jueves, 21 de junio de 2012

CINE ACTUAL: "ENEMIGOS PÚBLICOS"

TÍTULO: ENEMIGOS PÚBLICOS

DIRECTOR: MICHAEL MANN

REPARTO: JOHNNY DEPP, CHRISTIAN BALE, MARION COTILLARD, CHANNING TATUM, STEPHEN DORFF, JAMES RUSSO, GIOVANI RIBISI

DURACIÓN: 140 min.

AÑO: 2009

GÉNERO: POLICIACO

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Hace ya tiempo, en uno de los programas que presentaba José Luis Garci en su espacio "¡Qué grande es el cine!, al hablar de Brian de Palma, uno de sus tertulianos afirmaba que tenía la impresión de que, cuando De Palma aceptaba dirigir una película parecía como si en su cabeza ya viera de qué forma iba a poder lucirse a la hora de la puesta en escena para, luego, dejar al público asombrado con sus grandes travellilngs, los movimientos de cámara, etc. Retomando un poco ese mismo argumento, da la sensación de que a Michael Mann le sucede algo similar. Desde su primer gran éxito con "El último mohicano - The last of the mohicans, 1992" hasta el film que hoy nos ocupa, "Enemigos públicos", parece que Mann se involucre en sus distintos proyectos siempre y cuando vea en ellos ese detalle particular que le permitirá realizar una obra diferente a las demás. Si en la extraordinaria "Heat - Heat, 1995" era la posibilidad de realizar un film policíaco como pocas veces se había visto antes (el film protagonizado por Al Pacino y Robert de Niro contiene una de las secuencias de tiroteos más larga de la historia del cine), y en "Collateral - Collateral, 2004" la oportunidad de retratar el mundo de los asesinos a sueldo desde una perspectiva totalmente nueva, en "Enemigos públicos" Mann se ha servido de la legendaria figura del atracador de bancos John Dillinger para realizar un largometraje fascinante acerca del ascenso y caída de este referente histórico del crimen norteamericano.

    Década de los años treinta. John Dillinger (Depp) es uno de los ladrones de bancos más peligrosos del país. Su forma de atracar bancos y hacerse con suculentos botines hace que la policía se vea incapaz de ponerle freno. Por ello, el naciente FBI, con J. Edgar Hoover (Cudrup) a la cabeza, designa al agente Melvin Purvis (Bale) para que dirija la investigación que conduzca a la detención de Dillinger. Sin embargo, Dillinger no se lo pondrá nada fácil, al conseguir evadirse de la cárcel, despistar a sus perseguidores y seguir atracando bancos. Las cosas cambiarán para él cuando se enamore de una joven muchacha llamada Billie Frechete (Cotillard), por la que verá comprometida su actuación en los delitos.

    "Enemigos públicos" es una proeza visual de lo más original. Michael Mann ha conseguido depurar aún más la técnica de rodaje con equipos digitales de alta definición con la que ya había hecho sus pinitos en las anteriores "Collateral" y "Corrupción en Miami - Miami Vice, 2006". En este largometraje, el aspecto que le confiere Mann al conjunto adquiere una nitidez y calidad de imagen únicos, que le permiten al espectador adentrarse aún más si cabe en esta apasionante historia de policías y ladrones de tono clásico. Sirva de ejemplo de es que comentamos la llegada de un Dillinger detenido a la penitenciería en la que va a ser recluido, y cuya llegada es cubierta por decenas de periodistas, o la redada que los hombres de Purvis hacen de una cabaña en la que se refugia la banda de Dillinger. La fotografía que consigue el italiano Dante Spinotti simplemente deja con la boca abierta. Cierto es que también se aprecia un cierto abuso por parte de Mann de la cámara al hombro, lo que puede resultar incómodo a más de un espectador (en ocasiones, el nervio e inestabilidad de la imagen puede llegar a ser algo mareante), pero no dejan de ser pequeñas observaciones que no deben enturbiar la percepción del resto del film.

    Además, en el apartado técnico Mann vuelve a rodearse de más colaboradores habituales, aparte del citado Spinotti, como es el oscarizado compositor Elliot Goldenthal -quien compone una banda sonora simplemente fantástica (presten especial atención al tema J.D. Dies)- o el montador Paul Rubell. Sin embargo, donde el film gana enteros es en el apartado artístico. En lo que a las actuaciones se refiere, Johnny Depp disfruta de principio a fin de su personaje, logrando transmitir una sensación de seguridad que pocas veces se le ha visto a este simpático actor (ver al respecto, la secuencia de su llegada a la cárcel -donde no tiene ningún inconveniente en posar con los policías que lo custodian ante las cámaras de los fotógrafos-, o aquella en la que entra en las mismísimas oficinas del FBI e, incluso, habla con agentes federales sin que ninguno de ellos repare en su presencia a causa de un partido que están retransmitiendo). Cierto es también que el resto de intérpretes le van a la zaga, aunque es inevitable que Depp brille con luz propia.

    Así pues, "Enemigos públicos" es un film que, aunque carezca de la épica de otras producciones similares como, por ejemplo, "Los intocables de Elliot Ness - The untouchables, 1987" o de la contundencia y ánimos de trascendencia de otras películas más ambiciosas como la recientemente comentada "J. Edgar - J. Edgar, 2011", sería injusto no concluir diciendo que "Enemigos públicos" es uno de los largometrajes más interesantes de su director, y toda una lección de cómo hacer buen cine. También es cierto que determinados pasajes del guión pueden entorpecer ligeramente el avance de la acción (la mayoría, vinculados a la relación entre Dillinger y Billie) pero, no obstante, ello no es impedimento para disfrutar de esta buena e interesantísima película.

  • MR. HYDE DICE:
  • Me encantan las pelis de Michael Mann. Tienen un "yo-qué-sé" que hace que cada fotograma de sus películas me parezca una pasada, incluso cuando la peli en sí es una tontuna tremenda (como le pasa a "Corrupción en Miami"). Por eso, y porque este hombre saca una peli cada tropecientos años, cada vez que estrena algo nuevo y, sobretodo, si tiene el tirón de "Enemigos públicos", no me lo pierdo ni de casualidad. El riesgo de esta devoción (para los de la E.S.O., "devoción" = "que te mola mazo siempre") es que luego, la película en sí, no esté a la altura de lo que esperas. No es que a mí me pasara exactamente eso con "Enemigos públicos", pero sí que me dejó como con ganas de ver algo que, al final, no te encuentras en la película. La ambientación, vestuario y todo lo que tú quieras está cuidadísimo, no digo yo lo contrario. Pero es como si le faltara... algo. No sé si es porque es muy larga -casi dos horas y media- cuando, a fin de cuentas, podían haberte contado lo mismo en menos tiempo, porque gran parte está hecha como si fuera un documental (con esa calidad de imagen un poco más rara) o porque es muy oscura. Ni idea. Pero, aunque sí me gustó, ya os digo que le falta ese empujón final para salir del cine pensando "¡macho, qué peliculón acabo de ver!"

    De todas formas, "Enemigos públicos" tiene cosas chulísimas. Para empezar, se salen las actuaciones de todos los actores pero, sobretodo, de Johnny Depp. El tío se lo pasa pipa haciendo de súper ladrón de bancos, con un estilazo descarado ya sea para decirle a una pivita que se la quiere ligar o para atracar un banco y caerle bien a la gente que está acojonada allí mismo (no os perdáis la cara de flipe que pone un hombre al que le dice que no ha ido a robarle su dinero a él, sino el del banco). Claro está, que los demás tienen que conformarse con salir en la misma peli que él. Por ejemplo, el tío que hace de Batman (en las pelis de Batman, evidentemente) se pasa con cara de palo todo el rato, y la chica del malo sólo se puede lucir en un par de escenas (en especial, hacia el final de la peli: primero, cuando quieren hacerla hablar para que les diga dónde está Dillinger; la segunda, cuando el que le ha pegado el tiro a Dillinger le dice lo que éste le ha susurrado al oído antes de palmarla).

    Otra cosa que es impresionante de "Enemigos públicos" son las escenas de acción. O, lo que es lo mismo, las de los atracos y tiroteos, y las de la persecución de los policías a los cacos. Es impresionante cómo están hechos todos los atracos de Dillinger: desde el primero en el que tío más que un ladrón parece una estrella del rock, hasta el último en que les dan matarile a base de bien a él y, sobretodo, a los de su banda (no os perdáis la cara que pone cuándo se cargan a uno de los suyos delante de él, o cuando detienen a leches a su novia y el tío va pistola en mano a querer rescatarla antes de que se la lleven). Pero, como os decía, las escenas de tiroteos, aunque oscuras de cojones -casi tienes que entornar los ojos para saber quién es de los buenos y quién de los malos-, son de las más realistas que he visto en mucho tiempo. Por supuesto, la más importante de todas, son tanto la de la fuga de la cárcel a plena luz del día y, en especial, la del tiroteo en la cabaña y la persecución por el bosque.

    Ahora bien, la parte mala es que parece que, por momentos, los que están haciendo la película se hayan cansado de lo que están contando y, de repente, da la sensación de que les aburre hacer determinadas escenas. Por ejemplo, una de las más importantes de la película, la de cuando le pegan el tiro en la nuca a Dillinger -no pongáis cara de sorpresa, que es hecho histórico que al pavo le revientan la cabeza de un balazo-, todo lo de antes (cómo averiguan a qué cine va a ir Dillinger para poder cazarlo, y cómo llegan hasta allí para dejarlo seco) está contado como si no tuvieran más remedio, casi con pereza. Pero bueno, supongo que es complicado hacer una película que sea así de genial todo el rato. Por lo menos, yo me he dado el gustazo de ver una buena peli hecha por Michael Mann, que sí, que es una frikada, pero cada uno tiene sus gustos. Aparte de eso, os la recomiendo si os gustan las pelis de policías a la vieja usanza y que, además, estén hechas de lujo.

    miércoles, 20 de junio de 2012

    CINE DE LOS 90: "LA MOMIA"

    TÍTULO: LA MOMIA

    DIRECTOR: STEPHEN SOMMERS

    REPARTO: BRENDAN FRASER, RACHEL WEISZ, JOHN HANNAH, ARNOLD VOSLOO, KEVIN J. O'CONNOR, ODER FEHR

    DURACIÓN: 119 min.

