miércoles, 27 de junio de 2012

CINE DE LOS 90: "EL PRÍNCIPE DE EGIPTO"

TÍTULO: EL PRÍNCIPE DE EGIPTO

DIRECTORES: BRENDA CHAPMAN, SIMON WELLES, STEVE HICKNER

REPARTO: DIBUJOS ANIMADOS

DURACIÓN: 97 min.

AÑO: 1998

GÉNERO: ANIMACIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • El cineasta Cecil B. De Mille dijo en una ocasión algo así como "Dadme una parte cualquiera de la Biblia y haré una gran película". Razón no le faltaba al maestro, pues no sólo está considerado como uno de los grandes directores de la historia del cine, sino que conocía el Éxodo -la parte más célebre, al menos- al dedillo, pues no sólo filmó dos versiones de la huída del pueblo esclavo de Egipto con Moisés, sino que el largometraje protagonizado por Charlton Heston sigue siendo hoy en día una de las obras de cine clásico épico más importante del séptimo arte. Lo que, sin embargo, llama la atención es que fuera, precisamente, este capítulo del Exodo, el que la compañía de animación creada en su día por Steven Spielberg, fuera el elegido para realizar el que se convertiría en el largometraje animado más taquillero de la historia no-Disney en dos dimensiones de todos los tiempos. Por fortuna, no es casualidad que alcanzase semejante repercusión, pues "El príncipe de Egipto" es un auténtico ejemplo de exquisitez artística, de fusión entre la imagen y la música (ingrediente más que fundamental en cualquier producción animada) y, sobretodo, de entretenimiento.

    Ante el temor a una revuelta popular por el creciente número de descendencia de los esclavos egipcios, el faraón ordena el exterminio de todos los niños y niñas. Uno de los hijos de estos esclavos, es depositado en un canasto y arrojado al Nilo por su madre, con la esperanza de que viva. La esposa del faraón encuentra el canasto, e inmediatamente decide quedarse con el pequeño, al que cría como si fuera su hijo. Ya de mayor, el niño al que la faraona llama Moisés (voz de Val Kilmer en la versión original) se considera un príncipe más, que adora a sus padres y disfruta de la compañía de su hermano Ramsés (voz de Ralp Fiennes). Sin embargo, un encuentro fortuito con una esclava llamada Tzipporah (voz de Michelle Pfeiffer) y con sus verdaderos hermanos, Aaron y Miriam (voces de Jeff Goldblum y Sandra Bullock, respectivamente) hará que Moisés se replantee una serie de principios que cambiará para siempre la historia de la humanidad.

    No cabe ninguna duda de que "El príncipe de Egipto" es una película en la que cada uno de sus numerosos elementos está calculado al milímetro. La puesta en escena desprende espectacularidad hasta en las secuencias más intrascendentes del film (la carrera de cuádrigas del comienzo entre Moisés y Ramsés, por ejemplo) aunque, al mismo tiempo, consigue ser efectiva tan sólo con la mera insinuación, al sugerir más que al mostrar (así es como pasa, por ejemplo, con la aparición de la Zarza Ardiente, o con la llegada del espíritu del Señor que mata a los primogénitos de Egipto que no se preparan para celebrar la Pascua según la Palabra -esa especie de halo blanqucino que recorre silencioso y mortal las calles de la ciudad-). Evidentemente, no se puede dejar atrás la fastuosa secuencia de la separación de las aguas del Mar Rojo, para la que, según se dice, fueron necesarios más de cuatro meses de dibujo y preparación de esta secuencia.

    Ahora bien, si por algo merece la pena destacarse un largometraje de animación como "El príncipe de Egipto" -y en esto coincido plenamente con mi querido colega Hyde-, es por dos elementos sin los que este film no sería el mismo: su banda sonora y sus pretensiones dentro de la animación. Empezando por lo segundo, queda claro que "El príncipe de Egipto" no pretende en absoluto competir con las producciones de la factoría Disney (la única con la que competía en el momento de su estreno -aún faltaba para la fundación de los estudios Blue Sky de la Fox, y para los Illumination de la Universal). De hecho, los personajes resultan encantadores a pesar de la "imperfección" de su dibujo. He ahí el logro del film, que el espectador termina por no conceder tanta importancia a su diseño gracias a la tremenda puesta en escena y a un tratamiento de la historia que convierte a la película en un ejemplo de entretenimiento y respeto de las Sagradas Escrituras.

    Por otra parte, qué decir de la banda sonora compuesta a cuatro manos por Hans Zimmer (música instrumental) y Stephen Schwartz. No sólo es hermosísima por sí sola sino que consigue acompañar a las imágenes de la película con una calidez y dotarlas de una emoción casi únicas. Es de los pocos casos en que una música compuesta específicamente para un largometraje no sólo es bonita en sí misma, sino que consigue que las imágenes adquieran una dimensión aún más plena. Ejemplo de ello puede ser, por ejemplo, el comienzo que tanto le gusta a Hyde (el abandono de Moisés en un canasto y la súplica del pueblo Egipcio), el "duelo" musical entre Moisés y Ramses con la aparición de las siete plagas al ritmo del tema The plagues (atención a la visualización del fuego cayendo del cielo sobre las pirámides) y, sobretodo, del tema When you believe, ganador del Oscar a la mejor canción original, y que suena en la secuencia en que el pueblo de Egipto finalmente consigue librarse de su exclavitud. Emocionante hasta el último compás.

    En definitiva, "El príncipe de Egipto" es un film animado pero que consigue ser un entretenimiento de primera para los más jóvenes al igual que para el público más adulto. Una lección de lo que debería ser siempre un film divertido, emocionante, repleto de acción y buena música y, sobretodo, respetuoso con la Historia. Un auténtico placer llamado a convertirse en un clásico del género.

  • MR. HYDE DICE:
  • Al que no se le pongan los pelos de punta tan sólo con los primeros diez minutos de película es que tiene la sangre de horchata. De todas las películas de dibujos animados, creo que es el más espectacular que he visto en mi vida. Es una pasa prácticamente todo: la música (sensacional, como no podía ser de otra forma, por parte del maestro Zimmer) -con esa canción que se llama Libéranos, los movimientos de la cámara, las imágenes, la fotografía animada... ¡Joer macho, si es que no le falta nada! Ahora, lo mejor es que el resto de la peli, por mucho que ya te puedas conocer de memoria la historia, tela marinera. Tiene acción a punta pala: la carrera de cuádrigas, los números musicales -impresionantes todos y cada uno de ellos-, la escena de la zarza ardiendo y, por supuesto, el trozo final del Mar Rojo, que es uno de los momentos más impresionantes que he visto en cualquier película de dibujos animados -junto con esa otra escena de "El jorobado de Notre Dame - The hunchback of Notre Dame, 1996" en la que parece que la catedral de París escupe fuego-.

    "El príncipe de Egipto" no es una versión más de "Los diez Mandamientos". Sí que te cuenta la misma historia de Moisés, el enfrentamiento con el faraón Ramsés, lo de las plagas de Egipto y tal. Pero en ningún momento han querido copiar lo que ya nos han contado hasta cansarnos, sino que han convertido a "El príncipe de Egipto" en una auténtica maravilla capaz de emocionar tanto a los más peques como hacer que los que estamos más creciditos ni pestañeemos. Y eso que tiene momentos cantados (como solía hacer Disney en sus buenos tiempos), que suelen hacer que el interés se vaya un poco de paseo. Pues no, en "El príncipe de Egipto" no pasa eso para nada. Os digo por qué.

    En primer lugar, la historia está contada no de esa forma tan... mística como le pasaba a las otras versiones, sino que, aquí, Moisés y Ramsés son dos personas normales y corrientes, que se distancian porque cada uno adopta una forma diferente de ver el mundo. Sí que mantiene el carácter religioso de la trama, pero no de esa forma en que tanto les gustaba hacer las películas antes, y donde los Jesucristo de turno parecía que estaban más en la hinopia que en el mundo real. De hecho, está hecho de cojones la forma esa en la que Moisés va cambiando poco a poco su carácter, no haciendo que dependa sólo de un par de cosas que ve o de los sueños raros que tiene (por cierto, este momento, el del sueño, tremendo, como también lo es la canción "Todo lo que siempre quise" que se auto canta para convencerse de que él es el que está destinado para mandar).

    En segundo lugar de "El príncipe de Egipto" es cómo está hecha. Vale que eso se suele decir siempre de las películas de dibujos animados, ya sean por ordenador como las tradicionales de dos dimensiones como ésta. Pero es que agüita del avellano con "El príncipe de Egipto". Los escenarios, los montes, el Mar Rojo... ¡Macho, si es que lo bordan todo! Olé el genio que ha sabido dibujarlo todo así de bien, y lo digo muy en serio. Fijaos si no en la escena final, la del Mar Rojo, cómo está todo pintado con cada mínimo detalle (esa imagen de una ballena "encerrada" en la pared de agua que se ha formado, y que se ve a contraluz con un relámpago); o la columna de fuego que, segundos antes, impide el paso a la tropas del faraón. O, incluso, ese trozo de las plagas de Egipto -impresionante cada una de ellas-.

    Y, por supuesto, otra cosa genial, aunque ya lo haya dicho antes, la insuperable, genial, fantástica, descomunal y grandiosa banda sonora de Hans Zimmer. Mira que me habré escuchado bandas sonoras suyas a cascoporro, pero es que la de "El príncipe de Egipto", junto con la de "La roca  - The rock, 1996" creo que es una de las que mejor acompaña a las imágenes que se ven en la película. Desde ese principio que ya os he dicho antes, pasando por el momento en que Moisés abandona Egipto, el trozo de la zarza ardiente, la salida de la muchedumbre de Egipto (cuidadín a esa preciosidad de canción que es When you believe, que se llevó el Oscar y con razón) o, por supuesto, la que suena cuando se separan las aguas. En fin, que ya estáis corriendo a cualquier tienda a comprarla. Y si, además, podéis conseguir la banda sonora completa, ya, como dicen en mi pueblo mel de romer.

    Claro que, por otra parte, tendríamos que ponerle alguna pega, ¿no? Que yo he hecho fuerza para ponerle a la peli cinco estrellas frente a las cuatro que le quería poner Jekyll, pero tengo claro que hay un par de cosas que se podrían mejorar. La primera es que lo que es el dibujo de las personas parece que está un poco hecho a base de regla y cartabón. Quiero decir que no tiene ese aspecto tan humano que podrían tener algunas pelis de Disney (como le pasa a la Bella, Aladino y demás), que es así casi la única imperfección en el dibujo que yo le veo. Pero vamos, tonterías como para no darse cuenta de que "El príncipe de Egipto" es una de las mejores películas de dibujos que se han hecho. Si no la habéis visto, hacedlo pitando. Y si no tenéis la banda sonora, ya estáis tardando.

    martes, 26 de junio de 2012

    CINE DE LOS 80: "NOCHE DE MIEDO"

    TÍTULO: NOCHE DE MIEDO

    DIRECTOR: TOM HOLLAND

    REPARTO: CHRIS SARANDON, WILLIAM RAGSDALE, AMANDA BEARSE, RODY MCDOWALL, DOROTHY FIELDING

    DURACIÓN: 96 min.

