lunes, 9 de julio de 2012

CINE CLÁSICO: "EL SALARIO DEL MIEDO"

TÍTULO: EL SALARIO DEL MIEDO

DIRECTOR: HENRI-GEORGES CLOUZOT

REPARTO: YVES MONTAND, CHARLES VANEL, FOLCO LULLI, PETER VAN EYCK, VERA CLOUZOT, WILLIAM TUBBS

DURACIÓN: 143 min.

AÑO: 1953

GÉNERO: SUSPENSE

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Cuando se produce un terrible accidente en una explotación petrolífera de una región indeterminada de Sudamérica, la compañía selecciona a cuatro voluntarios para que, a cambio de una suculenta compensación económica, conduzcan dos camiones cargados de nitroglicerina desde la central de la empresa hasta el yacimiento siniestrado. Los elegidos son Mario (Montand) y Jo (Vanel), dos fugitivos franceses refugiados en la región, Luigi (Lulli), un emigrante italiano que trabaja como peón, y Bimba (Van Eyck), un alemán hijo de judíos perseguidos durante la Segunda Guerra Mundial. El camino que tendrán que emprender estará lleno de peligros que amenazarán constantemente la delicada carga, además de las tensiones que surgirán entre los hombres durante el viaje.

    "El salario del miedo" es un film clarísimamente estructurado en dos partes. En la primera (y que, para desespero de mi querido colega Hyde, ocupa más de una hora), Clouzot se limita a hacer un retrato demoledor de los personajes. Aunque pueda parecer una primera parte algo más lenta, en realidad, lo que Clouzot logra no deja de ser paradójico, pues realiza un retrato demoledor de los protagonistas, reduciendo a la nada sus valores morales y principios éticos, y centrándose en que al público le quede bien claro no sólo que no son personas de fiar, sino que únicamente velan por sus propios intereses, con independencia de lo que tengan que hacer para salvaguardarlos o salir beneficiados. No hay más que fijarse en breves momentos como aquel en que Jo se presenta en las oficinas de la compañía alegando que él conducirá el camión porque el otro compañero seleccionado "no ha podido presentarse". Asimismo, por si fuera poco, Clouzot, echa más leña al fuego convirtiendo al personaje principal -Mario- en un ser verdaderamente despreciable: menosprecia sin disimulo a la mujer que está enamorada de él en cuanto ésta le supone un estorbo, y no duda en pasar -literalmente- por encima de sus compañeros con tal de cumplir con el trabajo que le proporcionará una suculenta recompensa.

    Así pues, teniendo en cuenta que el realizador se empeña en que el espectador tenga claro qué tipo de anti-héroes son los protagonistas del film, "El salario del miedo" consigue algo inaudito: que el público, durante su segunda y magistral mitad, olvide los prejuicios que tiene contra los cuatro conductores, para centrarse en las numerosas penurias y momentos de tensión explosiva -valga el chiste fácil- a los que tienen que hacer frente (la secuencia en la que atraviesan un tramo de carretera conocida como "la chapa" en la que, de no mantener una velocidad constante, la mercancía vibraría provocando una explosión devastadora; aquella otra en la que se ven obligados a volar con una pequeña cantidad de la nitroglicerina que transportan una piedra enorme que se ha desprendido de una montaña y les cierra el camino; o el instante en que el camión queda atrapado en un charco de petróleo del que debe salir, aún a costa de la salud de uno de los conductores). Es más, Clouzot lo consigue incluso mientras ellos siguen demostrando la clase de cobardes y traidores que son, tal y como deja patente el instante en que Jo abandona a su suerte a Mario en una peligrosa maniobra que puede suponer su fin.

    Otro detalle que llama poderosamente la atención de "El salario del miedo" es que, Clouzot, muestra una total despreocupación por sus personajes. Da la sensación de que, ni siquiera a él, le caen bien. Así podría explicarse en repentino final que tienen dos de ellos, desapareciendo de escena con ruido pero sin la más mínima emotividad por parte ni del realizador (Clouzot no humaniza en absoluto este suceso) ni del resto de personajes, que lo consideran más una traba para poder llegar a su destino que no una pérdida humana a lamentar.

    De esta forma, lo que convierte a "El salario del miedo" en una película tan asombrosa es la habilidad del realizador para conseguir mantener al público con el alma en vilo durante el grueso del largometraje, a través de una puesta en escena que, si bien peca un tanto de anticuada hoy en día, no es menos cierto que contiene algunas de las secuencias con más tensión acumulada de la historia del cine. Si a esto se le añade unas interpretaciones algo sobreactuadas pero la mar de eficaces, no cabe duda de que "El salario del miedo" es una gran película a ver con calma y pasión por los detalles.

  • MR. HYDE DICE:
  • "El salario del miedo" es una peli que tiene una primera hora que es un bodrio soporífero, y una segunda hora que, casi sin pasar nada, te hace estar todo el rato en tensión. Por qué está todo tan descompensado es algo me parece que no sabré nunca, pero así es. Los más listillos (el de arriba, por ejemplo), dicen que es porque eso hace que el director pueda describir mejor a los personajes, y no sé qué filosofías baratas de la naturaleza humana. A mí, la verdad, es que todo eso me la trae bastante al pairo porque, a fin de cuentas, lo que me importa es que la película esté chula y me entretenga. Por eso, cuando veo una peli como "El salario del miedo", con tantísima reputación, y de la que hablan tan bien dondequiera que leas un poco, pues me espero un peliculón clásico de esos que están guapísimos aunque tengan tropecientos años. Pero, si en lugar de eso, te pasas media película bostezando y la otra media atento, pues en fin...

    Vaya por delante que "El salario del miedo" no me ha disgustado. Tampoco me ha parecido que sea la leche en bote, pero digamos que tiene el interés suficiente como para que te estés las casi dos horas y media que dura viéndola. Sé que puede parecer exagerado cuando digo que la primera mitad de la peli, pero no es coña ni una forma de hablar. Es que, si la película dura dos horas y media, te pasas casi hora y cuarto entre ji-ji, ja-jás, bli-bli y bla-blás, y donde no te cuentan nada que no se pudiera resumir en quince minutos. ¿Que quieres dejar constancia de que todos los tíos que salen con unos parásitos y unos desgraciados que apuñalarían a su propia madre por dos duros? Vale, ningún problema. ¡Pero macho, no te estés media vida demostrándolo, que con que lo sacaras un par de minutos ya nos había quedado claro! Es más, voy a concretar, con que hubieran dejado el momento ese en que el gordo italiano y el que se las da de duro se encabronan en la taberna, ya hubiera sido suficiente. Pero, en vez de eso, tienes que ver cómo llega, lo hijoputa que es el tal Mario (trata a la chica que está loca por él como si fuera un trapo, y utiliza al amigo italiano como le da la gana) va y viene por el pueblo, cómo no hay nada que hacer en ese pueblo cochambroso perdido en el culo del mundo, o cómo lo más interesante que hacen estos dos es pasear, hacer comentarios trascendentales sobre lo chungo que es escapar de ese sitio, y lo dura que es la vida de fugitivo. Lo dicho, que con un ratico breve para explicarlo hubiera quedado la mar de claro -parece que nadie le dijo aquello de que "lo bueno, si breve, dos veces bueno"-.

    Ahora, eso sí, cuando se dejan de tonterías y empiezan con el viaje ese suicida, la cosa ya cambia. Ahí sí que vuelve todo el interés que tanto echas de menos en la primera mitad. Y lo curioso del caso es que no lo consiguen llenándolo todo de explosiones y tal, como harían hoy en día (por otra parte, me encantaría que alguien con el suficiente talento como para entretener -Tony Scott, por ejemplo- hiciera una versión moderna, porque fijo que iba a al grano y lo petaba), sino que todo el interés depende de cómo hacen que te creas que, de verdad, están transportando no sé cuántas toneladas de nitroglicerina y que, al menor estornudo, se va todo a hacer puñetas. Es toda esa segunda parte de la peli donde estás bien atento, y donde sabes que en cada esquina se van a encontrar o una trampa o un impedimento que pone a prueba su destreza e inteligencia (os juro que a mí en la vida se me hubiera ocurrido lo que a uno de ellos para reventar un pedrusco enorme que se ha desprendido y les bloquea la carretera por la montaña) y, precisamente por ello, "El salario del miedo" se vuelve ahí tan interesante.

    Pero vamos, en líneas generales, digamos que "El salario del miedo" es una peli que ya he visto para toda mi vida. Reconozco el enorme mérito que tiene rodar una película como ésta, donde la mitad de la pasas atrapado en un poblacho sudamericano de mala muerte, y la otra mitad haciendo que la peña se emocione con una historia que, básicamente, depende de que cuatro locos consigan no volar por los aires. Así que, sí, os la recomiendo pero, igual que os digo otras veces que la peli es una caña, pues en este caso no pasa lo mismo. Lo que no tiene por qué quitarle ningún mérito, dicho sea de paso.

    domingo, 8 de julio de 2012

    CINE EN CARTEL: "THE AMAZING SPIDER-MAN"

    TÍTULO: THE AMAZING SPIDER-MAN

    DIRECTOR: MARC WEBB

    REPARTO: ANDREW GARFIELD, EMMA STONE, RHYS IFANS, MARTIN SHEEN, SALLY FIELD, DENNIS LEARY, CAMPBELL SCOTT

    DURACIÓN: 136 min.

    AÑO: 2012

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Que en Hollywood están cambiando muchas cosas es más que evidente. Cuando directores como Jon Favreau, Kenneth Branagh o Mike Newell son puestos al frente de costosísimas súper producciones de acción y aventura, queda bien demostrado que el cine de súper héroes ya no es territorio exclusivo de los grandes directores de acción como Richard Donner o similares. Algo parecido ocurre con el caso del director Marc Webb. A la hora de relanzar las aventuras del famoso hombre-araña, tras la más que cuestionable tercera entrega realizada por Sam Raimi hace a penas cinco años, los responsables de "The amazin Spider-man" apostaron por el máximo responsable de una de las mejores comedias de la pasada década, "(500) días juntos - (500) days of summer, 2009", lo que no deja de ser sorprendente si tenemos en cuenta que aquella maravillosa opera prima poco tenía que ver con los blockbuster veraniegos. Sin embargo, dicho y hecho, la producción de las nuevas aventuras del hombre-araña se pusieron en marcha, aunque planteando este nuevo largometraje como un reboot o "relanzamiento" de lo que se previamente se había relatado, más que como una continuación o nueva aventura. Por su parte, en esta ocasión, el encargado de dar vida al joven que es picado por una araña alterada genéticamente, corre a cuenta de Andrew Garfield, una de las revelaciones de la interesante "La red social - The social network, 2010".

    Desde que, siendo un niño, sus padres lo dejan al cuidado de sus tíos Ben (Sheen) y May (Field), Peter Parker ha crecido como un joven más introspectivo que popular. Aficionado a la ciencia y aún intrigado por la misteriosa desaparición de sus padres, Peter sigue una pista que le lleva hasta el laboratorio del doctor Curt Connors (Ifans), un antiguo socio y amigo de su padre, manco, y que realiza complejas investigaciones en la fusión de organismos microcelulares entre animales y humanos. Asimismo, en el laboratorio también trabaja Gwen Stacy (Stone), una compañera de Peter en el instituto y amante de la ciencia. Cuando, accidentalmente, una araña pica a Peter, éste desarrolla una sorprendente capacidad para trepar por las paredes y disponer de una fuerza sobre humana. Estas cualidades le ayudarán a enfrentarse tanto al capitán Stacy (Leary), padre de Gwen y que considera al nuevo hombre-araña una amenaza para la ciudadanía, como al propio doctor Connors que, tras experimentar en su propia persona un peligroso experimento, se transforma en un gigantesco y violento lagarto.

