jueves, 19 de abril de 2012

CINE ACTUAL: "PEARL HARBOR"

TÍTULO: PEARL HARBOR DIRECTOR: MICHAEL BAY REPARTO: BEN AFFELCK, JOSH HARTNETT, KATE BECKINSALE, CUBA GOODING JR., ALEC BALDWIN, JON VOIGHT, COLM FEORE, TOM SIZEMORE, DAN AYKROYD DURACIÓN: 183 min. AÑO: 2001 GÉNERO: BÉLICA
  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Tras los grandísimos éxitos consecutivos de los anteriores films de sus anteriores films como equipo de director / productor, Michael Bay y Jerry Bruckheimer se pusieron el listón mucho más alto, decantándose por rodar una de las producciones más caras y ambiciosas de la historia -al menos, hasta el día de hoy-. Tras la buena acogida que había tenido entre el público veraniego ese entretenimiento de primera que es "La roca - The rock, 1996" y la adrenalítica "Armageddon - Armageddon, 1998", ambos centraron su atención en el ataque que supuso la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, viendo en el bombardeo sufrido en Pearl Harbor una oportunidad única para rodar tanto una historia de amor como un súper espectáculo lleno de secuencias asombrosas. Ahora bien, ¿está el resultado a la altura de las circunstancias? En seguida os damos nuestra opinión.

    Rafe (Affleck) y Danny (Hartnett) son dos amigos que han crecido juntos. A principios de la década de los cuarenta, ambos ya son adultos y están alistados en el ejército estadounidense, donde dejan constancia de su gran pericia como pilotos de combate. Rafe tiene una novia llamada Evelyn (Beckinsale) de la que está locamente enamorado. Cuando empiezan los primeros conflictos en Europa, Rafe se presenta voluntario para apoyar a las tropas inglesas contra los nazis, por lo que debe separarse de Evelyn y Danny para ir a combatir. Tras un aparatoso combate, se da a Rafe por muerto, para desesperación de su novia y su mejor amigo. Tras un tiempo, Danny y Evelyn comienzan a salir juntos por lo que, cuando Rafe hace aparición de nuevo súbitamente, la situación entre los tres será complicada. Todo ello, coincidiendo con el ataque de las tropas japonesas a Pearl Harbor.

    Los responsables de "Pearl Harbor" no tienen un pelo de tontos. Sabían a la perfección que si centraban su atención tan sólo en la parte espectacular de la película, ello podía derivar en una excesiva saturación por parte del público, por lo que el guionista Randal Wallace (muy conocido por su libreto para la oscarizada "Braveheart - Braveheart, 1995") desarrolló una historia que combinaba tanto el romanticismo más desbordante como la acción trepidante. Así pues, durante los primeros ochenta minutos de metraje se relatan los pormenores del complejo triángulo amoroso que se forma en torno a los personajes principales, aprovechando la más mínima ocasión para dejar clara constancia de lo lujosísima y lograda que es la ambientación del film (tanto el diseño de vestuario como los decorados son magníficos, al igual que la hermosísima fotografía de Jason Schwartzman). Además, el acompañamiento musical a cargo del siempre genial Hans Zimmer no hace sino reforzar esa sensación de harmonía amorosa.

    Ahora bien, pasada esta larga introducción, el director sumerge de lleno al público en el verdadero espectáculo. Ya desde ese impresionante plano en que se observa a los aviones japoneses volando en formación y a centenares hacia Pearl Harbor, hasta que concluye el episodio del bombardeo (atención al plano de la bomba cayendo sobre uno de los destructores, o el de otro de los barcos ladeándose mientras se hunde y los marineros hacen lo posible por salvarse), y pasando por el del enfrentamiento de los protagonistas con los japoneses a bordo de sus respectivos aviones, "Pearl Harbor" demuestra por qué es una súper producción en toda regla. El diálogo (intrascendente en buena parte de su primera mitad) da paso a la acción más deslumbrante, donde Bay demuestra por qué es uno de los mejores directores del cine actual a la hora de montar set pièces salvajes, donde la palabra queda prácticamente reemplazada por la emoción trepidante y la acción repleta de testosterona.

    No obstante, poco podríamos decir de las excelentes escenas de acción que no sea mejor apreciarlas en la misma película. Por otra parte, cierto es que se le ha criticado desde diferentes procedencias a "Pearl Harbor" que hace gala de un patriotismo exagerado y de una puesta en escena más basada en los efectos especiales que no en la construcción de una buena película. Respecto al patriotismo, tan sólo apuntar que ya quisiéramos los españoles sentirnos la mitad de patrióticos que los norteamericanos cuando ven una de sus banderas (aquí, parece que nos dé miedo con tal de que no nos tilden de fachas) que, por otra parte, en un largometraje como "Pearl Harbor" consiguen retratar a su "enemigo" con una dignidad y respeto ejemplares (los japoneses nunca son mostrados como los "malos" de turno, sino como soldados de un bando contrario, con sus rituales y motivaciones particulares). Y, en opinión de un servidor, eso es algo ejemplar. En lo que concierne a la puesta en escena, considerar a "Pearl Harbor" como algo más que no sea una mera distracción es un error. El film es un espectáculo grandioso, que es consciente de ello, y que no desperdicia la oportunidad de mostrar secuencias tan apabullantes como impresionantes.

    Así pues, en resumidas cuentas, tan sólo cabe decir que, aunque "Pearl Harbor" no sea una película perfecta, tampoco lo pretende. Sin embargo, lo que sí consigue es distraer, emocionar y divertir al espectador, durante las poco más de tres horas que dura. Eso sí, tres horas de goce dedicado al espectáculo que nos estadounidenses tan bien saben fabricar.

  • MR. HYDE DICE:
  • Papá de la sobrina más bonita del mundo, ésta va por ti...

    "Pearl Harbor", es un peliculón. Al margen de lo mucho que la quieran destrozar algunos, "Pearl Harbor" es un espectáculo en estado puro. Pero, ¿qué pasa? ¿Que ni a Michael Bay ni a Jerry Bruckheimer se les puede dejar hacer una película de este palo tranquilos? A ver, que no se trata ni de dar lecciones de historia ni de soltar sermones en plan dogma (para eso ya tenemos a Malick y Von Trier que nos duermen con sus bodrios), sino de hacer una peli que entretenga, distraiga y, de paso, que te deje con la boca abierta por cómo está hecha. Y, a ese respecto, "Pearl Harbor" cumple como una campeona. Si os he soltado este párrafo así medio cabreado no es porque esté hoy más irascible, sino que me toca bastante las pelotas que, cuando se estrena una peli de este tipo, ya te vienen los puristas de siempre diciendo que si es mala, que si no sé qué, que si no sé cuántos. A ver, señores, que esto es un simple espectáculo que lo quiere es hacer mucha pasta por un lado, y por otro, que te lo pases teta durante las tres horas que dura. Sobre lo primero, no tengo mucho que decir pero, sobre lo segundo, ya os digo yo que son tres horas que se me pasaron que ni me enteré.

    ¿Tiene "Pearl Harbor" cosas que se podrían mejorar? Por supuesto, como el 99,99% de las películas que se estrenan en un cine. ¿Por ejemplo, cuáles? Pues, para empezar, y sin que sirva de precedente, los tres actores principales. El pobre Ben Affleck no tiene ni pajolera de actuar (en cambio, dirigiendo, el tío es un crack), así que se pasea por la peli con una cara de besugo de mil demonios, esperando que entre tanto efecto especial no se le note mucho que el tío va más perdido que Charlie Sheen el día del orgullo gay. Después, la actriz que cogieron para el papel de "la chica", pues tampoco es que sea descomunal. Y no lo digo como algo en plan "podía estar más buena", sino en plan de que cuesta de creer que dos súper amigos se vayan a partir la cara por ella, ya que en el mismo sitio hay tías que le pegan cincuenta vueltas (Charlize Theron fue la primera a la que ofrecieron el papel, y esa sí que hubiera hecho creíble que los muchachos se hubieran puesto a aullar como coyotes al verla). Y, por último, el pobre Josh Hartnett, pues demuestra que aún le queda pero que mucho por aprender para demostrar que sabe interpretar mínimamente pero, como tampoco es que salga tantísimo, pues aún tiene un pase.

    Por supuesto, hay otra cosa que me parece de cágate lorito, que es el patriotismo hortera que desprende la peli. Vale que a los yanquis les encanta eso del God bless America, los saludos militares y tal pero, si lo vas a meter en una película como ésta (donde puede lucir mejor que en ninguna), al menos hazlo con algo de gracia, no de forma tan lamentable. Os pongo un par de ejemplos. El primero, en mitad del bombardeo: le han metido un petardazo del carajo a uno de los buques, y le han saltado las tripas a uno de los generales de esos que mandan mucho. Se le acerca un soldado negro y, después de decirle que no pasa nada, que aunque él sea el cocinero algo podrá hacer, se planta como un pino y le hace el saludo militar más orgulloso que el nene que hace pis en la taza por primera vez. Pero, lo que ya es de apaga y vámonos es el segundo ejemplo: cuando están a punto de bombardear Japón, los dos protagonistas pasean por la cubierta de un portaaviones y, su jefe, mirándolos fijamente, le suelta al subalterno que tiene al lado: "¿Sabes cómo sé que ganaremos la guerra? Por ellos. No hay nada más fuerte que el corazón de un voluntario" ¡Toooooooma del frasco Carrasco! Ahí lo suelta el payo y se queda más fresco que una lechuga. ¡Con dos cojones!

    Bueno, esa es la parte más cutre y mejorable de la peli. Aparte de eso, "Pearl Harbor" se le perdona todo porque es una montaña rusa desde que empieza hasta que acaba. Es como si la peli estuviera dividida en dos mitades. En la primera, todo es así más tranquilito, donde te cuentan toda la parte más romántica, hay más amor que en un capítulo de los Ositos Amorosos, e intentan que la historia vaya colando por ahí. Eso sí, cuando llega la segunda parte (empezaría más o menos cuando los japoneses despegan para el bombardeo de Pearl Harbor), es donde te demuestran en qué se han gastado los doscientos millones de la verde moneda que les costó la broma. A partir de ahí, agárrate los machos Manolete, porque la peli es un espectáculo de cojones, guapísimo, y en el que te pasas sin pestañear casi la hora y media restante.

    No os podría destacar una sola escena, porque toda la segunda mitad deja con la boca abierta. Los combates aéreos y todos los bombardeos, son de lo más impresionante que he visto en mucho tiempo en una pantalla de cine. Así que, antes de acabar -que hoy me he enrollado yo más de la cuenta-, sólo deciros que consigáis "Pearl Harbor" cuanto antes en DVD o, aún mejor, en Blu-Ray, y que la pongáis a todo trapo en la tele más grande de la casa. Un peliculón así de guapo no merece menos.

    miércoles, 18 de abril de 2012

    CINE DE LOS 90: "EL CUERVO"

    TÍTULO: EL CUERVO

    DIRECTOR: ALEX PROYAS

    REPARTO: BRANDON LEE, ERNIE HUDSON, MICHAEL WINCOTT, ROCHELLE DAVIS, BAI LING, TONY TODD

    DURACIÓN: 102 min.