    AÑO: 1985

    GÉNERO: FANTÁSTICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • A principio de los años ochenta, la comedia alocada parecía haber logrado el beneplácito del público quien, a tenor de los sonados éxitos de propuestas como "Porky's - Porky's, 1981", "El pelotón de los chiflados - Stripes, 1981", "Loca academia de policía - Police academy, 1984", "La revancha de los novatos - Revenge of the nerds, 1984". Así pues, era cuestión de tiempo que este gusto por el humor un tanto descacharrante se trasladara a otros géneros. Lo que pocos podrían esperarse es que el género elegido fuera, precisamente, el de terror. De tal forma, cuando el director y guionista Tom Holland se propuso realizar una película de terror que incorporara los suficientes ingredientes cómicos para hacerla distinta, los productores del evento no tardaron en dudar de la comerciabilidad de tal propuesta. Sin embargo, una vez concluido el trabajo, hay que reconocer que "Noche de miedo" es mucho más que un simple largometraje de terror, puesto que contiene los suficientes elementos cómicos y de aventuras para revelarse como uno de los films más interesantes de mediados de la década de los ochenta.

    Charley Brewster (Ragsdale) es un joven adolescente que, tras la llegada al barrio de un nuevo vecino llamado Jerry Dandridge (Sarandon), empieza a observar éste comportamientos un tanto sospechosos. Súbitamente, comienzan a desaparecer ciertas personas de la contornad, y las sospechas de Charley cada vez son más fuertes. Por ello, tras una breve expedición a la casa de Jerry, Charley descubre que Jerry es, en realidad, un vampiro. Ante la incredulidad de su madre, Judy (Fielding) y de su novia, Amy (Bearse), Charley recurre a un maduro presentador televisivo llamado Peter Vincent (McDowall) que dedica su show a la explicación de fenómenos paranormales. Sin embargo, a pesar del escepticismo de Vincent, poco a poco, tanto Charley como el excéntrico presentador, se ven envueltos en una situación de lo más comprometida con Jarry.

    "Noche de miedo" es una película diferente por varios motivos. En primer lugar, a pesar de que contiene algunos de los instantes más escalofriantes que se recuerdan en una película de terror de los años ochenta (la conversión a "no muerta" de la novia de Charley, la transformación de Jerry en vampiro), el film de Holland consigue que el espectador se identifique no sólo con los personajes -todos ellos rebosan simpatía dentro de sus correspondientes roles, en especial en incrédulo Peter Vincent-, sino con el ritmo trepidante del film. En efecto, "Noche de miedo" se las compone para no resultar una película más sobre vampiros al uso, sino que la puesta en escena consigue que los elementos de intriga (la observación inicial de Charley sobre los movimientos y comportamiento sospechoso de Jerry), comedia (la primera toma de contacto con Peter Vincent) y aventura (el tercio final del largometraje) se integren unos con otros de forma ejemplar.

    En segundo lugar, aunque la mayoría de las interpretaciones son de lo más correctas, destaca por encima de todas la de Roddy McDowall como el charlatán presentador televisivo Peter Vincent (su nombre es, como el cinéfilo podrá observar, una fusión de dos de los iconos clásicos por excelencia del género: Peter Cushing y Vincent Price). McDowall dota a su personaje de una simpatía descomunal a pesar de la antipatía que puede suscitar en un primer momento, pues el paso de incrédulo rotundo a creyente se desarrolla a base de secuencias tan únicas como aquella en la que Charley y Peter entran por primera vez a la casa de Jerry para descubrir que se trata de un vampiro -la expresión de McDowall es, simplemente, sobresaliente).

    Por lo que respecta al resto, el tercer eje en el que "Noche de miedo" resulta un film novedoso es el de los trucajes de maquillaje. Desde la transformación de Jerry en vampiro y, más adelante, en murciélago gigante, hasta la de Amy como monstruosa vampira (el rostro desfigurado de la joven, con esa boca repleta de afilados dientes, es de los iconos por excelencia del cine de terror más reciente), resultan tan escalofriantes como efectivos.

    Sin embargo, todos estos elementos se combinan en "Noche de miedo" logrando que la película sea un entretenimiento simpático y divertido, a la vez que ofrece algunas de las secuencias más interesantes del cine de terror ochentero (atención a las numerosas secuencias en que Charley trata en vano de convencer a sus familiares y conocidos de la verdadera identidad de Jerry, o de la forma en que Charley y Peter Vincent consiguen salir con vida al final del film). En resumen, una película intrascendente pero muy simpática y, sobretodo, entretenida.

  • MR. HYDE DICE:
  • Lo importante primero: ¡Feliz cumple nena! Vale, ahora sí, al turrón.

    ¡Juas, qué cachonda la película! “Noche de miedo” es una tontuna monumental, pero aún así hace que te diviertas todo el rato. No sé si es porque sabe de sobra que lo importante es reírse de las mismas películas de terror, o porque parte de ese tema para hacer una peli de miedo de verdad. En cualquier caso, los noventa minutos escasos que dura hace que te diviertas sin parar. Para los/las que no les gusten las películas de canguelo, podéis estar tranquilos, que “Noche de miedo” no va por ahí, ni salen zombis, ni asesinos en serie ni monstruos que te revientan las tripas. Bueno, algún que otro bicho sí sale, pero lo que hacen, más que acojonarte es darles un susto de muerte a los protas cosa que, curiosamente, hace que tú te rías un buen rato. A mí me da la sensación, haciendo una comparación un poco friki, que es como si a todos estos timadores del teléfono de la videncia los pusieran en una casa donde hay un vidente de verdad que se los pone a todos de corbata. Aquí pasa más o menos lo mismo, aunque con falsos especialistas en vampiros en lugar de (in)videntes y con toques de la clásica historia del chaval que ve cosas raras en sus nuevos vecinos (más o menos como pasaba en esa otra peli tan chorra como distraída que era “No matarás…al vecino – The Burbs, 1989”).

    Al principio, “Noche de miedo” puede engañar. Si ves la primera mitad, tiene toda la pinta de ser una historia más de gente rara que va a vivir al típico barrio norteamericano (ya sabéis, ése en el que todos los vecinos son felices, hay niños con bicicletas repartiendo periódicos, coches aparcados en la entrada ajardinada de las casas, niños paseando a los perros y la Margaret de turno hablando con sus amigas sobre lo hermoso que están sus rosas), y que hace cosas que llaman la atención del adolescente de instituto rebelde al que nadie cree. Ésta es la parte menos original. Pero, desde el momento en que sale ese fantoche que se las da de especialista en fenómenos paranormales, es cuando empieza la juerga. Si “Noche de miedo” merece la pena verse por algo, desde luego, es por este pajarraco. Fijaos, si no, en el momento ese en el que el tío empieza a creerse que, de verdad, es un auténtico cazador de vampiros como en su chufla de televisión, y se tira de cabeza al ataúd del vampiro malo malísimo para que éste quede atrapado dentro. Os juro que si por algo merece la pena verse “Noche de miedo” es por el papelón que hace el viejo (aunque el vampiro tampoco parece que se lo pase mal -mirad el momento en que se intenta ligar tanto a la madre del chaval como a su novia-).

    Por lo demás, si os soy sincero, tampoco es que “Noche de miedo” me parezca nada del otro mundo. Reconozco que tiene su mérito el que hayan conseguido hacer de la típica historia de vampiros que ya nos han contado mil y una veces (por no hablar de que todo el principio es una copia descarada de “La ventana indiscreta – Rear window, 1954”, cosa que me extraña que el pedantillo de arriba no haya mencionado), y que tenga su interés para hacer que a la peña le interese saber cómo acaban con los malos. Es más, no miento si os digo que toda la parte final que tiene lugar en la casa del malo hace que te agarres bien y casi ni parpadees porque, ahí, la acción es constante todo el tiempo. Y, tal y como son el resto de tonterías que han solido hacer sobre el tema –remake de esta misma peli incluido-, la verdad es que se agradece poder pasártelo bien con una peli como ésta. Aunque, cuando la hayas visto, la olvides con la misma facilidad con la que te la papaste.

    lunes, 25 de junio de 2012

    CINE CLÁSICO: "THE HAUNTING: LA MANSIÓN ENCANTADA"

    TÍTULO: THE HAUNTING: LA MANSIÓN ENCANTADA

    DIRECTOR: ROBERT WISE

    REPARTO: JULIE HARRIS, CLAIRE BLOOM, RICHARD JOHNSON, RUSS TAMBLYN, FAY COMPTON, LOIS MAXWELL

    DURACIÓN: 112 min.

    AÑO: 1963

    GÉNERO: TERROR

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Las historias sobre brujería y encantamientos siempre han sido un recurso al que Hollywood ha recurrido de cuando en cuando a la hora de realizar sus largometrajes. Puede que el film de Robert Wise fuera uno de los más notorios del momento en abordar el tema, si bien líneas argumentales similares ya se habían explotado unos años antes en películas como "La mansión de los horrores - House on haunted hill, 1959" o "Los 13 fantasmas - 13 ghosts, 1960", y volverían a ser utilizadas para otros films posteriores como, por ejemplo, "Terror en Amityville - The amityville horror, 1979", o "Al final de la escalera - The changeling, 1980". Ahora bien, a diferencia de las anteriores propuestas -de las cuales, por cierto, las tres primeras han sido objeto de remakes relativamente recientes, al igual que ésta "The haunting: la mansión encantada"- la dirigida por el polifacético Robert Wise, se acerca más al teatro filmado que a una gran producción de terror. Más adelante entraremos en detalles sobre ella.

    El doctor Markway (Johnson) es un psicólogo especializado en los fenómenos paranormales que pretende, tras una cuidada selección de candidatos, pasar unos días en una vieja mansión en la que, en el pasado, se han producido una serie de extrañas muertes aún no aclaradas. Lo que Markway pretende es demostrar la existencia de dichos fenómenos paranormales, por lo que sus candidatos tienen en común el haber sido testigos de algún fenómeno de este tipo. Ellos son Eleanor (Harris), Theo (Bloom) y Luke (Tamblyn), futuro heredero de la propiedad.

    "The haunting: la mansión encantada" es un film que se apoya muchísimo más en el terror psicológico y en el arte de la sugestión que no en el interés por recurrir a los clichés más explotados del género: costosos efectos especiales, apariciones fantasmales, sangre por doquier... "The haunting: la mansión encantada" no cae para nada en esa trampa. En su lugar, por lo que opta el film de Wise es por sumergir al espectador en la misma situación en la que se ven envueltos sus personajes. Las secuencias más terroríficas asustan, precisamente, más por lo que no se ve (esos ruidos atronadores tras las puertas y paredes, el dibujo proyectado en una pared a causa de las sombras en la que se puede distinguir una cara amenazadora, en "embrujo" de la torre de la mansión o de la escalera de caracol, etc.) que por lo que sí (el mensaje intimidatorio escrito en una de las paredes del pasillo...).