    Tal y como apuntábamos en la introducción, el interés a priori de los productores de "The amazing Spider-man" parecía centrarse en convencer al público de que este nuevo film se trata de una película independiente de la trilogía filmada hace una década por Sam Raimi. Sin embargo, una vez visto el largometraje, por desgracia las expectativas no están a la altura de lo esperado. Cierto es que "The amazing Spider-man" es un film entretenido, filmado con gracia e interpretado con efectividad (muchísimo más por parte de los secundarios -Sheen, Field, Ifans, Leary- que no por su pareja protagonista: Emma Stone parece perdida por momentos con su interpretación de Gwen Stacy, mientras que Andrew Garfield sobreactúa más de lo deseado), y que logra que al espectador se le pasen las algo más de dos horas de metraje sin a penas darse cuenta.

    No obstante, que esto sea así, no quiere decir que "The amazing Spider-man" sea una película redonda, ni mucho menos. Y es que, su problema más grave es el guión. A pesar de la garra y energía que demuestra tener Marc Webb -un director que se merece una más que justa segunda oportunidad en el género de las súper producciones- en secuencias espectaculares como el ataque al puente (atención al rescate que lleva a cabo Spider-man de un niño pequeño que se haya suspendido en un coche a punto de caer desde lo alto) o, por supuesto, el enfrentamiento final con el Lagarto, en lo alto de la torre de comunicaciones, el guión no se libra de los tópicos más recurrentes y tramposos de este tipo de producciones: la toma de contacto de Peter con el doctor Connors, el cambio de mentalidad del doctor cuando prueba su pócima, la carencia de figura paterna de Peter y, por supuesto, las frases ridículas que se acumulan en boca de algunos personajes (el mecánico de grúa cuya hija salva Peter en el puente, el capitán Stacy haciéndole prometer a Peter que se mantendrá alejado de Gwen, Peter teniendo problemas con sus compañeros de instituto...

    Afortunadamente, a nivel técnico, "The amazing Spider-man" sí que consigue destacar por encima del resto del conjunto. Así pues, por ejemplo, el director de fotografía Jason Schwarztman logra unos resultados fantásticos tanto en las escenas de acción del hombre araña (la visión subjetiva constituye una novedad de lo más acertada) como en las más ordinarias, y los efectos especiales hacen que no se eche en falta la labor de un veterano como John Dyska al frente del equipo. La música de James Horner, por contra, no se encuentra a la altura de la partitura más trepidante que compuso en su momento Danny Elfman, al igual que tampoco queda recogido de la misma forma ese espíritu de cómica que parecía respirar la primera entrega de la triolgía original. Y ello, a pesar de que instantes como el fantástico -y tradicional- cameo de Stan Lee, su creador, es uno de los mejores que se han podido ver en cualquiera de sus adaptaciones. Pero, a pesar de todos los pesares, "The amazig Spider-man" no se puede quitar de encima ni la alargada sombra de la trilogía de Sam Reimi, ni la impresión por parte del público de que este film no es sino una mera excusa para la inminente producción de una segunda (y tal vez tercera) parte.

    En resumidas cuentas, dado que las comparaciones son odiosas, lo más recomendable, a la hora de disfrutar de un film como "The amazing Spider-man" es dejarse llevar por su sentido de la diversión y tener presente que se trata de una película destinada a entretener al público, ni más ni menos. Para quienes busquen un pasatiempo más adulto, personalmente, les recomendamos que se esperen un par de semanas, y acudan a su sala de cine a disfrutar del último episodio del Batman de Chris Nolan.

  • MR. HYDE DICE:

  • - ¿Otra película de "Spider-man"?

    - Pues sí.

    - Pero si hace dos días que han hecho las otras. ¿Es que ésta es otra diferente?

    - Sí y no.

    -¿Qué quiere decir eso?

    - Pues quiere decir que ni los actores, ni director repiten, pero que te cuenta exactamente lo mismo (cómo un adolescente con pinta de atrapado y de ser el pringado de la clase) se convierte en un súper héroe capaz de trepar por las paredes como si nada).

    - Entonces, si la historia es la misma y no cambia casi nada, ¿para qué han hecho esta película?

    - Muy buena pregunta. Sigue leyendo, a ver si te puedo contestar.

    Empecemos por lo más obvio. "The amazing Spider-man" (con la de títulos chorra que ponen en castellano, y aquí son incapaces de traducirlo...) es más de lo mismo. Tal cuál. El mismo argumento y el mismo tipo de película. Los que tengáis la esperanza de encontraros con un cambio parecido al que le hizo Christopher Nolan a Batman después de que Joel Shumacher lo destrozara por todos los lados, ya os podéis ir olvidando. Lo que no tiene por qué ser necesariamente malo. Así que a los que, como a mí, les gustó mucho más "Spider-man - Spider-man, 2002" que no el bodrio de la segunda y la chorrada de la tercera, pues se lo pasarán bien con ésta nueva. Ahora, insisto en que "The amazing Spider-man" no es nada rompedor, ni revolucionario (puede que técnicamente sí, pero eso a mí me la pela), ni hace que la flipes durante las dos horas y cuarto que dura.

    Dicho esto así, desde el principio, parece que vaya con intención de reventar la película. Tampoco es eso, las cosas claras. "The amazing Spider-man" para ser una peli que te cuenta casi lo mismo que ya te sabes de memoria, está de lo más distraída. Yo, además, por proposición de mi prima, me la papé en 3D y, para ser sinceros -como si alguna vez hubiera dejado de serlo...- ni marea ni hace que te pierdas detalles, como sí ha podido pasar otras veces. Pero, como no podía de ser de otra forma, no puedo resistirme a compararla con las otras, por mucho que algunos digan que hay que pensar en "The amazing Spider-man" como si fuera una película diferente.

    Para empezar, aquí tampoco la han acertado con el pollo que hace de Peter Parker. Si en la primera Tobey Maguire se limitaba a poner cara de tonto para demostrar lo mucho que le cambiará la picadura de una araña, ahora es Andrew Garfield (no, no es que me sepa de memoria los nombres, es que los he mirado antes) el que actúa como si estuviera histérico perdido. Que yo sepa -o al menos es lo que pensaba cuando leía los tebeos del hombre araña-, Peter Parker no era ni una cosa ni la otra, sino algo más intermedio. Aunque, por suerte, admito que en "The amazing Spider-man" se han preocupado un poco más por hacer de Peter Parker un tío normal, con sus movidas personales y todo lo que tú quieras, pero con un sentido del humor mucho más cachondo, cosa que se agradece un montón (fijaos en cuando empieza a descubrir que es capaz de pegarse a las cosas en el metro -mala idea eso de tocar el vestido de una tía chunga con su novio mascachapas al lado-, cuando detiene a un ladrón de coches, o cuando le planta cara al lagarto ese mutante en el instituto). Y, por supuesto, los efectos especiales, como no podía ser menos. Yo diría que están a la altura de los otros, sin que haya cosas así que te dejen alucinando.

    Ahora, os diré las cosas (más bien detalles) que sí me han gustado en comparación con las otras pelis de "Spider-man". Para empezar, está iluminada. Sé que parece una chorrada, pero es una gozada que la acción pase de noche y poder diferenciar quién es el bueno y dónde está, y que la cámara no se mueva hasta causarte la epilepsia para hacer que parezca que la peli tiene muchísima acción. Aquí, se toman la cosa con calma pero, aún así, consigue hacer que te atrape lo que ves. Además, está guay el detalle ese de que se diga de dónde saca el héroe sus poderes, y que no sea capaz de fabricar la tela de araña con la que se cuelga, sino que la saca de una maquinita que se pone en las muñecas. Ah, y también mola ver que se puede pasear como si nada sin la máscara, como demostrando que, después de todo, es una persona de carne y hueso.

    Por lo demás, hay detalles que siguen siendo igual de chorras. Para empezar, ¿de dónde coño sacan esos trajes? ¿Es que han hecho el curso P.P.P. de modisto a distancia o qué? Y lo del episodio de la muerte de su tío, calcada que te cagas a la otra (del mensaje que el viejo le deja antes de palmarla, mejor no hablemos, que queda más falso que las tetas de la Obregón). Eso, por no hablar de que un zarpazo del quince que le mete el lagarto en todo el pecho, se lo cura la rubia con un par de algodones cuando, de normal, necesitarías setenta y cuatro puntos de sutura y un cubo de analgésicos. Pero claro, mejor no te preguntes esas cosas si quieres disfrutar de la película. A mí, desde luego, me entretuvo y divirtió. Pero de ahí a que piense que es un peliculón de verano como la copa de un pino y que me muera por volver a verla, hay un trecho.

    sábado, 7 de julio de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "DOBERMANN"

    TÍTULO: DOBERMANN

    DIRECTOR: JAN KOUNEN

    REPARTO: VINCENT CASSEL, TCHEKY KARYO, MONICA BELLUCCI, ANTOINE BASLER, DOMINIQUE BETTENFIELD, PASCAL DEMOLON, STÉPHANE METZGER

    DURACIÓN: 98 min.

    AÑO: 1997

    GÉNERO: ACCIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • No son pocas las veces en que hemos tenido ocasión de alabar abiertamente la inmensa mayoría de largometrajes franceses que hemos criticado en las diferentes secciones. De hecho, tanto mi querido y polémico colega Hyde como un servidor de ustedes somos unos completos enamorados de la cinematografía gala, y consideramos todo un logro que el país vecino sea capaz de realizar una amplia variedad de películas que, tanto dentro –sobretodo- como fuera del mercado nacional, se convierten en grandes éxitos de público y crítica. Sin embargo, cuando nos topamos con una producción de las características de “Dobermann”, no puedo sino llevarme las manos a la cabeza horrorizado por el bochornoso espectáculo que éste representa. Lejos de poder considerarse un film de acción en la línea de las mejores producciones de Luc Besson (seamos sinceros, por mucho que Besson haya reducido al mínimo sus participaciones como realizador, su faceta como guionista se ha multiplicado exponencialmente a lo largo de los últimos años, dando lugar a numerosos largometrajes tan intrascendentes como terriblemente entretenidos), “Dobermann” es un ejemplo perfecto de la chabacanería más burda hecha celuloide. Ni siquiera la presencia de buenos intérpretes como el (casi)siempre excelente Tcheky Karyo, Vincent Cassel o la sensual Monica Bellucci consigue salvar del desastre y a esta desconcertante película. A pesar de ello, Hyde ha insistido en que habláramos hoy de ella, así que, en esta ocasión, toca darle el capricho al niño.

    Yann (Cassell) es uno de los delincuentes más peligrosos de París. Desde que su padrino le regalara su primera pistola cuando a penas era un bebé, se ha dedicado a atracar con suma violencia cualquier tipo de entidad bancaria, y al tráfico indiscriminado de drogas. Dado que los métodos policiales tradicionales parecen no haber surtido efecto, la dirección de policía francesa pone al frente de la misión a Cristini (Karyo), un policía muy quemado al que apodan “La Hiena”, cuyos métodos para nada ortodoxos exceden cualquier tipo de protocolo o reglamento. A partir de aquí, se inicia una caza salvaje entre la banda de Dobermann formada, entre otros, por su novia sordomuda Nathalie (Bellucci), el descontrolado Jean-Claude (Basler) y el poco espabilado Elie “El Abad” (Bettenfeld).

