viernes, 24 de agosto de 2012

ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "EL EXÓTICO HOTEL MARIGOLD"

TÍTULO: EL EXÓTICO HOTEL MARIGOLD

DIRECTOR: JOHN MADDEN

REPARTO: JUDI DENCH, TOM WILKINSON, BILL NIGHY, MAGGIE SMITH, DEV PATL, CELIA IMRIE, RONALD PICKUP, PENELOPE WILTON, TENA DESAE

DURACIÓN: 118 min.

AÑO: 2012

GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • La carrera cinematográfica del director británico John Madden es de lo más desconcertante. Primero, tras una serie de pequeños largometrajes, consigue llamar la atención con dos "comedias de época" ("Su Majestad Mrs. Brown - Mrs. Brown, 1997", "Shakespeare enamorado - Shakespeare in love, 1998") que, además, adquieren gran importancia en las ceremonias de los Oscar de finales de los noventa. Sin embargo, en vez de seguir ese mismo camino, o una línea similar en la temática de sus siguientes films, Madden decide apostar por una gran aunque fallida superproducción ("La mandolina del capitán Corelli - Captain Corelli's mandolin, 2001"), por una pequeña producción de corte más intimista también fallida ("Proof (la verdad oculta) - Proof, 2005"), y por la adaptación de una novela negra del escritor Elmore Leonard ("Killshot - Killshot, 2008") que, pese a su innegable aire de thriller y unas interpretaciones más que decentes, no consigue estar a la altura de las expectativas. Sin embargo, tras haber estrenado el año pasado la muy interesante "La deuda - The debt, 2011", Madden sorprende de nuevo con una historia sencilla, repleta de buenos sentimientos, con un lujo de reparto, y cuya acción transcurre, nada más y nada menos, que en La India. Bienvenidos, a "El exótico Hotel Marigold".

    Un grupo variopinto de ancianos ingleses, formado por el juez del Tribunal Supremo Graham Dashwood (Wilkinson), la recientemente viuda Evelyn Greenslade (Dench), el arruinado matrimonio formado por Douglas y Jean (Nighy y Wilton, respectivamente), los pícaros Madge (Imrie) y Norman (Pickup) y la cascarrabias y xenófoba Muriel Donnelly (Smith), viaja a Bangalore, en La India, por diferentes motivos. Allí, son recibidos con gran entusiasmo por Sonny Kapoor (Patel), el joven dueño de un ruinoso hotel llamado Marigold, que pretende reflotar el negocio que ha heredado de su idealista padre, a la vez que pretende que su posesiva madre acepte la relación que éste mantiene con una muchacha local llamada Sunaina (Desae).

    "El exótico Hotel Marigold" es una película sorprendente. Partiendo de un comienzo en el que, en a penas tres minutos por personaje se presenta a casi todo el vasto reparto del film, Madden no tarda en trasladar la acción a La India. Lo que podría parecer una decisión arriesgada, al no permitir al espectador empatizar con cada uno de los personajes, es una de las decisiones más acertadas del largometraje. De este modo, el público tiene ocasión de asistir a un original viaje del inmserso británico, y de la forma que cada uno de ellos tiene no sólo de afrontar la vejez, sino de ver la vida al final del camino, de considerar nuevas oportunidades, o de hacer frente a sus demonios personajes.

    Sin embargo, "El exótico Hotel Marigold" no se limita a ser un retrato crepuscular de la vida de sus personajes. Al contrario, parece que la intención del guionista Ol Parker sea la de demostrar que nunca es tarde para cambiar de vida, para lo que crea diferentes set pièces que protagoniza cada uno de los ancianos, y en los que hay cabida para la comedia más descacharrante (los intentos de ligoteo de Norman y Madge -impagable la secuencia en que éste trata de camelarse a una mujer en un elegante restaurante, o aquella otra en la que Madge finge ser una miembro de la realeza británica para no tener que pagar el acceso a un exclusivo club-), para los momentos más dramáticos (los verdaderos motivos por los que Graham ha emprendido el viaje), conmovedores (la integración en la cultura hindú de Evelyn, o la liberación de prejuicios por parte de Muriel tras conocer a la familia de una de las empleadas del hotel), y románticos (las peripecias por las que tiene que pasar Sonny con tal de que Sunaina sea admitida por su madre).

    Ahora bien, si en "El exótico Hotel Marigold" hay cabida para todas estas temáticas, no es casualidad. Cierto es que el largometraje es una fell good movie en toda regla aunque, no por ello, deja de ser un tanto tramposo. En efecto, la acción se desarrolla casi en un cien por cien en La India aunque, con tal de que el espectador quede encantado con la historia de los ancianos que deciden darle una segunda oportunidad a la vida, Madden ofrece una visión irreal del país asiático. Prueba de ello es que, las únicas particularidades de la cultura y sociedad hindú son retratadas de pasada a la llegada de los personajes a Bangalore (divertidísima la secuencia en el autobús), y sin entrar para nada en aspectos como la miseria, la pobreza o la explotación humana. De hecho, no hay más que echar un vistazo a instantes como aquel en el que Graham recorre el barrio en el que había pasado su juventud: los edificios que él recuerda han sido derruidos, dando lugar a una serie de chabolas y casas improvisadas en la que ni la imagen de unos niños callejeros jugando en la calle da la impresión de ser algo lamentable (por poner un ejemplo). En vez de transmitir una impresión de pobreza, Madden apuesta por una semi redención del personaje de Graham, que opta por recordar viejos tiempos mientras juega al cricket con los críos.

    Por supuesto, una buena dosis de realidad (más o menos en la línea de lo que mostraba "La ciudad de la alegría - City of joy, 1992", película también bonita aunque algo más realista), hubiera arruinado la armonía del resto del film, así como los increíbles paisajes fotografiados de forma preciosa y preciosista por Ben Davis (no se pierdan detalle de las vistas en las de la localidad en la que se celebra un funeral, en el tercio final). Al fin y al cabo, la intención de Madden y de su irrepetible reparto no es otra que la de hacer sentir bien al espectador, contar una hermosísima historia, y hacer que el público se lo pase lo mejor posible. Por suerte, sin duda es así como sucede, pues "El exótico Hotel Marigold" es una de las propuestas más simpáticas que se encuentran en alquiler esta semana y, probablemente, una de las más agradables que hemos tenido ocasión de ver en lo que va de año.

  • MR. HYDE DICE:
  • Me ha encantado "El exótico Hotel Marigold". La verdad es que cuando la vi salir en el cine no me llamó nada la atención. Suponía que sería la típica tontería de cuatro abuelos que se quieren hacer los graciosos en un viaje de esos en los que no pasa nada más que los cuatro dramones de costumbre. Pero mira tú por dónde, que resulta que va y "El exótico Hotel Marigold" no tiene nada que ver con eso. Desde el principio, cuando ya empiezas a ver de qué pie cojea cada uno de los viejos, la peli empieza a parecerte interesante. Y lo mismo podría decirse del momento en que llegan a La India. Desde luego, lo que ves, por mucho que te parezca divertido, no es como para animar a cualquiera a viajar hasta allí pero, dejando eso de lado, la simpatía del chavalín que dirige el hotel es tan grande, y tan destartalado el lugar (no os perdáis cuando el chico trata de convencer a una de las viejas de que no tener puerta en su habitación es la leche de moderno), que no puede hacer otra cosa más que caerte bien, y reírte con todo lo que va pasando.

    Sé que la comparación hay que cogerla un poco con pinzas, pero es como si "Slumdog millonaire - Slumdog millonaire, 2008" -película que nunca me canso de ver de cuando en cuando- la hubieran hecho en plan comedia. Donde aquella era un dramón medio romántico con final feliz, "El exótico Hotel Marigold" es un poco lo mismo, pero en todo de comedia súper simpática. Además, lo bueno que tiene el asunto es que, gracias a que hay un montón de historia de cada uno de los abuelos, tienes ocasión de divertirte con cada una de ellas que, también por suerte, son diferentes (si no, hubiera sido muy cansino). Yo, particularmente, no sabría con cuál de todas quedarme, porque cada una tiene su encanto especial: la de dos viejos salidorros que quieren pillar cacho como sea es cojonuda; la del juez que quiere saldar una antigua cuenta, pese a lo chunguete del tema, también es muy bonita; la de la señora que va a operarse y que les tiene tiña a los hindúes, empieza cayéndote mal pero, poco a poco, la cosa se soluciona; y las otras, también consiguen engancharte a su manera.

    Por supuesto, para cualquiera al que le guste disfrutar de unas buenas actuaciones, "El exótico Hotel Marigold" es una gozada. No sólo está la flor y nata de muchos de los actores ingleses veteranos más importantes del momento, sino que cada uno de ellos hace que te diviertas de una forma diferente (yo me sigo quedando con el viejo que se las da de mujeriego, y que no duda en bañarse delante de quien haga falta, sin vergüenza de que le vean la pirindola). Ah, y, por supuesto, también hay tiempo para las historias románticas entre gente más joven y que, aunque no es tan interesante como las de los abuelos, sí que hace que todo sea un poco más agradable aún si cabe.

    En fin, que os aconsejo que descubráis "El exótico Hotel Marigold", y os dejéis sorprender por lo chula que es, y por lo guay que es su historia. No tiene nada que ver con dramas de esos que pasan en La India, sino que es una comedia alegre a más no poder, con unas vistas impresionantes del país, y con la intención de que te lo pases bien para que, cuando acabe, tengas una sonrisa en la cara. A mí, por lo menos, es lo que me pasó, así que me parece, sin duda, el mejor estreno en videoclub de la semana (y, tal y como parece que va el resto del mes, posiblemente también lo sea de lo que queda de verano).

    jueves, 23 de agosto de 2012

    CINE ACTUAL: "SEÑALES"

    TÍTULO: SEÑALES

    DIRECTOR: M. NIGHT SHYAMALAN

    REPARTO: MEL GIBSON, JOAQUIN PHOENIX, ABIGAIL BRESLIN, RORY CULKIN, PATRICIA KALEMBER

    DURACIÓN: 106 min.

    AÑO: 2002

    GÉNERO: SUSPENSE

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Tras haber convencido a medio mundo de que un niño podría interactuar con los muertos -"El sexto sentido - The sixth sense, 1999"-, y de hacerle creer a Bruce Willis que es un súper héroe de acción moderno -"El protegido - Unbreakable, 2000", M. Night Syamalan tomó como base de su siguiente film como director y guionista una serie de extraños fenómenos que habían tenido lugar a lo largo y ancho del mundo durante el pasado siglo, y que habían dejado unas marcas asombrosamente grandes en vastas extensiones de terreno. Partiendo de este hecho, Shyamalan diseñó un largometraje que, tomando al actor Mel Gibson como eje principal de la historia, desarrolla una misteriosa trama entorno a este hecho insólito, al tiempo que también aprovecha para tratar temas como el poder de la fe o la importancia de la familia.

    Graham Hess (Gibson), tras la pérdida de su mujer, Colleen (Kalember) en un accidente de tráfico, perdió la fe, por lo que tuvo que dejar su trabajo como pastor. Desde entonces, se hace cargo de una pequeña granja a las afueras de Filadelfia, donde vive con su hermano, Merrill (Phoenix), y sus dos hijos, Bo y Morgan (Culkin y Breslin, respectivamente). Un día, de buena mañana, una serie de círculos y señales gigantescas aparecen en medio de su plantación de maiz, sin que encuentren una explicación lógica. Cuando este fenómeno comienza a reproducirse simultáneamente en diferentes partes del mundo, los Hess empiezan a pensar que, tal vez, haya algo mucho más peligroso detrás de ello.