    AÑO: 1994

    GÉNERO: FANTÁSTICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Las adaptaciones cinematográficas de aventuras de personajes de cómic, no sólo es un recurso cada vez más frecuente en Hollywood sino que, además, una apuesta casi segura de los grandes estudios para arrasar en la taquilla. Sin embargo, al igual que hay muchos tipos de adaptaciones (desde las maravillosas películas de Christopher Nolan acerca de “Batman”, hasta las horrorosas versiones de “El motorista fantasma”), también hay muchos tipos de comics que se han visto trasladados a la gran pantalla. Evidentemente, ni todos están protagonizados por súper héroes, ni tienen por qué tratar temas parecidos. Buena prueba de ello son dos excelentes películas como “Camino a la perdición – Road to Perdition, 2002” o “Una historia de violencia – A history of violence, 2005” que, aunque no lo parezcan, tienen su origen en la viñeta. Del mismo modo, al igual que son abundantes los comics protagonizados por súper héroes, también ocupan un lugar de importancia aquellos protagonizados por anti-héroes que, poseedores o no de talentos y poderes fantásticos, ejercen su particular lucha contra el mal. Así sucede con “El cuervo”, creado por el dibujante James O’Barr, cuya adaptación cinematográfica es, hoy en día, más recordad por haberle costado la vida a su principal intérprete, Brandon Lee, que no por el inspirado largometraje que es.


    En la Noche de Difuntos, Eric Draven (Lee) y su novia son brutalmente asesinados por una banda de maleantes. A pesar de que el policía encargado del caso, el sargento Albrech (Hudson) hace lo posible por detener a los culpables, no existen pruebas incriminatorias suficiente para procesarlos. Un año después, y tal y como aseguran ciertas leyendas, un cuervo puede traer el alma de los muertos de nuevo al mundo para que éstos puedan terminar ciertos asuntos que han quedado pendientes. Será entonces cuando Eric vuelva a la vida y, caracterizado como un mimo guiñolesco, emprende su particular venganza, con la ayuda de la pequeña Sarah (Davis) -una niña pequeña amiga de la pareja-, buscando a aquellos que lo mataron a él y a su novia, y llegando hasta Dollar (Wincott), el jefe de una peligrosa banda criminal.


    “El cuervo” pertenece a esa clase de films de atmósfera semi-apocalíptica, llenos de destrucción, oscuridad y anarquía. En ella, son pocos los recodos de la ciudad en que se puede respirar la paz, siempre amenazada por los actos salvajes de los individuos más incivilizados. No obstante, sería injusto juzgar la película por la decisión de adaptar con tanta fidelidad la esencia de la historieta gráfica en la que se basa. En efecto, “El cuervo”, lejos de querer ser una versión más de comic llevado al cine, se preocupa porque los diferentes elementos que hacen de ella una obra digna queden bien definidos.


    En primer lugar, la puesta en escena de Alex Proyas es más que notable. No hay prácticamente un solo recurso narrativo que no sea convertido a imágenes: desde los planos distorsionados para la visión subjetiva del cuervo, pasando por los grandes travelling (Eric saltando por los tejados de la ciudad, o en la pelea final que tiene lugar en lo alto de la catedral), los grandes picados (presentes en la mayoría de muertes provocadas por Eric –atención al momento en que éste prende fuego a un dibujo con la forma de un cuervo que ha hecho en el suelo-), o el montaje rápido para las secuencias de acción. Además, como apuntábamos antes, toda la esencia del comic original queda recogida en la pantalla, especialmente presente en secuencias como la del regreso de Eric a la que había sido su casa (cómo se viste y caracteriza como un mimo siniestro, incluyendo el instante en el que se balancea por el exterior de la ventana tras el que descubre que es inmune a las heridas), haciendo que ese ambiente tenebroso juegue muy a su favor, tanto para las escenas en las que da su merecido a los que lo mataron, como en aquellas en las que se pretende arrojar algo de esperanza hacia los personajes que buscan la redención (cuando Eric le extrae la morfina a la madre de Sarah, cuándo ésta le prepara el desayuno a su hija, o como cuando ésta se deja abrazar por Eric).


    En segundo lugar, el desarrollo de la historia (que no del guión) es de lo más efectivo. Partiendo de un argumento muy simple –al fin y al cabo, el largometraje no es más que una historia de venganza tremendamente violenta-, “El cuervo” consigue encandilar al espectador con esa mezcla de “violencia romántica” (si se me permite el término), cuyo objetivo final es tanto la sed de venganza como la de honra al amor perdido. Así queda reflejado en escenas como, por ejemplo, los continuos flashbacks de Eric a lo largo del film (cuando recuerda cómo le pidió a su novia que se casara con él, cuando se divertían en su casa…) o en el instante final en que, cumplida su “misión”, ésta le acompaña dócilmente, de nuevo a la tumba.


    Cierto es que el hecho de que Brandon Lee muriera durante su filmación como consecuencia de una munición equivocada durante el rodaje de un tiroteo fue algo trágico, pero quedarse tan sólo con ese detalle morboso, o con los prejuicios que puedan existir acerca del marco espacial en que se desarrolla la historia, es desperdiciar la oportunidad de ver un largometraje casi hipnótico, a pesar de su crudeza y violencia.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Ufff, menudo rollaco ha soltado el de arriba para justificar que “El cuervo” le gusta más que a un tonto un lápiz! Yo voy a ser más directo: “El cuervo” mola porque es una peli cojonuda, y punto. No tiene para nada las paridas que te suelen enseñar de vez en cuando en más de una película de súper héroes (más que nada porque el prota tiene de héroe lo que yo de fraile), sino que se limitan a contarte la historia de una venganza en estado puro, sin andarse por las ramas. De hecho, lo único que tiene así un poco más en plan fantástico es el hecho de que a él no lo puedan matar porque el resto, esa especie de juego de “caza al malo” es de lo más directa y explícita (y, si no, esperad a ver cómo deja a los dos primeros malos –al que le gustan los cuchillos y al que le pega a la heroína-).


    A mí, a diferencia del pedantillo de Jekyll, no me moló tanto el rollo ese de ciudad destrozada, calles llenas de coches quemados y humo saliendo de las alcantarillas -¿se puede saber qué coño tiran los americanos por el váter para que siempre salga humo de las rejillas?-. Personalmente, me hubiera gustado un poco más que el tono no fuera tan sombrío, por mucho que sea parecido o no al comic del que sale todo. Pero bueno, aparte de eso, “El cuervo” es una película cojonuda por unas cuantas razones que os cuento ahora en seguida.


    La primera, es hace que, a pesar de lo violenta de la historia, te enganche tanto si eres un tío o tía. ¿Y por qué? Muy sencillo. A los tíos, nos gusta todo eso del justiciero que da matarile a los malos que lo jodieron antes a base de bien, y mucho mejor cuanto más enrevesado es el castigo (por ejemplo, lo que hace con el gordo al que le empeñan el anillo de compromiso), o la pelea con el malo de turno (al final, con esa iglesia monstruosa y cara a cara con ese malo asqueroso y vicioso). A las tías, porque detrás de toda esa venganza, hay una historia de amor de un chaval que se ha quedado sin el amor de su vida y que actúa movido tanto por el odio hacia sus asesino como hacia la persona que amaba, entre las cuales también se encuentra esa niña de la que cuida incluso después de muerto. De hecho, hay una frase, al final de la peli que dice algo así como “los edificios pueden caer; las naciones se pueden tambalear; pero el amor verdadero, es para siempre”. Creo que esto resume bastante bien lo que trato de decir.


    La segunda, porque “El cuervo” mola mazo. Desde que empieza, ya intuyes por dónde van a ir los tiros –nunca mejor dicho- y, a los diez minutos, ya estás enganchado por la historia. Además, no se hace nada aburrida, ya que entre que el bueno empieza a investigar quién y por qué lo asesinaron, y les da caza, ya se te pasa casi toda la peli. También es cierto que tiene detalles un poco repelentillos que podrían haberse ahorrado (como que el malo y su hermana se hayan acostado a la vez con una chica a la que se acaban cargando, y luego hagan magia negra con su cuerpo –aún recuerdo ese plano en el que tiran uno de sus ojos al fuego… ¡Uagh!-). Pero, independientemente de ello, “El cuervo” hace que no te aburras para nada, y que sigas con ganas todo lo que pasa hasta que el bueno se carga a todos los malos.


    Además, hay un par de cosas que me gustaron especialmente de “El cuervo” y que, a decir verdad, me extraña que no os haya contado el de arriba. La primera es la música donde, tanto la original de Graeme Revell –no os perdáis el tema Return to the grave- como la selección de canciones originales –me quedo con la de Burn, de The Cure-, que acompaña a las imágenes de que te cagas. Y, la segunda, es la fotografía con la que está hecha la película. A pesar de ser más oscura que el futuro de la mita de bancos del país, “El cuervo” guarda esa especie de misterio todo el rato gracias a los tonos que utiliza (cuando el protagonista entra en su casa después de resucitar, cuando se maquilla, o cada vez que sale por la noche).


    En fin, que “El cuervo” es una peli que se sale, como una especie de “Ghost – Ghost, 1990” pero a lo burro, y que te tiene interesado hasta el final. Vale que no es de las mejores películas del mundo (tampoco lo pretende) pero, al menos a mí, me gustó mucho cuando la vi. Y no necesito darle tantas vueltas para decirlo, ¿eh Jekyll?




    martes, 17 de abril de 2012

    CINE DE LOS 80: "TRAS EL CORAZÓN VERDE"

    TÍTULO: TRAS EL CORAZÓN VERDE

    DIRECTOR: ROBERT ZEMECKIS

    REPARTO: MICHAEL DOUGLAS, KATHLEEN TURNER, DANNY DE VITO, ALFONSO ARAU, HOLLAND TAYLOR

    DURACIÓN: 108 min.

    AÑO: 1984

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • A principios de los años ochenta, un joven realizador llamado Robert Zemeckis, había realizado una simpática aunque muy intrascendente comedia llamada “Frenos rotos, coches locos – Used cars, 1980”. Animado por el grato gusto que le había supuesto tal experiencia tras las cámaras, asistió a un seminario en el que un tal Steven Spielberg hablaba sobre la realización cinematográfica. Zemeckis, ilusionado por las palabras del cineasta, se le acercó y le habló sobre un guión en el que él y un amigo suyo habían empezado a trabajar, y que versaba sobre las aventuras de un joven que, accidentalmente, retrocede en el tiempo a bordo de un espectacular coche, siendo testigo de cómo sus padres de conocen. Spielberg que, según parece, se olió que Zemeckis tenía potencial, le sugirió que, antes, probara que era capaz de realizar una película de aventuras menos compleja, y demostrara que estaba a la altura para ponerse al frente de una gran producción como aquella. Para dicho “intento”, se decantó por una historia de aventuras al más puro estilo clásico de los relatos de Allan Cuatermain, consiguiendo interesar al actor Michael Douglas quien, rápidamente, convenció a sus buenos amigos Danny de Vito y Kathleen Turner para que se unieran a él en este nuevo film. El resultado fue “Tras el corazón verde” que, además de suponer un gran éxito de público y crítica, le reportó el Globo de Oro a la mejor actriz de comedia a su protagonista principal, y a la mejor película en apartado de comedia / musical. El resto, ya se conoce.


