lunes, 11 de junio de 2012

CERRADO POR VACACIONES

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Queridos bloggeros,

    Como todos los años, mi querido amigo Hyde y un servidor nos vamos a tomar unos días de descanso.

    Sin embargo, la semana que viene volveremos con muchísimas más películas para criticar, y con el deseo constante de que disfrutéis con nuestros comentarios y aportéis también los vuestros.

    ¡Hasta muy pronto!

  • MR. HYDE DICE:
  • ¡Qué pasa nenes!

    Pues sí, el carroza de arriba y el menda se piran una semana a hacer el perro a base de bien.

    Pero no os despistéis, que aquí todavía hay cine para rato y, sobretodo, mucho "toque especial de la casa made in Hyde", jeje.

    ¡Nos vemos gente! ¡¡Id al cine!!

    domingo, 10 de junio de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "ANÁLISIS FINAL"

    TÍTULO: ANÁLISIS FINAL

    DIRECTOR: PHIL JOANU

    REPARTO: RICHARD GERE, KIM BASINGER, UMA THURMAN, ERIC ROBERTS, PAUL GUILFOYLE, KEITH DAVID

    DURACIÓN: 120 min.

    AÑO: 1992

    GÉNERO: SUSPENSE

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • La sombra de los grandes genios es muy alargada. Desde que Alfred Hitchcock sentara las bases de lo que ha acabado siendo el noventa y mucho porciento del thriller posterior, son incontables los intentos de realizar una buena película de suspense que se encontrara remotamente cerca del estilo creado por el gran maestro. "Análisis final", por desgracia, no es una de las excepciones aunque, como largometraje de suspense, cabe reconocerle la estupenda habilidad que tiene para lograr crear una atmósfera malsana de sospechas e intriga que consigue atrapar al espectador en un mar de traiciones, equívocos y revelaciones sorprendentes.

    El doctor Isaac Barr (Gere) es un psiquiatra con una considerable reputación dentro de su gremio. Una de sus pacientes es Diana Baylor (Thurman) una frágil muchacha que vive obsesionada por las pesadillas que la asaltan y una infancia traumática en la que fue testigo de la muerte de sus padres. Con el fin de ayudarla, Isaac accede a conocer a la hermana de ésta, Heather (Basinger) quien, a su vez, está casada con un peligroso y violento mafioso llamado Jimmy (Roberts). Cuando Isaac y ella inician una tórrida aventura, pocos podrán predecir las consecuencias que tendrán sus actos, empezando por un misterioso asesinato.

    Si hubiera que definir "Análisis final" con una palabra, ésta podría ser, perfectamente, misteriosa. El largometraje dirigido por Phil Joanu contiene todos los elementos de los thrillers clásicos al más puro estilo de "Vértigo (De entre los muertos) - Vertigo, 1958", empezando por esos títulos de crédito premonitorios en los que se describe la pesadilla que Diana le cuenta una y otra vez a su psiquiatra, pasando por la sugerente música del irregular George Fenton (y que, por momentos, parece querer imitar el estilo del maestro Bernard Herrmann) en la escenografía (el faro de San Francisco, parece salido de la obra maestra protagonizada por James Stewart, al igual que sucedía en aquella con un viejo monasterio) y, muy especialmente, al entramado tan complicado como atractivo del guión escrito por Wesley Strick.

    Es precisamente, en el libreto donde quedan contemplados muchísimos aspectos que tienen su razón de ser en el gigantesco puzzle en el que se convierte el film. Desde la suplantación de identidades, pasando por la aparición de los falsos culpables, los asesinatos premeditados y, por supuesto, secuencias de auténtico nervio (el instante en el que Heather relata los hechos en el psiquiátrico en el que está ingresada ante la impasible mirada de su hermana y su amante, el robo de una prueba fundamental para el destino de uno de los personajes, o los pocos segundos de ventaja de los que dispone uno de los personajes para evitar que le acusen de asesinato). En "Análisis final", todos estos detalles quedan contemplados de una forma sorprendente, y cuya única intención no es otra que sorprender al público y provocar que el espectador se quede asombrado ante los giros imprevisibles que da la historia.

    Por el contrario, cierto es que existen ciertos aspectos del film que hubieran podido trabajarse más a fondo (por ejemplo, la facilidad que tiene uno de los personajes de evadirse del recinto en el que se encuentra confinado, o el final en el faro, entre una portentosa tormenta, pretende ser tan espectacular que acaba por parecer falso en exceso). Al mismo tiempo, puede dar la sensación, en algún que otro momento, que los responsables del film han querido dejar la historia excesivamente atada, sin ningún cabo suelto que estimule la imaginación del público.

    No obstante, a pesar de ello, "Análisis final" es una película que pasó por la cartelera con más pena que gloria y que, revisada de nuevo, aún continúa sorprendiendo al espectador, y enganchándolo hasta el último segundo de película. Así pues, "Análisis final" se convierte en un largometraje de lo más recomendable y, asimismo, en una buena película de intriga y suspense.

  • MR. HYDE DICE:
  • Me encanta "Análisis final". A pesar de que la peli tiene título de bodrio de sobremesa de sábado después del telediario, "Análisis final" es un peliculón de intriga cojonudo, de ese tipo de películas que te tiene intrigado desde que empieza hasta la última escena. La historia está muy bien llevada, y cada uno de los actores lo borda haciendo lo suyo: Richard Gere de guapetón que la caga y tiene que apretar el culo para no pagar las consecuencias, Kim Basinger de mujer fatal que te da más de una sorpresa, y Uma Thurman más o menos lo mismo. Pero lo mejor son los giros tan guapos que tiene la historia, desde los detalles que parecen tener poca importancia -y que, al final, mira por dónde que sí la tienen-, hasta la forma de hacer que la película sea tan amena.

    Para empezar, el argumento y la historia son estupendos. Ya desde que el temita empieza en la consulta del psiquiatra, con esa mujer que tiene pinta de estar zumbada, contando sus sueños, hasta cuando aparece Kim Basinger (que está como un quesito) para liar más el asunto, ya intuyes que va a pasar algo en cuanto el doctor se líe con la hermana. Además, la tía está casada con un gangster de los burros, así que como para toserle a la cara. A partir de aquí, "Análisis final" me parece una combinación muy chula de "Fuego en el cuerpo - Body heat, 1981" y cualquier película de Hitchcock, sobretodo desde que se empieza a destapar el pastel y no te queda otra que agarrarte bien fuerte mientras ni parpadeas.

    Otra cosa que también está chulísima es la ambientación. Los escenarios que han escogido para rodar la peli son los mejores que podían haber elegido. San Francisco le va que ni pintada a la historia (no os perdáis lo que pasa en un plis-plas con una bolsa que lleva Kim Basinger), igual que el faro ese tan grande en el que acaban pasando cosas importantísimas, o el hospital psiquiátrico que tiene más pinta de cárcel de tercera que no de centro médico.

    Además, cada actor se sale por la puerta grande. Richard Gere no luce tanto porque, al fin y al cabo, hace de Richard Gere. Pero Uma Thurman, haciendo de hermana "manejable" y, sobretodo, Kim Basinger haciendo de femme fatale están increíbles. Y, como os decía al principio, el truco está en los detalles. "Análisis final" es una peli en la que cada cosita, por pequeña y casual que parezca está calculada milimétricamente para que tenga algo muy importante que ver en lo que acabará pasando después (una receta médica, un jarabe para la tos, una escenita en un restaurante, unas pesas...). En fin, que tampoco os puedo contar mucho más porque os cagaría la sorpresa final -que la tiene, y creedme si os digo que es de las buenas-. Así que lo mejor que podéis hacer es estar al loro por si la pasan por la tele o tenéis suerte de encontrarla en alguna tienda, que no costará más de cuatro perras. A mí, desde luego, me encantó.

    CINE EN CARTEL: "HOMBRES DE NEGRO 3"

    TÍTULO: HOMBRES DE NEGRO 3

    DIRECTOR: BARRY SONNENFELD

    REPARTO: WILL SMITH, JOSH BROLIN, TOMMY LEE JONES, EMMA THOMPSON, ALICE EVE, BILL HARDER

    DURACIÓN: 103 min.

    AÑO: 2012

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Cuando, a finales de los años noventa, se estrenó “Hombres de negro – Men in black, 1997”, el film protagonizado por Will Smith y Tommy Lee Jones, y dirigido por Barry Sonnenfeld, se convirtió en un tremendo éxito de crítica y público, cosechando, entre otros reconocimientos, una nominación al Globo de Oro en el apartado de mejor película comedia / musical, y un Oscar a sus efectos de maquillaje. Unos años más tarde, se estrenaba una segunda parte, mucho más cara pero con resultados notoriamente inferiores a la original. Esta semana, diez años más tarde, se estrena en nuestras pantallas la tercera parte de las aventuras de los agentes K y J, con la clara intención de, como mínimo, obtener unos resultados igual o mejores a los alcanzados con las anteriores entregas.

    Los agentes K (Jones) y J (Smith) siguen siendo dos de los mejores “hombres de negro”, encargados de que la armonía entre la Tierra y los alienígenas se mantenga estable. Cuando escapa de su cautiverio en una prisión lunar el peligroso Boris el Animal (Clement), éste amenaza con viajar al pasado y eliminar al agente K, responsable de su detención y de la amputación de uno de sus brazos. Cuando esto sucede, la agente O (Thompson) le asigna al agente J la misión de viajar también al pasado y evitar el suceso. Lo que J no espera es encontrarse con una versión de K igual de estricta que el mayor (Brolin). Juntos deberán hacer frente a una situación que amenaza con destruir la Tierra.

    “Hombres de negro 3” es una demostración más de lo que sucede cuando, desde Hollywood, se decide exprimir la gallina de los huevos de oro todo lo que pueden y más. Tras dos primeras partes de resultados bastante irregulares (coincido plenamente con mi amigo Hyde en este punto), la producción de “Hombres de negro 3” no puede entenderse sino como un intento descarado de querer hacer caja –estudios, artistas y demás-, sin importar que el guión sea una mera excusa para volver a aplicar una fórmula que tan buenos resultados ha dado en el pasado, al menos desde el punto de vista económico. De hecho, no hay más que echar un vistazo atrás para darse cuenta de que la primera parte arrasó en la taquilla hace ya la friolera de quince años y que, la segunda, llegó a los cines una década atrás.