    Desde su desconcertante comienzo, “Dobermann” no oculta en ningún momento la exageración de su puesta en escena, eso sí, perfectamente acorde con el estilo videoclipero del que hace gala Kounen durante todo el metraje. Así pues, que a un recién nacido le regalen una pistola más grande que él, no tendría que sorprender más que el hecho de que uno de los miembros de la banda de atracadores sea un abad (que se viste como sacerdote y todo), o que el policía que persigue a esa banda de criminales descontrolados sea casi una amenaza más grande para la seguridad ciudadana que los propios delincuentes. No obstante, esto son consideraciones que el espectador no debe hacerse mientras ve “Dobermann”, puesto que, aquí, al igual que en el siguiente largometraje dirigido por Kounen, “Blueberry, la experiencia secreta – Blueberry, 2004” la lógica y sentido común brilla completamente por su ausencia. En lugar de ello, en “Dobermann” el público asiste a una apología de la violencia gratuita, del sentido del humos más chabacanero y de, a pesar de lo divertido que pueda resultar para determinado tipo de público, una demostración absoluta de lo que no debe ser el cine policíaco. No obstante, a quienes agrade este tipo de cine sin mayores pretensiones, seguramente podrán encontrarlo interesante.

  • MR. HYDE DICE:
  • ¡Cómo se le va la pinza a esta peña! ¡Juas! Si no es una de las películas más locas que he visto en mi vida, poco le faltará. De todas formas, os doy un aviso antes de empezar a hablar de ella. Hay dos formas de ver “Dobermann”: una, esperando ver una película de acción con sus policías y delincuentes, con personajes que tienen sus principios y sentido común (sean buenos o malos) y con dosis de acción calculadas para resultar emocionantes; otra, no esperando nada en absoluto, y dejándote llevar por la locura que te cuentan, saber que la violencia descarada que sale en la peli sólo quiere hacer aún mayor la estracanada, y tratar de pasártelo bien con las cosas que se les ocurre a esa panda de descerebrados que salen bambando por ahí. Los que opten por la primera opción, a los diez minutos ya habrán apagado la tele, y pensarán que menuda mierda de película. Los que prefieran la segunda, verán en “Dobermann” una peli loca de arriba abajo, violenta que te rilas, y con la convicción absoluta de que el director y actores han tenido que trabajar bajo la influencia de alguna droga dura porque, de lo contrario, no hay quien se explique cómo han podido hacer algo así. Yo, ni qué decir tiene, que me quedé con la segunda alternativa (a diferencia de Jekyll, que creo que es más que evidente que se decantó por la primera) y, cada vez que veo “Dobermann” –sí, ya la he visto unas tres veces-, me lo paso pipa.

    Yendo por partes, os digo que “Dobermann”, por mucha coña que tenga y muchas tonterías que hagan los protas, es una de las películas más violentas que he visto. En serio. Menos mal que lo disimulan con momentos de delirio total porque, si no, sería chungo ver tanta burrada junta. Y menos mal que le meten trozos en los que no te queda otra que reírte, así que supongo que es por eso que “Dobermann” te acaba rayando así, porque te ríes con salvajadas y con cómo las hacen: cómo uno de los de la banda del Dobermann traca de consolar a una vieja mientras revientan una sucursal bancaria en mitad de un atraco, el colocón que se pilla el tío enorme ese después de que le dé la depre porque ha muerto su perrito, cómo Monica Bellucci –que no dice una palabra en toda la peli porque hace de muda- avisa a un pobre inútil que se ha quedado atrapado en las puertas de seguridad de un banco antes de soltar un pepinazo monumental con un lanzamisiles (te juro que ahí te partes, porque el tipo no para de decirle que no, que no dispare, y ella que sí que sí. ¡Juas!), etc. Y ya puestos, por si a alguien le queda duda de que se pasan por el forro lo que pueda decir la crítica, hay otro momento en que uno de los tarados de la banda del Dobermann, cuando le entran ganas brutales de plantar un pino, como no tiene papel a mano, se limpia el culo con las páginas de la revista Cahiers du cinéma, que es una de las revistas de cine más prestigiosas que hay en el mundo. ¡Con un par!

    Otra cosa que te hace flipar en colores de “Dobermann” es que no te queda muy claro si son más peligrosos los delincuentes o los policías que quieren atraparles. Por poner un caso, hay un momento en que, con tal de averiguar dónde se esconde la banda del Dobermann, el policía ese tarado y drogadicto no duda en hacer chantaje a uno de los miembros dejando que su hijo pequeño juegue con una granada, o en darle una paliza a la novia del Dobermann para atraerle hacia él. Y eso, por no hablar de cuanto entra a lo bestia en la discoteca esa llena de drag queens para detener a la banda, y se lía a tiros con el primero que se le cruza por delante (tiro en los huevos incluido para uno de los “malos”). Claro que, para no quedarse atrás, los de la banda del Dobermann (protagonista incluido) reparten estopa hasta quedarse finos: le meten una granada en el casco a un motorista que les está persiguiendo después de un atraco, le meten una bala en todo el coco a uno de los policías que llega al banco que están atracando y, sobretodo, no os perdáis lo que le hace Dobermann al policía psicótico al final, cuando están peleando dentro de un coche –sólo dos palabras: “cara” y “asfalto”-.

    En fin, que, como os digo, menos mal que, aunque es violenta a todo meter, tiene un punto de humor que la hace mucho más resistible que si hubieran ido con toda la maquinaria por delante. “Dobermann” no es una buena película, y ni he dicho que lo fuera ni creo que lo sea. Pero es de esa clase de pelis que tiene un algo (igual es que la primera vez que la vi estaba en plan cachondo y por eso me gustó) que hace que te distraigas a tutiplén el rato que dura. Así que, aunque yo os la recomiende, ya sabéis de qué va el tema. Ahí, ya vosotros diréis qué os parece.

    viernes, 6 de julio de 2012

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "INFIERNO BLANCO"

    TÍTULO: INFIERNO BLANCO

    DIRECTOR: JOE CARNAHAN

    REPARTO: LIAM NEESON, DERMOT MULRONEY, FRANK GRILLO, JOE ANDERSON, JAMES BADGE DALE, DALLAS ROBERTS

    DURACIÓN: 117 min.

    AÑO: 2012

    GÉNERO: SUSPENSE

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • El debut de Joe Carnahan en la dirección de largometrajes se produjo con una curiosa y potente cinta policiaca llamada "Narc - Narc, 2002", lo suficientemente atractiva como para que Tom Cruise decidiera participar en ella como productor ejecutivo. Tras ella, demostró que era capaz de desarrollar argumentos propios en la misma línea que los mejores Guy Ritchie o Quentin Tarantino con "Ases calientes - Smokin' aces, 2007", una película tan violenta como interesante y emocionante. Y, si bien, no le fue tan bien al frente de grandes súper producciones (la fallida adaptación de la serie "El equipo A", en 2010), ello no ha sido excusa para que Carnahan se aleje de la realización cinematográfica. Así pues, ha vuelto a contar con Liam Neeson como protagonista -tras el citado remake de la serie protagonizada por George Peppard- para, partiendo de un relato corto de Ian Mackenzie Jeffers para dar forma a lo que sería "Infierno blanco".

    Ottway (Neeson) trabaja para una compañía petrolífera situada en Alaska. De regreso a su casa por vacaciones, en compañía de una serie de trabajadores más, su avión sufre un accidente, estrellándose en un desierto helado del norte del continente. Junto a un pequeño grupo de supervivientes, entre los que se encuentra Talget (Mulroney), Hendrick (Roberts) y Díaz (Grillo), Ottway tratará de sobrevivir tanto al frío constante de la región como a la aparición de una gigantesca manada de lobos salvajes, quienes parecen muy concentrados en acabar con todos ellos.

    La premisa argumental de "Infierno blanco" carece completamente de originalidad. No sólo porque el precedente más inmediato que viene a la mente del espectador sea "¡Viven! - Alive!, 1993" -al que, por cierto, hacen referencia en un instante del film-, sino porque más allá del devenir de su historia pasados los primeros sesenta minutos, el largometraje dirigido por Frank Marshall e "Infierno blanco" son prácticamente iguales: un accidente de avión (mucho menos espectacular de lo que cabría pensar, pero igual de efectivo -estupendo ese plano de Liam Neeson colgando del revés de su asiento segundos antes de producirse la colisión-), la discusión entre los supervivientes de qué es lo mejor que pueden hacer para sobrevivir, y la expedición que varios realizan con el fin de ser rescatados y alejarse de algún peligro inminente.

    Así pues, es a partir de su segunda hora cuando "Infierno blanco" ofrece algo distinto... aunque fallido. Nos explicamos. La película pretende ser un thriller cuyo poder de intriga reside en la amenaza constante que supone para los protagonistas la existencia de una manada de lobos salvajes y terriblemente hambrientos. De hecho, todo el resto del film se centra en las peripecias de dichos supervivientes por escapar del ataque de esta gran manada. Por desgracia, Carnahan falla a la hora de hacer que ese suspense sea continuo, pues hay secuencias en que está presente por los cuatro costados (ver la primera hoguera que encienden tras abandonar el avión, y el ataque repentino que uno de los lobos perpetra sobre uno de los protagonistas en el momento menos esperado), y otras -la gran mayoría del largometraje- en que ésta brilla por su ausencia. De esta forma, en lugar de procurar que el ritmo y los -ridículos- diálogos recitados por sus intérpretes resulten convincentes y atemorizadores, "Infierno blanco" se reduce a una serie de pausas interminables entre pequeñas secuencias de acción (ver las constantes conversaciones, carentes de interés la mayoría, que mantiene el grupo de supervivientes mientras se refugian ya sea en los restos del avión o junto a una improvisada hoguera).

    El mayor handicap de "Infierno blanco" reside no tanto en su puesta en escena (al fin y al cabo, aunque un montaje algo más ligero y trepidante se hubiera agradecido, Carnahan hace lo que puede con los recursos de los que dispone), sino en su intrascendente guión: personajes que sobran por completo (Díaz haciéndose el graciosillo y valiente), líneas de diálogo aburridas y situaciones mal resueltas (cerca del final, dos lobos comienzan a perseguir a Ottway y a Handrick, provocando la caída de este segundo a un río; dichos lobos, en lugar de continuar siendo una amenaza, desaparecen como por obra de magia). Si a ese flojo guión se le suma la puesta en escena bastante plana de Carnahan y el aburrimiento que parece destilar la música compuesta por Marc Stetenfield, el resultado de "Infierno blanco", por mucho que parezca una buena película para alquilar esta semana, dista mucho de ser la película de aventuras y suspense que prometía ser.

  • MR. HYDE DICE:
  • Me esperaba mucho más de la película. Teniendo en cuenta que el director era el que había hecho hace un par de años "El equipo A - The A Team, 2010" (que dirán lo que quieran, pero a mí, aquélla, me pareció una película divertidísima), donde había demostrado lo que era capaz de hacer cuando tiene estrellas y pasta para hacer su peli, suponía que "Infierno blanco" sería algo muchísimo más emocionante, llena de suspense y con secuencias de acción en plena naturaleza de las que te dejan casi sin respiración. Pues mi gozo en un pozo. Mira tú por dónde que, sin ser para nada mala, "Infierno blanco" acaba siendo un poco tostón. ¿Y por qué? Pues porque más que una película, parece que hayan querido hacer un documental sobre unos pobres diablos que se estampan con su avión en el culo más helado del mundo, y sirven de comida, merienda y cena para unos lobos más grandes que un armario ropero. Pero sin toda la emoción, intriga y suspense que querrías que hubiera.