    Joan Wilder (Turner) es una escritora de novelas de aventuras que vive la vida más a través de los personajes de sus novelas –con los que suele fantasear a menudo- que por ella misma. Un día, recibe un extraño aviso por parte de su hermana Gloria (Taylor), que se encuentra en mitad de la selva colombiana, pidiéndole ayuda, puesto que ha sido secuestrada. Joan no se lo piensa dos veces y decide acudir en su ayuda. A su llegada a Colombia, Joan descubre que su hermana se ha visto involucrada con una peligrosa banda de traficantes de joyas, cuya intención es apoderarse de una legendaria gema conocida como el “corazón verde”. Aparentemente, Joan posee la clave para hacerse con ella, por lo que será objeto de asedio por parte de dicha banda. Afortunadamente, se cruza en su camino un explorador aventurero llamado Jack Colton (Douglas) que, a cambio de una buena suma de dinero, acepta ayudarla a hacerse con la joya. A ellos, se les unirá también Ralph (De Vito), uno de los granujas que pretende hacerse rico en cuanto consiga la famosa joya.


    “Tras el corazón verde” es una película de aventuras excelente. Cierto es que se aleja del tono más puramente aventurero que Spielberg había adoptado unos años antes con la primera entrega de las aventuras de Indiana Jones (el mismo año en que se estrenaba “Tras el corazón verde”, llegaba también a las pantallas “Indiana Jones y el templo maldito – Indiana Jones and the temple of doom, 1984). Sin embargo, el film funciona de forma extraordinariamente efectiva, dosificando a la perfección las dosis de emoción necesarias, y dotándolo de un ritmo trepidante, lo cuál es mérito del guión, las interpretaciones, y la puesta en escena del propio Zemeckis.


    El guión es lo suficientemente sólido como para desarrollar toda una intriga en el más puro estilo del cine de aventuras clásico, incluyendo elementos como tesoros milenarios escondidos, pistas ocultas en mapas, villanos que quieren hacerse con él a toda costa, héroes improvisados con su pillería encantadora, y heroínas que se ven casi obligadas a actuar como tales a causa de las circunstancias. Ninguno de los personajes ni ninguna de las situaciones, dentro de la ficción, resulta exagerado ni increíble (no se trata de súper héroes capaces de grandes logros gracias a determinados atributos), sino que son retratados como personas normales y corrientes que se ven envueltas en situaciones extraordinarias. Ello, junto con la acumulación de los ingredientes señalados del cine de aventuras, logra que el público conecte con ellos, sintiéndose interesado por lo que les ocurre, y dejándose llevar por la misma magia de la historia.


    Por lo que respecta a las interpretaciones, no cabe la menor duda que tanto De Vito, Turner y, especialmente, Douglas disfrutan al máximo de sus personajes. Cada uno dentro de su correspondiente papel, cumple a la perfección con su cometido, otorgándoles una humanidad remarcable. Michael Douglas destaca como el héroe aparentemente movido por el dinero que, una vez comienza sus peripecias, cae hechizado por la inocencia y belleza de su compañera de aventuras. Kathleen Turner, por su parte, está radiante como la casi hipocondríaca escritora de aventuras que se ve envuelta en la hazaña de su vida, decidiendo vivirla como nunca habría imaginado, y que también queda fascinada por la rudeza y seguridad del héroe de turno. Por su parte, Danny de Vito pone el punto cómico al conjunto, encarnando a un ladronzuelo de poca monta tan farfullero como entrañable.


    En lo que concierne a la dirección de Zemeckis, éste demuestra una habilidad ejemplar a la hora de rodar tanto los momentos más “neutros” del film, como aquellos repletos de aventura. Así pues, gracias a un ritmo de intriga casi constante (desde el comienzo, sabes que están espiando a la protagonistas, aunque tardas en averiguar por qué), Zemeckis hace que el guión luzca al máximo. Así pues, en conclusión, “Tras el corazón verde” es una película de aventuras a la antigua usanza llena de emoción, que consigue distraer al público y hacer que disfrute con las peripecias de los personajes en las que, por momento, también tiene la impresión de estar participando. Desde luego, era más que evidente el brillante porvenir que Robert Zemeckis tenía en la historia reciente del cine.



  • MR. HYDE DICE:

  • “Tras el corazón verde” es una de las primeras películas así en plan aventuras que recuerdo, al igual que la segunda parte, “La joya del Nilo – The jewel of the Nile, 1985” (aunque ésta ya me gustó un poco menos). No es el no va más del cine de aventuras, ni estás ahí enganchado al sofá a lo bestia por la emoción de lo que te cuentan, pero eso no quita para que sea una peli muy distraída e interesante. Es más, da la sensación de que más que una película, están haciendo una novela de aventuras en movimiento o, al menos, esa es la impresión que me da a mí por su argumento y cómo te la cuentan. Lo que sí que no se pone en duda es que está hecha de perlas, y que no se deja tópico de cine de aventuras por tocar pero, por suerte, de una forma súper dinámica y entretenida.


    Para empezar, a Michael Douglas le falta cambiar el sable corta-palmeras ese que lleva por el látigo para ser igual que Indiana Jones. Y a la cueva en la que está escondida el pedrusco que todos buscan también le faltan las típicas trampas mortales para el que se atreve a entrar (como roca gigante persiguiéndoles, por ejemplo). No, en serio, bromas aparte, creo que lo que hace un poco más original a “Tras el corazón verde” son algunos detalles. Para empezar, la protagonista no es la típica “chica de película”, ni tampoco la que va en plan Lara Croft repartiendo estopa a tutiplén. Aquí, la chica es de todo menos aventurera, lo que hace que te caiga bien cuando empieza a meterse en esos follones para rescatar a su hermana de los que la tienen secuestrada. Michael Douglas, por su parte, se lo pasa pipa haciendo de héroe a la fuerza así en plan socarrón.


    El resto que no tiene que ver con los actores, pues es eso, peli de aventuras muy entretenida. Ahora mismo, no recuerdo ninguna escena así que me marcara más que otra, porque el recuerdo que tengo de ella es el de los dos pavos, buscando como locos el pedrusco verde por la selva sudamericana, y esquivando balas y a los malos por todos los lados. Sí que recuerdo, por ejemplo, que me llamó la atención el final, con toda la pelea que hay entre el bueno y los malos en lo alto de una torre que tiene un foso a su alrededor lleno de cocodrilos. Lo que pasa al final con la piedra y cómo termina la película, me pareció de lo más original y bien simpático.


    Así que ya sabéis, si queréis pasar un rato agradable viendo una película muy entretenida y con sus buenas dosis de aventura bien repartidas, y con cierto aire ochentero (sobretodo se nota en los peinados un poco a lo repollo de las mujeres, y en la música de Alan Silvestri), “Tras el corazón verde” es una muy buen opción. Yo, por lo menos, os la recomiendo.




    lunes, 16 de abril de 2012

    CINE CLÁSICO: "LA LEYENDA DE LA CIUDAD SIN NOMBRE"

    TÍTULO: LA LEYENDA DE LA CIUDAD SIN NOMBRE

    DIRECTOR: JOSHUA LOGAN

    REPARTO: LEE MARVIN, CLINT EASTWOOD, JEAN SEBERG, RAY WALSTON, HARVE PRESNELL

    DURACIÓN: 166 min.

    AÑO: 1969

    GÉNERO: COMEDIA MUSICAL

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • La realización de un proyecto como “La leyenda de la ciudad sin nombre” es un caso bien curioso. A finales de la década de los sesenta, parecía que los grandes musicales ya empezaban a estar de capa caída, tras haber vivido su época dorada desde hacía décadas, y después del estreno, en esa misma década, de largometrajes tan célebres como “My fair lady – My fair lady, 1964” o “Sonrisas y lágrimas – The sound of music, 1965”. Sin embargo, da la impresión de que, animados por el éxito que había cosechado “Oliver – Oliver!, 1968” el año anterior –que, además, se tradujo en cinco Oscar de la Academia-, se le quiso dar una nueva vuelta de tuerca al género, de forma que el film resultante no fuera ni un musical al uso, ni una simple comedia disparatada al más puro estilo de Blake Edwards o Stanley Kramer. De esta forma, planteada como una gran producción, “La leyenda de la ciudad sin nombre” contó con un inspirado trío de intérpretes, y con una historia tan dicharachera como estrambótica.


    Finales del siglo XIX. La fiebre del oro está en su apogeo. A un emplazamiento natural com muy poca explotación, acuden en masa buscadores de oro con el fin de hacerse ricos con la prospección. Entre ellos, se encuentra un viejo coronel del ejército estadunidense, adicto a la bebida, llamado Ben Rumson (Marvin), un joven e intrépido buscador al que todos llaman afectuosamente "Socio" (Eastwood), y Elizabeth (Seberg), una bella mujer. Los problemas empezarán cuando, en mitad de toda la explotación, los dos hombres se enamoren de la misma mujer, hecho que provocará toda una retaíla de divertidas situaciones, mientras la "Ciudad sin nombre" no para de crecer.


    “La leyenda de la ciudad sin nombre” es una película tan divertida como difícil de clasificar. Por un lado, la presencia de actores como Clint Eastwood y Lee Marvin hace pensar más en una aproximación al western, sobretodo si se tiene en cuenta el tipo de personaje al que cada uno interpreta. Por una parte, Eastwood es presentado como el elegante, sofisticado y seductor pero que, cuando la situación lo requiere, no duda en hacer uso de la fuerza bruta para imponer su criterio. Por su parte, Marvin encarna una vez más al eterno borrachín -según las malas lenguas, parece que no se tenía que esforzar mucho en interpretar este tipo de papeles-, pícaro y alborotador, mientras que Jean Seberg cumple a la perfección con el rol de “chica de la película”, sacándole todo el partido posible a las escenas que comparte con ambos actores.


    No obstante, es gracias a la dirección de Logan que “La leyenda de la ciudad sin nombre” funciona de forma tan efectiva. La puesta en escena, que no oculta en ningún momento el guiño a las grandes súper producciones (el diseño de producción y de decorados es deslumbrante), consigue sacar el mejor jugo posible a cada uno de los géneros que mezcla. Como obra musical, las canciones aparecen en el film en el momento justo para no interrumpir el avance de la acción, y sus melodías son tan pegadizas como agradables (atención al vozarrón de Lee Marvin en la versión original); como comedia, lo largo del film se suceden episodios que ponen de relieve continuamente el aspecto más cómico del mismo, como la pelea provocada entre Ben y "Socio" por ganarse el afecto de Elizabeth, la secuencia del revuelo causado por el escape de un toro, o la serie de sucesos encadenados que provocan que la ciudad se venga abajo; y, finalmente, como western, “La leyenda de la ciudad sin nombre” toma los elementos más básicos para desarrollar la historia, es decir, el marco escénico y la época en que tiene lugar la acción (ese Oeste casi crepuscular).


