miércoles, 9 de mayo de 2012

CINE DE LOS 90: "PHILADELPHIA"

TÍTULO: PHILADELPHIA

DIRECTOR: JONATHAN DEMME

REPARTO: TOM HANKS, DENZEL WASHINGTON, ANTONIO BANDERAS, JASON ROBARDS, MARY STEENBURGEN, JOANNE WOODWARD, CHARLES NAPIER

DURACIÓN: 122 min.

AÑO: 1993

GÉNERO: DRAMA

  • EL DR. JEKYLL DICE:
  • No son muchas las veces que se ha tratado el tema del sida en una película comercial. A pesar de que exista algún que otro ejemplo como el de "Compañeros inseparables - Longtime companion, 1990" o el telefilm "En el filo de la duda - And the band played on, 1993", pero ninguna de ellas con relevante trascendencia. Por ello, cuando el oscarizado director Jonathan Demme realizó "Philadelphia", film en el que se habla abiertamente de esa temible enfermedad y, además, se defiende por activa y pasiva a un enfermo de sida, fueron muchos los que se mostraros escépticos ante la calidad del producto. Sin embargo, tras su estreno, quedaron claras, al menos, dos cosas: que Tom Hanks estaba destinado a ser uno de los grandes intérpretes de finales de siglo XX y principios del XXI, y que con un buen guión y un equipo de primera fila se podía hacer "una película sobre el sida" llena de interés y suspense en combinación con el célebre "cine de juicios". una nueva muestra de que "El silencio de los corderos - The silence of the lambs, 1991" no fue flor de un sólo día.

    Andrew Beckett (Hanks) es uno de los mejores abogados del bufete que dirige, junto a otros socios, Charles Wheeler (Robards). Andrew, que es homosexual y vive con su amante, Miguel (Banderas), tiene sida. Cuando lo descubren en su bufete, y tras alegar una determinada falta, es despedido. Convencido de que su despido responde más a motivos homófobos y de discriminación por su enfermedad, decide llevar a los tribunales al bufete. Para ello, contará con la ayuda del único letrado dispuesto a defenderle, Joe Miller (Washington) quien, por su parte, también siente una cierta aprensión ante la enfermedad degenerativa de Andrew.

    A diferencia de otros largometrajes, "Philadelphia" está estructurada de forma que no se establece una rotura excesivamente abrupta entre las dos mayores temáticas que se desarrollan en el film. Así, tanto el desarrollo de toda la intriga asociada al proceso judicial como del drama personal que sufre el protagonista y sus allegados se va entremezclando a lo largo de las dos horas de metraje, consiguiendo un equilibrio de lo más efectivo. De este modo, Demme consigue no empalagar en exceso al espectador ni con las escenas más íntimas (la reunión familiar de Andrew y Miguel con la familia del primero, los constantes momentos de crisis de Andrew que comparten los dos amantes, o la secuencia del baile de disfraces en casa de ambos), edulcoradas (lo que le sucede a Drew tras el juicio), ni que le resulten chocantes los cambios de temática y ambientación de la película (toda la acción que se desarrolla en el juicio).

    Por supuesto, la labor de Demme no es la única a destacar a nivel técnico, pues la fría fotografía de Tak Fujimoto (quienes ya habían colaborado juntos previamente en "El silencio de los corderos") consigue, por un lado, el toque necesario que esta historia de consumición personal requería (ver las panorámicas de la gran ciudad mientras un demacrado Andrew las recorre, visiblemente desmejorado) y, por otro lado, dar el abrigo necesario a los personajes durante aquellos instantes en que la vida parece darles un pequeño respiro (las secuencias en las que Andrew parece superponerse un poco a su enfermedad, o la parte del metraje que se dedica al personaje de Joe: el nacimiento de su hija, la lucha contra sus prejuicios personales, etc.).