    "Señales" es un film tremendamente irregular. Por una parte, Shyamalan introduce de lleno al espectador en una trama de suspense muy bien llevada, a través de una puesta en escena efectiva de principio a fin, y con un dominio de la acción espectacular. Ahora bien, que "Señales" esté bien hecha no quiere decir que sea buena película, ni mucho menos. De hecho, el punto flojo del largometraje es su guión, plagado de diálogos imposibles, situaciones previsibles y resoluciones ridículas. Así pues, lo que podría haberse convertido en un film extraordinario, muy en la línea de la intriga que hizo mundialmente famosa la primera colaboración del director con Bruce Willis, termina por diluirse en una acumulación de tópicos, a cada cuál más bochornoso.

    Por poner un ejemplo, en lo que se refiere a la acertada puesta en escena de Shyamalan (uno de los pocos directores actuales que presta una atención extraordinaria al diseño de sonido y montaje de efectos sonoros), ya desde el comienzo, con esa secuencia sin diálogo en los maizales de la granja de los Hess momentos antes de descubrir las señales en el campo, el público queda enganchado al misterio que se le plantea. Esta sensación se incrementa aún más en otras secuencias tan bien realizadas como aquella en la que Graham escucha una serie de extraños sonidos desde el salón de su casa a través del aparato de escucha para bebés, o como cuando utiliza el filo de un cuchillo a modo de espejo para observar qué se esconde tras una puerta -con el consecuente susto que se llevan los espectadores-. Sin embargo, como me ha apuntado siempre Hyde a propósito del suspense de "Señales", el momento cumbre del film es, sin duda, lo que acontece en el sótano de la granja de los Hess, y con lo que no me voy a extender demasiado en explicaciones, pues él ha prometido que ya lo mencionaría en su parte de crítica.

    La otra cara de la moneda de "Señales" la representa, como apuntábamos unos párrafos más arriba, el guión. El libreto que escribe el mismo director no se molesta en ocultar situaciones de lo más previsibles como la pérdida de la esposa de Graham (la secuencia resulta tan increíble como ridícula), la reacción agnóstica de aquellos a quienes los Hess previenen de lo que está sucediendo (las autoridades locales siempre son retratadas como los incompetentes de la función en el cine de Shyamalan), o el plano final con el que concluye el largometraje.

    Por fortuna, entre los despropósitos del guión, se encuentra un equipo técnico de primera división, con el compositor James Newton Howard a la cabeza -impresionante la partitura compuesta-, el director de fotografía Tak Fujimoto -colaborador habitual tanto de Shyamalan como del oscarizado director Jonathan Demme-, y, sobretodo, los responsables de sonido antes citados. Lástima que el esfuerzo colectivo de todos no consiga que "Señales" sea un film tan fácil de ver como de olvidar.

  • MR. HYDE DICE:
  • "Señales" es una mierda de película con un momento magistral, de esos que te dejan clavado a la silla, sin aliento. Merece la pena verla sólo por eso porque, el resto, es una mamarrachada de mil demonios. Se pasan casi dos horas con la intriga esa del "qué será", con cosas que ni tú ni los que salen en la peli entienden, haciendo que todo sea muuuuy misterioso, y jugando a despistarte de mala manera para, al final, soltarse un pedo cerebral de aquí a mañana, y usar la excusa más fácil imaginable para resolver el pollo que han ido montando. Pero bueno, como casi siempre, en "Señales" hay cosas buenas y malas, así que iremos por partes.

    Empezando por lo bueno -para variar un poco-, como os acabo de decir, "Señales" tiene diez de los mejores minutos de una película de terror / suspense (táchese lo que proceda). Por supuesto, me estoy refiriendo al trozo ese que pasa en el sótano de la granja. Desde el momento en que se va la luz de la casa de los protas y se tienen que meter en el sótano, todo lo que pasa con el hijo pequeño y esa falta de luz (no entiendo mucho de cosas técnicas, pero el sonido que tiene todo ese momento es brutal, y está hecho de forma que te pone los pelos de punta) es acojonante de principio a fin. De esos momentos en que ni parpadeas, ni casi respiras, bien porque intuyes que el susto padre está al caer, o porque no te quieres perder ni un solo segundo de lo que no se ve. Sí, sé que suena raro decirlo así, sobretodo porque es literal lo de que no se ve nada (la pantalla está en negro durante, por lo menos, un minuto) pero, en cambio, ya te digo yo que se oye hasta cada crujido de la madera de las paredes de ese sótano. Brutal, impresionante, de lo mejor que he visto en mucho tiempo.

    Lástima que parece que haya sido sólo en ese trozo donde los que han hecho "Señales" apuesten por eso de sugerir más que enseñar. Porque sí, desde que "Señales" empieza y aparecen esos agujeracos en medio del maizal (qué gracia los aliens de turno, destrozándole a un pobre hombre su cosecha), el tono de la peli es de súper misterio, en plan qué será eso de lo que se habla en todo el mundo, y tal. Es más, hay un momento en que el protagonista llega a su casa y se ve a su hermano y a los dos hijos sentados en un sofá, con un trozo de aluminio en la cabeza a modo de gorro para que, según ellos, los extraterrestres no les puedan leer el pensamiento. Ahí, justo ahí -si no me creéis, conseguid la peliculita y lo comprobáis vosotros mismos-, es el prota el que, haciéndose el machito, les dice que se dejen de chorradas y le ayuden a no sé qué historias en vez de seguir ahí quietos haciendo el capullo. Así que tú, que tienes la esperanza de que la historia de la peli sea más original de lo que parece que están sugiriendo, piensas: "OK, está claro, dicen lo de los aliens para que tú pienses que, al final, saldrán unos marcianos en plan de hola, muy buenas. Pero seguro que no es eso, que hay otra cosa mucho más interesante y, con un poco de suerte, que dé algo de canguelo, así me lo paso pipa". Vale, ahora la pregunta, ¿a que no sabéis qué es lo que pasa al final? ¡Los putos aliens! Sí, sé que deciros esto aquí es reventaros el final de "Señales", pero creedme que os estoy haciendo un favor. Porque cuando te das cuenta de que has estado enganchado a una cosa así para que, al final, se suelten la pollada de turno, es tan decepcionante, que más vale ahorrarse el cabreo.

    Por lo demás, pues qué os puedo decir, que mucho ruido y muy pocas nueces. Que Mel Gibson pone la misma cara tristona de siempre (vamos, la que pone cuando hace de hombre frustrado, de perdedor, o de todo a la vez -aquí es porque el tío es un pastor ha perdido a su mujer y perdido la fe... qué profundo-), y el resto de "Señales" se limita a poner la música esa acojonante en cuanto empieza a pasar algo así misterioso, cuando los que salen en la peli andan por su casa despacito y a oscuras (¿es que nunca aprenden a dar todas las luces para ver con claridad y no llevarse los sustos que luego se pegan?), y a querer tener ese final así en plan sorpresa que tenían las pelis anteriores del director. En fin, que si la queréis ver, que tengáis claro que el final es una patata monumental, y que te pasas todo el rato intrigado por una tontuna tan monumental que hace que el resto haya sido humo. Una pena, una decepción, y un cabreo de huevos.

    miércoles, 22 de agosto de 2012

    CINE DE LOS 90: "ROBIN HOOD, PRÍNCIPE DE LOS LADRONES"

    TÍTULO: ROBIN HOOD, PRÍNCIPE DE LOS LADRONES

    DIRECTOR: KEVIN REYNOLDS

    REPARTO: KEVIN COSTNER, MORGAN FREEMAN, ALAN RICKMAN, MARY ELIZABETH MASTRANTONIO, CHRISTIAN SLATER, NICK BRIMBLE, MICHAEL WINCOTT, GERALDINE MCEWAN

    DURACIÓN: 135 min.

    AÑO: 1991

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • A principio de los años noventa, Kevin Costner ya era toda una estrella en el panorama cinematográfico del momento. Tras haber participado en uno de los mejores films policíacos de la década anterior -nos referimos, por supuesto, a "Los intocables de Elliot Ness - The untouchables, 1987"-, y de haber logrado siete Oscar (incluyendo a la mejor película y director) con su debut tras la cámara con "Bailando con lobos - Dances with wolves, 1990", Costner no tardó demasiado en decidir qué proyecto protagonizar a continuación. Así pues, mientras se preparaba para el papel de fiscal Jim Harrison en el tenso drama de Oliver Stone "J.F.K. - J.F.K., 1991", antes prefirió encarnar a uno de los héroes más famosos del cine de aventuras, convirtiendo por segunda vez consecutiva una película protagonizada por él en uno de los éxitos indiscutibles del año.

    Robin de Loxley (Costner) regresa a su Inglaterra natal tras escapar del cautiverio que sufría en manos moras, como consecuencia de su participación en las cruzadas. En su huída, Robin libera a un preso árabe llamado Azeem (Freeman), que jura devolverle el favor de salvar su vida. Sin embargo, cuando Robin llega a las tierras de su padre, descubre cómo el sheriff de Nottingham (Rickman) se ha hecho con todas las propiedades de Loxley tras haberle acusado falsamente de herejía. Así pues, considerado un proscrito dentro de sus propias tierras, Robin se ve obligado a enfrentarse al sheriff y sus hombres, con la ayuda de una serie de hombres y mujeres que viven en un frondoso bosque, mientras procura recuperar lo que le ha sido arrebatado, y conquistar a Lady Marian (Mastrantonio), hermana de uno de sus mejores amigos, y dama prometida con el sheriff.

    Al igual que sucedería al año siguiente con los largometrajes acerca de Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, y como ha pasado recientemente a lo largo del presente año con el cuento de Blancanieves, a principios de los noventa, "Robin Hood, príncipe de los ladrones" no fue el primer film acerca de Robin Hood que se estrenó casi de forma simultánea (el otro fue el más televisivo "Robin Hood, el magnífico - Robin Hood, 1991"). No obstante, era más que evidente cuál de las dos propuestas apostaba no sólo por un presupuesto mucho más superior que la otra, sino también cuál tenía la intención de convertirse, aparte de en un gran éxito de público, en una de las mayores súper producciones del año. Los secretos de semejante resultado son varios.

    En primer lugar, la puesta en escena. No es que "Robin Hood, príncipe de los ladrones" sea un ejemplo de planificación y ejecución escénica. De hecho, la puesta en escena de Kevin Reynodls (responsable de las muy superiores "La venganza del conde de Montecristo - The count of Montecristo, 2002" o "Tristán e Isolda - Tristan & Isolde, 2006", por poner dos ejemplos) es bastante más simple de lo que cabría esperar. A excepción de las escenas de acción -tras las que, casi siempre, se suele esconder la figura del director de segunda unidad-, y de dos o tres secuencias destacables (la cámara siguiendo el punto de vista subjetivo de una flecha lanzada por Robin Hood, o el duelo final de espadas entre Robin y el sheriff), el peso del resto del largometraje recae sobre los hombros de los protagonistas y del grado de realismo aportado por un correcto diseño de producción (excelente en el caso de las entrañas de la ciudadela, y algo más flojo en cuanto a los decorados del bosque). Ahora bien, mientras que Costner también resulta ser mucho más un caso de presencia que no de actuación, son otros intérpretes como Freeman y Rickman los que convierten a sus personajes en vivos ejemplos de lo que es una performance convincente, simpática y elegante.