    Así pues, concebida aún hoy como una película que va a contracorriente de los cánones establecidos en su época, “La leyenda de la ciudad sin nombre” sigue siendo un largometraje terriblemente entretenido (a pesar de su duración), original y divertido, que no sólo consigue ese punto de frescura en su argumento, sino que permite a los principales protagonistas explotar una vena cómica a la que no nos tenían acostumbrados de una forma tan desinhibida. Tal vez no sea uno de los clásicos más populares del cine pero, sin duda, sí uno de los más singulares.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Ostras Pedrín, qué peli más rara es ésta! Empieza siendo una especie de película de esas de cuando el Oeste ya está casi medio muerto, con las aventuras y desventuras de los buscadores de oro. De la aventura, se pasa a la comedia más o menos gamberra (gamberra para la época), con todo lo que tiene que ver con la fundación de la ciudad esa en la que viven los buscadores. Y, en medio de todo eso, de repente, todo se vuelve un musical gigantesco. ¡Menudo popurrí que se cascan los colegas! “La leyenda dela ciudad sin nombre” mola si te la tomas a broma, o sea, que no pretendas que la historia sea muy seria sobre ninguno de los temas que trata porque, si vas en ese plan, ya te digo yo que pensarás que la cosa no es más mala porque no tiene tiempo. Ahora bien, si la ves con ganas de divertirte, pensando que todo es un cachondeo, y dejándote llevar por las cosas que se les ocurren a todos los personajes (cada uno, más chiflado que el anterior), seguro que “La leyenda de la ciudad sin nombre” hará que te lo pases teta.


    Para empezar, es curioso ver a Clint Eastwood tomándose medio a cachondeo su papel de pistolero que tan famoso le había hecho antes en los spaguetti western, porque aquí no sólo hace de galán (cosa impensable en las otras que os digo), sino que además el tío canta y baila como si nada. Dicho sea de paso, también tengo que confesaros que esto me pareció lo más cutre de la película, porque vamos, ver al amigo Clint cantando junto a un seto lleno de flores queda muy pero que muy gay. Pero vamos, que tampoco es para tanto.


    En fin, detalles julandrones aparte, hay varias cosas que yo os diría de “La leyenda de la ciudad sin nombre” para que tengáis claro antes de empezar a verla. La primera, es que la peli es larga (dura más de dos horas y media), pero no se hace nada pesada. Puede que la parte más lenta sea el principio, con todo lo que tiene que ver con los buscadores de oro que llegan a la zona donde levantan su famosa ciudad, porque entre que te presentan a cada personaje, y empieza a avanzar la historia –con sus correspondientes números musicales y canciones- ya te digo que te van tres cuartos de hora con mucha facilidad. Pero cuando ya toma velocidad, el resto es muy gracioso.


    La segunda cosa que os diría es que el guión tiene una mala leche de cuidado. Se pitorrea de todos los principios morales y de comportamiento habidos y por haber y, además, no duda en burlarse de los que los defienden con un poco de cordura. Pero no lo hace ofendiendo ni insultando, sino con gracia, por lo que no te queda otra que reírte a ti también. Por ejemplo, me acuerdo del momento en que llega al pueblo el predicador de turno, queriendo establecer un poco de orden moral entre toda la gente, y la conversación que mantiene con la chica protagonista, descubriendo que vive con dos maridos (Eastwood y el otro borrachín). ¡Las caras del pobre cura conforme avanza la conversación no tienen precio!


    Y lo último, es que aunque mezclan todos los géneros habidos y por haber, “La leyenda de la ciudad sin nombre” es, por encima de todo, una película muy divertida. Hay momentos que son un despiporre, como ese en el que un toro se escapa de donde lo tienen encerrado, y se mete por todos los túneles de las minas, recorriéndose medio pueblo y metiendo cornadas a diestro y siniestro. Puede parecer un momento tonto, pero yo os juro que me partía el culo de la risa de ver las expresiones de los que ven salir a un toro de la nada, pirándose luego en plan mariquita el último. Y, por supuesto, el colofón final, cuando parece que, entre todos, y de forma involuntaria, acaban reventando literalmente todo el pueblo.


    En fin, que a pesar de que te casquen las cancioncitas de turno entre secuencia y secuencia, “La leyenda de la ciudad sin nombre” es una película entretenidísima, graciosa con ganas, y que se toma a broma casi todo lo que cuenta, pero con la calidad suficiente para no convertirla en una mierda pinchada en un palo, sino en una estracanada de lo más simpática.





    domingo, 15 de abril de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "TUMBA ABIERTA

    TÍTULO: TUMBA ABIERTA

    DIRECTOR: DANNY BOYLE

    REPARTO: EWAN MCGREGOR, KERRY FOX, CHRISTOPHER ECCLESTON, KEN SCOTT, KEITH ALLEN

    DURACIÓN: 92 min.

    AÑO: 1994

    GÉNERO: THRILLER

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Alex (McGregor), Juliet (Fox) y David (Eccleston) son tres amigos que comparten piso. Dado que a todos ellos les vendría bien un dinero extra, que el piso es muy grande, y que disponen de una habitación que ninguno utiliza, deciden poner un anuncio buscando un nuevo compañero de piso. El elegido es Hugo (Allen), un hombre tan enigmático como celoso de su intimidad. Al cabo de unos pocos días, Alex, Juliet y David encuentran a Hugo muerto en su cuarto. Aparentemente, la causa ha sido una sobredosis de heroína. Sin embargo, antes de avisar a la policía para denunciar el suceso, bajo la cama de Hugo encuentran una gran maleta repleta de dinero. Será entonces cuando los tres amigos deberán tomar una importantísima decisión: avisar a la policía y entregarles el maletín con el dinero, o hacer desaparecer el cuerpo quedándose con todo el efectivo.


    Comparativamente –y teniendo en cuenta la particularidad de estilo fílmico y personalidad de cada uno de ellos-, Danny Bolye se engloba dentro del grupo de directores surgidos durante la primera mitad de los años noventa, en el que cabría incluir también a otros talentosos directores (y, con elevada frecuencia, también guionistas) como Quentin Tarantino o Guy Ritchie. Todos ellos, a través de su particular tratamiento de la violencia y de la manera que tienen de plasmarla en sus largometrajes, han desarrollado una capacidad narrativa fresca, original y renovada. En lo que al debut de Boyle se refiere, “Tumba abierta” contiene una buena parte de los elementos que se encontrarán presentes a lo largo de la mayoría de sus films posteriores (el enfrentamiento de un individuo normal y corriente a situaciones comprometidas que le obligan a reaccionar de una determinada forma –tal y como acontece, por ejemplo, en “28 días después – 28 days later, 2002”-, o la transformación progresiva de la mentalidad de dicho individuo conforme se van sucediendo los hechos que lo llevan al límite –como también ocurre en “La playa – The beach, 1999” y, en mayor medida, en “127 horas – 127 hours, 2010-) pero que, aquí, brillan particularmente gracias a la acidez de su guión y a la rabiosa y poderosa puesta en escena.


    “Tumba abierta” consigue impresionar porque habla de gente de la calle, como cualquier espectador del público que, de repente, se ve forzado a tomar decisiones difíciles que no sólo ponen a prueba su propia moralidad, sino que también van a condicionar lo que suceda a continuación. En el film esto queda claro desde el momento en que Juliet acude a la biblioteca en la que David prepara un caso para convencerle de que el plan ideado por Alex es la mejor opción. Por supuesto, el espectador, que no es tonto, ya intuye que esto no va a resultar tan sencillo, y que las cosas se les van a complicar a los protagonistas, aunque desconociendo hasta qué punto. Por ello, conforme avanza la acción y se van precipitando los hechos (el descuartizamiento y entierro del difunto, la aparición de los individuos que preguntan por el inquilino fallecido, la investigación de la policía, etc.), más se va enredando la historia y más involucrado se siente también dicho espectador. Ello es gracias a la realización de Boyle, que acierta al no exagerar más de la cuenta estas situaciones, dosificando la acción de forma que ésta experimenta un in crescendo progresivo que deriva en la explosión de violencia concentrada en los últimos quince minutos de metraje.


    Por fortuna, “Tumba abierta” no juzga en absoluto el comportamiento de sus protagonistas, sino que se limita a mostrar la reacción a una acción. Y, también por suerte, se reserva una sorpresa final para el epílogo, donde la historia no deja ningún cabo suelto (dicho sea de paso, la resolución es la más coherente para la dirección que ha tomado la historia). Así pues, aunque sea el primer largometraje tanto para su director como para el hoy mucho más conocido Ewan McGregor, y no cuente con el grado de sofisticación de los últimos films de Boyle, de lo que no cabe duda es de que “Tumba abierta” es una película muy recomendable, llena de sorpresas y giros inesperados, buena muestra de lo que un director con talento es capaz de hacer cuando dispone de los medios necesarios.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Chulísima! Me la he visto ya tres veces, pero seguro que no es la última, y eso que la peli es burra con ganas. Ahora, es una especie de burrera que mola, y que hasta le queda bien a la cosa. Es un poco como “Trainspotting - Trainspotting, 1996”, en el sentido de que el tema no es como para echarse a reír, pero está hecha de forma que te atrapa y te gusta por muy violenta que sea. Aquí, el argumento es más simple que el mecanismo de un botijo, de forma que lo que importa no es lo que te cuentan, sino cómo lo cuentan y con qué mensaje te quedas. Por eso, “Tumba abierta” –que, por cierto, vaya título de mierda que le han puesto en español, que casi parece que estés hablando de una de zombis- mola tanto, porque no sólo te pasas la hora y pico que dura sin apartar los ojos de la pantalla, sino que te da qué pensar sobre qué hubieras hecho tú de encontrarte en una situación parecida.


    “Tumba abierta” acerita, ya de entrada, en no hacerse la picha un lío con la historia y los personajes. Éstos son tres chavales jóvenes de lo más normales y corrientes, cada uno con su carácter particular, pero nada estrambótico o que no sea creíble. Después, el desarrollo que le quieren dar al planteamiento del asunto también está clarinete: qué hacer con un cadáver que viene acompañado con un regalito de muchísima pasta. Y, por supuesto, con todo el tema moral que viene detrás: si hacer de tripas corazón, o avisar cagando leches a la policía. Pero lo mejor es que no se quedan aquí, sino que el paso más hacia delante que dan es el que tiene que ver con todo lo del cambio de comportamiento entre ellos mismos, cuando se vuelven medio paranoicos (el tío de gafas haciendo agujeros en el techo para espiar a los otros dos), violentos (lo que pasa al final entre los mafiosos y los tres chavales, o entre la chica y el guaperas), y egoístas (cada uno piensa en dar gato por liebre a los otros dos para poder quedase con la pasta).


    Es cierto que, en “Tumba abierta”, mientras que la primera parte se centra más en el descubrimiento del potaje (del fiambre y la maleta llena de pasta) y la segunda en qué hacer y cómo lo hacen al final, lo que podríamos llamar como “tercera parte” se centra más en las consecuencias de esa decisión, lo que hace que los protas ya no te caigan tan bien -por no decir que te empiezan a caer realmente mal- y que empiecen a hacer cosas que, de habérselo dicho al principio, no se hubieran creído (la chica “ofreciéndose” al tarado de gafas para fugarse los dos con la pasta y que el tercero en discordia cargue con el mochuelo, el “gafas” dispuesto a cualquier cosa –literalmente- con tal de no pringarla y quedarse con todo el dinero…). Por eso, y por el tono que tiene toda esa última parte (sin contar el epílogo, que es cojonudo) es la que más flojita parece, al menos en comparación con lo que has estado viendo hasta ese momento.


    De todas formas, de lo que no cabe duda es de que “Tumba abierta” es una película muy guapa que te da bastante qué pensar. Si quieres, puedes decir que es un retrato brutal sobre lo que es capaz de hacer la avaricia (un equivalente parecido podría ser la española “La comunidad, 2001”), pero lo que no se puede negar es que, a pesar de ello, “Tumba abierta” es emocionante hasta el último minuto, a pesar de que la violencia pueda ser un poco exagerada, que no gratuita.




    sábado, 14 de abril de 2012

    CINE EN CARTEL: "BATTLESHIP"

    TÍTULO: BATTLESHIP

    DIRECTOR: PETER BERG

    REPARTO: TAYLOR KITSCH, RIHANNA, ALEXANDER SKARSGARD, LIAM NEESON, BROOKLYN DECKER

    DURACIÓN: 120 min.