    AÑO: 1999

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Desde que, a principios de los años ochenta, se estrenó "En busca del arca perdida - Riders of the lost ark, 1981", el cine de aventuras posterior no ha vuelto a ser el mismo. El excelente film de Steven Spielberg supuso un punto y aparte en lo que a este género de largometrajes se refiere, apostando por una factura clásica aunque muchísimo más emocionante y trepidante. Ni siquiera el propio Spielberg ha sabido innovar dicho modelo en las entregas posteriores de las andanzas de su famoso arqueólogo, ya que, al menos, las dos secuelas siguientes seguían el mismo esquema, casi punto por punto. Sin embargo, esta serie de producciones aventurescas parecía estar casi reservada en exclusiva a las películas de Indiana Jones puesto que, los intentos siguientes de reproducir el éxito de dichos films, aunque notorios (por ejemplo, "Tras el corazón verde - Romancing the stone, 1984"), han acabado basándose más en aventuras de héroes de cómic, adaptaciones de best sellers literarios (la serie Harry Potter) o, en su defecto, decantándose por el blockbuster puro y duro (las cuatro entregas de "Piratas del Caribe"). Por ello, cuando a finales de la década de los noventa, el director Stephen Sommers propuso a los directivos de la Universal -quienes tenían la firme intención de realizar un remake de "La momia"- una visión mucho más clásica y entretenida del famoso personaje, repleta de trampas, maleficios, combates apasionantes y escenas de batallas en el Egipto de principios de siglo, aquellos no se lo pensaron dos veces y dieron luz verde al proyecto. El resultado no puede ser un mejor homenaje a la serie iniciada por Spielberg, con la que posee más de un punto en común que hacen de ella uno de los pasatiempos más entretenidos e interesantes del reciente cine de aventuras.

    Rick O'Connell (Fraser) es un legionario que, en la década de los años treinta, durante un enfrentamiento en Egipto con las tropas locales, es hecho prisionero, no sin antes haber descubierto las ruinas de Hamunaptra, una legendaria y desaparecida ciudad egipcia de la que sólo se han oído viejas historias. Paralelamente, Evelyn Carnahan (Weisz), una bibliotecaria aficionada a la arqueología que trabaja en la Biblioteca Nacional de El Cairo descubre, por casualidad, el Libro de los Muertos con el que, según la mitología, es posible devolverle la vida a las almas condenadas. Sus pasos la llevarán a ella y a su hermano Johnathan (Hannah) hasta Rick, con el fin de que les guíe hacia Hamunaptra. Sin embargo, una vez allí, desatarán un poder oculto desde hacía millones de años que devolverá a la vida a Imhotep (Vosloo), uno de los sacerdotes más peligrosos y crueles del antiguo Egipto. Junto con la ayuda de un guerrero nativo llamado Ardeth Bay (Fehr) y sus tropas, Rick, Evelyn y Jonathan deberán hacer frente al temible Imhotep.

    Como avanzábamos en la introducción, es imposible ver "La momia" sin tener en mente "En busca del arca perdida". Cierto es que las comparaciones suelen ser odiosas pero, de lo que no cabe duda, es de que ambas producciones, con sus mayores y menores equivalencias, es todo un ejemplo de entretenimiento en estado puro. Desde la excelente introducción en el Egipto de los faraones hasta la batalla inicial en la que Rick descubre la ciudad perdida de Hamunaptra, el espectador a penas tiene tiempo para pensar otra cosa que no tenga que ver con lo que les está sucediendo a los personajes. Asimismo, la acción continúa siendo constante después, gracias a una historia con muchísimo gancho, a unos personajes simpáticos a rabiar, y con una puesta en escena que destila un clasicismo que parecía haberse olvidado con el paso del tiempo.

    El mérito de todo ello recae, por derecho propio, en Stephen Sommers (al margen de la calidad de sus películas posteriores, sobre las que más vale dejar caer un tupido velo). Sommers parece tener claro desde el comienzo que lo que debe ofrecer al público es un espectáculo trepidante, repleto de situaciones entretenidas, de acción bien coreografiada, y de hacer gala de un ritmo que hace que el espectador se identifique de inmediato con los personajes y con aquello que está tratando de contar. Ello no le impide, sin embargo, ni renunciar a un sentido del humor de lo más acertado (el detalle de que, por ejemplo, Imhotep le tenga una fobia descontrolada a los gatos, o que el personaje de Jonathan sea capaz de resolver las situaciones límite gracias a su torpeza), ni dejar de mostrar secuencias repletas de efectos especiales ciertamente espectaculares (la tormenta de arena sobre la que se dibuja el rostro de Imhotep queriendo engullir la avioneta en la que vuelan los héroes, o las progresivas transformaciones de la momia conforma se va haciendo con los recipientes que le devuelven la vida).

    Así pues, sin la más mínima pretensión de ser un film "de calidad", como sí podríamos llamar a "En busca del arca perdida", "La momia" ofrece al público dos horas de aventuras en estado puro, llenas de acción y efectos visuales excelentes. Si a ello le añadimos el insuperable acompañamiento musical del fallecido Jerry Goldsmith (si tienen ocasión de hacerse con la banda sonora expandida del film, no lo duden, pues es una de las mejores en la longeva carrera del maestro) o la fotografía del también desaparecido Adrian Biddle (atención al tono de intriga y misterio que es capaz de reflejar el simple reflejo de una antorcha o de una vela), lo que nos queda es, en definitiva, uno de los largometrajes de aventuras más entretenidos y recomendables de los últimos años.

  • MR. HYDE DICE:
  • Totalmente de acuerdo. Vale que "La momia" no es la pera limonera, pero es que no le hace ninguna falta. Lo que quieren los pavos que han hecho esta peli es que te lo pases pipa desde que empieza hasta que acaba y, al menos, el menda se lo pasó de rechupete. Eso sí, igual que os digo que me chiflan estas pelis, también os digo que me toca la pelotera de una forma irritante ir a ver una de aventuras y que acabe siendo una mierda pinchada en un palo. Y, si alguien quiere saber a qué me refiero, no tiene más que tragarse "maravillas" como "Congo - Congo, 1995" o la última de Conan que hicieron el año pasado, por poner dos ejemplos. Eso sí que es para pegarse un tiro (o pegárselo al que las ha hecho). Y vale que luego están las de "Piratas del Caribe" -de las que sólo se salva la primera-, pero eso ya es un rollo demasiado fantástico y una forma de hacerlas que se pasa tres pueblos. Por eso os digo que "La momia" es una de las mejores pelis recientes de aventuras que podéis encontrar.

    Además, puestos a verla en pareja, para los más jóvenes, lo tiene todo: ellas disfrutan viendo a George de la jungla paseándose en plan machoman repartiendo estopa entre las momias, y vosotros os lo pasáis de lujo con una buena dosis de acción. ¿Y por qué? Pues porque, en mi nada humilde opinión, donde acierta de lleno "La momia" es en que la historia es interesante y está bien contada desde el minuto uno. Vale que tiene su parte de fantasía, pero no es una ficción así en plan se-me-va-la-pinza-con-los-efectos-especiales, sino que te da la sensación de estar en una especie de montaña rusa que no para de pegar vueltas y ser emocionante. Por poner un par de casos, desde el momento en que la momia resucita, estás todo el rato deseando que no consiga las tres vasijas esas raras que necesita para tomar apariencia más humana o, también, la última media hora, cuando después de una tormenta de arena gigantesca (me encanta ese trozo), se meten dentro de la pirámide esa subterránea y empiezan los duelos de espadas con las momias.

    Sí es cierto que, a veces, canta a la legua que las paredes y las columnas parecen hechas de cartón piedra (posiblemente lo estén) porque, de lo contrario, nadie puede explicar que los buenos se empotren así contra las paredes y luego se levanten tan campantes -haz tú eso, a ver cuántos puntos de sutura y escayola tienen que usar después para recomponerte). También puede que haya alguien al que le parezca demasiado "guerra de las galaxias" tanto duelo de espada entre el bueno y todas las momias, o demasiada voltereta para cargarse al malo. Bueno, no os digo que la cosa sea realista. Sólo que, durante las casi dos horas que dura, no tienes tiempo ni de pensar si todo es muy realista o no. A eso yo lo llamo diversión porque, entre otras cosas, te olvidas del reloj por completo. Así que, si queréis ver una peli que os entretenga y que no sea una chufla sino más bien todo lo contrario, acordaos de "La momia".

    martes, 19 de junio de 2012

    CINE DE LOS 80: "TORO SALVAJE"

    TÍTULO: TORO SALVAJE

    DIRECTOR: MARTIN SCORSESE

    REPARTO: ROBERT DE NIRO, JOE PESCI, KATHY MORIARTY, FRANK VINCENT, NICHOLAS COLASANTO, THERESA SALDANA

    DURACIÓN: 129 min.

    AÑO: 1980

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Cuando, a mediados de los años setenta se estrenó “Taxi driver – Taxi driver, 1976”, el dúo Martin Scorsese – Robert de Niro se convirtió en uno de los referentes indiscutibles del buen cine del momento. Esta colaboración, sin embargo, parecería perder fuelle en los años siguientes a causa del fracaso de su siguiente film conjunto, el excesivamente pretencioso “New York, New York – New York, New York, 1978” que, para más inri, resultó ser un significativo éxito comercial. A ello, hubo que añadir los graves problemas con las drogas de Scorsese, por lo que el cineasta necesitaba volver a la primera línea de combate de la forma más prestigiosa posible. Esta “salvación” llegaría en forma de biopic: la recreación del boxeador Jake La Motta estrenada bajo el título de “Toro salvaje” que, no sólo significará un tour de force tremendo para Scorsese (pocas veces el director neoyorquino ha demostrado un dominio de la acción tan controlado y trepidante como en ella), sino que, además, representaría una de las mejores actuaciones de la década a cargo de De Niro quien, como sabrán los espectadores, llegó a engordar la friolera de veinte kilos para poder dar vida a La Motta. Y todo ello por no mencionar la excelencia del resto de miembros del reparto y, muy especialmente, de su factura técnica.

    Jake La Motta (De Niro) es un boxeador obsesionado por conquistar el título mundial de los pesos medios. Para ello, su hermano Joey (Pesci), también su manager, se encarga de conseguirle los combates más beneficiosos y hacer de La Motta una estrella. Sin embargo, tras alcanzar el triunfo y casarse con una atractiva mujer llamada Vickie (Moriarty), la vida del púgil comenzará a tambalearse a causa de sus constantes coqueteos con otras mujeres, lo que hace que la estabilidad de su matrimonio se resienta, y con miembros de la mafia, que harán lo posible por servirse de La Motta para amañar combates. A ello, habrá que unir el difícil carácter de La Motta, cuyo violento temperamento le granjeará más de un problema.