    Por supuesto, ya sólo con ver a Liam Neeson paseándose con cara de "cómo coño salgo yo de aquí" y guiando al resto de supervivientes del avión para que no sirvan de tentempié a esos bicharracos, pues siempre reconforta. Más que nada porque el hombre actúa con una convicción que te crees tanto que sea un superviviente de un accidente de avión, como el Dios del Olimpo, o el comandante de un destructor que tiene que cargarse a un puñado de aliens (curiosamente, al contrario que otro excelente actor, Antonhy Hopkins, que lo sacas de las tres o cuatro cosas que sabe hacer y parece ir más perdido que un alcalde honrado en Marbella). Lástima que a "Infierno blanco", quitando la actuación de Neeson y dos o tres momentos que te hacen estar atento, el resto es bastante petardo.

    Cierto es que trozos como, por ejemplo, el accidente de avión del principio o la primera aparición de los lobos tiene su puntillo. Pero el resto no consigue hacerte estar en tensión, que es lo que más deseable sería. Sabes que los lobos esos enormes están rondándoles todo el rato, y que les están siguiendo mientras ellos se mueven hacia los árboles para dejar atrás ese páramo helado en el que se ha estrellado el avión. Y aún así, no consigues sentir el peligro, ni te incomoda saber que, en cualquier momento, un lobo les puede pegar un bocado que los deje secos. Es más, casi hasta deseas que a algún gilipollas que no para de dar la tabarra se lo zampen ya. Pero claro, lo malo que tiene sentir eso es que, cuando llegan los momentos esos más supuestamente emocionantes que os decía antes, pues estás más p'allá que p'acá. Por poner un caso, uno de los trozos más logrados que hay es cuando los cuatro que han quedado, tienen que saltar desde lo alto de un barranco hasta unos árboles que están enfrente de ellos, como a unos nueve metros. Pues ese pedazo de salto (con accidentes incluidos) y el ver cómo tienen que cruzar después por un improvisado cable, lo agradeces porque te despabila un poco porque, hasta ese momento, el menda se estaba quedando sopa. Y, luego, está ese final tan raro. No quiero reventárselo a nadie, pero en contra suya debo decir que me parece un timo. O sea, que te pasas casi dos horas mirando lo que hace ese grupito cada vez más pequeño, sin emoción ni nada... ¿para acabar así? ¡Vamos hombre, no me jodas!

    En fin, que me esperaba muchísimo más de "Infierno blanco" de lo que luego es en realidad la película. Desde luego, no es la mejor opción para alquilar y ver un fin de semana para distraerte, al no ser que guste ese tipo de pelis en que cuenta más cómo está hecha (que tampoco me ha parecido nada del otro mundo) que lo consigue entretener. Así que más que para sábado por la noche, "Infierno blanco" es cojonuda para ayudarte a hacer la siesta un domingo por la tarde -siempre y cuando no tengas que vértela entera para luego tener que comentarla-.

    jueves, 5 de julio de 2012

    CINE ACTUAL: "AVATAR"

    TÍTULO: AVATAR

    DIRECTOR: JAMES CAMERON

    REPARTO: SAM WORTHINGTON, ZOË SALDANA, SIGOURNEY WEAVER, MICHELLE RODRÍGUEZ, STEPHEN LANG, GIOVANI RIBISI

    DURACIÓN: 162 min.

    AÑO: 2009

    GÉNERO: CIENCIA FICCIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Cuando, a finales de los años noventa, se estrenó en todo el mundo la conocida como "película de los récords", "Titanic - Titanic, 1997", su máximo responsable, el realizador James Cameron además, de un auténtico alud de premios, consiguió convertir al film en el más taquillero de la historia. Tras un retiro de la gran pantalla de más de una década -si no se tienen en cuenta los documentales submarinos que ha estrenado en salas IMAX-, Cameron anunció que estaba desarrollando un proyecto personal en el que había invertido mucho tiempo, esfuerzo e investigación de nuevas tecnologías de captura por movimiento. Según se decía, este nuevo proyecto podía representar un gran paso adelante en lo que a la realización de largometrajes se refería, no sólo porque prometía ser un verdadero festín visual, sino porque parecía que fuera a revolucionar para siempre la forma de hacer cine. Pasados ya casi tres años desde que dicha película, "Avatar" llegara a los cines de todo el mundo y superara los récords casi imposibles de alcanzar que el propio Cameron había logrado con "Titanic", cabe hacer un breve repaso a "Avatar", y analizar si, en realidad, merecía tanto la pena, o si se trata más del espectacular triunfo de una de las mejores campañas de promoción de todos los tiempos.

    En el siglo XXII, la colonización y explotación de otros planetas resulta fundamental para la supervivencia de la raza humana. Jake Sully (Worthington) es un marine que, tras un accidente, ha quedado condenado en una silla de ruedas. Cuando su hermano gemelo muere inesperadamente, Jake acepta la propuesta del Coronel Miles Quaritch (Lang) de participar en un experimento dirigido por la doctora Grace (Weaver). Dicho experimento consiste en insertar su mente en el cuerpo, conocido como "avatar", de un nativo de planeta Pandora, con el fin de poder infiltrarse en la tribu de los Na'Vi y, así conseguir averiguar la mejor forma de hacer que abandonen la que es su casa, ya que, también, es uno de los yacimientos más importantes de un nuevo mineral que los humanos desean obtener. Sin embargo, cuando Jake, convertido en un nativo más conozca a la intrépida nativa Neytiri (Saldana)

    "Avatar " podrá gustar o no, dependiendo de la debilidad que el espectador sienta por las historias que combinan aventura con ciencia ficción. No obstante, cabe analizar el film desde dos perspectivas diferentes. Por una parte, "Avatar" como película, es evidente que se trata de un súper espectáculo de primera categoría. No hay movimiento de cámara, encuadre, recurso narrativo, trucajes visuales y demás proezas fílmicas que Cameron haya dejado sin explotar. Por supuesto, está más que claro que el cineasta canadiense conoce al dedillo la profesión, y que es un genio de los efectos visuales (quien lo siga dudando hoy en día, no tiene más que echar un vistazo a la citada epopeya sobre la tragedia del famoso trasatlántico o a "Terminator 2. El juicio final - Terminator 2. Judgement day, 1992" para comprobarlo) y que, en el panorama cinematográfico actual, pocos realizadores hay como Cameron, capaces de combinar con tal precisión y estupendos resultados calidad y diversión -tal vez Steven Spielberg, Ridley Scott y poco más-.

    Asimismo, es imposible no observar "Avatar" como fenómeno de entretenimiento. Dejando de lado la realización del film con la tecnología de tres dimensiones, "Avatar" consigue que el espectador mantenga fija la vista en la pantalla durante las más de dos horas y media de su metraje. De esta forma, le resulte interesante el argumento o no al público, éste puede disfrutar con un verdadero festín de emociones que Cameron consigue transmitir con una puesta en escena grandilocuente, a la altura de las súper producciones más sofisticadas.

    Ahora bien, también existe otra cara de la moneda. Por muy novedosa y revolucionaria que sea desde el punto de vista técnico y visual (donde, insistimos, no desmerece en absoluto: atención, por ejemplo a la preciosista y colorida fotografía creada por Mauro Fiore, o la excelente banda sonora por un James Horner más inspirado que de costumbre), lo que "Avatar" no puede evitar es, por un lado, resultar una obra insípida en cuanto a su argumento se refiere. El guión escrito por el propio Cameron -muchísimo mejor director y montador que guionista- es mediocre (dejaremos de lado las semejanzas más que sospechosas con la historia de "Pocahontas"), y el retrato de los personajes tan impersonal y poco interesante que incluso sorprende. De esta forma, el único atractivo de "Avatar" reside en su apabullante puesta en escena, y en el ritmo trepidante que Cameron le sabe dar al conjunto pero, más allá de la ciencia ficción, el film se queda vacío por completo.

    Así pues, tras sopesar el peso de los elementos positivos y negativos con los que cuenta la que, a día de hoy, y sin tener en cuenta la inflación, es la película más taquillera de la historia del cine, estamos en condiciones de afirmar que, por muy entretenida que sea, muy bien hecha que esté, y mucho efecto especial que tenga, semejante éxito desorbitado resulta excesivo en todos los aspectos. ¿Entretenida? Desde luego, por suerte lo es, y mucho. Pero ello no quita para que, más que una buena película, sea un largometraje por completo exagerado.

  • MR. HYDE DICE:
  • Estimado Señor Cameron,

    Supongo que era cuestión de tiempo que habláramos de la película más taquillera de la historia (no se ofenda si añado que, en opinión del menda, también sea una de las más sobrevaloradas). Y ya puestos, hay un par de cosas sobre su "Avatar" que me gustaría decirle, tanto buenas como menos buenas y que, espero, sepa tomarlas como algo constructivo. Comenzamos.

    En primer lugar, olé sus cataplines, Mr. Cameron, por ser capaz de aguantar doce años sin estrenar una peli después del pelotazo de "Titanic", sólo porque la tecnología no estaba a la altura de lo que quería hacer. Sí señor, eso es tenerlos bien puestos. Pero que, además, cuando considera que el horno ya vuelve estar para bollos, se curre una peli así de entretenida, visualmente acojonante y con esos efectos especiales, hace que sólo pueda descubrirme ante usted. También es cierto que no sé qué se habrá fumado para imaginar esos mundos con pedruscos flotando en el aire, bichos azules de tres metros que se dicen las cosas juntando sus rabos -con perdón-, y pterodáptilos casi tan grandes como las naves espaciales en las que van los US Marines ahú-ahú-ahú (eso por no mencionar el pedazo de árbol más enorme que he visto nunca en una película). Aunque da igual, porque ver "Avatar" en pantalla grande, con semejante panorama y en tres dimensiones es algo flipante.

    En segundo lugar, reconozco que sus películas suelen ser un pelín largas (ahora mismo, creo que el primer "Terminator" es la única que no llega a las dos horas, porque lo que son las otras...). Sin embargo, en "Avatar" consigue que el tiempo pase volando, ya que hace que la peña que se sienta a verla esté tan hipnotizada con el mundo que se ha sacado de la chistera, y con la acción y aventura que hay en la película, que casi no se dé ni cuenta del reloj. Además, aparte de la acción (que la hay y está curradísima, no sólo por la batalla final de casi quince minutos, sino por montón de trozos más: cuando Jake se encuentra por primera vez con un bicharraco gigante en la selva, cuando empieza a "entrenar" como si fuera un bicho más de los azules, y cuando hace lo posible por salvar a la tribu esa nativa), me dejó flipado el color que ha sido capaz de darle a "Avatar". Le juro que pocas veces antes había visto una película con tanto color y tan vivos (que yo recuerde, la última vez que tuve esa sensación fue al ver "Más allá de los sueños - What dreams may come, 1998" y "Mounin Rouge - Moulin Rouge!, 2001").

    Claro que, por mucha acción, mucha aventura y mucha historia, me temo que no consigue disimular del todo que "Avatar" no es más que una mezcla tope descarada de la historia de "Pocahontas" y cualquier película de acción que tenga que ver con naves espaciales. Y claro, la gente no es tonta. Porque, que usted haya sabido adornarlo todo con mucho efecto especial, mucha 3D y toda esa mandanga es una cosa, pero que canta a la legua que el guión lo ha escrito con al punta de la... nariz, pues está clarinete. Por supuesto, supongo que fue por la falta de tiempo, al tener que pensar en cómo coño hacer todo el resto.

    Así que, en definitiva, puede estar tranquilo, que si algún día escribo lo que pienso de las películas que he visto, cuando hable de "Avatar", la recomendaré a aquellos que aún no la hayan visto (que, a estas alturas, me parece a mí que van a ser pocos), y les aconsejaré que, más que con lo que es la historia -donde pasan cosas tan ridículas como que al prota lo "adopten" los bichos azules a ritmo del cumbayá junto a un árbol que más que una planta parece una medusa-, se queden con cómo está hecha, y con lo entretenida, divertida y emocionante que ha conseguido hacerla usted -y, ya puestos, que se fijen, sobretodo, en la última media hora, no sólo por los efectos especiales, sino por el ritmazo que le da a la batalla entre el bueno (el azul y el paralítico que está en la cápsula esa que parece un supositorio gigante) y el malo que va dentro de un bicho de hierro enrome-.