    Por consiguiente, “Hombres de negro 3”, si no respondía a criterios puramente monetarios, sólo se podía explicar como una intención evidente de introducir algún elemento innovador bien en la trama bien en su puesta en escena. Sin embargo, tras comprobar el resultado, estamos en posición de afirmar que ni uno ni lo otro. “Hombres de negro” es un largometraje que sigue paso por paso exactamente lo mismo que en las partes anteriores. Cierto es que, gracias a la situación de parte de su acción en una época pasada, el film no resulta tan monótono como la primera secuela, lo que le permite jugar con ciertos aspectos cómicos que funcionan entre el público (la secuencia en que dos policías paran al agente J porque está conduciendo un coche demasiado elegante para ser negro, por ejemplo). Sin embargo, el resto del film se apoya en las gracias pensadas exclusivamente para el lucimiento personal del señor Will Smith (por otra parte, buen intérprete cuando quiere), y en los efectos de maquillaje a través de los que se recrea la existencia de criaturas extraterrestres. Ahora bien, el detalle que llama la atención es que Tommy Lee Jones tan sólo aparece en el film durante un máximo de diez minutos, a pesar de que su personaje sí que lo hace (en la versión joven) durante muchísimo más metraje –los motivos especulativos de por qué tal decisión, será mejor dejarlos de lado, al igual que la breve aparición de una reputada actriz como Emma Thompson-.

    Aparte de ello, el resto de “Hombres de negro 3” es una mera acumulación de secuencias lo suficientemente entretenidas como para hacer que el espectador se pueda distraer durante poco más de hora y media (el tiroteo en un restaurante oriental, la persecución del villano a bordo de unas motocicletas de lo más sofisticadas, la colocación del escudo protector en la punta del Apolo XI), aunque sin ser demasiado consciente de que le están dando a comer el mismo cocido con distinto plato, si me permiten la metáfora culinaria. O, como mínimo, hasta que se encienden las luces de la sala y el público, poco a poco, comienza a ser consciente de ello.

  • MR. HYDE DICE:
  • Cuando empezaron a anunciar que se estrenaba la tercera parte de “Hombres de negro”, lo primero que pensé fue “¿Pa qué?” La primera parte era simpática, pero tampoco como para tirar cohetes. La segunda, era una chorrada descomunal, con un par de gracias sueltas –y eso sin uno no era muy exigente-. Así que, la verdad, esperaba que ir a ver la tercera parte no fuera una pérdida de tiempo. Por suerte, “Hombres de negro 3” no es la chufla que pensaba que iba a ser, así que podéis respirar tranquilos (no hace falta que os preguntéis por qué, si pensaba que iba a ser una mierda, fui a verla; es una historia muy larga y paso de contarla), aunque ya os digo que ni descubre América, ni es un peliculón de esos que te dejan flipados. Es más, si os da pereza ir a verla al cine, no llegáis a tiempo antes de que la quiten o, directamente, pasáis de gastaros las siete u ocho chapas que cuesta la entrada, estoy seguro que vista en la tele de casa queda igual de bien.

    “Hombres de negro 3” empieza con un caso de esos alienígenas que tienen que resolver K y J, y con la fuga del malo de la función de una cárcel espacial. Vamos, que lo mismo que las otras dos partes de antes. Hasta aquí poca novedad. Distracción suficiente, pero poca novedad. Lo más o menos original viene después, cuando empiezan a montarse los viajes al pasado, teniendo en cuenta que uno de ellos sabe más o menos qué es lo que va a pasar, y el otro es una versión del mismo tío taciturno (para los de la E.S.O., “taciturno” = “pavo con cara de pocos amigos, tirando a pinta de bajón”) que el que ya conocíamos de viejo. A partir de aquí, la cosa se pone algo más interesante, con las gracias habituales de Will Smith queriendo demostrar que no hay tío más cachondo que él –lo que, dicho sea de paso, tampoco hace tan mal-.

    Ahora, lo que sí me queda claro después de ver “Hombres de negro 3” es que no hacía ninguna falta que se gastaran un huevo de pasta haciendo esta película, que seguro que es un porrón (Will Smith no es que tenga mucha pinta de ser de los que cobran dos duros). Más que nada porque, aparte de hacerte pasar un rato entretenido, no te cuenta nada nuevo, ni es la pera limonera en temas de efectos especiales o cosas parecidas. Sí que tiene algún que otro momento currado, pero no es nada que se te quede grabado en el hipotálamo. A mí, por ejemplo, me hizo gracia el trozo ese en el que aparece Andy Warhol para descubrir que se trata de un agente de los hombres de negro infiltrado (se sale cuando dice que quiere cambiar de misión porque ya no tiene inspiración y sólo pinta cuadros de plátanos y latas de sopa), o que en la pantalla que tienen en el cuartel general donde aparecen los aliens que hay pululando por la Tierra aparecen Lady Gaga y Tim Burton. ¡Juas! Es más, reconozco que toda la parte final con el lanzamiento del cohete ese desde Florida te engancha hasta que acaba porque ahí sí que han sabido darle el ritmillo ese en plan peli de aventuras y de acción.

    Pero bueno, en pocas palabras, que “Hombres de negro 3”, por muy distraída que pueda ser, es una tontuna, de las que ves en la tele de tu casa si no tienes nada mejor que hacer y la diferencia con verla en cine es exactamente la misma. Así que, si sois muy fans de Will Smith, pues vosotros mismos pero, para los demás, estad tranquilos, no hace falta que corráis despendolados al cine más cercano.

    viernes, 8 de junio de 2012

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "J. EDGAR"

    TÍTULO: J. EDGAR

    DIRECTOR: CLINT EASTWOOD

    REPARTO: LEONARDO DICAPRIO, JUDI DENCH, NAOMI WATTS, JOSH LUCAS, ARNIE HAMMER, DERMOT MULRONEY, LEA THOMPSON

    DURACIÓN: 137 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • En anteriores ocasiones, hemos destacado y alabado la trayectoria de Clint Eastwood tanto en su faceta de intérprete como, muy especialmente, en la de realizador. No sólo es capaz de filmar películas con una rapidez y destreza de libro, sino que la calidad de las mismas se encuentra siempre fuera de toda duda. En su última propuesta, Eastwood ha tomado como base el guión escrito por Dustin Lance Black (ganador del Oscar por su libreto de “Mi nombre es Harvey Milk – Milk, 2008”) para realizar su personal biopic acerca de uno de los personajes más poderosos del pasado siglo, en lo que al ámbito político y policial se refiere: J. Edgar Hoover, director del FBI durante más de cuatro décadas. Para ello, Eastwood ha contado con la participación de un Leonardo DiCaprio cada vez más inspirado, y con una recreación excelente.

    John Edgar Hoover (DiCaprio), hijo de una mujer bien posicionada socialmente (Dench), comienza a trabajar como asistente del fiscal del distrito en Washington. Poco a poco, y gracias a su especial intuición y pericia, Hoover consigue ascender dentro de la fiscalía, hasta pasar a trabajar directamente para el Gobierno de la nación. Será entonces cuando, gracias a la complicidad inestimable de su secretaria, Helen Gandy (Watts) y a la colaboración de su asistente -y amigo íntimo-, Clyde Thompson (Hammer), Hoover convierta al FBI en la agencia que es hoy en día, teniendo que hacer frente a numerosos inconvenientes políticos y casos complejos para conseguir mantenerse al frente del poder.

    “J. Edgar”, lamentablemente, es una de las obras menores en la filmografía de Eastwood. Sin ánimo de criticar la excelente labor tras las cámaras que suele realizar el octogenario cineasta, lo cierto es que los últimos largometrajes que ha estrenado Eastwood parecen carecer de la garra que ha caracterizado a algunas de sus anteriores films. En lo que a “J. Edgar se refiere” la película falla en un elemento fundamental: el guión. Más planteado como el resumen de la vida de un político que no sobre la evolución y los logros conseguidos por el personaje, “J. Edgar” resulta ser un rápido vistazo (aunque no tan rápido, a tenor de las dos horas y cuarto que dura) a algunos de los momentos más significativos de dicho personaje. Ahora bien, allá donde otros largometrajes similares suelen hacer hincapié en elementos tales como la epicidad del relato o en la dificultad que le supone al personaje superar determinados obstáculos, “J. Edgar” se decanta más por la simplicidad argumental, limitando los pocos momentos realmente interesantes que posee a unos cuantos episodios sueltos (en enfrentamiento entre Hoover y Robert Kennedy, la inversión en investigación y desarrollo del laboratorio de análisis que ordena construir, el caso del secuestro de uno de los hombres más poderosos del panorama de la época, etc.).

    Por otra parte, tampoco ayuda en exceso a la película que “J. Edgar” dé constantes saltos adelante y atrás en el tiempo, resultando complicado seguir ciertos pasajes -sin ir más lejos, se alterna la juventud del personaje con diversos instantes de su madurez que no suceden al mismo tiempo (la redacción de sus memorias, y posterior caída de Hoover)-, o que el film deje sin respuesta muchos de los interrogantes que plantea (la homosexualidad de Hoover, la resolución del caso de secuestro, las circunstancias que propician su ascenso dentro de la Agencia, la realidad sobre las memorias que dicta al biógrafo…).

    No obstante, aparte de esto, hay que admitir que “J. Edgar” contiene otros elementos remarcables. Para empezar, las interpretaciones de todo su reparto (lástima que Naomi Watts, que es muy buen actriz, se vea tan limitada a un personaje con pocas ocasiones de lucirse), haciendo mención especial de un DiCaprio totalmente convincente durante todo el metraje (ver la secuencia en que realiza entrevistas a una serie de agentes con el fin de contratar sólo a lo mejor de lo mejor, o como cuando su madre le obliga a recitar una serie de frases ante el espejo para corregir su tartamudez). Asimismo, la puesta en escena de Eastwood, con independencia de las limitaciones del libreto, destaca por su elegancia y sencillez (tal vez la fotografía de Tom Stern, su colaborador habitual, resulte en exceso oscura), haciendo que cada movimiento de cámara ayude al público a seguir la acción.

    En resumidas cuentas, “J. Edgar” decepciona si el espectador espera encontrarse con un relato épico acerca de una de las figuras clave de la política y policía estadounidense, en la línea de otras producciones que priman en carácter heroico del personaje (y sus actos). En realidad se trata de un rápido vistazo a los actos que condicionaron el comportamiento del personaje, más que una oda a la importancia de los mismos. Por lo demás, “J. Edgar” a pesar de su corrección, puede resultar un film demasiado frío, de la clase de largometrajes que merece la pena ver en formato doméstico –sale esta semana en alquiler- mucho más que en la gran pantalla.