    Y, en último lugar, sólo puede alabarse la portentosa actuación de Tom Hanks. "Philadelphia" no sólo supuso el punto de inflexión en su carrera, sino que demostró que era muchísimo más que un actorzuelo de segunda. Su interpretación de abogado contagiado de sida en fase terminal no sólo consigue que el espectador le dé su apoyo inmediato (a pesar de ciertas escenas un tanto chocantes, como las que comparte con Antonio Banderas) sino que hace de él una persona digna de compasión con independencia de sus preferencias sexuales o de sus gustos personales. Por poner un ejemplo, no hay más que ver el increíble trabajo de Hanks en momentos tan puntuales como aquellos en los que Andrew recorre los bufetes de Philadephia sin conseguir que nadie le represente legalmente, hasta el punto de decidir recluirse en una biblioteca para preparar su propia defensa; o como cuando escucha en su casa, a todo volumen y totalmente absorto, a Maria Callas cantar "La mamma morta". Por su parte, también es de agradecer que el actor encargado de dar vida a l letrado que acabará defendiéndolo haya recaído en Denzel Washington, puesto que éste es de los pocos actores a los que siempre es un placer contemplar en cualquier tipo de actuación (ver el primer cara a cara cuando Andrew le pide que le defienda, o cuando realiza el alegato final en el juicio).

    En definitiva, "Philadelphia" logra ser un entrañable retrato de un hombre que hace lo posible por sobreponerse a una terrible enfermedad, y tratar de ser reconocido profesionalmente con independencia de sus dolencias. Es una enfermedad desagradable, pero la película ayuda a hacer comprender al espectador que no sólo se trata de números y depravaciones sino que, tal y como intenta el personaje principal, quiere ser reconocido como tal, y defender su dignidad como persona por encima de todo. Por supuesto, Jonathan Demme adereza el guión de Ron Nyswaner con hábiles y dinámicas secuencias de juicio que contribuyen a que el film consiga captar la atención del espectador, poco habituado a dramas de este calibre.

  • MR. HYDE DICE:
  • No es fácil hablar de una película como "Philadelphia". Separar lo que es la película del tema que trata es chunguete. Pero supongo que aún es más jodido hacer una "peli de juicios" con el añadido de estar tratando un tema tan delicado como el sida. Pero aún tiene más mérito que la película sea estupenda, que la historia te interese un montón, y que los que la hacen quieran dar una visión de los gays que no tiene nada que ver con las maricas de pueblo que parecen salir cada dos por tres haciendo el gilipollas en algún que otro canal de televisión -¿alguien ha dicho Tele 5?-.

    Por lo que se refiere a la película, "Philadelphia" tiene una historia cojonuda. Partiendo de un hecho(que podría haber sido el sida como cualquier otra cosa), consiguen hacer una especie de protesta en plan concienciación de lo que implica estar enfermo (sida, cáncer, tanto da) y ser marginado por ello. Y, además, mezclarlo todo con un juicio en el que estás casi conteniendo el aliento para que la cosa se resuelve como a ti te gustaría. En medio de todo ello, un montonazo de cosas chulas y muy bien hechas: Tom Hanks dejándote con la boca abierta con el papelón tan tremendo que hace (tener presente que, antes de esta peli, el amigo Tom sólo había hecho comedias chorras y alguna que otra tontuna romántica) y Denzel Washington actuando igual de bien que siempre; una música cojonuda (no sólo por la canción de Bruce Springsteen, sino porque cada trozo de música -sobretodo de ópera, que no es que a mí me guste demasiado- le va a la peli como anillo al dedo), y la forma que tienen de combinar tanto los trozos de más emoción por la enfermedad del prota, y el suspense por el juicio, ya ni os cuento.

    Ahora bien, si creo que "Philadelphia" consigue realmente algo, es que una persona con una enfermedad que lo revienta tanto por dentro y por fuera como el sida sea visto no con asco, sino como alguien cualquier otro enfermo digno de compasión y ayuda. Por supuesto, de eso se encarga Tom Hanks, que hace que el tío te dé tanta pena que prefieres que a los estirados trajeados de sus jefes, capaces de cometer perjurio y mentir como guarros se les caiga el pelo. Por supuesto, da cosilla ver las diferentes fases de decrepitud que van afectando a Hanks (olé el maquillaje tan realista que han sido capaces de usar en la peli para cada fase de la enfermedad del protagonista) pero aún así, sigue siendo digno de compasión, y te da que pensar. Por supuesto, se agradece que "Philadelohia" no sea un drama en vena, sino que la parte judicial es como una especie de bálsamo porque, además, ya os digo que te la pasas todo el rato haciendo fuerza para que gane quien toca.

    Así que ya sabéis, "Philadelphia" es una peli triste, durilla a cachos, pero muy muy muy bien hecha, con un Tom Hanks como no ha estado en su vida y de las que, por muy chunga que sea su historia, no hace daño a la vista, y te ayuda a ver esa enfermedad terrible que es el sida desde un punto de vista diferente.