    Aunque lo pueda parecer, "Toro salvaje" no es una película biográfica al uso. No trata de mostrar al protagonista como una persona ejemplar, ni engrandece más allá de lo estrictamente necesario los logros que va consiguiendo por el camino. De hecho, el instante en el que La Motta se alza con el título de campeón de los pesos medios está retratado por Scorsese con la misma sencillez que si se tratara de una secuencia más del largometaje. Sin embargo, de lo que sí tiene la sensación el espectador es que Scorsese ha preferido poner toda la carne en el asador para describir el viaje a la autodestrucción del personaje, más que los hechos aislados. Así pues, no es de extrañar que la cámara se muestre rabiosa en la mayoría de secuencias de combates (tremendísima la labor de su montadora habitual, la oscarizada Thelma Schoonmaker) mientras que, del mismo modo, instantes más reservados y menos espectaculares -la relación de La Motta con su hermano, el maltrato a su mujer, los celos, etc.- son contemplados con esa misma energía sin perder un sólo ápice de vitalidad (ver el instante en el que, en mitad de una fiesta, Jake le increpa a su esposa que se pueda sentir atraída por otro de los invitados).

    Por supuesto, qué decir del reparto de "Toro salvaje". De la interpretación magistral de Robert de Niro (desde el comienzo, en el que actúa como monologuista de un club hasta su reclusión en la cárcel, en la que llora mientras golpea una de las paredes de la celda, como si estuviera entrenándose), pasando por la milimetrada participación de un gran actor como es Joe Pesci, o la presencia magnética de Cathy Moriarty, capaz de decir muchísimo más con una sola mirada que con sus líneas de diálogo (ver el primer encuentro entre ella y La Motta). La interactuación entre estos tres artistas es lo que hace que "Toro salvaje" sea la película tan realista y creíble que es.

    En resumidas cuentas, aunque "Toro salvaje" puede que no se trate de uno de los mejores ejemplos de película representativa del espíritu de los años ochenta, de lo que no cabe duda es de que es una de las mejores películas de su realizador, y todo un ejemplo de lo que implica combinar talento, entretenimiento y film con ideas que puedan dar que pensar -e impresionar- a los espectadores. Lo dicho, una película imprescindible.

  • MR. HYDE DICE:
  • Por lo general, me gusta bastante el cine de Martin Scorsese. Puede que no tanto cuando decide ir en plan autor con tostones como “La edad de la inocencia – The age of inocence, 1993” o con cuentos raras como “La invención de Hugo – Hugo, 2011” pero, de lo que no cabe duda, es que pocos han sabido sacar en una peli el mundo de los gángsteres como él. Por suerte, también ha demostrado que hay vida más allá de la mafia porque, después de ver “Toro salvaje” se te queda en el cuerpo la sensación esa de haber visto una peli impresionante, pero lo suficientemente fuerte como para que el regustillo ese sea un poco amargo. Eso sí, agárrate fuerte con el papelón que hace Robert de Niro (cuando aún se molestaba un poquito en demostrar lo buen actor que es cuando quiere), y en lo que son combates de boxeo realistas, nada de las chuflas fantasmales de Rocky Balboa y compañía.

    Por lo que más suele sonar “Toro salvaje” es por la transformación física tan impresionante de De Niro –no creo que ese cambio brutal de peso sea sano, pero bueno-, donde el tío pasa de estar cuadrado a lo bestia a salir como una foca marinera. Si a eso sumas que el pollo da una lección de las buenas de lo que es actuar, y que el resto de la peli te hipnotiza desde que empieza, pues no hace falta ser muy espabilado para intuir que estamos hablando de una película cojonuda. Aquellos a los que no os gustan mucho las pelis de boxeo, podéis estar tranquilos porque “Toro salvaje” aunque haya escenas de combates (y, por cierto, violentas que te cagas), no es “de boxeo”, o sea, que no tiene que ver con un pavo venga a entrenarse para reventar a leches a su oponente en el ring, sino que es el drama de una persona -que da la casualidad que es boxeador-, y su relación con su hermano, con su mujer, con la justicia y con su forma de vivir y ser. Ahí es donde De Niro te deja con la boca abierta, porque tiene tiempo para demostrar que es todo un gentleman (cuando se las ingenia para conquistar a la rubia con la que se acaba casando), que tiene es capaz de hacerse detestar hasta la médula (agüita con ese momento en que le pide a su propio hermano que se ponga un trapo en la mano y le golpee la cara sin parar para demostrarle lo mucho que puede aguantar los golpes), o que los tiene bien puestos, casi tirando a masoca (tela marinera el combate ese que disputa contra el negro flacucho en que, aunque lo revienta a base de bien, el tío no se rinde).

    Además, toda la parte de drama también es interesante. Como no sólo de combates vive el hombre, “Toro salvaje” es interesante incluso cuando el hombre éste, autodestructivo total, vive su día a día, haciendo lo que puede por ganarse la vida alejado de los combates. Reconozco que llama la atención que el tío se ponga a hacer monólogos sobre su vida y sobre las dos o tres cosas con las que se supone que hace gracia pero, como os decía antes, lo que te deja flipado es tanto la forma de Robert de Niro de hacerlo como del director de hacer que no te parezca un bodrio. Ah, y sí, “Toro salvaje” es en blanco y negro, pero creedme si os digo que no tiene nada que ver con las pelis de cine clásico que solemos comentar los lunes. Aquí, da igual que sea en blanco y negro o en color, porque está tan bien hecha que eso te da igual. Y, si no, mirad las letras del principio, con esa escena de un boxeador calentando a cámara lenta en un ring. O como cuando empieza a llover, que casi parece que puedas tocar el agua que cae.

    En fin, que aquí, aunque hay tema de politiqueo y trapos sucios, no es una peli de esas de matones y tomateo a destajo, sino un dramón brutal y violento sobre la vida de un boxeador que lo da todo por ser uno de los mejores. A mí, desde luego, y con permiso de “Infiltrados – The departed, 2006” es la peli de Scorsese que más me ha gustado. Una pasada.

    lunes, 18 de junio de 2012

    CINE CLÁSICO: "CENTAUROS DEL DESIERTO"

    TÍTULO: CENTAUROS DEL DESIERTO

    DIRECTOR: JOHN FORD

    REPARTO: JOHN WAYNE, JEFFREY HUNTER, NATALIE WOOD, VERA MILLES, WARD BOND

    DURACIÓN: 119 min.

    AÑO: 1956

    GÉNERO: WESTERN

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Pocos cineastas han sabido recoger tan bien a lo largo de su filmografía el verdadero espíritu del western como Howard Hawks o John Ford. Especialmente este segundo, junto con el actor John Wayne, serían los responsables de inmortalizar las mil y una aventuras en las que el héroe solitario y aguerrido hacía frente sin cuartel a numerosos enemigos nativos, en las áridas tierras del Oeste norteamericano. De todas estas producciones, la que con toda probabilidad no sólo es un clásico indiscutible sino que, también, una de las mejores y más reputadas, es "Centauros del desierto", film en el que, lejos aún de retratar la época del far west con el halo crepuscular que tanto le caracterizaría a finales de los años setenta y ochenta, presenta una historia potentísima en la que el protagonista no sólo debe enfrentarse a peligrosas tribus de indios, sino reformar su conciencia y forma de pensar a causa de los sucesos que afectan a su vida.

    Tras combatir en la Guerra Civil norteamericana, Ethan Edwards (Wayne) regresa al rancho en el que viven su hermano y la mujer de éste, Martha (Miles), junto a sus dos hijas. Cuando un grupo de indios comanches atacan el rancho y matan a su hermana y cuñada, y raptan a su sobrina, Debbie (Wood), Ethan emprenderá un largo viaje para encontrarla y dar muerte a quienes mataron a su familia. En su viaje, le acompañará su buen amigo Martin (Hunter) y el peculiar capitán del ejército Samuel Johnston (Bond).

    Ahora bien, es en el fantástico guión de Frank Nugent donde "Centauros del desierto" resulta verdaderamente novedosa. En primer lugar, las frases que brinda el personaje de John Wayne son sensacionales (ver el instante en que le recrimina a uno de sus acompañantes la cobardía al encontrar una pieza de ropa de Debbie desgarrada); en segundo lugar, la actitud de los personajes, ya que el protagonista debe lidiar con un terrible conflicto de emociones, al decidir si dar muerte a su propia sobrina al haberse convertido en una más de la tribu india, o perdonarla y vivir con ello en el recuerdo de su hermano y cuñada asesinados; en tercer lugar, la versatilidad de escenarios puesto que, si bien el grueso de "Centauros del desierto" tiene lugar en el desierto de Arizona, el tránsito de la acción hacia las frías tierras canadienses se ejecuta con un ritmo excelente.

    Por su parte, qué decir de la actuación de John Wayne y la dirección de John Ford. El primero parece calcular cada una de sus reacciones para mantener ese espíritu de vaquero aguerrido y sin nada que perder en cada una de las secuencias (ver, en contraste, la reacción de Ethan cuando encuentra los cuerpos muertos de su hermano y amada cuñada), mientras que el segundo aprovecha cada uno de los instantes que le brinda la acción para engrandecer el largometraje con espectaculares panorámicas (ver, por ejemplo, la secuencia que abre el film, con ese desierto arisco; o el instante en que Ethan encuentra, por fin, a su sobrina, después de tantos años).

    "Centauros del desierto" es uno de los western clásicos por definición de la historia del cine. No hay película del tándem John Ford-John Wayne que haya sabido captar con tanto poder el espíritu del cine del Oeste con el mismo resultado -tal vez "La diligencia - Stagecoast, 1939" sea la otra-. Incluso largometrajes muy posteriores la homenajeaban en ciertos aspectos (es innegable la influencia de "Centauros del desierto" en, por ejemplo, "Bailando con lobos - Dances with the wolves, 1990": el vaquero enemigo de los indios que busca la redención, el hallazgo de una mujer blanca criada por los indios y convertida en uno más de ellos...). Así pues, para todos aquellos que aún no la hayan visto, les sugiero, en contra de la opinión que le merecen a mi compañero Hyde este tipo de western clásico, que no se la pierdan. Al fin y al cabo, estamos hablando de una de las películas más importantes de la historia del séptimo arte.

  • MR. HYDE DICE:
  • Me parece que más de una vez ya he dicho que no me gustan nada las pelis del Oeste. Me aburre como a una oveja ver siempre la misma historia sobre vaqueros súper machos que les dan para el pelo a los indios -casualmente, ninguno es nunca bueno-, mientras defienden la diligencia que va de Kentucky a Oklahoma, o se atrincheran en un fuerte mientras esperan al Séptimo de Caballería. Y, si además, sale John Wayne (no porque me caiga mal o me parezca mal actor, todo lo contrario), pues ya apaga y vámonos. Porque para mí que si a una persona le hacen un popurrí de cuatro o cinco películas del Oeste diferentes, ni se da cuenta del cambio, porque son tooooodas iguales. Ahora bien, dicho eso, si sois de los míos, que pasáis olímpicamente de tragaros la típica película que viene con el periódico de los domingos (porque la tienen que vender y no la quieren ni las que las editan), pues os recomiendo que veáis "Centauros del desierto". Pero no porque sea una peli flipante, sino porque es la película que representa a la perfección el espíritu ese del cine del Oeste, con sus indios, vaqueros, forajidos y demás -y, además, es la más famosa-. Es más, cuando le dije al abuelo cebolletas de arriba que me parecía un bodrio tener que hablar de una del Oeste, por mucho John Ford que la dirigiera, me puso de vuelta y media -ignorante creo que es lo menos que me llamó-. Así que, dado que sí he visto "Centauros del desierto", procuraré daros mi opinión sin que a nadie le dé un patatús porque me atreva a decir ciertas cosas de la que está considerada una de las mejores películas del Oeste del cine (así nos va...).