  • MR. HYDE DICE:
  • Me encantan las pelis de Clint Eastwood. En serio, tanto en las que actúa como, sobretodo, las que dirige. De hecho, me parece uno de los mejores directores y actores que hay ahora mismo haciendo películas –eso por no mencionar que, con más de ochenta años, aún es capaz de seguir dando lecciones a más de uno-. Por eso, me cuesta entender por qué, de vez en cuando, dedica su esfuerzo (a su edad, supongo que ya será bastante) a hacer pelis que no hacían ninguna falta. Las de la Segunda Guerra Mundial que rodó hace unos años, aunque no fueran nada del otro mundo, sí que estaban bien y, por supuesto, esa obra maestra –al menos para mí- que es “Gran Torino – Gran Torino, 2009”. Hasta la de Nelson Mandela y el rugby estaba chula. Pero que, después, el hombre se casque una parida descomunal como “Más allá de la vida – Hereafter, 2010” o, ahora, “J. Edgar”, pues me deja de piedra. Y no porque sean malas (el abuelete sabe de sobra cómo hacer interesante hasta la castaña más absoluta), sino porque, como dice mi padre, para ese viaje no hacían falta alforjas.

    “J. Edgar” no es una película en plan biográfica como lo suelen ser la mayoría de las que se hacen sobre personajes históricos. En primer lugar, porque la historia se centra en un tipo bastante repelente, que no caía muy bien a la gente de la que se rodeaba (normal, teniendo en cuenta que el tío conocía la mierda de casi todo el mundo) y que, además, en su día fue una figura polémica que tenía en jaque a los comunistas –que esa es otra, porque con la de rogelios que hay ahora, como para hacer una peli en la que les tocan los cojones; menos mal que no la ha hecho aquí en España, que “fascista” era lo menos que le iban a decir-. ¿Qué quiere decir eso? Pues que el tío sobre el que te vas a ver una película de dos horas y cuarto no te va a caer ni bien ni simpático, cosa que creo que es una de las mayores cagadas que puedes hacer cuando quieres contar una historia.

    De lo que no hay duda, es de que Leonardo DiCaprio, con todo lo mal que me caía al principio de hacer pelis, es un actorazo como la copa de un pino. El pollo se mete en su papel de forma brutal, haciendo que te creas que puede ser tanto un maníaco obsesivo de veinipocos años como un viejo con más años que la tos. Pero claro, no es lo mismo que te guste ver cómo actúa el amigo DiCaprio cuando la peli es entretenida que cuando es un poco… sosa. Sí, supongo que ésa sería la palabra que mejor define “J. Edgar”: sosa. Los decorados, vestuario y todo eso está genial, igual que las actuaciones. Pero la historia es una tontería como un castillo. No te cuenta nada de nada, aparte de los tejemanejes que tenía este señor para controlarlo absolutamente todo, y saber hasta la talla de calzoncillos que usaban los políticos y demás. Y, claro, eso durante dos horas, se te hace un poco coñazo. Es como si “J. Edgar” fueran partes sueltas de su vida, desde los inicios hasta su muerte, pero sin nada que haga que te interese, por lo que te da igual que el resto de cosas las hayan reproducido de cojones.

    De todas formas, me da a mí la sensación de que eso es algo que le está pasando con demasiada frecuencia al amigo Eastwood, que sí, que hace pelis como churros, pero creo que alguien le debería decir que mejor se concentre en una buena película que sí te tenga enganchado todo el rato, y que no te la pele lo que pase a los quince minutos. Porque “J. Edgar” –que, repito, no es para nada una mala película- no te atrapa en ningún momento, ni interesa más allá de ver cómo se solucionan dos o tres cosillas (creo que sólo el caso ese del bebé secuestrado). Y si, además, resulta que de donde se podría haber sacado más chica (el asesinato de Kennedy, la persecución a los comunistas radicales con la caza de brujas, cómo hacen que el FBI aumente su poder y se modernice, etc.), lo mencionan así de pasada, como si casi no hubiera pasado. Aunque, mira tú por dónde, sí que se agradece que lo del mariconeo del porta (que perdía bastante aceite), lo cuenten así de discreto.

    Así que, aunque sea el estreno más destacado de la semana en videoclub, “J. Edgar” no es, ni mucho menos para tirar cohetes. Aún así, para los incondicionales de Eastwood supongo que les encantará. Para el resto, no os importará verla, pero tampoco es de las que os pirrará.

    jueves, 7 de junio de 2012

    CINE ACTUAL: "EL LECTOR"

    TÍTULO: EL LECTOR

    DIRECTOR: STEPHEN DALDRY

    REPARTO: KATE WINSLET, RALPH FIENNES, BRUNO GANZ, LENA OLIN, DAVID KROSS, ALEXANDRA MARIA LARA, LINDA BASSETT

    DURACIÓN: 124 min.

    AÑO: 2008

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Hay directores que parecen haber nacido con una estrella a cuestas, pero son pocos aquellos que demuestran merecérsela realmente, a pesar de no tener en su haber una carrera cinematográfica tan consolidada. Stephen Daldry, el realizador británico que llamó poderosamente la atención desde su opera prima, “Billy Elliot (Quiero bailar) – Billy Elliot, 1998”, siendo con sus films posteriores (“Las horas – The hours, 2002” es uno de los más reconocidos) con los que ha obtenido el aplauso de la crítica especializada. Pero lo que ha caracterizado en especial a los pocos largometrajes dirigidos por Daldry es su extraordinaria sensibilidad a la hora de poner en imágenes historias que, en manos de otro director menos elaborado, se habrían convertido en películas sensibleras y repletas de secuencias destinadas a provocar la lágrima fácil en el espectador. De los films de Daldry, “El lector” puede que sea el más complejo de todos, ya que no sólo desarrolla un argumento con el que es complicado que el público se identifique, sino que el resultado es un ejemplo de planificación, sencillez, poesía visual y puesta en escena exquisita. Kate Winslet, en el papel de su vida, es la protagonista.

    Michael Berg (Kross) es un joven muchacho alemán que sobrevive como puede junto a su familia durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial en Alemania. Un día, conoce a una revisora de tranvía llamada Hanna Schmitz (Winslet). Lo que empieza siendo una mera relación de cordialidad, pronto se convierte en una serie de encuentros sexuales que va creando un vínculo muy especial entre ambos. Sobretodo a raíz de la peculiar afición de Hanna de que Michael lea para ella en voz alta. Tras la Segunda Guerra Mundial, y después de licenciarse en derecho, Michael ya es un apuesto joven, que no ha vuelto a tener contacto con Hanna. Sin embargo, un día, con motivo de la celebración de un juicio en el que se procesa a una serie de mujeres con motivo de su participación en el exterminio de judíos en los campos de concentración, Michael se da cuenta de que Hanna es una de ellas, lo que desatará una serie de acontecimientos imprevistos.

    “El lector” es un largometraje dividido en dos partes bien diferenciadas. Por un lado, durante la primera hora, el espectador no sólo asiste a la presentación de los personajes sino que, además, es testigo de la particular relación de amor-odio, por lo que esta mitad vendría a representar la parte más distendida del film (la ducha que le prepara Hanna a Michael tras uno de sus encuentros, la excursión en bicicleta que hacen ambos al campo…). Ahora bien, es durante la segunda hora de metraje –y salvo pequeños incisos de la primera mitad en que la acción da saltos adelanta y atrás en el tiempo-, cuando “El lector” adquiere un carácter más sobrio, dividiendo la acción tanto en el descubrimiento de las cintas grabadas por Hanna que escucha un envejecido Michael (interpretado de forma muy controlada por un excelente Ralph Fiennes) como en la celebración del proceso judicial –en el que Kate Winslet brilla con luz propia (la secuencia en que describe la rutina que tenían en el campo de concentración, y el incendio del molino son, en una palabra, escalofriantes)-. Evidentemente, a pesar de que es esta segunda parte la que mayor densidad posee, desde el punto de vista argumental es complicado no recordar al fantástico tercio final de esa obra maestra que es “Vencedores o vencidos (el juicio de Nuremberg) – Judgement at Nuremberg, 1961”, cuando se debate la culpabilidad de quien no hace nada por evitar el mal.

    Evidentemente, una de las primera impresiones que se pueden tener nada más ver “El lector” es que se trata de una película calculada al milímetro. La calidad de la propuesta queda fuera de toda duda, habida cuenta de que la puesta en escena de Stepehn Daldry es, en una palabra, sensacional. No sólo sabe dónde colocar la cámara, sino que la realización del film es exquisita, y un ejemplo de planificación (la música de Nico Mulhy, la fotografía de Chris Menges, el guión, el montaje…) donde todo encaja a la perfección.

    Ahora bien, su mayor virtud resulta ser también su mayor inconveniente, ya que tal grado de perfección termina por transmitir al espectador una sensación de frialdad y distanciamiento emocional con los personajes y las situaciones en las que se ven envueltos. Sin ir más lejos, el trauma que arrastra el personaje de Michael en su madurez (y en algún momento de su juventud, cuando trata de buscar argumentos que ayuden a Hanna durante la celebración del juicio) o el dramatismo inherente a la vida de Hanna se mantiene constante incluso durante aquellas secuencias en las que ambos comparten la lectura post-coital de numerosas obras (al espectador le es imposible desprenderse de la sensación de que algo terrible está a punto de sucederles). Por ello, a pesar de que “El lector” mantenga el mismo nivel de calidad durante todo su metraje, sí que es cierto que el público puede llegar a sentirse incómodo a causa de la acumulación de tanta situación dramática.

    De todas maneras, independientemente de ello, de lo que no cabe duda es de que “El lector” es una película estupenda, extraordinariamente bien hecha, y una clara demostración de lo que son actuaciones sobresalientes.

  • MR. HYDE DICE:
  • Joer, durilla la película. Desde luego, no es de las que ponerse si lo que quieres es reírte un rato y divertirte. Está muy bien, no digo lo contrario, pero te deja al final con una sensación en el estómago que no tiene nada que ver con el buen rollo. Aunque, claro está, con semejante tema no creo que nadie se fuera a esperar una peli de risa, ¿no? En fin, hablando ya más en serio de “El lector” me parece bastante original de tratar un tema tan delicado como el que te cuenta. Como el rollero de arriba ya ha hablado bastante sobre ello, yo os diré así más directamente lo que me ha gustado y lo que no de la peli.

    Empezando por lo que sí me ha gustado, de entrada, os digo que la actuación de Kate Winslet. No me extraña que le dieran el Oscar, porque la tía lo borda. De hecho, ya iba siendo hora de que se lo dieran, que no es la primera vez que hace un papelón de los guapos (alguien capaz de hacer películas como “¡Olvídate de mí! – Eternal sunshine of the spotless mind, 2006” y “Un dios salvaje – Carnage, 2011” se merece ese premio y muchos más). En “El lector”, la señora Winslet lo dice prácticamente todo con una sola mirada, os lo prometo, desde sentir emoción, amor, decepción, tristeza y mil cosas más (por ejemplo, la frialdad con la que despacha al muchacho cuando ve que se está empezando a enamorar de ella, en contraste con la forma en que se acuesta con él la primera vez y, sobretodo, la primera vez que le pide que le lea). De hecho, se nota que, en la parte final, en la que pasa todo lo del juicio, aunque la maquillan para que parezca más mayor, no le hace ni falta, porque te deja de piedra con decir una sola frase. En serio, sé que puede parecer repetitivo que se diga siempre lo mismo, pero es que es de verdad de la buena. Y, por supuesto, en comparación con ella, el papel que hace el chaval (de joven y de mayor) pues está bien, le sabe mantener el tipo, pero se encuentra en desventaja.