    Por otra parte, también da la sensación de que Robert Wise, en su intento de hacer que el público se introduzca de lleno en la psicología de la película, recurre en exceso a la voz en off de la protagonista, que permite a los espectadores conocer sus pensamientos, sus temores y miedos. Este recurso funciona con efectividad durante los primeros minutos de metraje (más o menos, hasta que la protagonista llega con su coche a la mansión de la colina) pero, a partir de entonces, lo único que parece conseguir es entorpecer el avance de la acción. En lugar de ir en aumento conforme se van sucediendo los acontecimientos, ésta se mantiene constante a lo largo de lo que resta de largometraje, por lo que "The haunting: la mansión encantada" no consigue llegar a un clímax tan explosivo como cabría esperar. Afortunadamente, Wise sabe introducir a la perfección en la película el personaje de la esposa del doctor quien, a pesar de su poco peso en el conjunto del film, proporciona algunos de los instantes escalofriantes de su tercio final (ver su aparición súbita tras el incidente de la escalera o, por supuesto, en el bosque, justo antes del final).

    Así pues, aunque "The haunting: la mansión encantada" pueda dar la sensación, a priori, de que va mucho más allá en lo que a los largometrajes de casas malditas se refiere, lo cierto es que se perfila más como una obra de teatro basada en la sugestión de los miedos que proyectan sus mismos protagonistas en ese entorno que no otra cosa. Por supuesto, es loable la labor tanto de Wise en la dirección como, por supuesto, de Davis Boulton en la escalofriante fotografía en blanco y negro, o la cuidada interpretación de Richard Johnson como doctor especializado en lo paranormal (excelente su instante a solas con Eleonor en el desayuno). Por lo demás, "The haunting: la mansión encantada" no es más que un intento muy digno de contar una historia inquietante de una forma clásica y correcta, pero carente del efectivismo que reinan las producciones de hoy en día. Cosa que, por cierto, tampoco debe ser tomada como un inconveniente.

  • MR. HYDE DICE:
  • A ver, la peli no está mal, aunque se nota que ya tiene sus años. Fijo que cuando salió dejó con los cataplines por corbata a la mitad de la gente que fue a verla. Pero claro, ahora, a día de hoy, pues como que los sustos que tiene la película no te acojonan lo más mínimo. No es que sea por el blanco y negro, que a veces puede ayudar aún más a hacer que te riles de miedo o que te aburras como una ostra. Aunque después de ver "The haunting: la mansión encantada" lo que me da a mí es, como dice el rollero de arriba, que lo que quisieron hacer fue más una peli de suspense que no una de miedo. Ahí sí que reconozco que más o menos es resultona, porque te pasas todo el rato con la sensación de que va a pasar algo chungo, de que hay alguna especie de amenaza cerca que les va a hacer saltar hasta el techo a los que se meten en ese pedazo de casa.

    "The haunting: la mansión encantada" tiene, para mi gusto, un par de cosas que está muy logradas, y otras que son una cagada monumental. En el primer grupo, metería algún que otro momento suelto. Por ejemplo, todo el principio es estupendo, cuando te cuentan qué es lo que pasó con los propietarios y herederos, y fueron muriendo cada uno de ellos. Sólo escuchas una voz en off que te lo cuenta todo, pero es suficiente para que se te meta ya ese gusanillo de inquietud en el cuerpo (el cuerpo de la mujer que tiene el accidente con la carreta, de la que se cae de espaldas por una escalera y se parte el cuello y, sobretodo, de la criada esa que sube una escalera de caracol y se ahorca en una viga). Luego, también es cierto que tiene dos o tres momentos, cuando empiezan a pasar los fenómenos paranormales, en que casi ni respiras. Por ejemplo, la segunda noche que pasan, cuando la protagonista esa rara escucha gritos de un niño detrás de una pared, y da la sensación de que los agujeros que hay allí le dan a la pared la forma de una cara enfadada. O como, cuando exploran la casa, y se encuentran en el invernadero unba estatua gigante de toda la familia muerta. Ahí, de verdad te juro que crees que te van a pegar un susto de esos de infarto. Lo malo es... que no.

    Y así llegamos a lo peor de la película. "The haunting: la mansión encantada" quiere asustar a base de sacar a la mujer protagonista con cara de loca, escuchando sus pensamientos para que todos sepamos que la pobre señora está como una cafetera. Y claro, eso, al principio, aún tira que te va. Pero cuando ya te hueles que va a ser todo el rato la mujer poniendo caras raras y flipando con cosas que sólo ella parece ver (y que, la verdad, tampoco son tan graves, que si se oyen golpes fuertes detrás de una pared, coño pues vas y la abres a ver qué pasa), pues ya te aburre un poco. Además, una cosa muy importante que te da algo de bajón es que "The haunting: la mansión encantada" deja un huevo de cosas sin resolver. Por ejemplo, qué carajo le pasa a la mansión esa, qué es lo que provoca tantos ruidos por la noche, quién escribe el nombre de la pirada en la pared, o qué rollo extraño hay con la habitación de los niños. Digamos que si te aclararan un poco esas cosas, pues como que la peli tendría un poco más de sentido.

    En fin, que hay que reconocer que "The haunting: la mansión encantada" es un buen intento de no hacer la misma basura de siempre sobre las casas encantadas. Y, si os interesa saberlo, desde luego, es mil veces mejor que esa mierda de versión moderna que hicieron Liam Neeson y Catherine Zeta-Jones hace unos años (me refiero a "The haunting (La guarida) - The haunting, 1999). En fin, para pasar el rato.

    domingo, 24 de junio de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "EL JURAMENTO"

    TÍTULO: EL JURAMENTO

    DIRECTOR: SEAN PENN

    REPARTO: JACK NICHOLSON, ROBIN WRIGHT PENN, MICKEY ROURKE, BENICIO DEL TORO, AARON HECKHART, HELEN MIRREN, VANESSA REDGRAVE, SAM SHEPHARD, PATRICIA CLARKSON

    DURACIÓN: 124 min.

    AÑO: 2001

    GÉNERO: SUSPENSE

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Si como actor, Sean Penn, resulta difícil de clasificar bastante a menudo, como realizador ésta no resulta una tarea mucho más sencilla. Ahora bien, como director, la cosa no varía mucho menos. Desde su debut en la dirección de largometrajes con "Extraño vínculo de sangre - The Indian runner, 1991", Sean Penn ha conseguido sacudir por completo la conciencia del espectador, hasta lograr su propósito. De hecho, ya en la primera colaboración conjunta con Jack Nicholson en la excelente "Cruzando la oscuridad - The crossing guard, 1995" Penn demostraba una habilidad única para presentar a una serie de personajes que viven sus vidas a través de una frágil línea que separa la cordura de la enajenación total. En el que fue su siguiente film como realizador, "El juramento", Penn da un paso más allá al, basándose en la novela "El cebo" de Friedrich Düirrenmatt, servirse de una situación más o menos corriente para, a partir de ella, desarrollar un macabro juego de investigación y persecución de un criminal impune. "El juramento" es, pues, una nueva oportunidad de contemplar un film sólido y estupendamente interpretado que pone en jaque muchas de las ideas preconcebidas de los espectadores que ven un thriller de estas características.

    Jerry Black (Nicholson) es un detective de la brigada de homicidios que se acaba de jubilar. Sin embargo, el mismo día de la celebración de su retiro oficial, aparece el cadáver de una niña pequeña. Aunque su superior, el capitán Eric Pollack (Shephard) y el detective Stan Krolak (Heckhart) confían en las pistas que apuntan a un hombre algo retrasado mentalmente llamado Toby Jay (Del Toro), Jerry tiene la impresión de que el asesino aún anda suelto. Por ello, tras su aparente retiro, Jerry continúa por su cuenta la investigación, para lo que le será de gran ayuda Lori (Wright Penn), una madre soltera cuya hija guarda un asombroso parecido con la víctima.

    "El juramento" es una película que puede hacer sentir incómodo a más de un espectador. Al fin y al cabo, no contiene demasiados elementos que inviten a una agradable sesión de cine policíaco, si se tienen en cuenta determinados factores: los paisajes desérticos de hielo y arena -retratados de forma magistral a través de la fotografía del oscarizado Chris Menges, y con el acompañamiento musical tan sugerente de Hans Zimmer y Klaus Badelt-, los personajes poco empáticos (los policías parecen interesados en dar el caso por cerrado y, ni siquiera los progenitores de ambas niñas resultan ser excesivamente simpáticos), la estrategia que adopta Jerry para demostrar que el asesino aún continúa el libertado, determinadas secuencias que incluso parecen poner a prueba la resistencia de los personajes (mención especial merece tanto la secuencia en que Jerry jura por un crucifijo que atrapará al asesino de la niña, como ese final descorazonador que desemboca en una espiral de destrucción)... Como se puede apreciar, son ingredientes que no invitan demasiado a ver "El juramento" y, sin embargo, son de lo más necesarios para comprender todo el film.

    No obstante, ello no quita para que esta sensacional película esté repleta de secuencias duras: la conversación que mantiene Jerry en la cárcel con el padre de la niña muerta (una ocasión más para que Mickey Rourke demuestre lo bien que puede actuar... cuando quiere), o cuando hace lo propio con la madre en mitad de una granja de pavos (la expresión de dolor de la mujer es conmovedora) y, sobretodo, cuando un accidente final pone en tela de juicio la cordura de Jerry.

    Por su parte, Jack Nicholson destaca por encima del resto del conjunto, regalando la interpretación de un papel que parecía estar hecho a medida del genial actor. Sólo él es capaz de hacer del detective Jerry Black algo muy diferente al investigador Jack Gittes al que ya había dado vida anteriormente en dos ocasiones, para centrarse en la psique de un personaje que vive obsesionado con dos cosas: demostrar que su teoría es verdad, y atrapar al asesino de la niña, al que aún considera en libertad. Para ello, el complemento perfecto de la puesta en escena lo pone Sean Penn, quien logra que toda la intriga de la investigación (el "falso culpable", la figura de un desconocido misterioso al que apodan "el mago", al descripción de su forma de vestir y del coche que conduce, etc.) se acumule gradualmente conforme avanza el largometraje, hasta ese final devastador con el que da comienzo la película.

    En resumidas cuentas, "El juramento" está lejos de ser la clásica historia de detectives y casos sin resolver que el público tan bien conoce. Aquí, la historia choca frontalmente con la conciencia del espectador que, en última instancia, tiene la oportunidad de disfrutar con un film original, diferente y de lo más correcto.

  • MR. HYDE DICE:
  • Muy buena peli. Al principio, cuando empiezas a ver "El juramento" parece que estés a punto de ver una vez más la misma historia sobre un policía retirado que se mete de lleno en un caso para resolverlo antes de dedicarse a tocarse las narices a base de bien. En realidad, la primera media hora es así: el descubrimiento del cadáver de la niña pequeña, la jubilación del detective, el arresto de un sospechoso que tiene todos los números para que le carguen el muerto a él (nunca mejor dicho)... Pero, de repente, hay un momento en que todo cambia y la cosa se vuelve muchísimo más seria. Y es a partir de ahí que "El juramento" se vuelve una película tan interesante, porque ves cómo, poco a poco, el detective empieza a construir una especie de juego enfermizo (el tío está obsesionado con atrapar al verdadero asesino de la niña) que es capaz de llevar hasta el límite.