    AÑO: 2012

    GÉNERO: ACCIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Como cada año por estas fechas, desde Hollywood comienzan a llegar las súper producciones que poblarán la cartelera hasta finales de agosto, más o menos. Sí que es cierto que el estreno masivo de estos carísimos y esperadísimos largometrajes (al menos, algunos de ellos) ha comenzado más pronto que otros años ya que, por lo general, es mayo el mes que dichos estrenos tienen lugar. Sea como sea, lo cierto es que el primero de los grandes estrenos que llega a las carteleras españolas esta temporada es “Battleship”, libre adaptación del famoso juego de mesa “Hundir la flota” que cuenta con muchos y espectaculares efectos especiales, y con dosis de acción tremendas. Ahora bien, como también suele ser frecuente en este tipo de producciones, que la película esté repleta de momentos visualmente fascinantes no implica que la calidad del producto también se encuentre a la altura.


    Alex (Kistch)es un joven rebelde al que le cuesta aceptar tanto la responsabilidad como la disciplina. Su hermano Stone, un distinguido oficial de la Marina norteamericana, le anima a alistarse junto a él para poder labrarse una carrera. Allí, tras enamorarse de Samantha (Decker), la hija del férreo almirante Shane (Neeson), participa en unas maniobras militares internacionales. Sin embargo, en mitad de las maniobras, hará acto de presencia una fuerza extraterrestre muy avanzada tecnológicamente, que creará un campo de fuerza alrededor de los destructores y acorazados en los que se encuentra Alex -así como varias islas hawaianas-, dando entonces comienzo una batalla a muerte por la disputa del planeta.


    Tras el éxito alcanzado en todo el mundo con la serie “Transformers”, basada, a su vez, en los famosos juguetes propiedad de la compañía Hasbro, ahora llega la adaptación de uno de los juegos de mesa más populares de la historia, propiedad de esta misma compañía. Cierto es que no resulta fácil imaginar una idea argumental que permita crear toda una historia a partir de semejante juego de mesa, máxime teniendo en cuenta el objetivo de éste y la poca libertad que, a priori, deja para desarrollar historias nuevas. Así pues, ha sido mediante una combinación de ciencia ficción (la parte relativa a la invasión extraterrestre) y acción trepidante (cada uno de los combates y enfrentamientos tanto en el agua como en tierra) que se ha conseguido dar forma al film que acaba siendo “Battleship”.


    Sin embargo, como avanzábamos en la introducción, es una pena que la calidad del resultado diste muchísimo de las elevadas dosis de distracción y testosterona que se desprenden del largometraje. En este caso, la sombra de Michael Bay es muy alargada, y no lo decimos implemente porque “Battleship” dé la sensación de ser una versión no oficinal de sus películas sobre robots destrozones (las similitudes entre aquellas y “Battleship” es más que evidente). En este caso, tanto la puesta en escena de las secuencias de acción, con ruidos y explosiones por doquier (atención al instante en que unas especies de peonzas robóticas atraviesan, literalmente, el destructor USS Missouri, no dejando prácticamente una sola pieza entera), como la visualización de otras secuencias que tienen lugar en tierra firme (el intento de desconectar los cables de alimentación de las antenas que han colocado los extraterrestres, utilizando un jeep y lanzándose montaña abajo, recuerda muchísimo a la persecución final de “Dos policías rebeldes II – Bad boys II, 2003”) hace que sea casi imposible no tener la sensación de que “Battleship” era un proyecto destinado a ser filmado por el genio que realizó “La roca – The rock, 1996” pero que, por equis motivos, no pudo ser, decantándose por una versión alternativa –y, seguramente, más barata- de Bay.


    Así pues, “Battleship” es un espectáculo grandilocuente, apabullante desde su comienzo, pero que no puede evitar el hecho de que se trata de puros fuegos de artificio. El film, como tal, es, directamente, malo. Ni las interpretaciones (de aquellos “actores” que se molestan un mínimo en actuar), ni el guión (inexistente y ridículo) consiguen salvar a esta súper producción de la quema. Con lo cuál, cabría contemplar “Battleship” desde dos perspectivas: aquel punto de vista que juzga al largometraje de Peter Berg como una obra vulgar, hueca y anodina, o aquel otro que tiene claro que “Battleship” no es más que un puro pasatiempo diseñado con el simple propósito de entretener al público menos exigente. Particularmente, dado que a nosotros nos gusta disfrutar del cine también como entretenimiento, nos quedamos con esta segunda perspectiva aunque, no por ello, nos olvidamos de la primera. Esperemos que el próximo proyecto de Peter Berg sea más parecido a la excelente “La sombra del reino – The kingdom, 2007” que no a “Hancock – Hancock, 2008”.



  • MR. HYDE DICE:

  • Señores, aquí tenemos la primera “peli de palomitas” de la temporada. ¿Que qué quiero decir con esto? Pues que si vais a ver “Battleship”, os preparéis para casi dos horas de diversión atiborrada de efectos especiales chulísimos y frases lamentables. En efecto amigos, “Battleship” cumple a rajatabla la norma general de cualquier súper producción semi-veraniega: tener unos efectos especiales y dosis de entretenimiento a lo bestia, y un guión que no llegue a la media página (y la media página que tiene, para echarse a llorar). Claro, que eso no tendría que ser ningún problema, porque el que se mete a ver esto, sabe de sobra de qué palo va el tema. Pero, para aquellos despistadillos que no lo tengan claro, ya os adelanto tres cositas.


    La primera, que es un pasatiempo fenomenal. “Battleship” es la película perfecta para no pensar lo más mínimo durante un rato, dejarte llevar por la historia tan imposible que te cuentan, tomarte unas cuantas chuches y coca-colas mientras la ves y, cuando acaba y se encienden las luces, no tener vergüenza en admitir que te lo has pasado de coña, independientemente de lo buena que sea la película.


    La segunda, que no esperes ver actuaciones que pasen a la historia (al menos, por su calidad). Quitando a Liam Neeson –que sólo sale diez minutos en toda la peli, en los que se limita a gritar mucho, y poner cara de coronel o general, vete tú a saber, pero que muy cabreado-, al resto de los que salen enseñando su carita, habría que darles un cursillo avanzado de interpretación a la de ya. Para empezar, el héroe de turno (el mismo actorazo que se lució a base de bien en “John Carter – John Carter, 2012”) no tiene ni puta idea de cómo soltar las tontunas de sus líneas de diálogo. Se ve que el hombre no tuvo tiempo de aprender a actuar a causa de las catorce horas al día que se tiene que pasar en el gimnasio para poder enseñar luego la tableta a la mínima ocasión, por lo que no entiendo por qué no ha cogido a otro (se ve que es el que está de moda ahora mismo, aunque huele a flor de un día). Y, si os parece que exagero, no tenéis más que ver la pinta de besugo que tiene mientras recita fragmentos de “El arte de la guerra”. Lo dicho, lamentable. Después le llega el turno a la tía buena de turno, perfectamente maquillada hasta cuando rueda montaña abajo y más preocupada porque sus tetas –de lo más generosas- se muevan a velocidad de vértigo mientras corre. Pero es que ya cuando te ves a Rihanna haciendo de marine, ahí sí que apaga y vámonos. O sea, todos los nasíos pa matá están más cuadrados que la leche y de repente te ves a esta tía enclenque levantando un fusil más grande que ella y cargándose a los aliens sin pensárselo (por supuesto, también maquillada hasta cuando sale del agua). En fin, pues eso, que está claro que en “Battleship” la pasta se la han gastado en efectos especiales, porque de actuaciones mejor ni seguir hablando.


    La tercera y última, que “Battleship” recurre a todos los tópicos y clichés del cine de acción reciente. ¿Y cuáles son esos? Pues escenas tan espectaculares como increíbles (en algunas ya se pasan de la raya, como esa en la que echan el ancla de delante –no sé si es la popa o la proa- para que un destructor como un castillo de grande derrape en el agua –sí, sí, derrapa en el agua, con un par- y, así, meterle un zambombazo de los buenos a la nave espacial que se los quiere ventilar), planos a cámara lenta con los buenos andando en fila hacia la cámara (aquí lo hacen para los veteranos de guerra, lo que hace que te ya te partas el culo de la risa de ver a los abuelos en plan macarra) y, por supuesto, mucho saludo militar con bandera de los USA ondeando al fondo.


    Aparte de esto, ya os digo que “Battleship” no es más que un puro pasatiempo. Te lo pasas pipa viéndolo, pero la condición fundamental para disfrutarla como un enano es no pensar. Así de claro, no pensar para nada, ni querer verle algo de lógica, ni nada de nada. El que piensa, pierde. Pero, si os dejáis llevar por la acción, lo emocionante que es el combate entre humanos y alienígenas, y todas las explosiones y escenas espectaculares que hay, veréis cómo “Battleship” es una de las mejores atracciones que hay en la cartelera ahora mismo.




    viernes, 13 de abril de 2012

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "LA CONSPIRACIÓN"

    TÍTULO: LA CONSPIRACIÓN

    DIRECTOR: ROBERT REDFORD

    REPARTO: JAMES MCAVOY, ROBIN WRIGHT, KEVIN KLINE, EVAN RACHEL WOOD, DANNY HOUSTON, JUSTIN LONG, TOM WILKINSON, COLM MEANEY

    DURACIÓN: 123 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: DRAMA HISTÓRICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • En su octavo film tras las cámaras, Robert Redford ha vuelto a centrar su atención en el cine político, aunque alejándose del tono y estilo de su anterior largometraje, la insípida “Leones por corderos – Lions for lambs, 2010”, y cambiando la temática de la reciente Guerra de Irak por otro hecho histórico aunque no contemporáneo: la conspiración que se urdió para matar al presidente estadounidense Abraham Lincoln. Así pues, gracias a unas estupendas interpretaciones y a una ambientación de lo más acertada de dicho periodo, Redford recrea el juicio al que se sometió a los primeros detenidos tras el magnicidio y la ejecución de las correspondientes sentencias, así como las presiones de intereses políticos que se encontraron tras dicho suceso. James McAvoy y Robin Wright son sus excelentes protagonistas.


    Catorce de abril de mil ochocientos sesenta y cinco. Tras haber finalizado la Guerra Civil nortamericana, el presidente Abraham Lincoln es asesinado. Tras detener a los primeros acusados, el Ministro de Guerra Stanton (Kline) acelera el inicio del proceso, por el que un jurado militar se encargará de administrar el proceso. Una de las acusadas es Mary Surratt (Wright), de cuya defensa se encarga el senador Johnson (Wilkinson). Sin embargo, a causa de un conflicto de intereses político, Johnson delega las funciones de la defensa en el joven ex-soldado Frederick Aiken (McAvoy) quien, tras su paso por el ejército, decide dedicarse a la abogacía. Sin embargo, a pesar de sus buenas intenciones, lo largo del proceso, Aiken deberá hacer frente al implacable fiscal Holt (Houston), al presidente del tribunal, el mm (Meaney) y a la dificultad para obtener información por parte de la hija de la procesada, Anna (Wood). Todo ello, a una carrera contrarreloj para lograr la absolución de una mujer a la que Aiken cree inocente.