    La segunda cosa que me gusta, es la forma que tienen de contarte la historia. No es la primera vez –ni será la última- en que hagan una película sobre las consecuencias del holocausto judío, y de las perrerías que tuvo que pasar esa pobre gente durante la Segunda Guerra Mundial. Pero sí que es la primera vez (que yo sepa, al menos) en que te lo cuentan desde un punto de vista… no sé, como más poético. Sí, sé que puede parecer raro y hasta dar risa decirlo así. Pero a mí que no me digan que no es poético que un pobre chaval muerto de hambre sea capaz de conquistar a una mujer (o, como poco, de hacer que se sienta atraída sexualmente) con la forma que tiene de mirarla y de leerle. Claro, que toda la parte del juicio sí que es la menos novedosa de todas, porque ahí sí que repiten lo mismo de las otras pelis (la culpabilidad de los que no hicieron nada, las declaraciones de los que fueron prisioneros y pasaron todo un infierno, etc.). Pero, por suerte no se centran sólo en eso, sino en lo que tiene que ver con esa mujer a la que da vida Winslet.

    Lo que ya no me ha apañado tanto de “El lector” es que la peli es un pelín fría. Es como si supieran que el tema que tratan es chunguete, y no quisieran que la peña se sintiera demasiado tocada por ello. Así que supongo que, por eso, hacen que la mujer sea tan distante y que parezca que está tan tarada (fijaos en su reacción cuando ve que el chaval la ha seguido en el tranvía, o como cuando lo tira de su casa sin pensárselo dos veces) y que, aunque sea la protagonista, no le puedas tener toda la simpatía que quieras (cuando está pasando el juicio y te cuentan las cosas que hacían las carceleras, en ningún momento sientes lástima porque ella se haya visto forzada a hacer ciertas cosas). Además, como os decía antes, lo de juzgar a los que hicieron o dejaron de hacer salvajadas en los campos de concentración, ya lo sabíamos de antes, así que tampoco es que estén descubriendo América.

    Pero bueno, en líneas generales, a mí sí que me ha gustado la película. Ya os digo que te da que pensar bastante, y que te deja un gusanillo raro en el estómago porque habla de cosas que hicieron sufrir a un montón de gente. Pero, dentro de ello, se nota que “El lector” está hecha de lujo, que es bonita a pesar de lo dura que es, y que han hecho un buen trabajo. Así que, aunque sea para verla sólo una vez, yo os la recomiendo.

    miércoles, 6 de junio de 2012

    CINE DE LOS 90: "CON AIR (CONVICTOS EN EL AIRE)"

    TÍTULO: CON AIR (CONVICTOS EN EL AIRE)

    DIRECTOR: SIMON WEST

    REPARTO: NICOLAS CAGE, JOHN MALKOVICH, JOHN CUSACK, VING RHAMES, DANNY TREJO, COLM MEANEY, STEVE BUSCEMI, MONICA POTTER

    DURACIÓN: 115 min.

    AÑO: 1997

    GÉNERO: ACCIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • A estas alturas, no hay prácticamente nadie en la industria del cine que no conozca el nombre de Jerry Bruckheimer. Este productor estadounidense es el responsable del auge de las conocidas macho movies, que no son otra cosa que grandísimas y costosísimas producciones repletas de aventura, acción, emoción y, sobretodo, ruido, muchísimo ruido. Otro denominador que tienen en común estos largometrajes es que, la mayoría, se convierte en tremendos éxitos de taquilla (la crítica especializada, curiosamente, suele destrozarlas sin piedad), dando pie a sus correspondientes segundas –y terceras- partes. En lo que concierne al film del que hoy hablamos, “Con Air (convictos en el aire)”, supuso la segunda película producida por Brukheimer y protagonizada por Nicolas Cage, tras el gran espectáculo que había supuesto “La roca – The rock, 1995”, y una más que clara intención de continuar realizando largometrajes repletos de secuencias de acción imposibles y, como ya decimos, acción a raudales.

    Cameron Poe (Cage) es un ranger de los Estados Unidos que, tras defender a su mujer en una pelea callejera, mata accidentalmente a uno de los atacantes. Condenado a siete años de reclusión, pasado ese tiempo, está a punto de ser puesto en libertad. Sin embargo, el día de su traslado, el avión en el que lo trasladan, es tomado por un grupo organizado de presos, liderado por el peligroso Cyrus “El Virus” (Malkovich). Su intención es desviar el avión de su trayectoria, y aterrizar en un lugar desértico y apartado, donde todos los reclusos podrán escapar. Será entonces cuando el agente federar Larkin (Cusak) inicie la persecución del avión para dar caza a todos los presos fugados. Sin embargo, éstos no estarán dispuestos a facilitarles las cosas. Ni siquiera Poe, que actuará como un ranger y procurará resolver la situación por su cuenta.

    "Con Air (convictos en el aire)" es una película hecha expresamente para los amantes del ruido por el ruido. El film completo es una excusa para presentar, a través de una puesta en escena frenética, una serie de set pièces tremendamente escandalosas, repletas de explosiones y tiros, y vacías de cualquier otro interés que no sea el de apabullar al público con elaboradísimas -e imposibles- sencuencias de acción (la emboscada a las fuerzas armadas, el accidente con el coche de uno de los responsables del traslado de los presos, el descenso del avión en Las Vegas...). Todas y cada una de estas secuencias están planificadas de forma que el espectador a penas tenga tiempo de darse cuenta de que el film carece por completo de historia, y aliñadas con la insípida de unos Mark Mancina y Trevor Rabin muy poco inspirados. De hecho, esto casi debería contemplarse como una gran ventaja, puesto que las pocas frases coherentes que pronuncian los personajes resultan casi más hirientes al oído que las mismas explosiones.

    Por supuesto, que "Con Air (convictos en el aire)" tampoco busca resultar un film ejemplar, ni mucho menos. De hecho, es un producto hecho de arriba a abajo con la mira puesta en el espectador que acude en masa a los cines para distraerse con los espectáculos más vistosos visualmente. Por supuesto, los amantes de este tipo de películas, están de enhorabuena aunque, desde el punto de vista artístico, el largometraje dirigido por el entonces debutante Simon West carece de cualquier tipo de interés. A ello, hay que añadir unas interpretaciones totalmente desubicadas por parte de todo su reparto, quienes no ocultan en ningún momento dos cosas: la primera, que se lo están pasando bomba al poder hacer un tipo de cine -es un decir- en el que, de normal, no suelen participar; la segunda, en el suculento cheque que les debe estar esperando tras su participación en el film.

    En resumidas cuentas, mucho (muchísimo) ruido para casi ninguna nuez. "Con Air (convictos en el aire)" no es más que un entretenimiento para aquellos espectadores que busquen distraerse con un largometraje que no sólo no exige nada a cambio, sino que, también, evita que se pierda el interés por la historia que se le está contando (básicamente porque no existe tal historia). En definitiva, lo que viene siendo el típico ejemplo de las películas que le encantan a mi querido colega Hyde. ¿No es así, viejo amigo?

  • MR. HYDE DICE:
  • Sí, señor, ésta sí que es una peli de las de acción a mansalva en plan “no pienses, que la cagas”. Hasta el póster tiene la testosterona saliéndole por las orejas. Pero, claro, hay que saber en lo que te estás metiendo. Que nadie se piense que porque salgan Nicolas Cage (por cierto, el hombre, últimamente, está haciendo mierda tras mierda, así que el prestigio que tuviera hace unos años, me parece que se ha ido por la taza del váter), John Malkovich o John Cusack –todos ellos actores cojonudos- la película ya va a ser de esas de calidad. Para nada. “Con Air (convictos en el aire)” no engaña a nadie, y te da lo que promete: acción a tutiplén, explosiones a cuál más ruidosa, tiroteos a mansalva y tantos destrozos materiales como para hacer quebrar a todas las aseguradoras del país. Además, también te da unas cuantas cosas más: actuaciones penosas de actores que, generalmente, lo bordan haciendo otro tipo de pelis (ya me diréis, si no, qué cojones se les ha perdido ahí a tíos como John Malkovich, Colm Meaney o Steve Buscemi), frases tan ridículas que dan vergüenza ajena (no os perdáis a Cage soltando perlas como “sólo confío en dos personas; una soy yo y la otra no eres tú”), y guiones que llegan a la media página.

    Eso sí, ya puestos a decirlo todo, también dejemos algo claro: “Con Air (convictos en el aire)” es un entretenimiento de primera. Como os lo digo. Si estáis dispuestos a dejaros llevar por el espectáculo durante casi dos horas, “Con Air (convictos en el aire)” es una opción estupenda. Desde que empieza hasta que acaba, la acción es constante –y fijaos que no hablo de su calidad, sino del entretenimiento-, y no te deja ni un segundo para respirar. Es más, cuando se las quiere dar de película seria, lo único que hace es el ridículo, así que mejor se concentra en lo que toca: la acción adrenalítica a lo burro. Por supuesto, ya os digo que te tienen que gustar las pelis de este tipo, porque si prefieres una película de algún intelectual de estos que van de independiente –o de lo que más de uno que yo me sé llama “películas de gente normal”- ya te puedes ir dando media vuelta-.

    “Con Air (convictos en el aire)” no llega al nivel de maestría de “La roca” (sí, he dicho nivel de maestría, y al que no le guste, palmas), pero también te lo hace pasar pipa. Secuencias de destrozo tiene las que quieras y más: la toma del avión que hacen los presos, la de la emboscada a los soldados en el cementerio de aviones, el aterrizaje –es un decir- en Las Vegas y, por supuesto, la guinda de la tarta en forma de persecución entre un camión de bomberos y dos motos. Y sí, hay muhíííísimo ruido, explosiones y mamporros a punta pala.

    En fin, que no hay mucho más que rascar. Aparte de eso, pues tienes la típica música trepidante, el montaje ese epiléptico de planos súper cortos rollo videocllip, y esas escenas en la que los malos van todos en fila hacia la ti a cámara lenta mientras algo vuelva por los aires detrás de ellos. “Con Air (convictos en el aire)” es una macho-movie de los pies a la cabeza. Puede que se hayan pasado un poco de macho y hubiera hecho falta un poquito más de movie, pero vamos, es algo que, si te gusta pasártelo bien con este tipo de pelis, no te importa lo más mínimo. A mí me encantó, y me lo pasé pipa todo el rato. Aunque claro, estáis leyendo a alguien que flipa con las pelis de Michael Bay (menos la última de “Transformers”, que es una mierda), así que ya os podéis imaginar de qué pie cojeo.

    martes, 5 de junio de 2012

    CINE DE LOS 80: "STARMAN, EL HOMBRE DE LAS ESTRELLAS"

    TÍTULO: STARMAN, EL HOMBRE DE LAS ESTRELLAS

    DIRECTOR: JOHN CARPENTER

    REPARTO: JAMES BRIDGES, KAREN ALLEN, CHARLES MARTIN-SMITH, RICHARD JAECKEL

    DURACIÓN: 110 min.