    Os aviso de que "El juramento" tiene, en mi opinión, un fallo importante que no tendría que haber hecho: empieza por el final. ¿Y qué quiere decir eso? No que te quite la sorpresa, pero sí que te adelanta una cosa fundamental que hubiera hecho mejor en guardarse para más adelante. Tranquilos, que no desvela nada, aunque hace que, conforme van pasando cosas, te preguntes por qué demonios pasa lo que pasa para que el final sea ese que te acaban de contar.

    Otro aviso importante a la hora de ver "El juramento" es que tengáis clara una cosa: no todas las películas de asesinatos terminan como a uno le gustaría. Tampoco es que ésta acabe como "Seven - Seven, 1995", con la cabeza de alguien dentro de una caja. Pero sí que estamos acostumbrados a que el bueno sea el bueno, que el malo sea el malo, y que siempre pague por ello el que se cree más listo que nadie. Bueno, pues digamos que en "El juramento", la justicia es más poética que nunca, porque ni en un millón de años adivinaríais lo que pasa al final. Y, mira tú por dónde, eso es lo que hace de ella una peli tan... no sé, "madura" tal vez sea la palabra, aunque también valdría "pesimista" y "diferente".

    En medio de toda la historia, lo que queda al final es un juego macabro de caza entre un cazador dispuesto a jugársela a base de bien (no tenéis más que ver el plan que va montando poco a poco, y lo que pasa cuando una determinada persona se entera de ello -impresionante la que hace de novia del prota-), y un lobo que no se detiene ante sus ganas de matar. Pero, aunque "El juramento" tenga ese tono de medio chungo, es curioso que entiendes al protagonista por completo, en su no querer para con tal de cumplir la promesa que le hizo a la abuela de la niña muerta (por favor, no os perdáis esa escena, en la que la vieja le hace jurar por un crucifijo que no parará hasta encontrar al asesino de su nieta), y que tiene una serie de momentazos espectaculares protagonizados por actores muy conocidos en la que todos, sin excepción, lo bordan durante esos pocos minutos que salen -lástima que no tengan más película por delante-: Mickey Rourke cuando le cuentan lo que le ha pasado a su hija, Benicio del Todo durante el interrogatorio en la comisaría, Helen Mirren explicándole al detective qué es lo que pasa con los casos como los que está llevando el detective, etc.

    Un último consejo, cuando vayáis a ver "El juramento", que sea uno de esos días que no estéis de bajón, porque el final no es que te deje muy p'allá que digamos. Aún así, os la recomiendo de verdad, porque es de las que, cuando te la vuelven a mencionar, guardas muy buen recuerdo de ella y no te importaría volver a ver.

    sábado, 23 de junio de 2012

    CINE EN CARTEL: "BLANCANIEVES Y LA LEYENDA DEL CAZADOR"

    TÍTULO: BLANCANIEVES Y LA LEYENDA DEL CAZADOR

    DIRECTOR: RUPERT SANDERS

    REPARTO: CHARLIZE THERON, KRISTEN STEWRT, CHRIS HEMSWORTH, SAM CLAFLIN, TOBY JONES, RAY WINSTONE, IAN MACSHANE, BOB HOSKINS, BRIAN GLEESON, SAM SPRUELL

    DURACIÓN: 122 min.

    AÑO: 2012

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLLDICE:
  • En anteriores ocasiones, hemos mostrado nuestro desconcierto con algunas de las decisiones que parecen tomar los grandes estudios de la meca del cine. En este caso, la perplejidad viene a santo de estrenar en un mismo año, y con pocos meses de diferencia, dos películas distintas sobre un mismo tema. Si, a principios de los años noventa, esto sucedía con personajes como Robin Hood (versiones de Kevin Reynolds y John Irvin), Cristóbal Colón (versiones de Ridley Scott y John Glenn) e, incluso, con un argumento como la colisión de un meteorito gigantesco contra la Tierra (versiones de Michael Bay y Mimi Leder), ha sido este año en el que dos films acerca de Blancanieves se han estrenado en todo el mundo. Ahora bien, mientras que Blancanieves - Mirror, mirror, 2012" era una versión más juvenil y próxima al relato original que contaba con Julia Roberts en el papel de bruja malvada, en "Blancanieves y la leyenda del cazador" sus responsables parecen haber querido darle u toque más épico al relato, introduciendo elementos nuevos como trols, batallas campales, hechizos siniestros y transformaciones espectaculares. Ahora bien, que todo esto haya reprercutido en favor del largometraje dirigido por el debutante Rupert Sanders es algo que veremos más adelante.

    Una malvada hechicera llamada Ravena (Theron) consigue enamorar a un rey viudo con el fin de desposarlo, asesinarlo y después, hacerse con el poder del reino. Ante la amenaza que supone para su constante juventud la existencia de Blancanieves, la hija del rey, decide encerrarla en una torre de por vida, mientras unos pocos guerreros consiguen escapar. Pasados los años, Blancanieves (Stewart) se ha convertido en una adolescente que no pierde la esperanza de recuperar lo que le pertenece por derecho. Por ello, tras enterarse de que su primo William (Claflin) sigue vivo y ha conseguido formar un pequeño ejército de opositores a Ravena, consigue escapar y buscarlo. Dado que en su huida se adentra en el bosque misterioso, Ravena decide enviar a El Cazador (Hemsworth), un rudo y violento viudo que ha logrado sobrevivir a los peligros que reinan en el bosque, a cambio de prometerle que le devolverá la vida a su difunta esposa.

    "Blancanieves y la leyenda del cazador" es una película hecha con el único objetivo de atraer a cuantos más espectadores a las salas, mejor. En lo que concierne al apartado más técnico, el largometraje destaca notablemente. Así pues, cuenta con un exquisito diseño de producción (la recreación del los grandes escenarios como el santuario o el bosque maldito son, en una palabra, insuperables), un cuidadísimo vestuario (espectacular y aterrador el aire que le dan a la malvada madrastra esos trajes hechos como con plumas de cuervo), unos efectos especiales de primera (atención a la primera batalla que tiene lugar entre las tropas del rey y los guerreros de cristal negro de Ravena, o a las secuencias de alucinaciones que varios protagonistas experimentan en el bosque maldito), y una banda sonora grandilocuente, en la línea del siempre excelente James Newton Howard (los cortes Death favors no one o Warriors on the beach son fantásticos).

    Sin embargo, la otra cara de "Blancanieves y la leyenda del cazador" la representan dos elementos fundamentales de cualquier largometraje: las actuaciones y, sobretodo, el guión. En cuanto a lo primero, poco puede hacer una algo sobreactuada Charlize Theron por salvar el conjunto de la sosería descarada de un Chris Hemsworth que parece estar emulando a Hugh Jackman durante todo el metraje(puede que le funcione encarnando al hijo de Odin, pero no a un personaje que requería de mayor carisma), y a la horrenda participación de esa muchacha que es Kristen Stewart. Asimismo, en lo que al libreto se refiere, es una pena que éste se decante más por la acción pura y dura pero vacía de todo contenido, y que desaprovecha ocasiones espléndidas para darle más profundidad a la historia (la aparición de los enanos, la existencia del poblado de Fenland, o el brevísimo cara a cara final de Blancanieves con Ravena).

    Así pues, "Blancanieves y la leyenda del cazador" termina por ser una película más de efectos especiales y mareantes batallas, muy espectacular en su faceta técnica (alberga esperanzas de que Rupert Sanders esté a la altura de realizar futuros proyectos mucho mejores que éste), pero que no consigue engañar a un público que sabe a la perfección que al pan pan y al vino vino.

  • MR. HYDE DICE:
  • ¡Pero qué cachondos son estos tíos de Jolibú! Desde luego, sólo ellos son capaces de poner en una misma peli a un pivón como Charlize Theron haciendo de bruja mala, y diciendo que la cara-fumada de "Crepúsculo" es más hermosa que ella... ¡Ay, que me parto, lagarto! ¡¡Esta sí que es buena!! Se ve que Rossy de Palma estaba ocupada y no pudo hacer ella de Blancanieves, porque vamos, ya era lo que les faltaba. Desde luego, qué huevos más bien plantados tienen estos pollos. Claro, que en el póster ya te dejan claro que la película es de los mismos productores de ese truño infumable que es "Alicia en el país de las maravillas" made in Tim Burton... ¡como si eso fuera garantía de calidad! Claro, que se ve que como ya han metido bastante la pata con Blancanieves, con el cazador han decidido no jugársela y han puesto al cachas que hace de Thor, y que siempre pone así cara de estar muy cabreado para darle algo de emoción a la historia, porque si no, apaga y vámonos.

    Ahora bien, es curioso pero, a medida que iba viendo "Blancanieves y la leyenda del cazador", no podía evitar acordarme de otra peli: la versión de "Robin Hood" que Ridley Scott hizo un par de años atrás. No porque tengan mucho que ver -aunque ese plano de los ejércitos al trote por la playa delante de un castillo en la batalla final parece que está calcado una de otra-, sino porque, el amigo con el que la ví, al salir del cine, hizo un comentario así como que "Esto es Robin Hood como podía haber sido Pepe Hood, porque no tiene más que dos cosas que ver con la historia que todos conocemos". Bueno, pues con "Blancanieves y la leyenda del cazador" pasa algo similar, que es Blancanieves como podría haber sido tu prima la del pueblo. Sale una madrastra mala como la sarna, unos enanos y una manzana envenenada. Pero ahí acaba todo el parecido con la historia que todos conocemos. A partir de aquí, el resto se parece al cuento como un huevo a una castaña.

    Pues sí, "Blancanieves y la leyenda del cazador" es una especie de mezcla entre cualquier bodrio de "El señor de los anillos" y película de batallas. Tal cuál. ¿Qué quiere decir eso? Pues que consigue entretener lo justo para que no te pongas nervioso en el cine de pensar que te has gastado la pasta y el tiempo en ver una mierda, pero que no consigue que te quedes con ganas de volver a verla, ni siquiera si la pasan un día por la tele (claro, que si no hay nada mejor que ver, a lo mejor...). ¿Que por qué digo eso, preguntáis? Tranquilos, que en el siguiente párrafo os lo explico.

    Para empezar, y obviando la elección de la actriz protagonista, se notan demasiado los cambios de escenas de combate al bla-blá aburrido. Si a "Blancanieves y la leyenda del cazador" le quitas las escenas de acción, el resto es un torro descomunal. Además, tiene trozos importantes que están mal contados. Por ejemplo, ¿por qué demonios ponen en el título "la leyenda del cazador" si en ningún momento se habla de la leyenda de ningún cazador? ¿Cómo saben que dándole un beso en todo el morro a Blancanieves ésta se despierta del hechizo de la manzana? ¿Qué cojones pinta en el bosque ese pedazo de ciervo blanco mutante? ¿Por qué la madrastra no se carga a Blancanieves cuando la tiene ya moribunda en vez de andarse con tonterías de manzanas envenenadas? En fin, que puede que no sean cosas súper fundamentales, pero te dejan coja la historia.

