buque. Es aquí donde Cameron aprovecha la lujosísima recreación (está cuidado hasta el más mínimo detalle) del trasatlántico para introducir, casi literalmente, al público en el gigantesco buque, y en las vidas de los diferentes personajes principales. Y lo hace con la gracia suficiente como para que tanto esos detalles minimalistas como aquello que les sucede a los pasajeros capte al instante la atención y simpatía del público (Jack cae bien de entrada por su simpatía y sinceridad, mientras que el personaje de Rose resulta emotivo por la situación delicada en la que se ve metafóricamente atrapada).


    La segunda parte, abarca toda la historia de amor de los protagonistas. Sería injusto decir que se trata de la parte más floja, aunque sí aquella que, a nivel rítmico, se resiente más, haciendo que su interés dependa exclusivamente del amor imposible de ambos personajes. Por supuesto, secuencias como aquella en la que Jack dibuja a Rose ataviada exclusivamente en el collar, o la otra en la que hacen el amor en uno de los coches que viaja abordo despuntan por encima de las demás. En verdad se apoyan en todo ese lujo escénico que Cameron despliega con sabiduría (atención al instante en que Rose desciende por las escaleras que dan al salón de primera clase, con Jack esperándola junto a un reloj), pero se apoya demasiado en un insípido guión que no aporta demasiado al conjunto de la historia, a pesar de que el cineasta lo adorne todo con fabulosos travelling (la ya famosa escena de la pareja de amantes en la proa del barco) y fabulosos escenarios (la sala de máquinas por la que tratan de dar esquinazo al mayordomo de Hockley).


    La tercera parte comprende toda la espectacular recreación del naufragio. Desde el momento en que barco choca contra el iceberg hasta que el Titanic ha desaparecido en mitad de las gélidas aguas árticas, el espectador asiste a sesenta minutos de espectáculo puro, donde los insuperables efectos especiales (por fortuna, siempre al servicio de la historia y no al revés) deslumbran en cada uno de sus planos: desde el agua causando estragos allá por donde se introduce, hasta el clímax en el que el buque se queda totalmente vertical para, instantes después, partirse por la mitad. Durante todo el naufragio, a pesar de que el espectador ya sabe cómo va a terminar todo, se siente atrapado sin tregua por la planificación tan exquisita que Cameron realiza de toda la tragedia, aportando las dosis precisas en cada instante de emotividad (ese niño abandonado durante la evacuación, el trágico devenir de los amantes, o la pareja de ancianos abrazados en la cama mientras se llena de agua su camarote) y de acción (los infructuosos intentos de Jack y Rose por conseguir escapar sanos y salvos, la inclinación de noventa grados del Titanic -atención de ese plano de una barca junto a las hélices del buque cuando éste se levanta-, y su desaparición hacia el fondo del mar).


    En resumidas cuentas, "Titanic" es una película enorme, de los mayores espectáculos que se han visto en años en una pantalla de cine, en el que la calidad del largometraje final se encuentra prácticamente al mismo nivel que la espectacularidad de sus imágenes. No era para esperar menos, teniendo en cuenta el desorbitado presupuesto con el que ha contado y que, al fin y al cabo, estamos hablando de James Cameron, todo un mago a la hora de fabricar espectáculos que fascinan al público de todo el mundo. Así pues, a pesar de los años que han pasado desde su estreno, "Titanic" se sigue conservando como una excelente demostración de que talento y fastuosidad pueden ir cogidos de la mano sin problema.