    AÑO: 1984

    GÉNERO: CIENCIA FICCIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • “E.T. – El extraterrestre – E.T., 1982” fue una de las películas más importantes de principios de los ochenta –que la cinta de Spielberg fuera merecedora o no de semejante éxito ya lo comentamos en su día-. No sólo se convirtió en una de las películas más taquilleras de la historia del cine, sino que despertó un hambre por las historias de alienígenas amables y sociales que el público recibía con los brazos abiertos. Así pues, durante los años siguientes, se sucedieron una serie de producciones que, siguiendo de forma más o menos acertada la estela dejada por aquel largometraje, presentaban argumentos de lo más parecidos aunque, en lo que a su calidad se refiere, no siempre se encontraran a la altura. Ejemplos de películas realizadas con la intención de aprovechar este tirón comercial fueron “El vuelo del navegante – Flight of the navigator, 1986” hasta “Mi amigo Mac – Mac and me, 1988”. Sin embargo, uno de los films que mejor supo combinar la comercialidad (aunque no resultó ser el gran éxito que se esperaba) y la calidad fue una atípica película dirigida por John Carpenter llamada “Starman”. James Bridges es su sensacional protagonista.

    Una nave espacial es avistada sobrevolando el centro de Estados Unidos. Tras ser derribada por las fuerzas armadas norteamericanas, ésta ser estrella en las proximidades de una zona rural. Cerca de allí, vive Jenny Hayden (Allen), una joven viuda que, tras la muerte de su marido, sufre una grave depresión que le impide hacer frente al mantenimiento de su granja. Cuando la nave colisiona, el ente extraterrestre se desplaza hasta la granja de Jenny y, sirviéndose de una serie de fotografías del marido de Jenny, adquiere la forma del difunto (Bridges). Tras superar el impacto inicial, el extraterrestre pedirá a Jenny que lo lleve hasta Arizona, donde se encuentra su nave nodriza, antes de que lo capturen los militares que le persiguen puesto que, si no llega en un plazo de tres días, morirá. Será entonces cuando ambos inicien una carrera contrarreloj con el fin de poder salvarle la vida.

    Son varios los elementos que llaman poderosamente la atención de “Starman”. En primer lugar, que fuera John Carpenter el encargado de poner en imágenes la historia. Carpenter, director más acostumbrado a moverse por el cine “artesanal” de terror (“La noche de Halloween – Halloween, 1979”, “La cosa – The thing, 1982”), en esta ocasión, se alejó de sus puestas en escena más viscerales para construir una hermosísima historia de amor a todo los niveles. Su puesta en escena no sólo destaca por su sencillez –no precisa de elaborados movimientos de cámara ni de costosísimos efectos visuales-, sino por la acertada combinación del resto de factores que convierten a “Starman” en una película tan amable. Al respecto, cabría destacar secuencias como aquella que envuelve la explosión de un camión en mitad de una carretera (cuyas llamas no afectan en absoluto al extraterrestre) y, sobretodo, el instante en que deposita en manos de Jenny una estrella. Son momentos que destacan por su claridad y emoción, sin necesidad de adornarlos con exuberantes fuegos artificiales.

    En segundo lugar, “Starman” no sería lo mismo sin la fascinante actuación de James Bridges. Actor estupendo donde los haya, Bridges le aporta una humanidad a su caracterización de extraterrestre reencarnado en el cuerpo de un humano que, de haber interpretado directamente a un ser de carne y hueso, no hubiera obtenido los mismos resultados. Su personaje de “hombre de las estrellas” desprende un candor y empatía tan grandes que el espectador consigue identificarse con él casi de inmediato. A ello también contribuye que la química entre Bridges y Allen es absoluta, lo que provoca que cada secuencia que ambos comparten evoluciona a lo largo del film (ver, al comienzo, la primera reacción de Jenny cuando descubre que su difunto marido ha vuelto a la vida), hasta lograr una complicidad total (el viaje en tren, la despedida final).

    Por último, es el guión del ocasional director Bruce A. Evans el que se encarga de ponerle el tono acaramelado definitivo a “Starman”. Así pues, a pesar de que la historia que subyace no es sino la misma que la ya sobre explotada acerca del extraterrestre que quiere volver a su hogar, lo cierto es que “Starman” resulta novedosa por la descripción que se hace del alienígena. Lejos de caracterizarlo como una criatura extraña, el personaje destila humanidad por los cuatro costados, asombrándose de todo cuanto lo rodea e, incluso, sabiendo ver lo mejor de los seres humanos por encima de la crueldad que, en ocasiones, pueden mostrar (al fin y al cabo, lo están persiguiendo para matarle).

    En resumidas cuentas, aunque hayan pocas cosa nuevas bajo el sol, “Starman” se presenta como una de las más hermosa fábulas sobre la diferencia de naturalezas, y sobre la ayuda incondicional al prójimo que, combinado con una historia con mucho gancho, se convierte en una película entretenida y muy hermosa.

  • MR. HYDE DICE:
  • Pues hombres, “Starman” es bonita, pero tampoco es que sea la pera limonera. Básicamente porque ya nos han contado la misma historia hasta cansar. Los aliens, cuando no son en plan E.T., resulta que quieren reventar el planeta; cuando no es el ejército –norteamericano, of course, el encargado de salvar a la humanidad de la amenaza galáctica, son los malos de la función que siempre quieren diseccionar en caliente al extraterrestre que se la ha piñado en La Tierra. Resumiendo, que siempre la misma mierda y, cal final, cero originalidad.

    Eso, en “Starman” está todo mezclado. Lo que es la historia, en realidad, sí que es igualita a la que hemos visto mil veces en otras películas, así que ahí no esperéis que sea algo súper original, porque ya os digo yo que no. Es más, casi te dan ganas de preguntarles a los yanquis por qué no dejan ya de ser tan cansinos, y de contarte la misma historia una y otra vez. Pero bueno, aparte de eso, sí que es cierto que parece que han mezclado “E.T. – El extraterrestre” con una historia de amor, lo que no deja de ser algo bastante jodido.

    La mayor parte de la película no tiene nada del otro mundo. Es el alien, en el cuerpo del marido fiambre de la pobre mujer, haciendo lo posible por llegar a su nave espacial antes de quedarse más tieso que un palo. Con lo que sí estoy de acuerdo de todo el rollo que ha soltado el de arriba, es que tiene su mérito hacer en mitad de una peli como ésta, una historia romántica. Claro, que también no tienen un pelo de tonto y saben tocar la fibra sensible de fábula, porque a mí que no me digan que tomar la forma de una persona que acaba de morir y pedirle a su viuda que le eche una mano (por supuesto, a la tipa se le vuelve mantequilla el cuerpo cada vez que lo mira) no es para hacer que ahí haya algo más que un bicho que quiere volver a su planeta.

    De todas formas, a mí me gustó la forma en que actúa el tío que hace de alienígena, porque pone una cara de felicidad inmensa y de buena persona que dan ganas de abrazarle y rascarle la cabecita. Otra cosa que también está muy logrado, es esa especie de análisis de los humanos que hace (me encanta el momento en que le suelta a la tipa algo así como “me fascináis los humanos porque, cuando las cosas se ponen complicadas, sois capaces de dar lo mejor de vosotros mismos para solucionarlas”). Y, por supuesto, un detalle tonto –pero original, al fin y al cabo-, como es que el tío sea capaz de montar pollos a lo bestia con esa especie de energía que es capaz de generar.

    En fin, que “Starman” no es de las pelis que te entran ganas de verla otra vez nada más acaba. Sí que consigue distraerte lo suficiente como para que no tengas la impresión de que estás viendo otra vez la misma patata de siempre. Así que si os gustan las películas así de extraterrestres que se las tienen que pirar a toda paleta y que, encima viven su historia de amor particular, pues ésta es vuestra peli.

    lunes, 4 de junio de 2012

    CINE CLÁSICO: "METROPOLIS"

    TÍTULO: METROPOLIS

    DIRECTOR: FRITZ LANG

    REPARTO: GUSTAV FRÖHLICH, BRIGITTE HELM, ALFRED ABEL, RUDOLF KLEIN-ROGGE, FRITZ RASP, THEODOR LOOS, HEINRICH GEORGE

    DURACIÓN: 93 min

    AÑO: 1927

    GÉNERO: CIENCIA FICCIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Hablar de un cineasta como Fritz Lang, al igual que hacerlo de, por ejemplo, Murnau, es hablar casi obligatoriamente del expresionismo alemán. Sin entrar en detalles, tan sólo diremos que "Metropolis" no sólo es una de las obras más famosas del realizador germano, sino también uno de los iconos por excelencia de este expresionismo alemán: construcciones colosales, arquitectura oblicua, actuaciones tremendamente exageradas, y un uso del maquillaje para remarcar hasta el exceso la personalidad de cada personaje. Así pues, en su clara intención de resultar más original y novedosa, "Metropolis" se construye a través de la plasmación no sólo de las pasiones e instintos más básicos de la raza humana, sino también a través de la utilización de símbolos bíblicos, mitológicos y, evidentemente, de la ciencia ficción más fantástica.

    Freder(Fröhlich) es el primogénito de John Fredersen (Abel), uno de los empresarios más importantes y ricos de una descomunal ciudad llamada Metropolis. Allí, la sociedad está claramente diferenciada entre la clase obrera que vive bajo tierra rodeada de miseria, y la clase alta que vive en la superficie rodeada de todos los lujos. Un día, una mujer perteneciente a la clase obrera, llamada Maria (Helm), aparece rodeada de niños en mitad de una recepción de la clase alta, con el fin de mostrarles lo que sucede en la otra parte de su mundo. De inmediato, Freder queda prendado de la joven muchacha, a la que decide seguir por el subsuelo, donde se dará cuenta de la precariedad de los que allí viven y se matan a trabajar. Esta reacción imprevista será aprovechada por un científico trastornado llamado Rotwang (Klein-Rogge), quien convencerá a John Fredersen para que le permita poner en funcionamiento un sofisticado robot que aniquile para siempre el ánimo de sublevación de los obreros.