    Sin más que añadir, le deseo que vuelva pronto a sorprendernos con su siguiente película, asegurándole que estaré allí para verla.

    Cordialmente,

    HYDE.

    miércoles, 4 de julio de 2012

    CINE DE LOS 90: "THELMA Y LOUISE"

    TÍTULO: THELMA Y LOUISE

    DIRECTOR: RIDLEY SCOTT

    REPARTO: GEENA DAVIS, SUSAN SARANDON, HARVEY KEITEL, BRAD PITT, MICHAEL MADSEN, CHRISTOPHER MACDONALD

    DURACIÓN: 128 min.

    AÑO: 1991

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Thelma (Davis) es una aburrida ama de casa, casada con Darryl (McDonald), un aburrido y controlador hombre que la ningunea a la mínima ocasión. Louise (Sarandon) trabaja como camarera en una cafetería, mientras espera constantemente que su novio, Jimmy (Madsen) le proponga casarse con ella. Cuando las dos mujeres deciden pasar un fin de semana de diversión, un violento suceso hará que sus planes se tuerzan, por lo que, de forma casi involuntaria, se convertirán en fugitivas a las que acompañará un atractivo y pícaro autoestopista llamado J.D. (Pitt), mientras las persigue el agente especial Hal (Keitel).

    No son muchos los casos en que Hollywood decide poner en marcha una película de evidente factura feminista. Sin embargo, lo que aún sorprende más no sólo es el notorio éxito que obtuvo, sino que fuera, como bien me apuntó en su momento mi querido amigo Hyde, un realizador como Ridley Scott el que asumiera las riendas de un largometraje de estas características. Sea como fuere, lo cierto es que Scott le sabe imprimir una elegancia más que patente al film, consiguiendo que una historia que se podría haber convertido fácilmente en un drama del tres al cuarto, adquiera fuerza conforme avanza el metraje, y donde el espectador no sólo es testigo de cómo se va complicando cada vez más la situación de las dos protagonistas, sino que comparte sus miedos, angustias y decisiones alocadas. Por supuesto, como todo drama que se precie, las protagonistas acaban pagando un precio por sus actos delictivos, instante que queda recogido por la cámara de Scott con un lirismo y nostalgia que resultan conmovedoras.

    Por supuesto, "Thelma y Louise" es una película que, además de por la impecable labor de Scott -como decimos, acertada, aunque por completo inesperada-, destaca por las asombrosas interpretaciones tanto de Geena Davis (impecable como esposa ignorada -ver la diferencia de matices que le otorga a su personaje, y que contrasta enormemente con la Thelma del comienzo del largometraje y de la del final-) como de Susan Sarandon (atención al momento en que, al comienzo del film le aconseja a una muchacha que no fume porque es algo que acaba sustituyendo al sexo para, acto seguido, ser ella la que se lleva un pitillo a los labios, o a la secuencia en que amenaza al parroquiano que pretende abusar de Thelma a la salida de un bar y, por supuesto, cuando le confiesa a ésta lo que sucedió en realidad en uno de sus viajes pasados). Completan el connunto la estupenda fotografía del fallecido Adrian Biddle y la excelente banda sonora de Hans Zimmer, cuyas influencias country encajan a la perfección con el tono de cada una de las secuencias.

    Así pues, "Thelma y Louise", a pesar de que, como película, es correcta aunque sein deslumbrar, hoy en día es más recordada por el revuelo que causó entre el público y asociaciones femeninas (parece ser que vieron en las dos protagonistas un ejemplo de lo que debe ser la negativa de las mujeres a la subyugación incondicional a los hombres) que no por lo que supuso para la carrera de Scott y su dúo protagonista. En cualquier caso, aparte de su aparente intrascendencia, contiene toda la serie de elementos que hemos mencionado, y por los que merece la pena dedicarle un mínimo de atención.

  • MR. HYDE DICE:
  • Para gustos los colores pero, para el menda, “Thelma y Louise” es un petardo. O, como poco, una peli que te deja como esperando muchísimo más de lo que te encuentras. No sé si es que las historias en plan feminista nunca me han interesado mucho (las que van en plan machista tampoco, no os equivoquéis), o que esta película tampoco es que sea la leche. En cualquier caso, con tanto que había oído hablar de ella, y tanto bombo que le habían dado (que si una oda a la liberación de la mujer, a la rotura de la subyugación y no sé qué más chuflas), daba por hecho que la película me iba a impresionar con la historia que cuentan o, como mínimo, que me dejara “tocado” por el mensaje, el final o Dios sabe qué cosa. Bueno, pues ni una cosa ni la otra. Con todos los respectos, y sin ánimo de ofender, “Thelma y Louise” me pareció un panfleto en plan “muerte a los hombres” descarado. Vamos, que hacen una montaña descomunal de un granito de arena –y no, no estoy diciendo que el problema que plantea la peli sea una tontuna, que hay mujeres que las pasan muy putas en su vida, soy consciente de ello- para montar una historia sobre dos tipas que se dan a la fuga por un caso de defensa propia.

    Además, los que me hayáis leído de vez en cuando sabréis que soy un gran admirador de Ridley Scout, y que pienso que hasta en sus bodrios más totales, hay una especie de “algo” que hace únicas sus películas. Vale, pues dicho esto, aún no entiendo qué coño pinta Scout dirigiendo esta película. Salvando las distancias, es como si Stallone dirigiera “Hamlet” o Woody Allen hiciera idem de lo mismo con “Terminador”. ¿Verdad que no pegarían ni con cola? Pues aquí tres cuartos de lo mismo. La fotografía es muy bonita (aunque se limita a sacar esas carreteras polvorientas e interminables que tienen los otros primos del charco), las actuaciones todo lo creíbles que quieras, y una música cojonuda (es de Hans Zimmer, así que no podía ser de otra forma). Pero todo eso es bufa de pato, porque no hay más que rascar de lo que ya ves. Así que, los que empecéis a ver “Thelma y Louise” tened claro qué os espera.

    De lo que más destacaría yo de la película, aparte de que su éxito se debió a que las mujeres la apoyaron a muerte, son las actuaciones. Reconozco que Susan Sarandon hace un papelón (cosa que tampoco tendría que sorprender demasiado, porque la buena señora es una actriz como la copa de un pino) y que Geena Davis, que hace un papel menos impresionante, es capaz de hacer tanto de señora en celo –seamos sinceros, todo lo que pasa en la peli es porque ella se siente despreciada por su marido (que es un capullo) y le apetece “volver a la pecera” de nuevo por un rato- con la misma credibilidad con la que decide mandarlo todo a tomar por saco y saltar al vacío (y los que hayan visto la película, ya saben a lo que me refiero). También es cierto que hay algún que otro momento que mola, ya sea por su falta de vergüenza (cuando Geena Davis atraca una gasolinera como el chulopiscinas al que interpreta Brad Pitt le enseña a hacerlo), por su sentido del humor (el momento en que Geena Davis llama a su marido, que está con el FBI, y él trata de ser súper amable, cosa que hace que, ella, directamente, cuelgue el teléfono porque deduce que la policía está con él), y por la forma en hacer que parezcan IMPORTANTES –así, en mayúscula- cosas que tampoco lo son tanto: cómo las para un coche de policía en mitad del desierto y el polaco acaba metido en el maletero de su propio coche, lloriqueando como una nenaza; lo que le pasa al camión cisterna cuyo camionero se mete con ellas; o el final junto al precipicio a cámara lenta con el policía corriendo hacia ellas.

    Aparte de esto, lo único que queda es una película que ni fu ni fa. Sobretodo ahora, que la violencia machista parece que está al orden del día, ver una película como “Thelma y Louise” te deja bastante frío, a pesar de que también tenga su mensaje y alguna que otra escena cruda (por ejemplo, el intento de violación de Thelma a la salida del bar, o cuando te enteras de lo que le pasó a Louise hace años) que te hace estar tenso. No sé si será porque es una forma de tocar ese problema que se centra demasiado en la forma de ser de los yanquis o que la peli ya ha pasado de moda. El caso es que, por mucho renombre que tuviera cuando se estrenó, y por mucho que haya dado de qué hablar, “Thelma y Louise” me parece una película más del montón, bien hecha y tal, pero que no merece tanta importancia como la que tuvo.

    martes, 3 de julio de 2012

    CINE DE LOS 80: "CUENTA CONMIGO"

    TÍTULO: CUENTA CONMIGO

    DIRECTOR: ROB REINER

    REPARTO: WIL WHEATON, COREY FELDMAN, RIVER PHOENIX, JERRY O'CONNELL, KIEFER SUTHERLAND, BRADLEY GREGG

    DURACIÓN: 115 min.

    AÑO: 1986

    GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • A estas alturas, bien sabido es que el escritor estadounidense Stephen King ha supuesto siempre una fuente de constante atracción a la hora de adaptar sus novelas a la gran pantalla. Desde que, a finales de los setenta, su novela "Carrie" se convirtiera en un fenomenal éxito de taquilla (gracias, en gran medida, al buen saber hacer de su director, Brian de Palma), pocas son las obras del escritor originario de Maine que no hayan contado con su correspondiente adaptación cinematográfica. No obstante, aunque el grueso de la producción King contiene un evidente contenido fantástico y de terror, también son conocidas las adataciones de relatos suyos que poco o nada tienen que ver con los sobrenatural. Ello es algo que quedó más que demostrado, sobretodo, tras el estreno de las excelentes "Cadena perpetua - The Shawshank redepmtion, 1994" o "La milla verde - The green mile, 1999" y, en menor medida, la muy inferior "Corazones en la Atlántida - Hearts in Atlantis, 2001". De entre toda su extensa producción literaria, el cuento llamado El cuerpo es el que sirve de base para lo que acabaría convirtiéndose en "Cuenta conmigo", una conmoderoa historia de amistad incondicional dirigida por un casi debutante Rob Reiner.

    Gordie Lachance (Wheaton), Chris Chambers (Phoenix), Teddy Duchamp (Feldman) y Vern Tessio (O'Connell) son cuatro amigos que viven en la localidad de Maine, en Nueva Inglaterra. A finales del último verano en que todos comparten escuela, Vern escucha hablar a su hermano de la localización en la que se encuentra el cuerpo sin vida de un muchacho del pueblo que, parece ser, murió al ser arrollado por un tren. Dispuestos a ser los primeros en encontrar el cadáver, los cuatro amigos emprenden una expedición por todo el condado, en la que cada uno de ellos compartirá sus propios miedos, temores y preocupaciones.

    Antes de convertirse en el conocido director que es hoy en día, "Cuenta conmigo" supuso no sólo el lanzamiento de Rob Reiner como profesional tras las cámaras, sino que supuso un antes y un después en el cine protagonizado por adolescentes. Haciendo gala de una madurez narrativa asombrosa, Reiner convierte un relato tan simple como el de King en el que se basa el largometraje en un film entrañable acerca de la amistad incondicional. Los personajes principales, más que como jóvenes de doce o trece años, se prestan mutuamente un apoyo espectacular, a pesar de que, inevitablemente, quede claro que se trata de cuatro muchachos cuya mayor emoción consiste en encontrar el cadáver de un chico del pueblo. Ahora bien, Reiner le saca todo el jugo posible al guión escrito a cuatro manos por Bruce Evans y Raynold Gideon, y brinda secuencias tan conmovedoreas como aquella en la que Lachance se desahoga con Chambers al contarle la forma en la que se siente ninguneado en su casa tras la muerte de su hermano mayor -con el consecuente ánimo por parte de Chambers, quien no sólo lo anima, sino que le insta a convertirse en escritor al poseer un talento del que el resto carece-, o la otra en la que, tras colarse en un desguace, el chatarrero le increpa a Duchamp que su padre sea un ex-combatiente de la Segunda Guerra Mundial con problemas mentales -hecho que Duchamp no tolera, pues lo venera como si su progenitor fuera el héroe más grande del mundo-.