  • MR. HYDE DICE:

  • Buenoooo... ¡Qué sería de una semana en plan romántico sin la película romántica por excelencia! Aunque mira, me parece una idea estupenda que, justo el día después de San Calentín, hablemos de "Titanic" porque, aparte de destilar azúcar por los cuatro costados, mucho me temo que es una de las películas de amor (por no decir la única) que ha gustado casi con la misma intensidad tanto al público femenino -toda la relación de amor imposible entre los protagonistas- como al masculino -al que le encanta toda la parte de efectos especiales de la peli-. Lo que pasa es que, aparte de esta hablando de una película romántica, no hay que olvidar que detrás de todo este tinglado se encuentra James Cameron, que sabe de resobra lo que hay que hacer para que una peli sea entretenida desde el principio hasta el final, y cómo dejar con la boca abierta a todos los que se meten en un cine a ver sus películas.


    "Titanic", por encima de todo, es un peliculón tremendo. Puede que ahora ya esté más desgastada que la pipa de un indio, pero eso es porque se ha hablado de ella hasta cansar, porque la han puesto ya doscientas veces en la tele y porque han llegado a dar tanto por saco con la peliculita desde que lo petó en las taquillas de medio mundo, que es imposible haberle cogido un poco de tirria. De todas formas, manías aparte, lo que nadie puede negar es que "Titanic", cumple a la perfección todo lo que promete: como historia de amor, convence que sobra (la que no haya llorado un poquito con cualquier parte del culebrón de Jack y Rose, que levante la mano); como espectáculo, no hay quien se lo niegue (los efectos especiales, aunque ahora puedan parecer algo de lo más normal, nos dejaron flipados cuando lo vimos por primera vez; y como "película grande", normal que los más de doscientos millones de dólares que costó luzcan a lo bestia, porque cada detalle está cuidado hasta el delirio.


    En lo que a la película se refiere, como os digo, James Cameron no se chupa el dedo y, aunque ya sepas de sobra cómo acaba la fiesta, el mérito es hacer que a los hombres les interese una historia de amor bastante pedorra y que a las mujeres les encante ver efectos especiales a punta pala. "Titanic" tiene muchos momentos impresionantes, desde la primera vez que aparece el trasatlántico a punto de zarpar (casi nada ese mogollón de gente apiñados en el puerto), hasta las imágenes del barco por el mar (con esos movimientos de cámara que lo recorren de arriba a abajo) y, por supuesto la hora entera en la que se hunde el bicho. Se nota que Cameron se lo ha currado a lo bestia, por lo que cada plano es una maravilla, y cada detalle perfecto (vestuario, decorados...).


    Por supuesto, hablar de "Titanic" es hablar de la música, que no sé la salvajada de discos que se vendieron de la banda sonora. Y no es para menos porque, aquí, James Horner compuso la que muy probablemente sea su obra maestra, y la única en la que no se repite más que el ajo (creedme si os digo que tiene algunas bandas sonoras que parecen calcadas unas de otras). Todo ello, por no hablar de la canción My heart will go on -que no sé cuántas veces la habrán pasado en la radio desde entonces, pero ya os digo que "muchísimas" se le queda corto- o la fotografía, que aún me pone la piel de gallina con esas puestas de sol, o esa luz azul del momento en que el barco se ha ido a tomar por saco.


    En fin, que a pesar de tener ya quince años, "Titanic" -¡qué pronto se dice! ¿Verdad?-, es una peli que siegue estando a la orden del día. Sabes de resobra lo que va a pasar y de qué forma, pero tiene ese "algo" de las pelis que te han marcado de alguna forma especial que hace que, a pesar de ello, te enganches a verla una vez más (suponiendo que no tengas nada que hacer durante un poco más de tres horas, que es lo que dura). Pero bueno, sigue siendo de lo más recomendable para volver a ver cada cierto tiempo porque, como digo, más que una peli, es un espectáculo con mayúsculas, y peliculón hecho a lo grande. Como debería ser siempre el cine.




    martes, 14 de febrero de 2012

    CINE DELOS 80: "FLASHDANCE"

    TÍTULO: FLASHDANCE

    DIRECTOR: ADRIAN LYNE

    REPARTO: JENNIER BEALS, MICHAEL NOURI, LILA SKALA, SUNNY JOHNSON

    DURACIÓN: 94 min.