    "Centauros del desierto" es una peli del Oeste, ni más ni menos. Lo que para mí la diferencia un poco de todas las demás, (con perdón del señor Eastwood, que me encanta -casi- todo lo que hace, y de los spaghetti western, que me parecen la versión clásica de cualquier "Jungla de cristal"), no es la forma en que está hecha o cómo actúan los protas, sino en su historia. Ver al vaquero de toda la vida, con más huevos que el caballo de Espartero, tener que ir detrás de unos indios que han secuestrado a su sobrina pequeña y que, con el tiempo, la han hecho una de los suyos, no es que sea algo muy frecuente. Más que nada porque sí, el tío reparte estopa a base de colt, pero llegado el momento, cuando parece que tiene todo más claro que el agua... ¡Hay amigo, qué impredecible es el ser humano!

    En fin, tonterías aparte, sí, reconozco que la película tiene sus méritos, aunque es un tipo de cine que no me interesa demasiado. Os recomiendo, desde luego, a quienes seáis unos incondionales de las pelis del Oeste, que no os perdáis "Centauros del desierto" -aunque, si es el caso, ya la habréis visto más de una vez, seguro-; y, a los que ni fu ni fa, pues que si la ponen por la tele, le deis una oportunidad, aunque tampoco quiero engañaros: "Centauros del desierto" no es más peli del Oeste porque no tiene tiempo. Pero bueno, eso tampoco tiene por qué ser nada malo. Para gustos, los colores.

    lunes, 11 de junio de 2012

    CERRADO POR VACACIONES

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Queridos bloggeros,

    Como todos los años, mi querido amigo Hyde y un servidor nos vamos a tomar unos días de descanso.

    Sin embargo, la semana que viene volveremos con muchísimas más películas para criticar, y con el deseo constante de que disfrutéis con nuestros comentarios y aportéis también los vuestros.

    ¡Hasta muy pronto!

  • MR. HYDE DICE:
  • ¡Qué pasa nenes!

    Pues sí, el carroza de arriba y el menda se piran una semana a hacer el perro a base de bien.

    Pero no os despistéis, que aquí todavía hay cine para rato y, sobretodo, mucho "toque especial de la casa made in Hyde", jeje.

    ¡Nos vemos gente! ¡¡Id al cine!!

    domingo, 10 de junio de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "ANÁLISIS FINAL"

    TÍTULO: ANÁLISIS FINAL

    DIRECTOR: PHIL JOANU

    REPARTO: RICHARD GERE, KIM BASINGER, UMA THURMAN, ERIC ROBERTS, PAUL GUILFOYLE, KEITH DAVID

    DURACIÓN: 120 min.

    AÑO: 1992

    GÉNERO: SUSPENSE

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • La sombra de los grandes genios es muy alargada. Desde que Alfred Hitchcock sentara las bases de lo que ha acabado siendo el noventa y mucho porciento del thriller posterior, son incontables los intentos de realizar una buena película de suspense que se encontrara remotamente cerca del estilo creado por el gran maestro. "Análisis final", por desgracia, no es una de las excepciones aunque, como largometraje de suspense, cabe reconocerle la estupenda habilidad que tiene para lograr crear una atmósfera malsana de sospechas e intriga que consigue atrapar al espectador en un mar de traiciones, equívocos y revelaciones sorprendentes.

    El doctor Isaac Barr (Gere) es un psiquiatra con una considerable reputación dentro de su gremio. Una de sus pacientes es Diana Baylor (Thurman) una frágil muchacha que vive obsesionada por las pesadillas que la asaltan y una infancia traumática en la que fue testigo de la muerte de sus padres. Con el fin de ayudarla, Isaac accede a conocer a la hermana de ésta, Heather (Basinger) quien, a su vez, está casada con un peligroso y violento mafioso llamado Jimmy (Roberts). Cuando Isaac y ella inician una tórrida aventura, pocos podrán predecir las consecuencias que tendrán sus actos, empezando por un misterioso asesinato.

    Si hubiera que definir "Análisis final" con una palabra, ésta podría ser, perfectamente, misteriosa. El largometraje dirigido por Phil Joanu contiene todos los elementos de los thrillers clásicos al más puro estilo de "Vértigo (De entre los muertos) - Vertigo, 1958", empezando por esos títulos de crédito premonitorios en los que se describe la pesadilla que Diana le cuenta una y otra vez a su psiquiatra, pasando por la sugerente música del irregular George Fenton (y que, por momentos, parece querer imitar el estilo del maestro Bernard Herrmann) en la escenografía (el faro de San Francisco, parece salido de la obra maestra protagonizada por James Stewart, al igual que sucedía en aquella con un viejo monasterio) y, muy especialmente, al entramado tan complicado como atractivo del guión escrito por Wesley Strick.

    Es precisamente, en el libreto donde quedan contemplados muchísimos aspectos que tienen su razón de ser en el gigantesco puzzle en el que se convierte el film. Desde la suplantación de identidades, pasando por la aparición de los falsos culpables, los asesinatos premeditados y, por supuesto, secuencias de auténtico nervio (el instante en el que Heather relata los hechos en el psiquiátrico en el que está ingresada ante la impasible mirada de su hermana y su amante, el robo de una prueba fundamental para el destino de uno de los personajes, o los pocos segundos de ventaja de los que dispone uno de los personajes para evitar que le acusen de asesinato). En "Análisis final", todos estos detalles quedan contemplados de una forma sorprendente, y cuya única intención no es otra que sorprender al público y provocar que el espectador se quede asombrado ante los giros imprevisibles que da la historia.

    Por el contrario, cierto es que existen ciertos aspectos del film que hubieran podido trabajarse más a fondo (por ejemplo, la facilidad que tiene uno de los personajes de evadirse del recinto en el que se encuentra confinado, o el final en el faro, entre una portentosa tormenta, pretende ser tan espectacular que acaba por parecer falso en exceso). Al mismo tiempo, puede dar la sensación, en algún que otro momento, que los responsables del film han querido dejar la historia excesivamente atada, sin ningún cabo suelto que estimule la imaginación del público.

    No obstante, a pesar de ello, "Análisis final" es una película que pasó por la cartelera con más pena que gloria y que, revisada de nuevo, aún continúa sorprendiendo al espectador, y enganchándolo hasta el último segundo de película. Así pues, "Análisis final" se convierte en un largometraje de lo más recomendable y, asimismo, en una buena película de intriga y suspense.

  • MR. HYDE DICE:
  • Me encanta "Análisis final". A pesar de que la peli tiene título de bodrio de sobremesa de sábado después del telediario, "Análisis final" es un peliculón de intriga cojonudo, de ese tipo de películas que te tiene intrigado desde que empieza hasta la última escena. La historia está muy bien llevada, y cada uno de los actores lo borda haciendo lo suyo: Richard Gere de guapetón que la caga y tiene que apretar el culo para no pagar las consecuencias, Kim Basinger de mujer fatal que te da más de una sorpresa, y Uma Thurman más o menos lo mismo. Pero lo mejor son los giros tan guapos que tiene la historia, desde los detalles que parecen tener poca importancia -y que, al final, mira por dónde que sí la tienen-, hasta la forma de hacer que la película sea tan amena.

    Para empezar, el argumento y la historia son estupendos. Ya desde que el temita empieza en la consulta del psiquiatra, con esa mujer que tiene pinta de estar zumbada, contando sus sueños, hasta cuando aparece Kim Basinger (que está como un quesito) para liar más el asunto, ya intuyes que va a pasar algo en cuanto el doctor se líe con la hermana. Además, la tía está casada con un gangster de los burros, así que como para toserle a la cara. A partir de aquí, "Análisis final" me parece una combinación muy chula de "Fuego en el cuerpo - Body heat, 1981" y cualquier película de Hitchcock, sobretodo desde que se empieza a destapar el pastel y no te queda otra que agarrarte bien fuerte mientras ni parpadeas.

    Otra cosa que también está chulísima es la ambientación. Los escenarios que han escogido para rodar la peli son los mejores que podían haber elegido. San Francisco le va que ni pintada a la historia (no os perdáis lo que pasa en un plis-plas con una bolsa que lleva Kim Basinger), igual que el faro ese tan grande en el que acaban pasando cosas importantísimas, o el hospital psiquiátrico que tiene más pinta de cárcel de tercera que no de centro médico.

    Además, cada actor se sale por la puerta grande. Richard Gere no luce tanto porque, al fin y al cabo, hace de Richard Gere. Pero Uma Thurman, haciendo de hermana "manejable" y, sobretodo, Kim Basinger haciendo de femme fatale están increíbles. Y, como os decía al principio, el truco está en los detalles. "Análisis final" es una peli en la que cada cosita, por pequeña y casual que parezca está calculada milimétricamente para que tenga algo muy importante que ver en lo que acabará pasando después (una receta médica, un jarabe para la tos, una escenita en un restaurante, unas pesas...). En fin, que tampoco os puedo contar mucho más porque os cagaría la sorpresa final -que la tiene, y creedme si os digo que es de las buenas-. Así que lo mejor que podéis hacer es estar al loro por si la pasan por la tele o tenéis suerte de encontrarla en alguna tienda, que no costará más de cuatro perras. A mí, desde luego, me encantó.

    CINE EN CARTEL: "HOMBRES DE NEGRO 3"

    TÍTULO: HOMBRES DE NEGRO 3

    DIRECTOR: BARRY SONNENFELD

    REPARTO: WILL SMITH, JOSH BROLIN, TOMMY LEE JONES, EMMA THOMPSON, ALICE EVE, BILL HARDER

    DURACIÓN: 103 min.

    AÑO: 2012

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Cuando, a finales de los años noventa, se estrenó “Hombres de negro – Men in black, 1997”, el film protagonizado por Will Smith y Tommy Lee Jones, y dirigido por Barry Sonnenfeld, se convirtió en un tremendo éxito de crítica y público, cosechando, entre otros reconocimientos, una nominación al Globo de Oro en el apartado de mejor película comedia / musical, y un Oscar a sus efectos de maquillaje. Unos años más tarde, se estrenaba una segunda parte, mucho más cara pero con resultados notoriamente inferiores a la original. Esta semana, diez años más tarde, se estrena en nuestras pantallas la tercera parte de las aventuras de los agentes K y J, con la clara intención de, como mínimo, obtener unos resultados igual o mejores a los alcanzados con las anteriores entregas.