    El resto del film se convierte en un curioso viaje de cuatro grandes amigos, salpicado por peripecias varias: el cruce de un puente elevado por el que pasa un tren que casi atropella a dos de los protagonistas, la acampada de los chicos en un bosque en el que no dejan de escuchar ruidos que les ponen nerviosos (estupendo actuación de Jerry O'Connell en el instante en que le toca hacer guardia), el descubrimiento de que están llenos de sanguijuelas tras meterse en una pequeña charca, etc. No obstante, son esos pequeños detalles que comentábamos en el párrafo anterior, lo que hacen de "Cuenta conmigo" un film tierno, simpático y terriblemente entrañable.

    En resumen, "Cuenta conmigo" es una película conmovedora, un viaje al paso de niños a adolescentes de cuatro personajillos a cada cuál más simpático (cada uno a su propio modo), y cuya trama -incluyendo el enfrentamiento con el villano del film al que da vida muy convincentemente un jovenzuelo Kiefer Sutherland-, aunque deja algún que otro cabo suelto, no deja de ser de lo más recomendable.

  • MR. HYDE DICE:
  • Que nadie se piense que, porque “Cuenta conmigo” esté basada en una novela de Stephen King, todo tiene que ver con monstruos, asesinos o cosas por el estilo. De hecho, “Cuenta conmigo” está más en la línea de pelis como “Cadena perpetua” que no de, por ejemplo, “It (Eso) – It, 1990”. Para los que no tengan muy claro qué quiere decir eso, pues sólo decir que la cosa va sobre gente de lo más normal del mundo, con sus problemas cotidianos, y cierto puntillo entrañable que hace que te acabe gustando la película. Por lo que respecta a “Cuenta conmigo”, la peli –supongo que la novela también, porque no la he leído- va más de la relación de los cuatro chavalines entre ellos y con sus movidas propias de cada uno, que no sobre lo que te cuenta la historia principal. Supongo que por eso la peli te acaba gustando, porque de todo lo que les pasa a los chavales, seguro que hay algo que te suena de tu propia infancia o, como mínimo, que sabes que le ha pasado a algún conocido.

    Es más, me da a mí que si “Cuenta conmigo” la hubieran hecho con adultos, o con gente más mayor rollo adolescente, no hubiera sido ni la mitad de simpática que es. Además, lo cachondo del asunto es que son criajos que no levantan medio palmo y que se quieren portar como si fueran mayores (los ves fumando como si estuvieran en el bar de la esquina, hablando sobre mujeres como si fueran Casanova, o presumiendo de cosas que ni con cincuenta tacos haces) para, luego, cagarse en los pantalones cuando las cosas se les tuercen. Por ejemplo, fijaos en cómo todos se hacen los machotes cuando les toca cruzar un puente por el que va la vía del tren y, cuando llega el tren de repente, se van por la pata abajo. O como cuando, después de meterse en una especie de charca pantanosa donde empiezan a hacerse la puñeta unos a otros, se dan cuenta de que están de sanguijuelas hasta la punta del rabo (y esto no lo digo en plan expresión soez –que podría-, sino que es lo que pasa, tal cuál, en la peli), y se caen redondos al suelo de la impresión.

    Pero claro, si “Cuenta conmigo” sólo fueran las tontunas de cuatro nenes, no tendría mucho interés. Como os digo, lo que hace que la peli mole es que, precisamente, aunque se les ve canijos, se meten de lleno en problemas de adultos. Para empezar, el motivo por el que empiezan su expedición (encontrar a un chaval muerto); luego, los problemas que cada uno de ellos tiene con sus respectivas familias (los que no tienen movidas con sus padres, las tienen con sus hermanos mayores); y, después, lo que tienen que hacer para “jugar” en un mundo de mayores en el que aprenden cosas a base de pura experiencia (como empuñar una pistola, hacer frente al matón psicópata de turno, o decidir sobre lo que traerá consigo su futuro académico). Son, justo, esos momentos lo que hacen de que la peli te guste y parezca diferente a las demás, porque es lo que le da un toque de madurez diferenciador –y que, dicho sea de paso, es muy característico de las novelas de Stephen King, incluso de las que dan canguelo-.

    El resto de “Cuenta conmigo” es una peli de momentos, donde no pasa nada necesariamente trascendente, pero que te hace disfrutar de la película (la aparición de un ciervo salido del bosque, la imagen de los chavales caminando por un campo lleno de flores o por el puente que pasa por encima de un río). Lo único así un poco mejorable que le veo yo a la peli son un par de cosas, aunque no muy importantes. La primera es que el final es un poco deprimente, porque te hubiera gustado imaginar un futuro diferente para los chavales. La segunda es que, cuando termina y te paras a penar en ella, aunque tienes ese gusanillo de que te ha gustado, también te quedas como pensando “vale, ¿y qué?”. Pero vamos, que pecata minuta.

    “Cuenta conmigo” es, de las pelis ochentenas de chavales, una de las que a mí me gustaron más –que no quiere decir que la peli sea una pasada, no os confundáis- y, sobretodo, que más gracia me hace al ver cómo han cambiado los chavalines que salían en ella. Para los curiosos, deciros sólo que el protagonista (el que tiene al hermano muerto y a sus padres que pasan de él) es Wil Wheaton, el enemigo acérrimo de Sheldon Cooper en esa bruuuuutal serie que es “Big Bang” –los que nunca hayáis visto un capítulo, por favor, no os la perdáis, que es cojonuda y te partes el culo de la risa-; el que hace de tío duro murió de verdad –de sobredosis- y era hermano de Joaquin Phoenix, el malo de “Gladiador (el gladiador) – Gladiador, 1999”; el gafas, es el que salió después en “Los Goonies – The Goonies, 1985” y en “Papá Cadillac – License to drive, 1988”, y del que no tengo ni idea de qué ha sido; y el gordito es el que hacía de jugador de rugby en “Jerry Maguire – Jerry Maguire, 1996” y que está casado con el pivón que hace de bicho azul en las pelis de los “X-Men”. Ahí queda la cosa. Como decía la canción de Presuntos Implicados, “aaahhhh, cómo hemos cambiaaaaaadooooooo”...

    lunes, 2 de julio de 2012

    CINE CLÁSICO: "EL MUNDO ESTÁ LOCO, LOCO, LOCO"

    TÍTULO: EL MUNDO ESTÁ LOCO, LOCO, LOCO

    DIRECTOR: STANLEY KRAMER

    REPARTO: SPENCER TRACY, MICKEY ROONEY, MILTON BERLE, SID CAESAR, BUDDY HACKETT, ETHEL MERMAN, DICK SHAWN, PHIL SILVERS, TERRY-THOMAS, JONATHAN WINTERS, DOROTHY PROVINE

    DURACIÓN: 174 min.

    AÑO: 1963

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Si la semana pasada, con motivo de la crítica de “The haunting: la mansión encantada – The haunting, 1963” hacíamos mención a la versatilidad de su director, Robert Wise, y de los diferentes géneros cinematográficos que componen su filmografía, con otro de los grandes, Stanley Kramer, sucede algo similar. Si bien esta variedad de géneros es algo más limitada en el caso de Kramer, de lo que no cabe duda es de que fue capaz de realizar los dramas más sólidos (“Fugitivos – The defiant ones, 1958”, “Vencedores o vencidos (El juicio de Nuremberg) – Judgement at Nuremberg, 1961”), comedias más desternillantes o, incluso, una curiosa y acertada combinación de ambas (“Adivina quién viene esta noche – Guess who’s comming to dinner, 1967”). Y, por descontado, todos con excelentes resultados tanto críticos como comerciales. El largometraje que hoy nos ocupa, “El mundo está loco, loco, loco” es una alocada comedia –valga la redundancia-, cuyo inmenso reparto supo sacarle el jugo a una historia repleta de momentos memorables, de situaciones divertidas y de un ritmo trepidante que la convierten en una de los mejores y más entretenidos films de su realizador.

    En una carretera del sur de California, se produce un accidente automovilístico. El hombre accidentado, asistido por una multitud de otros conductores, antes de morir les confiesa la existencia de un maletín repleto de dinero que está escondido, revelándoles una serie de pistas acerca de su ubicación. A partir de este momento, estos conductores emprenderán una desesperada carrera con el fin de ser los primeros en llegar al lugar en el que se encuentra el botín, y hacerse con él. Para ello, cada uno deberá hacer frente a una serie de imprevistos que les complicará la llegada al lugar donde está el dinero.

    “El mundo está loco, loco, loco” es una película divertida de principio a fin. Partiendo de una trama de lo más simple (a pesar de su extenso reparto, la línea argumental no puede ser más sencilla), el largometraje se las compone para lograr una armonía absoluta a la hora de narrar las peripecias particulares –al inicio- y conjuntas –en el tercio final- del grupo de desconocidos que emprenden una carrera contrarreloj con el fin de hacerse con el famoso maletín. Por fortuna, Kramer mantiene constante el carácter amable del film durante todo su metraje, de forma que el espectador, más que a una clara alegoría de la avaricia, asiste a una entretenidísima competición entre patosos y tramposos que están dispuestos a protagonizar los momentos más descacharrantes con tal de ser los primeros. Para ello, Kramer recurre a los más variados recursos: construye el film como una serie de episodios en los que cada grupo dispone de su momento para divertir al público (atención, en especial, a las sucias estratagemas de uno de los conductores, que abandona a otro a su suerte con una bici, una vez que se entera de la existencia del botín enterrado; o de la secuencia en que otro de ellos, arrasa literalmente con una gasolinera con tal de dar un escarmiento a dos de sus trabajadores); varía constantemente de escenario para conseguir que la acción sea más dinámica (del desierto californiano a la gran ciudad, y del viaje por carretera al viaje por aire, todo ello retratado con la magnífica fotografía de Ernest Laszlo- y acompañado por la sensacional partitura musical del oscarizado Ernest Gold); aumenta de forma progresiva el número de personajes involucrados en la trama (de los que asisten al moribundo tras el accidente hasta los que acuden finalmente desentierran el dinero, el número ha crecido sustancialmente); y, finalmente, dota a la puesta en escena de un ritmo in crescendo que alcanza su punto álgido durante los últimos veinte minutos de metraje.

    Por su parte, Kramer también consigue excelentes resultados en lo que a las interpretaciones e refiere. Si el magnífico libreto no se hubiera visto acompañado por unas actuaciones que estuvieran a la altura, “El mundo está loco, loco, loco”, con toda probabilidad, no sería la película que es hoy en día. Es complicado destacar una sola de ellas, ya que éste es uno de esos casos en que cada una funciona y forma parte de un todo aunque, puestos a resaltar alguna, más que la de Spencer Tracy (el actor más conocido del reparto), cabría hacer mención de la de Ethel Merman en el papel de chirriante madre y suegra de una pareja protagonista, que con su constante mal genio consigue arrancar la mayor parte de las risas de la platea.

    Así pues, concluir afirmando que “El mundo está loco, loco, loco” es una comedia inteligente, hecha con sumo gusto y terriblemente divertida. Un exponente de lo que la buena comedia debería ofrecer siempre al público, sin tener que recurrir a los tópicos más burdos de un género que, de cuando en cuando, regala joyas como ésta.