    AÑO: 1983

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Durante la primera mitad de los años ochenta, el cine que se produjo al otro lado del océano, pareció querer apuntarse a la emergente moda de las películas que, sin ser un musical en el término más exacto de la palabra, sí contenían diversos números musicales a lo largo de su metraje. Así pues, tras el éxito cinematográfico de la adaptación de la popular serie Fama, y el mismo año en que también llegaba a las carteleras "Footloose - Footloose, 1983", le tocó el turno a una pequeña producción llamada "Flashdance", cuyo éxito en taquilla (fue el tercer largometraje más taquillero en el año de su estreno) ayudó a lanzar las carreras de su director -Adrian Lyne-, productor -el hoy todo poderoso Jerry Bruckheimer-, y guionista -Joe Eszterhas-.


    Alex (Beals) es una joven y hermosa muchacha, huérfana, que trabaja durante el día en una fábrica metalúrgica de Pittsburgh y, por las noches, como bailarina y camarera en un bar de copas. Su verdadera pasión es bailar, donde se siente libre y da rienda suelta a su talento y creatividad. Cuando conoce, casi por accidente, en un puesto callejero de cafés, a Nick (Nouri), que es el jefe de la fábrica en la que ella trabaja y, a pesar de ello, ambos inician una relación amorosa. No obstante, el deseo de Alex es poder entrar en un prestigioso conservatorio, para lo que necesita superar un examen de selección de lo más exigente, para el que ella no se siente preparada. Sin embargo, gracias al apoyo de Nick y de su madrina Hanna (Skala), una antigua bailarina de ballet, Alex hará lo posible por conseguir su objetivo, a pesar de sus miedos iniciales.


    No deja de llamar la atención que tras un film como "Flashdance" se encuentre un director como Adrian Lyne y un productor como Jerry Bruckheimer. La razón no es otra que el hecho de que, hoy en día, Lyne sea mucho más conocido por sus películas-escándalo (y de considerable calidad, todo haya que decirlo), como "Atracción fatal - Fatal attraction, 1987" o "Una proposición indecente - An indicent proposal, 1993", y que Bruckheimer sea uno de los productores con mayor influencia del show business, tras haber logrado poner en pie los primeros -y exitosos- largometrajes de Michael Bay, y franquicias como las dos partes de "La búsqueda" o de la serie "Piratas del Caribe".


    En el caso de Adrian Lyne, da la sensación de que "Flashdance" lo utiliza como un ensayo de lo que vendrá a ser el resto de su obra, marcada por la complicación de las relaciones de pareja, introduciendo aquí un elemento diferenciador como es la persecución incesante de un sueño personal (algo de lo que carecen el resto de títulos de su filmografía). Lyne retrata esto a través de un acertado estilo visual capaz de combinar la estética más videoclipera de secuencias como la del primer número que se presencia de Alex en el bar de copas en el que trabaja, y que se mantiene a lo largo del resto de números (muy especialmente durante el de la prueba final, a pocos minutos de concluir el film). Por su parte, lo que ya no resulta tan llamativo, teniendo en cuenta el devenir de los títulos posteriores que ha escrito, es que el guión de Joe Eszterhas se centre en el mundo del baile y de la competitividad femenina, otorgándole al conjunto una pizca del tono picante, que años más tarde llevaría al extremo en guiones de producciones totalmente fallidas como "Jade - Jade, 1995" o "Showgirls - Showgirls, 1995".


    Así pues, "Flashdance" termina por ser más apreciada por sus correctísimos números musicales, por la composición original de Giorgo Moroder, y por el entusiasmo con el que Jennifer Beals da vida al personaje principal durante todos y cada uno de los minutos del largometraje. El resto, aunque bastante insípido se deja ver con facilidad y agrado, consiguiendo así ser un poco más entretenida que cualquiera de las otras dos producciones a las que hacíamos mención en la introducción.