    Los agentes K (Jones) y J (Smith) siguen siendo dos de los mejores “hombres de negro”, encargados de que la armonía entre la Tierra y los alienígenas se mantenga estable. Cuando escapa de su cautiverio en una prisión lunar el peligroso Boris el Animal (Clement), éste amenaza con viajar al pasado y eliminar al agente K, responsable de su detención y de la amputación de uno de sus brazos. Cuando esto sucede, la agente O (Thompson) le asigna al agente J la misión de viajar también al pasado y evitar el suceso. Lo que J no espera es encontrarse con una versión de K igual de estricta que el mayor (Brolin). Juntos deberán hacer frente a una situación que amenaza con destruir la Tierra.

    “Hombres de negro 3” es una demostración más de lo que sucede cuando, desde Hollywood, se decide exprimir la gallina de los huevos de oro todo lo que pueden y más. Tras dos primeras partes de resultados bastante irregulares (coincido plenamente con mi amigo Hyde en este punto), la producción de “Hombres de negro 3” no puede entenderse sino como un intento descarado de querer hacer caja –estudios, artistas y demás-, sin importar que el guión sea una mera excusa para volver a aplicar una fórmula que tan buenos resultados ha dado en el pasado, al menos desde el punto de vista económico. De hecho, no hay más que echar un vistazo atrás para darse cuenta de que la primera parte arrasó en la taquilla hace ya la friolera de quince años y que, la segunda, llegó a los cines una década atrás.

    Por consiguiente, “Hombres de negro 3”, si no respondía a criterios puramente monetarios, sólo se podía explicar como una intención evidente de introducir algún elemento innovador bien en la trama bien en su puesta en escena. Sin embargo, tras comprobar el resultado, estamos en posición de afirmar que ni uno ni lo otro. “Hombres de negro” es un largometraje que sigue paso por paso exactamente lo mismo que en las partes anteriores. Cierto es que, gracias a la situación de parte de su acción en una época pasada, el film no resulta tan monótono como la primera secuela, lo que le permite jugar con ciertos aspectos cómicos que funcionan entre el público (la secuencia en que dos policías paran al agente J porque está conduciendo un coche demasiado elegante para ser negro, por ejemplo). Sin embargo, el resto del film se apoya en las gracias pensadas exclusivamente para el lucimiento personal del señor Will Smith (por otra parte, buen intérprete cuando quiere), y en los efectos de maquillaje a través de los que se recrea la existencia de criaturas extraterrestres. Ahora bien, el detalle que llama la atención es que Tommy Lee Jones tan sólo aparece en el film durante un máximo de diez minutos, a pesar de que su personaje sí que lo hace (en la versión joven) durante muchísimo más metraje –los motivos especulativos de por qué tal decisión, será mejor dejarlos de lado, al igual que la breve aparición de una reputada actriz como Emma Thompson-.

    Aparte de ello, el resto de “Hombres de negro 3” es una mera acumulación de secuencias lo suficientemente entretenidas como para hacer que el espectador se pueda distraer durante poco más de hora y media (el tiroteo en un restaurante oriental, la persecución del villano a bordo de unas motocicletas de lo más sofisticadas, la colocación del escudo protector en la punta del Apolo XI), aunque sin ser demasiado consciente de que le están dando a comer el mismo cocido con distinto plato, si me permiten la metáfora culinaria. O, como mínimo, hasta que se encienden las luces de la sala y el público, poco a poco, comienza a ser consciente de ello.

  • MR. HYDE DICE:
  • Cuando empezaron a anunciar que se estrenaba la tercera parte de “Hombres de negro”, lo primero que pensé fue “¿Pa qué?” La primera parte era simpática, pero tampoco como para tirar cohetes. La segunda, era una chorrada descomunal, con un par de gracias sueltas –y eso sin uno no era muy exigente-. Así que, la verdad, esperaba que ir a ver la tercera parte no fuera una pérdida de tiempo. Por suerte, “Hombres de negro 3” no es la chufla que pensaba que iba a ser, así que podéis respirar tranquilos (no hace falta que os preguntéis por qué, si pensaba que iba a ser una mierda, fui a verla; es una historia muy larga y paso de contarla), aunque ya os digo que ni descubre América, ni es un peliculón de esos que te dejan flipados. Es más, si os da pereza ir a verla al cine, no llegáis a tiempo antes de que la quiten o, directamente, pasáis de gastaros las siete u ocho chapas que cuesta la entrada, estoy seguro que vista en la tele de casa queda igual de bien.

    “Hombres de negro 3” empieza con un caso de esos alienígenas que tienen que resolver K y J, y con la fuga del malo de la función de una cárcel espacial. Vamos, que lo mismo que las otras dos partes de antes. Hasta aquí poca novedad. Distracción suficiente, pero poca novedad. Lo más o menos original viene después, cuando empiezan a montarse los viajes al pasado, teniendo en cuenta que uno de ellos sabe más o menos qué es lo que va a pasar, y el otro es una versión del mismo tío taciturno (para los de la E.S.O., “taciturno” = “pavo con cara de pocos amigos, tirando a pinta de bajón”) que el que ya conocíamos de viejo. A partir de aquí, la cosa se pone algo más interesante, con las gracias habituales de Will Smith queriendo demostrar que no hay tío más cachondo que él –lo que, dicho sea de paso, tampoco hace tan mal-.

    Ahora, lo que sí me queda claro después de ver “Hombres de negro 3” es que no hacía ninguna falta que se gastaran un huevo de pasta haciendo esta película, que seguro que es un porrón (Will Smith no es que tenga mucha pinta de ser de los que cobran dos duros). Más que nada porque, aparte de hacerte pasar un rato entretenido, no te cuenta nada nuevo, ni es la pera limonera en temas de efectos especiales o cosas parecidas. Sí que tiene algún que otro momento currado, pero no es nada que se te quede grabado en el hipotálamo. A mí, por ejemplo, me hizo gracia el trozo ese en el que aparece Andy Warhol para descubrir que se trata de un agente de los hombres de negro infiltrado (se sale cuando dice que quiere cambiar de misión porque ya no tiene inspiración y sólo pinta cuadros de plátanos y latas de sopa), o que en la pantalla que tienen en el cuartel general donde aparecen los aliens que hay pululando por la Tierra aparecen Lady Gaga y Tim Burton. ¡Juas! Es más, reconozco que toda la parte final con el lanzamiento del cohete ese desde Florida te engancha hasta que acaba porque ahí sí que han sabido darle el ritmillo ese en plan peli de aventuras y de acción.

    Pero bueno, en pocas palabras, que “Hombres de negro 3”, por muy distraída que pueda ser, es una tontuna, de las que ves en la tele de tu casa si no tienes nada mejor que hacer y la diferencia con verla en cine es exactamente la misma. Así que, si sois muy fans de Will Smith, pues vosotros mismos pero, para los demás, estad tranquilos, no hace falta que corráis despendolados al cine más cercano.

    viernes, 8 de junio de 2012

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "J. EDGAR"

    TÍTULO: J. EDGAR

    DIRECTOR: CLINT EASTWOOD

    REPARTO: LEONARDO DICAPRIO, JUDI DENCH, NAOMI WATTS, JOSH LUCAS, ARNIE HAMMER, DERMOT MULRONEY, LEA THOMPSON

    DURACIÓN: 137 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • En anteriores ocasiones, hemos destacado y alabado la trayectoria de Clint Eastwood tanto en su faceta de intérprete como, muy especialmente, en la de realizador. No sólo es capaz de filmar películas con una rapidez y destreza de libro, sino que la calidad de las mismas se encuentra siempre fuera de toda duda. En su última propuesta, Eastwood ha tomado como base el guión escrito por Dustin Lance Black (ganador del Oscar por su libreto de “Mi nombre es Harvey Milk – Milk, 2008”) para realizar su personal biopic acerca de uno de los personajes más poderosos del pasado siglo, en lo que al ámbito político y policial se refiere: J. Edgar Hoover, director del FBI durante más de cuatro décadas. Para ello, Eastwood ha contado con la participación de un Leonardo DiCaprio cada vez más inspirado, y con una recreación excelente.

    John Edgar Hoover (DiCaprio), hijo de una mujer bien posicionada socialmente (Dench), comienza a trabajar como asistente del fiscal del distrito en Washington. Poco a poco, y gracias a su especial intuición y pericia, Hoover consigue ascender dentro de la fiscalía, hasta pasar a trabajar directamente para el Gobierno de la nación. Será entonces cuando, gracias a la complicidad inestimable de su secretaria, Helen Gandy (Watts) y a la colaboración de su asistente -y amigo íntimo-, Clyde Thompson (Hammer), Hoover convierta al FBI en la agencia que es hoy en día, teniendo que hacer frente a numerosos inconvenientes políticos y casos complejos para conseguir mantenerse al frente del poder.

    “J. Edgar”, lamentablemente, es una de las obras menores en la filmografía de Eastwood. Sin ánimo de criticar la excelente labor tras las cámaras que suele realizar el octogenario cineasta, lo cierto es que los últimos largometrajes que ha estrenado Eastwood parecen carecer de la garra que ha caracterizado a algunas de sus anteriores films. En lo que a “J. Edgar se refiere” la película falla en un elemento fundamental: el guión. Más planteado como el resumen de la vida de un político que no sobre la evolución y los logros conseguidos por el personaje, “J. Edgar” resulta ser un rápido vistazo (aunque no tan rápido, a tenor de las dos horas y cuarto que dura) a algunos de los momentos más significativos de dicho personaje. Ahora bien, allá donde otros largometrajes similares suelen hacer hincapié en elementos tales como la epicidad del relato o en la dificultad que le supone al personaje superar determinados obstáculos, “J. Edgar” se decanta más por la simplicidad argumental, limitando los pocos momentos realmente interesantes que posee a unos cuantos episodios sueltos (en enfrentamiento entre Hoover y Robert Kennedy, la inversión en investigación y desarrollo del laboratorio de análisis que ordena construir, el caso del secuestro de uno de los hombres más poderosos del panorama de la época, etc.).

    Por otra parte, tampoco ayuda en exceso a la película que “J. Edgar” dé constantes saltos adelante y atrás en el tiempo, resultando complicado seguir ciertos pasajes -sin ir más lejos, se alterna la juventud del personaje con diversos instantes de su madurez que no suceden al mismo tiempo (la redacción de sus memorias, y posterior caída de Hoover)-, o que el film deje sin respuesta muchos de los interrogantes que plantea (la homosexualidad de Hoover, la resolución del caso de secuestro, las circunstancias que propician su ascenso dentro de la Agencia, la realidad sobre las memorias que dicta al biógrafo…).