    Ahora bien, dejando de lado las pretensiones artísticas de la película, "Robin Hood, príncipe de los ladrones", como producto de fácil consumo, se deja ver y disfrutar con tremenda facilidad. Afortunadamente, los algo más de ciento veinte minutos que dura, no pesan en ningún momento, gracias al ritmo dinámico que se desprende de un libreto construido con vistas no a convertir el film en un ejemplo de buen saber hacer cinematográfico, sino en un espectáculo con el que el público se divierta y entretenga a partes iguales. Y, a este respecto, "Robin Hood, príncipe de los ladrones", da en el blanco a la perfección. La prueba más clara de ello es que, al terminar el largometraje, el espectador tan sólo es capaz de recordar lo bien que se lo ha pasado, lo entretenida que ha sido la función, y lo bueno que es pasarlo bien con pasatiempos de este calibre.

    Así pues, en resumidas cuentas, "Robin Hood, príncipe de los ladrones" es una película con la que poder pasar un rato agradable, distraída y emocionante, y que logra disimular sus defectos como obra gracias a un ritmo y puesta en escena que lo convierten en un entretenimiento de primera.

  • MR. HYDE DICE:
  • Pues mirad, por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a empezar yo la crítica en plan profesional con cosas técnicas de la película. No sé si os ha pasado alguna vez eso de ver una película que, en líneas generales os ha gustado, pero tener la sensación de que ha sido por una cosa en concreto. Por poneros un ejemplo, recuerdo cuando vi esa obra maestra indiscutible del cine que es "Destino final 5 - Final destination 5, 2011" (sí, estoy siendo de un sarcástico que asusta), me dejaron flipado dos cosas: la música y las letras del principio, que estaban súper curradas. Bueno, pues salvando las distancias, creo que algo así es lo que me pasa con "Robin Hood, príncipe de los ladrones", que no puedo evitar tener la sensación de que es una película súper distraida y divertida gracias al pedazo banda sonora de Michael Kamen, que en paz descanse. Os prometo que la película no sería lo mismo sin temazos como el que se escucha cuando salen las letras del principio, o en otros más romanticones, como cuando Robin Hood se despide de Marian antes de que ella vuelva al castillo en Nottingham (la pista de la banda sonora creo que se llama Marian at the waterfall). No es que el resto sea una patata, porque otra cosa no, pero entretenerte te entretiene que da calambre. En fin, sé que es una cosa un poco complicada de hacer entender, así que mejor le dejamos el rollo metafísico al de arriba y nosotros vamos a lo que importa.

    No sé por qué, he escuchado decir bastantes veces -a algún que otro iluminado, dicho sea de paso-, que "Robin Hood, príncipe de los ladrones" es un churraco de película y que, con tal de que Kevin Costner saliera en casi todos los planos de la peli, fueron capaces de hacer una cosa más para críos que no una peli de aventuras así en plan serio como se esperaba. Bueno, pues no tengo ni pajolera idea de qué esperaban encontrarse, si una obra de Shakespeare (para los de la E.S.O., "Shakespeare" = "un inglés que vivió hace un huevo y que escribía historias) o algo parecido. A mí, desde luego, incluso viéndola más de veinte años después de hacerlo por primera vez en el cine (me refiero a ver la película, ¿eh?), me sigue pareciendo un entretenimiento de primera. Por supuesto, tampoco hay que pedirle peras al olmo, ni esperar que esto sea el peliculón del siglo, porque tampoco es eso. Pero consigue que las dos horas y pico que dura se te pasen volando, y que te lo pases pipa con una historia de aventuras de lo más chula.

    Además, por si fuera poco que se hayan preocupado por hacer que "Robin Hood, príncipe de los ladrones" fuera la típica peli de palomitas, resulta que va y se salen por la puerta grande en dos cosas más. La primera, los secundarios. Ver a Morgan Freeman haciendo de guerrero moro repartiendo mandobles al primero que le tose es cojonudo, y ese cameo final de Sean Connery como Ricardo corazón de león, no tiene precio. La segunda, el malo. Creo que pocas veces un malo ha sido tan divertido y te ha caído tan bien, a pesar de ser un joputa de cuidado. Es el mismo que había hecho antes de malo en "Jungla de cristal - Die hard, 1988", pero mientras en ésta se tomaba muy en serio el papel de malo chungo de matar, en "Robin Hood, príncipe de los ladrones", el tío disfruta como un enano haciendo de malo malísimo (no os perdáis cuando insiste en que le quiere sacar el corazón a Robin Hood con una cuchara, o como cuando trata de borrar una cicatriz que le han pintado a una estatua suya como la que le acaban de hacer a él en la cara).

    Y, por supuesto, momentazos brutales. Evidentemente, el de cómo Robin Hood demuestra que es el puto amo en eso de disparar con el arco delante de todos los renegados del bosque de Sherwood, o como cuando dispara una flecha con fuego a cámara lenta antes de que un verdugo le rebane el pescuezo a uno de sus colegas. Por lo demás, ya os digo que es "Robin Hood, príncipe de los ladrones" es una película bastante guay, de esas por las que no te sabe mal haber estado dos horas y pico delante de la tele. Puede que haya momentos en que el bosque en el que pasan muchas de las cosas parezca un poco de cartón piedra pero bueno, tampoco se puede ser tan quisquilloso. Yo, desde luego, os la recomiendo y, por supuesto, que os pilléis la banda sonora a la de ya y disfrutéis de lo lindo con esa música tan estupenda.

    martes, 21 de agosto de 2012

    CINE DE LOS 80: "MEMORIAS DE ÁFRICA"

    TÍTULO: MEMORIAS DE ÁFRICA

    DIRECTOR: SYDNEY POLLACK

    REPARTO: ROBERT REDFORD, MERYL STREEP, KLAUS MARIA BRANDAUER, MICHAEL GOUGH, MICHAEL KITCHEN

    DURACIÓN: 145 min.

    AÑO: 1985

    GÉNERO: ÉPICO

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • El cine épico -comprendiendo tanto clásicos más célebres como, por ejemplo, las dos versiones de "Los diez mandamientos" de De Mille, "Ben-Hur - Ben-Hur, 1959" o "Cleopatra - Cleopatra, 1963", hasta producciones más recientes como "Braveheart - Braveheart, 1995" o "300 - 300, 2007"- se ha caracterizado por tratar una serie de temas vinculados de un modo u otro con la narración de grandes historias, espectaculares secuencias repletas de extras, y descomunales presupuestos. En la mayoría de estas producciones, también se da el caso de que coinciden en su temática, pues son de sobra conocidos los films peplum, o las recreaciones de espectaculares dramas históricos. Sin embargo, dentro de este sub-género cinematográfico que es el épico, Hollywood rara vez lo ha realizado para desarrollar una historia de amor entre sus dos protagonistas. Cierto es que hay excepciones recientes que pueden confirmar la regla, como es el caso de "Leyendas de pasión - Legends of the fall, 1994", o la mastodóntica "Titanic - Titanic, 1997" aunque, no obstante, se trata más bien de casos poro frecuentes. Seguramente sea por ello que cuando, a mediados de la década de los ochenta, se estrenó "Memorias de África", su éxito fue tan rotundo, pues no sólo narraba una bellísima historia de amor, sino que también lograba transmitir ese amor no sólo hacia sus protagonistas, sino hacia todo un continente.

    Principios del siglo XX. Con el fin de adquirir un título nobiliario que realce su estatus social , Karen (Streeep) contrae matrimonio con el barón Bror Blixen (Brandauer), con el que se traslada desde su Dinamarca natal hasta Kenia, donde el barón ha adquirido una vasta plantación de café. A su llegada a Kenia, Karen, que se siente completamente abandonada a causa de los escaqueos amorosos de su marido, conoce a Denys (Redford), un aventurero indomable del que se enamora perdidamente. Sin embargo, la relación entre ambos, lejos de resultar sencilla, estará plagada de complicaciones tanto sociales como derivadas de la estancia de ambos en un continente tan fascinante como peligroso.

    No son pocos los que, cuando se estrenó hace un par de décadas "El paciente inglés - The English patient, 1996" vieron la influencia de "Memorias de África" en la inmensa mayoría de sus planos. No es mera casualidad. Al igual que en el oscarizado film dirigido por el malogrado Anthony Minghella, "Memorias de África" contiene una buena cantidad de factores que la convierten en un film casi único, a la par que, también existen otros que le impiden convertirse en una obra maestra. De entre los primeros, cabe destacar la espectacular puesta en escena de Sydney Pollack, que no sólo es capaz de retratar los maravillosos paisajes africanos como pocas veces un director ha sabido convertir el marco escénico en un personaje más del film. Pollack convierte "Memorias de África" en una experiencia extraordinaria, al conseguir que la cámara guíe al espectador a través del amor imposible y sufrimiento que viven los protagonistas, sin prisa, dejando que la historia respire sin presiones. Así se puede constatar en secuencias tan fascinantes como la de la llegada del matrimonio Blisken a Kenia (espectacular el plano del tren recorriendo los diferentes paisajes africanos), la de las numerosas cacerías y viajes a lo largo de la sabana que emprenden los personajes -en especial el que realiza Meryl Streep con el fin de poder reunirse con su marido- y, muy especialmente, el del vuelo en avioneta que realizan los amantes poco antes del final de largometraje, que ya es una de las secuencias más famosas de la historia del cine. Asimismo, sería injusto olvidar la labor del compositor John Barry, sin el que "Memorias de África" carecería por completo de ese lirismo y grandeza que inunda cada uno de sus fotogramas, o al a inimitable fotografía de David Watkin, que retrata la sabana africana con una belleza deslumbrante, y cuya iluminación acompaña a los personajes casi como si les acariciara (atención a la secuencia del baile en el que se afianza la historia de amor entre Karen y Denys).

    Ahora bien, toda esa epicidad tiene un pero importante. Cierto es que Pollack se recrea en exceso con cada uno de los planos de "Memorias de África", y que hace que la historia de amor de los personajes fluya por sí sola. No obstante, si bien esto no deja de ser una decisión acertada, sí que afecta irremediablemente al ritmo del film. No por el hecho de que centre el argumento en la relación amorosa de los protagonistas, sino porque el resto de la película carece de esa misma fuerza cuando ni Redford ni Streep se involucran a nivel sentimental. Por poner un caso, la secuencia en la que Karen se ve frente a una leona y está a punto de dispararle cuando Denys se lo impide, carece de la misma tensión que, por ejemplo, sí se puede palpar en otros instantes, como cuando el barón le increpa a Denys que éste mantenga una relación con su mujer, a lo que él contesta que cuenta con la aprobación de ella. Son dos secuencias bien diferentes pero que, en lo que a ritmo y dramatismo se refiere, quedan recogidas de forma bastante desigual e irregular. A ello tampoco contribuye demasiado el hecho de que se escuche de forma constante la voz en off de Karen relatando los hechos, pues no sólo provoca la carencia de sorpresa en el público, sino que hace que éste casi adivine lo que va a suceder antes de que ocurra.

    No obstante, a pesar de ello, no cabe duda de que "Memorias de África" es una de las grandes películas más recientes que ha dado el cine épico, y un largometraje que, por mucho que pase el tiempo, seguirá siendo una obra de referencia en lo que a historias cinematográficas de amor se refiere.