    En la parte buena, pues Charlize Theron, of course. No sólo demuestra que hay pocas actrices ahora en Hollywood que sean un bellezón y sepan actuar a la vez sino que, además, lo borda pasándoselo pipa como la mala de la función (la tipa de los pone de corbata sólo con una mirada de esas de cara de loca que es capaz de poner). Aparte de la amiga Charlize, de los efectos especiales -muy currados, todo sea dicho- y de dos o tres cosas más (insuperable el chiste que hacen dos enanos a propósito del ai-go ai-go mientras se intentan colar en el castillo), "Blancanieves y la leyenda del cazador" es una peli que puedes ver perfectamente en el salón de tu casa, porque tampoco es que en pantalla grande gane un huevo. Seguro que a los críos más pequeños les encanta, aunque a los más grandecitos puede que no les chifle tanto.

    viernes, 22 de junio de 2012

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "MONEYBALL: ROMPIENDO LAS REGLAS"

    TÍTULO: MONEYBALL, ROMPIENDO LAS REGLAS

    DIRECTOR: BENETT MILLER

    REPARTO: BRAD PITT, JONAH HILL, PHYLIP SEYMOUR HOFFMAN, ROBIN WRIGHT, KERRYS DORSEY, CHRIS PRATT

    DURACIÓN: 132 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Si algo hay que reconocerle al cine estadounidense es que sabe cómo convertir en emocionante determinados eventos que, fuera de su formato habitual, suelen carecer de la misma garra. En el caso de los deportes, larga es la lista de las producciones que se han centrado en este mundo y, más concretamente, en el de su deporte nacional por excelencia: el béisbol. De entre los largometrajes más relevantes que han reflejado en la gran pantalla este tema los hay de todas las clases: desde los más reputados ("El mejor - The natural, 1984", "Los búfalos de Durham - Bull Durham, 1988", "Campo de sueños - Field of dreams, 1988", ), hasta aquellos que sirven de excusa para una trama secundaria que poco tiene que ver con dicho deporte ("Una mujer en la liga - Major league, 1989", "Ellas dan el golpe - A league of their own, 1992" o "Entre el amor y en el juego - For love of the game, 1999", entre otras). Sin embargo, el estreno de videoclub de esta semana, "Moneyball: rompiendo las reglas", aunque toma el béisbol como eje central de su argumento, la da a dicho argumento una vuelta de tuerca de lo más original para constituir un relato de lo asombrosa que puede llegar a ser la aplicación de fórmulas matemáticas y estadísticas a la hora de componer un equipo profesional.

    Billy Beane (Pitt) es un ex-jugador del equipo béisbol de Oakland. Tras haber realizado una mala carrera como jugador, Billy ahora es el gerente del club, encargado de supervisar los fichajes y controlar los entresijos del equipo. Tras acabar la liga, tres de sus mejores jugadores fichan por otros equipos, lo que deja a Billy con un equipo de tercera con muy pocas posibilidades de hacer algo en la siguiente liga, ya que el club tampoco dispone de los fondos de otros más importantes para competir en el mercado de los jugadores. En el curso de unas negociaciones, conoce a un joven licenciado en económicas llamado Peter Brand (Hill). Éste sostiene que es posible, a partir del estudio de determinados parámetros estadísticos diseñar automáticamente la composición de un equipo nuevo capaz de vencer a cualquier rival. Sin embargo, a pesar del convencimiento de Billy y Peter, no lo tendrán tan fácil a la hora de poner en marcha esta estrategia.

    "Moneyball: rompiendo las reglas" es una película en la que lo fundamental es el guión. El libreto escrito a cuatro mano por los ganadores de un Oscar Aaron Sorkin y Steven Zaillan consigue que un mundo tan particular como el del béisbol consiga interesar a un sector demográfico mucho más amplio, no dependiendo de si la acción se centra en un determinado jugador, o en los partidos en sí. En el film, lo realmente novedoso es la forma en que dicha ciencia se aplica a la confección de un supuesto equipo ideal y, lo más sorprendente de todo, que funcione. Para ello, el director Benett Miller obvia en su mayor parte la odisea que supone para el equipo cada enfrentamiento (tan sólo adquiere una mayor importancia en el tercio final, cuando los A's de Oakland establecen un record al conseguir veinte victorias consecutivas), y prefiere centrarse en los aspectos más intelectuales del film.

    Esta decisión repercute positiva y negativamente en un par de elementos importantes del largometraje. Por un lado, la parte positiva la representa la gran novedad que "Moneyball: rompiendo las reglas" supone en comparación con algunos de los títulos citados en la introducción. En la película, la historia se explica con un lenguaje sencillísimo, de forma que el público que no esté acostumbrado a la jerga más técnica de dicho deporte no tendrá problemas para seguir el hilo de lo que se está relatando. De hecho, es aquí donde reside la verdadera emoción del film, al demostrar que es posible, centrándose en una serie de análisis estadísticos, resultar igual de efectivos en el campo de juego y, donde artistas como Brad Pitt o Jonah Hill demuestran que son capaces de interpretar papeles diferentes a los que tienen acostumbrados a los espectadores (en especial, Jonah Hill quien, después de "maravillas" como "Supersalidos - Superbad, 2007" o "Infiltrados en clase - 21 Jump Street, 2012" parecía condenado a ser uno de lo snuevos graciosillos oficiales del cine reciente).

    Por otra parte, la parte menos positiva de "Moneyball: rompiendo las reglas" es que puede dejar al público con una sensación de haber asistido a unos fuegos artificiales que sólo han ofrecido mucho ruido y pocas nueces. Así, a lo largo de sus dos horas de metraje, la cierta lentitud con que se recoge la acción termina por pesar sobre los hombros del público (ni siquiera algunas tramas secundarias como la de Billy con su hija -sensacional Kerrys Dorsey- logra elevar un mínimo el interés de estos ratos "muertos"). Asimismo, da la sensación de que papeles más importantes han sido drásticamente recortados (la aparición del entrenador del equipo -interpretado por un aburrido Philip Seymour Hoffman, por ejemplo-) en favor de otras secuencias más típicas del género (Billy echando la bronca a sus jugadores después de perder un partido, los enfrentamientos con el resto de la directiva del equipo...).

    Por supuesto, nada de esto es impedimento para que, al final, "Moneyball: rompiendo las reglas" sea un soplo de aire fresco entre tanta producción que, a lo largo de los últimos años, ha dado las mismas vueltas una y otra vez en torno a la misma forma de contemplar el deporte en el cine. Así es como secuencias como aquella en la que Billy realiza una serie de fichajes relámpago hablando casi a la vez con el manager de tres equipos diferentes ante la atónita mirada de Peter, o aquella otra en que Billy asiste por primera vez a un partido desde que dejó de ser jugador profesional. De esta forma, aunque en el fondo sea un largometraje bastante intrascendente, hay que reconocerle a "Moneyball: rompiendo las reglas" su digno intento de ir un paso más allá y ofrecer al público algo nuevo y, por fortuna, de calidad.

  • MR. HYDE DICE:
  • Para los que no os gusten las películas de béisbol, podéis estar tranquilos, porque "Moneyball: rompiendo las reglas" no es la típica peli de un jugador que tiene que hacerlo cojonudo en un partido porque, si no, decepcionará a millones de espectadores que lo animan al grito de "!Dios bendiga América!" Para nada. Por suerte, "Moneyball: rompiendo las reglas" se aleja un poco de todo eso y lo que hace es contarte una historia de béisbol pero sin centrarse en los partidos, en cómo le pegan a la pelota y esas cosas que sólo les interesan a los yanquis. Y menos mal, porque ya me gustaría ver su cara si a nosotros nos diera por hacer películas sobre lo jodido que es para un jugador de fútbol ganar un partido... no iba a verla ni el tato, fijo. Pero bueno, vamos con la peli.

    "Moneyball: rompiendo las reglas" tiene una cosa muy original que hace que sea bastante interesante. Aplican las matemáticas (o la econometría, o lo que coño sea) a la forma de diseñar un equipo para ganar los partidos. En un momento de la peli, uno de los que salen le pregunta a Brad Pitt que si lo que quiere es montar un equipo por ordenador. Bueno, pues es más o menos lo que pasa. Y eso es lo que la hace diferente a las demás, que son casi dos horas de probabilidades, de jugársela y no sé qué más cosas a raíz de unos cálculos que hace un experto en economía. Claro que, al final, todo depende de los juegos ganados para que sirva de algo pero, como os digo, no te tienes que chupar un partido detrás de otro, y menos de un deporte que, por lo general, a los europeos nos la bufa de mala manera.

    En medio de todo ello, pues tienes a Brad Pitt no dándoselas de guapo (aunque el tío no pierde oportunidad de salir en un gimnasio marcando abdominales), sino queriendo hacer un papel más serio. Lo malo es que Brad Pitt es Brad Pitt, y al pobre hombre le cuesta un huevo que la gente no vea en él al pavo que va de guay y siempre en plan héroe de la función. En "Moneyball: rompiendo las reglas", por suerte, parece que se lo toma todo un poco más en serio. Y lo mismo puede decirse del otro actor gordo, que lo más normal es que no haga más que mierda detrás de mierda (aún recuerdo la vergüenza ajena que fue ver ese pedazo de guano de mala calidad que fue "Infiltrados en clase"), pero aquí parece que demuestra un poco que papá y mamá no tiraron el dinero cuando lo mandaron a estudiar cine -si es que lo hizo, porque...-.

    Lo malo que tiene "Moneyball: rompiendo las reglas" es que se centra tanto en el asunto de los cálculos y de los números para comprar y vender jugadores que acaba siendo un poco aburrida. Es decir, se pasan más de la mitad de la película por dentro del estadio: en los vestuarios, en las oficinas, en el gimnasio, etc. Y claro, tú que estás esperando que pase algo así más emocionante, pues te tienes que conformar con que todo el bla-blá que está soltando Brad Pitt les ayude a ganar algo. O sea, que entre mucho pensar en las oficinas (fichajes, partirse la cara con el resto de los que trabajan allí, despedir a unos cuantos jugadores...) y mucho ir por la calle con cara de estar pensando en las musarañas, pues se te pasa la película entera.

    Así que ya sabéis, si os tira un poco p'atrás que "Moneyball: rompiendo las reglas" sea una peli más de béisbol, tranquilos, que no van por ahí los tiros. Eso sí, tampoco os creáis que, como está basado en una historia real, es de lo más emocionante que hay en alquiler esta semana, porque tampoco es el caso. Entretiene y consigue interesar por partes, eso es verdad. Pero vamos, que si no la hubieran hecho tampoco pasaba nada. Yo, por lo menos, ya la he visto todas las veces que la tenía que ver.

    jueves, 21 de junio de 2012

    CINE ACTUAL: "ENEMIGOS PÚBLICOS"

    TÍTULO: ENEMIGOS PÚBLICOS

    DIRECTOR: MICHAEL MANN

    REPARTO: JOHNNY DEPP, CHRISTIAN BALE, MARION COTILLARD, CHANNING TATUM, STEPHEN DORFF, JAMES RUSSO, GIOVANI RIBISI

    DURACIÓN: 140 min.