  • MR. HYDE DICE:

  • Vamos a ver... No es que la película sea un patata (aunque las he visto bastante mejores), porque si lo que quieres ver en ella es la historia de superación de una muchacha que baila de que te rilas y se mata por demostrarlo delante de quien sea, pues vale. Hasta ahí, no tengo nada en contra. Es más, si una historia como esa, que se resume en línea y media, está acompañada por canciones que merezcan la pena y no aburre, pues mejor que mejor. Pero claro, lo que pasa con "Flashdance" no es que sea un bodrio, sino que tiene momentos en que la flipas, y no para bien precisamente. Como suele ser frecuente, empezaré por mencionar lo "malo".


    En primer lugar, resulta que la protagonista, una tía buena de toma-pan-y-moja, resulta que, por las noches, tiene un trabajo como bailarina en un tugurio de mala muerte, donde se marca unos numeritos que dejarían con la boca abierta a los más sosos (cuidadín con ese número en el que se ducha entera en mitad del escenario, que no tiene desperdicio). Vale, hasta aquí todo correcto. Pero es que, durante el día, tiene otro trabajo. ¿Sabéis cuál es? ¡¡Es soldadora!! ¡Tócate los perendengues! Ahí la ves, dándole caña a un soplete casi más grande que ella, rodeada de obreros guarrindongos por los cuatro lados, y haciendo unos remaches y unas juntas de cuidado. Hombre, por favor, máximo respeto a las mujeres-soldadoras, pero es que, ¿no podían haber pensado en otro trabajo? No digo que no fuera sacrificado si lo que quieres es demostrar lo jodido que lo tiene la buena mujer para sobrevivir. Pero es que lo de soldadora... En fin, es, en una palabra, ridículo (del momento en que se quita el casco protector y se sacude la melena al más puro estilo anuncio de champú ya ni os digo).


    En segundo lugar, de todos los tíos que hay en la fábrica, ¿de quién se tiene que enamorar porque le hace el entre así en plan descarado? Del jefe, un tío que está forrado, que tiene pinta de mandar mucho, con una sonrisa profidén y un Porsche como un castillo -bueno, lo era en 1983, que es cuando se rodó la peli-. Hala, así como para no querer ser machistas va y se sueltan el pedo cerebral de que la protagonista trabaja en una siderurgia y se camela al jefe. Toma del frasco carrasco.


    Menos mal que, como os cuento, quitando estas dos cosas (a mí, en particular, me hicieron bastante gracia, así que casi hasta tienen su puntito), el resto de la peli, aunque bastante predecible, no está del todo mal. Todo lo que tiene que ver con el esfuerzo de la chica para entrar en ese conservatorio y demostrar que baila como las diosas está hecho bastante bien, así que te acaba interesando lo justo para que le quieras prestar atención al resto de la historia. Además, los números musicales, en vez de ser un coñazo metido con calzador -después de ver lo de la soldadora, os aseguro que es lo primero que pensaréis del resto de la peli-, tienen su gracia cosa que, unida al hecho de que las canciones también son bastante amenas (aunque con un estilazo típico de los años ochenta), la hace bastante distraída.


    Eso sí, lo que no entiendo muy bien es qué tiene esta película para que fuera un bombazo en su día. Porque vale que la canción de What a feeling esté chula y que, hasta escuchándola hoy en día, te guste y tal. Pero el resto de la película es mucho más del tipo sobremesa que otra cosa. Así que tampoco tiene mucho sentido que lo petara, aunque mira, misterios de la vida. Ya os digo que no es que "Flashdance" sea mala película, pero sí que es un pelín chorra. Por suerte, todo el rollo de superación personal, demostrar lo que uno vale y bla bla bla funciona bien (estás casi deseando saber qué pasará en el momento de la audición final para evaluar la entrada en el conservatorio de la chica), pero el resto es bastante intrascendente, aunque se deja ver con mucha facilidad. una ventaja cojonuda en películas de este tipo.