  • MR. HYDE DICE:
  • ¡Menuda locura de película! El mundo no sé si estará loco, pero ya os digo que la peña que sale en la peli está para que los encierren. Por suerte, entre tanta tontería, consiguen que te partas la caja de la risa con las chuflas que se les ocurren para conseguir el maletín con la pasta. La historia de “El mundo está loco, loco, loco” me parece de lo más original, y la forma en que hacen que sea divertido lo que le pasa a cada uno de os que van tras la pela es para quitarse el sombrero. Si no me equivoco, creo que hay unos seis grupos diferentes de gente que hace lo más rocambolesco para llevarse el dinero, y cada uno tiene su pequeño momento de gloria, ya sea de tonterías o de cosas chungas que le pasan, para poder ganar al resto. Pero, por suerte, “El mundo está loco, loco, loco” no es una película de paridas. O sea, que no quieren ser graciosos a base de sacar a cuatro atontados que se crean la leche de divertidos, sino que lo que hace tanta gracia de la peli es que todas las movidas que les pasan a cada uno de esos grupos son la monda lironda. Lo que ya me cuesta más es adivinar qué se le tuvo que pasar por la cabeza al que escribió esta película, porque juntar a tantos personajes y que la historia sea así de divertida tiene que haber sido chungo.

    Otra cosa buena que tiene “El mundo está loco, loco, loco” es que tiene para todos. Me explico. Al haber tanta variedad de gente saliendo por ahí, siempre hay un “capítulo” como si dijéramos que te hace gracia y, además, hay para todos los gustos, porque reparten estopa sobre prácticamente todo: la suegra coñera y el yerno que está hasta las pelotas de ella, el timador que hace todas las fullas posibles, el brutote que tira de fuerza para tirar p’alante, el hombre de negocios que vendería a su madre con tal de ganar la pasta, el matrimonio que no ve otra cosa que no sea el dinero, el típico dúo a lo Canito y Canuto… Vamos, lo dicho, que para todos los gustos.

    Además, otra cosa más a favor de “El mundo está loco, loco, loco” es que, aunque el fondo de la historia tiene su chicha, es simpática a rabiar. Si os paráis a pensar un poco, al fin y al cabo, lo que te están contando es cómo un grupo de avariciosos hasta la médula (que hasta se cagan en enterrar como es debido al que les cuenta lo de la maleta escondida) están dispuestos a pasar por encima de quien haga falta y pasarse por la entrepierna cualquier ley si eso les permite encontrar la pasta antes que el resto. Que tiene tela el asunto. Pero, para qué nos vamos a amargar si, contando lo mismo, se puede hacer de una forma tan cachonda y cojonuda.

    Sobre los momentos más importantes, no sabría muy bien cuál destacar. A mí me hace gracia desde el cameo de Jerry Lewis (que sale conduciendo un coche que pisa a posta el sombrero del policía que se vuela de su cabeza y cae en la carretera), hasta el final ese apoteósico en el que salen todos despedidos por los aires de ese edificio medio en ruinas. Ah, y, por supuesto, el talegazo final que se mete la vieja toca pelotas. Os juro que la película merece la pena ya sólo por ese momento. ¡Juas!

    En definitiva, “El mundo está loco, loco, loco” es un cachondeo de película descomunal, divertida desde que empieza hasta que acabara. Puede que un poco demasiado larga porque, como quien no quiere la cosa, dura más de dos horas y media (que sí, que muy divertida, pero una comedia de más de dos horas ya puede ser la pera limonera para que no te empiece a picar el culo en el asiento). De todas formas, aún así, os la recomiendo si queréis pasar un rato divertido a base de bien.

    domingo, 1 de julio de 2012

    CINE EN CARTEL: "ACTO DE VALOR"

    TÍTULO: ACTO DE VALOR

    DIRECTORES: MIKE MCCOY, SCOTT WAUGH

    REPARTO: NÉSTOR SERRANO, JEFFREY BARNACHEA, ALEX VEADOF, JASON COTLE, ROSELYN SÁNCHEZ, KENNY CALDERÓN, DIMITER MARINOV, EMILIO RIVIERA

    DURACIÓN: 110 min.

    AÑO: 2011

    GÉNERO: ACCIÓN

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Los directores Mike McCoy y Scott Waugh, siguiendo aquel principio de "yo me lo guiso, yo me lo como", se las han ingeniado por aplicar toda su experiencia adquirida como coordinadores de stunts y directores de segunda unidad de algunas de las películas de acción más exitosas de los últimos años a una curiosa producción, centrada en las hazañas de un reducido grupo de élite de los SEAL norteamericanos. Contando con un ajustado presupuesto para lo que son los cánones habituales del género, y con un reparto formado íntegramente por auténticos soldados del ejército estadounidense, "Acto de valor" se ha estrenado con gran éxito (al menos, en su mercado nacional), ofreciendo un curioso cocktail de cine de acción espectacular y adaptación de la estética más propia de los videojuegos tipo shooter que están arrasando en el mercado en este momento.

    Tras perpetrar un devastador atentado contra un diplomático americano en Filipinas, y tras ordenar el secuestro de la agente infiltrada Morales (Sánchez) en una organización terrorista controlada por el poderoso Christo (Veadov), un grupo de SEALS recibe la orden de liberar a su compañera, descubrir qué es lo que planeaba Christo, y qué nuevo atentado está a punto de perpetrar de nuevo Abu Shabal (Cottle), un radical extremista de la jihad, dispuesto a lo que sea con tal de sembrar el terror en los Estados Unidos.

    A partir de una trepidante puesta en escena, en la línea de las mejores aventuras del agente James Bond (la acción salta de un continente a otro con claridad meridiana y estilo cuidado), "Acto de valor" se ha sido más reconocida por la sencillez presupuestaria con la que ha sido realizada (créanme si les digo que cada dólar invertido en el largometraje luce diez veces más de lo que aparenta), que no por el divertido pasatiempo que representa. No negaré mis prejuicios iniciales antes de entrar a ver la película, pues la consideraba no sólo una caricatura grotesca y descarada destinada a engrandecer un tipo de ejército que me es completamente ajeno, que no un film por el que merecía la pena pasar por taquilla. Por fortuna, "Acto de valor", a pesar de sus más que evidentes limitaciones, resulta ser una de las películas más distraídas que recuerdo haber visto en mucho tiempo. No estamos afirmando que se trate de una buena película, en absoluto. Aunque sí que es admirable que sus máximos responsables no se hayan limitado a orquestar costosísimas secuencias de tiroteos y explosiones destinadas a ocultar la falta de garra de la historia, a pesar de alguna que otra secuencia excelente, como la conversación que mantiene el terrorista Christo con uno de los superiores militares norteamericanos, después de que el yate del primero haya sido tomado por los soldados americanos. En "Acto de valor" parece que no haya movimiento de cámara, recurso narrativo y virguería en el montaje que los directores debutantes no se hayan preocupado por utilizar (ver la cámara subjetiva en las incursiones entre el enemigo, la ralentización de las imágenes -similar a como ocurría en la sobrevalorada "En tierra hostil - The hurt locker, 2009"- para hacer más impresionantes las set piéces de acción, o la utilización de la visión nocturna para retratar alguna secuencia).

    Por otra parte, resulta irónico el tremendo varapalo crítico que se le ha dado a un film inofensivo como éste que, al fin y al cabo, como deja bien claro, sólo pretende entretener. Se le ha acusado de patriotismo exacerbado (que lo es), y de no ser otra cosa más que un descarado panfleto en pro del alistamiento de los jóvenes que pasan horas y horas pegados a sus videoconsolas, con el fin de vivir en sus propias carnes las aventuras con las que fantasean de forma virtual. Siendo sinceros, "Acto de valor", aunque sí cae en la trampa de estereotipar hasta el extremo a sus personajes, no contiene más patriotismo que las mucho más inferiores "Top Gun: ídolos del aire - To Gun, 1986" o "Independence day - Independence day, 1996", por poner dos casos. Así pues, da la sensación de que muchos se han olvidado de que, tras el estreno del célebre film en el que Tom Cruise emulaba a un temerario piloto de las fuerzas aéreas norteamericanas, se dispararon las solicitudes de alistamiento en la Marina norteamericana por parte de los jóvenes estadounidenses. Evidentemente, los tiempos han cambiado, y donde antes se veía una distracción aleccionadora sobre las virtudes de la formación militar, ahora se condena la apología de la violencia por parte de las tropas americanas.

    En definitiva, ni lo uno ni lo otro. "Acto de valor", puede ser considerada como obra cinematográfica o como producto de entretenimiento. Si se opta por juzgarla de acuerdo con el primer criterio, la experiencia se reduce a una nadería absurda en la que se empalman brillantes secuencias de acción cuyo contenido y razón de ser se desmorona por completo. Ahora bien, si se prefiere considerarla según la segunda posibilidad, a pesar de sus limitaciones como largometraje, no me queda más remedio que admitir que consigue distraer con una efectividad que ya quisieran para sí muchos de los directores actuales más habituales del género como Michael Bay, Tony Scott o Rob Cohen. De esta forma, "Acto de valor" es una película dirigida por completo al público más juvenil y adolescente, capaz de impresionarse con la acción concentrada en el film ya que, los espectadores más maduros, podrán sentirse desbordados por este -estupendo- festival pirotécnico.

  • MR. HYDE DICE:
  • Después de ver "Acto de valor" me han quedado claras unas cuantas cosas. La primera, que hay que ver lo bien que duermo sabiendo que las fuerzas armadas norteamericanas están velando todo el día y a todas horas por la seguridad del mundo. ¡Dios bendiga América! La segunda, que nunca se deja atrás a un caído, ni se da por imposible una misión (¡aprende, Tom Cruise!). La tercera, que es un honor descomunal morir por tu país, dejar huérfano de padre a un crío que no te conocerá en la vida, pero que se podrá consolar con la bandera de los Estados Unidos que tu madre tendrá siempre perfectamente doblada en un canapé, junto a un montón de fotos de tu viejo vestido de teniente Arensivia. Y, la cuarta, que nunca pensé que una película que tenía una pinta descomunal de ser una americanada de las más horteras del mundo (que lo es, no os engañéis) pudiera divertirme tanto. Sí, sí, habéis leído bien. "Acto de valor" tiene más patriotismo que ver al Obama cantando el himno nacional en la Casa Blanca con la bandera americana ondeando al fondo, mientras todos los aú-aú le hacen el saludo militar. Pero, por contra, es una de las pelis más entretenidas que he visto últimamente en el cine. Y vaya por delante que esto lo estoy diciendo sin recochineo.

    Por supuesto, hay que tener claro que "Acto de valor", más allá de las fronteras de los USA, habrá poca gente a la que le interese. Al menos, por estos lares, la peli tiene un objetivo claro: los miles de chavales que se pasan horas jugando a videojuegos del palo "Call of duty". ¿Que por qué? Muy simple. "Acto de valor" es lo más parecido que he visto en mi vida a un videojuego hecho película. Nada de las mariconadas de "Tomb Raider" o chorradas tan descomunales como "Streetfighter" o "Mortal Kombat". "Acto de valor" les da una lección brutal a todas, porque han conseguido hacer una película que es un videojuego total -cada una de las misiones que tienen que completar los soldados está casi calcada de las que aparecen en un "Call of duty" o en un "Medal of honor" cualquiera-, pero bien hecha, distraída a más no poder, y que consigue atraparte desde el minuto uno. Y cuando digo atraparte lo digo en serio, que ni pestañeas por lo trepidante que es todo.