    AÑO: 2009

    GÉNERO: POLICIACO

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Hace ya tiempo, en uno de los programas que presentaba José Luis Garci en su espacio "¡Qué grande es el cine!, al hablar de Brian de Palma, uno de sus tertulianos afirmaba que tenía la impresión de que, cuando De Palma aceptaba dirigir una película parecía como si en su cabeza ya viera de qué forma iba a poder lucirse a la hora de la puesta en escena para, luego, dejar al público asombrado con sus grandes travellilngs, los movimientos de cámara, etc. Retomando un poco ese mismo argumento, da la sensación de que a Michael Mann le sucede algo similar. Desde su primer gran éxito con "El último mohicano - The last of the mohicans, 1992" hasta el film que hoy nos ocupa, "Enemigos públicos", parece que Mann se involucre en sus distintos proyectos siempre y cuando vea en ellos ese detalle particular que le permitirá realizar una obra diferente a las demás. Si en la extraordinaria "Heat - Heat, 1995" era la posibilidad de realizar un film policíaco como pocas veces se había visto antes (el film protagonizado por Al Pacino y Robert de Niro contiene una de las secuencias de tiroteos más larga de la historia del cine), y en "Collateral - Collateral, 2004" la oportunidad de retratar el mundo de los asesinos a sueldo desde una perspectiva totalmente nueva, en "Enemigos públicos" Mann se ha servido de la legendaria figura del atracador de bancos John Dillinger para realizar un largometraje fascinante acerca del ascenso y caída de este referente histórico del crimen norteamericano.

    Década de los años treinta. John Dillinger (Depp) es uno de los ladrones de bancos más peligrosos del país. Su forma de atracar bancos y hacerse con suculentos botines hace que la policía se vea incapaz de ponerle freno. Por ello, el naciente FBI, con J. Edgar Hoover (Cudrup) a la cabeza, designa al agente Melvin Purvis (Bale) para que dirija la investigación que conduzca a la detención de Dillinger. Sin embargo, Dillinger no se lo pondrá nada fácil, al conseguir evadirse de la cárcel, despistar a sus perseguidores y seguir atracando bancos. Las cosas cambiarán para él cuando se enamore de una joven muchacha llamada Billie Frechete (Cotillard), por la que verá comprometida su actuación en los delitos.

    "Enemigos públicos" es una proeza visual de lo más original. Michael Mann ha conseguido depurar aún más la técnica de rodaje con equipos digitales de alta definición con la que ya había hecho sus pinitos en las anteriores "Collateral" y "Corrupción en Miami - Miami Vice, 2006". En este largometraje, el aspecto que le confiere Mann al conjunto adquiere una nitidez y calidad de imagen únicos, que le permiten al espectador adentrarse aún más si cabe en esta apasionante historia de policías y ladrones de tono clásico. Sirva de ejemplo de es que comentamos la llegada de un Dillinger detenido a la penitenciería en la que va a ser recluido, y cuya llegada es cubierta por decenas de periodistas, o la redada que los hombres de Purvis hacen de una cabaña en la que se refugia la banda de Dillinger. La fotografía que consigue el italiano Dante Spinotti simplemente deja con la boca abierta. Cierto es que también se aprecia un cierto abuso por parte de Mann de la cámara al hombro, lo que puede resultar incómodo a más de un espectador (en ocasiones, el nervio e inestabilidad de la imagen puede llegar a ser algo mareante), pero no dejan de ser pequeñas observaciones que no deben enturbiar la percepción del resto del film.

    Además, en el apartado técnico Mann vuelve a rodearse de más colaboradores habituales, aparte del citado Spinotti, como es el oscarizado compositor Elliot Goldenthal -quien compone una banda sonora simplemente fantástica (presten especial atención al tema J.D. Dies)- o el montador Paul Rubell. Sin embargo, donde el film gana enteros es en el apartado artístico. En lo que a las actuaciones se refiere, Johnny Depp disfruta de principio a fin de su personaje, logrando transmitir una sensación de seguridad que pocas veces se le ha visto a este simpático actor (ver al respecto, la secuencia de su llegada a la cárcel -donde no tiene ningún inconveniente en posar con los policías que lo custodian ante las cámaras de los fotógrafos-, o aquella en la que entra en las mismísimas oficinas del FBI e, incluso, habla con agentes federales sin que ninguno de ellos repare en su presencia a causa de un partido que están retransmitiendo). Cierto es también que el resto de intérpretes le van a la zaga, aunque es inevitable que Depp brille con luz propia.

    Así pues, "Enemigos públicos" es un film que, aunque carezca de la épica de otras producciones similares como, por ejemplo, "Los intocables de Elliot Ness - The untouchables, 1987" o de la contundencia y ánimos de trascendencia de otras películas más ambiciosas como la recientemente comentada "J. Edgar - J. Edgar, 2011", sería injusto no concluir diciendo que "Enemigos públicos" es uno de los largometrajes más interesantes de su director, y toda una lección de cómo hacer buen cine. También es cierto que determinados pasajes del guión pueden entorpecer ligeramente el avance de la acción (la mayoría, vinculados a la relación entre Dillinger y Billie) pero, no obstante, ello no es impedimento para disfrutar de esta buena e interesantísima película.

  • MR. HYDE DICE:
  • Me encantan las pelis de Michael Mann. Tienen un "yo-qué-sé" que hace que cada fotograma de sus películas me parezca una pasada, incluso cuando la peli en sí es una tontuna tremenda (como le pasa a "Corrupción en Miami"). Por eso, y porque este hombre saca una peli cada tropecientos años, cada vez que estrena algo nuevo y, sobretodo, si tiene el tirón de "Enemigos públicos", no me lo pierdo ni de casualidad. El riesgo de esta devoción (para los de la E.S.O., "devoción" = "que te mola mazo siempre") es que luego, la película en sí, no esté a la altura de lo que esperas. No es que a mí me pasara exactamente eso con "Enemigos públicos", pero sí que me dejó como con ganas de ver algo que, al final, no te encuentras en la película. La ambientación, vestuario y todo lo que tú quieras está cuidadísimo, no digo yo lo contrario. Pero es como si le faltara... algo. No sé si es porque es muy larga -casi dos horas y media- cuando, a fin de cuentas, podían haberte contado lo mismo en menos tiempo, porque gran parte está hecha como si fuera un documental (con esa calidad de imagen un poco más rara) o porque es muy oscura. Ni idea. Pero, aunque sí me gustó, ya os digo que le falta ese empujón final para salir del cine pensando "¡macho, qué peliculón acabo de ver!"

    De todas formas, "Enemigos públicos" tiene cosas chulísimas. Para empezar, se salen las actuaciones de todos los actores pero, sobretodo, de Johnny Depp. El tío se lo pasa pipa haciendo de súper ladrón de bancos, con un estilazo descarado ya sea para decirle a una pivita que se la quiere ligar o para atracar un banco y caerle bien a la gente que está acojonada allí mismo (no os perdáis la cara de flipe que pone un hombre al que le dice que no ha ido a robarle su dinero a él, sino el del banco). Claro está, que los demás tienen que conformarse con salir en la misma peli que él. Por ejemplo, el tío que hace de Batman (en las pelis de Batman, evidentemente) se pasa con cara de palo todo el rato, y la chica del malo sólo se puede lucir en un par de escenas (en especial, hacia el final de la peli: primero, cuando quieren hacerla hablar para que les diga dónde está Dillinger; la segunda, cuando el que le ha pegado el tiro a Dillinger le dice lo que éste le ha susurrado al oído antes de palmarla).

    Otra cosa que es impresionante de "Enemigos públicos" son las escenas de acción. O, lo que es lo mismo, las de los atracos y tiroteos, y las de la persecución de los policías a los cacos. Es impresionante cómo están hechos todos los atracos de Dillinger: desde el primero en el que tío más que un ladrón parece una estrella del rock, hasta el último en que les dan matarile a base de bien a él y, sobretodo, a los de su banda (no os perdáis la cara que pone cuándo se cargan a uno de los suyos delante de él, o cuando detienen a leches a su novia y el tío va pistola en mano a querer rescatarla antes de que se la lleven). Pero, como os decía, las escenas de tiroteos, aunque oscuras de cojones -casi tienes que entornar los ojos para saber quién es de los buenos y quién de los malos-, son de las más realistas que he visto en mucho tiempo. Por supuesto, la más importante de todas, son tanto la de la fuga de la cárcel a plena luz del día y, en especial, la del tiroteo en la cabaña y la persecución por el bosque.

    Ahora bien, la parte mala es que parece que, por momentos, los que están haciendo la película se hayan cansado de lo que están contando y, de repente, da la sensación de que les aburre hacer determinadas escenas. Por ejemplo, una de las más importantes de la película, la de cuando le pegan el tiro en la nuca a Dillinger -no pongáis cara de sorpresa, que es hecho histórico que al pavo le revientan la cabeza de un balazo-, todo lo de antes (cómo averiguan a qué cine va a ir Dillinger para poder cazarlo, y cómo llegan hasta allí para dejarlo seco) está contado como si no tuvieran más remedio, casi con pereza. Pero bueno, supongo que es complicado hacer una película que sea así de genial todo el rato. Por lo menos, yo me he dado el gustazo de ver una buena peli hecha por Michael Mann, que sí, que es una frikada, pero cada uno tiene sus gustos. Aparte de eso, os la recomiendo si os gustan las pelis de policías a la vieja usanza y que, además, estén hechas de lujo.

    miércoles, 20 de junio de 2012

    CINE DE LOS 90: "LA MOMIA"

    TÍTULO: LA MOMIA

    DIRECTOR: STEPHEN SOMMERS

    REPARTO: BRENDAN FRASER, RACHEL WEISZ, JOHN HANNAH, ARNOLD VOSLOO, KEVIN J. O'CONNOR, ODER FEHR

    DURACIÓN: 119 min.

    AÑO: 1999

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Desde que, a principios de los años ochenta, se estrenó "En busca del arca perdida - Riders of the lost ark, 1981", el cine de aventuras posterior no ha vuelto a ser el mismo. El excelente film de Steven Spielberg supuso un punto y aparte en lo que a este género de largometrajes se refiere, apostando por una factura clásica aunque muchísimo más emocionante y trepidante. Ni siquiera el propio Spielberg ha sabido innovar dicho modelo en las entregas posteriores de las andanzas de su famoso arqueólogo, ya que, al menos, las dos secuelas siguientes seguían el mismo esquema, casi punto por punto. Sin embargo, esta serie de producciones aventurescas parecía estar casi reservada en exclusiva a las películas de Indiana Jones puesto que, los intentos siguientes de reproducir el éxito de dichos films, aunque notorios (por ejemplo, "Tras el corazón verde - Romancing the stone, 1984"), han acabado basándose más en aventuras de héroes de cómic, adaptaciones de best sellers literarios (la serie Harry Potter) o, en su defecto, decantándose por el blockbuster puro y duro (las cuatro entregas de "Piratas del Caribe"). Por ello, cuando a finales de la década de los noventa, el director Stephen Sommers propuso a los directivos de la Universal -quienes tenían la firme intención de realizar un remake de "La momia"- una visión mucho más clásica y entretenida del famoso personaje, repleta de trampas, maleficios, combates apasionantes y escenas de batallas en el Egipto de principios de siglo, aquellos no se lo pensaron dos veces y dieron luz verde al proyecto. El resultado no puede ser un mejor homenaje a la serie iniciada por Spielberg, con la que posee más de un punto en común que hacen de ella uno de los pasatiempos más entretenidos e interesantes del reciente cine de aventuras.