    Como bien apuntó mi colega Hyde, más que un film histórico, “La conspiración” entra de lleno en el género comúnmente conocido como de “cine de juicios”. Redford apuesta más por la descripción del proceso judicial que enfrentó a una serie de presuntos conspiradores para asesinar al presidente Lincoln que no por el desarrollo del hecho histórico en sí. Eso justifica que el grueso del largometraje se centre en los pormenores del joven abogado por encontrar alguna prueba que demuestre la inocencia como conspiradora de Mary Surratt. Gracias una narración ágil y dinámica, todo el proceso es contemplado con importantes dosis de intriga que Redford maneja con notable soltura, máxime teniendo presente que la resolución de los mismos hechos ya se conoce al tratarse de un hecho histórico. Sin embargo, ello no es impedimento para que la dirección de Redford y la actuación de todos sus protagonistas destaque por encima del resto.


    En efecto, el talón de aquiles del film cabe encontrarlo en su guión. Éste peca que exceso de grandilocuencia y acaba por resultar excesivo, queriendo abarcar mucho (el asesinato, el juicio, la investigación, la conspiración, el juego sucio político…) y olvidándose de cerrar la mayor parte de los interrogantes que planeta. Prueba de ello son instantes como la búsqueda inicial de pruebas exculpatorias por parte del joven abogado (la foto de John Wilkes Booth escondida en casa de los Surratt), el paradero desconocido de John Surratt y, sobretodo, de los entresijos del procedimiento judicial que deja en evidencia a la defensa (la manipulación de los testimonios de varios testigos es algo que resulta evidente pero que, por desgracia, se obvia demasiado para no alargar en exceso la película, cuando es algo en lo que habría merecido la pena detenerse un poco más para que la película ganara consistencia –en lugar de los prescindibles momentos de “sociedad” de la época que viven los protagonistas en sus recepciones y demás-).


    No obstante, el contrapunto al mejorable guión cabe encontrarlo en las interpretaciones de todo su reparto. Partiendo de un Kevin Kline mucho más comedido que de costumbre que da vida a un implacable Ministro de la Guerra (ver su expresión cuando entra en la habitación en la que han depositado el cuerpo de Lincoln, o cuando se niega en rotundo a aceptar el veredicto del jurado militar), pasando por unos correctos Tom Wilkinson y Danny Houston (insuperable cuando afirma que “en tiempos de guerra, se borran las leyes”), y terminando en las verdaderas estrellas de la función: James McAvoy como el inexperto abogado defensor de la justicia a cualquier precio (atención al instante en el que cuestiona, tanto delante de su mentor como de un juez, que la ley debe ser la misma con independencia de a quién se aplique), y Robin Wright como la abnegada madre de familia que acepta su condena con tal de salvar la vida de su hijo (la expresión de fuerza contenida de la actriz cuando el abogado pretende echarle toda la culpa a su hijo durante el juicio es extraordinaria).


    Por lo demás, “La conspiración” se mueve entre lo que supone una elegante puesta en escena –adornada por la exquisita fotografía de Newton Thomas Sigel, que recuerda muchísimo a la de Robert Richardson, con esos tonos aterciopelados de luz clara- y el correcto acompañamiento de la música compuesta por Mark Isham. Puede que no sea el mejor film que haya dirigido Robert Redford hasta el momento pero, aparte de ser una buena opción para disfrutar en casa esta semana, “La conspiración” es un largometraje de lo más interesante, que consigue que el espectador se entregue al juego de intrigas que propone, a pesar de que ya se conozca el final de antemano.



  • MR. HYDE DICE:

  • Para variar, voy a seros sincero: no me chifla ninguna de las películas dirigidas por Robert Redford. “Gente corriente - Ordinary people, 1980” me pareció un coñazo, por mucho Oscar que se llevara; “El hombre que susurraba a los caballos – The horse wishperer, 1998” era tan larga que, al final, ya aburría; y “La leyenda de Bagger Vance – The legend of Bagger Vance, 2000”, “Leones por corderos” y las otras dos que tiene y que ahora no me acuerdo cómo se llaman eran unas sandeces de cuidado. La única que se libraba un poco más de la quema era “El río de la vida – A river runs through it, 1992”, y eso que tampoco era ninguna maravilla. Así que, cuando el año pasado se estrenó “La conspiración” en los cines, no es que mi entusiasmo por ir a verla fuera exagerado, por no decir, casi inexistente. Sin embargo, sí que debo admitir que el cine de Robert Redford, por mucho que pueda no gustarte, tiene un “algo” así en plan tono de calidad, que hace que sus películas, por muy vulgares que puedan ser, te puedan acabar gustando.


    En el caso de “La conspiración”, es una película para ver en tranquilamente en casa, sin necesidad de gastarte la pasta en el cine (no me arrepiento lo más mínimo en no haber ido a verla). Reconozco que, de las que he visto dirigidas por él, puede que no sea la mejor pero, al menos, sí la más distraída. No es que me interese demasiado la historia sobre el asesinato de Abraham Lincoln -supongo que lo mismo que le interesaría a un yanqui una peli española sobre el asesinato de Calvo Sotelo-, por lo que el hecho de que “La conspiración” me gustara o no dependía de cómo estuviera hecha la película (a estas alturas, es más que obvio que los primos del otro lado del charco son únicos para hacer interesantes argumentos chorra). Y, a este respecto, debo decir que, aunque te puedas conocer la historia, han conseguido hacer que la peli sea muy interesante.


    Para empezar, como cualquier película de época que se precie, la ambientación está muy currada (y lo mismo para temas de maquillaje, vestuario y todo eso). Pero, aparte de eso, consiguen que te enganche un argumento que te la podría pelar muy fácilmente. “La conspiración” funciona porque más que como una película histórica está planteada como una peli de juicios, con sus tribunales, fiscales cabrones, abogados conciliadores y jueces implacables. De esta forma, te atrapa mucho más el cómo conseguirá el abogado preparar la defensa de la acusada y si habrá alguna pista que le permita demostrar su inocencia, que no los hechos históricos que están detrás de todo lo demás. Ahora bien, para mí, esto también tiene un fallo importante: como todo el proceso es una patraña (no hay más que ver lo que pasa al final, después de la celebración del juicio), tienes la sensación de que, por mucho que se lo quiera currar el abogado, no sirve para una mierda nada de lo que haga o descubra, así que esa es la parte en la que “La conspiración” hace que te parezca un poco más cansina.


    Aparte, como toda buena película de época y juicios que se precie, sí que es cierto que los actores están todos estupendos, teniendo cada uno de ellos sus quince minutos de gloria para lucirse como toca (yo me quedo con los momentos, ya hacia el final de la peli, en que el abogado alucina al ver cómo a la peña se la bufa completamente lo que le pase a la acusada, pasándose las leyes por el forro, sólo porque el país necesita un cabeza de turco al que cargar el asesinato). Y eso hace no sólo que la película parezca más creíble sino, también, mucho más entretenida a pesar de que casi todo pase entre la sala del tribunal, la casa de la acusada, la cárcel y dos o tres sitios más. Quiero decir que por muy histórica que sea, no es ese tipo de películas en que hay grandes escenas al aire libre, o que la acción se disperse entre sitios muy diferentes, lo que no tiene por qué ser malo, pero sí puede llegar a cansar un poco.


    En fin, que “La conspiración”, aunque no sea una película flipante, al menos sí que consigue engancharte lo suficiente como para que no lamentes ni haberla visto, ni haberte dejado los dos o tres euros de rigor en el videoclub. Eso sí, seguro que las hay mejores.




    jueves, 12 de abril de 2012

    CINE ACTUAL: "NO ES TAN FÁCIL"

    TÍTULO: NO ES TAN FÁCIL

    DIRECTOR: NANCY MEYERS

    REPARTO: MERYL STREEP, ALEC BALDWIN, STEVE MARTIN, JOHN KRASINSKI, RITA WILSON, LAKE BELL

    DURACIÓN: 118 min.

    AÑO: 2009

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • En la meca del cine sucede, de cuando en cuando, que una comedia, aparentemente intrascendente, hace gala de una madurez única en el planteamiento de su argumento, y que gracias a un fabuloso reparto con gancho se convierte en una delicia para el espectador. En efecto, no es habitual que se realice una comedia norteamericana que no recurra a chistes escatológicos, bromas con connotaciones sexuales y/o raciales, o a historias ya contadas con anterioridad de mil y una maneras, y mucho menos que ésta se convierta en un éxito tanto de crítica como de público. Por fortuna, sí que ha sucedido así en el caso de “No es tan fácil”, una divertidísima comedia llena de situaciones divertidas y, sobretodo, adultas (en el mejor sentido del término), en el que brilla con luz propia un inmejorable reparto. Nancy Meyers, especialista en otras recomendables comedias como la estupenda “Cuando menos te lo esperas – Something’s gotta give, 2003” o la un poco más simplona “The holyday (Vacaciones) – The holyday, 2006”, es su directora y guionista.


    Jane (Streep) es una mujer divorciada que pasa su vida entre su negocio – una pastelería de gran éxito- y la compañía de sus amigas e hijos. Jacke (Baldwin) es el ex-marido de Jane, quien está casado con una mujer mucho más joven que él, con la que se está planteando tener más hijos. Evidentemente, no es una situación que agrade mucho a Jane, que prefiere concentrarse en la inminente boda de su hija mayor. Durante la realización de un proyecto de reforma en el que pretende convertir la cocina de su casa en una mucho más grande, conoce a Adam (Martin), un arquitecto también separado. Inmediatamente, la atracción entre los dos es mutua, cosa que da esperanzas a Jane. Sin embargo, lo que XX no esperaba es que Jake también empezaría a cortejarla puesto que, según dice, nunca ha dejado de quererla. Será entonces cuando Jane comience a mantener una relación a dos bandas llena de enredos y equivocaciones, sin saber muy bien qué hacer con su vida amorosa.


    Para hablar de una película como “No es tan fácil”, podríamos mencionar varios aspectos: desde el papel de las mujeres en Hollywood como directoras de comedias, pasando por el acierto de un argumento maduro a la par que simpático, la actuación de actores cómicos más veteranos o, incluso, de los desorbitados presupuestos con los que cuentan películas aparentemente pequeñas. Acerca de lo primero, Meyers se sumaría al selecto grupo de directoras (junto, por ejemplo, Nora Ephron) que logran rodar comedias con probada eficacia, alejadas de cualquier tono infantil que las convertiría en ridículas películas del montón. Sobre lo segundo, es evidente que uno de los mayores atractivos de “No es tan fácil” es la sorpresa que provoca asistir al desarrollo de una historia madura repleta de situaciones mordaces y terriblemente simpáticas que no desmerece en absoluto el término “comedia”. En lo que concierne a lo tercero, gran mérito tienen los responsables de casting que fueron capaces de entender que el trío Streep-Baldwin-Martin podría funcionar con la sobrada eficacia con la que lo hace (de hecho, es muy probable que sin Streep ni Baldwin “No es tan fácil” no fuera la estupenda película que es), y la inspiración constante que dichos artistas demuestran tener en cada una de sus escenas. Por lo que respecta al último punto, sí que resulta más complicado de entender cómo es posible que una película como “No es tan fácil” haya necesitado contar con un presupuesto tan elevado (algunas fuentes lo sitúan entorno a los ochenta millones de dólares, cosa completamente exagerada para una simple comedia) –en Hollywood es de sobras conocida la facilidad con la que Nancy Meyers se excede de los presupuestos asignados para sus películas- aunque, a tenor de la corrección del resultado, esto no acaba siendo ningún impedimento que repercuta negativamente en el film.