  • MR. HYDE DICE:
  • Será todo lo épico, romántico y bonito que tú quieras. Pero yo ya me la he visto dos veces, y me sigue pareciendo un rollo (la segunda fue para ver si había algo que me hubiera perdido en la primera, y que hiciera que no me gustara tanto como pensaba). Estoy de acuerdo en que la música y la fotografía y tal son una pasada. De hecho, aún me quedo con la boca abierta cada vez que veo el momento ese del vuelo en avioneta mientras suena la música esa tan conocida. Pero una cosa es ver un momentazo como ese, que dura, un par de minutos, y otra paparte dos horas y pico de drama de ese que es de muchas miradas y muchos movimientos despacito en vez de darle algo más de caña al asunto.

    "Memorias de África" es lo que yo llamaría una película "lenta", de esa que para contarte algo que podrían rodar en tres minutos, se tiran un cuarto de hora, entre miraditas, paseitos y cuchicheos. ¿Hace eso que sea una mala película? Pues para mí no, pero sí que es una pena que pudiendo haber hecho algo más movidito, algo más dinámico hayan preferido hacerlo en plan bodrio. Es un poco como le pasa a Clint Eastwood cuando quiere hacer una de sus pelis dramáticas, que le suele costar un parto darle algo de brío al asunto, y hace que la peña se amodorre viendo su peli más de lo deseable. A "Memorias de África" le pasa justo eso. Que vale que al principio haya que tomárselo con un poco de calma para que la historia de amor vaya entrando en calor, pero es que después de la primera hora, te dan ganas de decirles que se den un poco de prisa, que ya te duele el culo de estar sentado en la misma posición.

    De todas formas, "Memorias de África", tiene trozos que me encantan. Aparte de éste del avión que os he dicho antes (y que fijo que habéis visto en algún que otro momento), me quedo con dos muy especiales. El primero cuando, al poco de empezar, se quedan en una habitación Redford, Streep y un amigo de Redford, y juegan a que Street improvise un cuento sobre la marcha con unas pocas pistas que le dan los dos hombres. Sé que es una chorrada, pero me parece tan original y tan bien hecha (las miraditas que se echan Streep y Redford no tienen precio, ni la música de la banda sonora que se escucha), que se me quedó grabada desde que la vi. El segundo momentazo que recuerdo de "Memorias de África" es cuando están en mitad de la sabana (no sé si porque se han ido de campamento, de caza o de lo que sea), y Redford tiene que lavarle el pelo a Streep. Ya ves tú qué tontería, pero me parece uno de los momentos más sensuales que recuerdo haber visto en una peli, ¡y ya ves tú que sólo se limita a enjuagarle el moño a la señora!

    En fin, que "Memorias de África", aunque sea un poco lenta y pueda llegar a tener algún que otro momento aburrido (sobretodo lo que tiene que ver con todo lo de la plantación de la baronesa en Kenia, que no interesa para nada, ni lo de los puteríos de su marido), reconozco que es una de esas pelis que, aunque sea una vez en tu vida, tienes que ver. Y, por supuesto, conseguir como sea la música de la película, que es de las que merece la pena escuchar en el salón de tu casa con los ojos cerrados.

    lunes, 20 de agosto de 2012

    CINE CLÁSICO: "VACACIONES EN ROMA"

    TÍTULO: VACACIONES EN ROMA

    DIRECTOR: WILLIAM WYLER

    REPARTO: GREGORY PECK, AUDREY HEPBURN, EDDIE ALBERT, HARTLEY POWER, MARGARET RAWLINGS

    DURACIÓN: 114 min.

    AÑO: 1953

    GÉNERO: COMEDIA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • A principios de los años cincuenta, William Wyler ya era toda una celebridad en Hollywood. El realizador de origen alemán no sólo había logrado importantísimos éxitos con largometrajes como "La señora Miniver - Mrs. Miniver, 1942" o "Los mejores años de nuestra vida - The best years of our lives, 1946" (ambas ganadoras del Oscar a la mejor película y dirección), sino que también parecía haberse consolidado como uno de los más reputados directores a la hora de filmar películas de gran carga emocional. Tal vez fuera por ese motivo que Wyler decidió ponerse al frente de un proyecto tan atípico en su filmografía como "Vacaciones en Roma", donde se alejaba del dramatismo de, por ejemplo, "La heredera - The heiress, 1949" y ofrecía un espectáculo deliciosamente entretenido. Gregory Peck y Audrey Hepburn son sus inmortales protagonistas, secundados por un no menos excelente Eddie Albert.

    La princesa Ann (Hepburn) es la primogénita de un importante rey europeo. En el transcurso de uno de sus viajes oficiales, al llegar a Roma, sufre una crisis de ansiedad al sentirse prisionera del protocolo real. Por ello, una noche, decide escaparse del palacio en el que se aloja y vivir un día de "libertad" y anonimato. Será entonces cuando conozca, por casualidad, a un periodista norteamericano llamado Joe Bradley (Peck), quien reconoce a la princesa y pretende conseguir una jugosa exclusiva a cambio de una importante cantidad de dinero. Para ello, necesitará la ayuda de su colega Irving (Albert), un paparazzi que persigue tanto como Joe el pellizco que les promete su editor. Sin embargo, durante ese día en el que acompañan a Ann por las calles de Roma, ambos se quedarán fascinados por la inocencia de la princesa, así como por su encanto natural y belleza.

    "Vacaciones en Roma" es un claro ejemplo de comedia romántica clásica perfecta. Es evidente que, a día de hoy, ha cambiado tanto la forma de rodar este tipo de producciones, como el tono de las mismas. Sin embargo, "Vacaciones en Roma" es un film imperecedero, pues está repleto de momentos únicos y secuencias mágicas, recogidos todos ellos a través de una puesta en escena fabulosa. Prácticamente todo está en su sitio: desde las maravillosas interpretaciones (la inocencia con la que Hepburn dota a su personaje, la caballerosidad extrema de Peck, o el cinismo con corazón de oro de Albert), de la excelente fotografía de Franz Planer con la que la Ciudad Eterna es vista como la más paradisíaca de las metrópolis, o el ingenioso libreto escrito a cuatro manos por Ian McLellan Hunter y John Dighton. Cada uno de estos elementos encaja en el conjunto a la perfección, ofreciendo al espectador uno de los pasatiempos clásicos más agradables de la historia del cine.

    Vista "Vacaciones en Roma", al público le resulta sencillo identificar cada uno de los momentos que la convierten en una película inmortal: el desastroso paseo en motocicleta por las calles de Roma (atención a cómo Joe consigue convencer a las autoridades de que la pareja quería casarse montada en el vehículo), la ruta turística que Bradley e Irving le hacen a la princesa por las calles de Roma (mención especial merece la visita a la Boca de la Verdad, y la broma que Bradley le gasta a Ann, pues ambos saben que son, en cierto modo, unos embusteros), etc. Pero, si merece la pena destacarse una secuencia por encima de las demás, sin duda es su inesperado y sensacional final. Sin ánimo de develar más de la cuenta, no sólo se trata de una resolución atípica dentro del género romántico, sino que consigue otorgarle a la película una coherencia y sensibilidad apasionantes (no se pierdan el juego de miradas entre Peck y Hepburn).

    En resumidas cuentas, "Vacaciones en Roma" es una película excelente, mítica dentro de su género y del cine en general. Un clásico a ser reivindicado y revisionado sin límite.

  • MR. HYDE DICE:
  • ¡Cuantísimo tienen que aprender los que creen que una comedia romántica son esos truñacos que hacen hoy en día! Vale que hay excepciones -aunque muy pocas-, pero nada que ver con una peli como "Vacaciones en Roma". Aquí, no se andan con chorradas ni con gilipolleces de esas que te hueles al kilómetro de qué palo va a ir, sino que toda la peli es tan amable y tan simpática que te quedas embelesado total con esa especie de cuento de hadas. Ahora os cuento por qué.

    "Vacaciones en Roma" me sonaba por la clásica imagen de los dos protagonistas subidos en una Vespa y paseándose por las calles de Roma, pero ni sabía de qué iba ni nada por el estilo. Y, a toro pasado, creo que es la mejor forma de verla, porque "Vacaciones en Roma" es una peli que sorprende. El argumento no es que sea de lo más original del mundo, pero es que los actores y la forma en que está hecha es tan bonita (sí, sé que suena cursi, pero ahora mismo no encuentro otra forma de explicarlo), con esa guía turística de Roma que es toda la película, que te quedas atontado con lo que te cuentan. Y si, además, le sumas la cara de no haber roto un plato en su vida que tiene la chica, pues ya lo redondeas.

    De todo el porrón de cosas que hacen de "Vacaciones en Roma" una película tan maja, creo que empezaría mencionando lo bien que te caen los personajes. Ni uno sólo es un antipático al que le quieras meter un sopapo -cosa rara en las pelis románticas-. Es más, el periodista, que se supone que es un marranaco al querer aprovecharse de la princesa para sacar una buena exclusiva, ni puede evitar ser súper simpático y encantador (fijaos si no cuando intenta colarle una trola a su jefe sobre lo de haber asistido a la rueda oficial de prensa en el palacio). Y tres cuartos de lo mismo se puede decir de su amigo periodista, al que el prota no para de tocar las narices para que sea discreto (me meo de risa con la escena en la heladería en la que el paparazzi quiere sacar fotos y el otro no para de hacer cosas para que sea más disimulado).

    Si a todo eso sumas que la princesa, en lugar de ser la típica fulana de barrio es más inocente que un corderillo, y que lo único que quiere es disfrutar de un día entero de libertad absoluta, pues hace que el resto ya vaya solo y casi sin esfuerzo. Además, hay tiempo para todo: tiene sus momentazos de comedia (cuando está colocada por el calmante que le han dado y no para de darle órdenes al periodista, o el pollo que monta la colega cuando pone media Roma patas arriba con su moto), de romance (por supuesto, cuando los dos protas se enamoran junto al río; o ese medio final en el coche, cuando están juntos por última vez), de escenas moviditas (el lío que se monta en el barco al que han ido todos a bailar cuando aparece la guardia real), y de drama (ese final tan cojonudo en la ruda final de prensa donde, por cierto, hay un periodista que dice que es del periódico "ABC" y otro de "La Vanguardia", jejeje).

    ¿Que hay cosas que se podrían mejorar? Pues claro, que decimos que la peli está bien, pero tampoco es para mear y no echar gota. Aunque, por suerte, por muy en blanco y negro que sea, y por mucha fama que tenga, "Vacaciones en Roma" es de esas películas que da gusto ver una tarde de domingo. Es simpática, amable y encantadora. De las que le puedes poner a tu chica, reacia por lo general a ver "pelis viejas", y pasar los dos un rato de lo más entretenido.

    domingo, 19 de agosto de 2012

    CINE A DESCUBRIR: "EN LA BOCA DEL MIEDO"

    TÍTULO: EN LA BOCA DEL MIEDO

    DIRECTOR: JOHN CARPENTER

    REPARTO: SAM NEILL, JÜRGEN PROCHNOW, JULIE CARMEN, CHARLTON HESTON, FRANCES BAY

    DURACIÓN: 95 min.