    "Metropolis", aparte de ser una referencia imprescindible del expresionismo alemán, es un film que va más allá, al desarrollar una historia con una carga social descomunal (más que patente entre las formas de subsistencia del mundo obrero y del mundo rico), ya que le aporta a toda la historia un toque de ciencia ficción que la separa por completo del resto de producciones similares. En "Metropolis" se entremezclan a lo largo del metraje -el que ha podido rescatarse y remasterizarse- la crítica sin concesiones a la explotación humana con el cine de aventuras más imaginativo, siendo ambas partes bien diferenciadas, pero entremezcladas con maestría para darle cuerpo a un film fascinante. Así, el espectador tiene siempre la impresión de estar asistiendo a una especie de fábula en la que no sólo tiene cabida la crítica feroz a un tipo concreto de sociedad, sino referencias evidentes a pasajes de la Biblia (la construcción de la Torre de Babel, el adviento de un salvador...), de la mitología clásica (la transformación de una gigantesca máquina en las fauces del dios Moloch (símbolo purificante del fuego, que asiste ansioso a la muerte de un operario), y del cine totalmente revolucionario (todo lo que concierne a la revolución de la clase obrera, y al enfrentamiento entre la clase pudiente por la discordia que ha sembrado el androide bajo la apariencia de Maria).

    En resumidas cuentas, "Metropolis" es una pieza fundamental no sólo de la ciencia ficción o cine clásico, sino de toda la historia del séptimo arte. En ella Fritz Lang, a pesar de las limitaciones técnicas con las que contaba (la práctica totalidad del film se ha realizado con planos fijos, salvo dos o tres secuencias -cuando Freder descubre una pieza de ropa de Maria en la casa de Rotwang, o cuando se enervan los ánimos de los obreros en el santuario en el que se reúnen-), supo explotar al máximo la espectacularidad de las imágenes (los planos generales de la ciudad, la secuencia de transformación del androide en Maria, la inundación final del barrio obrero), combinándolo con un guión repleto de acidez y crítica. Así pues, "Metropolis" es un film de obligada visión, y toda una referencia para lo que ha sido la ciencia ficción de los años posteriores.

  • MR. HYDE DICE:
  • ¡Je, y yo que estaba acostumbrado a que las películas mudas del año de maricastaña fueran las de Charlot! Ahí es nada, "Metropolis". Eso sí, antes que nada, una pequeña aclaración, que me parece un poco evidente, pero por si acaso: "Metropolis" no tiene nada que ver con la ciudad en la que vive Superman, ¿vale? De hecho fue a raíz de esta película que se inspiraron para llamar así a la ciudad de Clark Kent, así que mejor que nadie se piense que "Metropolis" tiene algo que ver con súper héroes. Vale, dicho esto, vamos al turrón. "Metropolis", para tener más años que el jabón, tiene un mensaje la leche de elaborado en toda su historia, sobretodo si se tiene en cuenta que es de principios de siglo pasado y que se hizo en Alemania, donde su estética de rollo futurista no iba muy desencaminada a lo que suelen hacer hoy en día en las pelis de ciencia ficción. Además, flipa con la forma en que está hecha, tanto por los decorados monumentales como por la sensación de deshumanización total que hay. Pero no nos adelantemos y vayamos por partes.

    Dejando de un lado todo eso del expresionismo alemán -que podrá ser todo lo interesante que quieras pero, a la hora de hacer que una película te guste o no, te la sopla que siga una tendencia u otra-, "Metropolis" me ha llamado la atención por varias cosas que trataré de explicar. La primera es, como os decía antes, la carga social. No hay que ser muy avispado para darse cuenta de que es una defensa total de la libertad de los hombres, en contra de lo que supongo que pasaría por el mundo después de la Revolución Industrial. Aquí, el colega Lang no se corta a la hora de sacar a los obreros como peones casi igual de maquinales que los trastos que tienen que manejar (no os perdáis la forma que tienen de ir cada uno a su puesto de trabajo, caminando al mismo tiempo, o los movimientos infernales que se pasan el día haciendo para que las máquinas funcionen. De hecho, viéndolo así, me recordaba un poco a lo que pasa en el libro es de "La máquina del tiempo", cuando enseñan las diferencias entre los Eloi -que viven de lo más bien en la superficie- y los Morlock -que está todo puteados debajo de la tierra y que, de vez en cuando, hacen alguna escapada para ver lo que mola estar arriba-. Aquí, es a gracias al amor (sé que suena un poco cursi, pero es que es así como pasa) que uno de los niños bien de papá se da cuenta del infierno que tienen que pasar los que están dándole al cayo en la parte subterránea, y decide empezar una especie de revolución para hacer que todos los hombres sean iguales No tengo ni idea de si eso era una defensa del comunismo de aquellos años, o sólo una forma de poner a caldo a los empresarios de la época, pero sea como sea, os prometo que no te deja indiferente (es un poco exagerado, pero fijaos en lo que pasa cuando hay un accidente porque se desmaya uno de los obreros, y cómo el niño bien alucina con que la gigantesca máquina se convierte en la cara de una especie de diablo que se come a la peña).

    En segundo lugar, tela marinera con cómo está hecha. Teniendo en cuenta las limitaciones del cine de hace casi cien años, no se cortan un pelo en espectacularidad. Para empezar, agüita del avellano con los decorados, con esos edificios que ríete tú de las moles que hacen ahora, y con esas máquinas que parecen creadas por una mente enferma (de hecho, tienes la sensación de que no sirven para nada más que para apretar botones como un loco sin lógica). Además, luego está la estética de los pavos que salen allí, empezando por la cara de pirado del científico loco de la mano de hierro -sus pintillas me recordaban bastante a Doc, de la trilogía de "Regreso al futuro"- y, sobretodo, del diseño del robot, que me parece súper moderno incluso para una peli del año del catapún. Todo eso le da un toque medio siniestro a la peli que te ayuda a diferenciar mucho lo que sería la historia más real (la de los obreros) de la de ciencia ficción (la intención de destruir la ciudad del tarado del científico, recluido en esa especie de guarida que no tiene nada que ver con las bestias de cemento en las que viven los ricachones).

    En tercer lugar, hay detalles que me han llamado muchísimo la atención. Para empezar, la sensualidad de alguna escena. El momento en el que el robot, con la apariencia de la mujer esa de las catacumbas, quiere poner palote al personal, se marca un baile exótico medio en bolas que tuvo que dejar flipando en colores a la gente de hace cien años. Además, si te paras a pensar es una historia tela violenta, porque casi parece que los obreros vayan a linchar a los que no apoyan su revolución (uno se lleva una puñalada en el pecho, a otro le dan cera a base de bien cuando defiende la máquina central, y otros prefieren hacer la revolución aunque les cueste la vida a sus hijos pequeños).

    En fin, que "Metropolis" es una película que huele a viejo a lo bestia, pero que te deja un poco sorprendido por la capacidad que tiene de darte que pensar, más teniendo en cuenta su antigüedad, con la forma que tiene de enseñar la diferencia entre las clases sociales, y del ansia de dominación de algún que otro iluminado (vaya, que tampoco parece que hayamos evolucionado mucho desde entonces). De todas formas, no creo que "Metropolis" fuera una película que volviera a ver, que con una vez es más que suficiente. Aunque os recomiendo que le echéis un vistazo a ver si pensáis lo mismo que os he comentado yo.

    domingo, 3 de junio de 2012

    CINE EN CARTEL: "LA SOMBRA DE LOS OTROS"

    TÍTULO: LA SOMBRA DE LOS OTROS

    DIRECTORES: MANS MARLIND & BJORN STEIN

    REPARTO: JULIANNE MOORE, JONATHAN RHYS-MEYERS, JEFFREY DEMUNN, FRANCES CONROY, BROOKLYN PROULX

    DURACIÓN: 112 min.

    AÑO: 2010

    GÉNERO: TERROR

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Hablar de thrillers sobrenaturales, lamentablemente, suele ser sinónimo de hacerlo acerca de largometrajes cuyo interés depende en exclusiva de la predisposición del público a disfrutar de los sustos que ofrecen este tipo de films. Cierto hay que, de cuando en cuando, surge alguna producción que en verdad se desmarca del resto aunque, por lo general, el resto se limita a acumular cuantos más clichés posibles mejor, convirtiendo dichos largometrajes en una vulgar parodia de sí mismos. Películas relativamente recientes como “En la oscuridad – Darkness Falls, 2003” o “Boogeyman, la puerta del miedo – Boogeyman, 2005”, por poner un par de casos, son el ejemplo perfecto de película ridícula, cuyo único atractivo reside en la acumulación constante de sustos fáciles. “La sombra de los otros”, film rodado hace más de dos años que se estrena este fin de semana en nuestro país, podría engrosar esta lista de largometrajes simplones. Ahora bien, por suerte para el espectador, “La sombra de los otros” cuenta con un par de alicientes que la diferencian un tanto del resto de producciones similares.

    La psicóloga Cara Harding (Moore) está especializada en casos de desdoblamiento de personalidad. Sostiene la tesis de que estas separaciones de personalidad no son más que meras excusas de los pacientes para eximirse de ciertas responsabilidades. Su padre (DeMunn), también psicólogo le pide su opinión en un caso en el que está trabajando, con el fin de que pueda aplicar su punto de vista. Dicho caso es el de David Bernburg (Rys-Meyers) un joven muchacho que no sólo da la sensación de convertirse en más de una persona diferente, sino que es capaz de conocer las vidas de las personas que afirma que es con un detalle milimétrico. Será entonces cuando Cara descubra que se está enfrentando a algo mucho más extraño que cualquier caso en el que haya participado con anterioridad.

    Viendo “La sombra de los otros”, el recuerdo se fue inmediatamente a otro film de terror –pseudo-thriller- que se estrenó el año pasado, por estas fechas. Aquel se llamaba “Insidious – Insidious, 2011” y, entre otras cosas, se caracterizaba porque, tras un comienzo muy prometedor en el que se reforzaba el tono misterioso intrigante de su argumento (gracias a una excelente planificación de los movimientos de cámara, sonido, montaje, música, etc.), la película derivaba irremediablemente hacia el estilo más absurdo y previsible de las historias de terror. Con “La sombra de los otros” sucede algo muy similar. Por fortuna, es mayor la cantidad de metraje en el que el espectador queda atrapado por la intriga de la puesta en escena (patente en secuencias como, por ejemplo, la primera entrevista de Cara con David, o las averiguaciones que hace Cara acerca de las personas reales en la que parece que David se desdobla). Aunque, al cabo de la primera hora de metraje, ya se empiezan a introducir los elementos paranormales hacia los que irá derivando el guión (más o menos, a partir de la secuencia en que Cara lleva a David a un claro del bosque en el fue asesinada una de las personas en la que David se desdobla, tras lo que hace entrada una tercera personalidad diferente).