    Así pues, “No es tan fácil” es un largometraje amable, construido con la intención de dejar al público con un buen sabor de boca (a lo que, parte del mérito, corresponde tanto a la labor de John Toll como director de fotografía como a Hans Zimmer y Heitor Pereira como compositores de la música), lo que no es tan sencillo a priori si se tiene en cuenta que, al fin y al cabo, se está contando una historia de infidelidades, traiciones y desamores. Afortunadamente, desde que se establecen las bases de lo que va a ser “No es tan fácil”, a los pocos minutos de dar comienzo el film, el espectador tiene claro de que va a presenciar una comedia divertida, agradable y de lo más entretenida. Por suerte, cuando la película acaba, esta sensación queda confirmada por completo.



  • MR. HYDE DICE:

  • Cuando le dieron el Oscar a la mejor actriz hace un par de meses, Meryl Streep se reía diciendo que si la gente pensará que ya estaba otra vez la de siempre ganando todos los premios de turno. Bueno, pues la verdad es que una mujer que lleva más de cuatro décadas dedicándose al cine, bordando hasta la perfección cada uno de los papeles que ha interpretado (y de lo más diferentes unos de otros) y consiguiendo casi más éxitos en taquilla que cualquiera de las niñatas siliconadas que hay ahora mismo pululando por ahí, se merece ese Oscar y mucho más. ¿Por qué digo esto antes de empezar la crítica? Pues simplemente porque es un placer poder disfrutar de la Sra. Streep en una comedia adulta, que no necesita recurrir a los tópicos de siempre para ser divertida y entretenida a más no poder donde, además, da la casualidad de que Meryl Streep vuelve a salirse por la puerta grande.


    Como os digo, no sé vosotros pero, por muy divertidas que puedan ser de vez en cuando las comedias más gamberras, a mí me aburren siempre las mismas supuestas gracias. Que un tío como Jack Black, Adam Sandler, Owen Wilson y compañía salgan hasta en la sopa, creyéndose la polla de graciosos, me parece casi indignante. Así que cuando, de repente, te encuentras con una película como “No es tan fácil”, que tiene una historia adulta y seria pero sin perder ni la frescura ni la originalidad, no puedes hacer más que recomendarla. No es que el cine de mujeres y para mujeres me parezca interesante –de hecho, esas pedorradas feministas las suelo aborrecer casi con la misma frecuencia que esos truños romanticoides que parecen todos iguales- pero, por suerte, como ya pasaba en la también interesante “Cuando menos te lo esperas”, tanto la historia como los personajes y la forma en que está hecha la película, hacen que te lo pases de cine (nunca mejor dicho). Y “No es tan fácil” cumple esto de principio a fin.


    Lo bueno de “No es tan fácil” es que se juntan dos cosas importantísimas para una comedia de este tipo. La primera, es que la historia que te cuentan es muy original (tanto en la forma en que la plantean como en la manera que tienen de desarrollarla), y no se queda sólo en una buena idea que no acaba yendo a ninguna parte, que es lo peor que le podría pasar. Cada situación es graciosa, y la forma que tienen de enlazar una cosa con otra también es divertida como, por ejemplo, episodios como ese en el que el antiguo matrimonio se junta en un hotel ante la atónita mirada del novio de su hija (para los de la E.S.O., “atónita” = “flipada”), y todo lo que pasa después. O como cuando el ex-marido se pone a hacer un striptease sin darse cuenta de que está delante de un ordenador abierto desde el que el novio de su ex-mujer está viéndole por vídeo-conferencia. Son momentos tontacos, pero hechos con tanto acierto y simpatía que no puedes hacer más que reírte.


    La segunda cosa fundamental que hacer de “No es tan fácil” una película tan recomendable, es el trío protagonista. Empezando por una Meryl Streep cachonda como ella sola (no os perdáis el principio, cuando está dudando si hacerse algún retoque en la cara… justo antes de cruzarse con su ex–marido y la nueva mujer de éste que van a hacerse una inseminación artificial, o como cuando se descojona de la risa de pensar que, ahora, ella es “la otra”), siguiendo con un Steve Martin más comedido de lo normal (se deja de sus tics desesperantes para hacer un personaje súper amable), y acabando con un Alec Baldwin inspirado como pocas veces (la cara de cabroncete encantador que pone durante toda la película, y las cosas que se le ocurren para engañar a su nueva mujer con la antigua no tienen precio –atención al momento en que le da una arritmia-).


    En fin, que “No es tan fácil” es una película que no destacaría por ningún momento en particular muy remarcable –aparte de los que ya os he dicho- porque lo que funciona bien es todo su conjunto. Es de ese tipo de pelis que ves sin que te aburra ni un solo minuto y que, cuando acaban, te quedas con una sonrisa tontorrona en la cara. Para pasar un rato muy entretenido con algo que merece la pena. Puede que sea de usar y tirar pero, al menos, con calidad. Yo, desde luego, os la recomiendo.




    miércoles, 11 de abril de 2012

    CINE DE LOS 90: "EL FUGITIVO"

    TÍTULO: EL FUGITIVO

    DIRECTOR: ANDREW DAVIS

    REPARTO: HARRISON FORD, TOMMY LEE JONES, JEROEN KRABBE, JOE PANTOLIANO, SELA WARD, ANDREAS KATSULAS

    DURACIÓN: 127 min.

    AÑO: 1993

    GÉNERO: POLICIACO

  • EL DR. JEKYLL DICE:

  • Aunque no suele ser habitual, he leído los comentarios de mi querido colega Hyde antes de escribir mi parte de crítica. Sin que sirva de precedente, no puedo estar más de acuerdo con él. Es una lástima que un buen actor como lo es –me resisto a decir “ha sido”- Harrison Ford, haya caído en una espiral de películas anodinas, insípidas e intrascendentes (cuando no decididamente malas), sobretodo teniendo en que cuenta que en su haber se encuentran films tan entretenidos como la película que hoy comentamos, “El fugitivo”. Es más, ésta es, con toda probabilidad, una de las mejores traslaciones a la gran pantalla de una famosa serie de televisión, junto con la excelente “Los intocables de Elliot Ness – The untouchables, 1987” que llevó a cabo con gran éxito Brian de Palma (sobre del resto de infructuosos intentos de llevar series de televisión al cine, más vale correr un tupido velo). Dirigida con notable eficacia por Andrew Davis (quien ya había demostrado su talento para films policíacos y de acción como “A la caza del lobo rojo – The package, 1989” o esa especie de imitación de cualquier entrega de “Jungla de cristal”, a mayor gloria de un hoy olvidado Steven Seagal, que es “Alerta máxima – Under siege, 1992”), “El figutivo” es un excelente largometraje repleto de intriga, secuencias trepidantes y, por encima de todo, una historia con muchísimo gancho.


    El doctor Richard Kimball (Ford) es acusado del asesinato de su mujer. A pesar de declarase inocente, proclamando que el responsable del crimen es un hombre manco, Kimball es condenado a muerte. Sin embargo, mientras es trasladado a la prisión en la que debe aguardar la ejecución de la sentencia, su autobús sufre un aparatoso y espectacular accidente, gracias al cuál, tanto Kimball como otros presos, consigue escapar. Será entonces cuando decida investigar por su cuenta quién es el responsable del asesinato de su esposa, y por qué lo han acusado a él. Mientras tanto, Sam Gerard (Jones), un implacable agente de la ley, procurará por todos los medios detenerle y llevarlo de nuevo ante la justicia, para lo que no dudará en realizar un asombroso despliegue policial.


    Cierto es que también es exagerada la admiración profesada por “El fugitivo” desde que se estrenó, hace ya casi veinte años (¡cómo pasa el tiempo!) y que, contrariamente a lo que pudiera pretender el film, puede pecar un poco de sobreestimado. Es verdad que el largometraje consigue ganarse el aprecio del público, al que cautiva con su historia de suspense y puesta en escena emocionante. Sin embargo, no hay que olvidar que, aparte de su elaborado guión, “El fugitivo” no deja de ser un puro entretenimiento, diseñado y hecho explícitamente para divertir a las audiencias (caso aparte es la muy creíble actuación de Tommy Lee Jones como inasequible agente de policía, galardonada con el Oscar al mejor actor de reparto en la edición de aquel año) y hacer pasar un buen rato al espectador. Por consiguiente, sí que da la sensación de que se ha querido aupar a esta película por encima de otras con mucha más calidad como largometraje hecho que, desde un punto de vista más neutro, es exagerado.


    No obstante, ello no debe ser impedimento para que “El fugitivo” sea un pasatiempo muy agradable de disfrutar. Andrew Davis se esfuerza lo suficiente como para no dejarse tentar por la violencia explícita (que podría estar más que justificada en un film de estas características) para centrar la acción en la odisea que vive el protagonista principal, logrando que la puesta en escena haya servido de base para muchas de las prescindibles imitaciones que se han realizado desde entonces a partir de argumentos más o menos disimulados, pero que beben de “El fugitivo”. Por lo que respecta a esta película, como ya hemos apuntado, es un divertimento excelente, lleno de emoción, intriga y acción. Para disfrutar de un buen espectáculo servido con gracia y acierto pero, no por ello, más trascendente.



  • MR. HYDE DICE:

  • ¡Qué tiempos aquellos en los que Harrison Ford hacía películas que eran un éxito y que estaban de lo más chulas y entretenidas! A quien se le diga que el que lo petó haciendo pelis como ésta o las tres primeras de Indiana Jones iba a acabar haciendo mierdas del calibre de “Hollywood: Departamento de homicidios – Hollywood Homicide, 2003”, “Morning glory – Morning glory, 2010” o “Cowboys y aliens – Cowboys vs. Aliens, 2011” le costaría de creer. En fin, por suerte, siempre nos quedarán películas como “El fugitivo”, donde no sólo da la sensación de que se preocupa un poco por querer actuar, sino que la peli consigue atraparte desde el principio con esa historia estupenda de suspense, traiciones y falsos culpables.


    Yo ni recuerdo ni he visto nunca la serie original en la que se basa “El fugitivo”, pero vamos, que tampoco hace falta para entender el argumento de la película, ni para pasártelo pipa con la huida e investigación que tiene que hacer el pobre hombre para averiguar quién ha matado a su mujer. La peli, además de estar muy bien hecha (no os perdáis la ya famosa escena del accidente autobús y el descarrilamiento del tren), es trepidante. Tiene una historia muy muy interesante, no cayendo en la trampa de darlo todo bien masticadito, sino que tienes que estar atento para seguir bien las pistas que el doctor va encontrando, y que cada vez vas viendo más por dónde van los tiros para saber quién es el malo de turno y, sobretodo, por qué. Eso creo yo que es lo bueno que tiene “El fugitivo”, que no se contenta con ser una simple película de acción centrada en cómo huye uno y cómo lo persigue otro, sino que todo gira alrededor de la investigación que hace Harrison Ford para saber quién le ha tendido semejante trampa.