    AÑO: 1994

    GÉNERO: TERROR

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • John Carpenter es un director tan sorprendente como irregular o, como se diría en una jerga más coloquial, alguien que sirve tanto para un roto como para un descosido. Se ha puesto al frente de proyectos de bajo presupuesto que le han permitido dar rienda suelta a su creatividad ("El príncipe de las tinieblas - Prince of darkness, 1987", "Están vivos - The live!, 1988"), así como de producciones más caras que, por diversos motivos, no han logrado contar con el beneplácito del público ("Golpe en la pequeña China - Big trouble in little China, 1986", "Memorias de un hombre invisible - Memoirs of an invisible man, 1992"). Sin embargo, a mediados de los noventa, Carpenter realizó una de sus obras más logradas, recuperando no sólo el espíritu de sus primeros largometrajes -en los que primaba muchísimo más el suspense por encima de los golpes de efecto a base de costosos efectos visuales-, sino logrando imprimir a cada secuencia un ritmo endiabladamente atractivo gracias, en buena parte, al interesante libreto escrito por el productor y ocasional guionista Michael de Luca.

    John Trent (Neill) es un detective privado especializado en casos de poca envergadura que, por lo general, suelen guardar relación con la localización de personas desaparecidas. John acepta un caso que le propone Jackson Harglow (Heston) el dueño de una importante editorial, en el que le pide que localice a uno de sus escritores de mayor éxito: Sutter Cane (Prochnow). Cane ha desaparecido sin dejar ni rastro, justo antes de entregar la copia de su última obra, y coincidiendo con una extraña oleada de violencia entre los fans de la serie de novelas de terror escritas por el novelista. Será entonces cuando John, acompañado de una joven ayudante llamada Linda (Carmen), se desplace hasta un pequeño pueblo que aparece en todas las novelas de Cane, con el fin de encontrar alguna pista que le guíe hasta el desaparecido escritor.

    "En la boca del miedo" se combinan dos géneros que, rara vez, suelen funcionar debidamente juntos: cine y literatura. Por supuesto, no nos estamos refiriendo a las adaptaciones de obras literarias, sino a la combinación de ambas temáticas en un mismo largometraje. Si bien, sí existen antecedentes reconocidos de films en los que dicha temática ha dado resultados muy positivos ("Misery - Misery, 1990"), por ejemplo, como apuntamos, no suele ser muy corriente. Sin embargo, en "En la boca del miedo", el punto de partida no puede ser más prometedor. No obstante, ya hemos comenzado afirmando que el film se caracteriza por tono de suspense que Carpenter le imprime con su puesta en escena pero, ¿cómo lo consigue? A continuación lo comentamos.

    Para empezar, Carpenter acierta de lleno al desarrollar la historia al tiempo que la van viviendo sus personajes principales. Es decir, que no se le facilita información previa al espectador, ni se le dan a conocer detalles vitales del argumento para que, junto con el investigador al que encarna de forma muy convincente Sam Neill, el público se vaya topando poco a poco con los mismos enigmas que el presonaje principal. Esto es una decisión de lo más positiva ya que, desde el comienzo en el que el dueño de la editorial propone el caso a Trent (con la consecución de un escalofriante incidente), hasta el mismo momento en que Trent llega al pueblo en compañía de Linda, el espectador ya intuye que va a suceder algo importante (atención a lo que sucede en la recepción del hotel tras ser atendidos por una -aparentemente- cálida ancianita).

    Del mismo modo, Carpenter logra otro éxito en la puesta en escena gracias a una fantástica labor de dos departamentos fundamentales en la realización de cualquier película: la dirección artística y el maquillaje. Por lo que respecta a la primera, "En la boca del miedo" carecería de ese añadido de suspense y terror de no ser por la fantástica labor de Peter Grundy, capaz de convertir un apacible pueblo en un lugar infernal, y de recrear las fantasías del escritor en un mundo aparentemente real (la iglesia negra, por ejemplo). En lo que concierne al segundo, es más que evidente que la labor de todo el equipo de maquillaje, quienes crearon toda una serie de criaturas deformes y monstruosas que pueblan tanto la imaginación del escritor como el mundo en el que se adentra el detective. Asimismo, hay que destacar la música co-compuesta por el propio Carpenter (algo casi siempre presente en sus largometrajes), que resulta ser mucho menos histriónica de lo habitual (ver los excelentes títulos de crédito a ritmo de las rotativas de un periódico) y acompaña al personaje de forma excelente desde el comienzo hasta su apocalíptico final.

    En resumidas cuentas, "En la boca del miedo" está lejos de ser ni el mejor film de Carpenter ni, mucho menos, del género. Sin embargo, sí que resulta lo suficientemente interesante como para que el espectador quede enganchado por un prometedor comienzo que, si bien se va desinflando a grandes pasos conforme avanza la película, contiene el suficiente encanto como para guardar un buen recuerdo de ella.

    MR. HYDE DICE:

    Me encantó "En la boca del miedo". La vi en una sesión de videoteca en la que le hacían un monográfico a John Carpenter (aunque supongo que eso a vosotros os da lo mismo) y, aunque aquella sala era cutre a más no poder, "En la boca del miedo" me enganchó a lo bestia, de principio a fin. Igual lo que os digo ahora es un poco empezar la casa por el tejado pero, como suele pasar con muchísimas pelis de miedo, "En la boca del miedo" es una película que empieza muy bien... para acabar regular. Eso sí, en medio de todo ello, tiene momentos de cagancho del bueno, de suspense y de misterio de los que te dejan recuerdo.

    A mí no es que me chifle el cine de John Carpenter. Sé que muchos lo consideran un maestro del cine de terror y todo eso, pero yo más bien tengo la impresión de que el tío especializado en hacer películas cutronas a más no poder, con unos presupuestos que parece que lo haya rodado en su casa de verano y que, de vez en cuando, se gasta un huevo de millones en hacer una cosa más cara que, por desgracia para él, se acaba metiendo un mamporro de la leche ("2013: Rescate en L.A. - Escape from L.A., 1996", por ejemplo). Eso sí, también reconozco que el pollo tiene pelis que están de lo más chulas aunque, no sé si será coincidencia o no, son de las que ya tienen sus añitos: "1997: Recate en Nueva York - Escape from New York, 1981"o "La cosa (el enigma de otro mundo) - The thing, 1982" o "Starman - Starman, 1984", por poner unos ejemplos más. Pero bueno, os cuento todo este rollo porque, cuando vi "En la boca del miedo", no me esperaba que fuera gran cosa pero, mira tú por dónde, resulta que me parece una de sus pelis más curradas.

    En mi -nada- humilde opinión, "En la boca del miedo" tiene algo que no tiene ninguna de las otras pelis que he visto de John Carpenter, a excepción de la primera parte de "La noche de Halloween": intriga. Todas las demás son a base de fantasmas, monstruos, muertos vivientes y cosas por el estilo. En cambio, desde el principio de "En la boca del miedo" (pedazo de susto que te llevas en el momento en que el editor y el detective están almorzando e un café), ya te empieza ese gusanillo del misterio con una historia estupenda, que se va haciendo cada vez más grande (no os perdáis cuando el detective y la otra chica llegan a ese hotel tan raro y empiezan a compararlo con lo que ha escrito el novelista en sus libros), hasta que todo acaba explotando.

    Y ahí, queridos amigos, es donde llega la cagada. Se vé que lo quieren hacer todo de forma que vaya creciendo la intriga y el suspense (sobretodo para demostrar cómo es que el detective se está volviendo tarumba con las cosas que se va encontrando por ahí) que, al final, "En la boca del miedo" acaba siendo más cansina de lo que suponías. No hay más que ver los intentos desesperados del pobre detective por salir de ese poblacho inmundo y como, con cada intento, no hace más que volver al sitio del que había salido. Por supuesto, cuando ya empiezan a aparecer los monstruos mutantes esos y las cosas raras de personas deformes que dan asquete, la cosa ya pierde casi todo el interés que había tenido al principio. Pero, el final del todo (lo que el de arriba suele llamar "clímax") consigue que, después de tanto tío raro circulando por ahí, la cosa se enderece un poco más. Así, cuando "En la boca del miedo" acaba, con lo que te quedas es con lo guapa que ha estado toda la parte de misterio e investigación del detective, y un poco menos con la ida de pinza que le da al pollo con todo lo que pasa en el pueblo ese de mala muerte en el que acaban. Al menos, eso es lo que me pasó a mí y, por eso mismo, os aconsejo que la veáis.

    sábado, 18 de agosto de 2012

    CINE EN CARTEL: "ROCK OF AGES (LA ERA DEL ROCK)"

    TÍTULO: ROCK OF AGES (LA ERA DEL ROCK)

    DIRECTOR: ADAM SHANKMAN

    REPARTO: JULIANNE HOUGH, DIEGO BONETA, ALEC BALDWIN, PAUL GIAMATTI, RUSSELL BRAND, CATHERINE ZETA-JONES, TOM CRUISE

    DURACIÓN: 123 min.

    AÑO: 2012

    GÉNERO: MUSICAL

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Ya hemos mencionado, en anteriores ocasiones, la fiebre que parece haberse desatado en la meca del cine por ver cuántas obras musicales se trasladan a la gran pantalla, cuáles son las estrellas que se atreven a dar la nota ante las cámaras (en alguna ocasión, tanto literal como metafóricamente), y cuál de todos se convierte en un éxito y cuál no. Dejando a un lado los resultados en taquilla, en lo que a la calidad de los largometrajes se refiere, ha habido de todo: desde adaptaciones espléndidas (“Chicago –Chicago, 2002”) y entretenimientos de primera (“Mamma mia – Mamma mia!, 2008”), hasta intentos fallidos (“El fantasla de la ópera – Phantom of the opera, 2006”) y películas simplemente malas (“Rent – Rent, 2005,”, “Nine – Nine, 2009”). Ahora, es el musical de éxito en Broadway “Rock of ages” el que cuenta con su propia versión cinematográfica, que corre a cargo de Adam Shankman quien, hace pocos años, también dirigió otro musical convertido en película, la simpática “Hairspray – Hairspray, 2008”. Para esta ocasión, Shankman ha contado con otro plantel de actores cuyas hilarantes interpretaciones son, sin duda, de lo más logrado del film.

    Año 1987. Sherrie (Hough) es una chica de pueblo que viaja desde la granja en la que se ha criado hasta Los Angeles, persiguiendo su sueño de convertirse en cantante. Tras sufrir una serie de tropiezos nada más llegar, Sherrie conoce a Drew (Boneta), un simpático joven que se ofrece a ayudarla, y que trabaja en la sala Bourbon, una de las más famosas del momento, y por la que han pasado diversas leyendas del rock. Necesitada de un trabajo cuanto antes, Drew consigue que Dennis Dupree (Baldwin), el dueño del Bourbon contrate a Sherrie a regañadientes. Por su parte, Dennis trata de salvar su negocio de la bancarrota, por lo que el concierto de Stacee Jaxx (Cruise), una de las mayores estrellas del momento, parece ser lo perfecto. Sin embargo, por el camino se toparán con los impedimentos que les ponen Paul Gill (Giamati), el manager de Jaxx, y Patricia Whitmore (Zeta-Jones), la conservadora esposa del alcalde que quiere acabar con el ejemplo de decadencia e insubordinación que representa Jaxx.