    Rick O'Connell (Fraser) es un legionario que, en la década de los años treinta, durante un enfrentamiento en Egipto con las tropas locales, es hecho prisionero, no sin antes haber descubierto las ruinas de Hamunaptra, una legendaria y desaparecida ciudad egipcia de la que sólo se han oído viejas historias. Paralelamente, Evelyn Carnahan (Weisz), una bibliotecaria aficionada a la arqueología que trabaja en la Biblioteca Nacional de El Cairo descubre, por casualidad, el Libro de los Muertos con el que, según la mitología, es posible devolverle la vida a las almas condenadas. Sus pasos la llevarán a ella y a su hermano Johnathan (Hannah) hasta Rick, con el fin de que les guíe hacia Hamunaptra. Sin embargo, una vez allí, desatarán un poder oculto desde hacía millones de años que devolverá a la vida a Imhotep (Vosloo), uno de los sacerdotes más peligrosos y crueles del antiguo Egipto. Junto con la ayuda de un guerrero nativo llamado Ardeth Bay (Fehr) y sus tropas, Rick, Evelyn y Jonathan deberán hacer frente al temible Imhotep.

    Como avanzábamos en la introducción, es imposible ver "La momia" sin tener en mente "En busca del arca perdida". Cierto es que las comparaciones suelen ser odiosas pero, de lo que no cabe duda, es de que ambas producciones, con sus mayores y menores equivalencias, es todo un ejemplo de entretenimiento en estado puro. Desde la excelente introducción en el Egipto de los faraones hasta la batalla inicial en la que Rick descubre la ciudad perdida de Hamunaptra, el espectador a penas tiene tiempo para pensar otra cosa que no tenga que ver con lo que les está sucediendo a los personajes. Asimismo, la acción continúa siendo constante después, gracias a una historia con muchísimo gancho, a unos personajes simpáticos a rabiar, y con una puesta en escena que destila un clasicismo que parecía haberse olvidado con el paso del tiempo.

    El mérito de todo ello recae, por derecho propio, en Stephen Sommers (al margen de la calidad de sus películas posteriores, sobre las que más vale dejar caer un tupido velo). Sommers parece tener claro desde el comienzo que lo que debe ofrecer al público es un espectáculo trepidante, repleto de situaciones entretenidas, de acción bien coreografiada, y de hacer gala de un ritmo que hace que el espectador se identifique de inmediato con los personajes y con aquello que está tratando de contar. Ello no le impide, sin embargo, ni renunciar a un sentido del humor de lo más acertado (el detalle de que, por ejemplo, Imhotep le tenga una fobia descontrolada a los gatos, o que el personaje de Jonathan sea capaz de resolver las situaciones límite gracias a su torpeza), ni dejar de mostrar secuencias repletas de efectos especiales ciertamente espectaculares (la tormenta de arena sobre la que se dibuja el rostro de Imhotep queriendo engullir la avioneta en la que vuelan los héroes, o las progresivas transformaciones de la momia conforma se va haciendo con los recipientes que le devuelven la vida).

    Así pues, sin la más mínima pretensión de ser un film "de calidad", como sí podríamos llamar a "En busca del arca perdida", "La momia" ofrece al público dos horas de aventuras en estado puro, llenas de acción y efectos visuales excelentes. Si a ello le añadimos el insuperable acompañamiento musical del fallecido Jerry Goldsmith (si tienen ocasión de hacerse con la banda sonora expandida del film, no lo duden, pues es una de las mejores en la longeva carrera del maestro) o la fotografía del también desaparecido Adrian Biddle (atención al tono de intriga y misterio que es capaz de reflejar el simple reflejo de una antorcha o de una vela), lo que nos queda es, en definitiva, uno de los largometrajes de aventuras más entretenidos y recomendables de los últimos años.

  • MR. HYDE DICE:
  • Totalmente de acuerdo. Vale que "La momia" no es la pera limonera, pero es que no le hace ninguna falta. Lo que quieren los pavos que han hecho esta peli es que te lo pases pipa desde que empieza hasta que acaba y, al menos, el menda se lo pasó de rechupete. Eso sí, igual que os digo que me chiflan estas pelis, también os digo que me toca la pelotera de una forma irritante ir a ver una de aventuras y que acabe siendo una mierda pinchada en un palo. Y, si alguien quiere saber a qué me refiero, no tiene más que tragarse "maravillas" como "Congo - Congo, 1995" o la última de Conan que hicieron el año pasado, por poner dos ejemplos. Eso sí que es para pegarse un tiro (o pegárselo al que las ha hecho). Y vale que luego están las de "Piratas del Caribe" -de las que sólo se salva la primera-, pero eso ya es un rollo demasiado fantástico y una forma de hacerlas que se pasa tres pueblos. Por eso os digo que "La momia" es una de las mejores pelis recientes de aventuras que podéis encontrar.

    Además, puestos a verla en pareja, para los más jóvenes, lo tiene todo: ellas disfrutan viendo a George de la jungla paseándose en plan machoman repartiendo estopa entre las momias, y vosotros os lo pasáis de lujo con una buena dosis de acción. ¿Y por qué? Pues porque, en mi nada humilde opinión, donde acierta de lleno "La momia" es en que la historia es interesante y está bien contada desde el minuto uno. Vale que tiene su parte de fantasía, pero no es una ficción así en plan se-me-va-la-pinza-con-los-efectos-especiales, sino que te da la sensación de estar en una especie de montaña rusa que no para de pegar vueltas y ser emocionante. Por poner un par de casos, desde el momento en que la momia resucita, estás todo el rato deseando que no consiga las tres vasijas esas raras que necesita para tomar apariencia más humana o, también, la última media hora, cuando después de una tormenta de arena gigantesca (me encanta ese trozo), se meten dentro de la pirámide esa subterránea y empiezan los duelos de espadas con las momias.

    Sí es cierto que, a veces, canta a la legua que las paredes y las columnas parecen hechas de cartón piedra (posiblemente lo estén) porque, de lo contrario, nadie puede explicar que los buenos se empotren así contra las paredes y luego se levanten tan campantes -haz tú eso, a ver cuántos puntos de sutura y escayola tienen que usar después para recomponerte). También puede que haya alguien al que le parezca demasiado "guerra de las galaxias" tanto duelo de espada entre el bueno y todas las momias, o demasiada voltereta para cargarse al malo. Bueno, no os digo que la cosa sea realista. Sólo que, durante las casi dos horas que dura, no tienes tiempo ni de pensar si todo es muy realista o no. A eso yo lo llamo diversión porque, entre otras cosas, te olvidas del reloj por completo. Así que, si queréis ver una peli que os entretenga y que no sea una chufla sino más bien todo lo contrario, acordaos de "La momia".

    martes, 19 de junio de 2012

    CINE DE LOS 80: "TORO SALVAJE"

    TÍTULO: TORO SALVAJE

    DIRECTOR: MARTIN SCORSESE

    REPARTO: ROBERT DE NIRO, JOE PESCI, KATHY MORIARTY, FRANK VINCENT, NICHOLAS COLASANTO, THERESA SALDANA

    DURACIÓN: 129 min.

    AÑO: 1980

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Cuando, a mediados de los años setenta se estrenó “Taxi driver – Taxi driver, 1976”, el dúo Martin Scorsese – Robert de Niro se convirtió en uno de los referentes indiscutibles del buen cine del momento. Esta colaboración, sin embargo, parecería perder fuelle en los años siguientes a causa del fracaso de su siguiente film conjunto, el excesivamente pretencioso “New York, New York – New York, New York, 1978” que, para más inri, resultó ser un significativo éxito comercial. A ello, hubo que añadir los graves problemas con las drogas de Scorsese, por lo que el cineasta necesitaba volver a la primera línea de combate de la forma más prestigiosa posible. Esta “salvación” llegaría en forma de biopic: la recreación del boxeador Jake La Motta estrenada bajo el título de “Toro salvaje” que, no sólo significará un tour de force tremendo para Scorsese (pocas veces el director neoyorquino ha demostrado un dominio de la acción tan controlado y trepidante como en ella), sino que, además, representaría una de las mejores actuaciones de la década a cargo de De Niro quien, como sabrán los espectadores, llegó a engordar la friolera de veinte kilos para poder dar vida a La Motta. Y todo ello por no mencionar la excelencia del resto de miembros del reparto y, muy especialmente, de su factura técnica.

    Jake La Motta (De Niro) es un boxeador obsesionado por conquistar el título mundial de los pesos medios. Para ello, su hermano Joey (Pesci), también su manager, se encarga de conseguirle los combates más beneficiosos y hacer de La Motta una estrella. Sin embargo, tras alcanzar el triunfo y casarse con una atractiva mujer llamada Vickie (Moriarty), la vida del púgil comenzará a tambalearse a causa de sus constantes coqueteos con otras mujeres, lo que hace que la estabilidad de su matrimonio se resienta, y con miembros de la mafia, que harán lo posible por servirse de La Motta para amañar combates. A ello, habrá que unir el difícil carácter de La Motta, cuyo violento temperamento le granjeará más de un problema.

    Aunque lo pueda parecer, "Toro salvaje" no es una película biográfica al uso. No trata de mostrar al protagonista como una persona ejemplar, ni engrandece más allá de lo estrictamente necesario los logros que va consiguiendo por el camino. De hecho, el instante en el que La Motta se alza con el título de campeón de los pesos medios está retratado por Scorsese con la misma sencillez que si se tratara de una secuencia más del largometaje. Sin embargo, de lo que sí tiene la sensación el espectador es que Scorsese ha preferido poner toda la carne en el asador para describir el viaje a la autodestrucción del personaje, más que los hechos aislados. Así pues, no es de extrañar que la cámara se muestre rabiosa en la mayoría de secuencias de combates (tremendísima la labor de su montadora habitual, la oscarizada Thelma Schoonmaker) mientras que, del mismo modo, instantes más reservados y menos espectaculares -la relación de La Motta con su hermano, el maltrato a su mujer, los celos, etc.- son contemplados con esa misma energía sin perder un sólo ápice de vitalidad (ver el instante en el que, en mitad de una fiesta, Jake le increpa a su esposa que se pueda sentir atraída por otro de los invitados).

    Por supuesto, qué decir del reparto de "Toro salvaje". De la interpretación magistral de Robert de Niro (desde el comienzo, en el que actúa como monologuista de un club hasta su reclusión en la cárcel, en la que llora mientras golpea una de las paredes de la celda, como si estuviera entrenándose), pasando por la milimetrada participación de un gran actor como es Joe Pesci, o la presencia magnética de Cathy Moriarty, capaz de decir muchísimo más con una sola mirada que con sus líneas de diálogo (ver el primer encuentro entre ella y La Motta). La interactuación entre estos tres artistas es lo que hace que "Toro salvaje" sea la película tan realista y creíble que es.

    En resumidas cuentas, aunque "Toro salvaje" puede que no se trate de uno de los mejores ejemplos de película representativa del espíritu de los años ochenta, de lo que no cabe duda es de que es una de las mejores películas de su realizador, y todo un ejemplo de lo que implica combinar talento, entretenimiento y film con ideas que puedan dar que pensar -e impresionar- a los espectadores. Lo dicho, una película imprescindible.