    Claro que, por el contrario, tampoco le pidas peras al olmo. "Acto de valor" sabe que es una distracción cojonuda, muy bien hecha, muy realista y todo lo que tú quieras, pero como te pongas a pensar un poco en lo que es como película, te puede dar un patatús: los actores, serán todo lo buenos soldados que quieras, pero tienen la expresividad de una patata cocida (¿recordáis ese pedazo vídeo de "éste es Chuck Norris sonriendo, y éste es Chuck Norris enfadado" en el que el pollo tenía siempre la misma cara? Pues aquí pasa exactamente lo mismo). Así que lo mejor es quedarse con los momentos que hacen que "Acto de valor" sea algo por lo que merece la pena pagar el precio de una entrada: el atentado del principio de la película a uno de los diplomáticos americanos en Filipinas, el impresionante rescate de la agente Morales de la cabaña esa en la selva en la que la tortura para que cante lo que sabe (son veinte minutos de adrenalina pura), el asalto al poblado mejicano en que están fabricando las bombas de los terroristas, la toma de control del yate del malo ricachón y, por supuesto, todo el final, en pleno corazón corrupto de Méjico. Son los "capítulos" en los que os decía que se podría haber dividido el videojuego, y que no te dejan ni respirar.

    Pero, por suerte, "Acto de valor" no se limita a enseñarte esas escenas de acción hechas de maravilla, sino que procura tener más de un detalle para que te des cuenta de que estás viendo una peli diferente a las otras tropecientas de acción parecidas. La forma en que está preparada toda la acción (y donde no importa cómo de rápido se mueve la cámara, sino si es emocionante lo que te están contando o no -toma nota, Paul Greengrass-), cómo no se andan con suavidades a la hora de enseñar lo que pasa cuando un francotirador le vuela la cabeza a un terrorista, o cómo de grandes tienen que tener los tíos estos los cataplines para cumplir su misión pase lo que pase (fijaos cómo consigue uno de los nasíos pa matá que una granada no los reviente a todos).

    En fin, que sé que "Acto de valor" puede no parecer la mejor opción para ir al cine este finde, pero os prometo que, si le dais una oportunidad, y la veis con ganas de pasároslo bien, es una película que fijo que encontráis entretenidíííííísima, y que os distrae a lo bestia durante casi dos horas. Y si, además, sois unos frikis de los videojuegos, pues ya ni os digo.

    sábado, 30 de junio de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "ARACNOFOBIA"

    TÍTULO: ARACNOFOBIA

    DIRECTOR: FRANK MARSHALL

    REPARTO: JEFF DANIELS, JULIAN SANDS, JOHN GOODMAN, HARLEY JEAN KOZAK, STUART PANKIN, BRIAN MACNAMARA, MARK L. TAYLOR

    DURACIÓN: 100 min.

    AÑO: 1990

    GÉNERO: SUSPENSE

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • "Aracnofobia" supuso el debut en la dirección de largometrajes del, hasta el momento, conocido socio de Steven Spielberg, y co-productor de la inmensa mayoría de sus films. Para ello, Marshall se centró en una historia que, perfectamente, podría incluirse en el grupo de películas catastróficas de finales de los años setenta, pues sus similitudes con uno de sus últimos exponentes, "El enjambre - The swarm, 1978" es más que evidente. Sin embargo, y por fortuna para el director y los espectadores, los resultados de "Aracnofobia" son mucho mejores que los del fracaso realizado por Irwin Allen (cosa que podría ponerse en duda, teniendo en cuenta que Marshall es capaz de dar tanto lo mejor de sí mismo -"¡Viven! - Alive, 1993"- como de lo peor -"Congo - Congo, 1995"), por lo que "Aracnofobia" supone un soplo de aire fresco en el cine de suspense constuído a base de situaciones eventuales y perfectamente reales.

    El doctor James Atherton (Sands), especialista en biología, realiza un viaje de investigación a la selva amazónica, en el que uno de sus colaboradores fallece a causa de la picadura de una terrible especie de araña. De regreso a los Estados Unidos, y son que nadie se dé cuenta, un ejemplar de esta araña ha viajado junto al cadáver del colaborador de Atherton, quedando así en libertad. Los problemas aparecen cuando el insecto se establece en la propiedad de la familia de Ross Jennings (Daniels), un médico que le tiene fobia a las arañas. Conforme vaya proliferando la colonia de arañas de esta rara especie, los habitantes de la región empezarán a sufrir las consecuencias de los ataques de las arañas, por lo que Ross necesitará la ayuda especializada de un extravagante exterminador de plagas llamado Delbert Mclintock (Goodman), y del mismo doctor Atherton.

    Es innegable el papel del famoso cineasta como productor ejecutivo de "Aracnofobia", devolviéndole el favor. Y lo de que es patente la huella de Spielberg viene al caso porque su "toque" se hace presente en la inmensa mayoría del metraje, a tenor de los elementos principales que componen el film: un factor catastrófico desencadenante de toda la acción, una clásica familia americana, la vida en el idílico pueblo tranquilo de la costa oeste, y la férrea voluntad de la familia protagonista de permanecer unidos para hacer frente a la adversidad. Ahora bien, todos estos elementos, cien por cien cinematográficos, que podrían haber sido utilizados de nuevo para realizar la enésima versión de una película catastrofista, están combinados con sumo acierto por Marshall. Ahora bien, que esto no se interprete como una señal de que el film no contiene cierto número de escenas impactantes ya que, de hecho, el plano de una araña surgiendo del cadáver recién descubierto de unos protagonistas principales consigue poner los pelos de punta.

    En efecto, tras una primera mitad algo floja, Marshall demuestra su buen hacer y dominio de la acción desde el momento en que centra la atención en el arácnido protagonista. Pero aún más interesante resulta el medio a través del que lo consigue. Desde el instante en que se desata la alarma general en el pueblo (casi coincide con la secuencia en que un anciano sufre la picadura de la araña), es gracias al temor que expresan los protagonistas -Delbert el exterminador deja de lado sus gracias, Ross hace de tripas corazón para poder hacer frente a la invasión arácnida de su propiedad, y su mujer expresa todo el pánico posible ante la criticidad de la situación- que el espectador comienza a tener realmente la sensación de que la araña tropical es de lo más peligrosa. Y, por supuesto, todo ello alcanza el clímax en la secuencia del granero en llamas que tanto gusta a mi amigo Hyde, y donde el público a penas puede contener sus nervios en la secuencia en que Ross y la araña se encuentran cara a cara, tratando de demostrar cada uno cuál de los dos es más inteligente para vencer a su rival, en un final literalmente explosivo.

    En lo que se refiere a los aspectos más técnicos del film, "Aracnofobia", ésta no puede ser más correcta: el montaje -gracias al que el final trepidante consigue atrapar así al espectador- es obra de Michael Kahn, montador de la práctica totalidad de los films de Spielberg; la fotografía corre a cargo del genial operador sueco Mikael Solomon, director de fotografía de films como "Always, para siempre - Always, 1989", "Llamaradas - Backdraft, 1990" o "Uno horizonte muy lejano - Far and away, 1992"; y la banda sonora está compuesta por el incombustible Trevor Jones (co-responsable de la mítica música de "El último mohicano - The last of the Mohicans, 1992"). Así pues, con estas credenciales, aunque posible, era complicado que "Aracnofobia" no se convirtiera en todo un espectáculo.

    En resumen, aunque, al fin y al cabo, se trate de una película menor, hay que reconocerle las virtudes a una pequeña producción como ésta que, a pesar de la aprensión que pueda suscitar al comienzo a causa de sus protagonistas de ocho patas, consigue interesar y distraer de formas harto eficientes.

  • MR. HYDE DICE:
  • Sí que está chula "Aracnofobia". Lo que pasa es que es una peli bastante jodida de clasificar. Por una parte, parece que vaya a ser una peli de terror con bichos mutantes y cosas por el estilo, que no lo es. Luego, ves el tráiler y poco menos que parece que es una comedia sobre las vacaciones de unos yanquis en el campo, que tampoco lo es. Y, lo que queda, es leer y creerte lo que te contamos el amiguete Jekyll y yo, que sí lo es un pelín más y, entonces, decidir por ti mismo. Lo que sí os puedo decir sin duda, es que "Aracnofobia" empieza siendo una peli de lo más interesante, que se vuelve un poco tontita durante un rato cuando la historia se centra en la familia que se muda a la nueva casa en el campo, y que, después de las presentaciones oficiales, empieza a coger velocidad hasta que el final ya es la pera limonera, porque estás agarrado al sillón sin casi pestañear. Es un poco como una especie de mezcla de película familiar con otras de ese tipo de pelis catastróficas, en la línea de "Gremlins - Gremlins, 1984" pero sustituyendo a los bichos verdes por unas arañas cabronas con muy mala leche. Por supuesto, a quien le den asco este tipo de bicharracos incluso cuando salen en una peli, ya se la puede ir ahorrando porque, aunque, no sea nada exagerado en plan de arañas gigantes, sí que salen bicharracos de ocho patas hasta cansarte (y eso por no hablar de la "mamá" de toda la familia, que es enorme la jodía).

    Pero bueno, dejando de lado el hecho de que salen arañas en la peli -qué truño de película sería ésta si, con ese título, no saliera ni una sola araña-, "Aracnofobia" tiene un ritmo cojonudo. Todo ese principio en la selva, que tampoco dura demasiado, ya te hace intuir que algo malo va a pasar (sobretodo cuando una arañita chiquitaja se carga a un tío más grande que un armario en cuestión de segundos). Y, por supuesto, cuando el bicho ya ha empezado a corretear como si nada por el pueblo, es cuando empieza el show de verdad. Dejando de lado las pintillas del gordo de los Picapiedra cuando se viste de exterminador de insectos, "Aracnofobia" es brutal cuando se centra en dos cosas, principalmente, que ahora os cuento.

    La primera es que, mira tú por dónde, el protagonista les tiene un miedo a las arañas que casi se muere -así que os podéis hacer una idea del calvario que acabará pasando el buen hombre- así que, cuando no tiene más remedio que ayudar al doctor especialista en ese tipo de araña a cazarla, el tío lo hace tan bien que casi puedes respirar el miedo que demuestra (no os perdáis la cara que pone cuando entra en ese granero roñoso que hay junto a su casa y lo ve de telarañas hasta el techo).

    La segunda es que, desde que en la peli ya se sabe que todas las muertes que están pasando las provoca la araña esa amazónica, es como si la cosa fuera en aumento a la velocidad del rayo: empiezan a palmarla los vecinos del pueblo, y hasta el doctor ese se las tiene que ver con la "araña madre", lo que lleva hasta todo ese final que tiene lugar en el granero, entre el fuego y la desesperación de ver que el "bueno" no lo va a conseguir. Sí, ya sé que explicado así tampoco queda muy claro, pero es que la emoción de toda esa parte final hace que se te olviden las paridas que te han hecho perder el momento hasta que el director, el guionista o quien sea, ha decidido que ya es hora de pisar el acelerador y acojonar un poco a la peña.

    Por lo demás, "Aracnofobia" no es ni una gran película, ni una de esas que te mueres por volver a ver (sobretodo el sector femenino, mucho menos dispuesto a ver pelis en las que lo principal es un pedazo araña de aquí a mañana), pero sí que tiene una cosa muy importante a su favor: es distraída a lo bestia, así que hasta que llega el final, poco a poco va siendo más interesante y, por supuesto, te hace estar al tanto de los follones que van pasando cuando la araña empieza a hacer de las suyas. Yo, personalmente, os la recomiendo, aunque sólo sea para ver una película que podría ser perfectamente realista, y ponértelos de corbata si llegara a pasar de verdad.