    Aquellos lectores a los que no les guste el rock n’roll más moderno (de la década de los ochenta, para ser más específicos), o que no disfruten en exceso con los números musicales acompañados por este tipo de música, más vale que se ahorren el precio de la entrada y los ciento veinte minutos de “Rock of ages (la era del rock)”, pues se toparán con un film repleto de este tipo de música, sin más objetivo que apabullar al público con toda una serie de sofisticadas coreografías. Al contrario que muchos de las películas musicales a los que hacíamos mención en la introducción, “Rock of ages (la era del rock)” carece de un argumento con principio, nudo y desenlace, optando por sustituir buena parte de su historia por todo un festín de interpretaciones musicales, conciertos y sesiones improvisadas de canto. Esto es algo que, en ocasiones funciona (la secuencia en la tienda de discos, a ritmo de la fusión de los temas Juke box hero y I love rock and roll, o el final, también con la mezcla de otros dos temas: We built this city y We’re not gonna take it).

    Sin embargo, a pesar de los loables intentos de algunos de sus intérpretes como Tom Cruise (atención al tema I want to know what love is, que interpreta a dúo) o Catherine Zeta-Jones (impagable en el número Hit me with your best shot). “Rock of ages (la era del rock)” pronto pasa a depender de la pareja protagonista principal. Tanto Hough como Boneta carecen por completo del carisma de los actores secundarios y que, por más que se esfuercen, no consiguen hacer que el espectador se interese por sus vicisitudes y pormenores, sino que desea fervientemente que se acaben sus actuaciones para poder volver a los otros personajes. Asimismo, incluso estas estrellas resultan repetirse con exceso (caso, por ejemplo, de Tom Cruise y su estado de catarsis continua, o de Paul Giamati, haciendo el papel de desalmado que tantas veces ha interpretado).

    Así pues, en resumidas cuentas, “Rock of ages (la era del rock)” es una película prescindible, bastante floja, y que prometía una dosis de diversión y espectacularidad con la que el público no se llega a encontrar más que en muy contadas ocasiones. En cuanto al resto, Shankman se limita a plasmar con continuos movimientos de cámara toda una serie de números musicales pasados por el filtro de los gustos adolescentes que, lamentablemente, no llegan a resultar tan simpáticos como hubiera sido deseable. Decepcionante.

  • MR. HYDE DICE:
  • Mmmm… Sinceramente, esperaba que “Rock of ages (la era del rock)” me gustara bastante más de lo que me ha acabado gustando. Vaya por delante que me encanta el rock (del bueno, no de esas mierdas que suelen hacer de cuando en cuando), y que los últimos musicales que he visto en película han hecho que me lo pase pipa. Así que, antes de ver la peli, ya iba con ganas de que me gustara. Pero mira tú por dónde, que me ha desilusionado un poco. Mi chica, después de verla y decir que le había parecido un coñazo –aunque, como no es ella la que escribe la crítica, mejor os cuento yo mi opinión-, añadió algo que es verdad de la buena: que no hacía falta ver la película, sino tener la banda sonora de la peli para que el efecto fuera el mismo. No puedo estar más de acuerdo. Pero como esto va de películas y no de discos, vamos a entrar en materia.

    “Rock of ages (la era del rock)” tiene sus cosas logradas y sus cosas menos logradas –no creo que todo sea cuestión de buenas o malas en esta peli-. Y, por suerte, tanto unas como otras están bastante claras, así que vamos con ello. De lo que sí está currado, aparte de la música, es la ambientación. No hay duda de que estás viendo una película que va de rock and roll, y los temazos que han cogido para adornar el espectáculo son cojonudos. Las actuaciones también están bien, sobretodo la de Tom Cruise como el típico “colgado” que se cree Dios en la Tierra –me encanta el numerito privado que se monta con la periodista- y la de Alec Baldwin, que no puede disimular que se lo está pasando de coña ni cuando hace de gay que sale del armario. También es cierto que el ritmo que tiene “Rock of ages (la era del rock)”, con esas coreografías donde no se está nadie quieto ni cuando la canción es más lenta (fijaos si no cómo acaba una escena en la que la rubia protagonista está llorando en la calle, y se supone que todo es la mar de triste), hacen que las dos horas que dura la peli con una historia que no hay por dónde cogerla -ahora luego hablamos de eso-, no te pesen tanto.

    Ahora vamos a lo que podrían haber mejorado… bastante. De entrada, la historia. A mí que no me digan que está inspirada en un musical, que la obra original es así y no sé qué más mandangas. “Rock of ages (la era del rock)” es una patata de película por culpa de la historia, no de la música o de los actores. Y, desde luego, no porque no le hayan puesto ganas e ingenio, que de eso está claro que hay. Pero el argumento, el guión, o lo que coño sea, es infumable. Es como si se pasaran dos horas con la historia de la típica rubia, tontaca como ella sola, que tiene la ilusión de irse a Hollywood y convertirse en artista así por la patilla. Como es una peli buenrollera, no creo que haga falta echarle mucha imaginación para que adivinéis cómo acaba la cosa, ¿verdad? Pero, dejando de lado que tiene más fantasía que Walt Disney, el resto tira por la misma dirección: el guaperas que le pone ojos de cordero degollado a la rubia, al estrella de rock endiosada, el agente sin escrúpulos, el gay, la estirada que acaba siendo más p*** que las gallinas, etc. Conste que nada de esto sería un problema si, después, “Rock of ages (la era del rock)” lo mezclara todo en una súper historia. Pero si quieres arroz, Catalina. Resulta que las canciones, en vez de hacer que la historia vaya p’adelante, lo único que hacen es acompañar a las actuaciones. Y ahí es donde le doy toda la razón a mi chica cuando dice que, para eso, acabábamos antes escuchando el disco en casita, la mar de tranquilos. Os lo prometo, “Rock of ages (la era del rock)” son dos horas de actuaciones, entre las que, de cuando en cuando, meten un poco de historia de los dos pipiolos por aquí, de la estirada “mujer-florero” por allá, de los dueños sarasas del club por acullá… Pero vamos, que no va a ninguna parte, y sólo sirve para enchufarte una canción cada cinco minutos sin que venga a cuento.

    En resumen, que lo chulo de “Rock of ages (la era del rock)” es la música. Punto. El resto, pues si sois muy fans de Tom Cruise, cojonudo; si no, os podéis ahorrar tranquilamente la pasta y esperar a que la pasen por la tele. O, en su defecto, como os he dicho antes, pillad el CD y ponedlo a toda mecha en vuestro equipo de música. Puede que, incluso, os lo paséis mejor. Eso sí, Catherine Zeta-Jones, está muchísimo más tremenda que cualquiera de las mojigatas hiperoxigenadas que se pasean con carita de no haber roto un plato en su vida.

    viernes, 17 de agosto de 2012

    ESTRENOS DE VIDEOCLUB: "AL BORDE DEL ABISMO"

    TÍTULO: AL BORDE DEL ABISMO

    DIRECTOR: ASGER LETH

    REPARTO: SAM WORTHINGTON, ELIZABETH BANKS, JAMIE BELL, GENESIS RODRIGUEZ, ED HARRIS, ANTHONY MACKIE, EDWARD BURNS, KYRA SEDGWICK

    DURACIÓN: 102 min.

    AÑO: 2012

    GÉNERO: SUSPENSE

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • En Hollywood, hay ocasiones en que parece que los grandes estudios estén empeñados en convertir en estrellas de la gran pantalla a determinados actores y actrices que, repentinamente, se ponen de moda tras encadenar una serie de importantes éxitos de taquilla. No obstante, que estos intérpretes luego sean capaces de cargar ellos solos con el protagonismo de los films en los que participan, ya es harina de otro costal. Sam Worthington, que no es mal actor, pero dista mucho de ser uno de los más prometedores, entra de lleno en este grupo. Así pues, tras haber sido el actor principal de la mastodóntica "Avatar - Avatar, 2009", y de haber conseguido resultados decentes con ambas partes de "Furia de titanes", Worthington encabeza ahora el reparto de una película que promete -al menos eso pregona su tráiler y póster promocionales- emoción e intriga a prtes iguales, y en la que también desfinal populares actores secundarios que casi actúan con la misma fuerza como reclamo para los espectadores.

    Nick Cassidy (Worthington) es un hombre aparentemente normal. Entra en un hotel, pide una habitación concreta, se ducha y toma una buena cena. Después, abre la ventana que da a la calle y sale a la cornisa, donde se queda de pie mientras, en la calle, advierten su presencia y se desata el morbo y el caos. A esta escena acude, a petición de Nick, la detective Lydia Mercer (Banks), quien trata de averiguar no sólo quién es Cassidy sino, también, por qué ha salido a la cornisa. Según parece, la intención de Nick es defender su inocencia del robo del por el que afirma haber sido injustamente condenado a prisión, a causa de la denuncia que interpuso el millonario empresario David Englander (Harris). Sin embargo, las apariencias engañan, y el plan de Nick es mucho más ambicioso, pues también incluye a su hermano Joey (Bell) y a la novia de éste, Angie(Rodríguez).

    "Al borde del abismo" es lo que podríamos llamar, en términos coloquiales, una "película kleenex", puesto que se usa y se tira. El único objetivo del largometraje dirigido por el danés Asger Leth es distraer a los espectadores, y hacer que el tiempo -y dinero- invertidos en su película ayude a distraer lo suficiente como para no lamentar no haberse decantado por otro título en alquiler esta semana. ¿Lo consigue? A medias. Cierto es que "Al borde del abismo" lo tiene complicado, de entrada, para conseguir que la historia enganche al espectador, a causa de las restricciones impuestas por el marco escénico (Worthington se pasa más de la mitad de la película en el exterior de la cornisa). Por ello, de forma casi inconsciente, el público agradece la existencia de tramas secundarias que animan la función (el auténtico robo del diamante, los flashbacks en los que se relata la fuga de prisión de Nick, la trama de corrupción policial...), y la acción y tensión que contienen estos episodios (la secuencia de fuga es, sin duda, de lo mejor del film, mientras que la secuencia del robo no está tan bien resuelta como sería deseable).

    Por otra parte, argumentalmente, "Al borde del abismo" es muy superior que desde el punto de vista del guión completo. Nos explicamos. La idea de partida del film consigue interesar muchísimo más de lo que luego el público encuentra en la película. De entrada, aunque se agradecen los minutos de acción que proporcionan la huída de la cárcel de Nick, todo ello desvela con demasiada precipitación elementos que deberían haber tardado más en hacer acto de presencia como, por ejemplo, los verdaderos motivos por los que éste decide salir a la cornisa del hotel, o el papel que juegan supuestos aliados del protagonista. Si a ello se suma la recreación de secuencias que fuerzan en exceso la ficción que la audiencia está dispuesta a asumir (atención al instante en que Nick baja de la cornisa, o al final del film), no es muy complicado atisbar qué clase de película de fácil consumo es el estreno de videoclub del que hablamos hoy.

    Por fortuna, en "Al borde del abismo" la presencia de los actores secundarios eleva ligeramente la calidad de la película. Ed Harris se adueña con una facilidad pasmosa de todas y cada una de las secuencias en las que aparece (ver su reacción cuando un colega empresario le obsequia con un carísimo reloj); Elizabeth Banks realiza una interpretación correctísima como investigadora con el tiempo en contra para desenmascarar los verdaderos motivos de Nick, y la latina Génesis Rodríguez aporta una frescura inspesrada al conjunto. Por lo que se refiere al resto de actuaciones, poco que añadir, aparte de que Edward Burns aparece con su habitual apatía, y Jamie Bell y Anthony Mackie dan la talla aunque sin sobresalir (mención aparte, en el aspecto técnico, merecería la insípida banda sonora compuesta por Henry Jackman que, en lugar de aumentar el dramatismo de cada escena, o de reforzar aquellas de mayor tensión, se limita a adornar cada plano con unas melodías tan monótonas como aburridas).