    Por desgracia, “La sombra de los otros” no endereza el camino, y persiste en el desarrollo de sub-tramas secundarias que terminan por centrar el resto de film en elementos tan poco interesantes como las maldiciones centenarias (la película antigua en la que se muestra el origen del conflicto de David resulta tan falsa como torpe, y la supuesta sorpresa que encuentra en ella Cara no causa, ni de lejos, el efecto de impacto deseado). Por ello, puestos a ver “La sombra de los otros”, lo mejor es recordarla por su primera mitad, cuando el film constituye una prueba evidente del gran entretenimiento que podía haber sido y no es.

  • MR. HYDE DICE:
  • No sé de qué película decíamos hace pocos días que empezaba muy bien para acabar muy mal. Bueno, pues “La sombra de los otros” es de las que empieza muy bien para acabar regular tirando a mal. Mira tú que les cuesta a los primos del otro lado del charco hacer una película de suspense y canguelo sin tener que hacer que todo se vuelva a las tonterías de las maldiciones, hechizos, brujerías y demás. Pero bueno, ¿es que los guionistas de allí no cobran una pastuza indecente por estrujarse las meninges y parir guiones como Dios manda? Entonces, ¿por qué leches no se lo curran un poco más y se buscan un motivo más real que no dependa de esas coñas sobrenaturales? Me acuerdo, por ejemplo, de pelis como “Los sin nombre”, donde seguían un estilo parecido, pero dejándose de chuflas de maldiciones y tal, y conseguían que los cataplines se te pusieran de corbata. ¡Y eso que estamos hablando de cine español! Así que mira tú lo que les costaba a los yanquis hacer algo medianamente normal.

    De todas formas, aunque al final sea todo una patata cocida, reconozco que durante casi todo el rato, “La sombra de los otros” te engancha y no te deja ni parpadear. Supongo que es por eso que te da tanta rabia cuando llega el final y todo se convierte en un truño así. Pero bueno, que te quiten lo bailao. Lo mejor, sin duda, son todos los momentos en que la peli se concentra en la historia del tipo con múltiples personalidades porque, conforme la psicóloga va descubriendo nuevas cosas, más interesante se vuelve todo: desde el momento en que el tipo éste saca una de sus personalidades sin que tú veas lo que pasa (sólo sabes que ha hecho algo con el cuello, pero el susto de ese trozo es cojonudo), hasta cuando la psicóloga empieza a ver cosas raras que no tienen ninguna explicación lógica (que el paciente sepa tanto de las personas que dice que es, que tenga el cuello con no sé qué cosa de las vértebras). Esos son los momentos en que “La sombra de los otros” te hace pensar que la película es cojonuda, cuando la doctora hace lo imposible por demostrar que el tarado de turno está fingiendo y que se suelta el rollo para que la gente piense que está loco (no os perdáis el interrogatorio que pasa delante de la madre de una de las personas muertas que el chaval afirma que es).

    Pero claro, todo eso, que está muy bien, se va a tomar por saco en cuanto se sacan de la manga el recurso facilón de las maldiciones. Os juro que, ahí, “La sombra de los otros” pega un bajón de mil demonios. Yo no soy ningún experto en guiones, pero no me digáis que no hubiera sido todo muchísimo más interesante si, por ejemplo, el loco éste no se estuviera haciendo el chiflado a posta para poder salir inocente de algún crimen, más o menos como pasaba con aquella peli de Richard Gere en la que hacía de abogado de otro figurín que decía que tenía doble personalidad. Así, con una cosa más realista, y con la forma en la que está hecha la mayor parte de “La sombra de los otros”, la cosa no sólo hubiera cambiado muchísimo sino que, además, ahora puede que estuviera hablándoos de un peliculón como la copa de un pino.

    En fin, que “La sombra de los otros” no es que sea lo más interesante para ver este finde en el cine. Puede que tengáis la sensación de que, cuando empieza, la cosa promete. Pero todo se acaba convirtiendo en una castaña infumable (desde el minuto en que empiezan a aparecerles manchas raras a la gente en el cuerpo, ya tuerces el morro, pero es que cuando ya sale todo lo que tiene que ver con esa vieja bruja ciega, apaga y vámonos). A no ser, obvio, que os encante ese tipo de películas. Si no, pues quedaos en casa, que seguro que os sale más rentable.

    sábado, 2 de junio de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "EQUILIBRIUM"

    TÍTULO: EQUILIBRIUM

    DIRECTOR: KURT WIMMER

    REPARTO: CHRISTIAN BALE, TAYE DIGGS, EMILY WATSON, SEAN BEAN, WILLIAM FICHTNER, ANGUS MACFAYDEN

    DURACIÓN: 107 min.

    AÑO: 2002

    GÉNERO: CIENCIA FICCIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Mi querido colega Hyde se ha empeñado en que, hoy, habláramos de una película que no se ha llegado a estrenar comercialmente en nuestro país. No es que apruebe del todo tal decisión (al fin y al cabo, nos gusta que podáis tener el acceso más fácil posible a las películas que criticamos y, así, estéis de acuerdo o discrepéis de nuestras opiniones), aunque reconozco que "Equilibrium" me suscitó el interés suficiente como para que no nos importe en absoluto hablar de ella y recomendárosla. "Equilibrium" ha supuesto la realización de un cine puramente comercial por parte del guionista Kurt Wimmer, conocido en la Meca del cine gracias a su participación -en solitario o con otros guionistas más- en algunas de las películas más conocidas y comerciales de los últimos años ("Un ciudadano ejemplar - Law abiding citizen, 2009", "Salt - Salt, 2010", el inminente remake de "Desafío total - Total recall, 2012", etc.). El resultado, aunque conocido, como veremos más adelante, no es para nada decepcionante, y es un buen ejemplo de cine de ciencia ficción hecho con una intención evidente de distraer a la audiencia.

    En un futuro no muy lejano, la sociedad ha sufrido un cambio radical. Con el fin de evitar enfrentamientos entre los hombres, se ha suprimido cualquier tipo de manifestación creativa o afectiva, de forma que todas las obras de arte y muestras de afecto están prohibidas por ley. Los encargados de hacer cumplir dicha ley son los llamados "rectores", de los que John Preston (Bale) es uno de los más eficaces. Cuando uno de los rectores, Partridge (Bean), también mentor de Preston, es sentenciado a muerte por ocultar la existencia de obras de arte y mantener contacto con los líderes rebeldes Jurgen (Fichnter) y Mari O'Brien (Watson), Preston se replantea el sentido de semejantes leyes. Será entonces cuando Preston elija entre hacer frente los mismos a los que antes servía, o continuar ejecutando unas órdenes que ya se empieza a cuestionar.

    Realizada con muchísimo más esmero que su posterior film, la horriblemente mala "Ultravioleta - Ultraviolet, 2006", Wimmer se las ingenia para desarrollar una historia que, tomando de forma descarada elementos del clásico de François Truffaut "Fahrenheit 451 - Fahrenheit 451, 1966" para la parte argumental, y de cualquier entrega de la trilogía de "Matrix" para la creación de la estética escénica, consigue hacer creer al espectador que está ante una película diferente. Por supuesto, no desde el punto de vista del guión, que no aporta absolutamente nada nuevo al conjunto, sino de la puesta en escena de las espectaculares secuencias de acción. En efecto, el punto fuerte de "Equilibrium" reside en la forma en que todas estas secuencias quedan recogidas en el film, haciendo que, por muy increíbles que éstas puedan parecer, el público quede impresionado con ellas. No obstante, hay que dejar bien claro que la única intención de dichas secuencias es hacer del largometraje algo más diferente a lo que el espectador ya ha visto de muchas formas diferentes, cosa que se consigue sólo a medias.

    No obstante, un detalle que sí que se agradece, es que la concepción de ese mundo futuro completamente deshumanizado no haya caído en la trampa de presentarse como una sociedad post-apocalíptica, en el que las calles son un nido de mugre y los pocos humanos que se cruzan en el camino visten con puros harapos. Además, aparte de la cuidada estética, a nivel técnico, "Equilibrium" cuenta con la notoria colaboración del oscarizado director de fotografía Dion Beebe y de la trepidante música de Klaus Badelt quienes, cada uno en su campo, contribuyen a que la película aumente sus dosis de entretenimiento.

    En resumen, "Equilibrium" es un film que, sin ser nada nuevo bajo el sol, está realizado la suficiente gracia como para resultar entretenido.

  • MR. HYDE DICE:
  • Si metes en una coctelera "Matrix" y "Fahrenheit 451" y lo agitas bien, el resultado es "Equilibrium". ¿Y esto es bueno o malo? Pues depende. Si os gustó Matrix pero no pipasteis una hasta pasada una hora y pico de película, y os pareció que "Fahrenheit 451" era demasiado intelectual, pues entonces "Equilibrium" os parecerá la leche. Ahora, quienes crean que Fahrenheit 451 es una obra de culto intachable y que Matrix es una castaña del tres al cuarto, pues fijo que se echan las manos a la cabeza a los quince minutos de ver "Equilibrium". Lo que, como el menda, no tenían mucha idea de qué iba la cosa y empezaron a verla sin tener ninguna idea preconcebida, pues se lo pasarán en grande. Así que no sé si he respondido ya a la pregunta.

    "Equilibrium" le pasa un poco lo que a "Avatar - Avatar, 2009", aunque salvando las distancias, claro está. ¿Qué quiero decir con esto? Pues ni más ni menos que la historia que te cuentan ya la has visto antes unas cuantas veces, pero esta vez lo han hecho tan espectacular que flipas cuando la ves, y te lo pasas en grande. Aquí pasa exactamente lo mismo, porque la trama ya te la hueles a la milla -y eso que tiene alguna que otra sorpresa-, pero lo que cuenta es cómo está hecha. Y aunque parece que se han fumado algo raro y se flipan un poco con las escenas de acción, la verdad es que "Equilibrium" es una peli entretenidísima.

    Una cosa que me gusta de ella es que, por muy futurista que sea y por mucho que tengan ese look de sofisticación, la peli no se anda por las ramas a la hora de contarte la historia. Además, tiene una gran ventaja. que sabe cómo distraer. Tiene su mensaje, obvio, no hay más que ver lo que pasa cuando el rector este tan estricto se encuentra con obras de arte de valor incalculable, y cómo no duda en ejecutar a otro colega que ha traicionado al sistema (de hecho, el tío huevón no mueve ni una uña cuando le pasa algo grave en su familia). Pero, al mismo tiempo, sabe que lo tiene que hacer es que te lo pases pipa viéndola, y que ya estás un poco cansadito de los mismos rollos futuristas de siempre. Así que se inventan eso de las técnicas de combates perfectas, con pistolas y sin ellas, y se curran unas cuantas secuencias que no me canso de ver: la del primer enfrentamiento entre el rector y los rebeldes que se han escondido en una habitación oscura, el ataque a la patrulla cuando le encuentran al rector un perrito en el maletero de su coche, lo que hace para darles matarile a los soldados sin hacer mucho ruido -para lo que utiliza las culatas de sus pistolas... sin comentarios- o, por supuesto, la parte final en la que se carga a todos los soldados del mandamás que hace de malo de turno. Son unas idas de olla tremendas, ya lo veréis, pero está guapísima la forma en que las han rodado.