    No obstante, aparte de esto, hay que admitir que “J. Edgar” contiene otros elementos remarcables. Para empezar, las interpretaciones de todo su reparto (lástima que Naomi Watts, que es muy buen actriz, se vea tan limitada a un personaje con pocas ocasiones de lucirse), haciendo mención especial de un DiCaprio totalmente convincente durante todo el metraje (ver la secuencia en que realiza entrevistas a una serie de agentes con el fin de contratar sólo a lo mejor de lo mejor, o como cuando su madre le obliga a recitar una serie de frases ante el espejo para corregir su tartamudez). Asimismo, la puesta en escena de Eastwood, con independencia de las limitaciones del libreto, destaca por su elegancia y sencillez (tal vez la fotografía de Tom Stern, su colaborador habitual, resulte en exceso oscura), haciendo que cada movimiento de cámara ayude al público a seguir la acción.

    En resumidas cuentas, “J. Edgar” decepciona si el espectador espera encontrarse con un relato épico acerca de una de las figuras clave de la política y policía estadounidense, en la línea de otras producciones que priman en carácter heroico del personaje (y sus actos). En realidad se trata de un rápido vistazo a los actos que condicionaron el comportamiento del personaje, más que una oda a la importancia de los mismos. Por lo demás, “J. Edgar” a pesar de su corrección, puede resultar un film demasiado frío, de la clase de largometrajes que merece la pena ver en formato doméstico –sale esta semana en alquiler- mucho más que en la gran pantalla.

  • MR. HYDE DICE:
  • Me encantan las pelis de Clint Eastwood. En serio, tanto en las que actúa como, sobretodo, las que dirige. De hecho, me parece uno de los mejores directores y actores que hay ahora mismo haciendo películas –eso por no mencionar que, con más de ochenta años, aún es capaz de seguir dando lecciones a más de uno-. Por eso, me cuesta entender por qué, de vez en cuando, dedica su esfuerzo (a su edad, supongo que ya será bastante) a hacer pelis que no hacían ninguna falta. Las de la Segunda Guerra Mundial que rodó hace unos años, aunque no fueran nada del otro mundo, sí que estaban bien y, por supuesto, esa obra maestra –al menos para mí- que es “Gran Torino – Gran Torino, 2009”. Hasta la de Nelson Mandela y el rugby estaba chula. Pero que, después, el hombre se casque una parida descomunal como “Más allá de la vida – Hereafter, 2010” o, ahora, “J. Edgar”, pues me deja de piedra. Y no porque sean malas (el abuelete sabe de sobra cómo hacer interesante hasta la castaña más absoluta), sino porque, como dice mi padre, para ese viaje no hacían falta alforjas.

    “J. Edgar” no es una película en plan biográfica como lo suelen ser la mayoría de las que se hacen sobre personajes históricos. En primer lugar, porque la historia se centra en un tipo bastante repelente, que no caía muy bien a la gente de la que se rodeaba (normal, teniendo en cuenta que el tío conocía la mierda de casi todo el mundo) y que, además, en su día fue una figura polémica que tenía en jaque a los comunistas –que esa es otra, porque con la de rogelios que hay ahora, como para hacer una peli en la que les tocan los cojones; menos mal que no la ha hecho aquí en España, que “fascista” era lo menos que le iban a decir-. ¿Qué quiere decir eso? Pues que el tío sobre el que te vas a ver una película de dos horas y cuarto no te va a caer ni bien ni simpático, cosa que creo que es una de las mayores cagadas que puedes hacer cuando quieres contar una historia.

    De lo que no hay duda, es de que Leonardo DiCaprio, con todo lo mal que me caía al principio de hacer pelis, es un actorazo como la copa de un pino. El pollo se mete en su papel de forma brutal, haciendo que te creas que puede ser tanto un maníaco obsesivo de veinipocos años como un viejo con más años que la tos. Pero claro, no es lo mismo que te guste ver cómo actúa el amigo DiCaprio cuando la peli es entretenida que cuando es un poco… sosa. Sí, supongo que ésa sería la palabra que mejor define “J. Edgar”: sosa. Los decorados, vestuario y todo eso está genial, igual que las actuaciones. Pero la historia es una tontería como un castillo. No te cuenta nada de nada, aparte de los tejemanejes que tenía este señor para controlarlo absolutamente todo, y saber hasta la talla de calzoncillos que usaban los políticos y demás. Y, claro, eso durante dos horas, se te hace un poco coñazo. Es como si “J. Edgar” fueran partes sueltas de su vida, desde los inicios hasta su muerte, pero sin nada que haga que te interese, por lo que te da igual que el resto de cosas las hayan reproducido de cojones.

    De todas formas, me da a mí la sensación de que eso es algo que le está pasando con demasiada frecuencia al amigo Eastwood, que sí, que hace pelis como churros, pero creo que alguien le debería decir que mejor se concentre en una buena película que sí te tenga enganchado todo el rato, y que no te la pele lo que pase a los quince minutos. Porque “J. Edgar” –que, repito, no es para nada una mala película- no te atrapa en ningún momento, ni interesa más allá de ver cómo se solucionan dos o tres cosillas (creo que sólo el caso ese del bebé secuestrado). Y si, además, resulta que de donde se podría haber sacado más chica (el asesinato de Kennedy, la persecución a los comunistas radicales con la caza de brujas, cómo hacen que el FBI aumente su poder y se modernice, etc.), lo mencionan así de pasada, como si casi no hubiera pasado. Aunque, mira tú por dónde, sí que se agradece que lo del mariconeo del porta (que perdía bastante aceite), lo cuenten así de discreto.

    Así que, aunque sea el estreno más destacado de la semana en videoclub, “J. Edgar” no es, ni mucho menos para tirar cohetes. Aún así, para los incondicionales de Eastwood supongo que les encantará. Para el resto, no os importará verla, pero tampoco es de las que os pirrará.

    jueves, 7 de junio de 2012

    CINE ACTUAL: "EL LECTOR"

    TÍTULO: EL LECTOR

    DIRECTOR: STEPHEN DALDRY

    REPARTO: KATE WINSLET, RALPH FIENNES, BRUNO GANZ, LENA OLIN, DAVID KROSS, ALEXANDRA MARIA LARA, LINDA BASSETT

    DURACIÓN: 124 min.

    AÑO: 2008

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Hay directores que parecen haber nacido con una estrella a cuestas, pero son pocos aquellos que demuestran merecérsela realmente, a pesar de no tener en su haber una carrera cinematográfica tan consolidada. Stephen Daldry, el realizador británico que llamó poderosamente la atención desde su opera prima, “Billy Elliot (Quiero bailar) – Billy Elliot, 1998”, siendo con sus films posteriores (“Las horas – The hours, 2002” es uno de los más reconocidos) con los que ha obtenido el aplauso de la crítica especializada. Pero lo que ha caracterizado en especial a los pocos largometrajes dirigidos por Daldry es su extraordinaria sensibilidad a la hora de poner en imágenes historias que, en manos de otro director menos elaborado, se habrían convertido en películas sensibleras y repletas de secuencias destinadas a provocar la lágrima fácil en el espectador. De los films de Daldry, “El lector” puede que sea el más complejo de todos, ya que no sólo desarrolla un argumento con el que es complicado que el público se identifique, sino que el resultado es un ejemplo de planificación, sencillez, poesía visual y puesta en escena exquisita. Kate Winslet, en el papel de su vida, es la protagonista.

    Michael Berg (Kross) es un joven muchacho alemán que sobrevive como puede junto a su familia durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial en Alemania. Un día, conoce a una revisora de tranvía llamada Hanna Schmitz (Winslet). Lo que empieza siendo una mera relación de cordialidad, pronto se convierte en una serie de encuentros sexuales que va creando un vínculo muy especial entre ambos. Sobretodo a raíz de la peculiar afición de Hanna de que Michael lea para ella en voz alta. Tras la Segunda Guerra Mundial, y después de licenciarse en derecho, Michael ya es un apuesto joven, que no ha vuelto a tener contacto con Hanna. Sin embargo, un día, con motivo de la celebración de un juicio en el que se procesa a una serie de mujeres con motivo de su participación en el exterminio de judíos en los campos de concentración, Michael se da cuenta de que Hanna es una de ellas, lo que desatará una serie de acontecimientos imprevistos.

    “El lector” es un largometraje dividido en dos partes bien diferenciadas. Por un lado, durante la primera hora, el espectador no sólo asiste a la presentación de los personajes sino que, además, es testigo de la particular relación de amor-odio, por lo que esta mitad vendría a representar la parte más distendida del film (la ducha que le prepara Hanna a Michael tras uno de sus encuentros, la excursión en bicicleta que hacen ambos al campo…). Ahora bien, es durante la segunda hora de metraje –y salvo pequeños incisos de la primera mitad en que la acción da saltos adelanta y atrás en el tiempo-, cuando “El lector” adquiere un carácter más sobrio, dividiendo la acción tanto en el descubrimiento de las cintas grabadas por Hanna que escucha un envejecido Michael (interpretado de forma muy controlada por un excelente Ralph Fiennes) como en la celebración del proceso judicial –en el que Kate Winslet brilla con luz propia (la secuencia en que describe la rutina que tenían en el campo de concentración, y el incendio del molino son, en una palabra, escalofriantes)-. Evidentemente, a pesar de que es esta segunda parte la que mayor densidad posee, desde el punto de vista argumental es complicado no recordar al fantástico tercio final de esa obra maestra que es “Vencedores o vencidos (el juicio de Nuremberg) – Judgement at Nuremberg, 1961”, cuando se debate la culpabilidad de quien no hace nada por evitar el mal.

    Evidentemente, una de las primera impresiones que se pueden tener nada más ver “El lector” es que se trata de una película calculada al milímetro. La calidad de la propuesta queda fuera de toda duda, habida cuenta de que la puesta en escena de Stepehn Daldry es, en una palabra, sensacional. No sólo sabe dónde colocar la cámara, sino que la realización del film es exquisita, y un ejemplo de planificación (la música de Nico Mulhy, la fotografía de Chris Menges, el guión, el montaje…) donde todo encaja a la perfección.