  • MR. HYDE DICE:
  • Por lo general, me gusta bastante el cine de Martin Scorsese. Puede que no tanto cuando decide ir en plan autor con tostones como “La edad de la inocencia – The age of inocence, 1993” o con cuentos raras como “La invención de Hugo – Hugo, 2011” pero, de lo que no cabe duda, es que pocos han sabido sacar en una peli el mundo de los gángsteres como él. Por suerte, también ha demostrado que hay vida más allá de la mafia porque, después de ver “Toro salvaje” se te queda en el cuerpo la sensación esa de haber visto una peli impresionante, pero lo suficientemente fuerte como para que el regustillo ese sea un poco amargo. Eso sí, agárrate fuerte con el papelón que hace Robert de Niro (cuando aún se molestaba un poquito en demostrar lo buen actor que es cuando quiere), y en lo que son combates de boxeo realistas, nada de las chuflas fantasmales de Rocky Balboa y compañía.

    Por lo que más suele sonar “Toro salvaje” es por la transformación física tan impresionante de De Niro –no creo que ese cambio brutal de peso sea sano, pero bueno-, donde el tío pasa de estar cuadrado a lo bestia a salir como una foca marinera. Si a eso sumas que el pollo da una lección de las buenas de lo que es actuar, y que el resto de la peli te hipnotiza desde que empieza, pues no hace falta ser muy espabilado para intuir que estamos hablando de una película cojonuda. Aquellos a los que no os gustan mucho las pelis de boxeo, podéis estar tranquilos porque “Toro salvaje” aunque haya escenas de combates (y, por cierto, violentas que te cagas), no es “de boxeo”, o sea, que no tiene que ver con un pavo venga a entrenarse para reventar a leches a su oponente en el ring, sino que es el drama de una persona -que da la casualidad que es boxeador-, y su relación con su hermano, con su mujer, con la justicia y con su forma de vivir y ser. Ahí es donde De Niro te deja con la boca abierta, porque tiene tiempo para demostrar que es todo un gentleman (cuando se las ingenia para conquistar a la rubia con la que se acaba casando), que tiene es capaz de hacerse detestar hasta la médula (agüita con ese momento en que le pide a su propio hermano que se ponga un trapo en la mano y le golpee la cara sin parar para demostrarle lo mucho que puede aguantar los golpes), o que los tiene bien puestos, casi tirando a masoca (tela marinera el combate ese que disputa contra el negro flacucho en que, aunque lo revienta a base de bien, el tío no se rinde).

    Además, toda la parte de drama también es interesante. Como no sólo de combates vive el hombre, “Toro salvaje” es interesante incluso cuando el hombre éste, autodestructivo total, vive su día a día, haciendo lo que puede por ganarse la vida alejado de los combates. Reconozco que llama la atención que el tío se ponga a hacer monólogos sobre su vida y sobre las dos o tres cosas con las que se supone que hace gracia pero, como os decía antes, lo que te deja flipado es tanto la forma de Robert de Niro de hacerlo como del director de hacer que no te parezca un bodrio. Ah, y sí, “Toro salvaje” es en blanco y negro, pero creedme si os digo que no tiene nada que ver con las pelis de cine clásico que solemos comentar los lunes. Aquí, da igual que sea en blanco y negro o en color, porque está tan bien hecha que eso te da igual. Y, si no, mirad las letras del principio, con esa escena de un boxeador calentando a cámara lenta en un ring. O como cuando empieza a llover, que casi parece que puedas tocar el agua que cae.

    En fin, que aquí, aunque hay tema de politiqueo y trapos sucios, no es una peli de esas de matones y tomateo a destajo, sino un dramón brutal y violento sobre la vida de un boxeador que lo da todo por ser uno de los mejores. A mí, desde luego, y con permiso de “Infiltrados – The departed, 2006” es la peli de Scorsese que más me ha gustado. Una pasada.

    lunes, 18 de junio de 2012

    CINE CLÁSICO: "CENTAUROS DEL DESIERTO"

    TÍTULO: CENTAUROS DEL DESIERTO

    DIRECTOR: JOHN FORD

    REPARTO: JOHN WAYNE, JEFFREY HUNTER, NATALIE WOOD, VERA MILLES, WARD BOND

    DURACIÓN: 119 min.

    AÑO: 1956

    GÉNERO: WESTERN

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Pocos cineastas han sabido recoger tan bien a lo largo de su filmografía el verdadero espíritu del western como Howard Hawks o John Ford. Especialmente este segundo, junto con el actor John Wayne, serían los responsables de inmortalizar las mil y una aventuras en las que el héroe solitario y aguerrido hacía frente sin cuartel a numerosos enemigos nativos, en las áridas tierras del Oeste norteamericano. De todas estas producciones, la que con toda probabilidad no sólo es un clásico indiscutible sino que, también, una de las mejores y más reputadas, es "Centauros del desierto", film en el que, lejos aún de retratar la época del far west con el halo crepuscular que tanto le caracterizaría a finales de los años setenta y ochenta, presenta una historia potentísima en la que el protagonista no sólo debe enfrentarse a peligrosas tribus de indios, sino reformar su conciencia y forma de pensar a causa de los sucesos que afectan a su vida.

    Tras combatir en la Guerra Civil norteamericana, Ethan Edwards (Wayne) regresa al rancho en el que viven su hermano y la mujer de éste, Martha (Miles), junto a sus dos hijas. Cuando un grupo de indios comanches atacan el rancho y matan a su hermana y cuñada, y raptan a su sobrina, Debbie (Wood), Ethan emprenderá un largo viaje para encontrarla y dar muerte a quienes mataron a su familia. En su viaje, le acompañará su buen amigo Martin (Hunter) y el peculiar capitán del ejército Samuel Johnston (Bond).

    Ahora bien, es en el fantástico guión de Frank Nugent donde "Centauros del desierto" resulta verdaderamente novedosa. En primer lugar, las frases que brinda el personaje de John Wayne son sensacionales (ver el instante en que le recrimina a uno de sus acompañantes la cobardía al encontrar una pieza de ropa de Debbie desgarrada); en segundo lugar, la actitud de los personajes, ya que el protagonista debe lidiar con un terrible conflicto de emociones, al decidir si dar muerte a su propia sobrina al haberse convertido en una más de la tribu india, o perdonarla y vivir con ello en el recuerdo de su hermano y cuñada asesinados; en tercer lugar, la versatilidad de escenarios puesto que, si bien el grueso de "Centauros del desierto" tiene lugar en el desierto de Arizona, el tránsito de la acción hacia las frías tierras canadienses se ejecuta con un ritmo excelente.

    Por su parte, qué decir de la actuación de John Wayne y la dirección de John Ford. El primero parece calcular cada una de sus reacciones para mantener ese espíritu de vaquero aguerrido y sin nada que perder en cada una de las secuencias (ver, en contraste, la reacción de Ethan cuando encuentra los cuerpos muertos de su hermano y amada cuñada), mientras que el segundo aprovecha cada uno de los instantes que le brinda la acción para engrandecer el largometraje con espectaculares panorámicas (ver, por ejemplo, la secuencia que abre el film, con ese desierto arisco; o el instante en que Ethan encuentra, por fin, a su sobrina, después de tantos años).

    "Centauros del desierto" es uno de los western clásicos por definición de la historia del cine. No hay película del tándem John Ford-John Wayne que haya sabido captar con tanto poder el espíritu del cine del Oeste con el mismo resultado -tal vez "La diligencia - Stagecoast, 1939" sea la otra-. Incluso largometrajes muy posteriores la homenajeaban en ciertos aspectos (es innegable la influencia de "Centauros del desierto" en, por ejemplo, "Bailando con lobos - Dances with the wolves, 1990": el vaquero enemigo de los indios que busca la redención, el hallazgo de una mujer blanca criada por los indios y convertida en uno más de ellos...). Así pues, para todos aquellos que aún no la hayan visto, les sugiero, en contra de la opinión que le merecen a mi compañero Hyde este tipo de western clásico, que no se la pierdan. Al fin y al cabo, estamos hablando de una de las películas más importantes de la historia del séptimo arte.

  • MR. HYDE DICE:
  • Me parece que más de una vez ya he dicho que no me gustan nada las pelis del Oeste. Me aburre como a una oveja ver siempre la misma historia sobre vaqueros súper machos que les dan para el pelo a los indios -casualmente, ninguno es nunca bueno-, mientras defienden la diligencia que va de Kentucky a Oklahoma, o se atrincheran en un fuerte mientras esperan al Séptimo de Caballería. Y, si además, sale John Wayne (no porque me caiga mal o me parezca mal actor, todo lo contrario), pues ya apaga y vámonos. Porque para mí que si a una persona le hacen un popurrí de cuatro o cinco películas del Oeste diferentes, ni se da cuenta del cambio, porque son tooooodas iguales. Ahora bien, dicho eso, si sois de los míos, que pasáis olímpicamente de tragaros la típica película que viene con el periódico de los domingos (porque la tienen que vender y no la quieren ni las que las editan), pues os recomiendo que veáis "Centauros del desierto". Pero no porque sea una peli flipante, sino porque es la película que representa a la perfección el espíritu ese del cine del Oeste, con sus indios, vaqueros, forajidos y demás -y, además, es la más famosa-. Es más, cuando le dije al abuelo cebolletas de arriba que me parecía un bodrio tener que hablar de una del Oeste, por mucho John Ford que la dirigiera, me puso de vuelta y media -ignorante creo que es lo menos que me llamó-. Así que, dado que sí he visto "Centauros del desierto", procuraré daros mi opinión sin que a nadie le dé un patatús porque me atreva a decir ciertas cosas de la que está considerada una de las mejores películas del Oeste del cine (así nos va...).

    "Centauros del desierto" es una peli del Oeste, ni más ni menos. Lo que para mí la diferencia un poco de todas las demás, (con perdón del señor Eastwood, que me encanta -casi- todo lo que hace, y de los spaghetti western, que me parecen la versión clásica de cualquier "Jungla de cristal"), no es la forma en que está hecha o cómo actúan los protas, sino en su historia. Ver al vaquero de toda la vida, con más huevos que el caballo de Espartero, tener que ir detrás de unos indios que han secuestrado a su sobrina pequeña y que, con el tiempo, la han hecho una de los suyos, no es que sea algo muy frecuente. Más que nada porque sí, el tío reparte estopa a base de colt, pero llegado el momento, cuando parece que tiene todo más claro que el agua... ¡Hay amigo, qué impredecible es el ser humano!

    En fin, tonterías aparte, sí, reconozco que la película tiene sus méritos, aunque es un tipo de cine que no me interesa demasiado. Os recomiendo, desde luego, a quienes seáis unos incondionales de las pelis del Oeste, que no os perdáis "Centauros del desierto" -aunque, si es el caso, ya la habréis visto más de una vez, seguro-; y, a los que ni fu ni fa, pues que si la ponen por la tele, le deis una oportunidad, aunque tampoco quiero engañaros: "Centauros del desierto" no es más peli del Oeste porque no tiene tiempo. Pero bueno, eso tampoco tiene por qué ser nada malo. Para gustos, los colores.