    Aparte de esto, como os digo, poco más hay que contar de la historia. Primero, porque ya lo han hecho antes y, segundo, porque lo pillas enseguida (y no hay que ser muy espabilado para saber cómo acaba). Aún así, os aseguro que "Equilibrium" es un pasatiempo de primera. Sé que es complicado encontrarla en España porque, no sé por qué, aquí no la han querido estrenar (¡con la de mierda que ponen día sí, día también!). De todas formas, si tenéis ocasión de verla -sé de buena tinta que se puede conseguir en versión original subtitulada en español-, echadle un vistazo, porque os distraerá y hará pasar un rato distraído e interesante.

    viernes, 1 de junio de 2012

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES"

    TÍTULO: LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES

    DIRECTOR: DAVID FINCHER

    REPARTO: DANIEL CRAIG, ROONEY MARA, CHRISTOPHER PLUMMER, STELLAN SKARSGARD, STEVEN BERKOFF, JOELY RICHARDSON, ROBIN WRIGHT, MOA GARPENDAL

    DURACIÓN: 153 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: THRILLER

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Como ya viene siendo tónica habitual, cuando los directivos de los grandes estudios de Hollywood se enteran de que, fuera de sus fronteras hay alguna película o novela (más lo primero que lo segundo) que ha triunfado comercialmente y que tiene potencial de adaptación a su propio estilo, se lanzan en picado a conseguir los derechos para realizar el correspondiente remake. En algunos casos, la versión norteamericana consigue hacer que se olvide la original (“Una jaula de grillos – The birdcage, 1996”, “The ring (la señal) – The ring, 2002” o “Infiltrados – The departed, 2006” serían algunos ejemplos de buenas versiones americanizadas) aunque, por desgracia, no es algo que ocurra con demasiada frecuencia. De hecho, la mayoría de remakes de películas europeas que han llevado a cabo han caído en la vulgaridad e intrascendencia más absoluta (“Vanilla sky – Vanilla sky, 2001”, “La cena de los idiotas – Diner for schmucks, 2010”, “Déjame entrar – Let me in, 2010”, y un largo etcétera). En el caso que hoy nos ocupa, con motivo de su salida en formato doméstico esta semana, ha sido la primera de las novelas del malogrado escritor sueco Stieg Larsson la que ha sido objeto de una adaptación cinematográfica estadounidense, después de que, a su vez, las películas suecas originales se convirtieran en un auténtico fenómeno en el viejo continente. Ahora bien, en lo que al remake americano se refiere, ha sido un director tan interesante como David Fincher el encargado de realizar el film, acompañado para la ocasión por unos estupendos Daniel Craig y Rooney Mara.

    Mikael Blomkvist (Craig) es un periodista que, tras acusar a un importante magnate sueco de un importante desfalco, es condenado a pagar una suculenta indemnización ante la imposibilidad de aportar pruebas sólidas que corroboren su información. Agobiado por las deudas, y desoyendo el consejo de Erika Berger (Wright), su jefa y amante ocasional, Mikael acepta la proposición de Hanrik Vanger (Plummer), un anciano empresario y millonario que le contrata para que investigue un suceso que lleva atormentándolo desde hace años: la extraña desaparición de su sobrina Harriet (Garpendal). Con la tapadera de que está escribiendo las memorias de Henrik, Mikael iniciará una compleja investigación (que incluye, en especial, a la mayoría de la familia de Henrik), para lo que terminará requiriendo la ayuda de una joven investigadora de lo más peculiar llamada Lisbeth Salander (Mara).

    El éxito en España de “Los hombres que no amaban a las mujeres” hacía que su adaptación al cine por parte de los americanos fuera una de las películas más esperadas del momento. No es para menos, teniendo en cuenta que la novela se ha mantenido durante numerosas semanas consecutivas en lo más alto de las listas de ventas, y que, al menos, la primera de los largometrajes suecos, se convirtiera en todo un sleeper en nuestra cartelera nacional. Si a ello se le suma que David Fincher, responsable de películas tan recomendables como “Seven – Seven, 1995” o “La red social – The social network, 2010” se encargaba de dirigirla, la expectación no podía ser máxima.

    Ahora bien, vista la película, “Los hombres que no amaban a las mujeres” no resulta ser una apuesta tan original como cabría esperar. Sí que es de agradecer que Fincher le haya impreso su sello personal en más de una secuencia (la llegada de Mikael a la localidad en la que vive Henrik, el flashback de la última noche en que Harriet fue vista con vida, la mayoría de instantes en que la acción se centra exclusivamente en Lisbeth…), aunque el resto de la puesta en escena carece del dinamismo del que había hecho gala en anteriores largometrajes suyos. Sin ir más lejos, en la mencionada “La red social” la puesta en escena era vibrante y poseía tal intensidad que resultaba imposible sentirse aburrido. Sin embargo, con “Los hombres que no amaban a las mujeres”, Fincher opta por confeccionar un film mucho más pausado, sin prisas, con un total desinterés por sorprender al espectador (el guión del otras veces más inspirado Steven Zaillan no contribuye mucho a ello, por no mencionar que la identidad del villano resulta ser bastante predecible) y muy condicionado por la ambientación gélida del norte de Suecia, lo que aún refuerza más esa sensación de frialdad que desprende el resto de la película.

    No se trata, ni mucho menos, de una mala película. No obstante, sí que cabía esperar algo mucho más trepidante, con más garra y tensión que lo que “Los hombres que no amaban a las mujeres” acaba siendo. Aún así, con todo y con ello, “Los hombres que no amaban a las mujeres” consigue entretener los suficiente como para que el espectador quede enganchado durante su largo metraje.

  • MR. HYDE DICE:
  • Vayan por delante un par de cosas. La primera, que no me he leído ni uno solo de los libros de la serie “Millennium” (no porque piense que son una patata, sino que tampoco me han atraído mucho). La segunda, que tampoco he visto ninguna de las tres pelis suecas que hicieron sobre los libros, así que lo que os voy a decir de “Los hombres que no amaban a las mujeres” –versión USA- no se compara para nada con las películas originales; es decir, que no tengo ni guarra de si son mejores o peores. De todas formas, aunque tengo las tres pelis en casa –creo que las dieron hace tiempo con un periódico-, no había querido ver la primera parte para, precisamente, que la versión yanqui no me pareciera una mierda pinchada en un palo, y sobretodo porque tenía la intención de que me gustara, porque David Fincher me parece un director de lo más interesante, y Daniel Craig un tío que, cuando quiere, demuestra que sabe actuar de lo más bien. Os suelto todo este rollo, para que tengáis en cuenta que mi opinión de “Los hombres que no amaban a las mujeres” única y exclusivamente se refiere a la peli que sale esta semana en alquiler. Dicho esto, entremos en materia.

    “Los hombres que no amaban a las mujeres” es una película que, para mí, tiene cosas muy buenas, y otras que no tanto. Empezando por lo bueno, reconozco que consigue ser interesante durante la mayoría del tiempo –y creedme que eso es mucho, que la peli dura algo más de dos horas y media-. Para empezar, toda la parte del principio, con el viejo contándole la desaparición de la muchacha al periodista, y con las primeras cosas que empieza a investigar él sobre la familia, te hace estar atento todo el rato. También te mantiene concentrado lo que hace esa tía rara (Lisbeth, creo que se llama) cada vez que tiene un caso que investigar. Y, por supuesto, la forma en que está hecha la película, porque empiezas a sospechar de todos y cada uno de los que se pasean allí como si nada, con esa pinta de gente rara.

    Pero, mira tú por dónde, que lo que no le veo ya tan bueno a la peli, no tarda demasiado en aparecer (bueno, tal vez sea una hora, pero aún así ya es más de la mitad de lo que dura). La primera cosa que no mola tanto es el jaleo de gente. Se habla mucho de un montón de personajes, pero te cuesta ponerles cara y saber qué tiene que ver cada uno de ellos con todo el follón que se está montando (que si el padre de uno, que si el tío de otro, que si el sobrino casado con el primo de no sé quién…). Así que cuando descubren una pista nueva de alguno de los familiares, te toca estar haciendo repaso mental de la gente a la que han mencionado antes para saber de quién están hablando (sobretodo cuando se ponen a mirar fotos viejas, que ahí el lío ya es tremendo).

    Otra cosa que no me ha acabado de convencer mucho es la violencia de alguna que otra escena. Y mira que os lo dice alguien que se lo pasa pipa con las pelis de tiroteos y explosiones a tutiplén. Pero es que creo que si hubieran quitado todo lo que tiene que ver con los abusos sexuales de la chica rara ésta, “Los hombres que no amaban a las mujeres” hubiera sido un poco mejor. En cambio, por mucho que salga –o no- en la novela, sale como le obligan a hacerle una mamada a un gordo asqueroso, cómo luego ese mismo cerdaco la sodomiza (sic), y cómo ella se toma la revancha. Pues hombre, si no aparecía nada de esto tampoco pasa nada, que ya bastante truculenta es la historia como para echarle más leña al fuego.

    Y, después, que “Los hombres que no amaban a las mujeres” se hace muy larga. No hacía falta que durara más de dos horas y media, que lo mismo te lo podían haber contado en dos horitas o menos. Por ejemplo, cuando parece que la cosa ya se ha acabado, aún le quedan por delante veinte minutos de bla bla que podrían haberse quedado en cinco (todo lo de cómo el periodista viaja a Londres para encontrarse con cierta persona, de cómo vuelve a su vida normal y alguien le hecha una mano para resolver sus problemas legales, y de cómo la tipa rara ésta se queda con un palmo de narices porque está coladita por el periodista). Vamos, que digo yo que una adaptación está para eso, para adaptarlo, no para tener que sacar por cocos todo lo que sea que tiene el libro. Ah, y para rematar la faena, hay momentos en que, por muy interesante que sea la cosa, se hace un poco lenta, que casi parezca que haya que darle un empujoncito a los actores para que aceleren un poco.

    Aparte de esto que os cuento, “Los hombres que no amaban a las mujeres” es la típica película que te pones si estás un poco aburrido, o si no hay nada mejor que ver. No disgusta verla, aunque reconozco que, después de haber oído hablar tanto de ella y de las novelas (y también de las pelis originales), me esperaba mucho más. Igual es que, como suele ser frecuente en estos casos, los primos del otro lado del charco han hecho una peli mucho más cara que la original, pero la que mola la mitad. En cualquier caso, si la veis disponible en el videoclub, no es de las que lamentas tener que ver. Aunque tampoco es nada del otro mundo.