    En resumidas cuentas, "Al borde del abismo" es una película que se deja ver sin complicaciones, y que entretiene lo justo para resultar amena sin llegar a aburrir. Ahora bien, no es menos cierto que se ve con la misma facilidad que se olvida a los pocos segundos de aparecer los créditos finales.

  • MR. HYDE DICE:
  • ¿Sabéis ese tipo de películas que son una tontería como una casa, y que sólo sirven para distraerte el rato que duran? Pues “Al borde del abismo” es justo de esa clase, de las que te ves sin que te pese mucho pero que, cuando acaba, piensas “bué, no ha estado mal”, alegrándote de haberla visto en casa sin gastarte la pasta indecente que cuesta una entrada de cine. Porque, seamos sinceros, “Al borde del abismo” no es, ni por asomo, de esas películas que tienes que ver en pantalla grande sí o sí. Ni de coña. En cambio, para matar un rato de un domingo por la tarde, pues va como anillo al dedo. Tanto que al de arriba le gusta hablar de géneros de cine y tal, ya podía inventarse uno que fuera “películas de fin de semana” o “sofing movies”, o como quiera llamar a esas que son cojonudas para pasar un rato entretenido en el salón de tu casa, y que única y exclusivamente sirven para eso.

    “Al borde del abismo”, además de ser una peli para casa, por suerte tiene una historia interesante. En realidad es predecible a más no poder, pero eso no quita para que te enganche hasta el final (dura menos de hora y media, así que tampoco tienes mucho tiempo para pensarte si te engancha o no). Como os digo, está bien hecha, los actores son bastante convincentes –por mucho que el tío que salía en “Avatar – Avatar, 2009” ponga siempre la misma cara que en el resto de películas-, y el ritmo vuelve interesante a pesar de que no sales de la cornisa de turno en casi todo el rato. O sea, que es gracias a la intriga y cómo está hecha que consigue ser interesante. Más que nada porque juegan a despistar: te dan la ventaja de que tú sabes más o menos de qué va el juego y los malos no (punto a favor) aunque, claro está, eso le quita un poco de gracia al asunto (punto en contra); es muy desconcertante qué demonios hace ese pavo en la cornisa aunque sabes que tiene un plan (punto a favor), pero a los diez minutos de empezar ya sabes cómo ha llegado hasta allí y te hueles lo que quiere hacer (punto en contra); el malo es tan malo que te encanta la idea de que le den por la retaguardia (punto a favor), pero sabes que, por mucho que putee a los protas, no disimulan mucho que no se va a salir con la suya (punto en contra)… Y así podríamos estar hasta contar la película entera.

    Aparte de todo esto, lo que me ha parecido más interesante de “Al borde del abismo”, mira tú por dónde, no ha sido el plan que tiene el pavo de la cornisa, ni el robo sofisticado que hace el chapucero de su hermano y la buenorra de su novia, sino la forma de ir atando cabos que tiene la detective rubia que está al frente del caso. Ahí ves que es la única que de verdad parece estar tomándoselo en serio y, por lo tanto, hace que tú estés más atento para que no se te escape nada. Por lo demás, pues que hay de todo. Desde supuestos misterios que están más claros que el agua (quiénes son los policías corruptos y qué es lo que quieren hacer con el tío de la cornisa), hasta momentos tan espectaculares que no hay quien se los trague (no os perdáis qué es lo que hace el de la cornisa para bajar de allí y atrapar al malo; vamos, que ni Walt Disney le hubiera echado tanta imaginación).

    Pero vamos, que tampoco hay que pedirle peras al olmo. Como os he dicho, “Al borde del abismo” es una película hecha para que te pases un rato distraído y que, al acabar, ni te hayas aburrido no estés alucinando con lo buena que es. Para pasar el rato.

    jueves, 16 de agosto de 2012

    CINE ACTUAL: "EL CÓDIGO DA VINCI"

    TÍTULO: EL CÓDIGO DA VINCI

    DIRECTOR: RON HOWARD

    REPARTO: TOM HANKS, AUDREY TATOU, JEAN RENO, IAN MCKELLEN, PAUL BETTANY, ALFRED MOLINA, JEAN-PIERRE MARIELLE

    DURACIÓN: 147 min.

    AÑO: 2006

    GÉNERO: INTRIGA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • Cuando se adapta una novela de éxito al cine, por lo general, si el film resultante es una súper producción, es más que probable que levante la expectación del público que anhele verla. Ahora bien, si ya se parte del hecho de que el material en que se basa el largometraje es uno de los mayores best sellers de la pasada década, traducido a un gran número de lenguas y con millones de copias vendidas por todo el mundo, parece obvio dar por hecho que la película resultante va a estar en tela de juicio de todos aquellos lectores cautivados por la historia y que, de no satisfacerles, la inversión puede ser considerada un fracaso o todo un éxito. Lo que le sucedió al "El código Da Vinci", desde luego no se puede clasificar como fracaso comercial, pues no sólo cuadruplicó su inversión, sino que fue uno de los films más taquilleros del año (el quinto, para ser exactos). Sin embargo, en el aspecto artístico, fueron muchos y muy variados quienes arremetieron contra la adaptación dirigida por Ron Howard. Más adelante discutiremos acerca de esto último.

    El especialista en simbología Robert Langdon (Hanks), durante una conferencia que da en París, es requerido por el inspector de policía Bezu Fache (Reno) para que les ayude a resolver una delicada situación: Jacques Saunière (Mareille), uno de los conservadores del Museo del Louvre, es encontrado muerto en el interior del museo, en unas circunstancias de lo más extrañas. El nombre de Langdon figura junto al cadáver, y éste se encuentra postrado en el suelo como si del Hombre de Vitrubio de Leonardo Da Vinci se tratara. A la escena del crimen acude también Sophie (Tatou), policía y nieta de Saunière, quien revela a Langdon que todo se trata de una trampa y de una conspiración de la que deben alejarse cuanto antes. Pronto, el catedrático y la policía se verán envueltos en una trama de conjuras, secretos milenarios y conspiraciones religiosas en las que tendrán mucho que ver el Obispo perteneciente a la orden del Opus Dei, Aringarosa (Molina), el excéntrico millonario Sir Leigh Tibing (McKellen) y un cruel y despiadado sicario llamado Silas (Bettany).

    Aunque no lo hayamos mencionado en la introducción, vaya por delante que las opiniones que vamos a expresar a lo largo de los siguientes párrafos se refieren únicamente a "El código Da Vinci" como película, al margen de toda la polémica que surgió tras la publicación de la novela con motivo de la siniestra visión que ofrece del Opus Dei, o de las hipótesis que elabora acerca de la supuesta "humanidad" de Cristo. Hablo tanto en mi nombre como en el de mi colega Hyde cuando afirmo que, en ningún momento, nos planteamos dar nuestra opinión acerca de semejantes teorías. Al contrario, nuestra intención es realizar una crítica del film protagonizado por Tom Hanks con la mayor subjetividad posible para que, nuestra opinión os ayude a decidir si os interesa ver el largometraje o si, de haberlo hecho ya, estáis de acuerdo con lo que argumentamos.

    Dicho esto, y entrando en materia, "El código Da Vinci" es un ejemplo de dos elementos bien diferenciados. Por una parte, del tipo de entretenimiento que Hollywood sabe hacer como nadie. A pesar de la larga duración del largometraje, el ritmo que le imprime tanto su director como el equipo de montadores (habituales en la carrera de Howard desde sus comienzos), o la excelente fotografía del italiano Salvatore Totino, hacen que el espectador a penas tenga tiempo -más que en contadas ocasiones- de perder el interés en la historia (a no ser que ya la conozca, en cuya circunstancia el caso ya es diferente). Asimismo, a nivel técnico, "El código Da Vinci" sobresale mucho más que desde un punto de vista artístico, pues la dirección de Howard se vuelve torpe conforme se acerca el final (el cara a cara entre "El Maestro" y Robert carece del dramatismo e intriga que requeriría, y lo mismo sucede con el precipitado destino de Silas o del Obispo), y las actuaciones del reparto no consiguen adentrar del todo al espectador en la historia (tan sólo se salvarían secundarios como Jean Reno o Ian McKellen).

    Por otra parte, "El código Da Vinci" es un ejemplo perfecto de lo que nunca debe ser una adaptación cinematográfica de una novela. El torpe guión escrito por Akiva Goldsman copia descaradamente la inmensa mayoría de la novela escrita por Dan Brown sin aportarle más que dos o tres elementos originales con los que sorprender al espectador. Asimismo, dos de éstos elementos están en el final y en el epílogo del film respectivamente, y más que la sorpresa, lo único que consiguen es despertar la exasperación de la platea. Y es que, como apuntamos, Goldsman no añade ningún elemento que permita realizar una puesta en escena original o diferente, por mucho ritmo que el director y montadores se empeñen en otorgar al espectáculo.

    En resumidas cuentas, "El código Da Vinci" es una película de entretenimiento, que consigue captar el interés por su historia si el público se deja llevar por un argumento repleto de intrigas intrascendentes pero, no obstante, de lo más efectivas. Para espectadores poco exigentes con ganas de distraerse un rato.

  • MR. HYDE DICE:
  • No suele ser frecuente queme guste una película y que, a casi todo el mundo que la ha visto también diga que es un churro. Miento, sí que suele pasar, pero son películas que hasta yo sé que son malas, que otra cosa es que me gusten. Pero lo que me pasa con "El código Da Vinci", os prometo que no me había pasado hasta ahora. Me había leído el libro, y sí que fui a verla -como casi todo el mundo- el día del estreno, con la esperanza de que me gustara. La verdad, es que no me decepcionó, pero porque la película es el libro tal cuál. Yo no entiendo ni papa de adaptaciones, como dice el rollero de arriba, pero sí entiendo de lo que me gusta y de lo que no y, a veces, sólo a veces, de lo que es bueno o de lo que es un truño como un castillo. Por eso me sigue extrañando que de toda la peña que vio "El código Da Vinci", unos dijeran que era una castaña monumental, y otros que era mala de cojones. Bueno, yo la vi, y creo que la mejor forma de dar mi opinión es diciendo que, a quienes haya gustado el libro, no se extrañarán de ver una película que es clavada. Luego, sobre gustos en cuanto a la peli, no hay nada escrito.

    A mí, el libro me enganchó un montón, como creo que le pasó a casi todos los que se lo leyeron. No es que la historia fuera la leche en bote, pero estaba muy bien escrito y hacía que quisieras seguir con una página detrás de otra hasta llegar al final. Con la película, pues no pasa eso. Lo que no llego a tener claro del todo es si pasa así porque ya me he leído antes el libro y sé cómo va a pasar todo, quién es el malo, y cómo acaba la historia, o si no me dejó flipado porque me la había imaginado de otra forma (que es lo que pasa casi el cien por cien de las veces). De todos modos, sea como sea, ya os digo que si ha gustado la historia del libro, la peli es igual del todo. Sólo cambian el final pero, el resto, clavado.

    ¿Y qué quiere decir esto? Pues que todo lo que pasa en el Louvre (con demasiada prisa para mi gusto, como si supieran que la peli va a ser larga y tuvieran que abreviar, porque van buscando las pistas de un cuadro a otro como si les persiguiera una manada de lobos hambrientos detrás) está calcado; la escena de la caja de seguridad en el banco y la huída en el furgón blindado, os juro que casi iguales a como las había imaginado; todo el misterio sobre "el maestro", sin cambiar ni una coma; y el final, ahí ya con más cambios aunque, para ser sinceros, teniendo en cuenta que es de las pocas cosas que cambian con respecto al libro, es una mierda porque el final del libro, además de no ser ridículo, tenía mucho más sentido.