    Por supuesto, ni qué decir tiene que los momentos de suspense están diseñados al milímetro para hacer que te cojas bien al sillón (cuando el doctor se cruza con un policía en un hospital después de haberse cambiado de ropa y afeitarse, cuando él se hace pasar por un encargado de limpieza para averiguar cosas sobre la prótesis del hombre manco en el ordenador de otro hospital...) y, evidentemente, las escenas de acción no se quedan atrás. De las mejores, aparte de la que ya os decía antes del autobús, es estupendo el momento ese en el que el fugitivo le echa un par de huevos y se mete en el mismísimo edificio de la policía para obtener una información, y la caza de la que tiene que escapar después cuando el policía que le persigue se da cuenta de ello (eso y cómo se camufla después en mitad de un desfile es impresionante), o toda la parte final en el tejado y lavandería de un hotel. Eso sí, llama la atención que el director que ha sabido hacer de “El fugitivo” una peli tan entretenida sea el mismo que antes ya había hecho dos películas de Steven Seagal –ahí es nada, colega-, pero bueno, supongo que la práctica le ha funcionado bien, porque el resultado es estupendo.


    Lo único malo así que le veo yo es que toda la historia es un pelín liosa sin no estás al quite. No tiene por qué ser una desventaja precisamente, pero sí que es verdad que lo podían haber hecho un poco más sencillo para no tener que andar liándote con nombres de personajes que salen poco, o con momentos que no quedan del todo claro (por ejemplo, ¿por qué coño dice la mujer, ya medio moribunda, “Richard quiere matarme” en el contestador de la policía? ¿Está tonta o qué?). Y que, por supuesto, que aunque quieran hacer escenas espectaculares, también se tiran el pedo cerebral un poco exagerado: ves y tírate tú de lo alto de una presa así a pelo, y a ver si resulta que ni te rompes una uña. Pero vamos, que tampoco importa mucho porque “El fugitivo” no pretende ser más que un entretenimiento de primera, cosa que consigue de sobra. Si no la habéis visto (creo que la pasaron por la tele hace poco), y tenéis ocasión, es la película perfecta para pasar un rato distraído y muy enganchado a una historia trepidante.




    martes, 10 de abril de 2012

    CINE DE LOS 80: "E.T. - EL EXTRATERRESTRE"

    TÍTULO: E.T. - EL EXTRATERRESTRE

    DIRECTOR: STEVEN SPIELBERG

    REPARTO: HENRY THOMAS, DREW BARRYMORE, PETER COYOTE, DEE WALLACE, ROBERT MAC NAUGHTON

    DURACIÓN: 114 min.

    AÑO: 1982

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR JEKYLL DICE:

  • Desde que, a finales de la década de los setenta, el público manifestara su hambre de cine de ciencia ficción, a través de la buena acogida que tuvieron crítica y comercialmente largometrajes como “La fuga de Logan – Logan’s run, 1976”, “La guerra de las galaxias – Star wars, 1977” o “Encuentros en la tercera fase – Close encounters on the third kind, 1977”, las producciones cinematográficas parecieron querer centrarse en la ya explotada temática del ser extraterrestre que, tras un aparatoso accidente, trata de volver desesperadamente a su nave / planeta de origen a pesar de que las fuerzas armadas terrestres (norteamericanas en el noventa y nueve por ciento de los casos) se lo ponen complicado. Sin embargo, de todas ellas, la que más repercusión ha alcanzado, incluso a día de hoy, es “E.T. – El extraterrestre”, el film que acabó de consolidar la carrera de Steven Spielberg como uno de los cineastas más importantes de su generación, y como un auténtico mago a la hora de crear mundos fantásticos y dar vida a historias de ciencia ficción y aventuras que han encandilado a espectadores de todo el mundo.


    En un pequeño pueblo estadounidense, una nave espacial efectúa un aterrizaje de emergencia. Antes de que un grupo de hombres del ejército, furetemente armados, consiga llegar al lugar, la nave reemprende la vuelta al espacio, olvidándose durante la maniobra a uno de sus seres. Éste, asustado y abandonado, conseguirá refugiarse temporalmente en la casa de un niño llamado Elliot (Thomas) que, junto con sus hermanos, Gertie (Barrymore) y Michael (MacNaughton), hará lo posible por conseguir que el pequeño extraterrestre consiga reencontrarse con su nave espacial y volver a su casa. Sin embargo, ni los científicos que trabajan para el gobierno ni el ejército se lo pondrá fácil, ya que siguen muy de cerca la pista del pequeño alienígena.


    Como apuntábamos en la introducción, el tremendo éxito de “E.T. – El extraterrestre” parece tener su origen en la buena acogida que había tenido la moda argumental centrada en las aventuras de un alienígena a la hora de encontrar el camino de vuelta a su hogar. Hay quienes, en este tipo de historias, han considerado que se encierra una metáfora de la voluntad humana de encontrar su propia identidad y lugar en el mundo. Afortunadamente, el largometraje de Spielberg no va por ese camino, limitándose a ser una simpática y espectacular producción de ciencia ficción cuyo único propósito es entretener y asombrar al público con su enternecedora historia y grandes efectos especiales. Es más, casi da la sensación de que, por momentos, “E.T. – El extraterrestre” se sirve de argumentos más o menos populares ya explotados años antes en algún que otro largometraje de corte infantil (sirva el ejemplo de, por poner un caso, “El gato que vino del espacio – The cat from outer space, 1978”, con el que “E.T. – El extraterrestre” guarda más de un curioso parecido) para presentar una nueva versión de tan conocida historia.


    De hecho, una de las consecuencias más directas de semejante éxito fue la aparición inmediata de otros films considerados pseudo-imitaciones de “E.T. – El extraterrestre” como, por ejemplo, “El vuelo del navegante – Flight of the navigator, 1986”, “Mi amigo Mac – Mac and me, 1988”, u otras producciones de serie B, en las que se repetían no solo los mismos patrones que en la película de Spielberg sino que, en más de una ocasión, casi hasta se calcaba el argumento (el ejemplo más reciente lo tenemos en “Súper 8 – Super 8, 2011”, que llegó a los cines el verano pasado, con una temática más que similar). Por supuesto, ninguno de ellos consiguió resultados ni remotamente parecidos aunque, no por ello, dejó de ser uno de los largometrajes más taquilleros de la historia del cine (decisión un tanto exagerada, habida cuenta de que no se trata más que de un simpático film de ciencia ficción). En cualquier caso, sea como fuere, de lo que no hay duda es de que “E.T. – El extraterrestre” supo aprovechar el momento para desarrollar una hermosa historia de amistad incondicional entre dos naturalezas aparentemente antagónicas pero que, terminad por complementarse.


    En cuanto a los momentos más destacables de la película pues, por supuesto, cabe resaltar todos aquellos que envuelven a los niños y a ET (desde el famoso “mi casa, teléfono”) pasando por los que abarcan toda la huida final para rescatar a ET. También resulta divertido, en cierto modo, ver actuando a jóvenes intérpretes que, posteriormente, han continuado su trayectoria profesional en el cine, como es el caso de Drew Barrymore o Henry Thomas. Por lo demás, cierto es que “E.T. – El extraterrestre” es una película destinada a contentar a un público más infantil y, de paso, a ser un intento de lo más logrado de realizar una película que resulte ser una acertada combinación de cine de aventuras familiar y ciencia ficción.



  • MR. HYDE DICE:

  • Bueno, parece que ya iba siendo hora de hablar de una de las pelis más importantes de los ochenta. Y lo de importante lo digo porque el pelotazo descomunal que fue en la taquilla y por la importancia que parece tener aún hoy en día, que ya han pasado treinta años desde que salió. Ahora bien, lo que son las cosas, dos o tres veces que me la he visto, y “E.T. – El extraterrestre” sigue pareciéndome un petardo de cojón de mico. Sé que puede parecer raro que sea yo quien diga eso, que me encanta Spielberg (al menos el de los años ochenta y noventa, cuando hacía películas que merecían la pena), y que me papo las pelis de efectos especiales como quien se suena los mocos. Pero chico, qué puedo decir, tanto cuando la vi en el cine siendo un renacuajo, hasta las catorce mil veces que la han pasado por la tele, “E.T. – El extraterrestre” me ha parecido siempre de lo más sosa, tonta y carente de emoción (vamos, que ni cuando Elliot llora pensando en lo que le estarán haciendo a ET o con ese final sentimentaloide se me humedecían los ojillos).


    Por supuesto, la repercusión que ha tenido “E.T. – El extraterrestre” ha sido enorme, y pocas son ahora las personas que no sepan de qué película estamos hablando. También estoy de acuerdo en que ésta fue la peli que puso más de moda el tema del típico bicho alienígena que se estampa en La Tierra y que, con ayuda de cuatro terrícolas (casi siempre niños) consigue volver a su nave y regresar a su planeta. Y sí, vale que la música de John Williams es una de las más conocidas –aunque a la mitad de la gente le suene, pero no sepa identificar que es de esta película-, al igual que la imagen del niño volando con la bici por delante de una luna gigantesca. Pero vamos, que por muy bonito que sea el papel de adorno, lo de dentro sigue siendo lo mismo. No sé si será por toda la ristra de películas parecidas que hicieron después de ésta o qué pero, al final, la historia ya cansa, dando la sensación de que no paran de contar lo mismo una y otra vez.


    Otro problema que le veo a “E.T. – El extraterrestre” es que se ha resentido un huevo con el paso del tiempo. Puede que cuando salió hace tres décadas fuera el no va más, pero ahora el monigote que hace de ET más bien parece el ninot cutre de una falla que no un alien perdido en nuestro planeta. Y lo mismo vale para todo lo que no tiene que ver con una nave espacial, que son efectos especiales currados para hace un tiempo, pero a los que no les pasa como con los de, por ejemplo, cualquier entrega de la primera trilogía de “La guerra de las galaxias”, donde hasta las patillas setenteras de los soldados imperiales quedan bien. Supongo que el éxito tan tremendo de esta peli se debe en parte a la moda que parecía gustar a la gente cada vez que se estrenaba una historia de marcianos de este calibre, como había pasado antes con “Encuentros en la tercera fase”… ves y busca.


    De todos modos, aunque a mí me pareciera un coñazo, reconozco que tiene su punto interesante, al menos para quienes les guste este tipo de historias. Para empezar, está muy bien recogida la relación de amistad de los chavales con el alienígena que, por su parte, no se muestrea hostil en ningún momento, sino más bien lo contrario, y cómo lo aceptan con un poco de canguelo al principio pero, luego, como si fuera una mascota más. Por ejemplo, tiene su gracia el momento en que lo intentan camuflar dentro de la casa, escondiéndolo en los lugares más típicos, o como cuando lo disfrazan para la fiesta de Halloween como si fuera una vieja de película de miedo. Aparte de eso, también está muy bien hecha la parte menos amable de la peli, como cuando los del FBI o de la CIA o de donde coño sean intentan echarle el guante al alien y hacerle todo tipo de experimentos. Reconozco que son momentos que, hasta para un crío, debe impresionar (ese perímetro de seguridad que montan lleno de tubos y laboratorios raros). Pero, aparte de esto, ya os digo que a mí me pareció un petardo de película, donde más es la fama que se le ha hecho con el paso del tiempo, que no por lo divertido y entretenida que pueda ser la película. En fin que, como suele pasar, para gustos los colores.