    Ahora bien, su mayor virtud resulta ser también su mayor inconveniente, ya que tal grado de perfección termina por transmitir al espectador una sensación de frialdad y distanciamiento emocional con los personajes y las situaciones en las que se ven envueltos. Sin ir más lejos, el trauma que arrastra el personaje de Michael en su madurez (y en algún momento de su juventud, cuando trata de buscar argumentos que ayuden a Hanna durante la celebración del juicio) o el dramatismo inherente a la vida de Hanna se mantiene constante incluso durante aquellas secuencias en las que ambos comparten la lectura post-coital de numerosas obras (al espectador le es imposible desprenderse de la sensación de que algo terrible está a punto de sucederles). Por ello, a pesar de que “El lector” mantenga el mismo nivel de calidad durante todo su metraje, sí que es cierto que el público puede llegar a sentirse incómodo a causa de la acumulación de tanta situación dramática.

    De todas maneras, independientemente de ello, de lo que no cabe duda es de que “El lector” es una película estupenda, extraordinariamente bien hecha, y una clara demostración de lo que son actuaciones sobresalientes.

  • MR. HYDE DICE:
  • Joer, durilla la película. Desde luego, no es de las que ponerse si lo que quieres es reírte un rato y divertirte. Está muy bien, no digo lo contrario, pero te deja al final con una sensación en el estómago que no tiene nada que ver con el buen rollo. Aunque, claro está, con semejante tema no creo que nadie se fuera a esperar una peli de risa, ¿no? En fin, hablando ya más en serio de “El lector” me parece bastante original de tratar un tema tan delicado como el que te cuenta. Como el rollero de arriba ya ha hablado bastante sobre ello, yo os diré así más directamente lo que me ha gustado y lo que no de la peli.

    Empezando por lo que sí me ha gustado, de entrada, os digo que la actuación de Kate Winslet. No me extraña que le dieran el Oscar, porque la tía lo borda. De hecho, ya iba siendo hora de que se lo dieran, que no es la primera vez que hace un papelón de los guapos (alguien capaz de hacer películas como “¡Olvídate de mí! – Eternal sunshine of the spotless mind, 2006” y “Un dios salvaje – Carnage, 2011” se merece ese premio y muchos más). En “El lector”, la señora Winslet lo dice prácticamente todo con una sola mirada, os lo prometo, desde sentir emoción, amor, decepción, tristeza y mil cosas más (por ejemplo, la frialdad con la que despacha al muchacho cuando ve que se está empezando a enamorar de ella, en contraste con la forma en que se acuesta con él la primera vez y, sobretodo, la primera vez que le pide que le lea). De hecho, se nota que, en la parte final, en la que pasa todo lo del juicio, aunque la maquillan para que parezca más mayor, no le hace ni falta, porque te deja de piedra con decir una sola frase. En serio, sé que puede parecer repetitivo que se diga siempre lo mismo, pero es que es de verdad de la buena. Y, por supuesto, en comparación con ella, el papel que hace el chaval (de joven y de mayor) pues está bien, le sabe mantener el tipo, pero se encuentra en desventaja.

    La segunda cosa que me gusta, es la forma que tienen de contarte la historia. No es la primera vez –ni será la última- en que hagan una película sobre las consecuencias del holocausto judío, y de las perrerías que tuvo que pasar esa pobre gente durante la Segunda Guerra Mundial. Pero sí que es la primera vez (que yo sepa, al menos) en que te lo cuentan desde un punto de vista… no sé, como más poético. Sí, sé que puede parecer raro y hasta dar risa decirlo así. Pero a mí que no me digan que no es poético que un pobre chaval muerto de hambre sea capaz de conquistar a una mujer (o, como poco, de hacer que se sienta atraída sexualmente) con la forma que tiene de mirarla y de leerle. Claro, que toda la parte del juicio sí que es la menos novedosa de todas, porque ahí sí que repiten lo mismo de las otras pelis (la culpabilidad de los que no hicieron nada, las declaraciones de los que fueron prisioneros y pasaron todo un infierno, etc.). Pero, por suerte no se centran sólo en eso, sino en lo que tiene que ver con esa mujer a la que da vida Winslet.

    Lo que ya no me ha apañado tanto de “El lector” es que la peli es un pelín fría. Es como si supieran que el tema que tratan es chunguete, y no quisieran que la peña se sintiera demasiado tocada por ello. Así que supongo que, por eso, hacen que la mujer sea tan distante y que parezca que está tan tarada (fijaos en su reacción cuando ve que el chaval la ha seguido en el tranvía, o como cuando lo tira de su casa sin pensárselo dos veces) y que, aunque sea la protagonista, no le puedas tener toda la simpatía que quieras (cuando está pasando el juicio y te cuentan las cosas que hacían las carceleras, en ningún momento sientes lástima porque ella se haya visto forzada a hacer ciertas cosas). Además, como os decía antes, lo de juzgar a los que hicieron o dejaron de hacer salvajadas en los campos de concentración, ya lo sabíamos de antes, así que tampoco es que estén descubriendo América.

    Pero bueno, en líneas generales, a mí sí que me ha gustado la película. Ya os digo que te da que pensar bastante, y que te deja un gusanillo raro en el estómago porque habla de cosas que hicieron sufrir a un montón de gente. Pero, dentro de ello, se nota que “El lector” está hecha de lujo, que es bonita a pesar de lo dura que es, y que han hecho un buen trabajo. Así que, aunque sea para verla sólo una vez, yo os la recomiendo.

    miércoles, 6 de junio de 2012

    CINE DE LOS 90: "CON AIR (CONVICTOS EN EL AIRE)"

    TÍTULO: CON AIR (CONVICTOS EN EL AIRE)

    DIRECTOR: SIMON WEST

    REPARTO: NICOLAS CAGE, JOHN MALKOVICH, JOHN CUSACK, VING RHAMES, DANNY TREJO, COLM MEANEY, STEVE BUSCEMI, MONICA POTTER

    DURACIÓN: 115 min.

    AÑO: 1997

    GÉNERO: ACCIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • A estas alturas, no hay prácticamente nadie en la industria del cine que no conozca el nombre de Jerry Bruckheimer. Este productor estadounidense es el responsable del auge de las conocidas macho movies, que no son otra cosa que grandísimas y costosísimas producciones repletas de aventura, acción, emoción y, sobretodo, ruido, muchísimo ruido. Otro denominador que tienen en común estos largometrajes es que, la mayoría, se convierte en tremendos éxitos de taquilla (la crítica especializada, curiosamente, suele destrozarlas sin piedad), dando pie a sus correspondientes segundas –y terceras- partes. En lo que concierne al film del que hoy hablamos, “Con Air (convictos en el aire)”, supuso la segunda película producida por Brukheimer y protagonizada por Nicolas Cage, tras el gran espectáculo que había supuesto “La roca – The rock, 1995”, y una más que clara intención de continuar realizando largometrajes repletos de secuencias de acción imposibles y, como ya decimos, acción a raudales.

    Cameron Poe (Cage) es un ranger de los Estados Unidos que, tras defender a su mujer en una pelea callejera, mata accidentalmente a uno de los atacantes. Condenado a siete años de reclusión, pasado ese tiempo, está a punto de ser puesto en libertad. Sin embargo, el día de su traslado, el avión en el que lo trasladan, es tomado por un grupo organizado de presos, liderado por el peligroso Cyrus “El Virus” (Malkovich). Su intención es desviar el avión de su trayectoria, y aterrizar en un lugar desértico y apartado, donde todos los reclusos podrán escapar. Será entonces cuando el agente federar Larkin (Cusak) inicie la persecución del avión para dar caza a todos los presos fugados. Sin embargo, éstos no estarán dispuestos a facilitarles las cosas. Ni siquiera Poe, que actuará como un ranger y procurará resolver la situación por su cuenta.

    "Con Air (convictos en el aire)" es una película hecha expresamente para los amantes del ruido por el ruido. El film completo es una excusa para presentar, a través de una puesta en escena frenética, una serie de set pièces tremendamente escandalosas, repletas de explosiones y tiros, y vacías de cualquier otro interés que no sea el de apabullar al público con elaboradísimas -e imposibles- sencuencias de acción (la emboscada a las fuerzas armadas, el accidente con el coche de uno de los responsables del traslado de los presos, el descenso del avión en Las Vegas...). Todas y cada una de estas secuencias están planificadas de forma que el espectador a penas tenga tiempo de darse cuenta de que el film carece por completo de historia, y aliñadas con la insípida de unos Mark Mancina y Trevor Rabin muy poco inspirados. De hecho, esto casi debería contemplarse como una gran ventaja, puesto que las pocas frases coherentes que pronuncian los personajes resultan casi más hirientes al oído que las mismas explosiones.

    Por supuesto, que "Con Air (convictos en el aire)" tampoco busca resultar un film ejemplar, ni mucho menos. De hecho, es un producto hecho de arriba a abajo con la mira puesta en el espectador que acude en masa a los cines para distraerse con los espectáculos más vistosos visualmente. Por supuesto, los amantes de este tipo de películas, están de enhorabuena aunque, desde el punto de vista artístico, el largometraje dirigido por el entonces debutante Simon West carece de cualquier tipo de interés. A ello, hay que añadir unas interpretaciones totalmente desubicadas por parte de todo su reparto, quienes no ocultan en ningún momento dos cosas: la primera, que se lo están pasando bomba al poder hacer un tipo de cine -es un decir- en el que, de normal, no suelen participar; la segunda, en el suculento cheque que les debe estar esperando tras su participación en el film.

    En resumidas cuentas, mucho (muchísimo) ruido para casi ninguna nuez. "Con Air (convictos en el aire)" no es más que un entretenimiento para aquellos espectadores que busquen distraerse con un largometraje que no sólo no exige nada a cambio, sino que, también, evita que se pierda el interés por la historia que se le está contando (básicamente porque no existe tal historia). En definitiva, lo que viene siendo el típico ejemplo de las películas que le encantan a mi querido colega Hyde. ¿No es así, viejo amigo?

  • MR. HYDE DICE:
  • Sí, señor, ésta sí que es una peli de las de acción a mansalva en plan “no pienses, que la cagas”. Hasta el póster tiene la testosterona saliéndole por las orejas. Pero, claro, hay que saber en lo que te estás metiendo. Que nadie se piense que porque salgan Nicolas Cage (por cierto, el hombre, últimamente, está haciendo mierda tras mierda, así que el prestigio que tuviera hace unos años, me parece que se ha ido por la taza del váter), John Malkovich o John Cusack –todos ellos actores cojonudos- la película ya va a ser de esas de calidad. Para nada. “Con Air (convictos en el aire)” no engaña a nadie, y te da lo que promete: acción a tutiplén, explosiones a cuál más ruidosa, tiroteos a mansalva y tantos destrozos materiales como para hacer quebrar a todas las aseguradoras del país. Además, también te da unas cuantas cosas más: actuaciones penosas de actores que, generalmente, lo bordan haciendo otro tipo de pelis (ya me diréis, si no, qué cojones se les ha perdido ahí a tíos como John Malkovich, Colm Meaney o Steve Buscemi), frases tan ridículas que dan vergüenza ajena (no os perdáis a Cage soltando perlas como “sólo confío en dos personas; una soy yo y la otra no eres tú”), y guiones que llegan a la media página.