    Pero bueno, tampoco tiene mucho sentido tirarse de los pelos porque "El código Da Vinci" no sea como nos habíamos imaginado. O, más bien, porque fuera una copia descarada de la novela. En cualquier caso, con lo que me quedo yo es que, en contra de lo que parece pensar mucha gente, no me aburrió, me parece que está hecha con suficiente ritmo -teniendo en cuenta que dura dos horas y media-, y que está muy recreada. Ah, y por supuesto, no me olvido la música de mi querido Hans Zimmer, que es una banda sonora como la copa de un pino (si no me creéis, escuchad la última pista, Chevaliers De Sangreal y ya me decís).

    miércoles, 15 de agosto de 2012

    CINE DE LOS 90: "PARQUE JURÁSICO"

    TÍTULO: PARQUE JURÁSICO

    DIRECTOR: STEVEN SPIELBERG

    REPARTO: SAM NEILL, LAURA DERN, RICHARD ATTENBOROUGH, JEFF GOLDBLUM, JOSEPH MARZELLO, ARIANA RICHARDS, WAYNE NIGHT, SAMUEL L. JACKSON

    DURACIÓN: 120 min.

    AÑO: 1993

    GÉNERO: AVENTURAS

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • A principios de los años noventa, parecía que al cineasta Steven Spielberg ya le quedaba poco por demostrar. Si bien, su escasa incursión en el género de la comedia parecía una carencia dentro de su fructífera carrera, no son pocos los largometrajes que el "Rey Midas" de Hollywood ha conseguido convertir en descomunales éxitos comerciales. Así pues, tras haber dado por finalizada -de momento- las tres primeras partes de Indiana Jones, y recién salido de la decepción artística que había supuesto la excesivamente infantil "Hook (el capitán garfio) - Hook, 1991", Spielberg se puso al frente de dos productos bien diferentes. Si, por una parte, llevó al cine un proyecto que antes había acariciado Martin Scorsese acerca del holocausto judío, por otra, filmó una película de aventuras que, basándose en una novela del escritor Michael Chrichton, esperaba que fuera lo suficientemente taquillera como para que su otro proyecto pudiera resultar rentable. Ahora bien, nadie imaginaba la gigantesca repercusión que "Parque Jurásico" iba a tener no sólo en la carrera del director norteamericano, sino en las taquillas del mundo entero.

    Los doctores Alan Grant (Neill) y Ellie Sattler (Dern) están especializados en el estudio y trabajo con fósiles de dinosaurios. Un día, el magnate multimillonario John Hammond (Attenborough), que financia su excavación, les propone seguir financiándola durante unos años más, a cambio de que visiten un parque que ha construido en una isla de su propiedad, cerca de Costa Rica, en la que ha construido un parque sin parangón, y para cuya apertura al público, necesita el aval de unos especialistas reconocidos. Tras aceptar su propuesta, Ellie y Alan viajan hasta la isla, en compañía del también doctor Ian Malcom (Goldblum), y de los nietos de Hammond. Lo que ninguno de ellos imagina es que el recinto construído por el magnate es, en realidad, un zoo gigantesco de dinosaurios vivos. Sin embargo, determinados acontecimientos harán que el control del parque quede interrumpido, y los participantes allí reunidos a la merced de estas criaturas prehistóricas.

    A día de hoy, "Parque Jurásico" es una de las veinticinco películas más taquilleras de la historia en los Estados Unidos, y otro tanto se puede decir del box office internacional. Los secretos de semejante éxito son varios, que comentamos a continuación.

    En primer lugar, lo que podríamos llamar "el toque Spielberg". Steven Spielberg entiende de entretenimiento, y mucho. Esto hace que, con el material adecuado (corramos un tupido velo sobre la última entrega de Indiana Jones o sobre su versión de "La guerra de los mundos"), sepa cómo rodar un largometraje de forma que el espectador se adentre en un mundo fantástico en el que casi acaba sintiendo lo mismo que sus protagonistas. Así pues, tras ver "Parque Jurásico" no cabe duda de que, a través de su puesta en escena, Spielberg domina el ritmo del film desde su comienzo más reposado (el prólogo en la excavación, el comienzo con en encuentro entre Hammond y los espeleólogos, el viaje a la isla) para, después, dar las primeras pinceladas de aquello en lo que se va a centrar el largometraje (la primera aparición de los dinosaurios, el tour por el laboratorio, la excursión en los coches) y, al fin, entrar de lleno en una segunda mitad trepidante (el incidente con el Tiranosaurio, la huída de Grant con los niños, la defensa del búnker por parte de los supervivientes). Todo ello, queda plasmado en la película de forma apasionante, con un ritmo non stop vibrante (atención a la secuencia en la que los dos niños huyen de los velociraptores en la cocina, simplemente magistral) que se hace con la atención absoluta del público hasta el último segundo, y con las dosis de violencia necesarias -más de lo que cabría esperar en un film de Spielberg- para hacer creíble la historia (la pata desmembrada de una cabra estampándose contra el cristal de un coche, uno de los abogados de Hammond siendo devorado por el T-Rex, o Ellie quitándose de encima el brazo amputado de uno de los técnicos informáticos).

    Evidentemente, en segundo lugar, cabría mencionar los impresionantes efectos especiales. Parecía que poco le quedaba a Spielberg por idear en sus películas para sorprender a la audiencia, pero "Parque Jurásico" marca un antes y un después en su filmografía. En esta ocasión, es tal el realismo que desprenden sus imágenes, que cuesta creer que estemos ante una obra de ficción. Ello se debe, en buena parte, a que el equipo liderado por Dennis Muren y Stan Winston optó más por hacer uso de animatronics que no de efectos creados digitalmente -lo que se conoce como CGI-. Así pues, las secuencias en las que el T-Rex acerca el hocico a los protagonistas, o en los que los veolciraptores miran a sus presas, el espectador tiene la sensación de que, en realidad, los dinosaurios están vivos (ver, asimismo, otras secuencias como las de la carrera en mitad de los Galimimus, o el instante en que uno de los nietos de Hammond da a comer a un Brontosauro).

    Y, en tercer lugar, destacar la excelente labor del equipo artístico de la película. Si "Parque Jurásico", con independencia de la mano experta de Spielberg y los sofisticadísimos efectos visuales, es el gran entretenimiento del que se puede disfrutar hoy en día, es gracias a la labor de profesionales como el montador Michael Kahn (atención a la magnífica edición de la secuencia en que el T-Rex persigue al Jeep en el que huyen varios protagonistas, al instante previo en el que el T-Rex hace su aparición -ese plano del vaso de agua temblando con cada pisada, y la mirada del niño atónito-, la secuencia final en el recibidor central del edificio principal en el que quedan acorralados los supervivientes...), el fotógrafo Dean Cudney (insuperable la aparición del T-Rex bajo la tormenta, o el juego de sombras con los velociraptores en la cocina) y, por supuesto, el maestro John Williams, quien compuso dos de sus más célebres temas para "Parque Jurásico", y con cuyas notas redondea el ritmo trepidante que contiene el film.

    En pocas palabras, "Parque Jurásico" no es sólo una de las obras más importantes de Steven Spielberg, sino uno de los mejores entretenimientos que se estrenó en la década de los noventa al que, para el tipo de producción que es, ni le falta ni le sobra nada. Será por ello que, vista hoy en día, el film no ha desmerecido en absoluto y que, aunque su único objetivo sea el de entretener a los espectadores, sigue siendo una película de lo más divertida y emocionante.

  • MR. HYDE DICE:
  • No creo que haya nadie, de la edad que sea, que no oyera hablar de "Parque Jurásico" cuando salió en el cine. Es más, fijo que, aunque les gustara o no, es inmensa la cantidad de gente que fue a verla al cine (os lo dice alguien que fue con más emoción que todos los que había en aquella sala). Desde luego, reconozco que no es para menos, porque "Parque Jurásico" es una de las mejores películas así en plan fantástico que ha hecho Spielberg, con permiso de "Minroty report - Minority report, 2002", que es una caña. El tío no sólo puso de moda las novelas de Michael Chrichton -fijo que antes, ni la mitad del planeta sabía que existía-, sino que levantó una pasión por los dinosaurios bestial (y esto también os lo dice alguien que se llegó a saber nombres de bichos y edades en las que vivieron que no podía casi ni pronunciar).

    "Parque Jurásico" es una película de aventuras cojonuda. No tengo ni idea de cómo será el libro aunque, por lo otro que me he leído del mismo autor, supongo que será estupendo. Pero, centrándonos más en la peli, me llamó un montón la atención cuando la vi por primera vez porque, en vez de enseñarte los dinosaurios así en plan amable y majetes, te saca a unos bichos con unas ganas de zampar a cuantos se les cruzan por delante que flipas. Claro, esperando ver algo así más en plan buen rollo, reconozco que es algo que te puede impactar si vives en los mundos de Yupi -como era el caso-. Pero vista años más tarde y ya más crecidito, te das cuenta de la historia tan cojonuda que hay por detrás. No sólo te sueltan un sermón durante la primera media hora sobre los dinosaurios, biología, millonarios ancianos y tal, antes de empezar con la chicha de verdad, sino que hacen que todo el argumento supuestamente científico te parezca tan lógico que, dentro de poco, habría parques como ese por todos lados.

    Eso sí, cuando le toca el turno de salir a los bichos, ya es la caña de España. Y no podían haberlo empezado mejor: desde que se empiezan a escuchar los ruidos del T-Rex hasta que sale y empieza a destrozar los coches, estás con los huevines en la garganta. Pero es que, desde que se separan los dos grupos de visitantes -los niños con el científico, y los del otro coche-, la peli es un no parar de aquí para allí, con esa amenaza que sientes siempre de que, en cuanto se den la vuelta, un bicharraco de esos les va a pegar un bocado en todo el culo que se van a enterar. De las escenas de acción, para qué decir más, si momentazos como la de la caída del coche al árbol con los niños dentro ya hablan por sí solas o, por poner otro caso, todo el final ese adrenalítico desde que la doctora tiene que encender todos los generadores para que vuelva la corriente al parque, hasta que empieza toda la caza por los velociraptores dentro del edificio principal. Son casi tres cuartos de hora en los que aprietas el culete a base de bien.

    Y, por supuesto, qué vamos a decir de los efectos especiales. Tanto yo como todos los otros que estaban en el cine, casi se creyeron que los dinosaurios que salían en "Parque Jurásico" eran de verdad. El realismo que tiene es impresionante y, quitando de dos o tres secuencias, es impresionante cómo dan el pego de verdad, y cómo tienes la sensación de que, cuando se meriendan a alguien, están comiendo de verdad.

    En fin, que "Parque Jurásico", en el caso de que seáis de los pocos que aún no la han visto -por favor, olvidad sus lamentables continuaciones, incluida la segunda parte que también dirigió Spielberg-, ya estáis perdiendo el tiempo. "Parque Jurásico" no sólo es un peliculón de aventuras y acción, sino que es lo que debería ser siempre una peli guay y entretenida a tope, de las que se hacen para que te lo pases a cuatro manos mientras la ves.