    Eso sí, ya puestos a decirlo todo, también dejemos algo claro: “Con Air (convictos en el aire)” es un entretenimiento de primera. Como os lo digo. Si estáis dispuestos a dejaros llevar por el espectáculo durante casi dos horas, “Con Air (convictos en el aire)” es una opción estupenda. Desde que empieza hasta que acaba, la acción es constante –y fijaos que no hablo de su calidad, sino del entretenimiento-, y no te deja ni un segundo para respirar. Es más, cuando se las quiere dar de película seria, lo único que hace es el ridículo, así que mejor se concentra en lo que toca: la acción adrenalítica a lo burro. Por supuesto, ya os digo que te tienen que gustar las pelis de este tipo, porque si prefieres una película de algún intelectual de estos que van de independiente –o de lo que más de uno que yo me sé llama “películas de gente normal”- ya te puedes ir dando media vuelta-.

    “Con Air (convictos en el aire)” no llega al nivel de maestría de “La roca” (sí, he dicho nivel de maestría, y al que no le guste, palmas), pero también te lo hace pasar pipa. Secuencias de destrozo tiene las que quieras y más: la toma del avión que hacen los presos, la de la emboscada a los soldados en el cementerio de aviones, el aterrizaje –es un decir- en Las Vegas y, por supuesto, la guinda de la tarta en forma de persecución entre un camión de bomberos y dos motos. Y sí, hay muhíííísimo ruido, explosiones y mamporros a punta pala.

    En fin, que no hay mucho más que rascar. Aparte de eso, pues tienes la típica música trepidante, el montaje ese epiléptico de planos súper cortos rollo videocllip, y esas escenas en la que los malos van todos en fila hacia la ti a cámara lenta mientras algo vuelva por los aires detrás de ellos. “Con Air (convictos en el aire)” es una macho-movie de los pies a la cabeza. Puede que se hayan pasado un poco de macho y hubiera hecho falta un poquito más de movie, pero vamos, es algo que, si te gusta pasártelo bien con este tipo de pelis, no te importa lo más mínimo. A mí me encantó, y me lo pasé pipa todo el rato. Aunque claro, estáis leyendo a alguien que flipa con las pelis de Michael Bay (menos la última de “Transformers”, que es una mierda), así que ya os podéis imaginar de qué pie cojeo.

    martes, 5 de junio de 2012

    CINE DE LOS 80: "STARMAN, EL HOMBRE DE LAS ESTRELLAS"

    TÍTULO: STARMAN, EL HOMBRE DE LAS ESTRELLAS

    DIRECTOR: JOHN CARPENTER

    REPARTO: JAMES BRIDGES, KAREN ALLEN, CHARLES MARTIN-SMITH, RICHARD JAECKEL

    DURACIÓN: 110 min.

    AÑO: 1984

    GÉNERO: CIENCIA FICCIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • “E.T. – El extraterrestre – E.T., 1982” fue una de las películas más importantes de principios de los ochenta –que la cinta de Spielberg fuera merecedora o no de semejante éxito ya lo comentamos en su día-. No sólo se convirtió en una de las películas más taquilleras de la historia del cine, sino que despertó un hambre por las historias de alienígenas amables y sociales que el público recibía con los brazos abiertos. Así pues, durante los años siguientes, se sucedieron una serie de producciones que, siguiendo de forma más o menos acertada la estela dejada por aquel largometraje, presentaban argumentos de lo más parecidos aunque, en lo que a su calidad se refiere, no siempre se encontraran a la altura. Ejemplos de películas realizadas con la intención de aprovechar este tirón comercial fueron “El vuelo del navegante – Flight of the navigator, 1986” hasta “Mi amigo Mac – Mac and me, 1988”. Sin embargo, uno de los films que mejor supo combinar la comercialidad (aunque no resultó ser el gran éxito que se esperaba) y la calidad fue una atípica película dirigida por John Carpenter llamada “Starman”. James Bridges es su sensacional protagonista.

    Una nave espacial es avistada sobrevolando el centro de Estados Unidos. Tras ser derribada por las fuerzas armadas norteamericanas, ésta ser estrella en las proximidades de una zona rural. Cerca de allí, vive Jenny Hayden (Allen), una joven viuda que, tras la muerte de su marido, sufre una grave depresión que le impide hacer frente al mantenimiento de su granja. Cuando la nave colisiona, el ente extraterrestre se desplaza hasta la granja de Jenny y, sirviéndose de una serie de fotografías del marido de Jenny, adquiere la forma del difunto (Bridges). Tras superar el impacto inicial, el extraterrestre pedirá a Jenny que lo lleve hasta Arizona, donde se encuentra su nave nodriza, antes de que lo capturen los militares que le persiguen puesto que, si no llega en un plazo de tres días, morirá. Será entonces cuando ambos inicien una carrera contrarreloj con el fin de poder salvarle la vida.

    Son varios los elementos que llaman poderosamente la atención de “Starman”. En primer lugar, que fuera John Carpenter el encargado de poner en imágenes la historia. Carpenter, director más acostumbrado a moverse por el cine “artesanal” de terror (“La noche de Halloween – Halloween, 1979”, “La cosa – The thing, 1982”), en esta ocasión, se alejó de sus puestas en escena más viscerales para construir una hermosísima historia de amor a todo los niveles. Su puesta en escena no sólo destaca por su sencillez –no precisa de elaborados movimientos de cámara ni de costosísimos efectos visuales-, sino por la acertada combinación del resto de factores que convierten a “Starman” en una película tan amable. Al respecto, cabría destacar secuencias como aquella que envuelve la explosión de un camión en mitad de una carretera (cuyas llamas no afectan en absoluto al extraterrestre) y, sobretodo, el instante en que deposita en manos de Jenny una estrella. Son momentos que destacan por su claridad y emoción, sin necesidad de adornarlos con exuberantes fuegos artificiales.

    En segundo lugar, “Starman” no sería lo mismo sin la fascinante actuación de James Bridges. Actor estupendo donde los haya, Bridges le aporta una humanidad a su caracterización de extraterrestre reencarnado en el cuerpo de un humano que, de haber interpretado directamente a un ser de carne y hueso, no hubiera obtenido los mismos resultados. Su personaje de “hombre de las estrellas” desprende un candor y empatía tan grandes que el espectador consigue identificarse con él casi de inmediato. A ello también contribuye que la química entre Bridges y Allen es absoluta, lo que provoca que cada secuencia que ambos comparten evoluciona a lo largo del film (ver, al comienzo, la primera reacción de Jenny cuando descubre que su difunto marido ha vuelto a la vida), hasta lograr una complicidad total (el viaje en tren, la despedida final).

    Por último, es el guión del ocasional director Bruce A. Evans el que se encarga de ponerle el tono acaramelado definitivo a “Starman”. Así pues, a pesar de que la historia que subyace no es sino la misma que la ya sobre explotada acerca del extraterrestre que quiere volver a su hogar, lo cierto es que “Starman” resulta novedosa por la descripción que se hace del alienígena. Lejos de caracterizarlo como una criatura extraña, el personaje destila humanidad por los cuatro costados, asombrándose de todo cuanto lo rodea e, incluso, sabiendo ver lo mejor de los seres humanos por encima de la crueldad que, en ocasiones, pueden mostrar (al fin y al cabo, lo están persiguiendo para matarle).

    En resumidas cuentas, aunque hayan pocas cosa nuevas bajo el sol, “Starman” se presenta como una de las más hermosa fábulas sobre la diferencia de naturalezas, y sobre la ayuda incondicional al prójimo que, combinado con una historia con mucho gancho, se convierte en una película entretenida y muy hermosa.

  • MR. HYDE DICE:
  • Pues hombres, “Starman” es bonita, pero tampoco es que sea la pera limonera. Básicamente porque ya nos han contado la misma historia hasta cansar. Los aliens, cuando no son en plan E.T., resulta que quieren reventar el planeta; cuando no es el ejército –norteamericano, of course, el encargado de salvar a la humanidad de la amenaza galáctica, son los malos de la función que siempre quieren diseccionar en caliente al extraterrestre que se la ha piñado en La Tierra. Resumiendo, que siempre la misma mierda y, cal final, cero originalidad.

    Eso, en “Starman” está todo mezclado. Lo que es la historia, en realidad, sí que es igualita a la que hemos visto mil veces en otras películas, así que ahí no esperéis que sea algo súper original, porque ya os digo yo que no. Es más, casi te dan ganas de preguntarles a los yanquis por qué no dejan ya de ser tan cansinos, y de contarte la misma historia una y otra vez. Pero bueno, aparte de eso, sí que es cierto que parece que han mezclado “E.T. – El extraterrestre” con una historia de amor, lo que no deja de ser algo bastante jodido.

    La mayor parte de la película no tiene nada del otro mundo. Es el alien, en el cuerpo del marido fiambre de la pobre mujer, haciendo lo posible por llegar a su nave espacial antes de quedarse más tieso que un palo. Con lo que sí estoy de acuerdo de todo el rollo que ha soltado el de arriba, es que tiene su mérito hacer en mitad de una peli como ésta, una historia romántica. Claro, que también no tienen un pelo de tonto y saben tocar la fibra sensible de fábula, porque a mí que no me digan que tomar la forma de una persona que acaba de morir y pedirle a su viuda que le eche una mano (por supuesto, a la tipa se le vuelve mantequilla el cuerpo cada vez que lo mira) no es para hacer que ahí haya algo más que un bicho que quiere volver a su planeta.

    De todas formas, a mí me gustó la forma en que actúa el tío que hace de alienígena, porque pone una cara de felicidad inmensa y de buena persona que dan ganas de abrazarle y rascarle la cabecita. Otra cosa que también está muy logrado, es esa especie de análisis de los humanos que hace (me encanta el momento en que le suelta a la tipa algo así como “me fascináis los humanos porque, cuando las cosas se ponen complicadas, sois capaces de dar lo mejor de vosotros mismos para solucionarlas”). Y, por supuesto, un detalle tonto –pero original, al fin y al cabo-, como es que el tío sea capaz de montar pollos a lo bestia con esa especie de energía que es capaz de generar.

    En fin, que “Starman” no es de las pelis que te entran ganas de verla otra vez nada más acaba. Sí que consigue distraerte lo suficiente como para que no tengas la impresión de que estás viendo otra vez la misma patata de siempre. Así que si os gustan las películas así de extraterrestres que se las tienen que pirar a toda paleta y que, encima viven su historia de amor particular, pues ésta es vuestra peli.